Fobia y pánico son algunos de los trastornos que afectan a un número cada vez mayor de personas (muchas de las cuales desconocen que lo padecen). La fobia es un miedo irracional, desmedido y desproporcionado a un objeto u situación, en cambio el pánico es una crisis de ansiedad "espontánea", (al menos la primera) sin relación aparente con algún objeto u situación. La base y el sustento emocional de ambas son el miedo, pero se trata de un miedo irracional.
Miedo es una emoción normal, que nos permite preparar todo nuestro sistema de defensa para dos mecanismos instintivos: la lucha y la huida. Ambas nos mantienen vivos, ya que nos preparan permanentemente frente al peligro.
Según informa Gustavo Bustamante, dr. en Psicología y Director Gral. de la Fundación Fobia Club, las causas para desarrollar un Trastorno de ansiedad son una sumatoria de factores. Predisposición Biológica + Factores de Desarrollo + Grupo Familiar + Integración en Grupos (colegio, etc.) + Medio Ambiente. Al igual que todos los trastornos mentales, estos son policausales.
Entre los síntomas encontramos palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca; sudoración; temblores o sacudidas; sensación de ahogo o falta de aliento; sensación de atragantarse; opresión o malestar torácico; náuseas o molestias abdominales; inestabilidad, mareo o desmayo; desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo); miedo a perder el control o volverse loco; miedo a morir; parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo); y escalofríos o sofocaciones.
Mujeres engañadas..Cómo superar la infidelidad y recuperar la confianza
Saberse traicionada es una experiencia difícil de afrontar y superar. Pero este trance tiene salida y es posible volver a confiar en la pareja. Un arrepentimiento sincero de él, la capacidad de perdonar de ella y una relación estable basada en el amor son esenciales para seguir juntos, incluso mejor que antes. Si aún así no puedes con el engaño, la terapia de pareja es una alternativa confiable.
Quienes han sido víctimas de una infidelidad, en el contexto del matrimonio o de una relación estable, bien saben la magnitud del dolor y la desilusión. Pareciera que el mundo se viene abajo, que el amor que se construyó nunca será el mismo y que incluso no tiene sentido seguir adelante.
Incluso para algunos es una suerte de duelo, pues aunque nadie ha muerto se perdió la confianza y para muchos esa pérdida es irreparable. En ese contexto, según la psicología del Duelo, es legítimo y necesario vivir el dolor, afrontar la pérdida y recién entonces reinventar la relación quebrada, si aún hay amor y capacidad de perdón en ambas partes.
Según el destacado psicólogo doctor Giorgio Agostini, la infidelidad es uno de los motivos más frecuente de parejas que piden ayuda en su consulta. Mujeres desilusionadas y hombres arrepentidos de su traición llegan a una terapia psicológica dispuestos a sortear ese trance y reconstruir la relación.
“Este quiebre en las parejas producto de la infidelidad es un motivo de consulta muy frecuente. Incluso es un problema en alza, debido entre otras cosas a la erotización creciente que se manifiesta a través de los medios de comunicación y la publicidad. También influye la mayor incorporación de la mujer al trabajo, lo que le abre instancias a ellas de conocer más gente y a ellos de tener más tentaciones en su ambiente laboral como para ser infieles��?, afirma el doctor Agostini, especialista clínico en terapias de pareja.
El destacado psicólogo y sociólogo asegura que en su gran mayoría las infidelidades son superables y que incluso son una crisis ante la cual la pareja puede salir fortalecida. Pero para que lo anterior ocurra, según el psicólogo, es indispensable que anterior al acto de infidelidad la pareja o matrimonio haya mantenido un vínculo estable y profundo, capaz de enfrentar un problema de esta magnitud. “Si hay una relación vincular basada en el compromiso y en un amor profundo las infidelidades son superables, en más de un noventa por ciento de los casos, con o sin apoyo de terapia de pareja��?, afirma el destacado especialista.
Responsabilidades compartidas
Otro aspecto importante para restablecer la relación y la confianza es que la mujer asuma que ella también tiene su cuota de responsabilidad. “La mujer engañada debe ser capaz de preguntarse ‘Que hice mal o que no hice para que me él me haya sido infiel, cuál es mi grado de responsabilidad en esta infidelidad’. Es un paso necesario para salvar la relación, porque si bien el infiel tiene un grado de responsabilidad muy importante la engañada también tiene parte en este asunto��?, sostiene el psicólogo Giorgio Agostini.
Tener una relación estable y asumir un reconocimiento mutuo de sus responsabilidades ante el quiebre son esenciales para iniciar una terapia de pareja, tendiente a superar la infidelidad.
Dentro del apoyo psicológico recibido y de la propia comunicación de la pareja debe haber un espacio para que ambos emitan sus descargos, en especial para quien ha sido víctima de la infidelidad. El dolor deber exteriorizarse, sacar afuera toda la desilusión y no guardarse la angustia. En el caso del infiel éste debe asumir su responsabilidad, mostrar en hechos y palabras un arrepentimiento verdadero.
El psicólogo Giorgio Agostini advierte lo dañino de posibles malos consejos dados a la mujer, provenientes por lo general de amigas separadas que fueron víctimas de la infidelidad y no tuvieron la capacidad de superarla. “Hay mujeres malas consejeras, que transmiten su incapacidad de perdonar diciéndoles a la amiga que sufre una infidelidad ‘No, ni se te ocurra perdonarlo’. Es una desorientación que no aporta nada y que deben desatenderse��?, aconseja el doctor Agostini.
El destacado especialista sugiere primero conversar el tema con otra parejas amigas de confianza, que sean maduras y con un vínculo estable, además de la propia comunicación para superar el quiebre. “Si luego de ambas instancias no son capaces de salir airosos y recomponer la relación, entonces pueden encontrar una buena alternativa en la consulta de un psicólogo especialista en terapia de pareja��?, comenta el psicólogo y sociólogo.
Recuperar la confianza
Para que la víctima de la infidelidad recupere la confianza perdida es imperioso un cambio de actitud de su pareja. “El cambio de actitud de él le devolverá la seguridad a su mujer. Este cambio tiene que ver con que el hombre vaya con la verdad por delante, que asuma su responsabilidad y que le de señales claras a su mujer que quiere enmendar el rumbo y no ser más infiel��?, dice Agostini.
“Para este fin son necesarias y oportunas señales de transparencia y honestidad, tales como una llamada para decirle a ella: ‘estoy en tal parte, me atrasé pero voy camino a casa’. Incluso el hombre debe tener la confianza de reconocer y decirle a su mujer si la ex amante lo ha vuelto a llamar o sugerir un regreso, esas son señales que la mujer valora y que le ayudan a volver a confiar.
Quienes han sido víctimas de una infidelidad, en el contexto del matrimonio o de una relación estable, bien saben la magnitud del dolor y la desilusión. Pareciera que el mundo se viene abajo, que el amor que se construyó nunca será el mismo y que incluso no tiene sentido seguir adelante.
Incluso para algunos es una suerte de duelo, pues aunque nadie ha muerto se perdió la confianza y para muchos esa pérdida es irreparable. En ese contexto, según la psicología del Duelo, es legítimo y necesario vivir el dolor, afrontar la pérdida y recién entonces reinventar la relación quebrada, si aún hay amor y capacidad de perdón en ambas partes.
Según el destacado psicólogo doctor Giorgio Agostini, la infidelidad es uno de los motivos más frecuente de parejas que piden ayuda en su consulta. Mujeres desilusionadas y hombres arrepentidos de su traición llegan a una terapia psicológica dispuestos a sortear ese trance y reconstruir la relación.
“Este quiebre en las parejas producto de la infidelidad es un motivo de consulta muy frecuente. Incluso es un problema en alza, debido entre otras cosas a la erotización creciente que se manifiesta a través de los medios de comunicación y la publicidad. También influye la mayor incorporación de la mujer al trabajo, lo que le abre instancias a ellas de conocer más gente y a ellos de tener más tentaciones en su ambiente laboral como para ser infieles��?, afirma el doctor Agostini, especialista clínico en terapias de pareja.
El destacado psicólogo y sociólogo asegura que en su gran mayoría las infidelidades son superables y que incluso son una crisis ante la cual la pareja puede salir fortalecida. Pero para que lo anterior ocurra, según el psicólogo, es indispensable que anterior al acto de infidelidad la pareja o matrimonio haya mantenido un vínculo estable y profundo, capaz de enfrentar un problema de esta magnitud. “Si hay una relación vincular basada en el compromiso y en un amor profundo las infidelidades son superables, en más de un noventa por ciento de los casos, con o sin apoyo de terapia de pareja��?, afirma el destacado especialista.
Responsabilidades compartidas
Otro aspecto importante para restablecer la relación y la confianza es que la mujer asuma que ella también tiene su cuota de responsabilidad. “La mujer engañada debe ser capaz de preguntarse ‘Que hice mal o que no hice para que me él me haya sido infiel, cuál es mi grado de responsabilidad en esta infidelidad’. Es un paso necesario para salvar la relación, porque si bien el infiel tiene un grado de responsabilidad muy importante la engañada también tiene parte en este asunto��?, sostiene el psicólogo Giorgio Agostini.
Tener una relación estable y asumir un reconocimiento mutuo de sus responsabilidades ante el quiebre son esenciales para iniciar una terapia de pareja, tendiente a superar la infidelidad.
Dentro del apoyo psicológico recibido y de la propia comunicación de la pareja debe haber un espacio para que ambos emitan sus descargos, en especial para quien ha sido víctima de la infidelidad. El dolor deber exteriorizarse, sacar afuera toda la desilusión y no guardarse la angustia. En el caso del infiel éste debe asumir su responsabilidad, mostrar en hechos y palabras un arrepentimiento verdadero.
El psicólogo Giorgio Agostini advierte lo dañino de posibles malos consejos dados a la mujer, provenientes por lo general de amigas separadas que fueron víctimas de la infidelidad y no tuvieron la capacidad de superarla. “Hay mujeres malas consejeras, que transmiten su incapacidad de perdonar diciéndoles a la amiga que sufre una infidelidad ‘No, ni se te ocurra perdonarlo’. Es una desorientación que no aporta nada y que deben desatenderse��?, aconseja el doctor Agostini.
El destacado especialista sugiere primero conversar el tema con otra parejas amigas de confianza, que sean maduras y con un vínculo estable, además de la propia comunicación para superar el quiebre. “Si luego de ambas instancias no son capaces de salir airosos y recomponer la relación, entonces pueden encontrar una buena alternativa en la consulta de un psicólogo especialista en terapia de pareja��?, comenta el psicólogo y sociólogo.
Recuperar la confianza
Para que la víctima de la infidelidad recupere la confianza perdida es imperioso un cambio de actitud de su pareja. “El cambio de actitud de él le devolverá la seguridad a su mujer. Este cambio tiene que ver con que el hombre vaya con la verdad por delante, que asuma su responsabilidad y que le de señales claras a su mujer que quiere enmendar el rumbo y no ser más infiel��?, dice Agostini.
“Para este fin son necesarias y oportunas señales de transparencia y honestidad, tales como una llamada para decirle a ella: ‘estoy en tal parte, me atrasé pero voy camino a casa’. Incluso el hombre debe tener la confianza de reconocer y decirle a su mujer si la ex amante lo ha vuelto a llamar o sugerir un regreso, esas son señales que la mujer valora y que le ayudan a volver a confiar.
El psicoanálisis, creencia y transferencia
Jacques Lacan nació en París, en 1901. Es sorprendente que en Francia, su tierra natal, Lacan no haya tenido el reconocimiento que sí tuvieron otros intelectuales; es más, siempre ha sido un personaje controvertido. No forma parte de la Academia Francesa a diferencia de Lévi-Strauss; no gustaba presentarse en la radio o en la televisión, y solamente tuvo un cargo en la universidad, el de un modesto encargado de curso en la Escuela Práctica de Altos Estudios, a mediados de los años ’60. Más precisamente cuando fundó su propia Institución, la Escuela Freudiana de París (EFP) en 1964.
Para la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) Lacan es anatema, un término que ilustra bien la condición de Lacan respecto de esa institución: un maldito, un hereje, un condenado, separado, desterrado, exiliado, por no respetar los cánones que esa institución consideraba que había que respetar a rajatabla, como era por ejemplo el tiempo de las sesiones…
Avisos Google
Podemos decir entonces que Lacan fue la prenda esencial de los grandes quiebres que sufrió la comunidad psicoanalítica en Francia, en 1953 y 1963.
Más allá de las muchas biografías -con mejores o peores intenciones que se han escrito sobre Lacan- me gusta decir , siguiendo a Miller, que Lacan fue un psicoanalista que se obligó a sí mismo a dar razón, cada semana, en público, de su práctica. Su discurso prácticamente recurre a la fe ciega, al principio de autoridad y al entusiasmo.
¿Qué quiero decir con esta “fe ciega”? Una creencia. Fundamentalmente una creencia en el inconsciente. Creencia que lleva a Lacan a retornar a los conceptos freudianos por excelencia, aquellos cimientos que dan cuenta de la existencia del determinismo inconsciente, de la causalidad propia del psicoanálisis, y que han permitido construir todo su edificio. Una causalidad retroactiva y sexual.
Así, hay en Lacan un retorno a Freud. La interpretación de los sueños, la psicopatología de la vida cotidiana, las agudezas de las que Freud mismo testimonia sobre sí mismo, sus equivocaciones y fallidos. Todo esto permite pensar que en el 1900 la teoría freudiana de los sueños abre completamente otra visión de lo que se pretende científico en ese momento. Por eso es que Freud fue un personaje revolucionario. A nadie en esa época se le podía pasar por la cabeza que existiera un “mensaje” por así decirlo, un mensaje que no sea del orden del oscurantismo, en los sueños por ejemplo. Que hablando de su infancia, bajo el método de la hipnosis, o de la imposición de manos o de la catarsis, alguien pudiera curarse de sus síntomas. Síntomas que en esa época, como en todas, tienen sus particularidades, síntomas que tomaban sus formas en una cultura y una época particular. ¿Quién podía pensaba que había un factor sexual en esos síntomas? Era perverso para la religión e irracional para los científicos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, aceptar o simplemente permitirse pensar científicamente esas teorías.
Pero ¿por qué voy a esto? Porque hablaba de creencia, Freud creía en que en esos síntomas se encerraba un sentido que escapaba a la ciencia de entonces; a la conciencia. Además de que les creía a las pacientes histéricas, creía en su sufrimiento. Y las hacía hablar, creyendo que en el discurso mismo de las pacientes, había un saber inconsciente.
En este sentido, podemos decir que el psicoanalista viene a veces a ocupar el lugar que antaño ocuparon los sacerdotes, los oráculos, los médicos. El lugar de Otro, ese que escribimos con mayúsculas. Ese Otro que es dueño de las misteriosas claves del saber que ha sido inevitablemente asociado a la magia, a la religión y a la ciencia, y que da una particular autoridad a quien lo confiere.
Pero el analista no se piensa científico, ni mago ni religioso, ni siquiera cree en la consistencia de las distintas figuras de ese Otro. Pero esto encierra una paradoja, ya que aunque no cree en el lugar que ocupa (no se la cree), el analista se sirve de la creencia para hacer presente en el dispositivo analítico mismo ese punto ficcional, ese motor de la experiencia psicoanalítica, que no es otra cosa que la transferencia.
Es decir, siempre advertido de que el saber que se produce en la experiencia analítica, en un tratamiento analítico, no surge del analista, de quien lleva adelante el tratamiento, sino que ese saber surge, en última instancia, del analizante, como un residuo, como un resto de su propio discurso.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/
Para la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) Lacan es anatema, un término que ilustra bien la condición de Lacan respecto de esa institución: un maldito, un hereje, un condenado, separado, desterrado, exiliado, por no respetar los cánones que esa institución consideraba que había que respetar a rajatabla, como era por ejemplo el tiempo de las sesiones…
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Podemos decir entonces que Lacan fue la prenda esencial de los grandes quiebres que sufrió la comunidad psicoanalítica en Francia, en 1953 y 1963.
Más allá de las muchas biografías -con mejores o peores intenciones que se han escrito sobre Lacan- me gusta decir , siguiendo a Miller, que Lacan fue un psicoanalista que se obligó a sí mismo a dar razón, cada semana, en público, de su práctica. Su discurso prácticamente recurre a la fe ciega, al principio de autoridad y al entusiasmo.
¿Qué quiero decir con esta “fe ciega”? Una creencia. Fundamentalmente una creencia en el inconsciente. Creencia que lleva a Lacan a retornar a los conceptos freudianos por excelencia, aquellos cimientos que dan cuenta de la existencia del determinismo inconsciente, de la causalidad propia del psicoanálisis, y que han permitido construir todo su edificio. Una causalidad retroactiva y sexual.
Así, hay en Lacan un retorno a Freud. La interpretación de los sueños, la psicopatología de la vida cotidiana, las agudezas de las que Freud mismo testimonia sobre sí mismo, sus equivocaciones y fallidos. Todo esto permite pensar que en el 1900 la teoría freudiana de los sueños abre completamente otra visión de lo que se pretende científico en ese momento. Por eso es que Freud fue un personaje revolucionario. A nadie en esa época se le podía pasar por la cabeza que existiera un “mensaje” por así decirlo, un mensaje que no sea del orden del oscurantismo, en los sueños por ejemplo. Que hablando de su infancia, bajo el método de la hipnosis, o de la imposición de manos o de la catarsis, alguien pudiera curarse de sus síntomas. Síntomas que en esa época, como en todas, tienen sus particularidades, síntomas que tomaban sus formas en una cultura y una época particular. ¿Quién podía pensaba que había un factor sexual en esos síntomas? Era perverso para la religión e irracional para los científicos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, aceptar o simplemente permitirse pensar científicamente esas teorías.
Pero ¿por qué voy a esto? Porque hablaba de creencia, Freud creía en que en esos síntomas se encerraba un sentido que escapaba a la ciencia de entonces; a la conciencia. Además de que les creía a las pacientes histéricas, creía en su sufrimiento. Y las hacía hablar, creyendo que en el discurso mismo de las pacientes, había un saber inconsciente.
En este sentido, podemos decir que el psicoanalista viene a veces a ocupar el lugar que antaño ocuparon los sacerdotes, los oráculos, los médicos. El lugar de Otro, ese que escribimos con mayúsculas. Ese Otro que es dueño de las misteriosas claves del saber que ha sido inevitablemente asociado a la magia, a la religión y a la ciencia, y que da una particular autoridad a quien lo confiere.
Pero el analista no se piensa científico, ni mago ni religioso, ni siquiera cree en la consistencia de las distintas figuras de ese Otro. Pero esto encierra una paradoja, ya que aunque no cree en el lugar que ocupa (no se la cree), el analista se sirve de la creencia para hacer presente en el dispositivo analítico mismo ese punto ficcional, ese motor de la experiencia psicoanalítica, que no es otra cosa que la transferencia.
Es decir, siempre advertido de que el saber que se produce en la experiencia analítica, en un tratamiento analítico, no surge del analista, de quien lleva adelante el tratamiento, sino que ese saber surge, en última instancia, del analizante, como un residuo, como un resto de su propio discurso.
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Actualidad y porvenir de la Terapia Psicoanalítica
Lacan desde el principio se apoyó en Freud para transmitir lo que luego conocemos como su enseñanza. Una enseñanza que nos advierte de que el psicoanálisis -si bien tiene, y debe tener efectos terapéuticos- no se reduce a una psicoterapia, sino que implica algo más.
En 1953 (en lo que conocemos como “Discurso de Roma”) Lacan presenta un proyecto de estatuto en la Internacional Psicoanalítica (IPA) que se apoyaba en el programa diseñado por Freud en el Congreso de Budapest, en 1918.
Me interesa transmitir esto aquí porque es notable la actualidad que tiene este programa. Y nos da un claro panorama de la fundamentación ética y política del estatuto que proponía Lacan en aquel entonces (frente a la propuesta que en aquel entonces proponía Sacha Nacht). Es ahí donde comienza la enseñanza de Lacan propiamente dicha; donde expuso los principales elementos de su sistema de pensamiento, derivado de la lingüística estructural y de diversas influencias filosóficas y científicas, llegando a su elaboración de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.
Avisos Google
Pero volvamos a Freud para revisar el contexto particular que tuvo la convocatoria del V Congreso Internacional de Psicoanálisis de 1918, en Budapest, siendo que aún no terminaba la Primer Guerra Mundial cuando se dio lugar tal acontecimiento. Ese trabajo es casi el continuador de otro que Freud mismo había presentado en Nuremberg en 1910.
Ese trabajo es un programa que trata de una política de consolidación y expansión a lo que atañe al desarrollo de la terapia analítica. Esta estrategia adoptada por Freud en un contexto tan singular de la historia, se basaba en la coacción de tres factores: el progreso interno; el aumento de autoridad; y el efecto general de la labor psicoanalítica tal como se venía desarrollando en aquel tiempo.
Dos aspectos se discernían dentro de lo que Freud llamó este primer factor de “progreso interno”: el progreso epistemológico, lo relativo a la teoría psicoanalítica; y por otro lado, el progreso de la técnica, el desarrollo de la técnica psicoanalítica.
Respecto a este último punto, es lo que me interesa retomar aquí por la cuestión clínica y por lo tanto ética que encierra: el progreso de la técnica psicoanalítica.
En el programa presentado por Freud, este era un aspecto que se centraba básicamente en la atención sobre la investigación, en el reconocer y clasificar las resistencias. Y el reconocer la contra-transferencia y la necesidad de que el anlaista tenga su propio análisis.
Otro aspecto del programa se refería a las modificaciones técnicas que debía hacer el analista teniendo en cuenta la patología particular de que se trate.
Es de tener en cuenta que en ese Congreso estaban presentes autoridades del Gobierno, militares y público en general. Algo no muy usual, por cierto. Ese Congreso fue congregado alrededor de un tema que causaba: las llamadas Neurosis de Guerra, y fue cerrado por una conferencia de Freud, muy preparada, al punto de que la lee detenidamente ante el público –algo que Freud nunca hacía, nunca leía sus trabajos.
Esta ponencia de Freud es un excelente y combativo texto (plasmado en “Los caminos de la terapia psicoanalítica”) en el que diagrama de alguna manera la situación de la técnica psicoanalítica en aquel entonces, y desarrolla a la vez una clara estrategia para que sea factible crear una “nueva terapia” que pueda estar a la altura de otras patologías psíquicas además de las clásicas histerias, obsesiones y fobias (patologías a las que se aplicaba la técnica analítica hasta entonces) Una nueva terapéutica que abarque las clases populares, ya que hasta entonces solo las clases altas podían afrontar económicamente tal tratamiento. Que se inscriba en los sistemas de salud públicos que contemplen la salud y la asistencia social.
Una práctica que imprima el psicoanálisis en la sociedad, como otra respuesta al malestar en la cultura.
Podemos decir: toda una política social. La implantación social del psicoanálisis.
En la actualidad, el psicoanálisis, la clínica psicoanalítica enfrenta nuevos desafíos; pero está más que claro que para no desviarse tratándose de adaptarse a la vertiginosidad de los tiempos que corren, hay que mantener los fundamentos éticos que rigen esta práctica
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
En 1953 (en lo que conocemos como “Discurso de Roma”) Lacan presenta un proyecto de estatuto en la Internacional Psicoanalítica (IPA) que se apoyaba en el programa diseñado por Freud en el Congreso de Budapest, en 1918.
Me interesa transmitir esto aquí porque es notable la actualidad que tiene este programa. Y nos da un claro panorama de la fundamentación ética y política del estatuto que proponía Lacan en aquel entonces (frente a la propuesta que en aquel entonces proponía Sacha Nacht). Es ahí donde comienza la enseñanza de Lacan propiamente dicha; donde expuso los principales elementos de su sistema de pensamiento, derivado de la lingüística estructural y de diversas influencias filosóficas y científicas, llegando a su elaboración de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.
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Pero volvamos a Freud para revisar el contexto particular que tuvo la convocatoria del V Congreso Internacional de Psicoanálisis de 1918, en Budapest, siendo que aún no terminaba la Primer Guerra Mundial cuando se dio lugar tal acontecimiento. Ese trabajo es casi el continuador de otro que Freud mismo había presentado en Nuremberg en 1910.
Ese trabajo es un programa que trata de una política de consolidación y expansión a lo que atañe al desarrollo de la terapia analítica. Esta estrategia adoptada por Freud en un contexto tan singular de la historia, se basaba en la coacción de tres factores: el progreso interno; el aumento de autoridad; y el efecto general de la labor psicoanalítica tal como se venía desarrollando en aquel tiempo.
Dos aspectos se discernían dentro de lo que Freud llamó este primer factor de “progreso interno”: el progreso epistemológico, lo relativo a la teoría psicoanalítica; y por otro lado, el progreso de la técnica, el desarrollo de la técnica psicoanalítica.
Respecto a este último punto, es lo que me interesa retomar aquí por la cuestión clínica y por lo tanto ética que encierra: el progreso de la técnica psicoanalítica.
En el programa presentado por Freud, este era un aspecto que se centraba básicamente en la atención sobre la investigación, en el reconocer y clasificar las resistencias. Y el reconocer la contra-transferencia y la necesidad de que el anlaista tenga su propio análisis.
Otro aspecto del programa se refería a las modificaciones técnicas que debía hacer el analista teniendo en cuenta la patología particular de que se trate.
Es de tener en cuenta que en ese Congreso estaban presentes autoridades del Gobierno, militares y público en general. Algo no muy usual, por cierto. Ese Congreso fue congregado alrededor de un tema que causaba: las llamadas Neurosis de Guerra, y fue cerrado por una conferencia de Freud, muy preparada, al punto de que la lee detenidamente ante el público –algo que Freud nunca hacía, nunca leía sus trabajos.
Esta ponencia de Freud es un excelente y combativo texto (plasmado en “Los caminos de la terapia psicoanalítica”) en el que diagrama de alguna manera la situación de la técnica psicoanalítica en aquel entonces, y desarrolla a la vez una clara estrategia para que sea factible crear una “nueva terapia” que pueda estar a la altura de otras patologías psíquicas además de las clásicas histerias, obsesiones y fobias (patologías a las que se aplicaba la técnica analítica hasta entonces) Una nueva terapéutica que abarque las clases populares, ya que hasta entonces solo las clases altas podían afrontar económicamente tal tratamiento. Que se inscriba en los sistemas de salud públicos que contemplen la salud y la asistencia social.
Una práctica que imprima el psicoanálisis en la sociedad, como otra respuesta al malestar en la cultura.
Podemos decir: toda una política social. La implantación social del psicoanálisis.
En la actualidad, el psicoanálisis, la clínica psicoanalítica enfrenta nuevos desafíos; pero está más que claro que para no desviarse tratándose de adaptarse a la vertiginosidad de los tiempos que corren, hay que mantener los fundamentos éticos que rigen esta práctica
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Resiliencia
Los seres humanos estamos diseñados para superar cualquier experiencia traumática, que inclusive puede servirnos para fortalecernos.
Conocer esta posibilidad que tenemos todos puede hacer la vida más llevadera y reducir el temor al futuro.
La vida es como un juego que exige a veces caminar por la cuerda floja tratando de hacer equilibrio para no caer a un abismo sin red, pero parece que todo se puede superar y que siempre se puede volver a empezar.
Hay innumerables experiencias humanas que nos enseñan la forma en que algunas personas siguieron adelante, después de haber sobrevivido catástrofes y de haberlo perdido todo. Estas personas pudieron seguir viviendo normalmente e inclusive lograron empezar una nueva vida.
Perder el trabajo de toda una vida, perder a un hijo, sufrir las consecuencias de una guerra, de un incendio, de una catástrofe natural, lo impensado, puede ocurrir en apenas unos minutos y cambiar una vida para siempre.
Avisos Google
Parece como si la vida nos obligara a tener el coraje de aceptar los hechos irremediables y a la vez nos impulsara a sobrevivir cada vez que ocurren.
Resiliencia significa etimológicamente rebotar, saltar para atrás, volver a saltar; y en el área de la física es la capacidad de algunos metales de recuperar su estructura después de una deformación.
Desde el punto de vista psicológico, la resiliencia es la capacidad de recuperarse después de una situación grave, que hace que una vida cambie.
Los golpes de la vida, cuando no nos destruyen, nos fortalecen y nos cambian; y en el mejor de los casos nos ayudan a madurar.
La mayoría se adapta a las situaciones de estrés, solamente la excepción se enferma.
La resiliencia es la cualidad humana que hace que podamos sacar ventaja de la adversidad, un proceso mental que nos permite enfrentar las experiencias negativas y aprovecharlas para crecer.
Cuando ocurre una contingencia grave muchos suelen reaccionar con inusitada fortaleza mostrando una gran resistencia al dolor y una capacidad psicológica que le permite salir indemne del trance.
Como estamos acostumbrados a recibir los peores impactos emocionales de la prensa amarilla, podemos tener una idea distorsionada sobre la capacidad humana para recuperarse de los traumas; sin embargo, la médica psiquiatra Daniela Bordalejo, afirma que la gente que sufre una pérdida generalmente no se deprime, debido a la gran capacidad que tiene todo ser humano de verle sentido a las tragedias.
La resiliencia no es la excepción sino la regla, sostiene la licenciada en psicología Mariana Gancedo, profesora de Psicología Positiva de la Universidad de Palermo. Aprendemos de la adversidad porque lo habitual no es enfermarse debido a un trauma sino seguir adelante.
El fenómeno de la resiliencia se produce en forma cotidiana porque es un recurso humano para superar las contrariedades diarias de la vida.
Emily Werner estudió hace treinta años a setecientos niños hawaianos que vivían en condiciones desfavorables; y luego de unos años comprobó que un tercio de esos niños, contra toda previsión, había logrado alcanzar una vida productiva y satisfactoria.
Hay mucha gente que puede trascender sus grandes limitaciones socioeconómicas, revertirlas y superarlas, pero estos son los casos que no son noticia y no salen en los diarios.
La resiliencia es un proceso dinámico que se produce como resultado de la situación del sujeto y la experiencia traumática que sufre; e incluye lo innato y lo adquirido.
Pero no siempre las personas responden de la misma forma, porque pueden recuperarse de ciertas experiencias y derrumbarse frente a otras. Además, una misma situación puede afectar en forma diferente a cada persona.
Los neurocientíficos afirman que hay cerebros más resilientes que otros, porque la capacidad de resiliencia depende de un complejo sistema de mediadores neuroquímicos; de modo que para actuar en forma resiliente se necesitan ciertas condiciones mínimas biológicas, cierto entorno familiar y social y ciertas características de personalidad.
Está comprobado que cuanto más conocimientos tenga una persona y mayor sea su capacidad intelectual; tendrá más capacidad cognitiva para procesar y elaborar con eficacia el estrés y los traumas.
Fuente: “LNR”; “El poder de la resiliencia”; Eduardo Chaktoura.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Conocer esta posibilidad que tenemos todos puede hacer la vida más llevadera y reducir el temor al futuro.
La vida es como un juego que exige a veces caminar por la cuerda floja tratando de hacer equilibrio para no caer a un abismo sin red, pero parece que todo se puede superar y que siempre se puede volver a empezar.
Hay innumerables experiencias humanas que nos enseñan la forma en que algunas personas siguieron adelante, después de haber sobrevivido catástrofes y de haberlo perdido todo. Estas personas pudieron seguir viviendo normalmente e inclusive lograron empezar una nueva vida.
Perder el trabajo de toda una vida, perder a un hijo, sufrir las consecuencias de una guerra, de un incendio, de una catástrofe natural, lo impensado, puede ocurrir en apenas unos minutos y cambiar una vida para siempre.
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Parece como si la vida nos obligara a tener el coraje de aceptar los hechos irremediables y a la vez nos impulsara a sobrevivir cada vez que ocurren.
Resiliencia significa etimológicamente rebotar, saltar para atrás, volver a saltar; y en el área de la física es la capacidad de algunos metales de recuperar su estructura después de una deformación.
Desde el punto de vista psicológico, la resiliencia es la capacidad de recuperarse después de una situación grave, que hace que una vida cambie.
Los golpes de la vida, cuando no nos destruyen, nos fortalecen y nos cambian; y en el mejor de los casos nos ayudan a madurar.
La mayoría se adapta a las situaciones de estrés, solamente la excepción se enferma.
La resiliencia es la cualidad humana que hace que podamos sacar ventaja de la adversidad, un proceso mental que nos permite enfrentar las experiencias negativas y aprovecharlas para crecer.
Cuando ocurre una contingencia grave muchos suelen reaccionar con inusitada fortaleza mostrando una gran resistencia al dolor y una capacidad psicológica que le permite salir indemne del trance.
Como estamos acostumbrados a recibir los peores impactos emocionales de la prensa amarilla, podemos tener una idea distorsionada sobre la capacidad humana para recuperarse de los traumas; sin embargo, la médica psiquiatra Daniela Bordalejo, afirma que la gente que sufre una pérdida generalmente no se deprime, debido a la gran capacidad que tiene todo ser humano de verle sentido a las tragedias.
La resiliencia no es la excepción sino la regla, sostiene la licenciada en psicología Mariana Gancedo, profesora de Psicología Positiva de la Universidad de Palermo. Aprendemos de la adversidad porque lo habitual no es enfermarse debido a un trauma sino seguir adelante.
El fenómeno de la resiliencia se produce en forma cotidiana porque es un recurso humano para superar las contrariedades diarias de la vida.
Emily Werner estudió hace treinta años a setecientos niños hawaianos que vivían en condiciones desfavorables; y luego de unos años comprobó que un tercio de esos niños, contra toda previsión, había logrado alcanzar una vida productiva y satisfactoria.
Hay mucha gente que puede trascender sus grandes limitaciones socioeconómicas, revertirlas y superarlas, pero estos son los casos que no son noticia y no salen en los diarios.
La resiliencia es un proceso dinámico que se produce como resultado de la situación del sujeto y la experiencia traumática que sufre; e incluye lo innato y lo adquirido.
Pero no siempre las personas responden de la misma forma, porque pueden recuperarse de ciertas experiencias y derrumbarse frente a otras. Además, una misma situación puede afectar en forma diferente a cada persona.
Los neurocientíficos afirman que hay cerebros más resilientes que otros, porque la capacidad de resiliencia depende de un complejo sistema de mediadores neuroquímicos; de modo que para actuar en forma resiliente se necesitan ciertas condiciones mínimas biológicas, cierto entorno familiar y social y ciertas características de personalidad.
Está comprobado que cuanto más conocimientos tenga una persona y mayor sea su capacidad intelectual; tendrá más capacidad cognitiva para procesar y elaborar con eficacia el estrés y los traumas.
Fuente: “LNR”; “El poder de la resiliencia”; Eduardo Chaktoura.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El Sometimiento
Hay personas que se someten a la manipulación de otros, se convierten en sus víctimas y viven quejándose y soñando con liberarse de esa influencia. No saben que antes de vencer a quien las manipula tiene que dejar de sabotearse y vencerse a sí mismas.
Es difícil deshacerse de un manipulador, porque tanto él como el sometido se necesitan mutuamente; el primero porque no quiere perder el poder y el segundo porque tiene miedo y se siente inseguro.
El manipulador, como cualquier depredador, arrincona a su víctima y la aísla de quienes la quieren liberar.
Las personas que viven sometidas reiteran una y otra vez el mismo patrón de comportamiento con todas las relaciones creando el mismo tipo de vínculo.
El comienzo del sometimiento puede haber empezado a edad temprana con sus relaciones familiares y luego continuar aceptando el rol de sometimiento con sus parejas.
Avisos Google
Estas personas se someten a los caprichos de otros porque no tienen confianza en ellas mismas, son demasiado adaptadas e inseguras; nunca protestan porque tienen miedo de ofender y quieren quedar bien y agradar; no pueden tolerar el rechazo porque temen no ser amadas, tienen poca resistencia a la crítica y escasa tolerancia a la frustración; son indecisas, necesitan la aprobación de los demás; son muy vulnerables y sensibles, no pueden decir que no, se sienten culpables y creen que los demás siempre tienen razón; se sienten insatisfechas, con baja autoestima y no pueden poner límites.
Los manipuladores pueden actuar con sutileza o ser autoritarios y violentos; utilizan el doble mensaje que es ambiguo y causa confusión y la técnica de los malos entendidos para fomentar la duda y luego poder descalificar a sus víctimas y echarles la culpa.
Manejan con el silencio y con el temor, niegan la comunicación y pueden apelar a la violencia física.
El manipulador seduce y le quita la energía a su víctima; es el que tiene el control y el poder.
La ingenuidad puede llevar al sometimiento; son los que creen todo lo que les dicen los demás sin cuestionar nada porque siempre están dudando de sí mismos.
Las personas que se someten tienen enfermedades psicosomáticas, sienten que se ahogan, que no pueden digerir, que les duelen las articulaciones.
Son aquellas que deambulan por los consultorios de todos los especialistas que no logran hacer un diagnóstico, porque el problema no es físico sino sentirse atrapadas en una situación que creen sin salida.
Hay muchos que aceptan el rol de sometimiento por distintos motivos, a veces el económico es el que consideran el más importante, porque huir de un manipulador puede implicar cambios de estilo de vida y enfrentar la inseguridad y las privaciones.
La manipulación hoy en día es una forma de sobrevivir, porque parecería que el que no se impone y manipula se tiene que someter.
Cuando el manipulador está en la familia lo que hay que abandonar es el campo de batalla, luego el que habitualmente se somete tiene que aprender a mantenerse firme en su convicción, confiar en sí mismo, no dudar y arriesgarse a tomar decisiones aunque se equivoque.
Los manipuladores se complacen en rebajar a sus víctimas de distintas maneras, apelando a sus conocimientos y haciéndolos quedar como ignorantes, seduciéndolos, con autoritarismo, haciéndose el simpático, tergiversando los hechos, confundiendo y hasta enfermándose.
No siempre el manipulador se da cuenta que está manipulando ni el manipulado se da cuenta que es su víctima.
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Es difícil deshacerse de un manipulador, porque tanto él como el sometido se necesitan mutuamente; el primero porque no quiere perder el poder y el segundo porque tiene miedo y se siente inseguro.
El manipulador, como cualquier depredador, arrincona a su víctima y la aísla de quienes la quieren liberar.
Las personas que viven sometidas reiteran una y otra vez el mismo patrón de comportamiento con todas las relaciones creando el mismo tipo de vínculo.
El comienzo del sometimiento puede haber empezado a edad temprana con sus relaciones familiares y luego continuar aceptando el rol de sometimiento con sus parejas.
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Estas personas se someten a los caprichos de otros porque no tienen confianza en ellas mismas, son demasiado adaptadas e inseguras; nunca protestan porque tienen miedo de ofender y quieren quedar bien y agradar; no pueden tolerar el rechazo porque temen no ser amadas, tienen poca resistencia a la crítica y escasa tolerancia a la frustración; son indecisas, necesitan la aprobación de los demás; son muy vulnerables y sensibles, no pueden decir que no, se sienten culpables y creen que los demás siempre tienen razón; se sienten insatisfechas, con baja autoestima y no pueden poner límites.
Los manipuladores pueden actuar con sutileza o ser autoritarios y violentos; utilizan el doble mensaje que es ambiguo y causa confusión y la técnica de los malos entendidos para fomentar la duda y luego poder descalificar a sus víctimas y echarles la culpa.
Manejan con el silencio y con el temor, niegan la comunicación y pueden apelar a la violencia física.
El manipulador seduce y le quita la energía a su víctima; es el que tiene el control y el poder.
La ingenuidad puede llevar al sometimiento; son los que creen todo lo que les dicen los demás sin cuestionar nada porque siempre están dudando de sí mismos.
Las personas que se someten tienen enfermedades psicosomáticas, sienten que se ahogan, que no pueden digerir, que les duelen las articulaciones.
Son aquellas que deambulan por los consultorios de todos los especialistas que no logran hacer un diagnóstico, porque el problema no es físico sino sentirse atrapadas en una situación que creen sin salida.
Hay muchos que aceptan el rol de sometimiento por distintos motivos, a veces el económico es el que consideran el más importante, porque huir de un manipulador puede implicar cambios de estilo de vida y enfrentar la inseguridad y las privaciones.
La manipulación hoy en día es una forma de sobrevivir, porque parecería que el que no se impone y manipula se tiene que someter.
Cuando el manipulador está en la familia lo que hay que abandonar es el campo de batalla, luego el que habitualmente se somete tiene que aprender a mantenerse firme en su convicción, confiar en sí mismo, no dudar y arriesgarse a tomar decisiones aunque se equivoque.
Los manipuladores se complacen en rebajar a sus víctimas de distintas maneras, apelando a sus conocimientos y haciéndolos quedar como ignorantes, seduciéndolos, con autoritarismo, haciéndose el simpático, tergiversando los hechos, confundiendo y hasta enfermándose.
No siempre el manipulador se da cuenta que está manipulando ni el manipulado se da cuenta que es su víctima.
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El arte de seducir
El arte de la seducción puede ser para algunos algo espontáneo, pero para la mayoría, que no se atreve a intentarlo, puede ser algo que se puede aprender.
La palabra mágica parece ser la actitud, o sea estar dispuesto a extraer lo mejor de uno mismo para lograr seducir.
Cuando se está seguro de sí mismo no existen los obstáculos y esa seguridad se expresa con la actitud.
Los expertos en relaciones públicas, ceremonial e imagen, afirman que para poder transmitir quiénes realmente somos se necesita sobre todo seguridad, porque la actitud asertiva lo es todo y trasciende la vestimenta y el arreglo personal porque también está expresando el modo de encarar la vida.
Desde Adán y Eva, los hombres y las mujeres comenzaron el ritual de apareamiento con la mirada y eso todavía no cambió, porque es la mirada lo que atrae a los sexos más que cualquier otra cosa.
Avisos Google
Tener miedo es lo que hace que nos comportemos de manera diferente a como somos y que no podamos obtener lo que queremos, por eso hay que aprender a tener coraje y confiar en nosotros mismos.
El lenguaje corporal se aprende y la actitud para enfrentar al otro sexo se desarrolla.
Por lo general son las mujeres las que están mejor dispuestas a asistir a los talleres que existen en Buenos Aires para aprender el arte de la seducción.
Los hombres prefieren más que nada vencer la timidez y bajar las defensas para poder arriesgarse a ser más vulnerables.
Sin embargo, las mujeres quieren aprender algo más que seducir a un hombre; desean elevar su autoestima; y con los resultados poder enfrentar no sólo al sexo opuesto sino también cualquier situación social que se les presente que exija saber más de ellas mismas.
En Estados Unidos, Neil Strauss, escritor y periodista, un hombre común que creía tener escaso atractivo personal para las mujeres, se convirtió en un maestro de la seducción y escribió el libro “El método”.
Para muchos “El método” fue la tabla de salvación, porque les dio la oportunidad de conocer todas las estrategias para tener éxito con las mujeres.
Strauss que habitualmente escribe críticas de música en “The New York Time” y en la revista “Rolling Stone”; tiene un pasado de fracasos que no se cansa de recordar, cuando acostumbraba a rezar todas las noches para pedirle a Dios no morir virgen.
Pero aprendió a bailar y a cantar, hizo un curso de retórica, estudió Tarot y caligrafía y memorizó varias escenas de cine clásico.
Así fue que Strauss se transformó en todo un depredador que aconseja a los inexpertos sobre qué es lo que les interesa a las mujeres y que no.
Para un hombre, la conquista es más difícil porque no puede fracasar, sin embargo las chicas creen que para ellos es más fácil; sin embargo se equivocan, porque la realidad es que la mayoría de los hombres tiene mucho miedo.
Tanto es así que para muchos la homosexualidad fue la excusa para evitar enfrentarse con el otro sexo.
Los talleres de seducción apuestan a las salidas en grupo y a los hombres les exigen abordar a cien mujeres por mes de algún modo, para adquirir el hábito y perderles el miedo.
La época más favorable para relacionarse es el verano, que es cuando se puede estar más relajado y más dispuesto a buscar pareja; y la playa es el lugar ideal.
Lo más interesante de todo esto es que no es necesario mentir, porque la mejor manera de seducir es siendo uno mismo.
Strauss se convenció que no era necesario cambiar nada de su físico, porque se dio cuenta que la verdadera belleza es algo que no se ve sino que se percibe, se siente, se transmite y sobre todo trasciende la edad.
Es la naturalidad y la honestidad lo que mejor funciona y tener bien claro lo que uno quiere sin importarnos el qué dirán.
La espontaneidad es la clave y eso no se aprende, simplemente es atreverse a ser quien uno es y dejar de compararse con otros.
Lo importante es no generar falsas expectativas y observar atentamente las señales que emite el otro sin avasallar ni presionar.
Fuente: “LNR”; “Todo por seducirte”; Fabiana Scherer;
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La palabra mágica parece ser la actitud, o sea estar dispuesto a extraer lo mejor de uno mismo para lograr seducir.
Cuando se está seguro de sí mismo no existen los obstáculos y esa seguridad se expresa con la actitud.
Los expertos en relaciones públicas, ceremonial e imagen, afirman que para poder transmitir quiénes realmente somos se necesita sobre todo seguridad, porque la actitud asertiva lo es todo y trasciende la vestimenta y el arreglo personal porque también está expresando el modo de encarar la vida.
Desde Adán y Eva, los hombres y las mujeres comenzaron el ritual de apareamiento con la mirada y eso todavía no cambió, porque es la mirada lo que atrae a los sexos más que cualquier otra cosa.
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Tener miedo es lo que hace que nos comportemos de manera diferente a como somos y que no podamos obtener lo que queremos, por eso hay que aprender a tener coraje y confiar en nosotros mismos.
El lenguaje corporal se aprende y la actitud para enfrentar al otro sexo se desarrolla.
Por lo general son las mujeres las que están mejor dispuestas a asistir a los talleres que existen en Buenos Aires para aprender el arte de la seducción.
Los hombres prefieren más que nada vencer la timidez y bajar las defensas para poder arriesgarse a ser más vulnerables.
Sin embargo, las mujeres quieren aprender algo más que seducir a un hombre; desean elevar su autoestima; y con los resultados poder enfrentar no sólo al sexo opuesto sino también cualquier situación social que se les presente que exija saber más de ellas mismas.
En Estados Unidos, Neil Strauss, escritor y periodista, un hombre común que creía tener escaso atractivo personal para las mujeres, se convirtió en un maestro de la seducción y escribió el libro “El método”.
Para muchos “El método” fue la tabla de salvación, porque les dio la oportunidad de conocer todas las estrategias para tener éxito con las mujeres.
Strauss que habitualmente escribe críticas de música en “The New York Time” y en la revista “Rolling Stone”; tiene un pasado de fracasos que no se cansa de recordar, cuando acostumbraba a rezar todas las noches para pedirle a Dios no morir virgen.
Pero aprendió a bailar y a cantar, hizo un curso de retórica, estudió Tarot y caligrafía y memorizó varias escenas de cine clásico.
Así fue que Strauss se transformó en todo un depredador que aconseja a los inexpertos sobre qué es lo que les interesa a las mujeres y que no.
Para un hombre, la conquista es más difícil porque no puede fracasar, sin embargo las chicas creen que para ellos es más fácil; sin embargo se equivocan, porque la realidad es que la mayoría de los hombres tiene mucho miedo.
Tanto es así que para muchos la homosexualidad fue la excusa para evitar enfrentarse con el otro sexo.
Los talleres de seducción apuestan a las salidas en grupo y a los hombres les exigen abordar a cien mujeres por mes de algún modo, para adquirir el hábito y perderles el miedo.
La época más favorable para relacionarse es el verano, que es cuando se puede estar más relajado y más dispuesto a buscar pareja; y la playa es el lugar ideal.
Lo más interesante de todo esto es que no es necesario mentir, porque la mejor manera de seducir es siendo uno mismo.
Strauss se convenció que no era necesario cambiar nada de su físico, porque se dio cuenta que la verdadera belleza es algo que no se ve sino que se percibe, se siente, se transmite y sobre todo trasciende la edad.
Es la naturalidad y la honestidad lo que mejor funciona y tener bien claro lo que uno quiere sin importarnos el qué dirán.
La espontaneidad es la clave y eso no se aprende, simplemente es atreverse a ser quien uno es y dejar de compararse con otros.
Lo importante es no generar falsas expectativas y observar atentamente las señales que emite el otro sin avasallar ni presionar.
Fuente: “LNR”; “Todo por seducirte”; Fabiana Scherer;
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La Euforia y la depresion
El trastorno bipolar se caracteriza por la oscilación del estado de ánimo de la euforia a la depresión, circunstancia que genera serios conflictos y sufrimiento psíquico.
Reconocer el problema es lo más importante, para encararlo lo antes posible con el profesional que el médico clínico considere apropiado.
Como esta patología es cíclica, muchos pacientes permanecen sin atención especializada mucho tiempo, situación que puede dificultar su recuperación y causar un mayor impacto en las relaciones y en la calidad de vida.
Quien padece de trastorno bipolar (TB) puede pasar de la más profunda sensación de desgano y apatía a la excitación eufórica más incontrolable.
En Argentina, este trastorno alcanza del uno al cinco por ciento de la población general, porcentaje similar al resto del mundo.
Avisos Google
El diez por ciento de los que concurren al Hospital Neuropsiquiátrico Borda de Buenos Aires, son casos de bipolaridad, afirma el Dr. Aníbal Goldchluk, Jefe de los Consultorios Externos.
Esta es una enfermedad crónica, por lo que estos pacientes tendrán necesidad de recibir asistencia durante mucho tiempo.
El diagnóstico diferencial puede demorar hasta diez años, debido a que esta patología puede ser confundida con otras, como por ejemplo con la depresión unipolar, sin fase maníaca; con los trastornos anímicos que producen los grandes cambios de la vida; con las características de la personalidad ciclotímica; y con los cambios drásticos de opinión o perspectiva que puede tener la gente.
Una persona se considera bipolar si durante su vida ha sufrido depresiones profundas y por lo menos una vez ha tenido un episodio maníaco, o sea de exaltación eufórica fuera de lo común.
Existen distintos niveles de bipolaridad y también es posible que se presente un episodio bipolar mixto, o sea con síntomas de ambos polos.
Aunque algunos piensan que se trata de una enfermedad de los tiempos modernos y que actualmente se registran mayor cantidad de casos, esto no está comprobado, porque ya en el siglo I d. de Cristo se detectaban los mismos síntomas maníaco depresivos en un mismo paciente.
La diferencia es que ahora la clínica mental amplió sus criterios más allá de los cuadros que presentaban en la antigüedad las personas internadas en los asilos.
Los estados de manía pueden ser expresados como alegría, furor o excitación, pero también pueden manifestarse delirios expansivos como tener conductas riesgosas, desinhibición, sensación de poder e inspiración.
Pueden registrarse períodos de estabilidad entre las fases maníacas y depresivas.
El Dr. Gustav Vázquez, reconocido investigador internacional sobre este tema, aclara que la edad promedio de la aparición de esta enfermedad es alrededor de los 22 años, aunque otros investigadores reconocen la existencia de dos formas de aparición: un inicio temprano y otro tardío, o sea en la adolescencia o en la edad adulta; pero también se ha demostrado que además existe esta enfermedad en los niños, que a veces puede confundirse con el déficit de atención e hiperactividad.
El trastorno bipolar es una enfermedad neurobiológica de base genética y hereditaria; y el riesgo de su aparición en descendientes directos es diez veces mayor que el de cualquier otra persona no relacionada.
Si son hermanos gemelos ese riesgo aumenta al 63%; pero hay que tener en cuenta que lo que se hereda son los genes y que los factores ambientales también influyen.
Los factores desencadenantes más comunes son las situaciones vitales de pérdidas, el estrés o los cambios drásticos de estilo de vida.
Esta enfermedad exige tratamiento farmacológico específico y la atención psicoterapéutica adecuada.
Fuente:”LNR”; “Entre la depresión y la euforia”; Eduardo Chaktoura
Fuente : http://psicologia.laguia2000.com
Reconocer el problema es lo más importante, para encararlo lo antes posible con el profesional que el médico clínico considere apropiado.
Como esta patología es cíclica, muchos pacientes permanecen sin atención especializada mucho tiempo, situación que puede dificultar su recuperación y causar un mayor impacto en las relaciones y en la calidad de vida.
Quien padece de trastorno bipolar (TB) puede pasar de la más profunda sensación de desgano y apatía a la excitación eufórica más incontrolable.
En Argentina, este trastorno alcanza del uno al cinco por ciento de la población general, porcentaje similar al resto del mundo.
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El diez por ciento de los que concurren al Hospital Neuropsiquiátrico Borda de Buenos Aires, son casos de bipolaridad, afirma el Dr. Aníbal Goldchluk, Jefe de los Consultorios Externos.
Esta es una enfermedad crónica, por lo que estos pacientes tendrán necesidad de recibir asistencia durante mucho tiempo.
El diagnóstico diferencial puede demorar hasta diez años, debido a que esta patología puede ser confundida con otras, como por ejemplo con la depresión unipolar, sin fase maníaca; con los trastornos anímicos que producen los grandes cambios de la vida; con las características de la personalidad ciclotímica; y con los cambios drásticos de opinión o perspectiva que puede tener la gente.
Una persona se considera bipolar si durante su vida ha sufrido depresiones profundas y por lo menos una vez ha tenido un episodio maníaco, o sea de exaltación eufórica fuera de lo común.
Existen distintos niveles de bipolaridad y también es posible que se presente un episodio bipolar mixto, o sea con síntomas de ambos polos.
Aunque algunos piensan que se trata de una enfermedad de los tiempos modernos y que actualmente se registran mayor cantidad de casos, esto no está comprobado, porque ya en el siglo I d. de Cristo se detectaban los mismos síntomas maníaco depresivos en un mismo paciente.
La diferencia es que ahora la clínica mental amplió sus criterios más allá de los cuadros que presentaban en la antigüedad las personas internadas en los asilos.
Los estados de manía pueden ser expresados como alegría, furor o excitación, pero también pueden manifestarse delirios expansivos como tener conductas riesgosas, desinhibición, sensación de poder e inspiración.
Pueden registrarse períodos de estabilidad entre las fases maníacas y depresivas.
El Dr. Gustav Vázquez, reconocido investigador internacional sobre este tema, aclara que la edad promedio de la aparición de esta enfermedad es alrededor de los 22 años, aunque otros investigadores reconocen la existencia de dos formas de aparición: un inicio temprano y otro tardío, o sea en la adolescencia o en la edad adulta; pero también se ha demostrado que además existe esta enfermedad en los niños, que a veces puede confundirse con el déficit de atención e hiperactividad.
El trastorno bipolar es una enfermedad neurobiológica de base genética y hereditaria; y el riesgo de su aparición en descendientes directos es diez veces mayor que el de cualquier otra persona no relacionada.
Si son hermanos gemelos ese riesgo aumenta al 63%; pero hay que tener en cuenta que lo que se hereda son los genes y que los factores ambientales también influyen.
Los factores desencadenantes más comunes son las situaciones vitales de pérdidas, el estrés o los cambios drásticos de estilo de vida.
Esta enfermedad exige tratamiento farmacológico específico y la atención psicoterapéutica adecuada.
Fuente:”LNR”; “Entre la depresión y la euforia”; Eduardo Chaktoura
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Los tipos de amor en genero femenino
Existen distintas formas de comportamiento femenino en el amor de pareja que dependen en gran parte de las experiencias vividas y que marcan la tendencia a repetir patrones aprendidos que en su momento fueron útiles, como por ejemplo, asumir un determinado rol específico y sentirse atraída siempre por el mismo tipo de pareja
Si una mujer busca a alguien que la complemente esa pareja no tendrá afinidades porque siempre tendrán gustos opuestos; de manera que saber cómo funcionan estos roles sentimentales nos aclarará la mejor manera de encarar una relación más sana.
El amor es un sentimiento que no permite razonar, por lo menos en un comienzo, luego comienzan a actuar otros niveles de exigencias.
Una mujer se involucra más emocionalmente que el hombre, pero en toda relación suele adoptar las mismas estrategias de acción que en el pasado le sirvieron.
Avisos Google
La mujer generalmente idealiza al hombre y se auto engaña, porque está más enamorada del amor que de alguien real.
Uno de los roles que puede adoptar una mujer es el de hada. Un hada tiene las mejores intenciones, ve todo bien y siempre está disponible, supera cualquier conflicto para que marche todo sobre rieles y no permite que la relación tenga la dinámica que le dé vida.
Otro, es el de la mujer que busca el ideal, el hombre perfecto, inmaculado, noble, respetuoso, alegre, dispuesto a estar de acuerdo en todo y en contra de nada, pero tan difícil de encontrar como una aguja en un pajar. Puede encontrarlo, pero también puede desilusionarse y aburrirse.
Está la bella durmiente que espera tanto tiempo que finalmente se cansa y decide aceptar a cualquier buen chico que tiene a mano, formando una relación estable pero sin emoción que puede irse por la cañería cuando encuentra al hombre que la conmueva.
La mujer transformadora es la que se siente capaz de cambiar al hombre transgresor, violento y peligroso; y convertirlo en alguien manso, pacífico, y ordenado.
La mujer seductora es la que necesita que muchos le confirmen continuamente que es apreciada porque es insegura y tiene poca autoestima.
La mujer amazona, es la inteligente, capaz, segura y enérgica que se siente atraída por hombres poderosos pero que después desea dominar.
La mujer camaleónica es la que siempre dispuesta a estar de acuerdo en todo, super adaptada sin sacrificarse, pero que termina generando aburrimiento.
La mujer bruja, es la que es agresiva con el hombre, la que busca sensaciones, que no es capaz de lograr una relación verdadera y que al final se queda sola.
La mujer depredadora es la que busca al hombre a medida justo para ella para lograr seguridad, estabilidad familiar y sentimental y para que la proteja a cualquier precio. Es la que se une a alguien así sin arriesgarse a emociones fuertes que pueden ser para ella demasiado peligrosas, aunque tenga que terminar aplastada.
La mujer enfermera, es la sacrificada, altruista, pero descuidada con ella misma, la que se une a alguien que necesita ayuda, pero cuando ese alguien se curan la abandona.
La mujer desbordante, es la exitosa, sensual, linda, de alta autoestima, que compite con el hombre, que lo anula, lo intimida, pero cuando éste la abandona le echa la culpa.
La mujer moralista es la que oculta dentro de sí misma a alguien que puede ser la peor trasgresora y que generalmente encuentra una pareja igual a ella que la transforma en una pecadora.
La mujer ejecutiva que es la que asume responsabilidades propias y de otros. A ella siempre se le acercan hombres dependientes, que necesitan su fortaleza, pero cuando falla la relación, no puede aceptar su fracaso.
La mujer nave-escuela que es la que se une a un hombre mucho más jóven para sentirse ella también joven; y a cambio le enseña el arte de la seducción, pero que es abandonada cuando su amante aprende.
La mujer Penélope, que es la amante que se entrega de cuerpo y alma y espera pacientemente a un hombre casado con hijos con la ilusión de que él se divorcie.
Estos tipos de amor femeninos no son ni buenos ni malos; solamente pueden ser negativos cuando se establecen como patrones inmodificables de comportamiento puros que alguna vez resultaron eficaces pero que no siempre resultan.
Estos patrones de conducta se pueden modificar integrando características de otros para que no se conviertan en algo rígido y patológico que obligan a repetir historias.
Fuente: “Los errores de las mujeres en el amor”, Giorgio Nardone.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Si una mujer busca a alguien que la complemente esa pareja no tendrá afinidades porque siempre tendrán gustos opuestos; de manera que saber cómo funcionan estos roles sentimentales nos aclarará la mejor manera de encarar una relación más sana.
El amor es un sentimiento que no permite razonar, por lo menos en un comienzo, luego comienzan a actuar otros niveles de exigencias.
Una mujer se involucra más emocionalmente que el hombre, pero en toda relación suele adoptar las mismas estrategias de acción que en el pasado le sirvieron.
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La mujer generalmente idealiza al hombre y se auto engaña, porque está más enamorada del amor que de alguien real.
Uno de los roles que puede adoptar una mujer es el de hada. Un hada tiene las mejores intenciones, ve todo bien y siempre está disponible, supera cualquier conflicto para que marche todo sobre rieles y no permite que la relación tenga la dinámica que le dé vida.
Otro, es el de la mujer que busca el ideal, el hombre perfecto, inmaculado, noble, respetuoso, alegre, dispuesto a estar de acuerdo en todo y en contra de nada, pero tan difícil de encontrar como una aguja en un pajar. Puede encontrarlo, pero también puede desilusionarse y aburrirse.
Está la bella durmiente que espera tanto tiempo que finalmente se cansa y decide aceptar a cualquier buen chico que tiene a mano, formando una relación estable pero sin emoción que puede irse por la cañería cuando encuentra al hombre que la conmueva.
La mujer transformadora es la que se siente capaz de cambiar al hombre transgresor, violento y peligroso; y convertirlo en alguien manso, pacífico, y ordenado.
La mujer seductora es la que necesita que muchos le confirmen continuamente que es apreciada porque es insegura y tiene poca autoestima.
La mujer amazona, es la inteligente, capaz, segura y enérgica que se siente atraída por hombres poderosos pero que después desea dominar.
La mujer camaleónica es la que siempre dispuesta a estar de acuerdo en todo, super adaptada sin sacrificarse, pero que termina generando aburrimiento.
La mujer bruja, es la que es agresiva con el hombre, la que busca sensaciones, que no es capaz de lograr una relación verdadera y que al final se queda sola.
La mujer depredadora es la que busca al hombre a medida justo para ella para lograr seguridad, estabilidad familiar y sentimental y para que la proteja a cualquier precio. Es la que se une a alguien así sin arriesgarse a emociones fuertes que pueden ser para ella demasiado peligrosas, aunque tenga que terminar aplastada.
La mujer enfermera, es la sacrificada, altruista, pero descuidada con ella misma, la que se une a alguien que necesita ayuda, pero cuando ese alguien se curan la abandona.
La mujer desbordante, es la exitosa, sensual, linda, de alta autoestima, que compite con el hombre, que lo anula, lo intimida, pero cuando éste la abandona le echa la culpa.
La mujer moralista es la que oculta dentro de sí misma a alguien que puede ser la peor trasgresora y que generalmente encuentra una pareja igual a ella que la transforma en una pecadora.
La mujer ejecutiva que es la que asume responsabilidades propias y de otros. A ella siempre se le acercan hombres dependientes, que necesitan su fortaleza, pero cuando falla la relación, no puede aceptar su fracaso.
La mujer nave-escuela que es la que se une a un hombre mucho más jóven para sentirse ella también joven; y a cambio le enseña el arte de la seducción, pero que es abandonada cuando su amante aprende.
La mujer Penélope, que es la amante que se entrega de cuerpo y alma y espera pacientemente a un hombre casado con hijos con la ilusión de que él se divorcie.
Estos tipos de amor femeninos no son ni buenos ni malos; solamente pueden ser negativos cuando se establecen como patrones inmodificables de comportamiento puros que alguna vez resultaron eficaces pero que no siempre resultan.
Estos patrones de conducta se pueden modificar integrando características de otros para que no se conviertan en algo rígido y patológico que obligan a repetir historias.
Fuente: “Los errores de las mujeres en el amor”, Giorgio Nardone.
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Obsesión por la Limpieza
El trastorno obsesivo compulsivo por la limpieza, es una de las afecciones irracionales de tipo neurótico que padecen en su mayoría las mujeres y que en particular provoca problemas emocionales, como miedos, inseguridad, fobias y complejos; y síntomas psicofísicos como fatiga, estrés, insomnio, problemas en las articulaciones, depresión accidentes, sobrepeso, sedentarismo, falta de apetito sexual, irritabilidad, cefaleas, hipertensión y problemas vasculares.
Desarrollar un extremo sentido de la limpieza es contrario a la buena salud y el bienestar, aunque la higiene esté asociada con la prevención y el desarrollo de enfermedades.
Las causas de este trastorno se atribuyen a las características de la personalidad perfeccionista, obsesionada por el control y la disciplina; a la falta de atención o de afecto, al estrés, a factores culturales aprendidos y al tipo de trabajo rutinario de una casa, que no se ve ni se valora y que no deja mucho margen para la creatividad.
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Esta actividad representa un conjunto de rituales y manías para hacer las tareas hogareñas diarias, que se repiten todos los días casi sin variantes; y que se transforman en la razón de vivir.
El pensamiento que predomina en estas personas es repetitivo, y el sentimiento es de preocupación inquietud y angustia; pero esa actividad obsesiva compulsiva lea sirve sólo para calmarse por breve tiempo, porque ni bien llegan a reparar en algún leve desorden o atisbo de suciedad, se produce un círculo vicioso y vuelven a sentir la misma sensación de malestar que antes, que las obliga a reiniciar los rituales de limpieza.
Existen cinco rituales compulsivos vinculados con las obsesiones:
Los de repetición: (como por ejemplo, contar los escalones).
Los de comprobación: (como comprobar varias veces si cerraron la puerta con llave o si apagaron el gas).
Los de acumulación: (como guardar objetos innecesarios).
Los de orden :(como no tolerar los cambios de lugar o de posición de los objetos del hogar).
Los de limpieza: (como la preocupación exagerada por la limpieza del hogar y personal).
La obsesión por la limpieza puede provocar, además de adicciones, estrés y conflictos familiares y de pareja y obligar a la persona a realizar una rutina diaria rigurosa que si no puede cumplir le producirá malestar e irritación.
La fórmula para lograr limpiar la mente y controlar estas compulsiones es:
1) Tomar conciencia del trastorno
2) Tratar de disminuir la auto exigencia
3) No seguir pautas fijas para actuar
4) Tener otras actividades más placenteras
5) Salir de la casa y tratar de realizarse como persona individual desarrollando nuevos intereses.
6) Hacer programa para el tiempo libre
7) Hablar con los familiares del paciente
8) Aprender a disfrutar de la casa y de los familiares.
Cierto nivel de orden y rigor en la conducta y el deseo de hacer las cosas bien, son rasgos ventajosos que pueden ser útiles en algunas circunstancias, pero cuando es tan exagerado que interviene en la actividad normal de una persona, es un signo de patología.
El tratamiento de una terapia cognitiva consiste en aplicar técnicas de control de la ansiedad, la práctica de la relajación para reducir el estrés y la posibilidad de evaluar la alternativa de un nuevo proyecto de vida.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Desarrollar un extremo sentido de la limpieza es contrario a la buena salud y el bienestar, aunque la higiene esté asociada con la prevención y el desarrollo de enfermedades.
Las causas de este trastorno se atribuyen a las características de la personalidad perfeccionista, obsesionada por el control y la disciplina; a la falta de atención o de afecto, al estrés, a factores culturales aprendidos y al tipo de trabajo rutinario de una casa, que no se ve ni se valora y que no deja mucho margen para la creatividad.
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Esta actividad representa un conjunto de rituales y manías para hacer las tareas hogareñas diarias, que se repiten todos los días casi sin variantes; y que se transforman en la razón de vivir.
El pensamiento que predomina en estas personas es repetitivo, y el sentimiento es de preocupación inquietud y angustia; pero esa actividad obsesiva compulsiva lea sirve sólo para calmarse por breve tiempo, porque ni bien llegan a reparar en algún leve desorden o atisbo de suciedad, se produce un círculo vicioso y vuelven a sentir la misma sensación de malestar que antes, que las obliga a reiniciar los rituales de limpieza.
Existen cinco rituales compulsivos vinculados con las obsesiones:
Los de repetición: (como por ejemplo, contar los escalones).
Los de comprobación: (como comprobar varias veces si cerraron la puerta con llave o si apagaron el gas).
Los de acumulación: (como guardar objetos innecesarios).
Los de orden :(como no tolerar los cambios de lugar o de posición de los objetos del hogar).
Los de limpieza: (como la preocupación exagerada por la limpieza del hogar y personal).
La obsesión por la limpieza puede provocar, además de adicciones, estrés y conflictos familiares y de pareja y obligar a la persona a realizar una rutina diaria rigurosa que si no puede cumplir le producirá malestar e irritación.
La fórmula para lograr limpiar la mente y controlar estas compulsiones es:
1) Tomar conciencia del trastorno
2) Tratar de disminuir la auto exigencia
3) No seguir pautas fijas para actuar
4) Tener otras actividades más placenteras
5) Salir de la casa y tratar de realizarse como persona individual desarrollando nuevos intereses.
6) Hacer programa para el tiempo libre
7) Hablar con los familiares del paciente
8) Aprender a disfrutar de la casa y de los familiares.
Cierto nivel de orden y rigor en la conducta y el deseo de hacer las cosas bien, son rasgos ventajosos que pueden ser útiles en algunas circunstancias, pero cuando es tan exagerado que interviene en la actividad normal de una persona, es un signo de patología.
El tratamiento de una terapia cognitiva consiste en aplicar técnicas de control de la ansiedad, la práctica de la relajación para reducir el estrés y la posibilidad de evaluar la alternativa de un nuevo proyecto de vida.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
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