
Un nuevo estudio ha demostrado lo que todos en el fondo sospechamos, cuanto más caro un vino tanto mejor nos sabe. Esto sucede en parte porque nuestras expectativas están puestas en que así sea.
El neurocientífico Hilke Plassman ha llevado a cabo un experimento donde se le pidió a un grupo de voluntarios que probaran cinco vinos y los clasificaran de acuerdo a su gusto. Lo que los participantes no sabían era que, en realidad, sólo había tres vinos ya que uno se repetía, solo que se presentaba en una ocasión con el valor de 90 dólares y en otra de 100 dólares. Como se anticipaba, los sujetos clasificaron el que se presentaba como más caro más sabroso que el que se presentaba como más barato.
Plassman también llevó a cabo un escaneo de la actividad cerebral y encontró que cuando los participantes estaban probando el vino “más caro” aumentaba la actividad de la corteza orbitofrontal y las áreas circundantes, así como la actividad del área rostral del cortex cingulado anterior. Estas zonas cerebrales forman parte de los lóbulos frontales y se sabe que al menos la corteza orbitofrontal esta relacionada con el valor emocional que damos a las experiencias.
Por otro lado no hallaron diferencias en la actividad de las zonas relacionadas con la experiencia sensorial del gusto. Es decir, para nuestro cerebro, emociones a un lado, ambos vinos tenían el mismo gusto. Es el valor emocional que los sujetos asignaron a cada vino lo que provocó que para la conciencia sean uno mejor que el otro. Como hemos visto en artículos anteriores son nuestras creencias y pensamientos previos los que suelen determinar la forma en la que evaluamos la experiencia presente y la manera en que nos comportamos.
Via|MindHacks
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