
El COCODRILO tenía dos caras.
UNA CARA: cosas de COCO.
OTRA CARA: cosas de DRILO.
A veces las dos caras se confundían. Entonces la cara de COCO hacía las cosas de la cara de DRILO. Y la cara de DRILO hacía las cosas de la cara de COCO. Claro que todo salía mal. Porque la cara de DRILO no era la cara de COCO. Y la cara de COCO no era la cara de DRILO. Una cara, la de COCO, siempre tuvo miedo. Otra cara, la de DRILO, se perdió en la selva de las apariencias. Ante tal dualidad, el COCODRILO, dueño y señor de las dos caras, tomó la decisión más sabia de su vida: amanecer ahorcado.
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