El estudio de la conducta delictiva incluye un examen de los trastornos mentales que pueden contribuir a un comportamiento desviado. Sociopatía y psicopatía son términos utilizados en psicología y criminología para referirse a dos grupos separados de personas con rasgos de personalidad antisociales. Cabe destacar que estas condiciones no se clasifican como enfermedades mentales y no son oficiales los términos de diagnóstico. En la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Conocido como DSM-IV, se ha de considerar que no tiene ninguna evidencia científica ni basada en evidencias) tanto en la sociopatía y la psicopatía se enumeran bajo el epígrafe de trastorno antisocial de la personalidad (TAP). Muchos psiquiatras y criminólogos utilizan estos términos indistintamente. Pero, que hay diferencias importantes entre ellos y sus causas o etiología.
Sociopatía y psicopatía comparten muchas características, generando con ello la principal fuente de confusión para diferenciar en psicología y criminología. Los rasgos de sociópatas y psicópatas incluyen acciones como:
Desprecio al cumplimiento de leyes y costumbres sociales
Desprecio por los derechos de los demás
El hecho de no sentir remordimiento o culpa
Tendencia a mostrar un comportamiento violento y arrebatos emocionales
Aunque no hay consenso entre los profesionales sobre exactamente lo que diferencia a los sociópatas de los psicópatas, entre los que creo que cada uno es un trastorno separado, hay una lista de diferencias importantes. En primer lugar, los sociópatas tienden a ser nervioso y se alteran con facilidad. En segundo lugar, es probable que sean educados, viven al margen de la sociedad, suelen vivir solos, les es difícil adaptarse al trabajo en equipo, son incapaces de mantener un trabajo estable o permanecer en un solo lugar. Algunos sociópatas forman grupos, a pesar de que no tienen respeto por la sociedad en general. Ante los ojos de los demás, los sociópatas dan una imagen clara de perturbado, dan la sensación de una "persona rara". La mayoría de los crímenes cometidos por sociópatas tienden a ser de perfil desorganizado y espontáneo. Miguel Rivera (Charlie Chop-off) es un ejemplo clásico de un psicópata y asesino en serie desorganizado, al igual que Jack el Destripador.
Los psicópatas, en cambio, suelen tener personalidades encantadoras y se integran fácilmente. Ellos son manipuladores y pueden ganarse la confianza de la gente. Aprenden a imitar las emociones, a pesar de su incapacidad para realmente sentir, y parecen normales suelen proyectar la imagen de sencillos e inocentes. Los psicópatas son a menudo educados y tienen trabajos estables. Algunos son tan buenos en la manipulación y el mimetismo que tiene familias y otras relaciones a largo plazo, no se suele sospechar fácilmente de su verdadera naturaleza, Un ejemplo de este tipo de individuo es el asesino en serie Dennis Rader (Bind, Torture, Kill), que tenía una familia, profesión, vida cívica y logro evitar la detección por 30 años.
Cuando toman la decisión para cometer el delito, los psicópatas planifican cuidadosamente cada detalle y con frecuencia tienen planes de contingencia. Ahí está la marcada diferencia entre el método de los delitos cometidos por sociópatas y psicópatas, la distinción entre estos trastornos es tal vez aún más importante para la criminología de lo que es para la psicología. Eso es porque los criminales psicópatas, a diferencia de los criminales sociópatas, cometen crímenes muy organizados a menudo después de una meticulosa planificación. Ted Bundy es un ejemplo clásico del asesino en serie psicópata y organizado.
También se desprende de la etiología de la psicopatía y sociopatía es muy diferente. Es probable que la psicopatía es el resultado de la "naturaleza" (la genética), mientras que la sociopatía es el resultado de "crianza" (medio ambiente). De acuerdo con el difunto David Lykken, genetista del comportamiento conocido por sus estudios sobre los gemelos, la psicopatía se relaciona con un defecto fisiológico que resulta en el subdesarrollo de la parte del cerebro responsable del control de los impulsos y las emociones. La sociopatía, por el contrario, es más el producto de traumas de la infancia y el abuso.
Basándose en ese modelo, los sociópatas no son capaces de empatía o conexión emocional con los demás, sino únicamente con individuos concretos, como un familiar o amigo, y sólo en contextos específicos. Los psicópatas, por el contrario, son simplemente incapaces de empatía y son incapaces de formar lazos emocionales reales con nadie. Es la capacidad de los psicópatas para imitar de forma efectiva la empatía y la conexión emocional los hacen especialmente peligrosos, son delincuentes sin pretensiones y, a menudo de gran éxito.
Fuente: Doc Bonn Explains: The Difference Between a Sociopath and a Psychopath
El Amor y el Hombre
Freud escribió a lo largo de varios años unos textos que luego reunió -para publicarlos en 1918- en unos escritos que llamó “Contribuciones a la psicología del amor”.
El primero de estos trabajos se llama originalmente “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, así que iré a este punto directamente, a las condiciones de amor del sujeto masculino; es decir, a esas condiciones muy particulares que caracterizan la elección de objeto de amor para el hombre.
Dice aquí Freud que elige este tema para empezar a hablar, ya que estas condiciones que el objeto a elegir debe tener para el hombre, resultan bastante incomprensibles, pero que sin embrago tienen para el psicoanálisis una lectura bastante “simple”.
La primera condición a a la que Freud se refiere es la del “tercero perjudicado”: es decir, esa mujer a elegir debe tener ya un marido, novio, amigo, etc. Incluso, nos dice Freud y es algo que hoy en día se constata clínicamente, una mujer puede serle indiferente hasta el momento en que, por ejemplo, se pone de novia con otro.
Como segunda condición Freud sitúa el “amor por mujeres fáciles”. Esta condición es más frecuente encontrarla asociada a la primera que nombramos. La mujer pura y santa no ejerce atractivo alguno; sino sólo aquellas mujeres que son infieles (por eso se asocia a la primera condición) o incluso las prostitutas.
Aquí Freud hace una digresión interesante. Si bien en la primera condición encontramos un componente hostil, más bien de rivalidad con el tercero en cuestión, en esta última condición que les nombré, está relacionada íntimamente con la cuestión de los celos.
Los celos parecen ser una “necesidad” prácticamente para este tipo de hombres que aman bajo esta condición. Si hay celos, hay pasión. O sea es una manera de amor complicada… porque es justamente a partir de los celos que al mujer adquiere valor para él. Lo particular es que no se pone celoso del tercero en cuestión, digamos del marido de la amada, sino que la cela de hombres que ni siquiera ella tiene contacto.
Y, esto tiene también el matiz de que este hombre que ama en estas condiciones, no tiene interés en ser el marido de la amada. Se siente muy cómodo en ese lugar que le da el triángulo.
Luego, Freud nos dice que los siguientes dos ítems que tocará no tienen que ver con condiciones que se le exige al objeto de amor, sino a la conducta que toma el hombre hacia la mujer, como amada.
Así, en tercer lugar Freud dice que es característico de la “vida normal” que la mujer adquiera su valor para el hombre en tanto casta, casi virgen; y cualquier característica de “mujer liviana” la rebajará como mujer. Es por eso que Freud sitúa como una rasgo patológico la segunda condición de amor que nombré arriba.
Aman a estas mujeres de una manera “obsesiva” dirá Freud. Ponen todo su interés en ese objeto amado, puro, preciado; se “autoexigen” una fidelidad extrema. Y es un modelo que repetirán, haciendo de estas mujeres elegidas, una serie.
Por último, Freud nos dice de esa particularidad que tiene algunos hombres respecto de su amada, de “rescatarla”. Suponiendo que eso es lo que ella quiere y necesita de él. Y la rescata entonces, no abandonándola.
En el siguiente post veremos qué nos dice Freud al respecto de este cuadro de situación que nos presentó.
http://psicologia.laguia2000.com
El primero de estos trabajos se llama originalmente “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre”, así que iré a este punto directamente, a las condiciones de amor del sujeto masculino; es decir, a esas condiciones muy particulares que caracterizan la elección de objeto de amor para el hombre.
Dice aquí Freud que elige este tema para empezar a hablar, ya que estas condiciones que el objeto a elegir debe tener para el hombre, resultan bastante incomprensibles, pero que sin embrago tienen para el psicoanálisis una lectura bastante “simple”.
La primera condición a a la que Freud se refiere es la del “tercero perjudicado”: es decir, esa mujer a elegir debe tener ya un marido, novio, amigo, etc. Incluso, nos dice Freud y es algo que hoy en día se constata clínicamente, una mujer puede serle indiferente hasta el momento en que, por ejemplo, se pone de novia con otro.
Como segunda condición Freud sitúa el “amor por mujeres fáciles”. Esta condición es más frecuente encontrarla asociada a la primera que nombramos. La mujer pura y santa no ejerce atractivo alguno; sino sólo aquellas mujeres que son infieles (por eso se asocia a la primera condición) o incluso las prostitutas.
Aquí Freud hace una digresión interesante. Si bien en la primera condición encontramos un componente hostil, más bien de rivalidad con el tercero en cuestión, en esta última condición que les nombré, está relacionada íntimamente con la cuestión de los celos.
Los celos parecen ser una “necesidad” prácticamente para este tipo de hombres que aman bajo esta condición. Si hay celos, hay pasión. O sea es una manera de amor complicada… porque es justamente a partir de los celos que al mujer adquiere valor para él. Lo particular es que no se pone celoso del tercero en cuestión, digamos del marido de la amada, sino que la cela de hombres que ni siquiera ella tiene contacto.
Y, esto tiene también el matiz de que este hombre que ama en estas condiciones, no tiene interés en ser el marido de la amada. Se siente muy cómodo en ese lugar que le da el triángulo.
Luego, Freud nos dice que los siguientes dos ítems que tocará no tienen que ver con condiciones que se le exige al objeto de amor, sino a la conducta que toma el hombre hacia la mujer, como amada.
Así, en tercer lugar Freud dice que es característico de la “vida normal” que la mujer adquiera su valor para el hombre en tanto casta, casi virgen; y cualquier característica de “mujer liviana” la rebajará como mujer. Es por eso que Freud sitúa como una rasgo patológico la segunda condición de amor que nombré arriba.
Aman a estas mujeres de una manera “obsesiva” dirá Freud. Ponen todo su interés en ese objeto amado, puro, preciado; se “autoexigen” una fidelidad extrema. Y es un modelo que repetirán, haciendo de estas mujeres elegidas, una serie.
Por último, Freud nos dice de esa particularidad que tiene algunos hombres respecto de su amada, de “rescatarla”. Suponiendo que eso es lo que ella quiere y necesita de él. Y la rescata entonces, no abandonándola.
En el siguiente post veremos qué nos dice Freud al respecto de este cuadro de situación que nos presentó.
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El Amor y el deseo
Siguiendo los lineamientos de J-A Miller, a partir de su lectura de Lacan, decimos que el deseo se ubica entre la demanda del Otro que tiene y la demanda al Otro que no tiene –en ambos casos se refiere al falo.
En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.
El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…
FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.
En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.
El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…
FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.
Los misterios del "Efecto placebo"
El placebo es una sustancia que administrada como un medicamento, puede ser eficaz para curar una dolencia y en algunos casos llegar a superar la efectividad de una medicina científicamente comprobada.
El placebo no contiene ningún componente activo de poder curativo, sin embargo puede producir un efecto beneficioso en un enfermo.
Este es un fenómeno que no ha sido debidamente investigado, porque desde el punto de vista académico el efecto placebo se ha asociado a prácticas esotéricas que producen un efecto de sugestión; sin embargo podría revelar la capacidad de la mente para curar el cuerpo.
Sin embargo, el efecto placebo, aunque es ignorado por los científicos, es utilizado en ensayos clínicos para comprobar la eficacia de los medicamentos, administrándole a un grupo el remedio que se quiere probar y a un grupo control un placebo, sin que los probandos sepan cuál de las dos medicinas ha recibido.
Si el medicamento en cuestión resulta ser más eficaz que el placebo, quedará demostrada la eficacia de ese fármaco, caso contrario, no recibirá la aprobación para ser elaborado.
La mejoría que a veces producen los placebos ha sido asociada a la autosugestión, sin embargo, actualmente la neurobiología y la psicología están realizando investigaciones de este fenómeno que podrían permitir descubrir inesperados hallazgos que podrían llegar a esclarecer el misterio que encierra este curioso tema.
No solamente los placebos en forma de pastilla o inyecciones pueden ejercer una influencia positiva en los pacientes, también la confianza en el médico, su apoyo tranquilizador o un diagnóstico favorable que no se esperaba. O sea, que la anticipación de buenas noticias sobre la propia salud y las expectativas conscientes de los pacientes son las que tienen importancia y pueden hacer que la persona se sienta mejor.
El efecto placebo actúa principalmente en patologías que producen dolor, en enfermedades mentales, en afecciones del sistema endócrino e inmunológico, como la artritis y las alergias y en los procesos inflamatorios.
El efecto placebo produce liberación de endorfinas y otras sustancias cerebrales como la dopamina, que es un neuroquímico vinculado con el placer y el bienestar, en el caso de enfermos de Parkinson.
Se pudo observar que los pacientes respondían de la misma manera a la administración de una solución fisiológica que al medicamento específico para su enfermedad.
Las investigaciones demuestran que el placebo no es un efecto solamente psicológico, sino que también, por imitación, realiza el curso de las mismas vías neurológicas que realizan los fármacos específicos y puede producir efectos bioquímicos que pueden demostrar y también medir.
Al tomar el placebo, la persona siente menos dolor porque su cerebro produce endorfinas que es lo que hace que su malestar se atenúe.
El efecto de todo medicamento se acentúa si se tienen expectativas de que resulte eficaz. Esto se ha demostrado aplicando la misma dosis a otra persona que no tiene la misma expectativa.
De manera que la creencia de que un remedio puede curar, forma parte del proceso de sanación.
También se ha demostrado que cuanto más costoso, más complejo y sofisticado sea un tratamiento o más grande la pastilla que un enfermo tiene que tomar, mayor es el efecto que produce.
El hecho de llevar a un paciente a un quirófano, anestesiarlo y practicarle solamente una incisión también tiene un efecto placebo.
Algunos experimentos han demostrado que sustituir un medicamento determinado por un placebo, produce el mismo efecto que el fármaco.
Todos estos experimentos muestran el extraordinario potencial del placebo en la función terapéutica, como por ejemplo utilizando placebos para reducir la administración de medicamentos que tienen la desventaja de provocar efectos secundarios; o el uso de placebos para enfermedades que no tienen tratamiento.
De ningún modo los placebos sustituirán a los medicamentos específicos que requiere cada enfermedad, pero sí pueden representar una nueva forma de encarar los tratamientos y brindar más posibilidades a los enfermos, dándole más importancia a la relación entre el bienestar mental y el físico.
Fuente: “Vivir mejor con el Dr. Cormillot”; “Ciencia”; “Cómo funciona el misterios efecto placebo”;
El placebo no contiene ningún componente activo de poder curativo, sin embargo puede producir un efecto beneficioso en un enfermo.
Este es un fenómeno que no ha sido debidamente investigado, porque desde el punto de vista académico el efecto placebo se ha asociado a prácticas esotéricas que producen un efecto de sugestión; sin embargo podría revelar la capacidad de la mente para curar el cuerpo.
Sin embargo, el efecto placebo, aunque es ignorado por los científicos, es utilizado en ensayos clínicos para comprobar la eficacia de los medicamentos, administrándole a un grupo el remedio que se quiere probar y a un grupo control un placebo, sin que los probandos sepan cuál de las dos medicinas ha recibido.
Si el medicamento en cuestión resulta ser más eficaz que el placebo, quedará demostrada la eficacia de ese fármaco, caso contrario, no recibirá la aprobación para ser elaborado.
La mejoría que a veces producen los placebos ha sido asociada a la autosugestión, sin embargo, actualmente la neurobiología y la psicología están realizando investigaciones de este fenómeno que podrían permitir descubrir inesperados hallazgos que podrían llegar a esclarecer el misterio que encierra este curioso tema.
No solamente los placebos en forma de pastilla o inyecciones pueden ejercer una influencia positiva en los pacientes, también la confianza en el médico, su apoyo tranquilizador o un diagnóstico favorable que no se esperaba. O sea, que la anticipación de buenas noticias sobre la propia salud y las expectativas conscientes de los pacientes son las que tienen importancia y pueden hacer que la persona se sienta mejor.
El efecto placebo actúa principalmente en patologías que producen dolor, en enfermedades mentales, en afecciones del sistema endócrino e inmunológico, como la artritis y las alergias y en los procesos inflamatorios.
El efecto placebo produce liberación de endorfinas y otras sustancias cerebrales como la dopamina, que es un neuroquímico vinculado con el placer y el bienestar, en el caso de enfermos de Parkinson.
Se pudo observar que los pacientes respondían de la misma manera a la administración de una solución fisiológica que al medicamento específico para su enfermedad.
Las investigaciones demuestran que el placebo no es un efecto solamente psicológico, sino que también, por imitación, realiza el curso de las mismas vías neurológicas que realizan los fármacos específicos y puede producir efectos bioquímicos que pueden demostrar y también medir.
Al tomar el placebo, la persona siente menos dolor porque su cerebro produce endorfinas que es lo que hace que su malestar se atenúe.
El efecto de todo medicamento se acentúa si se tienen expectativas de que resulte eficaz. Esto se ha demostrado aplicando la misma dosis a otra persona que no tiene la misma expectativa.
De manera que la creencia de que un remedio puede curar, forma parte del proceso de sanación.
También se ha demostrado que cuanto más costoso, más complejo y sofisticado sea un tratamiento o más grande la pastilla que un enfermo tiene que tomar, mayor es el efecto que produce.
El hecho de llevar a un paciente a un quirófano, anestesiarlo y practicarle solamente una incisión también tiene un efecto placebo.
Algunos experimentos han demostrado que sustituir un medicamento determinado por un placebo, produce el mismo efecto que el fármaco.
Todos estos experimentos muestran el extraordinario potencial del placebo en la función terapéutica, como por ejemplo utilizando placebos para reducir la administración de medicamentos que tienen la desventaja de provocar efectos secundarios; o el uso de placebos para enfermedades que no tienen tratamiento.
De ningún modo los placebos sustituirán a los medicamentos específicos que requiere cada enfermedad, pero sí pueden representar una nueva forma de encarar los tratamientos y brindar más posibilidades a los enfermos, dándole más importancia a la relación entre el bienestar mental y el físico.
Fuente: “Vivir mejor con el Dr. Cormillot”; “Ciencia”; “Cómo funciona el misterios efecto placebo”;
Ser bueno es ser feliz?
Las personas felices también son sabias, porque alcanzan la felicidad cuando aceptan las cosas como son y las disfrutan, no se dejan llevar por las expectativas de otros, tienen proyectos propios y están ocupados en cumplirlos.
Estas personas pueden amar, pueden trabajar, no se quejan, son responsables, comprometidas y sanas, no tienen diálogo interno ni conflicto porque hacen lo que tienen que hacer y lo que pueden, ayudan a los demás, viven el presente y pueden proyectarse en el futuro.
Solamente las personas felices pueden ser amables con los demás, consideradas y atentas, porque han encontrado el equilibrio, se aceptan y se estiman como son sin pretender parecerse a ninguno ni dejarse influenciar por las modas.
Para ser feliz no se necesita tener cosas, porque la felicidad es un estado de ánimo que no viene de afuera sino de adentro, de la satisfacción interior de sentirse plenos, tranquilos, bien con los demás, queridos y apreciados por todos.
Una persona que está descontenta, que se siente insatisfecha, insegura, que cree que nadie la quiere, que se siente sola y maltratada por los demás, que no se compromete con ningún interés, que depende de otros, que quiere parecerse a sus pares y que se complace en criticar, no puede ser buena y necesariamente tiene que proyectar todo su descontento afuera.
Las personas infelices les echan la culpa a otros de su infelicidad, y de esta manera tratan de acallar su conciencia porque no reconocen su responsabilidad.
Para que el mundo pueda cambiar, tienen que cambiar los seres humanos, porque aún no son muchos los que se sienten verdaderamente felices.
El mundo necesita que todos sean felices, despreocupados pero atentos, risueños pero responsables, alegres pero maduros, firmes pero bondadosos, creativos pero confiables, amistosos pero respetuosos, ocupados pero dispuestos y capaces de ser considerados con el prójimo.
Las personas felices ven el vaso medio lleno y no medio vacío, son optimistas, tienen una visión del mundo como un lugar lleno de posibilidades, pueden creer que hay mucha gente buena y que hay que ayudar a los que cometen errores porque pueden estar enfermos o haber sido víctimas de abusos y atropellos.
La persona resentida y violenta, ve todo mal, es despreciativa, indiferente al dolor de los demás e incapaz de aceptar los méritos de otros. Además de no poder adaptarse, vive una vida miserable llena de problemas, le hace la vida imposible a los que lo rodean y la infelicidad es su estado de ánimo permanente.
Esa persona no puede ser buena, al contrario su maldad hará estragos y se reflejará en cada uno de sus actos.
Nelson Mandela, ex presidente de Sudáfrica que gobernó desde 1995 hasta 1999, cumple 94 años.
Durante 27 años fue un preso político por luchar contra la discriminación racial en su país y en el mundo. Sin embargo, cuando quedó libre perdonó a todos sus enemigos y aconsejó a su país a hacer lo mismo.
Encerrado en una pequeña habitación todo ese tiempo, no sólo pudo seguir viviendo normalmente sino que tuvo oportunidad de elevar su conciencia y ver las cosas desde una perspectiva más alta: la reconstrucción del país no podía ser posible si continuaba el rencor y el resentimiento entre blancos y negros.
El perdón fue lo que los unió y lo que permitió que pudieran comenzar una nueva vida todos juntos.
Mandela mostró que un ser humano no necesita casi nada de afuera para ser feliz, porque tiene su mente y sólo es suficiente que tenga algo por que vivir y apasionarse por ello.
Mandela es considerado no sólo un gran hombre sino también un sabio, un ejemplo para la humanidad que todavía vaga a la deriva sin rumbo.
Una persona feliz quiere que también los demás lo sean.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Estas personas pueden amar, pueden trabajar, no se quejan, son responsables, comprometidas y sanas, no tienen diálogo interno ni conflicto porque hacen lo que tienen que hacer y lo que pueden, ayudan a los demás, viven el presente y pueden proyectarse en el futuro.
Solamente las personas felices pueden ser amables con los demás, consideradas y atentas, porque han encontrado el equilibrio, se aceptan y se estiman como son sin pretender parecerse a ninguno ni dejarse influenciar por las modas.
Para ser feliz no se necesita tener cosas, porque la felicidad es un estado de ánimo que no viene de afuera sino de adentro, de la satisfacción interior de sentirse plenos, tranquilos, bien con los demás, queridos y apreciados por todos.
Una persona que está descontenta, que se siente insatisfecha, insegura, que cree que nadie la quiere, que se siente sola y maltratada por los demás, que no se compromete con ningún interés, que depende de otros, que quiere parecerse a sus pares y que se complace en criticar, no puede ser buena y necesariamente tiene que proyectar todo su descontento afuera.
Las personas infelices les echan la culpa a otros de su infelicidad, y de esta manera tratan de acallar su conciencia porque no reconocen su responsabilidad.
Para que el mundo pueda cambiar, tienen que cambiar los seres humanos, porque aún no son muchos los que se sienten verdaderamente felices.
El mundo necesita que todos sean felices, despreocupados pero atentos, risueños pero responsables, alegres pero maduros, firmes pero bondadosos, creativos pero confiables, amistosos pero respetuosos, ocupados pero dispuestos y capaces de ser considerados con el prójimo.
Las personas felices ven el vaso medio lleno y no medio vacío, son optimistas, tienen una visión del mundo como un lugar lleno de posibilidades, pueden creer que hay mucha gente buena y que hay que ayudar a los que cometen errores porque pueden estar enfermos o haber sido víctimas de abusos y atropellos.
La persona resentida y violenta, ve todo mal, es despreciativa, indiferente al dolor de los demás e incapaz de aceptar los méritos de otros. Además de no poder adaptarse, vive una vida miserable llena de problemas, le hace la vida imposible a los que lo rodean y la infelicidad es su estado de ánimo permanente.
Esa persona no puede ser buena, al contrario su maldad hará estragos y se reflejará en cada uno de sus actos.
Nelson Mandela, ex presidente de Sudáfrica que gobernó desde 1995 hasta 1999, cumple 94 años.
Durante 27 años fue un preso político por luchar contra la discriminación racial en su país y en el mundo. Sin embargo, cuando quedó libre perdonó a todos sus enemigos y aconsejó a su país a hacer lo mismo.
Encerrado en una pequeña habitación todo ese tiempo, no sólo pudo seguir viviendo normalmente sino que tuvo oportunidad de elevar su conciencia y ver las cosas desde una perspectiva más alta: la reconstrucción del país no podía ser posible si continuaba el rencor y el resentimiento entre blancos y negros.
El perdón fue lo que los unió y lo que permitió que pudieran comenzar una nueva vida todos juntos.
Mandela mostró que un ser humano no necesita casi nada de afuera para ser feliz, porque tiene su mente y sólo es suficiente que tenga algo por que vivir y apasionarse por ello.
Mandela es considerado no sólo un gran hombre sino también un sabio, un ejemplo para la humanidad que todavía vaga a la deriva sin rumbo.
Una persona feliz quiere que también los demás lo sean.
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La Dimensión de los sueños
Erich Fromm nos dice que uno de los fenómenos más asombrosos que nos ocurre a los seres humanos son los sueños, pero permanecemos indiferentes a ellos porque hemos perdido nuestra capacidad de asombro.
Los sueños son un misterio. ¿Ocurren solamente en nuestra mente o es la manera de que una parte de nosotros tenga la oportunidad de ingresar a una dimensión diferente?
Durante el sueño, nuestro cuerpo tiene otras capacidades diferentes a las del estado de vigilia. Podemos volar, caernos de un séptimo piso sin lastimarnos, caminar en el agua, disfrutar de amores imposibles, ganar la lotería, hablar con los muertos, visualizar la solución de un problema, ser felices y cumplir todos nuestros deseos.
Se han escrito incontables páginas sobre los sueños, y aunque algunas explicaciones parecen más creíbles que otras, lo real y verdadero es que en lo que se refiere a lo que son los sueños, no hay certezas.
Freud estima que los sueños expresan los deseos reprimidos, otros afirman que es un mecanismo de compensación, para lograr el equilibrio cuando sufrimos frustraciones.
Sin embargo, los bebés sueñan y no parece que sea porque repriman sus impulsos; y salvando las distancias, también los perros sueñan, aún aquellos que se adueñan de la casa y hacen todo lo que quieren.
Lo cierto es que nos pasamos buena parte de la vida soñando y todavía para nosotros, soñar sigue siendo un enigma, porque no sabemos para qué y por qué soñamos.
Lo que si es cierto es que mientras soñamos nos evadimos de la realidad y nos encontramos en otra donde las cosas son más fáciles, una dimensión donde nuestro cuerpo puede desafiar la fuerza de gravedad, no se cansa, no tiene limitaciones físicas, psicológicas ni sociales, tampoco culpa ni vergüenza y donde no existe ni el espacio ni el tiempo.
Los sueños, para muchos, han sido premonitorios, reveladores, anticipatorios, creativos y hasta terapéuticos.
Los sueños nos permiten descansar de nosotros mismos y nos deja ser como queremos, no una copia de otra copia sino alguien único y distinto.
Borges decía que quizás en los sueños seamos alguien, como decía Shakespeare, en los sueños soy la cosa que soy o quizás la divinidad.
Las culturas primitivas les otorgaban a los sueños un valor profético. Para los hawaianos, por ejemplo, soñar es la forma de comunicarse con el espíritu divino de los antepasados; porque cuando descansamos, el alma sale del cuerpo para vagar por este mundo o por los otros.
Para Platón, primero fue un sueño, luego todo lo demás; y para los egipcios y otras antiguas civilizaciones de la zona del Mediterráneo, los sueños tienen un origen divino y son portadores de mensajes útiles para la vida de vigilia.
Desde los antiguos griegos se reconoce que existen dos tipos de sueños, los valiosos y significativos y los triviales e insignificantes.
Un libro sagrado judío, El Talmud, dice: “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir”.
San Agustín decía que Dios nos envía las imágenes oníricas para transmitir conocimientos al hombre y San Isidoro se atrevía a afirmar que a veces Dios, cuando desea que conozcamos el futuro se sirve de los sueños. En cuanto a Santo Tomás de Aquino, su hipótesis era que mediante los sueños Dios instruye a los hombres; ya que Dios sólo les hablará en visiones o en sueños.
Para el sabio Pascale Romano, los sueños contribuyen para lograr un exacto diagnóstico médico; en tanto que Shopenhauer creía que en los sueños hablamos y obramos de acuerdo a cómo somos; mientras que Emerson sostenía que el hombre prudente lee sus sueños para conocerse a sí mismo.
En sueños el alma viaja y alcanza regiones donde la mente es más libre y donde son frecuentes las revelaciones.
Fuente: “El Viaje Astral”; Edgard de Vasconcelos.
Los sueños son un misterio. ¿Ocurren solamente en nuestra mente o es la manera de que una parte de nosotros tenga la oportunidad de ingresar a una dimensión diferente?
Durante el sueño, nuestro cuerpo tiene otras capacidades diferentes a las del estado de vigilia. Podemos volar, caernos de un séptimo piso sin lastimarnos, caminar en el agua, disfrutar de amores imposibles, ganar la lotería, hablar con los muertos, visualizar la solución de un problema, ser felices y cumplir todos nuestros deseos.
Se han escrito incontables páginas sobre los sueños, y aunque algunas explicaciones parecen más creíbles que otras, lo real y verdadero es que en lo que se refiere a lo que son los sueños, no hay certezas.
Freud estima que los sueños expresan los deseos reprimidos, otros afirman que es un mecanismo de compensación, para lograr el equilibrio cuando sufrimos frustraciones.
Sin embargo, los bebés sueñan y no parece que sea porque repriman sus impulsos; y salvando las distancias, también los perros sueñan, aún aquellos que se adueñan de la casa y hacen todo lo que quieren.
Lo cierto es que nos pasamos buena parte de la vida soñando y todavía para nosotros, soñar sigue siendo un enigma, porque no sabemos para qué y por qué soñamos.
Lo que si es cierto es que mientras soñamos nos evadimos de la realidad y nos encontramos en otra donde las cosas son más fáciles, una dimensión donde nuestro cuerpo puede desafiar la fuerza de gravedad, no se cansa, no tiene limitaciones físicas, psicológicas ni sociales, tampoco culpa ni vergüenza y donde no existe ni el espacio ni el tiempo.
Los sueños, para muchos, han sido premonitorios, reveladores, anticipatorios, creativos y hasta terapéuticos.
Los sueños nos permiten descansar de nosotros mismos y nos deja ser como queremos, no una copia de otra copia sino alguien único y distinto.
Borges decía que quizás en los sueños seamos alguien, como decía Shakespeare, en los sueños soy la cosa que soy o quizás la divinidad.
Las culturas primitivas les otorgaban a los sueños un valor profético. Para los hawaianos, por ejemplo, soñar es la forma de comunicarse con el espíritu divino de los antepasados; porque cuando descansamos, el alma sale del cuerpo para vagar por este mundo o por los otros.
Para Platón, primero fue un sueño, luego todo lo demás; y para los egipcios y otras antiguas civilizaciones de la zona del Mediterráneo, los sueños tienen un origen divino y son portadores de mensajes útiles para la vida de vigilia.
Desde los antiguos griegos se reconoce que existen dos tipos de sueños, los valiosos y significativos y los triviales e insignificantes.
Un libro sagrado judío, El Talmud, dice: “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir”.
San Agustín decía que Dios nos envía las imágenes oníricas para transmitir conocimientos al hombre y San Isidoro se atrevía a afirmar que a veces Dios, cuando desea que conozcamos el futuro se sirve de los sueños. En cuanto a Santo Tomás de Aquino, su hipótesis era que mediante los sueños Dios instruye a los hombres; ya que Dios sólo les hablará en visiones o en sueños.
Para el sabio Pascale Romano, los sueños contribuyen para lograr un exacto diagnóstico médico; en tanto que Shopenhauer creía que en los sueños hablamos y obramos de acuerdo a cómo somos; mientras que Emerson sostenía que el hombre prudente lee sus sueños para conocerse a sí mismo.
En sueños el alma viaja y alcanza regiones donde la mente es más libre y donde son frecuentes las revelaciones.
Fuente: “El Viaje Astral”; Edgard de Vasconcelos.
Recuperando los sentidos
Para poder disfrutar del momento presente tenemos que recuperar la conciencia de los sentidos.
Sentir el calor del sol, la caricia de una briza primaveral, escuchar el canto de un pájaro, respirar el aire puro, oler el perfume de las flores o del césped recién cortado, ver la puesta de sol, degustar el sabor de una fruta dulce y fresca, son estímulos para los sentidos que se han olvidado, porque estamos demasiado apurados haciendo algo o conectados a algún aparato.
La gente vive con los auriculares puestos y manipulando en forma frenética su celular, evadiéndose de la realidad y hundiéndose en la búsqueda de quimeras y utopías.
Son como robots en un universo mental, tratando de no perderse la última novedad electrónica y dispuestos a gastar su tiempo para aprender su cada vez más complicado funcionamiento. Tanto es así que nos hemos olvidado de nuestros sentidos.
Para volver a una realidad más humana debemos recuperarlos, para volver a conectarnos con el mundo y con nuestro cuerpo y poder vivir plenamente el momento presente.
¿Por qué es necesario recuperar las sensaciones naturales del cuerpo?; porque son muchos los que sufren de estrés, angustia, ansiedad, depresión, insatisfacción vital, falta de apetito sexual, sensación de malestar y vacío interior; esclavizados por la tecnología.
Solamente tenemos que detenernos y tomar conciencia de la realidad que nos rodea, prestar atención al entorno y a lo que estamos haciendo a cada momento, porque para ganar tiempo, a todos nos gusta vivir con el piloto automático puesto.
Estar con uno mismo unos pocos minutos al día, cambia todo, nos hace más sensibles, más conscientes de nosotros mismos y de la realidad, de nuestras verdaderas necesidades y de nuestros deseos.
El contacto con la interioridad nos ayuda a aflojar tensiones, a sentirnos más seguros de nuestras convicciones, a aceptar errores, a conocer nuestros sentimientos, a trascender recuerdos que nos desequilibran, a controlar nuestras emociones, a lograr la coherencia interna y a proyectar nuestro futuro.
Para evitar los ruidos molestos, el oído tiene un mecanismo que permite bloquear esos estímulos para no oírlos más. De esa forma hace que no nos perturbe el vehículo ruidoso que pasa frente a nuestra casa, ni el ensordecedor ruido del tránsito urbano.
El exceso de estímulos en una gran ciudad hace que todos nuestros sentidos hagan lo mismo, se insensibilicen, y poco a poco vamos convirtiéndonos en seres que no pueden entender la realidad que los rodea.
Las parejas casi no se miran aunque estén juntas durante todo el día, y menos se acarician o se escuchan; ambos viven aislados, inclusive de sus hijos porque cada uno está en su propio mundo.
El acercamiento en el amor comienza con una mirada, pero por lo general, las miradas están perdidas en su propio laberinto mental, recordando al pasado y preocupándose por el futuro.
Mirar a los ojos y perderse en la profundidad de una mirada, es la forma de conocer al otro, descubrir la verdad y también el amor.
Escuchar es una virtud que no todos tienen, porque exige un esfuerzo de interpretación y aceptar que el otro puede pensar diferente; aunque la gente nunca pueda expresar en palabras sus ideas con exactitud, porque una idea es mucho más que un montón de palabras. Por eso, hay que escuchar del otro no sólo sus palabras sino también su forma de decirlas, el tono de la voz que emplea y el sentimiento que expresan.
La vida tiene el sabor que reflejan los sentidos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/
Sentir el calor del sol, la caricia de una briza primaveral, escuchar el canto de un pájaro, respirar el aire puro, oler el perfume de las flores o del césped recién cortado, ver la puesta de sol, degustar el sabor de una fruta dulce y fresca, son estímulos para los sentidos que se han olvidado, porque estamos demasiado apurados haciendo algo o conectados a algún aparato.
La gente vive con los auriculares puestos y manipulando en forma frenética su celular, evadiéndose de la realidad y hundiéndose en la búsqueda de quimeras y utopías.
Son como robots en un universo mental, tratando de no perderse la última novedad electrónica y dispuestos a gastar su tiempo para aprender su cada vez más complicado funcionamiento. Tanto es así que nos hemos olvidado de nuestros sentidos.
Para volver a una realidad más humana debemos recuperarlos, para volver a conectarnos con el mundo y con nuestro cuerpo y poder vivir plenamente el momento presente.
¿Por qué es necesario recuperar las sensaciones naturales del cuerpo?; porque son muchos los que sufren de estrés, angustia, ansiedad, depresión, insatisfacción vital, falta de apetito sexual, sensación de malestar y vacío interior; esclavizados por la tecnología.
Solamente tenemos que detenernos y tomar conciencia de la realidad que nos rodea, prestar atención al entorno y a lo que estamos haciendo a cada momento, porque para ganar tiempo, a todos nos gusta vivir con el piloto automático puesto.
Estar con uno mismo unos pocos minutos al día, cambia todo, nos hace más sensibles, más conscientes de nosotros mismos y de la realidad, de nuestras verdaderas necesidades y de nuestros deseos.
El contacto con la interioridad nos ayuda a aflojar tensiones, a sentirnos más seguros de nuestras convicciones, a aceptar errores, a conocer nuestros sentimientos, a trascender recuerdos que nos desequilibran, a controlar nuestras emociones, a lograr la coherencia interna y a proyectar nuestro futuro.
Para evitar los ruidos molestos, el oído tiene un mecanismo que permite bloquear esos estímulos para no oírlos más. De esa forma hace que no nos perturbe el vehículo ruidoso que pasa frente a nuestra casa, ni el ensordecedor ruido del tránsito urbano.
El exceso de estímulos en una gran ciudad hace que todos nuestros sentidos hagan lo mismo, se insensibilicen, y poco a poco vamos convirtiéndonos en seres que no pueden entender la realidad que los rodea.
Las parejas casi no se miran aunque estén juntas durante todo el día, y menos se acarician o se escuchan; ambos viven aislados, inclusive de sus hijos porque cada uno está en su propio mundo.
El acercamiento en el amor comienza con una mirada, pero por lo general, las miradas están perdidas en su propio laberinto mental, recordando al pasado y preocupándose por el futuro.
Mirar a los ojos y perderse en la profundidad de una mirada, es la forma de conocer al otro, descubrir la verdad y también el amor.
Escuchar es una virtud que no todos tienen, porque exige un esfuerzo de interpretación y aceptar que el otro puede pensar diferente; aunque la gente nunca pueda expresar en palabras sus ideas con exactitud, porque una idea es mucho más que un montón de palabras. Por eso, hay que escuchar del otro no sólo sus palabras sino también su forma de decirlas, el tono de la voz que emplea y el sentimiento que expresan.
La vida tiene el sabor que reflejan los sentidos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/
Edipo Freudiano
Para terminar este año, seguiré con Freud y sus excelentes ponencias en el Nuevo Mundo, hace ya más de 100 años…
Les dije que estas Conferencias fueron celebradas en Massachusets, más precisamente en Worcester, del 6 al 10 de septiembre de 1909. Una cada día.
Con motivo del homenaje a los 20 años de la Clarck Univerity, un año antes habían invitado a Freud a dar unas conferencias, junto a C. Jung, a quienes se les daría el título de “miembros honorarios” en esa misma celebración.
Freud se sentía muy reconocido con este gesto; era casi la posibilidad de presentar al mundo su teoría, muy reciente, por cierto.
En esos datos sobre su inconsciente a los que nos tiene acostumbrados Freud, dice que había sido como la realización de un sueño…
Bien, en este contexto y con todo lo que había dicho en los días anteriores respecto de su joven teoría, llega al tema de la sexualidad infantil. Tesis que había generado mucho revuelo en la comunidad científica de entonces (sus “Tres Ensayos sobre una teoría sexual” fue publicada en 1905)
Dice aquí que lo que predispone a la neurosis es cierto deterioro en el desarrollo de la sexualidad (que les introduje en el post anterior)
Y subraya el hecho de que él sabe que la “sexualidad” a que él se refiere es algo muy diferente a lo que pueden entender los demás… Entiende que él trata este término de una manera no literal… de un modo más extendido, si se quiere.
Pero que también hay que reconocer que casi todos utilizan ese término limitándolo a la noción de reproducción, a la “genitalidad”.
Freud considera la sexualidad de un modo dilatado, digamos. Y dice que más allá del sentido que le demos, tengamos en cuenta que el psicoanalista entiende este término en el sentido que tiene lo que nos revela la sexualidad infantil en nuestra clínica.
Aquí Freud nos presenta ejemplos de esas primitivas elecciones de objeto: esa elección que se hace en función de la necesidad, la necesidad por ejemplo de ser cuidados, atendidos. El niño toma a uno de sus padres como objeto de amor.
Freud aquí nos introduce lo que conocemos del Edipo, al que ya me he referido desde la lectura de Lacan.
Es ese intento de Freud de decir lo que descubría en sus pacientes: dice que por lo general, el padre prefiere a la hija, y la madre al hijo; y que a partir de allí, el hijo responde a eso con un deseo: reemplazar al padre (si es el hijo), reemplazar a la madre (si es mujer)
Dice Freud en este intento de introducir el Complejo de Edipo, que estos sentimientos despertados son tanto amorosos como hostiles. De esta forma se arma un complejo que pronto se reprime, pero aun así ejerce sus efectos desde lo inconsciente.
Es así que Freud se atreve a decir que este Complejo es un complejo nuclear de la neurosis.
Que en toda Neurosis encontramos este complejo. Y con la barrera del incesto, la represión del complejo. Y sus retornos.
Hasta aquí tenemos lo que Freud comunicara a principios del siglo XX y que revolucion´el saber científico.
Los invto a releer los posts anteriores sobre el Edipo y la castración tomados de la lectura lacaniana.
http://psicologia.laguia2000.com
Les dije que estas Conferencias fueron celebradas en Massachusets, más precisamente en Worcester, del 6 al 10 de septiembre de 1909. Una cada día.
Con motivo del homenaje a los 20 años de la Clarck Univerity, un año antes habían invitado a Freud a dar unas conferencias, junto a C. Jung, a quienes se les daría el título de “miembros honorarios” en esa misma celebración.
Freud se sentía muy reconocido con este gesto; era casi la posibilidad de presentar al mundo su teoría, muy reciente, por cierto.
En esos datos sobre su inconsciente a los que nos tiene acostumbrados Freud, dice que había sido como la realización de un sueño…
Bien, en este contexto y con todo lo que había dicho en los días anteriores respecto de su joven teoría, llega al tema de la sexualidad infantil. Tesis que había generado mucho revuelo en la comunidad científica de entonces (sus “Tres Ensayos sobre una teoría sexual” fue publicada en 1905)
Dice aquí que lo que predispone a la neurosis es cierto deterioro en el desarrollo de la sexualidad (que les introduje en el post anterior)
Y subraya el hecho de que él sabe que la “sexualidad” a que él se refiere es algo muy diferente a lo que pueden entender los demás… Entiende que él trata este término de una manera no literal… de un modo más extendido, si se quiere.
Pero que también hay que reconocer que casi todos utilizan ese término limitándolo a la noción de reproducción, a la “genitalidad”.
Freud considera la sexualidad de un modo dilatado, digamos. Y dice que más allá del sentido que le demos, tengamos en cuenta que el psicoanalista entiende este término en el sentido que tiene lo que nos revela la sexualidad infantil en nuestra clínica.
Aquí Freud nos presenta ejemplos de esas primitivas elecciones de objeto: esa elección que se hace en función de la necesidad, la necesidad por ejemplo de ser cuidados, atendidos. El niño toma a uno de sus padres como objeto de amor.
Freud aquí nos introduce lo que conocemos del Edipo, al que ya me he referido desde la lectura de Lacan.
Es ese intento de Freud de decir lo que descubría en sus pacientes: dice que por lo general, el padre prefiere a la hija, y la madre al hijo; y que a partir de allí, el hijo responde a eso con un deseo: reemplazar al padre (si es el hijo), reemplazar a la madre (si es mujer)
Dice Freud en este intento de introducir el Complejo de Edipo, que estos sentimientos despertados son tanto amorosos como hostiles. De esta forma se arma un complejo que pronto se reprime, pero aun así ejerce sus efectos desde lo inconsciente.
Es así que Freud se atreve a decir que este Complejo es un complejo nuclear de la neurosis.
Que en toda Neurosis encontramos este complejo. Y con la barrera del incesto, la represión del complejo. Y sus retornos.
Hasta aquí tenemos lo que Freud comunicara a principios del siglo XX y que revolucion´el saber científico.
Los invto a releer los posts anteriores sobre el Edipo y la castración tomados de la lectura lacaniana.
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Displacer y Placer
Hay en la obra freudiana un giro, el que conocemos como “el giro de los años 20”. Un hito que marca en la teoría freudiana una reformulación de algunas cuestiones en las que Freud trabajó por más de dos décadas.
Esto se da, podemos decir como en cualquier teoría científica: cuando aparecen trabas que peligran la continuidad de una teoría, algo debe ser revisado.
Me voy a referenciar así en su texto de 1920 “Más allá del principio del placer”. Cómo su título lo anuncia, Freud intervendrá sus teorizaciones con una pregunta que surge fuera del plano del terreno del placer. Freud consideraba hasta el momento que lo psíquico se regía hegemónicamente por el principio del placer, hasta que tuvo que suponer -siempre por su experiencia clínica- que había algo más allá…
Revisemos. Según la teoría psicoanalítica establecida por Freud hasta el momento, los procesos psíquicos se orientaban a lo placentero. Que si algo displacentero sucedía, el aparato psíquico (su parte “económica”) tiende a redireccionarlo a lo placentero, en tanto la tensión se reducía, consiguiendo así un estado placentero o un menor displacer.
Digamos que la cuestión de fondo estaba en la cantidad, en lo cuantitativo: se reducía a que el placer se vinculaba a una “disminución” de la excitación de la vida anímica (esa energía no ligada a ningún objeto específico) Y lo displacentero al “aumento” de esta excitación.
Freud considera que para hacer una “metapsicología” del aparato psíquico, habría que añadir este aspecto “económico”, al tópico”(los lugares de aparato psíquico) y “dinámico” (el juego de fuerzas)
Así, considera Freud que antes que sumar el Psicoanálisis a teorías que no tienen relación con las metas propias del psicoanálisis, más bien se debería unir a esas teorías que puedan dar cuenta de lo que significan esas sensaciones placenteras y displacenteras. Pero que hasta el momento, no existía ninguna que pudiera responder a eso.
Pasa que es el área más oscura del alma humana.
Es así que Freud dice que es momento de que ahora en más, dejarse llevar por lo que la experiencia clínica le transmite: que en el alma humana existen fuerzas que se oponen a las del principio del placer. Que si bien estas son fuertes, las que se le oponen parcen ser aun más potentes y efectivas.
Que la experiencia le mostraba la inexactitud del postulado de que el aparato anímico se regulaba por el placer, por la tendencia al placer; ya que era evidente que lo que aparecía por todos lados era la experiencia de displacer.
Entonces, ¿cómo podía explicarse el hecho de que el aparto psíquico tendiera al displacer?
¿Cómo ocurre que no triunfe el placer? Bueno, dice Freud, hay que recurrir a la experiencia analítica para poder resolver este enigma…
Claro, en los síntomas que los pacientes traen a la consulta está siempre esa misma pregunta: el síntoma es una pregunta sobre este más allá del placer. Porque tiene su lado satisfactorio, decía Freud, en tanto satisfacción sustitutiva de algo reprimido; pero también está el costado molesto del síntoma.
Esa faz displacentera del síntoma que en el mejor de los casos, se cree en él, se cree en que eso que le pasa mínimamente tiene un sentido, y decide analizarse y poder hacer algo con eso…
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Esto se da, podemos decir como en cualquier teoría científica: cuando aparecen trabas que peligran la continuidad de una teoría, algo debe ser revisado.
Me voy a referenciar así en su texto de 1920 “Más allá del principio del placer”. Cómo su título lo anuncia, Freud intervendrá sus teorizaciones con una pregunta que surge fuera del plano del terreno del placer. Freud consideraba hasta el momento que lo psíquico se regía hegemónicamente por el principio del placer, hasta que tuvo que suponer -siempre por su experiencia clínica- que había algo más allá…
Revisemos. Según la teoría psicoanalítica establecida por Freud hasta el momento, los procesos psíquicos se orientaban a lo placentero. Que si algo displacentero sucedía, el aparato psíquico (su parte “económica”) tiende a redireccionarlo a lo placentero, en tanto la tensión se reducía, consiguiendo así un estado placentero o un menor displacer.
Digamos que la cuestión de fondo estaba en la cantidad, en lo cuantitativo: se reducía a que el placer se vinculaba a una “disminución” de la excitación de la vida anímica (esa energía no ligada a ningún objeto específico) Y lo displacentero al “aumento” de esta excitación.
Freud considera que para hacer una “metapsicología” del aparato psíquico, habría que añadir este aspecto “económico”, al tópico”(los lugares de aparato psíquico) y “dinámico” (el juego de fuerzas)
Así, considera Freud que antes que sumar el Psicoanálisis a teorías que no tienen relación con las metas propias del psicoanálisis, más bien se debería unir a esas teorías que puedan dar cuenta de lo que significan esas sensaciones placenteras y displacenteras. Pero que hasta el momento, no existía ninguna que pudiera responder a eso.
Pasa que es el área más oscura del alma humana.
Es así que Freud dice que es momento de que ahora en más, dejarse llevar por lo que la experiencia clínica le transmite: que en el alma humana existen fuerzas que se oponen a las del principio del placer. Que si bien estas son fuertes, las que se le oponen parcen ser aun más potentes y efectivas.
Que la experiencia le mostraba la inexactitud del postulado de que el aparato anímico se regulaba por el placer, por la tendencia al placer; ya que era evidente que lo que aparecía por todos lados era la experiencia de displacer.
Entonces, ¿cómo podía explicarse el hecho de que el aparto psíquico tendiera al displacer?
¿Cómo ocurre que no triunfe el placer? Bueno, dice Freud, hay que recurrir a la experiencia analítica para poder resolver este enigma…
Claro, en los síntomas que los pacientes traen a la consulta está siempre esa misma pregunta: el síntoma es una pregunta sobre este más allá del placer. Porque tiene su lado satisfactorio, decía Freud, en tanto satisfacción sustitutiva de algo reprimido; pero también está el costado molesto del síntoma.
Esa faz displacentera del síntoma que en el mejor de los casos, se cree en él, se cree en que eso que le pasa mínimamente tiene un sentido, y decide analizarse y poder hacer algo con eso…
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
La Catarsis
La catarsis era el método que Breuer y Freud aplicaban en los inicios del psicoanálisis. Un método que en principio se acoplaba a la hipnosis para someter al enfermo a un estado en el que rememoraba escenas traumáticas, levantándose de esta manera sus síntomas.
Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.
La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.
En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.
Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.
Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.
Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.
Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.
Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.
En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.
Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…
Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.
No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.
Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.
El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.
Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.
La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.
En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.
Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.
Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.
Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.
Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.
Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.
En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.
Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…
Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.
No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.
Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.
El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.
Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
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