
El psicólogo Melvyn Goodale es famoso por sus trabajos sobre los circuitos neurológicos de la visión. Especialmente importante, es su labor sobre la existencia de dos circuitos visuales diferentes, el circuito ventral y el circuito dorsal.
El circuito dorsal es el camino que sigue la información visual dentro de la corteza cerebral. En este circuito se procesa la información relativa a la disposición espacial, es decir, la información que nos permite reconocer la ubicación de los objetos en el esp
acio. Por otro lado el circuito ventral esta asociado al reconocimiento de la forma de los objetos y su representación. Ambos circuitos trabajan separadamente dándonos información que, combinada, nos permite ver e identificar los objetos (circuito ventral) pero también cogerlos y manipularlos adecuadamente (circuito dorsal).
Gran parte de los descubrimientos de Goodale se deben a su trabajo con pacientes con daños neurológicos en distintas áreas cerebrales. Goodale ha encontrado personas que podían agarrar perfectamente un objeto pero no eran capaces de identificar lo que ese objeto era, y con otras personas que eran capaces de reconocer objetos pero incapaces de tomarlos para su manipulación. Esto fue orientando a Goodale en su trabajo sobre la existencia de dos circuitos visuales distintos e independientes.
Lo interesante es que la acción diferencial de estos dos circuitos también se puede ver en personas sanas a través de un sencillo experimento.
La ilustración superior es una famosa ilusión visual, llamada ilusión de Titchener o de Ebbinhaus.
Los dos círculos centrales son idénticos en tamaño, pero nos parecen más grandes o más chicos según las figuras del contexto.
Para probar el funcionamiento de los dos circuitos visuales en personas sanas, los investigadores crearon una versión en tres dimensiones de la ilusión, colocando aros sobre una superficie plana. Cuando las personas veían la figura se producía la ilusión, pero cuando se les pedía que tomaran el aro central con los dedos los investigadores encontraron que todos posicionaban sus dedos en forma adecuada.
Es decir se aproximaban al aro con los dedos preparados en igual ángulo para las dos figuras que el ojo veía como distintas. En otras palabras mientras nuestra percepción era burlada con una ilusión, nuestros movimientos no se dejaban engañar y seguían manteniéndose correctos gracias a la existencia de un circuito visual especializado en prepararnos para coger los objetos y utilizarlos.
Vía MindHacks
Imagen: Wikipedia
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