Continuidad psicológica y el problema de identidad


Uno tiene la impresión de que siempre es la misma persona, a pesar de que nuestra personalidad, preferencias e incluso nuestras habilidades cognitivas pueden cambiar de un momento a otro.

Es tanto una cuestión psicológica como filosófica y por eso lo han tratado en la revista Philosophy Now.
Esta cuestión fue tratada ya en el siglo XVII por el filósofo John Locke, y sigue siendo relevante hoy en día para entender la identidad y el yo de las ciencias contemporáneas, al mismo tiempo que informa sobre la complejidad de juicios sobre el libre albedrío y la responsabilidad.

Supongamos que un hombre comete un crimen mientras estaba borracho o bajo una amnesia temporal. Supongamos también, que debido a su estado mental en el momento del delito, el delincuente no puede recordar nada sobre ello. Aunque claramente ante la evidencia de testigos, o si tal vez fue capturado con las manos en la masa, es el hombre acusado quien lo hizo. Pero… ¿es la misma persona? Puede la persona del presente ser culpable de un crimen que cometió cuando la amnesia o la borrachera había modificado su psiquis de tal modo que no era su verdadero yo. El hombre podría reclamar que al momento del incidente el ocupante de su cuerpo era otra persona, o tal vez un componente fracturado de su propia psiquis que no podría ser descrito como él mismo.

La respuesta, decía Locke, es que lo importante es la continuidad psicológica. El acusado, considerado como un hombre, el ente físico, es culpable. Pero la persona, el ente psicológico, no recuerda nada de ello, así que no es culpable.

Pero si bien la idea de Locke responde la pregunta no resuelve el problema. Ahora tenemos una paradoja, que para un abogado sería un problema sin solución. Ya que si se castiga al hombre, experimentará dolor, pero será la persona equivocada la que lo sufra.

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