Cuando se enfria el Amor

Existe una etapa en la relación amorosa en la que se comienzan a advertir los defectos de la pareja. Es cuando de pronto se encuentran frente a un extraño que no están dispuestos a aceptar, y comienzan a surgir los nubarrones de la confusión y la duda. Sin embargo, cuando no están juntos pueden olvidar todo y anhelar su presencia.
Esa contradicción la sentimos a todos, sólo que en distintos grados, el problema se produce cuando las diferencias son mayores que las tolerables.
Una persona emocionalmente madura debe saber que con cualquier otra relación inevitablemente ocurrirá lo mismo, o sea, una vez que termina la luna de miel cada uno se irá mostrando como es sin guardar nada oculto.
Esto puede hacer sentir a los que no tienen mucha experiencia, confundidos, desilusionados y sin saber bien qué hacer con su desagrado.


Lo más saludable es hablar, tener una conversación frente a frente, no por mail ni por celular, sino mirándose a los ojos, para poder decirle, por más difícil que sea, cómo se sienten.
Eso es lo que se hace en una terapia de pareja, hay que hablar sin pelos en la lengua frente a un observador que los guía, que es el terapeuta.
Es necesario saber que el enamoramiento dura poco y es mejor que así sea, porque aunque es un estado maravilloso que nos hace sentir vivos, es también como estar enfermo, todo lo demás pierde su sentido, también el trabajo, se pierde la noción del tiempo, uno se olvida de comer, y sólo se vive la tiranía de estar con el otro.
Después de eso sigue existiendo el amor genuino y por supuesto la atracción física, pero es diferente, cada uno recobra su identidad y su libertad y es en ese momento cuando comienzan a surgir las diferencias, porque siempre habrá diferencias.
Cambiar de pareja cuando los problemas n son graves y sólo se trata de puntos de vista distintos es creer que con otra persona será diferente, y eso es engañarse a uno mismo.
Una separación se justifica plenamente cuando hay violencia física, o cuando se tienen adicciones arraigadas que no están dispuestos a tratar; o cuando se trata de personas que no tienen ningún proyecto de vida, no estudian ni trabajan o cuando no tienen ninguna responsabilidad.
Es cierto que hay que vivir el presente, pero con proyección de futuro, porque el presente es un estar yendo hacia más adelante y tiene que haber un camino trazado para seguir.
Además, hay que tener presente que los hombres piensan diferente a las mujeres, utilizan más el hemisferio cerebral izquierdo, que es el que procesa las relaciones lógicas y el pensamiento racional. En cambio las mujeres usan más su hemisferio derecho, que procesa las emociones y los afectos; y esto es una cuestión genética adquirida de épocas ancestrales.
El hombre primitivo salía a cazar, tenía la responsabilidad de traer el sustento, elaborar estrategias y construir instrumentos para lograr una buena caza o pesca.
Las mujeres criaban a los hijos, les daban afecto, los cuidaban, les enseñaban a hablar y lo que era necesario para la vida; por esa razón, tienen más facilidad de palabra, inclusive el cuerpo calloso de su cerebro es más grande que el del hombre, que es la parte más arcaica.
El hombre tenía que permanecer largas horas en silencio, para no espantar a las presas durante la cacería o no ahuyentar a los peces cuando iba de pesca.
El hombre tiene más destreza física y más fuerza, porque era el que tenía que luchar contra los enemigos, trepar a los árboles para recoger los frutos o para conseguir leña o construir sus casas.
Para los hombres siempre será lo más importante su trabajo, y eso no lo puede evitar, porque lo lleva en sus genes y su cerebro está diseñado para eso.
Por esta razón no hay que juzgarlos ni pensar que son egoístas, indiferentes, fríos y demasiado materialistas, sólo hay que comprenderlos, porque su función en la vida es trabajar y sembrar hijos.
Eso no quiere decir que no tengan sentimientos, sí los tienen, pero pueden tomar más distancia que las mujeres.


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La decisión de cambiar

Hay gente que aprende un modelo de comportamiento que le resultó cómodo y eficaz y se aferra a él para siempre, aunque le provoque sufrimiento.
Son los que se empeñan en utilizar soluciones viejas para problemas nuevos, los que prefieren renunciar a sus ideales, los que se odian a sí mismos y a la vida, los que viven enojados pero que lo último que harían sería cambiar, porque no quieren arriesgarse y quieren seguir siendo siempre igual.
Sin embargo, todos desean que sus vidas mejoren, pero para que eso suceda tienen que estar dispuestos a cambiar. Cambiar de manera de pensar, de hablar, de relacionarse y de todas las demás formas que tienen de actuar y de responder, que los hace infelices.
Cuanto más se aferren a sus viejas fórmulas y creencias, más esclavos serán de sí mismos y de sus limitaciones.


Es importante saber que lo que menos se desea modificar es lo que más se necesita cambiar.
Hay tres niveles donde se puede cambiar, el nivel físico, el mental y el espiritual.
Se puede empezar por cualquiera de estos tres niveles y luego, el cambio de un nivel producirá un cambio en los otros. Pero lo más importante siempre será estar dispuesto a cambiar.
Si lo que se desea es cambiar el cuerpo lo mejor es cambiar de alimentación orientándose hacia una dieta sana y equilibrada; y escuchar las señales del cuerpo cuando comen.
Para cambiar de forma de pensar hay que tomar conciencia que solamente están contemplando un solo punto de vista de la realidad, que es el propio, sin tener en cuenta otros, de modo que ampliar la perspectiva hará que se multipliquen las posibilidades y oportunidades de la vida.
El cambio espiritual implica conocerse más a sí mismo a través de la meditación o la oración y llegar a intuir lo importante y sagrado que es todo ser humano.
Todo este proceso lleva su tiempo que no se puede pretender acelerar; y si surge alguna reacción es la señal que se necesita para saber que se ha iniciado el cambio.
Existen claves que refuerzan las resistencias al cambio como por ejemplo, cambiar de tema y no prestar atención; aplazar decisiones; suponer cosas que justifican la resistencia, creer en ideas que limitan; poner excusas, echarle la culpa a otro; autocensurarse, postergar las cosas, negar la necesidad del cambio y tener miedo a lo desconocido.
Las resistencias son las que intentan evitar el cambio de manera de ser, de forma de pensar y de ver el mundo, aunque sólo le hayan proporcionado disgustos, malos ratos, sinsabores, frustraciones y fracasos.
Hay que tener en cuenta que detrás de las creencias hay una necesidad que exige satisfacción. Por alguna razón se puede tener la necesidad interna de estar gordos, de fracasar, de estar enojados y malhumorados, de ser pobres o de tener muchos problemas.
Más que fuerza de voluntad, hay que estar dispuestos a renunciar a esa necesidad interior que los obliga a sufrir; y esa es la afirmación que hay que repetir para liberarse de lo viejo: “Estoy dispuesto a cambiar, renuncia a mi necesidad interna de…”, porque cada efecto externo es la expresión natural de un modelo mental interno.

Fuente: “Usted Puede Sanar su Vida”; Louise L.Hay

La diferencias entre un psicopata y un sociopata

El estudio de la conducta delictiva incluye un examen de los trastornos mentales que pueden contribuir a un comportamiento desviado. Sociopatía y psicopatía son términos utilizados en psicología y criminología para referirse a dos grupos separados de personas con rasgos de personalidad antisociales. Cabe destacar que estas condiciones no se clasifican como enfermedades mentales y no son oficiales los términos de diagnóstico. En la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Conocido como DSM-IV, se ha de considerar que no tiene ninguna evidencia científica ni basada en evidencias) tanto en la sociopatía y la psicopatía se enumeran bajo el epígrafe de trastorno antisocial de la personalidad (TAP). Muchos psiquiatras y criminólogos utilizan estos términos indistintamente. Pero, que hay diferencias importantes entre ellos y sus causas o etiología.

Sociopatía y psicopatía comparten muchas características, generando con ello la principal fuente de confusión para diferenciar en psicología y criminología. Los rasgos de sociópatas y psicópatas incluyen acciones como:

Desprecio al cumplimiento de leyes y costumbres sociales

Desprecio por los derechos de los demás

El hecho de no sentir remordimiento o culpa

Tendencia a mostrar un comportamiento violento y arrebatos emocionales

Aunque no hay consenso entre los profesionales sobre exactamente lo que diferencia a los sociópatas de los psicópatas, entre los que creo que cada uno es un trastorno separado, hay una lista de diferencias importantes. En primer lugar, los sociópatas tienden a ser nervioso y se alteran con facilidad. En segundo lugar, es probable que sean educados, viven al margen de la sociedad, suelen vivir solos, les es difícil adaptarse al trabajo en equipo, son incapaces de mantener un trabajo estable o permanecer en un solo lugar. Algunos sociópatas forman grupos, a pesar de que no tienen respeto por la sociedad en general. Ante los ojos de los demás, los sociópatas dan una imagen clara de perturbado, dan la sensación de una "persona rara". La mayoría de los crímenes cometidos por sociópatas tienden a ser de perfil desorganizado y espontáneo. Miguel Rivera (Charlie Chop-off) es un ejemplo clásico de un psicópata y asesino en serie desorganizado, al igual que Jack el Destripador.

Los psicópatas, en cambio, suelen tener personalidades encantadoras y se integran fácilmente. Ellos son manipuladores y pueden ganarse la confianza de la gente. Aprenden a imitar las emociones, a pesar de su incapacidad para realmente sentir, y parecen normales suelen proyectar la imagen de sencillos e inocentes. Los psicópatas son a menudo educados y tienen trabajos estables. Algunos son tan buenos en la manipulación y el mimetismo que tiene familias y otras relaciones a largo plazo, no se suele sospechar fácilmente de su verdadera naturaleza, Un ejemplo de este tipo de individuo es el asesino en serie Dennis Rader (Bind, Torture, Kill), que tenía una familia, profesión, vida cívica y logro evitar la detección por 30 años.

Cuando toman la decisión para cometer el delito, los psicópatas planifican cuidadosamente cada detalle y con frecuencia tienen planes de contingencia. Ahí está la marcada diferencia entre el método de los delitos cometidos por sociópatas y psicópatas, la distinción entre estos trastornos es tal vez aún más importante para la criminología de lo que es para la psicología. Eso es porque los criminales psicópatas, a diferencia de los criminales sociópatas, cometen crímenes muy organizados a menudo después de una meticulosa planificación. Ted Bundy es un ejemplo clásico del asesino en serie psicópata y organizado.

También se desprende de la etiología de la psicopatía y sociopatía es muy diferente. Es probable que la psicopatía es el resultado de la "naturaleza" (la genética), mientras que la sociopatía es el resultado de "crianza" (medio ambiente). De acuerdo con el difunto David Lykken, genetista del comportamiento conocido por sus estudios sobre los gemelos, la psicopatía se relaciona con un defecto fisiológico que resulta en el subdesarrollo de la parte del cerebro responsable del control de los impulsos y las emociones. La sociopatía, por el contrario, es más el producto de traumas de la infancia y el abuso.

Basándose en ese modelo, los sociópatas no son capaces de empatía o conexión emocional con los demás, sino únicamente con individuos concretos, como un familiar o amigo, y sólo en contextos específicos. Los psicópatas, por el contrario, son simplemente incapaces de empatía y son incapaces de formar lazos emocionales reales con nadie. Es la capacidad de los psicópatas para imitar de forma efectiva la empatía y la conexión emocional los hacen especialmente peligrosos, son delincuentes sin pretensiones y, a menudo de gran éxito.

Fuente: Doc Bonn Explains: The Difference Between a Sociopath and a Psychopath

El Amor y el Hombre

Freud escribió a lo largo de varios años unos textos que luego reunió -para publicarlos en 1918- en unos escritos que llamó “Contribuciones a la psicología del amor”.
El primero de estos trabajos se llama originalmente “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, así que iré a este punto directamente, a las condiciones de amor del sujeto masculino; es decir, a esas condiciones muy particulares que caracterizan la elección de objeto de amor para el hombre.
Dice aquí Freud que elige este tema para empezar a hablar, ya que estas condiciones que el objeto a elegir debe tener para el hombre, resultan bastante incomprensibles, pero que sin embrago tienen para el psicoanálisis una lectura bastante “simple”.
La primera condición a a la que Freud se refiere es la del “tercero perjudicado”: es decir, esa mujer a elegir debe tener ya un marido, novio, amigo, etc. Incluso, nos dice Freud y es algo que hoy en día se constata clínicamente, una mujer puede serle indiferente hasta el momento en que, por ejemplo, se pone de novia con otro.


Como segunda condición Freud sitúa el “amor por mujeres fáciles”. Esta condición es más frecuente encontrarla asociada a la primera que nombramos. La mujer pura y santa no ejerce atractivo alguno; sino sólo aquellas mujeres que son infieles (por eso se asocia a la primera condición) o incluso las prostitutas.
Aquí Freud hace una digresión interesante. Si bien en la primera condición encontramos un componente hostil, más bien de rivalidad con el tercero en cuestión, en esta última condición que les nombré, está relacionada íntimamente con la cuestión de los celos.
Los celos parecen ser una “necesidad” prácticamente para este tipo de hombres que aman bajo esta condición. Si hay celos, hay pasión. O sea es una manera de amor complicada… porque es justamente a partir de los celos que al mujer adquiere valor para él. Lo particular es que no se pone celoso del tercero en cuestión, digamos del marido de la amada, sino que la cela de hombres que ni siquiera ella tiene contacto.
Y, esto tiene también el matiz de que este hombre que ama en estas condiciones, no tiene interés en ser el marido de la amada. Se siente muy cómodo en ese lugar que le da el triángulo.
Luego, Freud nos dice que los siguientes dos ítems que tocará no tienen que ver con condiciones que se le exige al objeto de amor, sino a la conducta que toma el hombre hacia la mujer, como amada.
Así, en tercer lugar Freud dice que es característico de la “vida normal” que la mujer adquiera su valor para el hombre en tanto casta, casi virgen; y cualquier característica de “mujer liviana” la rebajará como mujer. Es por eso que Freud sitúa como una rasgo patológico la segunda condición de amor que nombré arriba.
Aman a estas mujeres de una manera “obsesiva” dirá Freud. Ponen todo su interés en ese objeto amado, puro, preciado; se “autoexigen” una fidelidad extrema. Y es un modelo que repetirán, haciendo de estas mujeres elegidas, una serie.
Por último, Freud nos dice de esa particularidad que tiene algunos hombres respecto de su amada, de “rescatarla”. Suponiendo que eso es lo que ella quiere y necesita de él. Y la rescata entonces, no abandonándola.
En el siguiente post veremos qué nos dice Freud al respecto de este cuadro de situación que nos presentó.


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El Amor y el deseo

Siguiendo los lineamientos de J-A Miller, a partir de su lectura de Lacan, decimos que el deseo se ubica entre la demanda del Otro que tiene y la demanda al Otro que no tiene –en ambos casos se refiere al falo.

En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.


El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…

FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.

Los misterios del "Efecto placebo"

El placebo es una sustancia que administrada como un medicamento, puede ser eficaz para curar una dolencia y en algunos casos llegar a superar la efectividad de una medicina científicamente comprobada.
El placebo no contiene ningún componente activo de poder curativo, sin embargo puede producir un efecto beneficioso en un enfermo.
Este es un fenómeno que no ha sido debidamente investigado, porque desde el punto de vista académico el efecto placebo se ha asociado a prácticas esotéricas que producen un efecto de sugestión; sin embargo podría revelar la capacidad de la mente para curar el cuerpo.
Sin embargo, el efecto placebo, aunque es ignorado por los científicos, es utilizado en ensayos clínicos para comprobar la eficacia de los medicamentos, administrándole a un grupo el remedio que se quiere probar y a un grupo control un placebo, sin que los probandos sepan cuál de las dos medicinas ha recibido.


Si el medicamento en cuestión resulta ser más eficaz que el placebo, quedará demostrada la eficacia de ese fármaco, caso contrario, no recibirá la aprobación para ser elaborado.
La mejoría que a veces producen los placebos ha sido asociada a la autosugestión, sin embargo, actualmente la neurobiología y la psicología están realizando investigaciones de este fenómeno que podrían permitir descubrir inesperados hallazgos que podrían llegar a esclarecer el misterio que encierra este curioso tema.
No solamente los placebos en forma de pastilla o inyecciones pueden ejercer una influencia positiva en los pacientes, también la confianza en el médico, su apoyo tranquilizador o un diagnóstico favorable que no se esperaba. O sea, que la anticipación de buenas noticias sobre la propia salud y las expectativas conscientes de los pacientes son las que tienen importancia y pueden hacer que la persona se sienta mejor.
El efecto placebo actúa principalmente en patologías que producen dolor, en enfermedades mentales, en afecciones del sistema endócrino e inmunológico, como la artritis y las alergias y en los procesos inflamatorios.
El efecto placebo produce liberación de endorfinas y otras sustancias cerebrales como la dopamina, que es un neuroquímico vinculado con el placer y el bienestar, en el caso de enfermos de Parkinson.
Se pudo observar que los pacientes respondían de la misma manera a la administración de una solución fisiológica que al medicamento específico para su enfermedad.
Las investigaciones demuestran que el placebo no es un efecto solamente psicológico, sino que también, por imitación, realiza el curso de las mismas vías neurológicas que realizan los fármacos específicos y puede producir efectos bioquímicos que pueden demostrar y también medir.
Al tomar el placebo, la persona siente menos dolor porque su cerebro produce endorfinas que es lo que hace que su malestar se atenúe.
El efecto de todo medicamento se acentúa si se tienen expectativas de que resulte eficaz. Esto se ha demostrado aplicando la misma dosis a otra persona que no tiene la misma expectativa.
De manera que la creencia de que un remedio puede curar, forma parte del proceso de sanación.
También se ha demostrado que cuanto más costoso, más complejo y sofisticado sea un tratamiento o más grande la pastilla que un enfermo tiene que tomar, mayor es el efecto que produce.
El hecho de llevar a un paciente a un quirófano, anestesiarlo y practicarle solamente una incisión también tiene un efecto placebo.
Algunos experimentos han demostrado que sustituir un medicamento determinado por un placebo, produce el mismo efecto que el fármaco.
Todos estos experimentos muestran el extraordinario potencial del placebo en la función terapéutica, como por ejemplo utilizando placebos para reducir la administración de medicamentos que tienen la desventaja de provocar efectos secundarios; o el uso de placebos para enfermedades que no tienen tratamiento.
De ningún modo los placebos sustituirán a los medicamentos específicos que requiere cada enfermedad, pero sí pueden representar una nueva forma de encarar los tratamientos y brindar más posibilidades a los enfermos, dándole más importancia a la relación entre el bienestar mental y el físico.

Fuente: “Vivir mejor con el Dr. Cormillot”; “Ciencia”; “Cómo funciona el misterios efecto placebo”;

Ser bueno es ser feliz?

Las personas felices también son sabias, porque alcanzan la felicidad cuando aceptan las cosas como son y las disfrutan, no se dejan llevar por las expectativas de otros, tienen proyectos propios y están ocupados en cumplirlos.
Estas personas pueden amar, pueden trabajar, no se quejan, son responsables, comprometidas y sanas, no tienen diálogo interno ni conflicto porque hacen lo que tienen que hacer y lo que pueden, ayudan a los demás, viven el presente y pueden proyectarse en el futuro.
Solamente las personas felices pueden ser amables con los demás, consideradas y atentas, porque han encontrado el equilibrio, se aceptan y se estiman como son sin pretender parecerse a ninguno ni dejarse influenciar por las modas.
Para ser feliz no se necesita tener cosas, porque la felicidad es un estado de ánimo que no viene de afuera sino de adentro, de la satisfacción interior de sentirse plenos, tranquilos, bien con los demás, queridos y apreciados por todos.


Una persona que está descontenta, que se siente insatisfecha, insegura, que cree que nadie la quiere, que se siente sola y maltratada por los demás, que no se compromete con ningún interés, que depende de otros, que quiere parecerse a sus pares y que se complace en criticar, no puede ser buena y necesariamente tiene que proyectar todo su descontento afuera.
Las personas infelices les echan la culpa a otros de su infelicidad, y de esta manera tratan de acallar su conciencia porque no reconocen su responsabilidad.
Para que el mundo pueda cambiar, tienen que cambiar los seres humanos, porque aún no son muchos los que se sienten verdaderamente felices.
El mundo necesita que todos sean felices, despreocupados pero atentos, risueños pero responsables, alegres pero maduros, firmes pero bondadosos, creativos pero confiables, amistosos pero respetuosos, ocupados pero dispuestos y capaces de ser considerados con el prójimo.
Las personas felices ven el vaso medio lleno y no medio vacío, son optimistas, tienen una visión del mundo como un lugar lleno de posibilidades, pueden creer que hay mucha gente buena y que hay que ayudar a los que cometen errores porque pueden estar enfermos o haber sido víctimas de abusos y atropellos.
La persona resentida y violenta, ve todo mal, es despreciativa, indiferente al dolor de los demás e incapaz de aceptar los méritos de otros. Además de no poder adaptarse, vive una vida miserable llena de problemas, le hace la vida imposible a los que lo rodean y la infelicidad es su estado de ánimo permanente.
Esa persona no puede ser buena, al contrario su maldad hará estragos y se reflejará en cada uno de sus actos.
Nelson Mandela, ex presidente de Sudáfrica que gobernó desde 1995 hasta 1999, cumple 94 años.
Durante 27 años fue un preso político por luchar contra la discriminación racial en su país y en el mundo. Sin embargo, cuando quedó libre perdonó a todos sus enemigos y aconsejó a su país a hacer lo mismo.
Encerrado en una pequeña habitación todo ese tiempo, no sólo pudo seguir viviendo normalmente sino que tuvo oportunidad de elevar su conciencia y ver las cosas desde una perspectiva más alta: la reconstrucción del país no podía ser posible si continuaba el rencor y el resentimiento entre blancos y negros.
El perdón fue lo que los unió y lo que permitió que pudieran comenzar una nueva vida todos juntos.
Mandela mostró que un ser humano no necesita casi nada de afuera para ser feliz, porque tiene su mente y sólo es suficiente que tenga algo por que vivir y apasionarse por ello.
Mandela es considerado no sólo un gran hombre sino también un sabio, un ejemplo para la humanidad que todavía vaga a la deriva sin rumbo.
Una persona feliz quiere que también los demás lo sean.


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La Dimensión de los sueños

Erich Fromm nos dice que uno de los fenómenos más asombrosos que nos ocurre a los seres humanos son los sueños, pero permanecemos indiferentes a ellos porque hemos perdido nuestra capacidad de asombro.
Los sueños son un misterio. ¿Ocurren solamente en nuestra mente o es la manera de que una parte de nosotros tenga la oportunidad de ingresar a una dimensión diferente?
Durante el sueño, nuestro cuerpo tiene otras capacidades diferentes a las del estado de vigilia. Podemos volar, caernos de un séptimo piso sin lastimarnos, caminar en el agua, disfrutar de amores imposibles, ganar la lotería, hablar con los muertos, visualizar la solución de un problema, ser felices y cumplir todos nuestros deseos.
Se han escrito incontables páginas sobre los sueños, y aunque algunas explicaciones parecen más creíbles que otras, lo real y verdadero es que en lo que se refiere a lo que son los sueños, no hay certezas.


Freud estima que los sueños expresan los deseos reprimidos, otros afirman que es un mecanismo de compensación, para lograr el equilibrio cuando sufrimos frustraciones.
Sin embargo, los bebés sueñan y no parece que sea porque repriman sus impulsos; y salvando las distancias, también los perros sueñan, aún aquellos que se adueñan de la casa y hacen todo lo que quieren.
Lo cierto es que nos pasamos buena parte de la vida soñando y todavía para nosotros, soñar sigue siendo un enigma, porque no sabemos para qué y por qué soñamos.
Lo que si es cierto es que mientras soñamos nos evadimos de la realidad y nos encontramos en otra donde las cosas son más fáciles, una dimensión donde nuestro cuerpo puede desafiar la fuerza de gravedad, no se cansa, no tiene limitaciones físicas, psicológicas ni sociales, tampoco culpa ni vergüenza y donde no existe ni el espacio ni el tiempo.
Los sueños, para muchos, han sido premonitorios, reveladores, anticipatorios, creativos y hasta terapéuticos.
Los sueños nos permiten descansar de nosotros mismos y nos deja ser como queremos, no una copia de otra copia sino alguien único y distinto.
Borges decía que quizás en los sueños seamos alguien, como decía Shakespeare, en los sueños soy la cosa que soy o quizás la divinidad.
Las culturas primitivas les otorgaban a los sueños un valor profético. Para los hawaianos, por ejemplo, soñar es la forma de comunicarse con el espíritu divino de los antepasados; porque cuando descansamos, el alma sale del cuerpo para vagar por este mundo o por los otros.
Para Platón, primero fue un sueño, luego todo lo demás; y para los egipcios y otras antiguas civilizaciones de la zona del Mediterráneo, los sueños tienen un origen divino y son portadores de mensajes útiles para la vida de vigilia.
Desde los antiguos griegos se reconoce que existen dos tipos de sueños, los valiosos y significativos y los triviales e insignificantes.
Un libro sagrado judío, El Talmud, dice: “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir”.
San Agustín decía que Dios nos envía las imágenes oníricas para transmitir conocimientos al hombre y San Isidoro se atrevía a afirmar que a veces Dios, cuando desea que conozcamos el futuro se sirve de los sueños. En cuanto a Santo Tomás de Aquino, su hipótesis era que mediante los sueños Dios instruye a los hombres; ya que Dios sólo les hablará en visiones o en sueños.
Para el sabio Pascale Romano, los sueños contribuyen para lograr un exacto diagnóstico médico; en tanto que Shopenhauer creía que en los sueños hablamos y obramos de acuerdo a cómo somos; mientras que Emerson sostenía que el hombre prudente lee sus sueños para conocerse a sí mismo.
En sueños el alma viaja y alcanza regiones donde la mente es más libre y donde son frecuentes las revelaciones.

Fuente: “El Viaje Astral”; Edgard de Vasconcelos.

Recuperando los sentidos

Para poder disfrutar del momento presente tenemos que recuperar la conciencia de los sentidos.
Sentir el calor del sol, la caricia de una briza primaveral, escuchar el canto de un pájaro, respirar el aire puro, oler el perfume de las flores o del césped recién cortado, ver la puesta de sol, degustar el sabor de una fruta dulce y fresca, son estímulos para los sentidos que se han olvidado, porque estamos demasiado apurados haciendo algo o conectados a algún aparato.
La gente vive con los auriculares puestos y manipulando en forma frenética su celular, evadiéndose de la realidad y hundiéndose en la búsqueda de quimeras y utopías.
Son como robots en un universo mental, tratando de no perderse la última novedad electrónica y dispuestos a gastar su tiempo para aprender su cada vez más complicado funcionamiento. Tanto es así que nos hemos olvidado de nuestros sentidos.


Para volver a una realidad más humana debemos recuperarlos, para volver a conectarnos con el mundo y con nuestro cuerpo y poder vivir plenamente el momento presente.
¿Por qué es necesario recuperar las sensaciones naturales del cuerpo?; porque son muchos los que sufren de estrés, angustia, ansiedad, depresión, insatisfacción vital, falta de apetito sexual, sensación de malestar y vacío interior; esclavizados por la tecnología.
Solamente tenemos que detenernos y tomar conciencia de la realidad que nos rodea, prestar atención al entorno y a lo que estamos haciendo a cada momento, porque para ganar tiempo, a todos nos gusta vivir con el piloto automático puesto.
Estar con uno mismo unos pocos minutos al día, cambia todo, nos hace más sensibles, más conscientes de nosotros mismos y de la realidad, de nuestras verdaderas necesidades y de nuestros deseos.
El contacto con la interioridad nos ayuda a aflojar tensiones, a sentirnos más seguros de nuestras convicciones, a aceptar errores, a conocer nuestros sentimientos, a trascender recuerdos que nos desequilibran, a controlar nuestras emociones, a lograr la coherencia interna y a proyectar nuestro futuro.
Para evitar los ruidos molestos, el oído tiene un mecanismo que permite bloquear esos estímulos para no oírlos más. De esa forma hace que no nos perturbe el vehículo ruidoso que pasa frente a nuestra casa, ni el ensordecedor ruido del tránsito urbano.
El exceso de estímulos en una gran ciudad hace que todos nuestros sentidos hagan lo mismo, se insensibilicen, y poco a poco vamos convirtiéndonos en seres que no pueden entender la realidad que los rodea.
Las parejas casi no se miran aunque estén juntas durante todo el día, y menos se acarician o se escuchan; ambos viven aislados, inclusive de sus hijos porque cada uno está en su propio mundo.
El acercamiento en el amor comienza con una mirada, pero por lo general, las miradas están perdidas en su propio laberinto mental, recordando al pasado y preocupándose por el futuro.
Mirar a los ojos y perderse en la profundidad de una mirada, es la forma de conocer al otro, descubrir la verdad y también el amor.
Escuchar es una virtud que no todos tienen, porque exige un esfuerzo de interpretación y aceptar que el otro puede pensar diferente; aunque la gente nunca pueda expresar en palabras sus ideas con exactitud, porque una idea es mucho más que un montón de palabras. Por eso, hay que escuchar del otro no sólo sus palabras sino también su forma de decirlas, el tono de la voz que emplea y el sentimiento que expresan.
La vida tiene el sabor que reflejan los sentidos.

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Edipo Freudiano

Para terminar este año, seguiré con Freud y sus excelentes ponencias en el Nuevo Mundo, hace ya más de 100 años…
Les dije que estas Conferencias fueron celebradas en Massachusets, más precisamente en Worcester, del 6 al 10 de septiembre de 1909. Una cada día.
Con motivo del homenaje a los 20 años de la Clarck Univerity, un año antes habían invitado a Freud a dar unas conferencias, junto a C. Jung, a quienes se les daría el título de “miembros honorarios” en esa misma celebración.
Freud se sentía muy reconocido con este gesto; era casi la posibilidad de presentar al mundo su teoría, muy reciente, por cierto.
En esos datos sobre su inconsciente a los que nos tiene acostumbrados Freud, dice que había sido como la realización de un sueño…
Bien, en este contexto y con todo lo que había dicho en los días anteriores respecto de su joven teoría, llega al tema de la sexualidad infantil. Tesis que había generado mucho revuelo en la comunidad científica de entonces (sus “Tres Ensayos sobre una teoría sexual” fue publicada en 1905)


Dice aquí que lo que predispone a la neurosis es cierto deterioro en el desarrollo de la sexualidad (que les introduje en el post anterior)
Y subraya el hecho de que él sabe que la “sexualidad” a que él se refiere es algo muy diferente a lo que pueden entender los demás… Entiende que él trata este término de una manera no literal… de un modo más extendido, si se quiere.
Pero que también hay que reconocer que casi todos utilizan ese término limitándolo a la noción de reproducción, a la “genitalidad”.
Freud considera la sexualidad de un modo dilatado, digamos. Y dice que más allá del sentido que le demos, tengamos en cuenta que el psicoanalista entiende este término en el sentido que tiene lo que nos revela la sexualidad infantil en nuestra clínica.
Aquí Freud nos presenta ejemplos de esas primitivas elecciones de objeto: esa elección que se hace en función de la necesidad, la necesidad por ejemplo de ser cuidados, atendidos. El niño toma a uno de sus padres como objeto de amor.
Freud aquí nos introduce lo que conocemos del Edipo, al que ya me he referido desde la lectura de Lacan.
Es ese intento de Freud de decir lo que descubría en sus pacientes: dice que por lo general, el padre prefiere a la hija, y la madre al hijo; y que a partir de allí, el hijo responde a eso con un deseo: reemplazar al padre (si es el hijo), reemplazar a la madre (si es mujer)
Dice Freud en este intento de introducir el Complejo de Edipo, que estos sentimientos despertados son tanto amorosos como hostiles. De esta forma se arma un complejo que pronto se reprime, pero aun así ejerce sus efectos desde lo inconsciente.
Es así que Freud se atreve a decir que este Complejo es un complejo nuclear de la neurosis.
Que en toda Neurosis encontramos este complejo. Y con la barrera del incesto, la represión del complejo. Y sus retornos.
Hasta aquí tenemos lo que Freud comunicara a principios del siglo XX y que revolucion´el saber científico.
Los invto a releer los posts anteriores sobre el Edipo y la castración tomados de la lectura lacaniana.

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Displacer y Placer

Hay en la obra freudiana un giro, el que conocemos como “el giro de los años 20”. Un hito que marca en la teoría freudiana una reformulación de algunas cuestiones en las que Freud trabajó por más de dos décadas.
Esto se da, podemos decir como en cualquier teoría científica: cuando aparecen trabas que peligran la continuidad de una teoría, algo debe ser revisado.
Me voy a referenciar así en su texto de 1920 “Más allá del principio del placer”. Cómo su título lo anuncia, Freud intervendrá sus teorizaciones con una pregunta que surge fuera del plano del terreno del placer. Freud consideraba hasta el momento que lo psíquico se regía hegemónicamente por el principio del placer, hasta que tuvo que suponer -siempre por su experiencia clínica- que había algo más allá…


Revisemos. Según la teoría psicoanalítica establecida por Freud hasta el momento, los procesos psíquicos se orientaban a lo placentero. Que si algo displacentero sucedía, el aparato psíquico (su parte “económica”) tiende a redireccionarlo a lo placentero, en tanto la tensión se reducía, consiguiendo así un estado placentero o un menor displacer.
Digamos que la cuestión de fondo estaba en la cantidad, en lo cuantitativo: se reducía a que el placer se vinculaba a una “disminución” de la excitación de la vida anímica (esa energía no ligada a ningún objeto específico) Y lo displacentero al “aumento” de esta excitación.
Freud considera que para hacer una “metapsicología” del aparato psíquico, habría que añadir este aspecto “económico”, al tópico”(los lugares de aparato psíquico) y “dinámico” (el juego de fuerzas)
Así, considera Freud que antes que sumar el Psicoanálisis a teorías que no tienen relación con las metas propias del psicoanálisis, más bien se debería unir a esas teorías que puedan dar cuenta de lo que significan esas sensaciones placenteras y displacenteras. Pero que hasta el momento, no existía ninguna que pudiera responder a eso.
Pasa que es el área más oscura del alma humana.

Es así que Freud dice que es momento de que ahora en más, dejarse llevar por lo que la experiencia clínica le transmite: que en el alma humana existen fuerzas que se oponen a las del principio del placer. Que si bien estas son fuertes, las que se le oponen parcen ser aun más potentes y efectivas.
Que la experiencia le mostraba la inexactitud del postulado de que el aparato anímico se regulaba por el placer, por la tendencia al placer; ya que era evidente que lo que aparecía por todos lados era la experiencia de displacer.
Entonces, ¿cómo podía explicarse el hecho de que el aparto psíquico tendiera al displacer?
¿Cómo ocurre que no triunfe el placer? Bueno, dice Freud, hay que recurrir a la experiencia analítica para poder resolver este enigma…
Claro, en los síntomas que los pacientes traen a la consulta está siempre esa misma pregunta: el síntoma es una pregunta sobre este más allá del placer. Porque tiene su lado satisfactorio, decía Freud, en tanto satisfacción sustitutiva de algo reprimido; pero también está el costado molesto del síntoma.
Esa faz displacentera del síntoma que en el mejor de los casos, se cree en él, se cree en que eso que le pasa mínimamente tiene un sentido, y decide analizarse y poder hacer algo con eso…


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La Catarsis

La catarsis era el método que Breuer y Freud aplicaban en los inicios del psicoanálisis. Un método que en principio se acoplaba a la hipnosis para someter al enfermo a un estado en el que rememoraba escenas traumáticas, levantándose de esta manera sus síntomas.
Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.
La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.
En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.


Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.
Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.
Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.
Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.

Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.
En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.
Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…
Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.
No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.
Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.
El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.
Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.


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Estilos de Amor

Las personas se relacionan afectivamente de muchas maneras, y estas formas de relación varían en función a cómo han vivido sus experiencias de la infancia.
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.


Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.


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Sexo con Amor

El amor lleva al sexo y raramente ocurre a la inversa, o sea que el sexo lleve al amor.
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.


Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.

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Miedo al Amor

Hay gente que vive a la defensiva para no sufrir. El sufrimiento es parte de esta vida y no se puede evitar, porque todo ser humano tiene sentimientos y su propio mundo de significados los afecta.
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.


Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.


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El Amor a Largo Plazo

Mientras muchos transitan un fatigoso camino amoroso de pareja en pareja, extraviados en una búsqueda estéril, también existen parejas que son capaces de vivir un amor eterno.
Es probable que para lograr un amor duradero haya que reinventarlo cada día y no, después de algunos años, comenzar a tratar a la pareja como si fuera un par de zapatos cómodos.
Para Sigmund Freud, la salud mental implica ser capaz de amar y de trabajar; y cuando alguna de estas dos condiciones no funciona, nos volvemos neuróticos.
De hecho, el amor es lo que mueve al mundo y lo que hace que los seres humanos se multipliquen para que la especie no se extinga.
Aunque amamos de muchas maneras, el amor de pareja es el que nos completa.
El amor es una emoción que tiene bases orgánicas, porque es la química cerebral la que activa los genes.


Algunos están convencidos que después de unos pocos años, lo que parecía un gran amor se transforma en un hábito doméstico, un afecto filial mantenido gracias a los hijos, la voluntad y la razón. No saben que todo amor verdadero tiene que atravesar una serie de etapas, que no todos se atreven a transitar, en un mundo que se destaca por obtener objetivos a corto plazo sin prestar atención a los procesos.
La primera etapa es la luna de miel, la segunda es la lucha por el poder y la tercera es la aceptación del otro como es.
Es necesario distinguir entre el amor verdadero y el enamoramiento, porque aunque son emociones complementarias pertenecen a etapas diferentes.
Un enamoramiento es un amor romántico, no es amor verdadero hasta que permite a la persona razonar y ver al otro como realmente es y no como quiere verlo; porque la atracción irresistible obnubila el juicio crítico y sólo permite ver lo que uno quiere.
Sin embargo, esa atracción desmesurada, en el mejor de los casos y con el tiempo, puede dar lugar a un sentimiento más profundo, principalmente si esa pareja se ajusta en cierta forma, al ideal de pareja que cada uno tiene en su interior.
En ese caso, el amor verdadero, que también incluye atracción física, puede ir creciendo con los años y atravesar las crisis, los momentos difíciles, las confusiones y las dudas, hasta que la pareja decida de común acuerdo, volver a elegirse mutuamente.
El amor se construye con amor, con dedicación y atención mutua y crece si ambos individualmente también crecen.
Ninguna relación está garantizada de antemano, pero el que está seguro de sí mismo también estará seguro de su pareja; porque la autovaloración personal hace que también sea valorado.
El amor de una sola persona puede satisfacer tres deseos básicos:
Darle sentido a la existencia
Canalizar la pasión y
Lograr proyectos a largo plazo
Por lo menos esto es lo que afirma el psicoanalista Hugo Dovskin en su libro “El amor en tiempos de cine”.
El amor de una pareja será más duradero en la medida que signifique también un compromiso afectivo y que cada uno pueda satisfacer sus necesidades y deseos a lo largo de la vida.
La cuestión no es pensar en el futuro y basar la relación en su duración sino en pensar en el vínculo día a día, cultivar el afecto y no dejar que se seque por indiferencia o falta de cuidados.
El amor puede acabarse en cualquier momento ni bien alguno de los integrantes de la pareja sienta que el vínculo se ha roto de tal forma que ya no tiene arreglo.
En esos casos hay que ser valiente y enfrentar los hechos, tal vez la separación no resulte cruenta sino una liberación esperada por ambos, porque la vida empieza todos los días no importa la edad que se tenga.
Aunque los tiempos han cambiado, nadie se vincula en pareja con la intención de separarse a corto plazo, más bien la mayoría tiene la ilusión de lograr un amor eterno.
Lo que pasa ahora, que tal vez no pasaba antes con tanta frecuencia, es que las personas en general pierden más rápido la paciencia y prefieren hacer borrón y cuenta nueva antes de intentar salvar la pareja. No se dan cuenta que es probable que repitan la historia.

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Tiempo Psicologico

Cuanto más parece durar el tiempo más afligidos psicológicamente nos sentimos, porque el tiempo subjetivo depende del estado mental.
Para las personas con depresión o falta de control de impulsos, el tiempo parece transcurrir más despacio.
Según cómo se vive psicológicamente el tiempo puede indicar signos de determinadas patologías mentales.
Las personas impulsivas no pueden postergar una acción porque necesitan satisfacción inmediata y tienen muy poca percepción del futuro.
Las investigaciones realizadas indican que los pacientes que sufren de esquizofrenia no pueden distinguir entre espacios de tiempo reducidos, cuál es la duración más larga o la más corta.
La percepción del tiempo es influenciada por las experiencias cotidianas y por los estados emocionales. Este es un proceso que incluye la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo y otra memoria que se relaciona con la toma de decisiones que evalúa la duración.


La duración subjetiva del tiempo aumenta cuanto mayor es la atención que prestamos al tiempo y refleja el estado cognitivo y el bienestar o malestar psicológico de una persona.
Para las personas que sufren gran ansiedad, el tiempo parece transcurrir más lento y cuando se pierde el sentido de la vida, el vacío existencial hace que el pensamiento se centre en el tiempo, y éste parece pasar más lento.
Cuando estamos aburridos el tiempo parece transcurrir más despacio. Aunque el tiempo cronológico es siempre igual, sin embargo nuestra conciencia del tiempo varía según nuestro estado de ánimo.
La experiencia temporal tiene tres dimensiones: el tiempo presente, la estimación de la duración de un acontecimiento y la conciencia del tiempo, que es la impresión subjetiva.
La estimación de la duración del tiempo y la conciencia del tiempo se relacionan. La estimación puede ser mayor si nos aburrimos y según nuestro humor nuestra conciencia del tiempo puede variar porque ante el tedio nos centramos más en el presente.
Cuando los procesos cognitivos están alterados se hace difícil enfrentar la vida cotidiana.
Las personas impulsivas se preocupan por el momento presente y no pueden proyectarse en el futuro.
Los adictos por ejemplo, tienen una perspectiva limitada del tiempo y no pueden fijarse objetivos porque tienen menos capacidad de anticipar el futuro y sólo viven el momento presente.
Los que actúan en forma audaz y arriesgan sus vidas tienen dificultades para anticipar las consecuencias de sus actos.
El horizonte temporal limitado del sujeto impulsivo que carece de control y se centra en el presente, ayuda a comprender patologías psiquiátricas como la hiperactividad, el déficit de atención, algunas disfunciones cerebrales como los síndromes frontales, el trastorno “borderline”, o la toxicomanía.
Un sujeto que solamente vive el presente y no tiene en cuenta el futuro es probable que sea impulsivo y que se sienta atraído por el juego, las relaciones sexuales peligrosas, el comportamiento audaz, el consumo de drogas o alcohol.
Las personas en general, para poder conseguir resultados futuros, con frecuencia tienen que renunciar a las gratificaciones inmediatas.
Aunque tampoco es saludable vivir en función del futuro porque el presente es lo único real y tenemos que aprovechar los buenos momentos, es necesario no perder de vista la perspectiva del futuro y prever las consecuencias de nuestras acciones.
Ante las dificultades que tienen las personas impulsivas para proyectarse en el futuro, los terapeutas les proponen objetivos a corto plazo, más adecuado a su horizonte temporal limitado.
Los investigadores en este campo consideran que es posible que exista un reloj central biológico en la corteza frontal y en los ganglios basales que desempeña una función importante en la percepción del tiempo.
Sin embargo, aún no se ha localizado en el cerebro un sistema específico que mida el tiempo.

Fuente: “Mente y Cerebro”

Cuando el Amor se torna en esclavitud

No siempre el amor es sinónimo de felicidad, al contrario, por lo general se convierte en verdadero sufrimiento por distintos motivos.
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.


Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.


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Sinceridad en la pareja

Lo único que se puede hacer para generar genuina confianza es ser sincero, porque la sinceridad es la base y el sostén de una pareja, o sea mostrarse como uno es, sin máscaras y no con intenciones de ser otro para no arriesgarse a que lo conozcan.
No se puede estar representando un papel toda la vida porque en algún momento surgirá la persona real, tal cual es.
El que engaña al otro pretende vivir dos vidas y tener dos caras; por un lado asegurarse una pareja estable que lo ame y le sea fiel y por otro a alguien descartable, capaz de vivir de las migajas de otro, o muchas veces sin conocer la verdad, con la ilusión de ser la única.
¿Por qué engañan los hombres?, porque son varones y ellos están para la conquista, el juego y el trabajo, porque necesitan sentirse más hombres, tener la oportunidad de arriesgarse y excitarse con el peligro y porque tienen miedo de enfrentar la vejez.


¿Por qué engañan las mujeres?, porque están aburridas o porque no están bien atendidas por su pareja, porque quieren darle celos, porque temen envejecer.
Las emociones no todos las pueden controlar, pero sí se puede cuidar la conducta y ser discreto, porque ojos que no ven corazón que no siente y querer mantener el secreto significa que la otra persona algo les importa.
Los entusiasmos pasajeros son riesgos que se corren que pueden amenazar la relación de toda una vida y destruir una familia y no siempre son tan inocentes porque hay personas que esa relación la pueden tomar muy en serio y tornarse demandantes.
Hay personas que engañan a sus actuales parejas con relaciones anteriores, con las que tuvieron que romper porque las hacían sufrir.
De pronto, se acuerdan nada más que de lo bueno y les parece que cometieron un error en separarse, que es la persona de su vida y arriesgan perder a su nueva pareja con la que hasta ese momento eran felices.
Algunas de ellas resuelven seguir con las dos a la vez, por las dudas, sin saber que la infidelidad es muy difícil de ocultar, porque se intuye y también se huele; pero engañar para disfrutar lo mejor que puede brindar cada una es un juego peligroso que suele terminar mal y a veces de manera trágica.
Casi siempre no se trata de un sentimiento genuino el que las atrae, ni tampoco la nostalgia de otros tiempos, sino la novedad, salir de la rutina, volver a sentirse excitadas y deseadas.
Sin embargo, es más fácil ser sincero que mentiroso, porque el que miente tiene que seguir mintiendo en forma permanente para seguir construyendo ese mundo imaginario inventado que difícilmente se sostiene y que lo esclaviza; y el que dice siempre la verdad es libre.
Las personas que no son sinceras difícilmente cambian, porque es su forma de pensar y de vivir, y con los años ese defecto se agudiza.
Las parejas tampoco tienen que durar forzosamente a pesar de todo, porque se puede perder la integridad y la dignidad.
La sinceridad ayuda a que las parejas tengan una oportunidad de sobrevivir, manteniendo un diálogo permanente, para resolver las cuestiones que no se pueden admitir o aceptar, porque las caras largas o las peleas no son elocuentes y pueden significar muchas cosas.
La infidelidad se transmite de padres a hijos, porque se aprende a ser infiel, a beneficiarse traicionando la buena fe, a jugar sucio.


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Vivir sin sentir rencor

Perdonarse y perdonar es una experiencia que armoniza, libera; y mejora la salud física y mental.
El perdón siempre fue un tema de orden religioso o filosófico, pero actualmente la psicología también está investigando la influencia positiva del perdón en la salud y en la sanación. Estudios realizados durante los últimos diez años así lo confirman.
Se estima que el perdón puede evitar desequilibrios cardiovasculares, ayudar a elaborar emocionalmente los duelos y superar los estados depresivos.
Según una encuesta realizada en 2006, a 1715 personas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, de Argentina, por la doctora en psicología Martina Casullo, investigadora del Conicet; la mayoría considera que es importante perdonar y que las mujeres perdonan más que los hombres.


Para las mujeres perdonar demuestra inteligencia, los hombres, en cambio perdonan para poder olvidar y seguir adelante.
Los que dicen “Dios es el que perdona”, son los que no pueden perdonar.
Para Javier Camacho, doctor en Psicología Clínica de la Universidad de Buenos Aires, y director de la Fundación Foro, donde se enseña y se investiga el área de la salud mental, revela que los investigadores tienen posturas diferentes para definir qué es el perdón. Algunos lo consideran una capacidad, otros una virtud o y otros un aspecto de la personalidad.
El perdón es una actitud, lograda a partir del desarrollo de una alta capacidad de comprensión y flexibilidad.
Camacho explica que para él el perdón es un proceso interior y se refiere más a uno mismo que a la persona responsable del agravio, porque aunque no haya pedido perdón puede ser perdonada para beneficio de la víctima.
Otro estudio realizado en 2005 en la Universidad de Tennessee muestra que las razones para perdonar pueden depender de la relación personal que está en juego, del bienestar psicológico que necesita una persona, de la necesidad de ser también perdonado, de la intención que tenga el agresor de disculparse y también de la creencia religiosa.
Requiere pedir perdón el que transgrede las normas de convivencia o agrede a alguien causándole algún tipo de daño o perjuicio, pero los niveles de tolerancia a la agresión pueden ser distintos y hasta nulos, porque como dependen de la sensibilidad de la víctima se convierten en eventos subjetivos que pueden o no dejar heridas sin cicatrizar.
No pueden pedir perdón los que no aceptan haberse equivocado, ni pueden perdonar los que tienen muy baja su autoestima y poca tolerancia a la crítica.
Más allá del bien que se le hace al que es perdonado, el perdón tiene un efecto más beneficioso en el que perdona, porque lo hace sentirse mejor consigo mismo.
El perdón es una manifestación de grandeza moral que tiene resultados sanadores, porque borra el enojo y el resentimiento, libera de la experiencia traumática y deja un saldo positivo.
No obstante uno puede sinceramente perdonar pero no necesita olvidar ni tampoco reconciliarse con su agresor. Puede seguir viviendo sin rencor y sin la pesada carga del resentimiento pero también sin la necesidad de continuar con ese vínculo.
Perdonar permite dejar el pasado atrás con todo su contenido de personas, de experiencias y de cosas que resultaron perjudiciales y negativas para la víctima y seguir viviendo mejo que antes.
El perdón no implica que no se pueda hacer justicia ni tampoco significa llevar a cabo una venganza, porque perdonar es soltar, dejar ir, abandonar la idea de venganza, y la bronca acumulada.
Las personas que han recibido grandes agravios o abandonos pueden enfermarse gravemente y también pueden curarse si perdonan y dejan atrás todo rencor y resentimiento.
La terapia del perdón puede ser más eficaz que una medicina.

Fuente: LNR; 12/2010; “Desterrar el rencor”; Eduardo Chaktoura.