
Alguna vez has ayudado a un amigo en su mudanza, y te has preguntado ¿para qué guarda tanta porquería? Bueno, si tu amigo no puede darte una respuesta, los investigadores quizá si.
En un estudio reciente se le dio a la gente a elegir entre dos regalos: Un Ipod o su equivalente en dinero. Frente a esta dos opciones la mayor parte de la gente eligió el dinero. Pero luego se avanzó otro paso y primero se le entregó a la gente el Ipod y luego se le ofreció la posibilidad de cambiarlo por el dinero. Para sorpresa de los investigadores en esta ocasión la gente prefería quedarse con su recién adquirido Ipod.
Brian Knutson de la Universidad de Stanford se ha propuesto estudiar este extraño fenómeno a nivel del funcionamiento cerebral. Utilizando las imágenes que arrojaban las resonancia magnéticas funciones observó que la actividad del núcleo accumbes, que indica cuanto nos agrada un objeto, no se incrementaba demasiado ver la gente el Ipod. Sin embargo cuando el reproductor de música ya estaba en su poder se podía observar la activación del sector derecho de la ínsula, región que nos alerta sobre la posibilidad de perder nuestro objeto.
Lo que este estudio sugiere es que solemos apegarnos a las cosas no tanto porque nos gusten o disfrutemos de ellas, sino por el temor que nos produce perderlas, lo que cuenta en definitiva es el sentido de poseer algo en sí mismo. ¿Pero porque estamos temerosos de perder nuestras pertenencias? Aquí es el cerebro el que nos hace la jugarreta. El cerebro humano es maquinaria antigua en tiempos modernos, dice Knutson.
En los principios de la evolución humana, las posesiones que se tenían eran escasas y de gran valor para la supervivencia, lo cual hacía más que valer el esfuerzo de protegerlas a toda costa. Este circuito arcaico aún sigue funcionando en nosotros haciéndonos sobreevaluar nuestros objetos y hacer de nuestros hogares depósitos de viejas cosas. Sin embargo esto no significa que debamos resignarnos a ser coleccionistas involuntarios, a través de la práctica podemos ir desprendiéndonos de nuestras pertenencias sin tanta preocupación. Incluso ya existen ejercicios de simulación de ventas para que vayamos domesticando a nuestro cerebro.
Vía | LiveScience
Imagen: Flickr
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