Ante esta pregunta freudiana que produce un giro en su teoría, esa pregunta sobre el más allá del pricipio de placer, Freud nos dice que tenemos un primer ejemplo de esto en esa inhibición de placer que existe cuando nos enfrentamos al mundo exterior.
Así, este placer queda sustituido por el principio de realidad. Este principio no deja de aspirar al placer, pero tiene la particularidad de retardar esa consecución placentera. Como así también implica cierta renuncia a conseguirlo.
El principio de realidad sería entonces el responsable de esa suspensión de satisfacción inmediata a la que estamos inevitablemente expuestos una vez enfrentados al exterior.
Pero, añade Freud no hay que responsabilizar del todo al principio de realidad de esta suspensión de placer; sino que también estas sensaciones displacenteras provienen de otro sitio: de esas pulsiones que han sido sometidas, sofocadas, por la represión.
Si esas pulsiones llegan a ser satisfechas -ya sea por un camino directo o por sustitución- plantea Freud, el yo las siente como displacenteras.
Y dice que esto es lo que ocurre en los neuróticos: todo el displacer que siente el neurótico se trata de “un placer que no puede ser sentido como tal”.
Dice que todo el displacer que podamos sentir proviene de un displacer de este tipo o por una confrontación con el exterior, con el peligro que conlleva o con sucesos externos que causan pesar y dolor.
Así nos habla de las llamadas “Neurosis Traumáticas” y de la guerra que hacía poco había terminado, la Primera Guerra Mundial.
Estas neurosis traumáticas se acercaban en su descripción a la Histeria, porque tenían los mismos síntomas en el cuerpo, aunque el padecimiento subjetivo en el primer cuadro era mucho mayor que en el segundo.
Aún así Freud considera que este no es un tema acabado, que no se había llegado aún a nada definitivo en la explicación ni de las Neurosis de guerra ni en las Neurosis traumáticas en general.
Existen en estas últimas dos características con las que Freud las describe. Una, la sorpresa como factor fundamental para su formación, el susto. Y por otro lado, que si existía algún golpe o herida en ese mismo instante, esto actuaba “en contra” de la formación de estas neurosis.
Un bueno momento encontró Freud aquí para hacer una digresión al respecto y diferenciar tres cosas que suelen confundirse, o de las que suele hablarse como sinónimos.
Susto, miedo y angustia. Estos se diferencian por su relación al peligro.
Empezaré por la angustia. Aquí tenemos una teoría de la angustia que implica una situación similar a la que se está cuando un espera el peligro y se prepara para eso, aunque no sepamos de qué peligro de trata.
Si hablamos de miedo tenemos como referencia un objeto. Miedo a un objeto específico.
Sin embargo, en el susto, tenemos ese estado que nos asalta en un determinado momento, que nos toma por sorpresa, cuando no nos esperábamos eso. Es ese factor sorpresa mismo con el que Freud caracteriza a las neurosis traumáticas.
No cree que la angustia pueda causar la neurosis traumática; sino que respecto de esto Freud dice que la angustia misma es una defensa contra el susto. Aquí encontramos un esbozo de la segunda teoría de la angustia en Freud.
Esto es algo que seguirá desarrollando en su texto “Inhibición, síntoma y angustia”.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Fobia a enfermarse
Para un hipocondríaco, cualquier manifestación corporal, por más mínima que sea, que pueda anunciar un trastorno en su salud, se puede convertir en la angustiosa sospecha de una enfermedad terminal.
En estos tiempos, sufrir de miedos exagerados a determinadas situaciones o cosas, es un mal que aqueja a casi el diez por ciento de la población mundial.
El empeño en controlar la realidad cada día más compleja, produce estrés y este estado de tensión permanente generada por la búsqueda ilusoria de la seguridad, se manifiesta a través de distintos miedos en forma simbólica, expresando un conflicto.
En épocas de Hipócrates (siglo IV a. de C.), el miedo a las enfermedades también existía. Él fue el que utilizó la palabra “hipochondrium” para señalar debajo de las costillas falsas, de donde estos pacientes suponían que provenían sus males.
Sin embargo, recién en el siglo XVII se comienza a considerar el temor obsesivo a enfermarse, como una enfermedad mental.
El hipocondríaco concurre a los médicos con una larga lista de síntomas, que trae anotados para acordarse. Su padecimiento lo convence que está enfermo; si siente palpitaciones éstas le confirman que tiene una falla cardiaca; y si presenta alguna manifestación dudosa en la piel le anuncia un proceso cancerígeno; y cada uno de estos síntomas lo preocupan en forma exagerada.
El dolor es una sensación muy subjetiva, ya que una misma patología puede manifestarse en forma diferente en cada paciente.
Hay personas mucho más sensibles al dolor que otras y esto se relaciona con su forma de ser, con las experiencias que ha vivido y con su nivel de ansiedad.
El Dr. Alberto Franco, médico psiquiatra del Hospital de Clínicas, afirma que estos pacientes se sienten vulnerables y sus sufrimientos son provocados por su ansiedad. No es que tengan una enfermedad mental sino que tienen afectado su registro cerebral que hace que sus enfermedades sean tan reales como las verdaderas, de manera que es la autosugestión la que aumenta su sensibilidad y la que convierte un estímulo inofensivo en doloroso.
La personalidad del hipocondríaco tiene características depresivas, por lo general tienen baja autoestima y son narcisistas, y pueden ser obsesivos y ansiosos. Su narcisismo no le permite salir de si mismo, no se puede entregar emocionalmente y tiene grandes dificultades para expresar sus problemas.
Desde el punto de vista del Psicoanálisis son personas que reprimen su hostilidad hacia personas que han sido significativas en su infancia que les produce culpa, debido a un trauma producido en etapas tempranas del desarrollo psicosexual.
La hipocondría no es una enfermedad innata, sino un producto del ambiente; y este desorden suele desencadenarse debido a experiencias con familiares enfermos, o al hecho de tener cierta debilidad física. También la actitud de madres muy aprensivas puede influir en la formación de una personalidad de base hipocondríaca.
Estos enfermos imaginarios pueden llegar a tener más problemas por su disposición a someterse a toda clase de estudios cruentos, que por enfermedades reales, y recién pueden quedarse tranquilos cuando el médico les encuentra algún desorden orgánico, porque lo peor que les pueden decir es que no tiene nada.
En realidad tiene algo anormal, pero no es del todo orgánico sino psicológico, por lo cual exige una derivación para un abordaje psicoterapéutico.
Como todo problema psicológico de importancia también tiene una concomitante orgánica, porque el hombre es una unidad psicofísica, por lo que lo mejor es una atención combinada.
Un paciente que sufre de este trastorno, que es bien tratado, puede obtener una gran mejoría, aunque siempre mantendrá cierta tendencia a preocuparse por su salud, como un rasgo de personalidad.
Actualmente la opinión de los médicos está siendo reemplazada por la información que brinda Internet; pero para un hipocondríaco esto puede ser muy peligroso, porque puede interpretar mal sus síntomas, hacer su propio diagnóstico y automedicarse erróneamente.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
En estos tiempos, sufrir de miedos exagerados a determinadas situaciones o cosas, es un mal que aqueja a casi el diez por ciento de la población mundial.
El empeño en controlar la realidad cada día más compleja, produce estrés y este estado de tensión permanente generada por la búsqueda ilusoria de la seguridad, se manifiesta a través de distintos miedos en forma simbólica, expresando un conflicto.
En épocas de Hipócrates (siglo IV a. de C.), el miedo a las enfermedades también existía. Él fue el que utilizó la palabra “hipochondrium” para señalar debajo de las costillas falsas, de donde estos pacientes suponían que provenían sus males.
Sin embargo, recién en el siglo XVII se comienza a considerar el temor obsesivo a enfermarse, como una enfermedad mental.
El hipocondríaco concurre a los médicos con una larga lista de síntomas, que trae anotados para acordarse. Su padecimiento lo convence que está enfermo; si siente palpitaciones éstas le confirman que tiene una falla cardiaca; y si presenta alguna manifestación dudosa en la piel le anuncia un proceso cancerígeno; y cada uno de estos síntomas lo preocupan en forma exagerada.
El dolor es una sensación muy subjetiva, ya que una misma patología puede manifestarse en forma diferente en cada paciente.
Hay personas mucho más sensibles al dolor que otras y esto se relaciona con su forma de ser, con las experiencias que ha vivido y con su nivel de ansiedad.
El Dr. Alberto Franco, médico psiquiatra del Hospital de Clínicas, afirma que estos pacientes se sienten vulnerables y sus sufrimientos son provocados por su ansiedad. No es que tengan una enfermedad mental sino que tienen afectado su registro cerebral que hace que sus enfermedades sean tan reales como las verdaderas, de manera que es la autosugestión la que aumenta su sensibilidad y la que convierte un estímulo inofensivo en doloroso.
La personalidad del hipocondríaco tiene características depresivas, por lo general tienen baja autoestima y son narcisistas, y pueden ser obsesivos y ansiosos. Su narcisismo no le permite salir de si mismo, no se puede entregar emocionalmente y tiene grandes dificultades para expresar sus problemas.
Desde el punto de vista del Psicoanálisis son personas que reprimen su hostilidad hacia personas que han sido significativas en su infancia que les produce culpa, debido a un trauma producido en etapas tempranas del desarrollo psicosexual.
La hipocondría no es una enfermedad innata, sino un producto del ambiente; y este desorden suele desencadenarse debido a experiencias con familiares enfermos, o al hecho de tener cierta debilidad física. También la actitud de madres muy aprensivas puede influir en la formación de una personalidad de base hipocondríaca.
Estos enfermos imaginarios pueden llegar a tener más problemas por su disposición a someterse a toda clase de estudios cruentos, que por enfermedades reales, y recién pueden quedarse tranquilos cuando el médico les encuentra algún desorden orgánico, porque lo peor que les pueden decir es que no tiene nada.
En realidad tiene algo anormal, pero no es del todo orgánico sino psicológico, por lo cual exige una derivación para un abordaje psicoterapéutico.
Como todo problema psicológico de importancia también tiene una concomitante orgánica, porque el hombre es una unidad psicofísica, por lo que lo mejor es una atención combinada.
Un paciente que sufre de este trastorno, que es bien tratado, puede obtener una gran mejoría, aunque siempre mantendrá cierta tendencia a preocuparse por su salud, como un rasgo de personalidad.
Actualmente la opinión de los médicos está siendo reemplazada por la información que brinda Internet; pero para un hipocondríaco esto puede ser muy peligroso, porque puede interpretar mal sus síntomas, hacer su propio diagnóstico y automedicarse erróneamente.
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Cuando se enfria el Amor
Existe una etapa en la relación amorosa en la que se comienzan a advertir los defectos de la pareja. Es cuando de pronto se encuentran frente a un extraño que no están dispuestos a aceptar, y comienzan a surgir los nubarrones de la confusión y la duda. Sin embargo, cuando no están juntos pueden olvidar todo y anhelar su presencia.
Esa contradicción la sentimos a todos, sólo que en distintos grados, el problema se produce cuando las diferencias son mayores que las tolerables.
Una persona emocionalmente madura debe saber que con cualquier otra relación inevitablemente ocurrirá lo mismo, o sea, una vez que termina la luna de miel cada uno se irá mostrando como es sin guardar nada oculto.
Esto puede hacer sentir a los que no tienen mucha experiencia, confundidos, desilusionados y sin saber bien qué hacer con su desagrado.
Lo más saludable es hablar, tener una conversación frente a frente, no por mail ni por celular, sino mirándose a los ojos, para poder decirle, por más difícil que sea, cómo se sienten.
Eso es lo que se hace en una terapia de pareja, hay que hablar sin pelos en la lengua frente a un observador que los guía, que es el terapeuta.
Es necesario saber que el enamoramiento dura poco y es mejor que así sea, porque aunque es un estado maravilloso que nos hace sentir vivos, es también como estar enfermo, todo lo demás pierde su sentido, también el trabajo, se pierde la noción del tiempo, uno se olvida de comer, y sólo se vive la tiranía de estar con el otro.
Después de eso sigue existiendo el amor genuino y por supuesto la atracción física, pero es diferente, cada uno recobra su identidad y su libertad y es en ese momento cuando comienzan a surgir las diferencias, porque siempre habrá diferencias.
Cambiar de pareja cuando los problemas n son graves y sólo se trata de puntos de vista distintos es creer que con otra persona será diferente, y eso es engañarse a uno mismo.
Una separación se justifica plenamente cuando hay violencia física, o cuando se tienen adicciones arraigadas que no están dispuestos a tratar; o cuando se trata de personas que no tienen ningún proyecto de vida, no estudian ni trabajan o cuando no tienen ninguna responsabilidad.
Es cierto que hay que vivir el presente, pero con proyección de futuro, porque el presente es un estar yendo hacia más adelante y tiene que haber un camino trazado para seguir.
Además, hay que tener presente que los hombres piensan diferente a las mujeres, utilizan más el hemisferio cerebral izquierdo, que es el que procesa las relaciones lógicas y el pensamiento racional. En cambio las mujeres usan más su hemisferio derecho, que procesa las emociones y los afectos; y esto es una cuestión genética adquirida de épocas ancestrales.
El hombre primitivo salía a cazar, tenía la responsabilidad de traer el sustento, elaborar estrategias y construir instrumentos para lograr una buena caza o pesca.
Las mujeres criaban a los hijos, les daban afecto, los cuidaban, les enseñaban a hablar y lo que era necesario para la vida; por esa razón, tienen más facilidad de palabra, inclusive el cuerpo calloso de su cerebro es más grande que el del hombre, que es la parte más arcaica.
El hombre tenía que permanecer largas horas en silencio, para no espantar a las presas durante la cacería o no ahuyentar a los peces cuando iba de pesca.
El hombre tiene más destreza física y más fuerza, porque era el que tenía que luchar contra los enemigos, trepar a los árboles para recoger los frutos o para conseguir leña o construir sus casas.
Para los hombres siempre será lo más importante su trabajo, y eso no lo puede evitar, porque lo lleva en sus genes y su cerebro está diseñado para eso.
Por esta razón no hay que juzgarlos ni pensar que son egoístas, indiferentes, fríos y demasiado materialistas, sólo hay que comprenderlos, porque su función en la vida es trabajar y sembrar hijos.
Eso no quiere decir que no tengan sentimientos, sí los tienen, pero pueden tomar más distancia que las mujeres.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Esa contradicción la sentimos a todos, sólo que en distintos grados, el problema se produce cuando las diferencias son mayores que las tolerables.
Una persona emocionalmente madura debe saber que con cualquier otra relación inevitablemente ocurrirá lo mismo, o sea, una vez que termina la luna de miel cada uno se irá mostrando como es sin guardar nada oculto.
Esto puede hacer sentir a los que no tienen mucha experiencia, confundidos, desilusionados y sin saber bien qué hacer con su desagrado.
Lo más saludable es hablar, tener una conversación frente a frente, no por mail ni por celular, sino mirándose a los ojos, para poder decirle, por más difícil que sea, cómo se sienten.
Eso es lo que se hace en una terapia de pareja, hay que hablar sin pelos en la lengua frente a un observador que los guía, que es el terapeuta.
Es necesario saber que el enamoramiento dura poco y es mejor que así sea, porque aunque es un estado maravilloso que nos hace sentir vivos, es también como estar enfermo, todo lo demás pierde su sentido, también el trabajo, se pierde la noción del tiempo, uno se olvida de comer, y sólo se vive la tiranía de estar con el otro.
Después de eso sigue existiendo el amor genuino y por supuesto la atracción física, pero es diferente, cada uno recobra su identidad y su libertad y es en ese momento cuando comienzan a surgir las diferencias, porque siempre habrá diferencias.
Cambiar de pareja cuando los problemas n son graves y sólo se trata de puntos de vista distintos es creer que con otra persona será diferente, y eso es engañarse a uno mismo.
Una separación se justifica plenamente cuando hay violencia física, o cuando se tienen adicciones arraigadas que no están dispuestos a tratar; o cuando se trata de personas que no tienen ningún proyecto de vida, no estudian ni trabajan o cuando no tienen ninguna responsabilidad.
Es cierto que hay que vivir el presente, pero con proyección de futuro, porque el presente es un estar yendo hacia más adelante y tiene que haber un camino trazado para seguir.
Además, hay que tener presente que los hombres piensan diferente a las mujeres, utilizan más el hemisferio cerebral izquierdo, que es el que procesa las relaciones lógicas y el pensamiento racional. En cambio las mujeres usan más su hemisferio derecho, que procesa las emociones y los afectos; y esto es una cuestión genética adquirida de épocas ancestrales.
El hombre primitivo salía a cazar, tenía la responsabilidad de traer el sustento, elaborar estrategias y construir instrumentos para lograr una buena caza o pesca.
Las mujeres criaban a los hijos, les daban afecto, los cuidaban, les enseñaban a hablar y lo que era necesario para la vida; por esa razón, tienen más facilidad de palabra, inclusive el cuerpo calloso de su cerebro es más grande que el del hombre, que es la parte más arcaica.
El hombre tenía que permanecer largas horas en silencio, para no espantar a las presas durante la cacería o no ahuyentar a los peces cuando iba de pesca.
El hombre tiene más destreza física y más fuerza, porque era el que tenía que luchar contra los enemigos, trepar a los árboles para recoger los frutos o para conseguir leña o construir sus casas.
Para los hombres siempre será lo más importante su trabajo, y eso no lo puede evitar, porque lo lleva en sus genes y su cerebro está diseñado para eso.
Por esta razón no hay que juzgarlos ni pensar que son egoístas, indiferentes, fríos y demasiado materialistas, sólo hay que comprenderlos, porque su función en la vida es trabajar y sembrar hijos.
Eso no quiere decir que no tengan sentimientos, sí los tienen, pero pueden tomar más distancia que las mujeres.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
La decisión de cambiar
Hay gente que aprende un modelo de comportamiento que le resultó cómodo y eficaz y se aferra a él para siempre, aunque le provoque sufrimiento.
Son los que se empeñan en utilizar soluciones viejas para problemas nuevos, los que prefieren renunciar a sus ideales, los que se odian a sí mismos y a la vida, los que viven enojados pero que lo último que harían sería cambiar, porque no quieren arriesgarse y quieren seguir siendo siempre igual.
Sin embargo, todos desean que sus vidas mejoren, pero para que eso suceda tienen que estar dispuestos a cambiar. Cambiar de manera de pensar, de hablar, de relacionarse y de todas las demás formas que tienen de actuar y de responder, que los hace infelices.
Cuanto más se aferren a sus viejas fórmulas y creencias, más esclavos serán de sí mismos y de sus limitaciones.
Es importante saber que lo que menos se desea modificar es lo que más se necesita cambiar.
Hay tres niveles donde se puede cambiar, el nivel físico, el mental y el espiritual.
Se puede empezar por cualquiera de estos tres niveles y luego, el cambio de un nivel producirá un cambio en los otros. Pero lo más importante siempre será estar dispuesto a cambiar.
Si lo que se desea es cambiar el cuerpo lo mejor es cambiar de alimentación orientándose hacia una dieta sana y equilibrada; y escuchar las señales del cuerpo cuando comen.
Para cambiar de forma de pensar hay que tomar conciencia que solamente están contemplando un solo punto de vista de la realidad, que es el propio, sin tener en cuenta otros, de modo que ampliar la perspectiva hará que se multipliquen las posibilidades y oportunidades de la vida.
El cambio espiritual implica conocerse más a sí mismo a través de la meditación o la oración y llegar a intuir lo importante y sagrado que es todo ser humano.
Todo este proceso lleva su tiempo que no se puede pretender acelerar; y si surge alguna reacción es la señal que se necesita para saber que se ha iniciado el cambio.
Existen claves que refuerzan las resistencias al cambio como por ejemplo, cambiar de tema y no prestar atención; aplazar decisiones; suponer cosas que justifican la resistencia, creer en ideas que limitan; poner excusas, echarle la culpa a otro; autocensurarse, postergar las cosas, negar la necesidad del cambio y tener miedo a lo desconocido.
Las resistencias son las que intentan evitar el cambio de manera de ser, de forma de pensar y de ver el mundo, aunque sólo le hayan proporcionado disgustos, malos ratos, sinsabores, frustraciones y fracasos.
Hay que tener en cuenta que detrás de las creencias hay una necesidad que exige satisfacción. Por alguna razón se puede tener la necesidad interna de estar gordos, de fracasar, de estar enojados y malhumorados, de ser pobres o de tener muchos problemas.
Más que fuerza de voluntad, hay que estar dispuestos a renunciar a esa necesidad interior que los obliga a sufrir; y esa es la afirmación que hay que repetir para liberarse de lo viejo: “Estoy dispuesto a cambiar, renuncia a mi necesidad interna de…”, porque cada efecto externo es la expresión natural de un modelo mental interno.
Fuente: “Usted Puede Sanar su Vida”; Louise L.Hay
Son los que se empeñan en utilizar soluciones viejas para problemas nuevos, los que prefieren renunciar a sus ideales, los que se odian a sí mismos y a la vida, los que viven enojados pero que lo último que harían sería cambiar, porque no quieren arriesgarse y quieren seguir siendo siempre igual.
Sin embargo, todos desean que sus vidas mejoren, pero para que eso suceda tienen que estar dispuestos a cambiar. Cambiar de manera de pensar, de hablar, de relacionarse y de todas las demás formas que tienen de actuar y de responder, que los hace infelices.
Cuanto más se aferren a sus viejas fórmulas y creencias, más esclavos serán de sí mismos y de sus limitaciones.
Es importante saber que lo que menos se desea modificar es lo que más se necesita cambiar.
Hay tres niveles donde se puede cambiar, el nivel físico, el mental y el espiritual.
Se puede empezar por cualquiera de estos tres niveles y luego, el cambio de un nivel producirá un cambio en los otros. Pero lo más importante siempre será estar dispuesto a cambiar.
Si lo que se desea es cambiar el cuerpo lo mejor es cambiar de alimentación orientándose hacia una dieta sana y equilibrada; y escuchar las señales del cuerpo cuando comen.
Para cambiar de forma de pensar hay que tomar conciencia que solamente están contemplando un solo punto de vista de la realidad, que es el propio, sin tener en cuenta otros, de modo que ampliar la perspectiva hará que se multipliquen las posibilidades y oportunidades de la vida.
El cambio espiritual implica conocerse más a sí mismo a través de la meditación o la oración y llegar a intuir lo importante y sagrado que es todo ser humano.
Todo este proceso lleva su tiempo que no se puede pretender acelerar; y si surge alguna reacción es la señal que se necesita para saber que se ha iniciado el cambio.
Existen claves que refuerzan las resistencias al cambio como por ejemplo, cambiar de tema y no prestar atención; aplazar decisiones; suponer cosas que justifican la resistencia, creer en ideas que limitan; poner excusas, echarle la culpa a otro; autocensurarse, postergar las cosas, negar la necesidad del cambio y tener miedo a lo desconocido.
Las resistencias son las que intentan evitar el cambio de manera de ser, de forma de pensar y de ver el mundo, aunque sólo le hayan proporcionado disgustos, malos ratos, sinsabores, frustraciones y fracasos.
Hay que tener en cuenta que detrás de las creencias hay una necesidad que exige satisfacción. Por alguna razón se puede tener la necesidad interna de estar gordos, de fracasar, de estar enojados y malhumorados, de ser pobres o de tener muchos problemas.
Más que fuerza de voluntad, hay que estar dispuestos a renunciar a esa necesidad interior que los obliga a sufrir; y esa es la afirmación que hay que repetir para liberarse de lo viejo: “Estoy dispuesto a cambiar, renuncia a mi necesidad interna de…”, porque cada efecto externo es la expresión natural de un modelo mental interno.
Fuente: “Usted Puede Sanar su Vida”; Louise L.Hay
La diferencias entre un psicopata y un sociopata
El estudio de la conducta delictiva incluye un examen de los trastornos mentales que pueden contribuir a un comportamiento desviado. Sociopatía y psicopatía son términos utilizados en psicología y criminología para referirse a dos grupos separados de personas con rasgos de personalidad antisociales. Cabe destacar que estas condiciones no se clasifican como enfermedades mentales y no son oficiales los términos de diagnóstico. En la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Conocido como DSM-IV, se ha de considerar que no tiene ninguna evidencia científica ni basada en evidencias) tanto en la sociopatía y la psicopatía se enumeran bajo el epígrafe de trastorno antisocial de la personalidad (TAP). Muchos psiquiatras y criminólogos utilizan estos términos indistintamente. Pero, que hay diferencias importantes entre ellos y sus causas o etiología.
Sociopatía y psicopatía comparten muchas características, generando con ello la principal fuente de confusión para diferenciar en psicología y criminología. Los rasgos de sociópatas y psicópatas incluyen acciones como:
Desprecio al cumplimiento de leyes y costumbres sociales
Desprecio por los derechos de los demás
El hecho de no sentir remordimiento o culpa
Tendencia a mostrar un comportamiento violento y arrebatos emocionales
Aunque no hay consenso entre los profesionales sobre exactamente lo que diferencia a los sociópatas de los psicópatas, entre los que creo que cada uno es un trastorno separado, hay una lista de diferencias importantes. En primer lugar, los sociópatas tienden a ser nervioso y se alteran con facilidad. En segundo lugar, es probable que sean educados, viven al margen de la sociedad, suelen vivir solos, les es difícil adaptarse al trabajo en equipo, son incapaces de mantener un trabajo estable o permanecer en un solo lugar. Algunos sociópatas forman grupos, a pesar de que no tienen respeto por la sociedad en general. Ante los ojos de los demás, los sociópatas dan una imagen clara de perturbado, dan la sensación de una "persona rara". La mayoría de los crímenes cometidos por sociópatas tienden a ser de perfil desorganizado y espontáneo. Miguel Rivera (Charlie Chop-off) es un ejemplo clásico de un psicópata y asesino en serie desorganizado, al igual que Jack el Destripador.
Los psicópatas, en cambio, suelen tener personalidades encantadoras y se integran fácilmente. Ellos son manipuladores y pueden ganarse la confianza de la gente. Aprenden a imitar las emociones, a pesar de su incapacidad para realmente sentir, y parecen normales suelen proyectar la imagen de sencillos e inocentes. Los psicópatas son a menudo educados y tienen trabajos estables. Algunos son tan buenos en la manipulación y el mimetismo que tiene familias y otras relaciones a largo plazo, no se suele sospechar fácilmente de su verdadera naturaleza, Un ejemplo de este tipo de individuo es el asesino en serie Dennis Rader (Bind, Torture, Kill), que tenía una familia, profesión, vida cívica y logro evitar la detección por 30 años.
Cuando toman la decisión para cometer el delito, los psicópatas planifican cuidadosamente cada detalle y con frecuencia tienen planes de contingencia. Ahí está la marcada diferencia entre el método de los delitos cometidos por sociópatas y psicópatas, la distinción entre estos trastornos es tal vez aún más importante para la criminología de lo que es para la psicología. Eso es porque los criminales psicópatas, a diferencia de los criminales sociópatas, cometen crímenes muy organizados a menudo después de una meticulosa planificación. Ted Bundy es un ejemplo clásico del asesino en serie psicópata y organizado.
También se desprende de la etiología de la psicopatía y sociopatía es muy diferente. Es probable que la psicopatía es el resultado de la "naturaleza" (la genética), mientras que la sociopatía es el resultado de "crianza" (medio ambiente). De acuerdo con el difunto David Lykken, genetista del comportamiento conocido por sus estudios sobre los gemelos, la psicopatía se relaciona con un defecto fisiológico que resulta en el subdesarrollo de la parte del cerebro responsable del control de los impulsos y las emociones. La sociopatía, por el contrario, es más el producto de traumas de la infancia y el abuso.
Basándose en ese modelo, los sociópatas no son capaces de empatía o conexión emocional con los demás, sino únicamente con individuos concretos, como un familiar o amigo, y sólo en contextos específicos. Los psicópatas, por el contrario, son simplemente incapaces de empatía y son incapaces de formar lazos emocionales reales con nadie. Es la capacidad de los psicópatas para imitar de forma efectiva la empatía y la conexión emocional los hacen especialmente peligrosos, son delincuentes sin pretensiones y, a menudo de gran éxito.
Fuente: Doc Bonn Explains: The Difference Between a Sociopath and a Psychopath
Sociopatía y psicopatía comparten muchas características, generando con ello la principal fuente de confusión para diferenciar en psicología y criminología. Los rasgos de sociópatas y psicópatas incluyen acciones como:
Desprecio al cumplimiento de leyes y costumbres sociales
Desprecio por los derechos de los demás
El hecho de no sentir remordimiento o culpa
Tendencia a mostrar un comportamiento violento y arrebatos emocionales
Aunque no hay consenso entre los profesionales sobre exactamente lo que diferencia a los sociópatas de los psicópatas, entre los que creo que cada uno es un trastorno separado, hay una lista de diferencias importantes. En primer lugar, los sociópatas tienden a ser nervioso y se alteran con facilidad. En segundo lugar, es probable que sean educados, viven al margen de la sociedad, suelen vivir solos, les es difícil adaptarse al trabajo en equipo, son incapaces de mantener un trabajo estable o permanecer en un solo lugar. Algunos sociópatas forman grupos, a pesar de que no tienen respeto por la sociedad en general. Ante los ojos de los demás, los sociópatas dan una imagen clara de perturbado, dan la sensación de una "persona rara". La mayoría de los crímenes cometidos por sociópatas tienden a ser de perfil desorganizado y espontáneo. Miguel Rivera (Charlie Chop-off) es un ejemplo clásico de un psicópata y asesino en serie desorganizado, al igual que Jack el Destripador.
Los psicópatas, en cambio, suelen tener personalidades encantadoras y se integran fácilmente. Ellos son manipuladores y pueden ganarse la confianza de la gente. Aprenden a imitar las emociones, a pesar de su incapacidad para realmente sentir, y parecen normales suelen proyectar la imagen de sencillos e inocentes. Los psicópatas son a menudo educados y tienen trabajos estables. Algunos son tan buenos en la manipulación y el mimetismo que tiene familias y otras relaciones a largo plazo, no se suele sospechar fácilmente de su verdadera naturaleza, Un ejemplo de este tipo de individuo es el asesino en serie Dennis Rader (Bind, Torture, Kill), que tenía una familia, profesión, vida cívica y logro evitar la detección por 30 años.
Cuando toman la decisión para cometer el delito, los psicópatas planifican cuidadosamente cada detalle y con frecuencia tienen planes de contingencia. Ahí está la marcada diferencia entre el método de los delitos cometidos por sociópatas y psicópatas, la distinción entre estos trastornos es tal vez aún más importante para la criminología de lo que es para la psicología. Eso es porque los criminales psicópatas, a diferencia de los criminales sociópatas, cometen crímenes muy organizados a menudo después de una meticulosa planificación. Ted Bundy es un ejemplo clásico del asesino en serie psicópata y organizado.
También se desprende de la etiología de la psicopatía y sociopatía es muy diferente. Es probable que la psicopatía es el resultado de la "naturaleza" (la genética), mientras que la sociopatía es el resultado de "crianza" (medio ambiente). De acuerdo con el difunto David Lykken, genetista del comportamiento conocido por sus estudios sobre los gemelos, la psicopatía se relaciona con un defecto fisiológico que resulta en el subdesarrollo de la parte del cerebro responsable del control de los impulsos y las emociones. La sociopatía, por el contrario, es más el producto de traumas de la infancia y el abuso.
Basándose en ese modelo, los sociópatas no son capaces de empatía o conexión emocional con los demás, sino únicamente con individuos concretos, como un familiar o amigo, y sólo en contextos específicos. Los psicópatas, por el contrario, son simplemente incapaces de empatía y son incapaces de formar lazos emocionales reales con nadie. Es la capacidad de los psicópatas para imitar de forma efectiva la empatía y la conexión emocional los hacen especialmente peligrosos, son delincuentes sin pretensiones y, a menudo de gran éxito.
Fuente: Doc Bonn Explains: The Difference Between a Sociopath and a Psychopath
El Amor y el Hombre
Freud escribió a lo largo de varios años unos textos que luego reunió -para publicarlos en 1918- en unos escritos que llamó “Contribuciones a la psicología del amor”.
El primero de estos trabajos se llama originalmente “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, así que iré a este punto directamente, a las condiciones de amor del sujeto masculino; es decir, a esas condiciones muy particulares que caracterizan la elección de objeto de amor para el hombre.
Dice aquí Freud que elige este tema para empezar a hablar, ya que estas condiciones que el objeto a elegir debe tener para el hombre, resultan bastante incomprensibles, pero que sin embrago tienen para el psicoanálisis una lectura bastante “simple”.
La primera condición a a la que Freud se refiere es la del “tercero perjudicado”: es decir, esa mujer a elegir debe tener ya un marido, novio, amigo, etc. Incluso, nos dice Freud y es algo que hoy en día se constata clínicamente, una mujer puede serle indiferente hasta el momento en que, por ejemplo, se pone de novia con otro.
Como segunda condición Freud sitúa el “amor por mujeres fáciles”. Esta condición es más frecuente encontrarla asociada a la primera que nombramos. La mujer pura y santa no ejerce atractivo alguno; sino sólo aquellas mujeres que son infieles (por eso se asocia a la primera condición) o incluso las prostitutas.
Aquí Freud hace una digresión interesante. Si bien en la primera condición encontramos un componente hostil, más bien de rivalidad con el tercero en cuestión, en esta última condición que les nombré, está relacionada íntimamente con la cuestión de los celos.
Los celos parecen ser una “necesidad” prácticamente para este tipo de hombres que aman bajo esta condición. Si hay celos, hay pasión. O sea es una manera de amor complicada… porque es justamente a partir de los celos que al mujer adquiere valor para él. Lo particular es que no se pone celoso del tercero en cuestión, digamos del marido de la amada, sino que la cela de hombres que ni siquiera ella tiene contacto.
Y, esto tiene también el matiz de que este hombre que ama en estas condiciones, no tiene interés en ser el marido de la amada. Se siente muy cómodo en ese lugar que le da el triángulo.
Luego, Freud nos dice que los siguientes dos ítems que tocará no tienen que ver con condiciones que se le exige al objeto de amor, sino a la conducta que toma el hombre hacia la mujer, como amada.
Así, en tercer lugar Freud dice que es característico de la “vida normal” que la mujer adquiera su valor para el hombre en tanto casta, casi virgen; y cualquier característica de “mujer liviana” la rebajará como mujer. Es por eso que Freud sitúa como una rasgo patológico la segunda condición de amor que nombré arriba.
Aman a estas mujeres de una manera “obsesiva” dirá Freud. Ponen todo su interés en ese objeto amado, puro, preciado; se “autoexigen” una fidelidad extrema. Y es un modelo que repetirán, haciendo de estas mujeres elegidas, una serie.
Por último, Freud nos dice de esa particularidad que tiene algunos hombres respecto de su amada, de “rescatarla”. Suponiendo que eso es lo que ella quiere y necesita de él. Y la rescata entonces, no abandonándola.
En el siguiente post veremos qué nos dice Freud al respecto de este cuadro de situación que nos presentó.
http://psicologia.laguia2000.com
El primero de estos trabajos se llama originalmente “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, así que iré a este punto directamente, a las condiciones de amor del sujeto masculino; es decir, a esas condiciones muy particulares que caracterizan la elección de objeto de amor para el hombre.
Dice aquí Freud que elige este tema para empezar a hablar, ya que estas condiciones que el objeto a elegir debe tener para el hombre, resultan bastante incomprensibles, pero que sin embrago tienen para el psicoanálisis una lectura bastante “simple”.
La primera condición a a la que Freud se refiere es la del “tercero perjudicado”: es decir, esa mujer a elegir debe tener ya un marido, novio, amigo, etc. Incluso, nos dice Freud y es algo que hoy en día se constata clínicamente, una mujer puede serle indiferente hasta el momento en que, por ejemplo, se pone de novia con otro.
Como segunda condición Freud sitúa el “amor por mujeres fáciles”. Esta condición es más frecuente encontrarla asociada a la primera que nombramos. La mujer pura y santa no ejerce atractivo alguno; sino sólo aquellas mujeres que son infieles (por eso se asocia a la primera condición) o incluso las prostitutas.
Aquí Freud hace una digresión interesante. Si bien en la primera condición encontramos un componente hostil, más bien de rivalidad con el tercero en cuestión, en esta última condición que les nombré, está relacionada íntimamente con la cuestión de los celos.
Los celos parecen ser una “necesidad” prácticamente para este tipo de hombres que aman bajo esta condición. Si hay celos, hay pasión. O sea es una manera de amor complicada… porque es justamente a partir de los celos que al mujer adquiere valor para él. Lo particular es que no se pone celoso del tercero en cuestión, digamos del marido de la amada, sino que la cela de hombres que ni siquiera ella tiene contacto.
Y, esto tiene también el matiz de que este hombre que ama en estas condiciones, no tiene interés en ser el marido de la amada. Se siente muy cómodo en ese lugar que le da el triángulo.
Luego, Freud nos dice que los siguientes dos ítems que tocará no tienen que ver con condiciones que se le exige al objeto de amor, sino a la conducta que toma el hombre hacia la mujer, como amada.
Así, en tercer lugar Freud dice que es característico de la “vida normal” que la mujer adquiera su valor para el hombre en tanto casta, casi virgen; y cualquier característica de “mujer liviana” la rebajará como mujer. Es por eso que Freud sitúa como una rasgo patológico la segunda condición de amor que nombré arriba.
Aman a estas mujeres de una manera “obsesiva” dirá Freud. Ponen todo su interés en ese objeto amado, puro, preciado; se “autoexigen” una fidelidad extrema. Y es un modelo que repetirán, haciendo de estas mujeres elegidas, una serie.
Por último, Freud nos dice de esa particularidad que tiene algunos hombres respecto de su amada, de “rescatarla”. Suponiendo que eso es lo que ella quiere y necesita de él. Y la rescata entonces, no abandonándola.
En el siguiente post veremos qué nos dice Freud al respecto de este cuadro de situación que nos presentó.
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El Amor y el deseo
Siguiendo los lineamientos de J-A Miller, a partir de su lectura de Lacan, decimos que el deseo se ubica entre la demanda del Otro que tiene y la demanda al Otro que no tiene –en ambos casos se refiere al falo.
En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.
El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…
FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.
En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.
El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…
FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.
Los misterios del "Efecto placebo"
El placebo es una sustancia que administrada como un medicamento, puede ser eficaz para curar una dolencia y en algunos casos llegar a superar la efectividad de una medicina científicamente comprobada.
El placebo no contiene ningún componente activo de poder curativo, sin embargo puede producir un efecto beneficioso en un enfermo.
Este es un fenómeno que no ha sido debidamente investigado, porque desde el punto de vista académico el efecto placebo se ha asociado a prácticas esotéricas que producen un efecto de sugestión; sin embargo podría revelar la capacidad de la mente para curar el cuerpo.
Sin embargo, el efecto placebo, aunque es ignorado por los científicos, es utilizado en ensayos clínicos para comprobar la eficacia de los medicamentos, administrándole a un grupo el remedio que se quiere probar y a un grupo control un placebo, sin que los probandos sepan cuál de las dos medicinas ha recibido.
Si el medicamento en cuestión resulta ser más eficaz que el placebo, quedará demostrada la eficacia de ese fármaco, caso contrario, no recibirá la aprobación para ser elaborado.
La mejoría que a veces producen los placebos ha sido asociada a la autosugestión, sin embargo, actualmente la neurobiología y la psicología están realizando investigaciones de este fenómeno que podrían permitir descubrir inesperados hallazgos que podrían llegar a esclarecer el misterio que encierra este curioso tema.
No solamente los placebos en forma de pastilla o inyecciones pueden ejercer una influencia positiva en los pacientes, también la confianza en el médico, su apoyo tranquilizador o un diagnóstico favorable que no se esperaba. O sea, que la anticipación de buenas noticias sobre la propia salud y las expectativas conscientes de los pacientes son las que tienen importancia y pueden hacer que la persona se sienta mejor.
El efecto placebo actúa principalmente en patologías que producen dolor, en enfermedades mentales, en afecciones del sistema endócrino e inmunológico, como la artritis y las alergias y en los procesos inflamatorios.
El efecto placebo produce liberación de endorfinas y otras sustancias cerebrales como la dopamina, que es un neuroquímico vinculado con el placer y el bienestar, en el caso de enfermos de Parkinson.
Se pudo observar que los pacientes respondían de la misma manera a la administración de una solución fisiológica que al medicamento específico para su enfermedad.
Las investigaciones demuestran que el placebo no es un efecto solamente psicológico, sino que también, por imitación, realiza el curso de las mismas vías neurológicas que realizan los fármacos específicos y puede producir efectos bioquímicos que pueden demostrar y también medir.
Al tomar el placebo, la persona siente menos dolor porque su cerebro produce endorfinas que es lo que hace que su malestar se atenúe.
El efecto de todo medicamento se acentúa si se tienen expectativas de que resulte eficaz. Esto se ha demostrado aplicando la misma dosis a otra persona que no tiene la misma expectativa.
De manera que la creencia de que un remedio puede curar, forma parte del proceso de sanación.
También se ha demostrado que cuanto más costoso, más complejo y sofisticado sea un tratamiento o más grande la pastilla que un enfermo tiene que tomar, mayor es el efecto que produce.
El hecho de llevar a un paciente a un quirófano, anestesiarlo y practicarle solamente una incisión también tiene un efecto placebo.
Algunos experimentos han demostrado que sustituir un medicamento determinado por un placebo, produce el mismo efecto que el fármaco.
Todos estos experimentos muestran el extraordinario potencial del placebo en la función terapéutica, como por ejemplo utilizando placebos para reducir la administración de medicamentos que tienen la desventaja de provocar efectos secundarios; o el uso de placebos para enfermedades que no tienen tratamiento.
De ningún modo los placebos sustituirán a los medicamentos específicos que requiere cada enfermedad, pero sí pueden representar una nueva forma de encarar los tratamientos y brindar más posibilidades a los enfermos, dándole más importancia a la relación entre el bienestar mental y el físico.
Fuente: “Vivir mejor con el Dr. Cormillot”; “Ciencia”; “Cómo funciona el misterios efecto placebo”;
El placebo no contiene ningún componente activo de poder curativo, sin embargo puede producir un efecto beneficioso en un enfermo.
Este es un fenómeno que no ha sido debidamente investigado, porque desde el punto de vista académico el efecto placebo se ha asociado a prácticas esotéricas que producen un efecto de sugestión; sin embargo podría revelar la capacidad de la mente para curar el cuerpo.
Sin embargo, el efecto placebo, aunque es ignorado por los científicos, es utilizado en ensayos clínicos para comprobar la eficacia de los medicamentos, administrándole a un grupo el remedio que se quiere probar y a un grupo control un placebo, sin que los probandos sepan cuál de las dos medicinas ha recibido.
Si el medicamento en cuestión resulta ser más eficaz que el placebo, quedará demostrada la eficacia de ese fármaco, caso contrario, no recibirá la aprobación para ser elaborado.
La mejoría que a veces producen los placebos ha sido asociada a la autosugestión, sin embargo, actualmente la neurobiología y la psicología están realizando investigaciones de este fenómeno que podrían permitir descubrir inesperados hallazgos que podrían llegar a esclarecer el misterio que encierra este curioso tema.
No solamente los placebos en forma de pastilla o inyecciones pueden ejercer una influencia positiva en los pacientes, también la confianza en el médico, su apoyo tranquilizador o un diagnóstico favorable que no se esperaba. O sea, que la anticipación de buenas noticias sobre la propia salud y las expectativas conscientes de los pacientes son las que tienen importancia y pueden hacer que la persona se sienta mejor.
El efecto placebo actúa principalmente en patologías que producen dolor, en enfermedades mentales, en afecciones del sistema endócrino e inmunológico, como la artritis y las alergias y en los procesos inflamatorios.
El efecto placebo produce liberación de endorfinas y otras sustancias cerebrales como la dopamina, que es un neuroquímico vinculado con el placer y el bienestar, en el caso de enfermos de Parkinson.
Se pudo observar que los pacientes respondían de la misma manera a la administración de una solución fisiológica que al medicamento específico para su enfermedad.
Las investigaciones demuestran que el placebo no es un efecto solamente psicológico, sino que también, por imitación, realiza el curso de las mismas vías neurológicas que realizan los fármacos específicos y puede producir efectos bioquímicos que pueden demostrar y también medir.
Al tomar el placebo, la persona siente menos dolor porque su cerebro produce endorfinas que es lo que hace que su malestar se atenúe.
El efecto de todo medicamento se acentúa si se tienen expectativas de que resulte eficaz. Esto se ha demostrado aplicando la misma dosis a otra persona que no tiene la misma expectativa.
De manera que la creencia de que un remedio puede curar, forma parte del proceso de sanación.
También se ha demostrado que cuanto más costoso, más complejo y sofisticado sea un tratamiento o más grande la pastilla que un enfermo tiene que tomar, mayor es el efecto que produce.
El hecho de llevar a un paciente a un quirófano, anestesiarlo y practicarle solamente una incisión también tiene un efecto placebo.
Algunos experimentos han demostrado que sustituir un medicamento determinado por un placebo, produce el mismo efecto que el fármaco.
Todos estos experimentos muestran el extraordinario potencial del placebo en la función terapéutica, como por ejemplo utilizando placebos para reducir la administración de medicamentos que tienen la desventaja de provocar efectos secundarios; o el uso de placebos para enfermedades que no tienen tratamiento.
De ningún modo los placebos sustituirán a los medicamentos específicos que requiere cada enfermedad, pero sí pueden representar una nueva forma de encarar los tratamientos y brindar más posibilidades a los enfermos, dándole más importancia a la relación entre el bienestar mental y el físico.
Fuente: “Vivir mejor con el Dr. Cormillot”; “Ciencia”; “Cómo funciona el misterios efecto placebo”;
Ser bueno es ser feliz?
Las personas felices también son sabias, porque alcanzan la felicidad cuando aceptan las cosas como son y las disfrutan, no se dejan llevar por las expectativas de otros, tienen proyectos propios y están ocupados en cumplirlos.
Estas personas pueden amar, pueden trabajar, no se quejan, son responsables, comprometidas y sanas, no tienen diálogo interno ni conflicto porque hacen lo que tienen que hacer y lo que pueden, ayudan a los demás, viven el presente y pueden proyectarse en el futuro.
Solamente las personas felices pueden ser amables con los demás, consideradas y atentas, porque han encontrado el equilibrio, se aceptan y se estiman como son sin pretender parecerse a ninguno ni dejarse influenciar por las modas.
Para ser feliz no se necesita tener cosas, porque la felicidad es un estado de ánimo que no viene de afuera sino de adentro, de la satisfacción interior de sentirse plenos, tranquilos, bien con los demás, queridos y apreciados por todos.
Una persona que está descontenta, que se siente insatisfecha, insegura, que cree que nadie la quiere, que se siente sola y maltratada por los demás, que no se compromete con ningún interés, que depende de otros, que quiere parecerse a sus pares y que se complace en criticar, no puede ser buena y necesariamente tiene que proyectar todo su descontento afuera.
Las personas infelices les echan la culpa a otros de su infelicidad, y de esta manera tratan de acallar su conciencia porque no reconocen su responsabilidad.
Para que el mundo pueda cambiar, tienen que cambiar los seres humanos, porque aún no son muchos los que se sienten verdaderamente felices.
El mundo necesita que todos sean felices, despreocupados pero atentos, risueños pero responsables, alegres pero maduros, firmes pero bondadosos, creativos pero confiables, amistosos pero respetuosos, ocupados pero dispuestos y capaces de ser considerados con el prójimo.
Las personas felices ven el vaso medio lleno y no medio vacío, son optimistas, tienen una visión del mundo como un lugar lleno de posibilidades, pueden creer que hay mucha gente buena y que hay que ayudar a los que cometen errores porque pueden estar enfermos o haber sido víctimas de abusos y atropellos.
La persona resentida y violenta, ve todo mal, es despreciativa, indiferente al dolor de los demás e incapaz de aceptar los méritos de otros. Además de no poder adaptarse, vive una vida miserable llena de problemas, le hace la vida imposible a los que lo rodean y la infelicidad es su estado de ánimo permanente.
Esa persona no puede ser buena, al contrario su maldad hará estragos y se reflejará en cada uno de sus actos.
Nelson Mandela, ex presidente de Sudáfrica que gobernó desde 1995 hasta 1999, cumple 94 años.
Durante 27 años fue un preso político por luchar contra la discriminación racial en su país y en el mundo. Sin embargo, cuando quedó libre perdonó a todos sus enemigos y aconsejó a su país a hacer lo mismo.
Encerrado en una pequeña habitación todo ese tiempo, no sólo pudo seguir viviendo normalmente sino que tuvo oportunidad de elevar su conciencia y ver las cosas desde una perspectiva más alta: la reconstrucción del país no podía ser posible si continuaba el rencor y el resentimiento entre blancos y negros.
El perdón fue lo que los unió y lo que permitió que pudieran comenzar una nueva vida todos juntos.
Mandela mostró que un ser humano no necesita casi nada de afuera para ser feliz, porque tiene su mente y sólo es suficiente que tenga algo por que vivir y apasionarse por ello.
Mandela es considerado no sólo un gran hombre sino también un sabio, un ejemplo para la humanidad que todavía vaga a la deriva sin rumbo.
Una persona feliz quiere que también los demás lo sean.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Estas personas pueden amar, pueden trabajar, no se quejan, son responsables, comprometidas y sanas, no tienen diálogo interno ni conflicto porque hacen lo que tienen que hacer y lo que pueden, ayudan a los demás, viven el presente y pueden proyectarse en el futuro.
Solamente las personas felices pueden ser amables con los demás, consideradas y atentas, porque han encontrado el equilibrio, se aceptan y se estiman como son sin pretender parecerse a ninguno ni dejarse influenciar por las modas.
Para ser feliz no se necesita tener cosas, porque la felicidad es un estado de ánimo que no viene de afuera sino de adentro, de la satisfacción interior de sentirse plenos, tranquilos, bien con los demás, queridos y apreciados por todos.
Una persona que está descontenta, que se siente insatisfecha, insegura, que cree que nadie la quiere, que se siente sola y maltratada por los demás, que no se compromete con ningún interés, que depende de otros, que quiere parecerse a sus pares y que se complace en criticar, no puede ser buena y necesariamente tiene que proyectar todo su descontento afuera.
Las personas infelices les echan la culpa a otros de su infelicidad, y de esta manera tratan de acallar su conciencia porque no reconocen su responsabilidad.
Para que el mundo pueda cambiar, tienen que cambiar los seres humanos, porque aún no son muchos los que se sienten verdaderamente felices.
El mundo necesita que todos sean felices, despreocupados pero atentos, risueños pero responsables, alegres pero maduros, firmes pero bondadosos, creativos pero confiables, amistosos pero respetuosos, ocupados pero dispuestos y capaces de ser considerados con el prójimo.
Las personas felices ven el vaso medio lleno y no medio vacío, son optimistas, tienen una visión del mundo como un lugar lleno de posibilidades, pueden creer que hay mucha gente buena y que hay que ayudar a los que cometen errores porque pueden estar enfermos o haber sido víctimas de abusos y atropellos.
La persona resentida y violenta, ve todo mal, es despreciativa, indiferente al dolor de los demás e incapaz de aceptar los méritos de otros. Además de no poder adaptarse, vive una vida miserable llena de problemas, le hace la vida imposible a los que lo rodean y la infelicidad es su estado de ánimo permanente.
Esa persona no puede ser buena, al contrario su maldad hará estragos y se reflejará en cada uno de sus actos.
Nelson Mandela, ex presidente de Sudáfrica que gobernó desde 1995 hasta 1999, cumple 94 años.
Durante 27 años fue un preso político por luchar contra la discriminación racial en su país y en el mundo. Sin embargo, cuando quedó libre perdonó a todos sus enemigos y aconsejó a su país a hacer lo mismo.
Encerrado en una pequeña habitación todo ese tiempo, no sólo pudo seguir viviendo normalmente sino que tuvo oportunidad de elevar su conciencia y ver las cosas desde una perspectiva más alta: la reconstrucción del país no podía ser posible si continuaba el rencor y el resentimiento entre blancos y negros.
El perdón fue lo que los unió y lo que permitió que pudieran comenzar una nueva vida todos juntos.
Mandela mostró que un ser humano no necesita casi nada de afuera para ser feliz, porque tiene su mente y sólo es suficiente que tenga algo por que vivir y apasionarse por ello.
Mandela es considerado no sólo un gran hombre sino también un sabio, un ejemplo para la humanidad que todavía vaga a la deriva sin rumbo.
Una persona feliz quiere que también los demás lo sean.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
La Dimensión de los sueños
Erich Fromm nos dice que uno de los fenómenos más asombrosos que nos ocurre a los seres humanos son los sueños, pero permanecemos indiferentes a ellos porque hemos perdido nuestra capacidad de asombro.
Los sueños son un misterio. ¿Ocurren solamente en nuestra mente o es la manera de que una parte de nosotros tenga la oportunidad de ingresar a una dimensión diferente?
Durante el sueño, nuestro cuerpo tiene otras capacidades diferentes a las del estado de vigilia. Podemos volar, caernos de un séptimo piso sin lastimarnos, caminar en el agua, disfrutar de amores imposibles, ganar la lotería, hablar con los muertos, visualizar la solución de un problema, ser felices y cumplir todos nuestros deseos.
Se han escrito incontables páginas sobre los sueños, y aunque algunas explicaciones parecen más creíbles que otras, lo real y verdadero es que en lo que se refiere a lo que son los sueños, no hay certezas.
Freud estima que los sueños expresan los deseos reprimidos, otros afirman que es un mecanismo de compensación, para lograr el equilibrio cuando sufrimos frustraciones.
Sin embargo, los bebés sueñan y no parece que sea porque repriman sus impulsos; y salvando las distancias, también los perros sueñan, aún aquellos que se adueñan de la casa y hacen todo lo que quieren.
Lo cierto es que nos pasamos buena parte de la vida soñando y todavía para nosotros, soñar sigue siendo un enigma, porque no sabemos para qué y por qué soñamos.
Lo que si es cierto es que mientras soñamos nos evadimos de la realidad y nos encontramos en otra donde las cosas son más fáciles, una dimensión donde nuestro cuerpo puede desafiar la fuerza de gravedad, no se cansa, no tiene limitaciones físicas, psicológicas ni sociales, tampoco culpa ni vergüenza y donde no existe ni el espacio ni el tiempo.
Los sueños, para muchos, han sido premonitorios, reveladores, anticipatorios, creativos y hasta terapéuticos.
Los sueños nos permiten descansar de nosotros mismos y nos deja ser como queremos, no una copia de otra copia sino alguien único y distinto.
Borges decía que quizás en los sueños seamos alguien, como decía Shakespeare, en los sueños soy la cosa que soy o quizás la divinidad.
Las culturas primitivas les otorgaban a los sueños un valor profético. Para los hawaianos, por ejemplo, soñar es la forma de comunicarse con el espíritu divino de los antepasados; porque cuando descansamos, el alma sale del cuerpo para vagar por este mundo o por los otros.
Para Platón, primero fue un sueño, luego todo lo demás; y para los egipcios y otras antiguas civilizaciones de la zona del Mediterráneo, los sueños tienen un origen divino y son portadores de mensajes útiles para la vida de vigilia.
Desde los antiguos griegos se reconoce que existen dos tipos de sueños, los valiosos y significativos y los triviales e insignificantes.
Un libro sagrado judío, El Talmud, dice: “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir”.
San Agustín decía que Dios nos envía las imágenes oníricas para transmitir conocimientos al hombre y San Isidoro se atrevía a afirmar que a veces Dios, cuando desea que conozcamos el futuro se sirve de los sueños. En cuanto a Santo Tomás de Aquino, su hipótesis era que mediante los sueños Dios instruye a los hombres; ya que Dios sólo les hablará en visiones o en sueños.
Para el sabio Pascale Romano, los sueños contribuyen para lograr un exacto diagnóstico médico; en tanto que Shopenhauer creía que en los sueños hablamos y obramos de acuerdo a cómo somos; mientras que Emerson sostenía que el hombre prudente lee sus sueños para conocerse a sí mismo.
En sueños el alma viaja y alcanza regiones donde la mente es más libre y donde son frecuentes las revelaciones.
Fuente: “El Viaje Astral”; Edgard de Vasconcelos.
Los sueños son un misterio. ¿Ocurren solamente en nuestra mente o es la manera de que una parte de nosotros tenga la oportunidad de ingresar a una dimensión diferente?
Durante el sueño, nuestro cuerpo tiene otras capacidades diferentes a las del estado de vigilia. Podemos volar, caernos de un séptimo piso sin lastimarnos, caminar en el agua, disfrutar de amores imposibles, ganar la lotería, hablar con los muertos, visualizar la solución de un problema, ser felices y cumplir todos nuestros deseos.
Se han escrito incontables páginas sobre los sueños, y aunque algunas explicaciones parecen más creíbles que otras, lo real y verdadero es que en lo que se refiere a lo que son los sueños, no hay certezas.
Freud estima que los sueños expresan los deseos reprimidos, otros afirman que es un mecanismo de compensación, para lograr el equilibrio cuando sufrimos frustraciones.
Sin embargo, los bebés sueñan y no parece que sea porque repriman sus impulsos; y salvando las distancias, también los perros sueñan, aún aquellos que se adueñan de la casa y hacen todo lo que quieren.
Lo cierto es que nos pasamos buena parte de la vida soñando y todavía para nosotros, soñar sigue siendo un enigma, porque no sabemos para qué y por qué soñamos.
Lo que si es cierto es que mientras soñamos nos evadimos de la realidad y nos encontramos en otra donde las cosas son más fáciles, una dimensión donde nuestro cuerpo puede desafiar la fuerza de gravedad, no se cansa, no tiene limitaciones físicas, psicológicas ni sociales, tampoco culpa ni vergüenza y donde no existe ni el espacio ni el tiempo.
Los sueños, para muchos, han sido premonitorios, reveladores, anticipatorios, creativos y hasta terapéuticos.
Los sueños nos permiten descansar de nosotros mismos y nos deja ser como queremos, no una copia de otra copia sino alguien único y distinto.
Borges decía que quizás en los sueños seamos alguien, como decía Shakespeare, en los sueños soy la cosa que soy o quizás la divinidad.
Las culturas primitivas les otorgaban a los sueños un valor profético. Para los hawaianos, por ejemplo, soñar es la forma de comunicarse con el espíritu divino de los antepasados; porque cuando descansamos, el alma sale del cuerpo para vagar por este mundo o por los otros.
Para Platón, primero fue un sueño, luego todo lo demás; y para los egipcios y otras antiguas civilizaciones de la zona del Mediterráneo, los sueños tienen un origen divino y son portadores de mensajes útiles para la vida de vigilia.
Desde los antiguos griegos se reconoce que existen dos tipos de sueños, los valiosos y significativos y los triviales e insignificantes.
Un libro sagrado judío, El Talmud, dice: “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir”.
San Agustín decía que Dios nos envía las imágenes oníricas para transmitir conocimientos al hombre y San Isidoro se atrevía a afirmar que a veces Dios, cuando desea que conozcamos el futuro se sirve de los sueños. En cuanto a Santo Tomás de Aquino, su hipótesis era que mediante los sueños Dios instruye a los hombres; ya que Dios sólo les hablará en visiones o en sueños.
Para el sabio Pascale Romano, los sueños contribuyen para lograr un exacto diagnóstico médico; en tanto que Shopenhauer creía que en los sueños hablamos y obramos de acuerdo a cómo somos; mientras que Emerson sostenía que el hombre prudente lee sus sueños para conocerse a sí mismo.
En sueños el alma viaja y alcanza regiones donde la mente es más libre y donde son frecuentes las revelaciones.
Fuente: “El Viaje Astral”; Edgard de Vasconcelos.
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