Cuento: La llorona


Deambula por las calles apenas cae la noche. Con el rostro cubierto por un velo ligero, delicado ante el más sutil soplo del viento; con su cabello largo y negro. Tiende los brazos al cielo con angustia, desconsuelo; los agita en el aire y lanza un grito desgarrador que eriza la piel del pueblo. ¡Ay! ese lamento apoderándose de la noche, del silencio. Emergiendo a lo lejos para desvanecerse en el otro extremo. ¡Ay! ese lamento que da miedo. A su paso las mujeres cierran las ventanas, encienden velas y oran; largos susurros de oraciones deja al doblar la esquina ese lamento. Por cada calle y frente a cada puerta, con su vestido blanco, gimiendo, llora a sus hijos muertos. Al final, de rodillas y como besando el suelo, remata con el grito más doliente quebrantando la quietud y las sombras; un alarido largo y penetrante. Después se va, en silencio, y en la orilla del pueblo se pierde, deja tras de sí, en el aire mismo, su congoja y un agudo olor a muerte.

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