Para poder disfrutar del momento presente tenemos que recuperar la conciencia de los sentidos.
Sentir el calor del sol, la caricia de una briza primaveral, escuchar el canto de un pájaro, respirar el aire puro, oler el perfume de las flores o del césped recién cortado, ver la puesta de sol, degustar el sabor de una fruta dulce y fresca, son estímulos para los sentidos que se han olvidado, porque estamos demasiado apurados haciendo algo o conectados a algún aparato.
La gente vive con los auriculares puestos y manipulando en forma frenética su celular, evadiéndose de la realidad y hundiéndose en la búsqueda de quimeras y utopías.
Son como robots en un universo mental, tratando de no perderse la última novedad electrónica y dispuestos a gastar su tiempo para aprender su cada vez más complicado funcionamiento. Tanto es así que nos hemos olvidado de nuestros sentidos.
Para volver a una realidad más humana debemos recuperarlos, para volver a conectarnos con el mundo y con nuestro cuerpo y poder vivir plenamente el momento presente.
¿Por qué es necesario recuperar las sensaciones naturales del cuerpo?; porque son muchos los que sufren de estrés, angustia, ansiedad, depresión, insatisfacción vital, falta de apetito sexual, sensación de malestar y vacío interior; esclavizados por la tecnología.
Solamente tenemos que detenernos y tomar conciencia de la realidad que nos rodea, prestar atención al entorno y a lo que estamos haciendo a cada momento, porque para ganar tiempo, a todos nos gusta vivir con el piloto automático puesto.
Estar con uno mismo unos pocos minutos al día, cambia todo, nos hace más sensibles, más conscientes de nosotros mismos y de la realidad, de nuestras verdaderas necesidades y de nuestros deseos.
El contacto con la interioridad nos ayuda a aflojar tensiones, a sentirnos más seguros de nuestras convicciones, a aceptar errores, a conocer nuestros sentimientos, a trascender recuerdos que nos desequilibran, a controlar nuestras emociones, a lograr la coherencia interna y a proyectar nuestro futuro.
Para evitar los ruidos molestos, el oído tiene un mecanismo que permite bloquear esos estímulos para no oírlos más. De esa forma hace que no nos perturbe el vehículo ruidoso que pasa frente a nuestra casa, ni el ensordecedor ruido del tránsito urbano.
El exceso de estímulos en una gran ciudad hace que todos nuestros sentidos hagan lo mismo, se insensibilicen, y poco a poco vamos convirtiéndonos en seres que no pueden entender la realidad que los rodea.
Las parejas casi no se miran aunque estén juntas durante todo el día, y menos se acarician o se escuchan; ambos viven aislados, inclusive de sus hijos porque cada uno está en su propio mundo.
El acercamiento en el amor comienza con una mirada, pero por lo general, las miradas están perdidas en su propio laberinto mental, recordando al pasado y preocupándose por el futuro.
Mirar a los ojos y perderse en la profundidad de una mirada, es la forma de conocer al otro, descubrir la verdad y también el amor.
Escuchar es una virtud que no todos tienen, porque exige un esfuerzo de interpretación y aceptar que el otro puede pensar diferente; aunque la gente nunca pueda expresar en palabras sus ideas con exactitud, porque una idea es mucho más que un montón de palabras. Por eso, hay que escuchar del otro no sólo sus palabras sino también su forma de decirlas, el tono de la voz que emplea y el sentimiento que expresan.
La vida tiene el sabor que reflejan los sentidos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/
Edipo Freudiano
Para terminar este año, seguiré con Freud y sus excelentes ponencias en el Nuevo Mundo, hace ya más de 100 años…
Les dije que estas Conferencias fueron celebradas en Massachusets, más precisamente en Worcester, del 6 al 10 de septiembre de 1909. Una cada día.
Con motivo del homenaje a los 20 años de la Clarck Univerity, un año antes habían invitado a Freud a dar unas conferencias, junto a C. Jung, a quienes se les daría el título de “miembros honorarios” en esa misma celebración.
Freud se sentía muy reconocido con este gesto; era casi la posibilidad de presentar al mundo su teoría, muy reciente, por cierto.
En esos datos sobre su inconsciente a los que nos tiene acostumbrados Freud, dice que había sido como la realización de un sueño…
Bien, en este contexto y con todo lo que había dicho en los días anteriores respecto de su joven teoría, llega al tema de la sexualidad infantil. Tesis que había generado mucho revuelo en la comunidad científica de entonces (sus “Tres Ensayos sobre una teoría sexual” fue publicada en 1905)
Dice aquí que lo que predispone a la neurosis es cierto deterioro en el desarrollo de la sexualidad (que les introduje en el post anterior)
Y subraya el hecho de que él sabe que la “sexualidad” a que él se refiere es algo muy diferente a lo que pueden entender los demás… Entiende que él trata este término de una manera no literal… de un modo más extendido, si se quiere.
Pero que también hay que reconocer que casi todos utilizan ese término limitándolo a la noción de reproducción, a la “genitalidad”.
Freud considera la sexualidad de un modo dilatado, digamos. Y dice que más allá del sentido que le demos, tengamos en cuenta que el psicoanalista entiende este término en el sentido que tiene lo que nos revela la sexualidad infantil en nuestra clínica.
Aquí Freud nos presenta ejemplos de esas primitivas elecciones de objeto: esa elección que se hace en función de la necesidad, la necesidad por ejemplo de ser cuidados, atendidos. El niño toma a uno de sus padres como objeto de amor.
Freud aquí nos introduce lo que conocemos del Edipo, al que ya me he referido desde la lectura de Lacan.
Es ese intento de Freud de decir lo que descubría en sus pacientes: dice que por lo general, el padre prefiere a la hija, y la madre al hijo; y que a partir de allí, el hijo responde a eso con un deseo: reemplazar al padre (si es el hijo), reemplazar a la madre (si es mujer)
Dice Freud en este intento de introducir el Complejo de Edipo, que estos sentimientos despertados son tanto amorosos como hostiles. De esta forma se arma un complejo que pronto se reprime, pero aun así ejerce sus efectos desde lo inconsciente.
Es así que Freud se atreve a decir que este Complejo es un complejo nuclear de la neurosis.
Que en toda Neurosis encontramos este complejo. Y con la barrera del incesto, la represión del complejo. Y sus retornos.
Hasta aquí tenemos lo que Freud comunicara a principios del siglo XX y que revolucion´el saber científico.
Los invto a releer los posts anteriores sobre el Edipo y la castración tomados de la lectura lacaniana.
http://psicologia.laguia2000.com
Les dije que estas Conferencias fueron celebradas en Massachusets, más precisamente en Worcester, del 6 al 10 de septiembre de 1909. Una cada día.
Con motivo del homenaje a los 20 años de la Clarck Univerity, un año antes habían invitado a Freud a dar unas conferencias, junto a C. Jung, a quienes se les daría el título de “miembros honorarios” en esa misma celebración.
Freud se sentía muy reconocido con este gesto; era casi la posibilidad de presentar al mundo su teoría, muy reciente, por cierto.
En esos datos sobre su inconsciente a los que nos tiene acostumbrados Freud, dice que había sido como la realización de un sueño…
Bien, en este contexto y con todo lo que había dicho en los días anteriores respecto de su joven teoría, llega al tema de la sexualidad infantil. Tesis que había generado mucho revuelo en la comunidad científica de entonces (sus “Tres Ensayos sobre una teoría sexual” fue publicada en 1905)
Dice aquí que lo que predispone a la neurosis es cierto deterioro en el desarrollo de la sexualidad (que les introduje en el post anterior)
Y subraya el hecho de que él sabe que la “sexualidad” a que él se refiere es algo muy diferente a lo que pueden entender los demás… Entiende que él trata este término de una manera no literal… de un modo más extendido, si se quiere.
Pero que también hay que reconocer que casi todos utilizan ese término limitándolo a la noción de reproducción, a la “genitalidad”.
Freud considera la sexualidad de un modo dilatado, digamos. Y dice que más allá del sentido que le demos, tengamos en cuenta que el psicoanalista entiende este término en el sentido que tiene lo que nos revela la sexualidad infantil en nuestra clínica.
Aquí Freud nos presenta ejemplos de esas primitivas elecciones de objeto: esa elección que se hace en función de la necesidad, la necesidad por ejemplo de ser cuidados, atendidos. El niño toma a uno de sus padres como objeto de amor.
Freud aquí nos introduce lo que conocemos del Edipo, al que ya me he referido desde la lectura de Lacan.
Es ese intento de Freud de decir lo que descubría en sus pacientes: dice que por lo general, el padre prefiere a la hija, y la madre al hijo; y que a partir de allí, el hijo responde a eso con un deseo: reemplazar al padre (si es el hijo), reemplazar a la madre (si es mujer)
Dice Freud en este intento de introducir el Complejo de Edipo, que estos sentimientos despertados son tanto amorosos como hostiles. De esta forma se arma un complejo que pronto se reprime, pero aun así ejerce sus efectos desde lo inconsciente.
Es así que Freud se atreve a decir que este Complejo es un complejo nuclear de la neurosis.
Que en toda Neurosis encontramos este complejo. Y con la barrera del incesto, la represión del complejo. Y sus retornos.
Hasta aquí tenemos lo que Freud comunicara a principios del siglo XX y que revolucion´el saber científico.
Los invto a releer los posts anteriores sobre el Edipo y la castración tomados de la lectura lacaniana.
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Displacer y Placer
Hay en la obra freudiana un giro, el que conocemos como “el giro de los años 20”. Un hito que marca en la teoría freudiana una reformulación de algunas cuestiones en las que Freud trabajó por más de dos décadas.
Esto se da, podemos decir como en cualquier teoría científica: cuando aparecen trabas que peligran la continuidad de una teoría, algo debe ser revisado.
Me voy a referenciar así en su texto de 1920 “Más allá del principio del placer”. Cómo su título lo anuncia, Freud intervendrá sus teorizaciones con una pregunta que surge fuera del plano del terreno del placer. Freud consideraba hasta el momento que lo psíquico se regía hegemónicamente por el principio del placer, hasta que tuvo que suponer -siempre por su experiencia clínica- que había algo más allá…
Revisemos. Según la teoría psicoanalítica establecida por Freud hasta el momento, los procesos psíquicos se orientaban a lo placentero. Que si algo displacentero sucedía, el aparato psíquico (su parte “económica”) tiende a redireccionarlo a lo placentero, en tanto la tensión se reducía, consiguiendo así un estado placentero o un menor displacer.
Digamos que la cuestión de fondo estaba en la cantidad, en lo cuantitativo: se reducía a que el placer se vinculaba a una “disminución” de la excitación de la vida anímica (esa energía no ligada a ningún objeto específico) Y lo displacentero al “aumento” de esta excitación.
Freud considera que para hacer una “metapsicología” del aparato psíquico, habría que añadir este aspecto “económico”, al tópico”(los lugares de aparato psíquico) y “dinámico” (el juego de fuerzas)
Así, considera Freud que antes que sumar el Psicoanálisis a teorías que no tienen relación con las metas propias del psicoanálisis, más bien se debería unir a esas teorías que puedan dar cuenta de lo que significan esas sensaciones placenteras y displacenteras. Pero que hasta el momento, no existía ninguna que pudiera responder a eso.
Pasa que es el área más oscura del alma humana.
Es así que Freud dice que es momento de que ahora en más, dejarse llevar por lo que la experiencia clínica le transmite: que en el alma humana existen fuerzas que se oponen a las del principio del placer. Que si bien estas son fuertes, las que se le oponen parcen ser aun más potentes y efectivas.
Que la experiencia le mostraba la inexactitud del postulado de que el aparato anímico se regulaba por el placer, por la tendencia al placer; ya que era evidente que lo que aparecía por todos lados era la experiencia de displacer.
Entonces, ¿cómo podía explicarse el hecho de que el aparto psíquico tendiera al displacer?
¿Cómo ocurre que no triunfe el placer? Bueno, dice Freud, hay que recurrir a la experiencia analítica para poder resolver este enigma…
Claro, en los síntomas que los pacientes traen a la consulta está siempre esa misma pregunta: el síntoma es una pregunta sobre este más allá del placer. Porque tiene su lado satisfactorio, decía Freud, en tanto satisfacción sustitutiva de algo reprimido; pero también está el costado molesto del síntoma.
Esa faz displacentera del síntoma que en el mejor de los casos, se cree en él, se cree en que eso que le pasa mínimamente tiene un sentido, y decide analizarse y poder hacer algo con eso…
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Esto se da, podemos decir como en cualquier teoría científica: cuando aparecen trabas que peligran la continuidad de una teoría, algo debe ser revisado.
Me voy a referenciar así en su texto de 1920 “Más allá del principio del placer”. Cómo su título lo anuncia, Freud intervendrá sus teorizaciones con una pregunta que surge fuera del plano del terreno del placer. Freud consideraba hasta el momento que lo psíquico se regía hegemónicamente por el principio del placer, hasta que tuvo que suponer -siempre por su experiencia clínica- que había algo más allá…
Revisemos. Según la teoría psicoanalítica establecida por Freud hasta el momento, los procesos psíquicos se orientaban a lo placentero. Que si algo displacentero sucedía, el aparato psíquico (su parte “económica”) tiende a redireccionarlo a lo placentero, en tanto la tensión se reducía, consiguiendo así un estado placentero o un menor displacer.
Digamos que la cuestión de fondo estaba en la cantidad, en lo cuantitativo: se reducía a que el placer se vinculaba a una “disminución” de la excitación de la vida anímica (esa energía no ligada a ningún objeto específico) Y lo displacentero al “aumento” de esta excitación.
Freud considera que para hacer una “metapsicología” del aparato psíquico, habría que añadir este aspecto “económico”, al tópico”(los lugares de aparato psíquico) y “dinámico” (el juego de fuerzas)
Así, considera Freud que antes que sumar el Psicoanálisis a teorías que no tienen relación con las metas propias del psicoanálisis, más bien se debería unir a esas teorías que puedan dar cuenta de lo que significan esas sensaciones placenteras y displacenteras. Pero que hasta el momento, no existía ninguna que pudiera responder a eso.
Pasa que es el área más oscura del alma humana.
Es así que Freud dice que es momento de que ahora en más, dejarse llevar por lo que la experiencia clínica le transmite: que en el alma humana existen fuerzas que se oponen a las del principio del placer. Que si bien estas son fuertes, las que se le oponen parcen ser aun más potentes y efectivas.
Que la experiencia le mostraba la inexactitud del postulado de que el aparato anímico se regulaba por el placer, por la tendencia al placer; ya que era evidente que lo que aparecía por todos lados era la experiencia de displacer.
Entonces, ¿cómo podía explicarse el hecho de que el aparto psíquico tendiera al displacer?
¿Cómo ocurre que no triunfe el placer? Bueno, dice Freud, hay que recurrir a la experiencia analítica para poder resolver este enigma…
Claro, en los síntomas que los pacientes traen a la consulta está siempre esa misma pregunta: el síntoma es una pregunta sobre este más allá del placer. Porque tiene su lado satisfactorio, decía Freud, en tanto satisfacción sustitutiva de algo reprimido; pero también está el costado molesto del síntoma.
Esa faz displacentera del síntoma que en el mejor de los casos, se cree en él, se cree en que eso que le pasa mínimamente tiene un sentido, y decide analizarse y poder hacer algo con eso…
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La Catarsis
La catarsis era el método que Breuer y Freud aplicaban en los inicios del psicoanálisis. Un método que en principio se acoplaba a la hipnosis para someter al enfermo a un estado en el que rememoraba escenas traumáticas, levantándose de esta manera sus síntomas.
Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.
La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.
En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.
Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.
Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.
Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.
Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.
Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.
En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.
Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…
Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.
No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.
Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.
El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.
Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.
La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.
En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.
Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.
Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.
Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.
Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.
Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.
En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.
Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…
Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.
No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.
Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.
El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.
Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Estilos de Amor
Las personas se relacionan afectivamente de muchas maneras, y estas formas de relación varían en función a cómo han vivido sus experiencias de la infancia.
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.
Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.
http://psicologia.laguia2000.com
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.
Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.
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Sexo con Amor
El amor lleva al sexo y raramente ocurre a la inversa, o sea que el sexo lleve al amor.
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.
Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.
Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Miedo al Amor
Hay gente que vive a la defensiva para no sufrir. El sufrimiento es parte de esta vida y no se puede evitar, porque todo ser humano tiene sentimientos y su propio mundo de significados los afecta.
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.
Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.
Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El Amor a Largo Plazo
Mientras muchos transitan un fatigoso camino amoroso de pareja en pareja, extraviados en una búsqueda estéril, también existen parejas que son capaces de vivir un amor eterno.
Es probable que para lograr un amor duradero haya que reinventarlo cada día y no, después de algunos años, comenzar a tratar a la pareja como si fuera un par de zapatos cómodos.
Para Sigmund Freud, la salud mental implica ser capaz de amar y de trabajar; y cuando alguna de estas dos condiciones no funciona, nos volvemos neuróticos.
De hecho, el amor es lo que mueve al mundo y lo que hace que los seres humanos se multipliquen para que la especie no se extinga.
Aunque amamos de muchas maneras, el amor de pareja es el que nos completa.
El amor es una emoción que tiene bases orgánicas, porque es la química cerebral la que activa los genes.
Algunos están convencidos que después de unos pocos años, lo que parecía un gran amor se transforma en un hábito doméstico, un afecto filial mantenido gracias a los hijos, la voluntad y la razón. No saben que todo amor verdadero tiene que atravesar una serie de etapas, que no todos se atreven a transitar, en un mundo que se destaca por obtener objetivos a corto plazo sin prestar atención a los procesos.
La primera etapa es la luna de miel, la segunda es la lucha por el poder y la tercera es la aceptación del otro como es.
Es necesario distinguir entre el amor verdadero y el enamoramiento, porque aunque son emociones complementarias pertenecen a etapas diferentes.
Un enamoramiento es un amor romántico, no es amor verdadero hasta que permite a la persona razonar y ver al otro como realmente es y no como quiere verlo; porque la atracción irresistible obnubila el juicio crítico y sólo permite ver lo que uno quiere.
Sin embargo, esa atracción desmesurada, en el mejor de los casos y con el tiempo, puede dar lugar a un sentimiento más profundo, principalmente si esa pareja se ajusta en cierta forma, al ideal de pareja que cada uno tiene en su interior.
En ese caso, el amor verdadero, que también incluye atracción física, puede ir creciendo con los años y atravesar las crisis, los momentos difíciles, las confusiones y las dudas, hasta que la pareja decida de común acuerdo, volver a elegirse mutuamente.
El amor se construye con amor, con dedicación y atención mutua y crece si ambos individualmente también crecen.
Ninguna relación está garantizada de antemano, pero el que está seguro de sí mismo también estará seguro de su pareja; porque la autovaloración personal hace que también sea valorado.
El amor de una sola persona puede satisfacer tres deseos básicos:
Darle sentido a la existencia
Canalizar la pasión y
Lograr proyectos a largo plazo
Por lo menos esto es lo que afirma el psicoanalista Hugo Dovskin en su libro “El amor en tiempos de cine”.
El amor de una pareja será más duradero en la medida que signifique también un compromiso afectivo y que cada uno pueda satisfacer sus necesidades y deseos a lo largo de la vida.
La cuestión no es pensar en el futuro y basar la relación en su duración sino en pensar en el vínculo día a día, cultivar el afecto y no dejar que se seque por indiferencia o falta de cuidados.
El amor puede acabarse en cualquier momento ni bien alguno de los integrantes de la pareja sienta que el vínculo se ha roto de tal forma que ya no tiene arreglo.
En esos casos hay que ser valiente y enfrentar los hechos, tal vez la separación no resulte cruenta sino una liberación esperada por ambos, porque la vida empieza todos los días no importa la edad que se tenga.
Aunque los tiempos han cambiado, nadie se vincula en pareja con la intención de separarse a corto plazo, más bien la mayoría tiene la ilusión de lograr un amor eterno.
Lo que pasa ahora, que tal vez no pasaba antes con tanta frecuencia, es que las personas en general pierden más rápido la paciencia y prefieren hacer borrón y cuenta nueva antes de intentar salvar la pareja. No se dan cuenta que es probable que repitan la historia.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Es probable que para lograr un amor duradero haya que reinventarlo cada día y no, después de algunos años, comenzar a tratar a la pareja como si fuera un par de zapatos cómodos.
Para Sigmund Freud, la salud mental implica ser capaz de amar y de trabajar; y cuando alguna de estas dos condiciones no funciona, nos volvemos neuróticos.
De hecho, el amor es lo que mueve al mundo y lo que hace que los seres humanos se multipliquen para que la especie no se extinga.
Aunque amamos de muchas maneras, el amor de pareja es el que nos completa.
El amor es una emoción que tiene bases orgánicas, porque es la química cerebral la que activa los genes.
Algunos están convencidos que después de unos pocos años, lo que parecía un gran amor se transforma en un hábito doméstico, un afecto filial mantenido gracias a los hijos, la voluntad y la razón. No saben que todo amor verdadero tiene que atravesar una serie de etapas, que no todos se atreven a transitar, en un mundo que se destaca por obtener objetivos a corto plazo sin prestar atención a los procesos.
La primera etapa es la luna de miel, la segunda es la lucha por el poder y la tercera es la aceptación del otro como es.
Es necesario distinguir entre el amor verdadero y el enamoramiento, porque aunque son emociones complementarias pertenecen a etapas diferentes.
Un enamoramiento es un amor romántico, no es amor verdadero hasta que permite a la persona razonar y ver al otro como realmente es y no como quiere verlo; porque la atracción irresistible obnubila el juicio crítico y sólo permite ver lo que uno quiere.
Sin embargo, esa atracción desmesurada, en el mejor de los casos y con el tiempo, puede dar lugar a un sentimiento más profundo, principalmente si esa pareja se ajusta en cierta forma, al ideal de pareja que cada uno tiene en su interior.
En ese caso, el amor verdadero, que también incluye atracción física, puede ir creciendo con los años y atravesar las crisis, los momentos difíciles, las confusiones y las dudas, hasta que la pareja decida de común acuerdo, volver a elegirse mutuamente.
El amor se construye con amor, con dedicación y atención mutua y crece si ambos individualmente también crecen.
Ninguna relación está garantizada de antemano, pero el que está seguro de sí mismo también estará seguro de su pareja; porque la autovaloración personal hace que también sea valorado.
El amor de una sola persona puede satisfacer tres deseos básicos:
Darle sentido a la existencia
Canalizar la pasión y
Lograr proyectos a largo plazo
Por lo menos esto es lo que afirma el psicoanalista Hugo Dovskin en su libro “El amor en tiempos de cine”.
El amor de una pareja será más duradero en la medida que signifique también un compromiso afectivo y que cada uno pueda satisfacer sus necesidades y deseos a lo largo de la vida.
La cuestión no es pensar en el futuro y basar la relación en su duración sino en pensar en el vínculo día a día, cultivar el afecto y no dejar que se seque por indiferencia o falta de cuidados.
El amor puede acabarse en cualquier momento ni bien alguno de los integrantes de la pareja sienta que el vínculo se ha roto de tal forma que ya no tiene arreglo.
En esos casos hay que ser valiente y enfrentar los hechos, tal vez la separación no resulte cruenta sino una liberación esperada por ambos, porque la vida empieza todos los días no importa la edad que se tenga.
Aunque los tiempos han cambiado, nadie se vincula en pareja con la intención de separarse a corto plazo, más bien la mayoría tiene la ilusión de lograr un amor eterno.
Lo que pasa ahora, que tal vez no pasaba antes con tanta frecuencia, es que las personas en general pierden más rápido la paciencia y prefieren hacer borrón y cuenta nueva antes de intentar salvar la pareja. No se dan cuenta que es probable que repitan la historia.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Tiempo Psicologico
Cuanto más parece durar el tiempo más afligidos psicológicamente nos sentimos, porque el tiempo subjetivo depende del estado mental.
Para las personas con depresión o falta de control de impulsos, el tiempo parece transcurrir más despacio.
Según cómo se vive psicológicamente el tiempo puede indicar signos de determinadas patologías mentales.
Las personas impulsivas no pueden postergar una acción porque necesitan satisfacción inmediata y tienen muy poca percepción del futuro.
Las investigaciones realizadas indican que los pacientes que sufren de esquizofrenia no pueden distinguir entre espacios de tiempo reducidos, cuál es la duración más larga o la más corta.
La percepción del tiempo es influenciada por las experiencias cotidianas y por los estados emocionales. Este es un proceso que incluye la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo y otra memoria que se relaciona con la toma de decisiones que evalúa la duración.
La duración subjetiva del tiempo aumenta cuanto mayor es la atención que prestamos al tiempo y refleja el estado cognitivo y el bienestar o malestar psicológico de una persona.
Para las personas que sufren gran ansiedad, el tiempo parece transcurrir más lento y cuando se pierde el sentido de la vida, el vacío existencial hace que el pensamiento se centre en el tiempo, y éste parece pasar más lento.
Cuando estamos aburridos el tiempo parece transcurrir más despacio. Aunque el tiempo cronológico es siempre igual, sin embargo nuestra conciencia del tiempo varía según nuestro estado de ánimo.
La experiencia temporal tiene tres dimensiones: el tiempo presente, la estimación de la duración de un acontecimiento y la conciencia del tiempo, que es la impresión subjetiva.
La estimación de la duración del tiempo y la conciencia del tiempo se relacionan. La estimación puede ser mayor si nos aburrimos y según nuestro humor nuestra conciencia del tiempo puede variar porque ante el tedio nos centramos más en el presente.
Cuando los procesos cognitivos están alterados se hace difícil enfrentar la vida cotidiana.
Las personas impulsivas se preocupan por el momento presente y no pueden proyectarse en el futuro.
Los adictos por ejemplo, tienen una perspectiva limitada del tiempo y no pueden fijarse objetivos porque tienen menos capacidad de anticipar el futuro y sólo viven el momento presente.
Los que actúan en forma audaz y arriesgan sus vidas tienen dificultades para anticipar las consecuencias de sus actos.
El horizonte temporal limitado del sujeto impulsivo que carece de control y se centra en el presente, ayuda a comprender patologías psiquiátricas como la hiperactividad, el déficit de atención, algunas disfunciones cerebrales como los síndromes frontales, el trastorno “borderline”, o la toxicomanía.
Un sujeto que solamente vive el presente y no tiene en cuenta el futuro es probable que sea impulsivo y que se sienta atraído por el juego, las relaciones sexuales peligrosas, el comportamiento audaz, el consumo de drogas o alcohol.
Las personas en general, para poder conseguir resultados futuros, con frecuencia tienen que renunciar a las gratificaciones inmediatas.
Aunque tampoco es saludable vivir en función del futuro porque el presente es lo único real y tenemos que aprovechar los buenos momentos, es necesario no perder de vista la perspectiva del futuro y prever las consecuencias de nuestras acciones.
Ante las dificultades que tienen las personas impulsivas para proyectarse en el futuro, los terapeutas les proponen objetivos a corto plazo, más adecuado a su horizonte temporal limitado.
Los investigadores en este campo consideran que es posible que exista un reloj central biológico en la corteza frontal y en los ganglios basales que desempeña una función importante en la percepción del tiempo.
Sin embargo, aún no se ha localizado en el cerebro un sistema específico que mida el tiempo.
Fuente: “Mente y Cerebro”
Para las personas con depresión o falta de control de impulsos, el tiempo parece transcurrir más despacio.
Según cómo se vive psicológicamente el tiempo puede indicar signos de determinadas patologías mentales.
Las personas impulsivas no pueden postergar una acción porque necesitan satisfacción inmediata y tienen muy poca percepción del futuro.
Las investigaciones realizadas indican que los pacientes que sufren de esquizofrenia no pueden distinguir entre espacios de tiempo reducidos, cuál es la duración más larga o la más corta.
La percepción del tiempo es influenciada por las experiencias cotidianas y por los estados emocionales. Este es un proceso que incluye la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo y otra memoria que se relaciona con la toma de decisiones que evalúa la duración.
La duración subjetiva del tiempo aumenta cuanto mayor es la atención que prestamos al tiempo y refleja el estado cognitivo y el bienestar o malestar psicológico de una persona.
Para las personas que sufren gran ansiedad, el tiempo parece transcurrir más lento y cuando se pierde el sentido de la vida, el vacío existencial hace que el pensamiento se centre en el tiempo, y éste parece pasar más lento.
Cuando estamos aburridos el tiempo parece transcurrir más despacio. Aunque el tiempo cronológico es siempre igual, sin embargo nuestra conciencia del tiempo varía según nuestro estado de ánimo.
La experiencia temporal tiene tres dimensiones: el tiempo presente, la estimación de la duración de un acontecimiento y la conciencia del tiempo, que es la impresión subjetiva.
La estimación de la duración del tiempo y la conciencia del tiempo se relacionan. La estimación puede ser mayor si nos aburrimos y según nuestro humor nuestra conciencia del tiempo puede variar porque ante el tedio nos centramos más en el presente.
Cuando los procesos cognitivos están alterados se hace difícil enfrentar la vida cotidiana.
Las personas impulsivas se preocupan por el momento presente y no pueden proyectarse en el futuro.
Los adictos por ejemplo, tienen una perspectiva limitada del tiempo y no pueden fijarse objetivos porque tienen menos capacidad de anticipar el futuro y sólo viven el momento presente.
Los que actúan en forma audaz y arriesgan sus vidas tienen dificultades para anticipar las consecuencias de sus actos.
El horizonte temporal limitado del sujeto impulsivo que carece de control y se centra en el presente, ayuda a comprender patologías psiquiátricas como la hiperactividad, el déficit de atención, algunas disfunciones cerebrales como los síndromes frontales, el trastorno “borderline”, o la toxicomanía.
Un sujeto que solamente vive el presente y no tiene en cuenta el futuro es probable que sea impulsivo y que se sienta atraído por el juego, las relaciones sexuales peligrosas, el comportamiento audaz, el consumo de drogas o alcohol.
Las personas en general, para poder conseguir resultados futuros, con frecuencia tienen que renunciar a las gratificaciones inmediatas.
Aunque tampoco es saludable vivir en función del futuro porque el presente es lo único real y tenemos que aprovechar los buenos momentos, es necesario no perder de vista la perspectiva del futuro y prever las consecuencias de nuestras acciones.
Ante las dificultades que tienen las personas impulsivas para proyectarse en el futuro, los terapeutas les proponen objetivos a corto plazo, más adecuado a su horizonte temporal limitado.
Los investigadores en este campo consideran que es posible que exista un reloj central biológico en la corteza frontal y en los ganglios basales que desempeña una función importante en la percepción del tiempo.
Sin embargo, aún no se ha localizado en el cerebro un sistema específico que mida el tiempo.
Fuente: “Mente y Cerebro”
Cuando el Amor se torna en esclavitud
No siempre el amor es sinónimo de felicidad, al contrario, por lo general se convierte en verdadero sufrimiento por distintos motivos.
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.
Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.
Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.
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