Cuando el Amor se torna en esclavitud

No siempre el amor es sinónimo de felicidad, al contrario, por lo general se convierte en verdadero sufrimiento por distintos motivos.
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.


Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.


Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

Sinceridad en la pareja

Lo único que se puede hacer para generar genuina confianza es ser sincero, porque la sinceridad es la base y el sostén de una pareja, o sea mostrarse como uno es, sin máscaras y no con intenciones de ser otro para no arriesgarse a que lo conozcan.
No se puede estar representando un papel toda la vida porque en algún momento surgirá la persona real, tal cual es.
El que engaña al otro pretende vivir dos vidas y tener dos caras; por un lado asegurarse una pareja estable que lo ame y le sea fiel y por otro a alguien descartable, capaz de vivir de las migajas de otro, o muchas veces sin conocer la verdad, con la ilusión de ser la única.
¿Por qué engañan los hombres?, porque son varones y ellos están para la conquista, el juego y el trabajo, porque necesitan sentirse más hombres, tener la oportunidad de arriesgarse y excitarse con el peligro y porque tienen miedo de enfrentar la vejez.


¿Por qué engañan las mujeres?, porque están aburridas o porque no están bien atendidas por su pareja, porque quieren darle celos, porque temen envejecer.
Las emociones no todos las pueden controlar, pero sí se puede cuidar la conducta y ser discreto, porque ojos que no ven corazón que no siente y querer mantener el secreto significa que la otra persona algo les importa.
Los entusiasmos pasajeros son riesgos que se corren que pueden amenazar la relación de toda una vida y destruir una familia y no siempre son tan inocentes porque hay personas que esa relación la pueden tomar muy en serio y tornarse demandantes.
Hay personas que engañan a sus actuales parejas con relaciones anteriores, con las que tuvieron que romper porque las hacían sufrir.
De pronto, se acuerdan nada más que de lo bueno y les parece que cometieron un error en separarse, que es la persona de su vida y arriesgan perder a su nueva pareja con la que hasta ese momento eran felices.
Algunas de ellas resuelven seguir con las dos a la vez, por las dudas, sin saber que la infidelidad es muy difícil de ocultar, porque se intuye y también se huele; pero engañar para disfrutar lo mejor que puede brindar cada una es un juego peligroso que suele terminar mal y a veces de manera trágica.
Casi siempre no se trata de un sentimiento genuino el que las atrae, ni tampoco la nostalgia de otros tiempos, sino la novedad, salir de la rutina, volver a sentirse excitadas y deseadas.
Sin embargo, es más fácil ser sincero que mentiroso, porque el que miente tiene que seguir mintiendo en forma permanente para seguir construyendo ese mundo imaginario inventado que difícilmente se sostiene y que lo esclaviza; y el que dice siempre la verdad es libre.
Las personas que no son sinceras difícilmente cambian, porque es su forma de pensar y de vivir, y con los años ese defecto se agudiza.
Las parejas tampoco tienen que durar forzosamente a pesar de todo, porque se puede perder la integridad y la dignidad.
La sinceridad ayuda a que las parejas tengan una oportunidad de sobrevivir, manteniendo un diálogo permanente, para resolver las cuestiones que no se pueden admitir o aceptar, porque las caras largas o las peleas no son elocuentes y pueden significar muchas cosas.
La infidelidad se transmite de padres a hijos, porque se aprende a ser infiel, a beneficiarse traicionando la buena fe, a jugar sucio.


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Vivir sin sentir rencor

Perdonarse y perdonar es una experiencia que armoniza, libera; y mejora la salud física y mental.
El perdón siempre fue un tema de orden religioso o filosófico, pero actualmente la psicología también está investigando la influencia positiva del perdón en la salud y en la sanación. Estudios realizados durante los últimos diez años así lo confirman.
Se estima que el perdón puede evitar desequilibrios cardiovasculares, ayudar a elaborar emocionalmente los duelos y superar los estados depresivos.
Según una encuesta realizada en 2006, a 1715 personas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, de Argentina, por la doctora en psicología Martina Casullo, investigadora del Conicet; la mayoría considera que es importante perdonar y que las mujeres perdonan más que los hombres.


Para las mujeres perdonar demuestra inteligencia, los hombres, en cambio perdonan para poder olvidar y seguir adelante.
Los que dicen “Dios es el que perdona”, son los que no pueden perdonar.
Para Javier Camacho, doctor en Psicología Clínica de la Universidad de Buenos Aires, y director de la Fundación Foro, donde se enseña y se investiga el área de la salud mental, revela que los investigadores tienen posturas diferentes para definir qué es el perdón. Algunos lo consideran una capacidad, otros una virtud o y otros un aspecto de la personalidad.
El perdón es una actitud, lograda a partir del desarrollo de una alta capacidad de comprensión y flexibilidad.
Camacho explica que para él el perdón es un proceso interior y se refiere más a uno mismo que a la persona responsable del agravio, porque aunque no haya pedido perdón puede ser perdonada para beneficio de la víctima.
Otro estudio realizado en 2005 en la Universidad de Tennessee muestra que las razones para perdonar pueden depender de la relación personal que está en juego, del bienestar psicológico que necesita una persona, de la necesidad de ser también perdonado, de la intención que tenga el agresor de disculparse y también de la creencia religiosa.
Requiere pedir perdón el que transgrede las normas de convivencia o agrede a alguien causándole algún tipo de daño o perjuicio, pero los niveles de tolerancia a la agresión pueden ser distintos y hasta nulos, porque como dependen de la sensibilidad de la víctima se convierten en eventos subjetivos que pueden o no dejar heridas sin cicatrizar.
No pueden pedir perdón los que no aceptan haberse equivocado, ni pueden perdonar los que tienen muy baja su autoestima y poca tolerancia a la crítica.
Más allá del bien que se le hace al que es perdonado, el perdón tiene un efecto más beneficioso en el que perdona, porque lo hace sentirse mejor consigo mismo.
El perdón es una manifestación de grandeza moral que tiene resultados sanadores, porque borra el enojo y el resentimiento, libera de la experiencia traumática y deja un saldo positivo.
No obstante uno puede sinceramente perdonar pero no necesita olvidar ni tampoco reconciliarse con su agresor. Puede seguir viviendo sin rencor y sin la pesada carga del resentimiento pero también sin la necesidad de continuar con ese vínculo.
Perdonar permite dejar el pasado atrás con todo su contenido de personas, de experiencias y de cosas que resultaron perjudiciales y negativas para la víctima y seguir viviendo mejo que antes.
El perdón no implica que no se pueda hacer justicia ni tampoco significa llevar a cabo una venganza, porque perdonar es soltar, dejar ir, abandonar la idea de venganza, y la bronca acumulada.
Las personas que han recibido grandes agravios o abandonos pueden enfermarse gravemente y también pueden curarse si perdonan y dejan atrás todo rencor y resentimiento.
La terapia del perdón puede ser más eficaz que una medicina.

Fuente: LNR; 12/2010; “Desterrar el rencor”; Eduardo Chaktoura.

Sindrome Hikikomori

Hikikomori es una palabra de origen japonés que designa una patología psicosocial y familiar característica de nuestra época, que suelen padecer principalmente los varones, tanto jóvenes como adultos, que tienen alrededor de treinta años.
Este síndrome que aparentemente comenzó a manifestarse en Japón, parece estar diseminándose por todo el mundo, en forma lenta e insidiosa, porque también se están registrando casos en España, Italia, Corea del Sur y también en Francia.
Se trata de personas que deciden encerrarse voluntariamente en sus casas, a veces en una habitación; que también son adictos a Internet y a los juegos electrónicos, que eluden cualquier contacto, que se mantienen alejados de la sociedad y de cualquier vínculo personal, o comunicación, inclusive de sus familiares, a veces durante años, abandonando sus encierros solamente para satisfacer sus necesidades fisiológicas.


En el año 2010 ya existían en Japón 230.000 casos de hikikomori, al año siguiente se presentaron 34.000 casos más y se calcula que esta cifra llegará en poco tiempo a alcanzar el millón de personas en condiciones de aislamiento, que eligen el auto encierro como estilo de vida.
No se trata de personas que sufren de otras patologías psiquiátricas, sino de individuos que rechazan el contacto social y que han decidido desprenderse de la intrincada trama social para elegir como modo de vida el solipsismo.
Los familiares a veces demoran en hacer una consulta médica, porque aparte de la fobia social, estas personas no presentan síntomas de otra naturaleza como para necesitar imperiosamente ir al médico.
Sin embargo, esta conducta no es normal, y aunque no parezca una patología es evidente que este comportamiento atípico no puede considerarse solamente una falla de carácter.
Este fenómeno puede tener varias causas, tanto orgánicas como psicológicas. Con respecto a las causas orgánicas, posiblemente la Neurociencia logre una explicación y pueda hallar los medios para intentar paliar esta situación, dado las implicancias económicas y sociales que puede accarrear; mientras las causas psicológicas puedan ser reveladas a la luz de estudios experimentales debidamente controlados.
Hay que tener en cuenta, que se trata de una generación que se ha criado de una manera diferente a la tradicional, en familias demasiado ocupadas y ensimismadas en sus propios trabajos, esforzándose para ser cada vez más eficientes y competitivos, con el firme propósito de ocupar cargos de mayor responsabilidad y mejor nivel de ingresos, pero que han relegado a un segundo plano la responsabilidad de mantener buenos vínculos con los hijos, postergando el necesario acercamiento afectivo y negándoles la indispensable oportunidad de comunicación.
Así como los padres se aíslan cuando se dedican de lleno a sus actividades, los hijos aprenden a hacer lo mismo, renunciando a integrarse en una sociedad que les enseña a disfrutar de todo el confort sin necesidad de relacionarse.
En la actualidad son muchos los hogares que mantienen a sus hijos hasta mucho más allá de la juventud, sin exigirles que participen en el mantenimiento de los gastos ni que trabajen; y ya es común que muchos padres mantengan a sus hijos con tal de que estudien una carrera para asegurarse un título, logro que a veces tarda muchos años en cumplirse. En España por ejemplo, actualmente, el 67,4% de los que tienen más de veinte años, vive con sus padres
Puede ser que allanarles demasiado el camino a la descendencia no sea lo que realmente necesita para desarrollar su propia vida y la convierta en personas poco dispuestas a esforzarse de la misma manera que sus padres, porque no pueden verle ningún sentido.
Renunciar a la sociedad y a los vínculos puede ser la forma que tienen los jóvenes y también los no tan jóvenes, de rebelarse contra un sistema deshumanizado que convierte a las personas en autómatas consumistas, que no tienen tiempo para los sentimientos.

Fuente: “La Nación”

Sindrome de Wendy

Wendy es un personaje del conocido cuento de Peter Pan, que protagoniza uno de los papeles femeninos del relato.
Peter Pan es un niño de trece años que no quiere crecer y que también olvida fácilmente.
Deseoso de convertir su vida en una gran aventura, aprovecha un descuido de sus padres para salir volando por la ventana, porque no olvidó que antes de nacer fue un pájaro.
Se va a vivir a la Isla de los Pájaros, el país de Nunca Jamás, donde se encuentran los niños perdidos y donde es posible vivir como un héroe y realizar proezas y donde existen los duendes, las hadas, los indios y los piratas.
Peter Pan, aprovechando que Wendy no es feliz en su casa, la invita a vivir en el país de Nunca Jamás para contar sus bellos cuentos y cuidar a los niños perdidos.


Wendy es una niña real de doce años, una persona responsable, afectuosa y sensible, que ama y quiere ayudar a Peter Pan y que se encarga a los niños como una verdadera madre bondadosa y cariñosa, cumpliendo con su deber aunque tenga solamente doce años.
Campanita es un hada, el otro personaje femenino de este cuento, que tiene un perfil diferente y que puede ser celosa, caprichosa y sobre protectora. Al principio conspira para eliminar a Wendy, dando rienda suelta a su lado malo, pero luego se arrepiente y logra ser más amistosa. Se trata de alguien que se ocupa de Peter Pan, que lo ama y que también lo protege, pero que es también capaz de dejarse vencer por sus pasiones y deseos.
Después de trabajar incansablemente cuidando a Peter Pan y a los niños, Wendy se da cuenta que en el país de Nunca Jamás tampoco puede ser feliz porque tiene que hacer cosas que no le gustan y aunque ame a Peter Pan y sea amada por él, Wendy adopta a los niños y decide volver a su hogar que ahora considera que es el mejor lugar para ella.
Peter Pan promete visitarla en el futuro, pero no olvidemos que siempre será un niño y que tiene muy poca memoria.
Campanita también se cansa de haber perdido su libertad por amar a Peter Pan y estar a su lado y también se va.
En la vida real estos personajes también existen. Existen muchos Peter Pan que no quieren crecer, que prometen amar eternamente y brindar una vida feliz, pero que no son capaces de perseverar ni de cumplir sus promesas, que esperan todo de los demás y que no hacen nada por los que dicen amar.
También existen muchas Wendy, seres dispuestos a perder su libertad y dar todo a quienes dicen amarlas pero que sólo las utilizan para sus fines.
Si existe un Peter Pan también habrá una Wendy que se someta a su voluntad por amor y le brinde todo su esfuerzo aunque su vida se torne miserable.
En este relato, Wendy tiene el ejemplo de sus padres, que también son una pareja que se complementa, un hombre egoísta e inmaduro que manipula a su mujer, quien a su vez se somete adoptando el rol de una niña obediente.
Wendy fue primero la madre de sus hermanos y luego continuó con ese rol estimulada por Peter Pan que la utilizó para que cuidara de los niños perdidos en el país de Nunca Jamás.
El temor al abandono, a la pérdida de los afectos y la necesidad de agradar a todos a toda costa, hace que estas personas estén dispuestas a adoptar una actitud complaciente y sumisa con tal de no quedarse solas.
En este tipo de relación, la sexualidad está desdibujada, más bien se trata de un amor fraterno o maternal, típico del varón y la mujer castrados.
Afortunadamente se puede salir de esta situación y no repetir historias, tomando conciencia de que se está cargando con las responsabilidades de otro y llegar así a encontrar el equilibrio en la pareja; y si eso no fuera posible, repensar la relación y liberarse definitivamente de ese vínculo.


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La emociones y el sobrepeso

Muchos se obsesionan con las dietas y las prueban todas con poco éxito; no saben que el sobrepeso no es solamente una cuestión de calorías ni de voluntad, sino que también se trata de un problema psicológico.
La obesidad actualmente es una pandemia; según la Organización Mundial de la Salud (OMS) preocupa a más de mil millones de personas en todo el mundo.
Cerca de dos millones y medio de habitantes del planeta fallece debido a una enfermedad relacionada con la obesidad y hay más de cuarenta y cinco millones de chicos de menos de cinco años que tienen sobrepeso.
Bajar de peso es fácil, lo difícil es mantenerse, porque la mayoría se entusiasma con la dieta hasta lograr el peso deseado, pero al poco tiempo vuelve a los mismos hábitos y recupera los kilos perdidos.


El cuerpo tiene un mecanismo natural para mantener el mismo peso, aunque se cambie la alimentación y se haga una dieta; tratando de consumir menos energía y apelando a sus reservas, por eso a veces, a pesar de los esfuerzos y de las privaciones, no se puede bajar de peso.
La doctora en clínica médica Sofía Garay, del Hospital Rivadavia y del Centro de Estética de la Dra. Sciales, dice al respecto, que existen factores que explican la gran cantidad de gente con sobrepeso, como por ejemplo:
-la publicidad, que induce a ingerir alimentos ricos en grasas o azúcares;
-el aumento del tamaño de las porciones,
-el hábito de comer hasta sentirnos llenos y no solamente lo que necesitamos;
-las conductas automáticas, que nos hacen comer sin tener conciencia de qué es lo que nos llevamos a la boca;
-picar todo el día entre horas o saltearse comidas por mucho tiempo.
La doctora Garay afirma que hay mucha gente que come cuando tiene ansiedad o necesita calmar sus emociones y no porque tenga hambre; porque es común que después de un día agitado, con muchos problemas para resolver, la gente sienta la necesidad de comer hidratos de carbono, que son los que estimulan la serotonina (que es la hormona del placer), con lo que se logra una sensación de satisfacción y bienestar.
La combinación de azúcar, sal y grasa es adictiva y la industria trata de satisfacer esta necesidad vendiendo productos que contengan estos ingredientes aunque engorden o puedan provocar problemas de salud a largo plazo.
Cambiar de hábitos no es fácil porque requiere comprometerse con uno mismo y tener la perseverancia de cumplir ese compromiso de por vida, ya que si esos hábitos se vuelven a repetir también se volverá a aumentar de peso.
Un cambio de hábitos también exige un cambio en el estilo de vida, porque es sabido que la falta de movimiento y la vida sedentaria favorecen el sobrepeso.
Elegir una vajilla más pequeña para servirse la comida, también es un recurso eficaz a la hora de bajar de peso; porque por ejemplo, un plato cinco centímetros menor de diámetro equivale a 22% menos de calorías por comida y permite bajar hasta ocho kilos más de peso por año.
Dieta y terapia deberían ir de la mano para ayudar a mantener constante el interés por el objetivo y lograr cambiar los patrones de comportamiento que llevan a engordar.
Existen algunas estrategias que ayudan a comer de una manera más racional y sana; por ejemplo:
-    En lugar de buscar comida, hacer otra cosa que sea igualmente placentera.
-    No comprar más comida de la necesaria
-    Comer con conciencia y no en forma automática
-    Evitar las tentaciones
-    Colocar en los lugares visibles de la heladera los alimentos dietéticos.
-    No comer rápido
-    Masticar mucho
-    Dejar algo siempre en el plato como señal de dominio sobre la comida.
-    Nunca servirse dos veces
-    Comer sentado
-    No picotear
-    Tomar mucho líquido
-    Concentrarse en la comida y no hacer otra cosa al mismo tiempo
Lo ideal es dejar de actuar y de pensar como suelen hacerlo las personas obesas y comenzar a pensar y comportarse como lo hacen los flacos.

Fuente: “Psicología positiva”; No.23; “Cuestión de peso”; Dra. Sofía Garay, Instituto Inepa; “Dime como comes y te diré por qué no bajas”; equipo de la clínica del Dr. Cormillot.

El amor para crecer en pareja: OSHO

Las parejas que fracasan es muy probable que no se hayan comunicado adecuadamente. Esperan que el otro entienda cómo se sienten sin decirles nada, adivinándoles el pensamiento.
En una pareja hay que hablar claro, porque solamente de esta manera se pueden resolver los problemas; decirlo todo, sin miedo y sin inhibiciones de ningún tipo.
Hablando se pueden llegar a comprender y a darse cuenta que a veces las personas necesitan espacio.
El amor sólo tiene larga vida si existe comprensión, de otra manera no hay intimidad. Si hay comprensión, la relación se mantendrá siempre aunque decidan separarse y vivir cada uno por su lado.
Cuando están enamoradas las personas se sienten positivas, pero poco a poco comienzan a surgir las energías negativas , mientras las positivas se van agotando.


Todo lo negativo que surge en nosotros nos concierne, pero tendemos a proyectarlo en el otro; por eso es importante darse cuenta y liberar lo negativo estando solo y no volcarlo en la otra persona. Si es necesario se puede gritar, llorar, golpear las paredes, pero sin involucrar a otro.
Estar lo más consciente posible en una relación elimina todo lo negativo, porque estar alerta hace que la pareja esté positiva y que puedan tolerarse mutuamente.
Luego, en un segundo momento, se puede jugar en pareja a estar negativos ambos y decir todo lo que desean, será como una terapia, porque después desaparecerá toda negatividad y ambos volverán a estar en positivo.
Por último, cuando ya hayan dominado la negatividad, podrán darse el lujo de actuar libremente y ser espontáneos, porque ya no habrá peligro de dañar la relación o de afectarse mutuamente.
Decir las cosas que molestan no significa acusar al otro de un determinado comportamiento; se trata de señalar cómo se sienten; porque no es lo mismo decir “me insultaste” que “me sentí insultado”.
Es importante deshacerse de los viejos patrones de relación utilizados con otras parejas en el pasado. Es bueno escribirlos con todo detalle y registrarlos en la memoria para no repetirlos; se sorprenderán de cómo estuvieron saboteando esa relación todo el tiempo.
El amor es maravilloso cuando se vive en forma consciente pero si se cometen los mismos errores del pasado, puede ser un infierno.
En el amor siempre falta algo, porque no es un objeto, es un proceso dinámico que fluye y cambia. Si sientes que te falta algo, es normal, porque te obliga a cambiar, a hacer algo. El amor verdadero nunca está satisfecho, porque necesita movimiento; pero es maravilloso porque siempre está vivo.
Esperar que dos personas diferentes se adecúen a la perfección es ser ingenuo, si es eso lo que esperan sentirán mucha frustración porque siempre habrá algo entre dos personas que desentona, pero eso es mejor, porque si todo anduviera demasiado sobre rieles, la relación se estancaría.
Desear estar de pleno acuerdo sin tener ningún roce es lo que todos queremos y eso está bien, pero hay que estar preparado si eso no lo conseguimos, para evitar la frustración después.
El perfecto ajuste entre dos personas que se aman ocurre apenas en un instante, cuando menos lo esperan, no es algo buscado que se puede conseguir, es como un don o una gracia.
Cuando el amor es profundo, el calor de antaño se vuelve templado, no hacer el amor producirá la sensación de que falta algo, porque las personas se acostumbran a sentir pasión y excitación; y hacer el amor parecerá estúpido.
Hay que entender la tibieza que va surgiendo con los años y entonces el tipo de amor será diferente, pura conciencia, espíritu de oración, espíritu meditativo.
El calor de antaño estaba en la periferia, puro ego, y es bueno que haya desaparecido y también es bueno poder quererse, abrazarse, cuidarse y vivir la profundidad del amor, desde el centro. El éxtasis no proviene sólo de la pasión sino también de la honestidad.
El sexo no debería ser el objetivo del amor, el sexo debería surgir como parte del amor.
El amor sólo es posible cuando hay libertad para ser uno mismo.

Fuente: “Aprender a amar”; Osho.

Ceguera psicologica

Hay un texto de Freud de 1910, llamado “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis”.
Digamos que más allá de la risa que puede provocar este personaje, portando ese síntoma de ceguera, lo que se ve en la clínica freudiana especialmente (de la que sabemos por las publicaciones de los casos de Histeria), se sufre de eso; no es un invento del guionista de la serie televisiva en cuestión.


Es en todo caso, un invento de la histeria. No digo “una mentira de la histérica”, una farsa. Digo, me refiero a que es, en todo caso, una invención del sujeto histérico.
Hay que recordar que justamente el psicoanálisis nace de la convocatoria de estas enfermas a que se les de un saber sobre lo que les ocurría. Freud, como les dije en algún momento, les creyó.
Este texto del que les hablaré es una contribución que Freud hiciera para una revista que hacía un homenaje a un oftalmólogo amigo suyo.
Si bien, en una carta a Fliess, Freud dice que es algo que no tiene mucha importancia, es la primera vez que él acuña el concepto de “pulsiones yoicas”, homologándolas a las “pulsiones de autoconservación”, teniendo así un papel primordial en la “operación de represión”.
En este texto Freud recuerda lo que la escuela Francesa de psiquiatría sostenía sobre la causa de las “cegueras histéricas” (perturbación psicógena de la visión). Y decide demostrar el efecto del método psicoanalítico sobre tal afección.
Mediante la hipnosis, método que en su momento ensayó Freud y luego abandonó (por su ineficacia para sus fines) se podía producir esa representación de estar ciega. Aún así, confirma Freud, esto también se podía producir por “autosugestión”; es decir, no hacía falta el hipnotizador. Pero en los dos casos se podía comprobar también que tal representación tiene tal intensidad que es real. Y la asimila a la alucinación histérica y a las parálisis, entre otras afecciones histéricas.
Aquí mismo Freud dice que no se puede entender tales fenómenos sin apelar al concepto de inconsciente.
Freud considera en este texto que ese síntoma tiene que ver con que hay representaciones inconscientes anundadas a esa representación conciente de “no ver”.
Y que el psicoanálisis verifica que esas representaciones que encierran cierto placer (inconscientes) entraron en conflicto con otras más fuertes (las yoicas) y por eso se reprimieron.
Es decir, el síntoma aparece como resultado de un conflicto entre pulsiones.
Con Lacan, podemos decir que el cuerpo de la histeria, el cuerpo histérico, es lo que mejor verifica y denuncia el desajuste entre las palabras (el lenguaje) y el cuerpo. Entre lo que es el cuerpo que le devuelve el espejo, y lo específicamente orgánico.
Esa fragmentación, ese desconocimiento del cuerpo del que tenemos nota por los relatos de pacientes, es notable -aunque también es posible verificarlo en la cotidianeidad de comentarios tales como “no me reconozco”, etc.
Esa “complacencia somática” de la que hablará Freud, Lacan la retoma como un “rechazo del cuerpo”.
En la ceguera histérica, síntoma que nos ocupa hoy, el cuerpo se disputa entre la autoconservación (las pulsiones del yo) y un goce pulsional fragmentado.
Y hay así un órgano que funciona emancipadamente. En este caso, la visión.


Fuente : http://psicologia.laguia2000.com

La Mudanza

Una mudanza puede generar un alto nivel de estrés, porque más allá de los avatares que ocasiona el hecho de tener de desarmar una casa y armarla en otro lado, es una situación de cambio, de desprendimiento y de temor a la incertidumbre que crea un nuevo comienzo en otro lugar.
A veces mudarse es necesario, porque la familia crece o mejoran las condiciones de vida, o porque existe una oportunidad de trabajo que exige un traslado, o bien porque hay que achicarse porque el dinero no alcanza.
El estrés no comienza en la mudanza sino mucho antes, ni bien se vislumbra la posibilidad de tener que mudarse a otro lado y comienzan a aparecer los miedos, miedo al cambio, a lo desconocido, a equivocarse, a estar peor que antes.
Para los que se dedican a investigar las causas del estrés, las mudanzas se encuentran en tercer lugar después del duelo o de un despido, porque deja a la persona agotada físicamente y emocionalmente perturbada.


En estas circunstancias, lo mejor es tratar de enfocarse con entusiasmo a la tarea, mantener el equilibrio y la armonía familiar, intentar hacer placentero el traslado y organizarse con tiempo, conservando el optimismo y teniendo una actitud positiva.
Los cambios, aunque sean difíciles y dolorosos, nos ayudan a crecer, y un cambio de domicilio particularmente puede motivarnos a cambiar nuestro estilo de vida, a renovarnos, a mejorar las relaciones, a salir de la rutina y a abandonar antiguos e indeseables hábitos.
Visualizarse en el nuevo lugar de residencia en óptimas condiciones, con todo arreglado y sintiéndose muy satisfecho, puede ayudarnos a relajarnos y vivir esa situación con menos estrés.
Una mudanza nos permite deshacernos de lo que ya no nos sirve, que no pudimos tirar y la oportunidad de empezar de nuevo y de atreverse a ser diferente.
Para reducir el estrés es conveniente solicitar a la empresa de mudanzas el envío de los canastos con anticipación para ir embalando con tiempo, las cosas que no se van a usar.
Es un buen momento para pedir ayuda, tanto a familiares como a amigos, que seguramente desearán hacerlo e incluso hará que el trabajo sea más rápido y divertido.
Es mejor despejar el área de niños y de mascotas y que la tarea la desarrollen solamente los adultos y estar dispuestos a enfrentar imprevistos sin ponerse nerviosos, porque es difícil pretender controlar todo.
Es necesario aceptar que durante un tiempo habrá desorden, que será difícil encontrar algo, que se perderán cosas, que se sentirán extraños en su propia casa, que el supermercado queda más lejos de lo que imaginaban, que no hay lavaderos cerca, que el colegio cercano no tiene vacantes, que la nueva casa parecía más grande, que no les entran los muebles o que no tendrán gas durante quince días.
Es práctico hacer una valija con lo indispensable para no tener que estar desarmando canastos para encontrar algo.
Lo peor en estos casos es pretender tener todo bajo control, porque eso es imposible, ya que en una mudanza hay que depender de muchas personas, no solo para el traslado de los muebles sino también para realizar las adaptaciones necesarias en el nuevo domicilio para hacerlo habitable.
Lo mejor es entregarse, dejarse llevar, no oponer resistencia a las adversidades aceptando lo inevitable y no dándole importancia a los detalles, para que esta experiencia sea productiva y deje un aprendizaje.


Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

Que es el enamoramiento

Él ya había iniciado este trabajo de esclarecer la vida amorosa de los sujetos. De eso tenemos constancia por sus trabajos –cuatro, a los que les he dedicado algunos posts- que fueron escritos antes, pero que fueron reunidos en sus escritos breves por Freud mismo, bajo el título “Contribuciones a la psicología del amor”.
Me referiré hoy a Freud y a su noción de enamoramiento que tenemos como referencia clásica en uno de sus textos posteriores al giro de los ‘20, Psicología de las Masas y análisis del Yo, precisamente en el año 1921.
En este texto, hay un apartado que Freud titula “Enamoramiento e hipnosis”, en el que comienza dando una idea de que el lenguaje, como en todos los casos, intenta darle un nombre a las relaciones de afecto que ocurren entre las personas; a los muy diversos tipos de vínculos afectivos que existen entre los seres humanos. El lenguaje llama “amor” a estas relaciones, pero Freud dice que existen varias escalas dentro de este mismo término.


Así, comienza con aquella variedad del amor que implica investir a un objeto sexual con el objetivo de satisfacerse sexualmente. Aquí está en juego la corriente sensual o amorosa de la que Freud ya nos había hablado en su teoría del desarrollo sexual (que vimos en posts anteriores). Pero, es evidente que cuando esas pulsiones sexuales se dirigen a satisfacerse sexualmente a partir de esa investidura de objeto, en tanto “necesidad”, una vez satisfecha esa necesidad, necesita nuevamente hacer ese rodeo por el objeto, aún sin necesitar “amar”.
Nos recuerda Freud su teoría de la libido: el niño, en la primera infancia inviste a sus objetos con esta corriente sensual que la represión luego sepulta, quedando presente como relación con los padres, una relación basada en la corriente tierna, que es la que perdura.
En la pubertad reaparecen esas mociones sexuales con intensidad, pero orientadas ahora sí a metas sexuales, y se dirigen a objetos que reemplazan de alguna manera, sustituyen a esos primeros objetos de amor.
Dice Freud que a veces sucede que las corrientes tierna y amorosa o erótica han quedado muy separadas (luego de haber operado la represión) y aparecen estos fenómenos de enaltecimiento, de veneración del objeto de amor. El amor cortés del que la literatura nos ofrece múltiples ejemplos. El hombre prendado a un objeto intocable, con el que no mantiene relaciones sexuales efectivas, digamos que no lo excita; y a la vez es muy potente sexualmente con otras mujeres a las que no ama, e incluso desprecia.
Pero, según Freud, la normalidad estaría dada por la capacidad del hombre de sintetizar ambas corrientes, amorosas y sensuales, hacia la amada.
Y dice algo así como que a mayor amor tierno hacia el objeto, más se opone al deseo sexual.
En este tipo de enamoramiento es donde vemos esa sobreestimación del objeto de amor, que carece de defectos, que es superior a cualquier otra persona. Y Freud dice que esto tiene que ver con la Idealización.
Es que, dice Freud, en el enamoramiento influye la idealización, un proceso por el cual, valga la redundancia, idealizamos al objeto. Y es así que éste aparece sobreestimado, sobrevalorado.


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