OSHO: El hombre no es una isla, es parte de esta entera unidad.


Ni siquiera los mejores relojes que el hombre ha producido, indican la hora tan exactamente como lo hace la Tierra. La Tierra necesita veintitrés horas y cincuenta y seis minutos para girar una vez alrededor de su propio eje. Sobre la base de este período de tiempo, hemos dividido el día en veinticuatro horas. Más nunca nos hemos enterado que la Tierra haya girado un segundo más rápida o más lenta para completar su recorrido. La razón es que no hemos tenido ningún medio totalmente exacto con el cual estudiar este fenómeno, así que sólo hemos podido hacer cálculos aproximados. Pero cuando el Sol completa su ciclo de noventa años y se reajusta para un nuevo ciclo, el reloj de la Tierra se sacude.

En el tiempo en el cual el Sol experimenta un aumento de radioactividad, durante su ciclo de once años, entonces también el reloj de la Tierra se alterará. Siempre que la Tierra esté bajo la influencia de ciertas fuerzas externas, su ritmo interno se alterará. Cada nueva influencia cósmica como una estrella, un meteoro, o un cometa pasando cerca de la Tierra también la altera. En una escala cósmica, las cosas muy lejanas en el cielo están de verdad muy cerca, porque cada cosa está interconectada de una manera invisible.

Sea como sea, la habilidad de nuestra lengua para expresar este fenómeno es muy débil, porque cuando decimos que una estrella se ha acercado un poco a nuestro sol, pensamos en la manera como una persona se acerca a otra. Pero, estas distancias son muy grandes; basta el más mínimo cambio en las distancias entre objetos cósmicos y el eje de la Tierra será disturbado, aunque no todos nos demos cuenta de esto. Para alterar la Tierra, se requiere una gran fuerza. Para sólo mover una pulgada de la Tierra, se requiere que inmensos cuerpos cósmicos pasen cerca de su orbita.

Cuando estos inmensos cuerpos cósmicos pasan cerca de la Tierra, también pasan cerca de nosotros. Cuando la Tierra es sacudida, no es posible que los árboles que crecen encima de ella no sean sacudidos. No es posible que el ser humano, que vive y camina encima de ella no sea sacudido. No; todo se sacude, más el sacudir es muy diminuto, y el hombre no tiene instrumentos para medirlo.


Ahora, sin embargo, tenemos unos instrumentos electrónicos tan sensitivos, que una vibración que dure un milésimo de segundo puede medirse también. Pero la vibración del ser humano todavía no puede medirse. Hasta el momento no hemos hecho los instrumentos para medirla.

El hombre es una criatura muy sutil y es necesario que sea así; de otra manera sería muy difícil para él vivir en la tierra. Si fuera capaz de experimentar y estar consciente de la influencia de todas las fuerzas que le rodean, que actúan sobre él las veinticuatro horas del día, no sería capaz de vivir. Tenemos la capacidad de vivir solamente porque no estamos conscientes de todo lo que sucede a nuestro alrededor.



Existe también otra ley. Esta ley dice que no podemos estar conscientes de influencias que estén, o bien por encima o por debajo de un cierto límite.


El rango de nuestras experiencias es limitado. Por ejemplo, supón que medimos la temperatura del cuerpo diciendo que está entre 98ºF en el nivel más bajo y 110ºF en el nivel más alto, lo cual implica que estamos viviendo entre esos doce grados.

Si la temperatura desciende muy por debajo de los 98º, moriremos, y si se dispara por encima de los 110º también moriremos. Pero, ¿piensas que el rango de temperatura del universo está limitado a sólo doce grados? El hombre vive bajo el rango limitado de doce grados; fuera de ese rango morirá. El hombre vive en una especie de equilibrio. Tiene que fluctuar entre los 98 y los 110º. De forma similar, hay equilibrios para todas las cosas.

Te estoy hablando y me puedes escuchar. Si hablo en un tono muy bajo, llegará un punto en el que no serás capaz de escucharme. Esto lo puedes entender, pero no serás capaz de imaginar que hay un punto más alto de audibilidad más allá del cual tú no puedes oír. Es difícil imaginar que un sonido más alto también puede ser inaudible.

Los científicos dicen que tenemos un cierto rango de audibilidad y que no podemos escuchar nada por encima o por debajo de él. Enormes sonidos de truenos están ocurriendo alrededor de nosotros por todas partes, pero no podemos escucharlos. Si se desintegra una estrella o nace un nuevo planeta, se crean ruidos tremendos, estruendosos alrededor de la tierra. Si los tuviéramos que escuchar, entonces en ese preciso momento nos quedaríamos sordos. Pero estamos protegidos, porque nuestros oídos no pueden escucharlos. No podemos oír por debajo de unos ciertos decibelios, y tampoco podemos oír por encima de unos ciertos decibelios; sólo podemos oír dentro de un cierto rango.

Hay incluso límites en el olor. Los sentidos de todos los seres humanos operan dentro de una gama determinada. Por ejemplo, un perro es capaz de oler mucho más de lo que puedes tú. Su gama de olores es más amplia; un perro puede oler cosas que no somos capaces de oler. Cosas que no somos capaces de escuchar, un caballo sí que puede. Los sentidos del olfato y del oído de un caballo son mucho más agudos. Un caballo puede olfatear la cercanía de un león desde una distancia de más de dos kilómetros. Se detendrá de pronto, y no entenderemos por qué. Su sentido del olfato es muy poderoso. Pero si tú tuvieras un sentido del olfato tan fuerte que pudieras percibir todos los olores que hay alrededor, te volverías loco. El ser humano está encerrado en una especie de cápsula; tiene límites.

Cuando pones la radio puedes escuchar muchas estaciones. Pero, ¿piensas que la música comienza sólo cuando la radio está puesta? Las ondas de la radio y de la voz están fluyendo continuamente en el aire, así enciendas la radio o no. Pero tú sólo puedes oírlas cuando la radio está puesta. En esta misma habitación, las ondas de radio de todas las emisoras del mundo están fluyendo continuamente, pero sólo puedes oírlas cuando enciendes la radio. Esas ondas están ahí aun cuando la radio no esté encendida, pero no puedes escucharlas.

En este mundo muchos sonidos están pasando a nuestro alrededor. Hay un gran tumulto. No somos capaces de escucharlo, pero no podemos evitar el que nos afecte. Estamos influenciados por todos esos sonidos, en cada nervio, en cada pulsación del corazón, en cada músculo. Esos sonidos trabajan en nosotros sin ser notados. Los olores que no somos capaces de reconocer también nos afectan. Si esos olores llevan consigo alguna enfermedad, cogerás la enfermedad.

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