La catarsis era el método que Breuer y Freud aplicaban en los inicios del psicoanálisis. Un método que en principio se acoplaba a la hipnosis para someter al enfermo a un estado en el que rememoraba escenas traumáticas, levantándose de esta manera sus síntomas.
Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.
La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.
En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.
Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.
Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.
Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.
Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.
Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.
En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.
Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…
Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.
No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.
Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.
El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.
Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Estilos de Amor
Las personas se relacionan afectivamente de muchas maneras, y estas formas de relación varían en función a cómo han vivido sus experiencias de la infancia.
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.
Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.
http://psicologia.laguia2000.com
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.
Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.
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Sexo con Amor
El amor lleva al sexo y raramente ocurre a la inversa, o sea que el sexo lleve al amor.
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.
Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.
Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Miedo al Amor
Hay gente que vive a la defensiva para no sufrir. El sufrimiento es parte de esta vida y no se puede evitar, porque todo ser humano tiene sentimientos y su propio mundo de significados los afecta.
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.
Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.
Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.
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El Amor a Largo Plazo
Mientras muchos transitan un fatigoso camino amoroso de pareja en pareja, extraviados en una búsqueda estéril, también existen parejas que son capaces de vivir un amor eterno.
Es probable que para lograr un amor duradero haya que reinventarlo cada día y no, después de algunos años, comenzar a tratar a la pareja como si fuera un par de zapatos cómodos.
Para Sigmund Freud, la salud mental implica ser capaz de amar y de trabajar; y cuando alguna de estas dos condiciones no funciona, nos volvemos neuróticos.
De hecho, el amor es lo que mueve al mundo y lo que hace que los seres humanos se multipliquen para que la especie no se extinga.
Aunque amamos de muchas maneras, el amor de pareja es el que nos completa.
El amor es una emoción que tiene bases orgánicas, porque es la química cerebral la que activa los genes.
Algunos están convencidos que después de unos pocos años, lo que parecía un gran amor se transforma en un hábito doméstico, un afecto filial mantenido gracias a los hijos, la voluntad y la razón. No saben que todo amor verdadero tiene que atravesar una serie de etapas, que no todos se atreven a transitar, en un mundo que se destaca por obtener objetivos a corto plazo sin prestar atención a los procesos.
La primera etapa es la luna de miel, la segunda es la lucha por el poder y la tercera es la aceptación del otro como es.
Es necesario distinguir entre el amor verdadero y el enamoramiento, porque aunque son emociones complementarias pertenecen a etapas diferentes.
Un enamoramiento es un amor romántico, no es amor verdadero hasta que permite a la persona razonar y ver al otro como realmente es y no como quiere verlo; porque la atracción irresistible obnubila el juicio crítico y sólo permite ver lo que uno quiere.
Sin embargo, esa atracción desmesurada, en el mejor de los casos y con el tiempo, puede dar lugar a un sentimiento más profundo, principalmente si esa pareja se ajusta en cierta forma, al ideal de pareja que cada uno tiene en su interior.
En ese caso, el amor verdadero, que también incluye atracción física, puede ir creciendo con los años y atravesar las crisis, los momentos difíciles, las confusiones y las dudas, hasta que la pareja decida de común acuerdo, volver a elegirse mutuamente.
El amor se construye con amor, con dedicación y atención mutua y crece si ambos individualmente también crecen.
Ninguna relación está garantizada de antemano, pero el que está seguro de sí mismo también estará seguro de su pareja; porque la autovaloración personal hace que también sea valorado.
El amor de una sola persona puede satisfacer tres deseos básicos:
Darle sentido a la existencia
Canalizar la pasión y
Lograr proyectos a largo plazo
Por lo menos esto es lo que afirma el psicoanalista Hugo Dovskin en su libro “El amor en tiempos de cine”.
El amor de una pareja será más duradero en la medida que signifique también un compromiso afectivo y que cada uno pueda satisfacer sus necesidades y deseos a lo largo de la vida.
La cuestión no es pensar en el futuro y basar la relación en su duración sino en pensar en el vínculo día a día, cultivar el afecto y no dejar que se seque por indiferencia o falta de cuidados.
El amor puede acabarse en cualquier momento ni bien alguno de los integrantes de la pareja sienta que el vínculo se ha roto de tal forma que ya no tiene arreglo.
En esos casos hay que ser valiente y enfrentar los hechos, tal vez la separación no resulte cruenta sino una liberación esperada por ambos, porque la vida empieza todos los días no importa la edad que se tenga.
Aunque los tiempos han cambiado, nadie se vincula en pareja con la intención de separarse a corto plazo, más bien la mayoría tiene la ilusión de lograr un amor eterno.
Lo que pasa ahora, que tal vez no pasaba antes con tanta frecuencia, es que las personas en general pierden más rápido la paciencia y prefieren hacer borrón y cuenta nueva antes de intentar salvar la pareja. No se dan cuenta que es probable que repitan la historia.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Es probable que para lograr un amor duradero haya que reinventarlo cada día y no, después de algunos años, comenzar a tratar a la pareja como si fuera un par de zapatos cómodos.
Para Sigmund Freud, la salud mental implica ser capaz de amar y de trabajar; y cuando alguna de estas dos condiciones no funciona, nos volvemos neuróticos.
De hecho, el amor es lo que mueve al mundo y lo que hace que los seres humanos se multipliquen para que la especie no se extinga.
Aunque amamos de muchas maneras, el amor de pareja es el que nos completa.
El amor es una emoción que tiene bases orgánicas, porque es la química cerebral la que activa los genes.
Algunos están convencidos que después de unos pocos años, lo que parecía un gran amor se transforma en un hábito doméstico, un afecto filial mantenido gracias a los hijos, la voluntad y la razón. No saben que todo amor verdadero tiene que atravesar una serie de etapas, que no todos se atreven a transitar, en un mundo que se destaca por obtener objetivos a corto plazo sin prestar atención a los procesos.
La primera etapa es la luna de miel, la segunda es la lucha por el poder y la tercera es la aceptación del otro como es.
Es necesario distinguir entre el amor verdadero y el enamoramiento, porque aunque son emociones complementarias pertenecen a etapas diferentes.
Un enamoramiento es un amor romántico, no es amor verdadero hasta que permite a la persona razonar y ver al otro como realmente es y no como quiere verlo; porque la atracción irresistible obnubila el juicio crítico y sólo permite ver lo que uno quiere.
Sin embargo, esa atracción desmesurada, en el mejor de los casos y con el tiempo, puede dar lugar a un sentimiento más profundo, principalmente si esa pareja se ajusta en cierta forma, al ideal de pareja que cada uno tiene en su interior.
En ese caso, el amor verdadero, que también incluye atracción física, puede ir creciendo con los años y atravesar las crisis, los momentos difíciles, las confusiones y las dudas, hasta que la pareja decida de común acuerdo, volver a elegirse mutuamente.
El amor se construye con amor, con dedicación y atención mutua y crece si ambos individualmente también crecen.
Ninguna relación está garantizada de antemano, pero el que está seguro de sí mismo también estará seguro de su pareja; porque la autovaloración personal hace que también sea valorado.
El amor de una sola persona puede satisfacer tres deseos básicos:
Darle sentido a la existencia
Canalizar la pasión y
Lograr proyectos a largo plazo
Por lo menos esto es lo que afirma el psicoanalista Hugo Dovskin en su libro “El amor en tiempos de cine”.
El amor de una pareja será más duradero en la medida que signifique también un compromiso afectivo y que cada uno pueda satisfacer sus necesidades y deseos a lo largo de la vida.
La cuestión no es pensar en el futuro y basar la relación en su duración sino en pensar en el vínculo día a día, cultivar el afecto y no dejar que se seque por indiferencia o falta de cuidados.
El amor puede acabarse en cualquier momento ni bien alguno de los integrantes de la pareja sienta que el vínculo se ha roto de tal forma que ya no tiene arreglo.
En esos casos hay que ser valiente y enfrentar los hechos, tal vez la separación no resulte cruenta sino una liberación esperada por ambos, porque la vida empieza todos los días no importa la edad que se tenga.
Aunque los tiempos han cambiado, nadie se vincula en pareja con la intención de separarse a corto plazo, más bien la mayoría tiene la ilusión de lograr un amor eterno.
Lo que pasa ahora, que tal vez no pasaba antes con tanta frecuencia, es que las personas en general pierden más rápido la paciencia y prefieren hacer borrón y cuenta nueva antes de intentar salvar la pareja. No se dan cuenta que es probable que repitan la historia.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Tiempo Psicologico
Cuanto más parece durar el tiempo más afligidos psicológicamente nos sentimos, porque el tiempo subjetivo depende del estado mental.
Para las personas con depresión o falta de control de impulsos, el tiempo parece transcurrir más despacio.
Según cómo se vive psicológicamente el tiempo puede indicar signos de determinadas patologías mentales.
Las personas impulsivas no pueden postergar una acción porque necesitan satisfacción inmediata y tienen muy poca percepción del futuro.
Las investigaciones realizadas indican que los pacientes que sufren de esquizofrenia no pueden distinguir entre espacios de tiempo reducidos, cuál es la duración más larga o la más corta.
La percepción del tiempo es influenciada por las experiencias cotidianas y por los estados emocionales. Este es un proceso que incluye la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo y otra memoria que se relaciona con la toma de decisiones que evalúa la duración.
La duración subjetiva del tiempo aumenta cuanto mayor es la atención que prestamos al tiempo y refleja el estado cognitivo y el bienestar o malestar psicológico de una persona.
Para las personas que sufren gran ansiedad, el tiempo parece transcurrir más lento y cuando se pierde el sentido de la vida, el vacío existencial hace que el pensamiento se centre en el tiempo, y éste parece pasar más lento.
Cuando estamos aburridos el tiempo parece transcurrir más despacio. Aunque el tiempo cronológico es siempre igual, sin embargo nuestra conciencia del tiempo varía según nuestro estado de ánimo.
La experiencia temporal tiene tres dimensiones: el tiempo presente, la estimación de la duración de un acontecimiento y la conciencia del tiempo, que es la impresión subjetiva.
La estimación de la duración del tiempo y la conciencia del tiempo se relacionan. La estimación puede ser mayor si nos aburrimos y según nuestro humor nuestra conciencia del tiempo puede variar porque ante el tedio nos centramos más en el presente.
Cuando los procesos cognitivos están alterados se hace difícil enfrentar la vida cotidiana.
Las personas impulsivas se preocupan por el momento presente y no pueden proyectarse en el futuro.
Los adictos por ejemplo, tienen una perspectiva limitada del tiempo y no pueden fijarse objetivos porque tienen menos capacidad de anticipar el futuro y sólo viven el momento presente.
Los que actúan en forma audaz y arriesgan sus vidas tienen dificultades para anticipar las consecuencias de sus actos.
El horizonte temporal limitado del sujeto impulsivo que carece de control y se centra en el presente, ayuda a comprender patologías psiquiátricas como la hiperactividad, el déficit de atención, algunas disfunciones cerebrales como los síndromes frontales, el trastorno “borderline”, o la toxicomanía.
Un sujeto que solamente vive el presente y no tiene en cuenta el futuro es probable que sea impulsivo y que se sienta atraído por el juego, las relaciones sexuales peligrosas, el comportamiento audaz, el consumo de drogas o alcohol.
Las personas en general, para poder conseguir resultados futuros, con frecuencia tienen que renunciar a las gratificaciones inmediatas.
Aunque tampoco es saludable vivir en función del futuro porque el presente es lo único real y tenemos que aprovechar los buenos momentos, es necesario no perder de vista la perspectiva del futuro y prever las consecuencias de nuestras acciones.
Ante las dificultades que tienen las personas impulsivas para proyectarse en el futuro, los terapeutas les proponen objetivos a corto plazo, más adecuado a su horizonte temporal limitado.
Los investigadores en este campo consideran que es posible que exista un reloj central biológico en la corteza frontal y en los ganglios basales que desempeña una función importante en la percepción del tiempo.
Sin embargo, aún no se ha localizado en el cerebro un sistema específico que mida el tiempo.
Fuente: “Mente y Cerebro”
Para las personas con depresión o falta de control de impulsos, el tiempo parece transcurrir más despacio.
Según cómo se vive psicológicamente el tiempo puede indicar signos de determinadas patologías mentales.
Las personas impulsivas no pueden postergar una acción porque necesitan satisfacción inmediata y tienen muy poca percepción del futuro.
Las investigaciones realizadas indican que los pacientes que sufren de esquizofrenia no pueden distinguir entre espacios de tiempo reducidos, cuál es la duración más larga o la más corta.
La percepción del tiempo es influenciada por las experiencias cotidianas y por los estados emocionales. Este es un proceso que incluye la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo y otra memoria que se relaciona con la toma de decisiones que evalúa la duración.
La duración subjetiva del tiempo aumenta cuanto mayor es la atención que prestamos al tiempo y refleja el estado cognitivo y el bienestar o malestar psicológico de una persona.
Para las personas que sufren gran ansiedad, el tiempo parece transcurrir más lento y cuando se pierde el sentido de la vida, el vacío existencial hace que el pensamiento se centre en el tiempo, y éste parece pasar más lento.
Cuando estamos aburridos el tiempo parece transcurrir más despacio. Aunque el tiempo cronológico es siempre igual, sin embargo nuestra conciencia del tiempo varía según nuestro estado de ánimo.
La experiencia temporal tiene tres dimensiones: el tiempo presente, la estimación de la duración de un acontecimiento y la conciencia del tiempo, que es la impresión subjetiva.
La estimación de la duración del tiempo y la conciencia del tiempo se relacionan. La estimación puede ser mayor si nos aburrimos y según nuestro humor nuestra conciencia del tiempo puede variar porque ante el tedio nos centramos más en el presente.
Cuando los procesos cognitivos están alterados se hace difícil enfrentar la vida cotidiana.
Las personas impulsivas se preocupan por el momento presente y no pueden proyectarse en el futuro.
Los adictos por ejemplo, tienen una perspectiva limitada del tiempo y no pueden fijarse objetivos porque tienen menos capacidad de anticipar el futuro y sólo viven el momento presente.
Los que actúan en forma audaz y arriesgan sus vidas tienen dificultades para anticipar las consecuencias de sus actos.
El horizonte temporal limitado del sujeto impulsivo que carece de control y se centra en el presente, ayuda a comprender patologías psiquiátricas como la hiperactividad, el déficit de atención, algunas disfunciones cerebrales como los síndromes frontales, el trastorno “borderline”, o la toxicomanía.
Un sujeto que solamente vive el presente y no tiene en cuenta el futuro es probable que sea impulsivo y que se sienta atraído por el juego, las relaciones sexuales peligrosas, el comportamiento audaz, el consumo de drogas o alcohol.
Las personas en general, para poder conseguir resultados futuros, con frecuencia tienen que renunciar a las gratificaciones inmediatas.
Aunque tampoco es saludable vivir en función del futuro porque el presente es lo único real y tenemos que aprovechar los buenos momentos, es necesario no perder de vista la perspectiva del futuro y prever las consecuencias de nuestras acciones.
Ante las dificultades que tienen las personas impulsivas para proyectarse en el futuro, los terapeutas les proponen objetivos a corto plazo, más adecuado a su horizonte temporal limitado.
Los investigadores en este campo consideran que es posible que exista un reloj central biológico en la corteza frontal y en los ganglios basales que desempeña una función importante en la percepción del tiempo.
Sin embargo, aún no se ha localizado en el cerebro un sistema específico que mida el tiempo.
Fuente: “Mente y Cerebro”
Cuando el Amor se torna en esclavitud
No siempre el amor es sinónimo de felicidad, al contrario, por lo general se convierte en verdadero sufrimiento por distintos motivos.
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.
Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.
Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Sinceridad en la pareja
Lo único que se puede hacer para generar genuina confianza es ser sincero, porque la sinceridad es la base y el sostén de una pareja, o sea mostrarse como uno es, sin máscaras y no con intenciones de ser otro para no arriesgarse a que lo conozcan.
No se puede estar representando un papel toda la vida porque en algún momento surgirá la persona real, tal cual es.
El que engaña al otro pretende vivir dos vidas y tener dos caras; por un lado asegurarse una pareja estable que lo ame y le sea fiel y por otro a alguien descartable, capaz de vivir de las migajas de otro, o muchas veces sin conocer la verdad, con la ilusión de ser la única.
¿Por qué engañan los hombres?, porque son varones y ellos están para la conquista, el juego y el trabajo, porque necesitan sentirse más hombres, tener la oportunidad de arriesgarse y excitarse con el peligro y porque tienen miedo de enfrentar la vejez.
¿Por qué engañan las mujeres?, porque están aburridas o porque no están bien atendidas por su pareja, porque quieren darle celos, porque temen envejecer.
Las emociones no todos las pueden controlar, pero sí se puede cuidar la conducta y ser discreto, porque ojos que no ven corazón que no siente y querer mantener el secreto significa que la otra persona algo les importa.
Los entusiasmos pasajeros son riesgos que se corren que pueden amenazar la relación de toda una vida y destruir una familia y no siempre son tan inocentes porque hay personas que esa relación la pueden tomar muy en serio y tornarse demandantes.
Hay personas que engañan a sus actuales parejas con relaciones anteriores, con las que tuvieron que romper porque las hacían sufrir.
De pronto, se acuerdan nada más que de lo bueno y les parece que cometieron un error en separarse, que es la persona de su vida y arriesgan perder a su nueva pareja con la que hasta ese momento eran felices.
Algunas de ellas resuelven seguir con las dos a la vez, por las dudas, sin saber que la infidelidad es muy difícil de ocultar, porque se intuye y también se huele; pero engañar para disfrutar lo mejor que puede brindar cada una es un juego peligroso que suele terminar mal y a veces de manera trágica.
Casi siempre no se trata de un sentimiento genuino el que las atrae, ni tampoco la nostalgia de otros tiempos, sino la novedad, salir de la rutina, volver a sentirse excitadas y deseadas.
Sin embargo, es más fácil ser sincero que mentiroso, porque el que miente tiene que seguir mintiendo en forma permanente para seguir construyendo ese mundo imaginario inventado que difícilmente se sostiene y que lo esclaviza; y el que dice siempre la verdad es libre.
Las personas que no son sinceras difícilmente cambian, porque es su forma de pensar y de vivir, y con los años ese defecto se agudiza.
Las parejas tampoco tienen que durar forzosamente a pesar de todo, porque se puede perder la integridad y la dignidad.
La sinceridad ayuda a que las parejas tengan una oportunidad de sobrevivir, manteniendo un diálogo permanente, para resolver las cuestiones que no se pueden admitir o aceptar, porque las caras largas o las peleas no son elocuentes y pueden significar muchas cosas.
La infidelidad se transmite de padres a hijos, porque se aprende a ser infiel, a beneficiarse traicionando la buena fe, a jugar sucio.
Fuente http://psicologia.laguia2000.com
No se puede estar representando un papel toda la vida porque en algún momento surgirá la persona real, tal cual es.
El que engaña al otro pretende vivir dos vidas y tener dos caras; por un lado asegurarse una pareja estable que lo ame y le sea fiel y por otro a alguien descartable, capaz de vivir de las migajas de otro, o muchas veces sin conocer la verdad, con la ilusión de ser la única.
¿Por qué engañan los hombres?, porque son varones y ellos están para la conquista, el juego y el trabajo, porque necesitan sentirse más hombres, tener la oportunidad de arriesgarse y excitarse con el peligro y porque tienen miedo de enfrentar la vejez.
¿Por qué engañan las mujeres?, porque están aburridas o porque no están bien atendidas por su pareja, porque quieren darle celos, porque temen envejecer.
Las emociones no todos las pueden controlar, pero sí se puede cuidar la conducta y ser discreto, porque ojos que no ven corazón que no siente y querer mantener el secreto significa que la otra persona algo les importa.
Los entusiasmos pasajeros son riesgos que se corren que pueden amenazar la relación de toda una vida y destruir una familia y no siempre son tan inocentes porque hay personas que esa relación la pueden tomar muy en serio y tornarse demandantes.
Hay personas que engañan a sus actuales parejas con relaciones anteriores, con las que tuvieron que romper porque las hacían sufrir.
De pronto, se acuerdan nada más que de lo bueno y les parece que cometieron un error en separarse, que es la persona de su vida y arriesgan perder a su nueva pareja con la que hasta ese momento eran felices.
Algunas de ellas resuelven seguir con las dos a la vez, por las dudas, sin saber que la infidelidad es muy difícil de ocultar, porque se intuye y también se huele; pero engañar para disfrutar lo mejor que puede brindar cada una es un juego peligroso que suele terminar mal y a veces de manera trágica.
Casi siempre no se trata de un sentimiento genuino el que las atrae, ni tampoco la nostalgia de otros tiempos, sino la novedad, salir de la rutina, volver a sentirse excitadas y deseadas.
Sin embargo, es más fácil ser sincero que mentiroso, porque el que miente tiene que seguir mintiendo en forma permanente para seguir construyendo ese mundo imaginario inventado que difícilmente se sostiene y que lo esclaviza; y el que dice siempre la verdad es libre.
Las personas que no son sinceras difícilmente cambian, porque es su forma de pensar y de vivir, y con los años ese defecto se agudiza.
Las parejas tampoco tienen que durar forzosamente a pesar de todo, porque se puede perder la integridad y la dignidad.
La sinceridad ayuda a que las parejas tengan una oportunidad de sobrevivir, manteniendo un diálogo permanente, para resolver las cuestiones que no se pueden admitir o aceptar, porque las caras largas o las peleas no son elocuentes y pueden significar muchas cosas.
La infidelidad se transmite de padres a hijos, porque se aprende a ser infiel, a beneficiarse traicionando la buena fe, a jugar sucio.
Fuente http://psicologia.laguia2000.com
Vivir sin sentir rencor
Perdonarse y perdonar es una experiencia que armoniza, libera; y mejora la salud física y mental.
El perdón siempre fue un tema de orden religioso o filosófico, pero actualmente la psicología también está investigando la influencia positiva del perdón en la salud y en la sanación. Estudios realizados durante los últimos diez años así lo confirman.
Se estima que el perdón puede evitar desequilibrios cardiovasculares, ayudar a elaborar emocionalmente los duelos y superar los estados depresivos.
Según una encuesta realizada en 2006, a 1715 personas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, de Argentina, por la doctora en psicología Martina Casullo, investigadora del Conicet; la mayoría considera que es importante perdonar y que las mujeres perdonan más que los hombres.
Para las mujeres perdonar demuestra inteligencia, los hombres, en cambio perdonan para poder olvidar y seguir adelante.
Los que dicen “Dios es el que perdona”, son los que no pueden perdonar.
Para Javier Camacho, doctor en Psicología Clínica de la Universidad de Buenos Aires, y director de la Fundación Foro, donde se enseña y se investiga el área de la salud mental, revela que los investigadores tienen posturas diferentes para definir qué es el perdón. Algunos lo consideran una capacidad, otros una virtud o y otros un aspecto de la personalidad.
El perdón es una actitud, lograda a partir del desarrollo de una alta capacidad de comprensión y flexibilidad.
Camacho explica que para él el perdón es un proceso interior y se refiere más a uno mismo que a la persona responsable del agravio, porque aunque no haya pedido perdón puede ser perdonada para beneficio de la víctima.
Otro estudio realizado en 2005 en la Universidad de Tennessee muestra que las razones para perdonar pueden depender de la relación personal que está en juego, del bienestar psicológico que necesita una persona, de la necesidad de ser también perdonado, de la intención que tenga el agresor de disculparse y también de la creencia religiosa.
Requiere pedir perdón el que transgrede las normas de convivencia o agrede a alguien causándole algún tipo de daño o perjuicio, pero los niveles de tolerancia a la agresión pueden ser distintos y hasta nulos, porque como dependen de la sensibilidad de la víctima se convierten en eventos subjetivos que pueden o no dejar heridas sin cicatrizar.
No pueden pedir perdón los que no aceptan haberse equivocado, ni pueden perdonar los que tienen muy baja su autoestima y poca tolerancia a la crítica.
Más allá del bien que se le hace al que es perdonado, el perdón tiene un efecto más beneficioso en el que perdona, porque lo hace sentirse mejor consigo mismo.
El perdón es una manifestación de grandeza moral que tiene resultados sanadores, porque borra el enojo y el resentimiento, libera de la experiencia traumática y deja un saldo positivo.
No obstante uno puede sinceramente perdonar pero no necesita olvidar ni tampoco reconciliarse con su agresor. Puede seguir viviendo sin rencor y sin la pesada carga del resentimiento pero también sin la necesidad de continuar con ese vínculo.
Perdonar permite dejar el pasado atrás con todo su contenido de personas, de experiencias y de cosas que resultaron perjudiciales y negativas para la víctima y seguir viviendo mejo que antes.
El perdón no implica que no se pueda hacer justicia ni tampoco significa llevar a cabo una venganza, porque perdonar es soltar, dejar ir, abandonar la idea de venganza, y la bronca acumulada.
Las personas que han recibido grandes agravios o abandonos pueden enfermarse gravemente y también pueden curarse si perdonan y dejan atrás todo rencor y resentimiento.
La terapia del perdón puede ser más eficaz que una medicina.
Fuente: LNR; 12/2010; “Desterrar el rencor”; Eduardo Chaktoura.
El perdón siempre fue un tema de orden religioso o filosófico, pero actualmente la psicología también está investigando la influencia positiva del perdón en la salud y en la sanación. Estudios realizados durante los últimos diez años así lo confirman.
Se estima que el perdón puede evitar desequilibrios cardiovasculares, ayudar a elaborar emocionalmente los duelos y superar los estados depresivos.
Según una encuesta realizada en 2006, a 1715 personas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, de Argentina, por la doctora en psicología Martina Casullo, investigadora del Conicet; la mayoría considera que es importante perdonar y que las mujeres perdonan más que los hombres.
Para las mujeres perdonar demuestra inteligencia, los hombres, en cambio perdonan para poder olvidar y seguir adelante.
Los que dicen “Dios es el que perdona”, son los que no pueden perdonar.
Para Javier Camacho, doctor en Psicología Clínica de la Universidad de Buenos Aires, y director de la Fundación Foro, donde se enseña y se investiga el área de la salud mental, revela que los investigadores tienen posturas diferentes para definir qué es el perdón. Algunos lo consideran una capacidad, otros una virtud o y otros un aspecto de la personalidad.
El perdón es una actitud, lograda a partir del desarrollo de una alta capacidad de comprensión y flexibilidad.
Camacho explica que para él el perdón es un proceso interior y se refiere más a uno mismo que a la persona responsable del agravio, porque aunque no haya pedido perdón puede ser perdonada para beneficio de la víctima.
Otro estudio realizado en 2005 en la Universidad de Tennessee muestra que las razones para perdonar pueden depender de la relación personal que está en juego, del bienestar psicológico que necesita una persona, de la necesidad de ser también perdonado, de la intención que tenga el agresor de disculparse y también de la creencia religiosa.
Requiere pedir perdón el que transgrede las normas de convivencia o agrede a alguien causándole algún tipo de daño o perjuicio, pero los niveles de tolerancia a la agresión pueden ser distintos y hasta nulos, porque como dependen de la sensibilidad de la víctima se convierten en eventos subjetivos que pueden o no dejar heridas sin cicatrizar.
No pueden pedir perdón los que no aceptan haberse equivocado, ni pueden perdonar los que tienen muy baja su autoestima y poca tolerancia a la crítica.
Más allá del bien que se le hace al que es perdonado, el perdón tiene un efecto más beneficioso en el que perdona, porque lo hace sentirse mejor consigo mismo.
El perdón es una manifestación de grandeza moral que tiene resultados sanadores, porque borra el enojo y el resentimiento, libera de la experiencia traumática y deja un saldo positivo.
No obstante uno puede sinceramente perdonar pero no necesita olvidar ni tampoco reconciliarse con su agresor. Puede seguir viviendo sin rencor y sin la pesada carga del resentimiento pero también sin la necesidad de continuar con ese vínculo.
Perdonar permite dejar el pasado atrás con todo su contenido de personas, de experiencias y de cosas que resultaron perjudiciales y negativas para la víctima y seguir viviendo mejo que antes.
El perdón no implica que no se pueda hacer justicia ni tampoco significa llevar a cabo una venganza, porque perdonar es soltar, dejar ir, abandonar la idea de venganza, y la bronca acumulada.
Las personas que han recibido grandes agravios o abandonos pueden enfermarse gravemente y también pueden curarse si perdonan y dejan atrás todo rencor y resentimiento.
La terapia del perdón puede ser más eficaz que una medicina.
Fuente: LNR; 12/2010; “Desterrar el rencor”; Eduardo Chaktoura.
Sindrome Hikikomori
Hikikomori es una palabra de origen japonés que designa una patología psicosocial y familiar característica de nuestra época, que suelen padecer principalmente los varones, tanto jóvenes como adultos, que tienen alrededor de treinta años.Este síndrome que aparentemente comenzó a manifestarse en Japón, parece estar diseminándose por todo el mundo, en forma lenta e insidiosa, porque también se están registrando casos en España, Italia, Corea del Sur y también en Francia.
Se trata de personas que deciden encerrarse voluntariamente en sus casas, a veces en una habitación; que también son adictos a Internet y a los juegos electrónicos, que eluden cualquier contacto, que se mantienen alejados de la sociedad y de cualquier vínculo personal, o comunicación, inclusive de sus familiares, a veces durante años, abandonando sus encierros solamente para satisfacer sus necesidades fisiológicas.
En el año 2010 ya existían en Japón 230.000 casos de hikikomori, al año siguiente se presentaron 34.000 casos más y se calcula que esta cifra llegará en poco tiempo a alcanzar el millón de personas en condiciones de aislamiento, que eligen el auto encierro como estilo de vida.
No se trata de personas que sufren de otras patologías psiquiátricas, sino de individuos que rechazan el contacto social y que han decidido desprenderse de la intrincada trama social para elegir como modo de vida el solipsismo.
Los familiares a veces demoran en hacer una consulta médica, porque aparte de la fobia social, estas personas no presentan síntomas de otra naturaleza como para necesitar imperiosamente ir al médico.
Sin embargo, esta conducta no es normal, y aunque no parezca una patología es evidente que este comportamiento atípico no puede considerarse solamente una falla de carácter.
Este fenómeno puede tener varias causas, tanto orgánicas como psicológicas. Con respecto a las causas orgánicas, posiblemente la Neurociencia logre una explicación y pueda hallar los medios para intentar paliar esta situación, dado las implicancias económicas y sociales que puede accarrear; mientras las causas psicológicas puedan ser reveladas a la luz de estudios experimentales debidamente controlados.
Hay que tener en cuenta, que se trata de una generación que se ha criado de una manera diferente a la tradicional, en familias demasiado ocupadas y ensimismadas en sus propios trabajos, esforzándose para ser cada vez más eficientes y competitivos, con el firme propósito de ocupar cargos de mayor responsabilidad y mejor nivel de ingresos, pero que han relegado a un segundo plano la responsabilidad de mantener buenos vínculos con los hijos, postergando el necesario acercamiento afectivo y negándoles la indispensable oportunidad de comunicación.
Así como los padres se aíslan cuando se dedican de lleno a sus actividades, los hijos aprenden a hacer lo mismo, renunciando a integrarse en una sociedad que les enseña a disfrutar de todo el confort sin necesidad de relacionarse.
En la actualidad son muchos los hogares que mantienen a sus hijos hasta mucho más allá de la juventud, sin exigirles que participen en el mantenimiento de los gastos ni que trabajen; y ya es común que muchos padres mantengan a sus hijos con tal de que estudien una carrera para asegurarse un título, logro que a veces tarda muchos años en cumplirse. En España por ejemplo, actualmente, el 67,4% de los que tienen más de veinte años, vive con sus padres
Puede ser que allanarles demasiado el camino a la descendencia no sea lo que realmente necesita para desarrollar su propia vida y la convierta en personas poco dispuestas a esforzarse de la misma manera que sus padres, porque no pueden verle ningún sentido.
Renunciar a la sociedad y a los vínculos puede ser la forma que tienen los jóvenes y también los no tan jóvenes, de rebelarse contra un sistema deshumanizado que convierte a las personas en autómatas consumistas, que no tienen tiempo para los sentimientos.
Fuente: “La Nación”
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