El Amor y el deseo

Siguiendo los lineamientos de J-A Miller, a partir de su lectura de Lacan, decimos que el deseo se ubica entre la demanda del Otro que tiene y la demanda al Otro que no tiene –en ambos casos se refiere al falo.

En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.


El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…

FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.

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