La emociones y el sobrepeso

Muchos se obsesionan con las dietas y las prueban todas con poco éxito; no saben que el sobrepeso no es solamente una cuestión de calorías ni de voluntad, sino que también se trata de un problema psicológico.
La obesidad actualmente es una pandemia; según la Organización Mundial de la Salud (OMS) preocupa a más de mil millones de personas en todo el mundo.
Cerca de dos millones y medio de habitantes del planeta fallece debido a una enfermedad relacionada con la obesidad y hay más de cuarenta y cinco millones de chicos de menos de cinco años que tienen sobrepeso.
Bajar de peso es fácil, lo difícil es mantenerse, porque la mayoría se entusiasma con la dieta hasta lograr el peso deseado, pero al poco tiempo vuelve a los mismos hábitos y recupera los kilos perdidos.


El cuerpo tiene un mecanismo natural para mantener el mismo peso, aunque se cambie la alimentación y se haga una dieta; tratando de consumir menos energía y apelando a sus reservas, por eso a veces, a pesar de los esfuerzos y de las privaciones, no se puede bajar de peso.
La doctora en clínica médica Sofía Garay, del Hospital Rivadavia y del Centro de Estética de la Dra. Sciales, dice al respecto, que existen factores que explican la gran cantidad de gente con sobrepeso, como por ejemplo:
-la publicidad, que induce a ingerir alimentos ricos en grasas o azúcares;
-el aumento del tamaño de las porciones,
-el hábito de comer hasta sentirnos llenos y no solamente lo que necesitamos;
-las conductas automáticas, que nos hacen comer sin tener conciencia de qué es lo que nos llevamos a la boca;
-picar todo el día entre horas o saltearse comidas por mucho tiempo.
La doctora Garay afirma que hay mucha gente que come cuando tiene ansiedad o necesita calmar sus emociones y no porque tenga hambre; porque es común que después de un día agitado, con muchos problemas para resolver, la gente sienta la necesidad de comer hidratos de carbono, que son los que estimulan la serotonina (que es la hormona del placer), con lo que se logra una sensación de satisfacción y bienestar.
La combinación de azúcar, sal y grasa es adictiva y la industria trata de satisfacer esta necesidad vendiendo productos que contengan estos ingredientes aunque engorden o puedan provocar problemas de salud a largo plazo.
Cambiar de hábitos no es fácil porque requiere comprometerse con uno mismo y tener la perseverancia de cumplir ese compromiso de por vida, ya que si esos hábitos se vuelven a repetir también se volverá a aumentar de peso.
Un cambio de hábitos también exige un cambio en el estilo de vida, porque es sabido que la falta de movimiento y la vida sedentaria favorecen el sobrepeso.
Elegir una vajilla más pequeña para servirse la comida, también es un recurso eficaz a la hora de bajar de peso; porque por ejemplo, un plato cinco centímetros menor de diámetro equivale a 22% menos de calorías por comida y permite bajar hasta ocho kilos más de peso por año.
Dieta y terapia deberían ir de la mano para ayudar a mantener constante el interés por el objetivo y lograr cambiar los patrones de comportamiento que llevan a engordar.
Existen algunas estrategias que ayudan a comer de una manera más racional y sana; por ejemplo:
-    En lugar de buscar comida, hacer otra cosa que sea igualmente placentera.
-    No comprar más comida de la necesaria
-    Comer con conciencia y no en forma automática
-    Evitar las tentaciones
-    Colocar en los lugares visibles de la heladera los alimentos dietéticos.
-    No comer rápido
-    Masticar mucho
-    Dejar algo siempre en el plato como señal de dominio sobre la comida.
-    Nunca servirse dos veces
-    Comer sentado
-    No picotear
-    Tomar mucho líquido
-    Concentrarse en la comida y no hacer otra cosa al mismo tiempo
Lo ideal es dejar de actuar y de pensar como suelen hacerlo las personas obesas y comenzar a pensar y comportarse como lo hacen los flacos.

Fuente: “Psicología positiva”; No.23; “Cuestión de peso”; Dra. Sofía Garay, Instituto Inepa; “Dime como comes y te diré por qué no bajas”; equipo de la clínica del Dr. Cormillot.

El amor para crecer en pareja: OSHO

Las parejas que fracasan es muy probable que no se hayan comunicado adecuadamente. Esperan que el otro entienda cómo se sienten sin decirles nada, adivinándoles el pensamiento.
En una pareja hay que hablar claro, porque solamente de esta manera se pueden resolver los problemas; decirlo todo, sin miedo y sin inhibiciones de ningún tipo.
Hablando se pueden llegar a comprender y a darse cuenta que a veces las personas necesitan espacio.
El amor sólo tiene larga vida si existe comprensión, de otra manera no hay intimidad. Si hay comprensión, la relación se mantendrá siempre aunque decidan separarse y vivir cada uno por su lado.
Cuando están enamoradas las personas se sienten positivas, pero poco a poco comienzan a surgir las energías negativas , mientras las positivas se van agotando.


Todo lo negativo que surge en nosotros nos concierne, pero tendemos a proyectarlo en el otro; por eso es importante darse cuenta y liberar lo negativo estando solo y no volcarlo en la otra persona. Si es necesario se puede gritar, llorar, golpear las paredes, pero sin involucrar a otro.
Estar lo más consciente posible en una relación elimina todo lo negativo, porque estar alerta hace que la pareja esté positiva y que puedan tolerarse mutuamente.
Luego, en un segundo momento, se puede jugar en pareja a estar negativos ambos y decir todo lo que desean, será como una terapia, porque después desaparecerá toda negatividad y ambos volverán a estar en positivo.
Por último, cuando ya hayan dominado la negatividad, podrán darse el lujo de actuar libremente y ser espontáneos, porque ya no habrá peligro de dañar la relación o de afectarse mutuamente.
Decir las cosas que molestan no significa acusar al otro de un determinado comportamiento; se trata de señalar cómo se sienten; porque no es lo mismo decir “me insultaste” que “me sentí insultado”.
Es importante deshacerse de los viejos patrones de relación utilizados con otras parejas en el pasado. Es bueno escribirlos con todo detalle y registrarlos en la memoria para no repetirlos; se sorprenderán de cómo estuvieron saboteando esa relación todo el tiempo.
El amor es maravilloso cuando se vive en forma consciente pero si se cometen los mismos errores del pasado, puede ser un infierno.
En el amor siempre falta algo, porque no es un objeto, es un proceso dinámico que fluye y cambia. Si sientes que te falta algo, es normal, porque te obliga a cambiar, a hacer algo. El amor verdadero nunca está satisfecho, porque necesita movimiento; pero es maravilloso porque siempre está vivo.
Esperar que dos personas diferentes se adecúen a la perfección es ser ingenuo, si es eso lo que esperan sentirán mucha frustración porque siempre habrá algo entre dos personas que desentona, pero eso es mejor, porque si todo anduviera demasiado sobre rieles, la relación se estancaría.
Desear estar de pleno acuerdo sin tener ningún roce es lo que todos queremos y eso está bien, pero hay que estar preparado si eso no lo conseguimos, para evitar la frustración después.
El perfecto ajuste entre dos personas que se aman ocurre apenas en un instante, cuando menos lo esperan, no es algo buscado que se puede conseguir, es como un don o una gracia.
Cuando el amor es profundo, el calor de antaño se vuelve templado, no hacer el amor producirá la sensación de que falta algo, porque las personas se acostumbran a sentir pasión y excitación; y hacer el amor parecerá estúpido.
Hay que entender la tibieza que va surgiendo con los años y entonces el tipo de amor será diferente, pura conciencia, espíritu de oración, espíritu meditativo.
El calor de antaño estaba en la periferia, puro ego, y es bueno que haya desaparecido y también es bueno poder quererse, abrazarse, cuidarse y vivir la profundidad del amor, desde el centro. El éxtasis no proviene sólo de la pasión sino también de la honestidad.
El sexo no debería ser el objetivo del amor, el sexo debería surgir como parte del amor.
El amor sólo es posible cuando hay libertad para ser uno mismo.

Fuente: “Aprender a amar”; Osho.

Ceguera psicologica

Hay un texto de Freud de 1910, llamado “La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis”.
Digamos que más allá de la risa que puede provocar este personaje, portando ese síntoma de ceguera, lo que se ve en la clínica freudiana especialmente (de la que sabemos por las publicaciones de los casos de Histeria), se sufre de eso; no es un invento del guionista de la serie televisiva en cuestión.


Es en todo caso, un invento de la histeria. No digo “una mentira de la histérica”, una farsa. Digo, me refiero a que es, en todo caso, una invención del sujeto histérico.
Hay que recordar que justamente el psicoanálisis nace de la convocatoria de estas enfermas a que se les de un saber sobre lo que les ocurría. Freud, como les dije en algún momento, les creyó.
Este texto del que les hablaré es una contribución que Freud hiciera para una revista que hacía un homenaje a un oftalmólogo amigo suyo.
Si bien, en una carta a Fliess, Freud dice que es algo que no tiene mucha importancia, es la primera vez que él acuña el concepto de “pulsiones yoicas”, homologándolas a las “pulsiones de autoconservación”, teniendo así un papel primordial en la “operación de represión”.
En este texto Freud recuerda lo que la escuela Francesa de psiquiatría sostenía sobre la causa de las “cegueras histéricas” (perturbación psicógena de la visión). Y decide demostrar el efecto del método psicoanalítico sobre tal afección.
Mediante la hipnosis, método que en su momento ensayó Freud y luego abandonó (por su ineficacia para sus fines) se podía producir esa representación de estar ciega. Aún así, confirma Freud, esto también se podía producir por “autosugestión”; es decir, no hacía falta el hipnotizador. Pero en los dos casos se podía comprobar también que tal representación tiene tal intensidad que es real. Y la asimila a la alucinación histérica y a las parálisis, entre otras afecciones histéricas.
Aquí mismo Freud dice que no se puede entender tales fenómenos sin apelar al concepto de inconsciente.
Freud considera en este texto que ese síntoma tiene que ver con que hay representaciones inconscientes anundadas a esa representación conciente de “no ver”.
Y que el psicoanálisis verifica que esas representaciones que encierran cierto placer (inconscientes) entraron en conflicto con otras más fuertes (las yoicas) y por eso se reprimieron.
Es decir, el síntoma aparece como resultado de un conflicto entre pulsiones.
Con Lacan, podemos decir que el cuerpo de la histeria, el cuerpo histérico, es lo que mejor verifica y denuncia el desajuste entre las palabras (el lenguaje) y el cuerpo. Entre lo que es el cuerpo que le devuelve el espejo, y lo específicamente orgánico.
Esa fragmentación, ese desconocimiento del cuerpo del que tenemos nota por los relatos de pacientes, es notable -aunque también es posible verificarlo en la cotidianeidad de comentarios tales como “no me reconozco”, etc.
Esa “complacencia somática” de la que hablará Freud, Lacan la retoma como un “rechazo del cuerpo”.
En la ceguera histérica, síntoma que nos ocupa hoy, el cuerpo se disputa entre la autoconservación (las pulsiones del yo) y un goce pulsional fragmentado.
Y hay así un órgano que funciona emancipadamente. En este caso, la visión.


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La Mudanza

Una mudanza puede generar un alto nivel de estrés, porque más allá de los avatares que ocasiona el hecho de tener de desarmar una casa y armarla en otro lado, es una situación de cambio, de desprendimiento y de temor a la incertidumbre que crea un nuevo comienzo en otro lugar.
A veces mudarse es necesario, porque la familia crece o mejoran las condiciones de vida, o porque existe una oportunidad de trabajo que exige un traslado, o bien porque hay que achicarse porque el dinero no alcanza.
El estrés no comienza en la mudanza sino mucho antes, ni bien se vislumbra la posibilidad de tener que mudarse a otro lado y comienzan a aparecer los miedos, miedo al cambio, a lo desconocido, a equivocarse, a estar peor que antes.
Para los que se dedican a investigar las causas del estrés, las mudanzas se encuentran en tercer lugar después del duelo o de un despido, porque deja a la persona agotada físicamente y emocionalmente perturbada.


En estas circunstancias, lo mejor es tratar de enfocarse con entusiasmo a la tarea, mantener el equilibrio y la armonía familiar, intentar hacer placentero el traslado y organizarse con tiempo, conservando el optimismo y teniendo una actitud positiva.
Los cambios, aunque sean difíciles y dolorosos, nos ayudan a crecer, y un cambio de domicilio particularmente puede motivarnos a cambiar nuestro estilo de vida, a renovarnos, a mejorar las relaciones, a salir de la rutina y a abandonar antiguos e indeseables hábitos.
Visualizarse en el nuevo lugar de residencia en óptimas condiciones, con todo arreglado y sintiéndose muy satisfecho, puede ayudarnos a relajarnos y vivir esa situación con menos estrés.
Una mudanza nos permite deshacernos de lo que ya no nos sirve, que no pudimos tirar y la oportunidad de empezar de nuevo y de atreverse a ser diferente.
Para reducir el estrés es conveniente solicitar a la empresa de mudanzas el envío de los canastos con anticipación para ir embalando con tiempo, las cosas que no se van a usar.
Es un buen momento para pedir ayuda, tanto a familiares como a amigos, que seguramente desearán hacerlo e incluso hará que el trabajo sea más rápido y divertido.
Es mejor despejar el área de niños y de mascotas y que la tarea la desarrollen solamente los adultos y estar dispuestos a enfrentar imprevistos sin ponerse nerviosos, porque es difícil pretender controlar todo.
Es necesario aceptar que durante un tiempo habrá desorden, que será difícil encontrar algo, que se perderán cosas, que se sentirán extraños en su propia casa, que el supermercado queda más lejos de lo que imaginaban, que no hay lavaderos cerca, que el colegio cercano no tiene vacantes, que la nueva casa parecía más grande, que no les entran los muebles o que no tendrán gas durante quince días.
Es práctico hacer una valija con lo indispensable para no tener que estar desarmando canastos para encontrar algo.
Lo peor en estos casos es pretender tener todo bajo control, porque eso es imposible, ya que en una mudanza hay que depender de muchas personas, no solo para el traslado de los muebles sino también para realizar las adaptaciones necesarias en el nuevo domicilio para hacerlo habitable.
Lo mejor es entregarse, dejarse llevar, no oponer resistencia a las adversidades aceptando lo inevitable y no dándole importancia a los detalles, para que esta experiencia sea productiva y deje un aprendizaje.


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Que es el enamoramiento

Él ya había iniciado este trabajo de esclarecer la vida amorosa de los sujetos. De eso tenemos constancia por sus trabajos –cuatro, a los que les he dedicado algunos posts- que fueron escritos antes, pero que fueron reunidos en sus escritos breves por Freud mismo, bajo el título “Contribuciones a la psicología del amor”.
Me referiré hoy a Freud y a su noción de enamoramiento que tenemos como referencia clásica en uno de sus textos posteriores al giro de los ‘20, Psicología de las Masas y análisis del Yo, precisamente en el año 1921.
En este texto, hay un apartado que Freud titula “Enamoramiento e hipnosis”, en el que comienza dando una idea de que el lenguaje, como en todos los casos, intenta darle un nombre a las relaciones de afecto que ocurren entre las personas; a los muy diversos tipos de vínculos afectivos que existen entre los seres humanos. El lenguaje llama “amor” a estas relaciones, pero Freud dice que existen varias escalas dentro de este mismo término.


Así, comienza con aquella variedad del amor que implica investir a un objeto sexual con el objetivo de satisfacerse sexualmente. Aquí está en juego la corriente sensual o amorosa de la que Freud ya nos había hablado en su teoría del desarrollo sexual (que vimos en posts anteriores). Pero, es evidente que cuando esas pulsiones sexuales se dirigen a satisfacerse sexualmente a partir de esa investidura de objeto, en tanto “necesidad”, una vez satisfecha esa necesidad, necesita nuevamente hacer ese rodeo por el objeto, aún sin necesitar “amar”.
Nos recuerda Freud su teoría de la libido: el niño, en la primera infancia inviste a sus objetos con esta corriente sensual que la represión luego sepulta, quedando presente como relación con los padres, una relación basada en la corriente tierna, que es la que perdura.
En la pubertad reaparecen esas mociones sexuales con intensidad, pero orientadas ahora sí a metas sexuales, y se dirigen a objetos que reemplazan de alguna manera, sustituyen a esos primeros objetos de amor.
Dice Freud que a veces sucede que las corrientes tierna y amorosa o erótica han quedado muy separadas (luego de haber operado la represión) y aparecen estos fenómenos de enaltecimiento, de veneración del objeto de amor. El amor cortés del que la literatura nos ofrece múltiples ejemplos. El hombre prendado a un objeto intocable, con el que no mantiene relaciones sexuales efectivas, digamos que no lo excita; y a la vez es muy potente sexualmente con otras mujeres a las que no ama, e incluso desprecia.
Pero, según Freud, la normalidad estaría dada por la capacidad del hombre de sintetizar ambas corrientes, amorosas y sensuales, hacia la amada.
Y dice algo así como que a mayor amor tierno hacia el objeto, más se opone al deseo sexual.
En este tipo de enamoramiento es donde vemos esa sobreestimación del objeto de amor, que carece de defectos, que es superior a cualquier otra persona. Y Freud dice que esto tiene que ver con la Idealización.
Es que, dice Freud, en el enamoramiento influye la idealización, un proceso por el cual, valga la redundancia, idealizamos al objeto. Y es así que éste aparece sobreestimado, sobrevalorado.


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Errores que terminan con el Amor

Es difícil renunciar a una ilusión, pero más difícil aún es desligarse de una relación peligrosa.

La vida y la experiencia nos enseñan que no se puede vivir de ilusiones y que hay que aprender a tomar decisiones más saludables.

La ilusión puede hacer que una persona se enamore sin tener en cuenta lo que le dice la razón; y lamentablemente esto es lo mismo que arrojarse al vacío sin red.

A algunas mujeres de pronto se enamoran, creen que les gusta alguien desesperadamente y en esas condiciones se entregan a él sin querer verlo como realmente es. No les importa que tome demasiado alcohol, que consuma drogas, que no trabaje, que sea inestable, que no tengan nada en común, que tengan objetivos distintos y también actitudes violentas.

Cada persona es responsable de su destino, porque aunque es probable que sus circunstancias ayuden a forjarlo, el resto, que es mucho, dependerá de sus decisiones.

Una vez que se comete un error, es difícil volver atrás y borrar todo lo que hicieron, porque se desencadena una serie de acontecimientos que no se pueden evitar pero que se podían haber previsto y que seguramente obligue a pagar un alto costo y haga sufrir a las personas que se aman.

Los costos de las ilusiones perdidas son altos, porque se ha perdido el tiempo y el tiempo es oro; luego, también provocan sufrimiento, depresión, desesperanza y desconfianza en cualquier otra posible relación, que aunque sea diferente va a ser el vínculo que pagará injustamente por la desilusión anterior.

Una relación compromete a una persona tal vez por mucho tiempo, porque si decide terminar con ella no será fácil si el otro no está de acuerdo; y es imposible hacer borrón y cuenta nueva sin pensar en las consecuencias.

Vemos todos los días que la crónica diaria está más nutrida de venganzas que se podían haber evitado, que de otros delitos. Esto nos revela que no se puede jugar con fuego, porque la crueldad de la gente cuando ha sido ofendida o rechazada puede no tener límites.

La baja autoestima hace creer a ciertas mujeres que no tienen opción, que tienen que aceptar al primero que se presenta sin demasiadas pretensiones, sin embargo, en esa elección puede estar en juego su propia vida.

Parecen no darse cuenta que no siempre a un armonioso cuerpo físico le corresponde un alma noble, y que precisamente esa condición puede predisponer a aprovecharse de esos atributos y jugar con las mujeres.

A veces son los hombres los que caen en las redes de una mujer que en un primer momento los apasiona pero que luego los desilusiona, cuando se vuelven posesivos y celosos y pretenden que no trabaje y que se quede encerrada en su casa.

Por esta razón, saber elegir es un don muy preciado, porque garantiza mayor estabilidad y bienestar duradero y porque además, aleja la desilusión y el dolor; y previene la desesperanza.

Muchas mujeres creen que pueden cambiar la forma de ser de un hombre y esa creencia es su mayor riesgo, porque nadie puede cambiar a otra persona, sólo se puede cambiar uno mismo; simplemente porque el cambio tiene que ser con convicción y nunca lo provoca algo externo, sino que tiene que venir desde adentro.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

Paz Interior

La paz interior es el triunfo sobre la mente inferior, sobre los deseos y los anhelos y depende de uno mismo Es inútil buscarla en las cosas o en cualquier fuente externa.

La paz interior es la liberación de toda perturbación, de la ansiedad, la violencia, el descontrol y la agitación. Es el fin de la lucha contra los otros y también contra uno mismo.

El que tiene paz interior está libre de conflictos, porque no se encuentra dividido y no necesita muletas ocasionales ni apoyos.

El hombre tiene el derecho de vivir en paz, porque ese es su estado natural, sin embargo, aunque todo el mundo desea la paz es difícil mantenerla.

Solamente los sabios, las personas bondadosas y los santos tienen el corazón en paz, porque han logrado controlar sus sentidos y su mente inferior.

Los enemigos de la paz son las emociones negativas como las pasiones, los celos, la envidia, el odio, el orgullo y el egoísmo; porque son los deseos mundanos los que producen inquietud y conflictos.

La paz interior no se puede comprar ni la puede lograr nada externo, puede ser la condición de un desposeído y una quimera para un rico.

Todo lo que nos rodea es efímero y cambia permanentemente, porque está condicionado por el tiempo, el espacio y la ley de causalidad. Es imposible tener seguridad plena en el afuera, que nos permita vivir en una paz duradera, solamente el silencio interior hace que cualquier dificultad que perturba nuestro equilibrio, desaparezca.

La paz permite el crecimiento y el desarrollo, y es el bien más preciado por todos que permite acceder a la dimensión espiritual; y solamente de la paz puede surgir la verdadera civilización.

La paz es el estado natural del hombre que permite el equilibrio interior, resuelve las dificultades y hace posible el crecimiento y el desarrollo.

La vanidad produce roces y peleas y arrastra al hombre a pretender reformar la sociedad sin haber empezado primero por estar en paz consigo mismo.

La paz del mundo no es un asunto externo, porque empieza en la interioridad de los individuos y no con armamentos cada vez más sofisticados que amenazan la vida en la tierra.

Si el individuo se reforma a sí mismo la sociedad se reforma por sí sola; y esta es la única garantía de paz absoluta en forma definitiva.

Para tener paz interior hay que perdonar, porque el perdón libera de la más pesada de las cargas y proporciona libertad auténtica.

El perdón es un proceso interno que nos libera del pasado y nos permite evolucionar.

El perdón es salud, autorrealización y crecimiento interior; termina con el miedo, el odio y el sufrimiento y le abre el camino al amor, que es una energía firme, serena y compasiva que hace surgir las mejores posibilidades, capacidades y recursos.

Sólo el que tiene paz interior puede ser bondadoso, porque no tiene que defender ningún interés egoísta y está libre de las ilusiones de su entorno.

Fuente: Centro Internacional de Yoga Sivananda Vedanta

Pensamientos que reducen tu Autoestima

Quererse a uno mismo es lo que permite amar a los demás, relacionarse mejor y triunfar en la propia vida, por eso es tan importante elevar el nivel de autoestima.

La autoestima es el reconocimiento del valor de sí mismo, es estar conforme con el propio esquema corporal, con la identidad, con la conducta, con las relaciones y con el trabajo que se ha elegido; es haber aprendido a respetar el propio lugar, las necesidades, los sentimientos y las propias emociones; es tener el coraje de seguir las inclinaciones y la vocación personal; es saber que lo que se ha llegado a ser ha sido ganado con fuerza de voluntad y esfuerzo; es tener proyectos y confiar en sí mismo; es saber perdonarse los errores y tener esperanza; es estar orgulloso de la persona que se es.

Pero existen pensamientos que pueden acosar a una persona y bajar su autoestima, como las ideas fijas que resultan inadecuadas. Esas ideas son aprendidas y condicionan su creatividad y su conducta; son un obstáculo para los cambios, la convencen de que es no es buena para algunas cosas y bloquean las oportunidades que se le presentan.

Cuando una idea está muy estructurada en el pensamiento y uno se da cuenta que lo limita, es necesario salir de ese condicionamiento abandonando el temor a cometer errores y al fracaso y además no pretender ser perfecto.

El perfeccionismo hace que los proyectos no se cumplan y por otro lado es una meta que es imposible cumplir porque no hay nadie que sea perfecto.

No es la perfección lo que permite realizarse como persona, sino la creatividad personal que es única.

Tampoco son sólo los resultados los que producen satisfacción, sino todo el proceso, la experiencia que se adquiere, lo que se aprende, lo que se puede expresar con el propio obrar.

Tener complejo de inferioridad es tener baja autoestima, es cometer el error de pensar que siempre serán los otros los mejores y que nunca los podrá superar porque cree que la vida es siempre una competencia con los demás.

Se puede ser diferente y único pero nunca compararse con los demás, porque los otros también son únicos y distintos. Solamente se puede hacer una comparación con el propio potencial, quién se es ahora y quién se podría ser.

Por esta razón resulta fundamental conocerse, aceptarse, comprenderse y ser bueno y compasivo con uno mismo.

Los sentimientos de culpa también bajan la autoestima y surgen cuando se actúa sin responsabilidad, pero estos sentimientos son inútiles si se continúa actuando en forma irresponsable, porque no hay juez más severo que uno mismo.

La autoestima no proviene de lo que dicen o piensan los demás, sino que es el propio auto concepto, la genuina sensación interna de estar intentando ser la mejor persona que se puede ser.

Las elecciones que cada uno hace revelan cómo se valora como persona. Si se elige no asumir riesgos, apostar a lo seguro, hacer lo que hace la mayoría, es porque se pretende ser perfecto y no se tiene confianza en sí mismo, en las propias cualidades ni en el potencial.

La depresión, la ira, el resentimiento y el rencor, son también elementos que disminuyen la autoestima, porque son emociones que no permiten avanzar y mantienen al individuo en el pasado, y el pasado no se puede cambiar.

Cada uno es responsable de su propia vida y no puede adjudicarle al destino las experiencias que le tocan vivir, porque el problema no es lo que sucede sino qué hace la persona con lo que le pasa.

Sentirse víctima es la mejor excusa para no intentar nada.

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Como manejar el Enojo

Estar enojado es lo habitual en las personas de carácter colérico, que son hipersensibles a la crítica, y que están en permanente oposición al curso natural de los hechos.

Estas personas tienen dificultades para adaptarse, no pueden renunciar a que las situaciones y las personas sean como son y pretenden cambiarlo todo.

Su actitud es de permanente lucha y siempre están dispuestas al ataque, están tensas, amargadas, tristes, pueden sufrir de distintas dolencias crónicas y por lo general viven frustradas por defender utopías inalcanzables.

El enojo también es una forma de manipular, cuando las personas que las rodean no hacen lo que ellas dicen o las contrarían en algo.

Estar enojado produce alteraciones en el funcionamiento del cuerpo; eleva la tensión arterial, el índice de cortisol en sangre y los radicales libres, que son los responsables del deterioro de los órganos y del envejecimiento.

El que se enoja está manifestando su desagrado, su incomodidad y su intención de dominar a las personas y a las situaciones.

Cada estallido de cólera desencadena un proceso en el cuerpo que puede producir serios trastornos de salud, inclusive ataques cerebro vasculares e infartos.

El carácter colérico es típico de la personalidad tipo A, que son las competitivas, las que desean destacarse, las hiperactivas, las que viven en forma acelerada, atropellan y no pueden disfrutar de cada momento.

Sus relaciones están basadas en el temor no en el afecto, o sea en el miedo a que se enojen y hagan un escándalo.

Existen técnicas psicológicas para revertir el hábito de tener reacciones iracundas y aprender a ser más tolerante, accesible y paciente; pero también hay que tener en cuenta que la base de la personalidad iracunda es orgánica, o sea forma parte del temperamento básico que por lo general se caracteriza por tener un nivel demasiado bajo de percepción de los estímulos y por un alto grado de irritabilidad y de sensibilidad.

Son personas que no pueden controlar sus emociones y descargan el cien por ciento de su bronca cuando sienten que las situaciones o las conductas de las personas los superan, cuando no se ajustan a sus expectativas.

Enojarse es posible y también saludable, cuando se puede controlar y no se convierte en una catarata de reacciones con el objetivo de hacer justicia.

La clave es el control, hasta qué punto me tengo que enojar sin que mi cuerpo sufra perturbación alguna y la situación se adueñe de mí y pueda malograr mi equilibrio.

Cuando nos enojamos la sangre fluye al rostro, el corazón late más aprisa, nos agitamos, la respiración se acelera y podemos sentir taquicardia o arritmias cardiacas. Todas estas manifestaciones físicas las podemos detectar sin mayor esfuerzo desde el primer momento, de modo que ni bien comenzamos a sentir los efectos del enojo hay que intentar detener este proceso, reflexionar y darse cuenta hasta qué punto ese gran enojo, que puede llegar a matar a una persona, realmente vale la pena.

De esa forma podremos comprobar que la mayoría de las veces, enojarse no es ninguna solución, al contrario, el enojo complejiza los problemas y crea otros aún peores.

Tomar las cosas con serenidad y tener la fortaleza de pensar antes de actuar para poder darle el valor que merece cada experiencia, es una actitud que se puede aprender rápidamente: siendo capaz de responder una sola vez en forma diferente y tener la oportunidad de ver los resultados.

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Inseguridad en la personalidad

La seguridad no existe, sin embargo una personalidad firme, capaz de enfrentar los desafíos de la vida, exige seguridad en las propias convicciones.

La inseguridad la transmiten los padres inseguros y miedosos, que tienen la idea de que el mundo es un lugar peligroso y de que la vida es ante todo sufrimiento.

La falta de confianza en sí mismo puede malograr el desarrollo, impedir las relaciones y el logro de los objetivos. Pero lo importante es que se puede cambiar y aprender a sentirse más seguro.

La causa de la inseguridad son los prejuicios, o sea los propios pensamientos que hacen creer que no se cuenta con la suficiente capacidad para hacer lo que se desea; y son estas creencias las que le dan forma al auto concepto, o sea la imagen desvalorizada de sí mismos que no les permite avanzar ni vincularse afectivamente.

Tener confianza en sí mismo significa tomar decisiones basadas en la propia convicción, sin temor a equivocarse; y no necesitar la opinión de otro para hacerlo.

Madres que crían con mucho amor a sus hijos, pero que bajo su sombra, los convierten en personas adultas dependientes e inseguras, con ninguna confianza en sí mismas, se aseguran que sus hijos la necesitarán siempre, que le pedirán su opinión para todo, para elegir su vocación, un trabajo, una amiga, una pareja y hasta para saber qué se ponen.

De esta manera, los hijos aprenden a no confiar en su propio criterio, a no poder elegir nada por sí solos, a no saber qué hacer sin la aprobación de sus madres.

Se crece con la convicción de que los propios pensamientos no sirven para nada, que las ideas acertadas son de otros y que mejor no tomar decisiones sin pedir otra opinión.

El amor desmedido y la sobreprotección pueden ser la causa más importante para la formación de un carácter débil que hace que la persona no esté dispuesta a arriesgarse ni asumir ningún desafío por sí sola.

Los hijos tienen que enfrentar sus propios problemas y aprender a tomar sus propias decisiones, empezando con las más pequeñas, desde que son chicos, hasta las más grandes cuando ya son adultos.

Los niños muy criticados también son muy inseguros y tienen un miedo exagerado a cometer errores. Toda decisión implica llegar a equivocarse, pero el error es una oportunidad de aprendizaje, genera la necesidad de probarse a sí mismo mismo y otorga el coraje de volver a intentarlo y de no abandonar el objetivo.

La responsabilidad no recae totalmente en los padres sobreprotectores, sino también en el hijo, porque todo padre que sobreprotege, necesita un hijo que se deje sobreproteger y que no reaccione cuando le limitan su independencia.

Llega la hora que es necesario que cada uno logre diferenciarse de sus padres, diga sus opiniones, insista en su posición y la defienda con firmeza, sin agresiones ni violencia, pero con seguridad y confianza en sí mismo; porque todos tienen el derecho a equivocarse, de cometer errores, de ser escuchados y comprendidos.

Más grave aún que tener padres sobreprotectores, es tener padres indiferentes o abandónicos, que son aquellos que están ausentes o siempre ocupados y no tienen nunca tiempo para hablar con sus hijos.

El abandono psicológico causa serios problemas de comportamiento y trastornos de personalidad, la persona crece insegura y puede llegar a creer que no merece ser querida, ni escuchada ni cuidada, que sus necesidades no importan y que todo lo que dice no vale nada.

La condición social de marginación social también produce baja autoestima y sentimientos de desvalorización e inseguridad, son personas que tienen dificultades para relacionarse socialmente, no tienen iniciativa, temen hablar y participar en un grupo y se avergüenzan de su forma de ser. De esta manera, vuelven a recrear en el grupo, la relación que tenían en el hogar, convirtiéndose en el blanco de las críticas y las burlas, alimentadas por su condición pasiva que los hace vulnerables a los ataques de sus pares.

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