Los seres humanos estamos diseñados para superar cualquier experiencia traumática, que inclusive puede servirnos para fortalecernos.
Conocer esta posibilidad que tenemos todos puede hacer la vida más llevadera y reducir el temor al futuro.
La vida es como un juego que exige a veces caminar por la cuerda floja tratando de hacer equilibrio para no caer a un abismo sin red, pero parece que todo se puede superar y que siempre se puede volver a empezar.
Hay innumerables experiencias humanas que nos enseñan la forma en que algunas personas siguieron adelante, después de haber sobrevivido catástrofes y de haberlo perdido todo. Estas personas pudieron seguir viviendo normalmente e inclusive lograron empezar una nueva vida.
Perder el trabajo de toda una vida, perder a un hijo, sufrir las consecuencias de una guerra, de un incendio, de una catástrofe natural, lo impensado, puede ocurrir en apenas unos minutos y cambiar una vida para siempre.
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Parece como si la vida nos obligara a tener el coraje de aceptar los hechos irremediables y a la vez nos impulsara a sobrevivir cada vez que ocurren.
Resiliencia significa etimológicamente rebotar, saltar para atrás, volver a saltar; y en el área de la física es la capacidad de algunos metales de recuperar su estructura después de una deformación.
Desde el punto de vista psicológico, la resiliencia es la capacidad de recuperarse después de una situación grave, que hace que una vida cambie.
Los golpes de la vida, cuando no nos destruyen, nos fortalecen y nos cambian; y en el mejor de los casos nos ayudan a madurar.
La mayoría se adapta a las situaciones de estrés, solamente la excepción se enferma.
La resiliencia es la cualidad humana que hace que podamos sacar ventaja de la adversidad, un proceso mental que nos permite enfrentar las experiencias negativas y aprovecharlas para crecer.
Cuando ocurre una contingencia grave muchos suelen reaccionar con inusitada fortaleza mostrando una gran resistencia al dolor y una capacidad psicológica que le permite salir indemne del trance.
Como estamos acostumbrados a recibir los peores impactos emocionales de la prensa amarilla, podemos tener una idea distorsionada sobre la capacidad humana para recuperarse de los traumas; sin embargo, la médica psiquiatra Daniela Bordalejo, afirma que la gente que sufre una pérdida generalmente no se deprime, debido a la gran capacidad que tiene todo ser humano de verle sentido a las tragedias.
La resiliencia no es la excepción sino la regla, sostiene la licenciada en psicología Mariana Gancedo, profesora de Psicología Positiva de la Universidad de Palermo. Aprendemos de la adversidad porque lo habitual no es enfermarse debido a un trauma sino seguir adelante.
El fenómeno de la resiliencia se produce en forma cotidiana porque es un recurso humano para superar las contrariedades diarias de la vida.
Emily Werner estudió hace treinta años a setecientos niños hawaianos que vivían en condiciones desfavorables; y luego de unos años comprobó que un tercio de esos niños, contra toda previsión, había logrado alcanzar una vida productiva y satisfactoria.
Hay mucha gente que puede trascender sus grandes limitaciones socioeconómicas, revertirlas y superarlas, pero estos son los casos que no son noticia y no salen en los diarios.
La resiliencia es un proceso dinámico que se produce como resultado de la situación del sujeto y la experiencia traumática que sufre; e incluye lo innato y lo adquirido.
Pero no siempre las personas responden de la misma forma, porque pueden recuperarse de ciertas experiencias y derrumbarse frente a otras. Además, una misma situación puede afectar en forma diferente a cada persona.
Los neurocientíficos afirman que hay cerebros más resilientes que otros, porque la capacidad de resiliencia depende de un complejo sistema de mediadores neuroquímicos; de modo que para actuar en forma resiliente se necesitan ciertas condiciones mínimas biológicas, cierto entorno familiar y social y ciertas características de personalidad.
Está comprobado que cuanto más conocimientos tenga una persona y mayor sea su capacidad intelectual; tendrá más capacidad cognitiva para procesar y elaborar con eficacia el estrés y los traumas.
Fuente: “LNR”; “El poder de la resiliencia”; Eduardo Chaktoura.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El Sometimiento
Hay personas que se someten a la manipulación de otros, se convierten en sus víctimas y viven quejándose y soñando con liberarse de esa influencia. No saben que antes de vencer a quien las manipula tiene que dejar de sabotearse y vencerse a sí mismas.
Es difícil deshacerse de un manipulador, porque tanto él como el sometido se necesitan mutuamente; el primero porque no quiere perder el poder y el segundo porque tiene miedo y se siente inseguro.
El manipulador, como cualquier depredador, arrincona a su víctima y la aísla de quienes la quieren liberar.
Las personas que viven sometidas reiteran una y otra vez el mismo patrón de comportamiento con todas las relaciones creando el mismo tipo de vínculo.
El comienzo del sometimiento puede haber empezado a edad temprana con sus relaciones familiares y luego continuar aceptando el rol de sometimiento con sus parejas.
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Estas personas se someten a los caprichos de otros porque no tienen confianza en ellas mismas, son demasiado adaptadas e inseguras; nunca protestan porque tienen miedo de ofender y quieren quedar bien y agradar; no pueden tolerar el rechazo porque temen no ser amadas, tienen poca resistencia a la crítica y escasa tolerancia a la frustración; son indecisas, necesitan la aprobación de los demás; son muy vulnerables y sensibles, no pueden decir que no, se sienten culpables y creen que los demás siempre tienen razón; se sienten insatisfechas, con baja autoestima y no pueden poner límites.
Los manipuladores pueden actuar con sutileza o ser autoritarios y violentos; utilizan el doble mensaje que es ambiguo y causa confusión y la técnica de los malos entendidos para fomentar la duda y luego poder descalificar a sus víctimas y echarles la culpa.
Manejan con el silencio y con el temor, niegan la comunicación y pueden apelar a la violencia física.
El manipulador seduce y le quita la energía a su víctima; es el que tiene el control y el poder.
La ingenuidad puede llevar al sometimiento; son los que creen todo lo que les dicen los demás sin cuestionar nada porque siempre están dudando de sí mismos.
Las personas que se someten tienen enfermedades psicosomáticas, sienten que se ahogan, que no pueden digerir, que les duelen las articulaciones.
Son aquellas que deambulan por los consultorios de todos los especialistas que no logran hacer un diagnóstico, porque el problema no es físico sino sentirse atrapadas en una situación que creen sin salida.
Hay muchos que aceptan el rol de sometimiento por distintos motivos, a veces el económico es el que consideran el más importante, porque huir de un manipulador puede implicar cambios de estilo de vida y enfrentar la inseguridad y las privaciones.
La manipulación hoy en día es una forma de sobrevivir, porque parecería que el que no se impone y manipula se tiene que someter.
Cuando el manipulador está en la familia lo que hay que abandonar es el campo de batalla, luego el que habitualmente se somete tiene que aprender a mantenerse firme en su convicción, confiar en sí mismo, no dudar y arriesgarse a tomar decisiones aunque se equivoque.
Los manipuladores se complacen en rebajar a sus víctimas de distintas maneras, apelando a sus conocimientos y haciéndolos quedar como ignorantes, seduciéndolos, con autoritarismo, haciéndose el simpático, tergiversando los hechos, confundiendo y hasta enfermándose.
No siempre el manipulador se da cuenta que está manipulando ni el manipulado se da cuenta que es su víctima.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Es difícil deshacerse de un manipulador, porque tanto él como el sometido se necesitan mutuamente; el primero porque no quiere perder el poder y el segundo porque tiene miedo y se siente inseguro.
El manipulador, como cualquier depredador, arrincona a su víctima y la aísla de quienes la quieren liberar.
Las personas que viven sometidas reiteran una y otra vez el mismo patrón de comportamiento con todas las relaciones creando el mismo tipo de vínculo.
El comienzo del sometimiento puede haber empezado a edad temprana con sus relaciones familiares y luego continuar aceptando el rol de sometimiento con sus parejas.
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Estas personas se someten a los caprichos de otros porque no tienen confianza en ellas mismas, son demasiado adaptadas e inseguras; nunca protestan porque tienen miedo de ofender y quieren quedar bien y agradar; no pueden tolerar el rechazo porque temen no ser amadas, tienen poca resistencia a la crítica y escasa tolerancia a la frustración; son indecisas, necesitan la aprobación de los demás; son muy vulnerables y sensibles, no pueden decir que no, se sienten culpables y creen que los demás siempre tienen razón; se sienten insatisfechas, con baja autoestima y no pueden poner límites.
Los manipuladores pueden actuar con sutileza o ser autoritarios y violentos; utilizan el doble mensaje que es ambiguo y causa confusión y la técnica de los malos entendidos para fomentar la duda y luego poder descalificar a sus víctimas y echarles la culpa.
Manejan con el silencio y con el temor, niegan la comunicación y pueden apelar a la violencia física.
El manipulador seduce y le quita la energía a su víctima; es el que tiene el control y el poder.
La ingenuidad puede llevar al sometimiento; son los que creen todo lo que les dicen los demás sin cuestionar nada porque siempre están dudando de sí mismos.
Las personas que se someten tienen enfermedades psicosomáticas, sienten que se ahogan, que no pueden digerir, que les duelen las articulaciones.
Son aquellas que deambulan por los consultorios de todos los especialistas que no logran hacer un diagnóstico, porque el problema no es físico sino sentirse atrapadas en una situación que creen sin salida.
Hay muchos que aceptan el rol de sometimiento por distintos motivos, a veces el económico es el que consideran el más importante, porque huir de un manipulador puede implicar cambios de estilo de vida y enfrentar la inseguridad y las privaciones.
La manipulación hoy en día es una forma de sobrevivir, porque parecería que el que no se impone y manipula se tiene que someter.
Cuando el manipulador está en la familia lo que hay que abandonar es el campo de batalla, luego el que habitualmente se somete tiene que aprender a mantenerse firme en su convicción, confiar en sí mismo, no dudar y arriesgarse a tomar decisiones aunque se equivoque.
Los manipuladores se complacen en rebajar a sus víctimas de distintas maneras, apelando a sus conocimientos y haciéndolos quedar como ignorantes, seduciéndolos, con autoritarismo, haciéndose el simpático, tergiversando los hechos, confundiendo y hasta enfermándose.
No siempre el manipulador se da cuenta que está manipulando ni el manipulado se da cuenta que es su víctima.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El arte de seducir
El arte de la seducción puede ser para algunos algo espontáneo, pero para la mayoría, que no se atreve a intentarlo, puede ser algo que se puede aprender.
La palabra mágica parece ser la actitud, o sea estar dispuesto a extraer lo mejor de uno mismo para lograr seducir.
Cuando se está seguro de sí mismo no existen los obstáculos y esa seguridad se expresa con la actitud.
Los expertos en relaciones públicas, ceremonial e imagen, afirman que para poder transmitir quiénes realmente somos se necesita sobre todo seguridad, porque la actitud asertiva lo es todo y trasciende la vestimenta y el arreglo personal porque también está expresando el modo de encarar la vida.
Desde Adán y Eva, los hombres y las mujeres comenzaron el ritual de apareamiento con la mirada y eso todavía no cambió, porque es la mirada lo que atrae a los sexos más que cualquier otra cosa.
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Tener miedo es lo que hace que nos comportemos de manera diferente a como somos y que no podamos obtener lo que queremos, por eso hay que aprender a tener coraje y confiar en nosotros mismos.
El lenguaje corporal se aprende y la actitud para enfrentar al otro sexo se desarrolla.
Por lo general son las mujeres las que están mejor dispuestas a asistir a los talleres que existen en Buenos Aires para aprender el arte de la seducción.
Los hombres prefieren más que nada vencer la timidez y bajar las defensas para poder arriesgarse a ser más vulnerables.
Sin embargo, las mujeres quieren aprender algo más que seducir a un hombre; desean elevar su autoestima; y con los resultados poder enfrentar no sólo al sexo opuesto sino también cualquier situación social que se les presente que exija saber más de ellas mismas.
En Estados Unidos, Neil Strauss, escritor y periodista, un hombre común que creía tener escaso atractivo personal para las mujeres, se convirtió en un maestro de la seducción y escribió el libro “El método”.
Para muchos “El método” fue la tabla de salvación, porque les dio la oportunidad de conocer todas las estrategias para tener éxito con las mujeres.
Strauss que habitualmente escribe críticas de música en “The New York Time” y en la revista “Rolling Stone”; tiene un pasado de fracasos que no se cansa de recordar, cuando acostumbraba a rezar todas las noches para pedirle a Dios no morir virgen.
Pero aprendió a bailar y a cantar, hizo un curso de retórica, estudió Tarot y caligrafía y memorizó varias escenas de cine clásico.
Así fue que Strauss se transformó en todo un depredador que aconseja a los inexpertos sobre qué es lo que les interesa a las mujeres y que no.
Para un hombre, la conquista es más difícil porque no puede fracasar, sin embargo las chicas creen que para ellos es más fácil; sin embargo se equivocan, porque la realidad es que la mayoría de los hombres tiene mucho miedo.
Tanto es así que para muchos la homosexualidad fue la excusa para evitar enfrentarse con el otro sexo.
Los talleres de seducción apuestan a las salidas en grupo y a los hombres les exigen abordar a cien mujeres por mes de algún modo, para adquirir el hábito y perderles el miedo.
La época más favorable para relacionarse es el verano, que es cuando se puede estar más relajado y más dispuesto a buscar pareja; y la playa es el lugar ideal.
Lo más interesante de todo esto es que no es necesario mentir, porque la mejor manera de seducir es siendo uno mismo.
Strauss se convenció que no era necesario cambiar nada de su físico, porque se dio cuenta que la verdadera belleza es algo que no se ve sino que se percibe, se siente, se transmite y sobre todo trasciende la edad.
Es la naturalidad y la honestidad lo que mejor funciona y tener bien claro lo que uno quiere sin importarnos el qué dirán.
La espontaneidad es la clave y eso no se aprende, simplemente es atreverse a ser quien uno es y dejar de compararse con otros.
Lo importante es no generar falsas expectativas y observar atentamente las señales que emite el otro sin avasallar ni presionar.
Fuente: “LNR”; “Todo por seducirte”; Fabiana Scherer;
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
La palabra mágica parece ser la actitud, o sea estar dispuesto a extraer lo mejor de uno mismo para lograr seducir.
Cuando se está seguro de sí mismo no existen los obstáculos y esa seguridad se expresa con la actitud.
Los expertos en relaciones públicas, ceremonial e imagen, afirman que para poder transmitir quiénes realmente somos se necesita sobre todo seguridad, porque la actitud asertiva lo es todo y trasciende la vestimenta y el arreglo personal porque también está expresando el modo de encarar la vida.
Desde Adán y Eva, los hombres y las mujeres comenzaron el ritual de apareamiento con la mirada y eso todavía no cambió, porque es la mirada lo que atrae a los sexos más que cualquier otra cosa.
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Tener miedo es lo que hace que nos comportemos de manera diferente a como somos y que no podamos obtener lo que queremos, por eso hay que aprender a tener coraje y confiar en nosotros mismos.
El lenguaje corporal se aprende y la actitud para enfrentar al otro sexo se desarrolla.
Por lo general son las mujeres las que están mejor dispuestas a asistir a los talleres que existen en Buenos Aires para aprender el arte de la seducción.
Los hombres prefieren más que nada vencer la timidez y bajar las defensas para poder arriesgarse a ser más vulnerables.
Sin embargo, las mujeres quieren aprender algo más que seducir a un hombre; desean elevar su autoestima; y con los resultados poder enfrentar no sólo al sexo opuesto sino también cualquier situación social que se les presente que exija saber más de ellas mismas.
En Estados Unidos, Neil Strauss, escritor y periodista, un hombre común que creía tener escaso atractivo personal para las mujeres, se convirtió en un maestro de la seducción y escribió el libro “El método”.
Para muchos “El método” fue la tabla de salvación, porque les dio la oportunidad de conocer todas las estrategias para tener éxito con las mujeres.
Strauss que habitualmente escribe críticas de música en “The New York Time” y en la revista “Rolling Stone”; tiene un pasado de fracasos que no se cansa de recordar, cuando acostumbraba a rezar todas las noches para pedirle a Dios no morir virgen.
Pero aprendió a bailar y a cantar, hizo un curso de retórica, estudió Tarot y caligrafía y memorizó varias escenas de cine clásico.
Así fue que Strauss se transformó en todo un depredador que aconseja a los inexpertos sobre qué es lo que les interesa a las mujeres y que no.
Para un hombre, la conquista es más difícil porque no puede fracasar, sin embargo las chicas creen que para ellos es más fácil; sin embargo se equivocan, porque la realidad es que la mayoría de los hombres tiene mucho miedo.
Tanto es así que para muchos la homosexualidad fue la excusa para evitar enfrentarse con el otro sexo.
Los talleres de seducción apuestan a las salidas en grupo y a los hombres les exigen abordar a cien mujeres por mes de algún modo, para adquirir el hábito y perderles el miedo.
La época más favorable para relacionarse es el verano, que es cuando se puede estar más relajado y más dispuesto a buscar pareja; y la playa es el lugar ideal.
Lo más interesante de todo esto es que no es necesario mentir, porque la mejor manera de seducir es siendo uno mismo.
Strauss se convenció que no era necesario cambiar nada de su físico, porque se dio cuenta que la verdadera belleza es algo que no se ve sino que se percibe, se siente, se transmite y sobre todo trasciende la edad.
Es la naturalidad y la honestidad lo que mejor funciona y tener bien claro lo que uno quiere sin importarnos el qué dirán.
La espontaneidad es la clave y eso no se aprende, simplemente es atreverse a ser quien uno es y dejar de compararse con otros.
Lo importante es no generar falsas expectativas y observar atentamente las señales que emite el otro sin avasallar ni presionar.
Fuente: “LNR”; “Todo por seducirte”; Fabiana Scherer;
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La Euforia y la depresion
El trastorno bipolar se caracteriza por la oscilación del estado de ánimo de la euforia a la depresión, circunstancia que genera serios conflictos y sufrimiento psíquico.
Reconocer el problema es lo más importante, para encararlo lo antes posible con el profesional que el médico clínico considere apropiado.
Como esta patología es cíclica, muchos pacientes permanecen sin atención especializada mucho tiempo, situación que puede dificultar su recuperación y causar un mayor impacto en las relaciones y en la calidad de vida.
Quien padece de trastorno bipolar (TB) puede pasar de la más profunda sensación de desgano y apatía a la excitación eufórica más incontrolable.
En Argentina, este trastorno alcanza del uno al cinco por ciento de la población general, porcentaje similar al resto del mundo.
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El diez por ciento de los que concurren al Hospital Neuropsiquiátrico Borda de Buenos Aires, son casos de bipolaridad, afirma el Dr. Aníbal Goldchluk, Jefe de los Consultorios Externos.
Esta es una enfermedad crónica, por lo que estos pacientes tendrán necesidad de recibir asistencia durante mucho tiempo.
El diagnóstico diferencial puede demorar hasta diez años, debido a que esta patología puede ser confundida con otras, como por ejemplo con la depresión unipolar, sin fase maníaca; con los trastornos anímicos que producen los grandes cambios de la vida; con las características de la personalidad ciclotímica; y con los cambios drásticos de opinión o perspectiva que puede tener la gente.
Una persona se considera bipolar si durante su vida ha sufrido depresiones profundas y por lo menos una vez ha tenido un episodio maníaco, o sea de exaltación eufórica fuera de lo común.
Existen distintos niveles de bipolaridad y también es posible que se presente un episodio bipolar mixto, o sea con síntomas de ambos polos.
Aunque algunos piensan que se trata de una enfermedad de los tiempos modernos y que actualmente se registran mayor cantidad de casos, esto no está comprobado, porque ya en el siglo I d. de Cristo se detectaban los mismos síntomas maníaco depresivos en un mismo paciente.
La diferencia es que ahora la clínica mental amplió sus criterios más allá de los cuadros que presentaban en la antigüedad las personas internadas en los asilos.
Los estados de manía pueden ser expresados como alegría, furor o excitación, pero también pueden manifestarse delirios expansivos como tener conductas riesgosas, desinhibición, sensación de poder e inspiración.
Pueden registrarse períodos de estabilidad entre las fases maníacas y depresivas.
El Dr. Gustav Vázquez, reconocido investigador internacional sobre este tema, aclara que la edad promedio de la aparición de esta enfermedad es alrededor de los 22 años, aunque otros investigadores reconocen la existencia de dos formas de aparición: un inicio temprano y otro tardío, o sea en la adolescencia o en la edad adulta; pero también se ha demostrado que además existe esta enfermedad en los niños, que a veces puede confundirse con el déficit de atención e hiperactividad.
El trastorno bipolar es una enfermedad neurobiológica de base genética y hereditaria; y el riesgo de su aparición en descendientes directos es diez veces mayor que el de cualquier otra persona no relacionada.
Si son hermanos gemelos ese riesgo aumenta al 63%; pero hay que tener en cuenta que lo que se hereda son los genes y que los factores ambientales también influyen.
Los factores desencadenantes más comunes son las situaciones vitales de pérdidas, el estrés o los cambios drásticos de estilo de vida.
Esta enfermedad exige tratamiento farmacológico específico y la atención psicoterapéutica adecuada.
Fuente:”LNR”; “Entre la depresión y la euforia”; Eduardo Chaktoura
Fuente : http://psicologia.laguia2000.com
Reconocer el problema es lo más importante, para encararlo lo antes posible con el profesional que el médico clínico considere apropiado.
Como esta patología es cíclica, muchos pacientes permanecen sin atención especializada mucho tiempo, situación que puede dificultar su recuperación y causar un mayor impacto en las relaciones y en la calidad de vida.
Quien padece de trastorno bipolar (TB) puede pasar de la más profunda sensación de desgano y apatía a la excitación eufórica más incontrolable.
En Argentina, este trastorno alcanza del uno al cinco por ciento de la población general, porcentaje similar al resto del mundo.
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El diez por ciento de los que concurren al Hospital Neuropsiquiátrico Borda de Buenos Aires, son casos de bipolaridad, afirma el Dr. Aníbal Goldchluk, Jefe de los Consultorios Externos.
Esta es una enfermedad crónica, por lo que estos pacientes tendrán necesidad de recibir asistencia durante mucho tiempo.
El diagnóstico diferencial puede demorar hasta diez años, debido a que esta patología puede ser confundida con otras, como por ejemplo con la depresión unipolar, sin fase maníaca; con los trastornos anímicos que producen los grandes cambios de la vida; con las características de la personalidad ciclotímica; y con los cambios drásticos de opinión o perspectiva que puede tener la gente.
Una persona se considera bipolar si durante su vida ha sufrido depresiones profundas y por lo menos una vez ha tenido un episodio maníaco, o sea de exaltación eufórica fuera de lo común.
Existen distintos niveles de bipolaridad y también es posible que se presente un episodio bipolar mixto, o sea con síntomas de ambos polos.
Aunque algunos piensan que se trata de una enfermedad de los tiempos modernos y que actualmente se registran mayor cantidad de casos, esto no está comprobado, porque ya en el siglo I d. de Cristo se detectaban los mismos síntomas maníaco depresivos en un mismo paciente.
La diferencia es que ahora la clínica mental amplió sus criterios más allá de los cuadros que presentaban en la antigüedad las personas internadas en los asilos.
Los estados de manía pueden ser expresados como alegría, furor o excitación, pero también pueden manifestarse delirios expansivos como tener conductas riesgosas, desinhibición, sensación de poder e inspiración.
Pueden registrarse períodos de estabilidad entre las fases maníacas y depresivas.
El Dr. Gustav Vázquez, reconocido investigador internacional sobre este tema, aclara que la edad promedio de la aparición de esta enfermedad es alrededor de los 22 años, aunque otros investigadores reconocen la existencia de dos formas de aparición: un inicio temprano y otro tardío, o sea en la adolescencia o en la edad adulta; pero también se ha demostrado que además existe esta enfermedad en los niños, que a veces puede confundirse con el déficit de atención e hiperactividad.
El trastorno bipolar es una enfermedad neurobiológica de base genética y hereditaria; y el riesgo de su aparición en descendientes directos es diez veces mayor que el de cualquier otra persona no relacionada.
Si son hermanos gemelos ese riesgo aumenta al 63%; pero hay que tener en cuenta que lo que se hereda son los genes y que los factores ambientales también influyen.
Los factores desencadenantes más comunes son las situaciones vitales de pérdidas, el estrés o los cambios drásticos de estilo de vida.
Esta enfermedad exige tratamiento farmacológico específico y la atención psicoterapéutica adecuada.
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Los tipos de amor en genero femenino
Existen distintas formas de comportamiento femenino en el amor de pareja que dependen en gran parte de las experiencias vividas y que marcan la tendencia a repetir patrones aprendidos que en su momento fueron útiles, como por ejemplo, asumir un determinado rol específico y sentirse atraída siempre por el mismo tipo de pareja
Si una mujer busca a alguien que la complemente esa pareja no tendrá afinidades porque siempre tendrán gustos opuestos; de manera que saber cómo funcionan estos roles sentimentales nos aclarará la mejor manera de encarar una relación más sana.
El amor es un sentimiento que no permite razonar, por lo menos en un comienzo, luego comienzan a actuar otros niveles de exigencias.
Una mujer se involucra más emocionalmente que el hombre, pero en toda relación suele adoptar las mismas estrategias de acción que en el pasado le sirvieron.
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La mujer generalmente idealiza al hombre y se auto engaña, porque está más enamorada del amor que de alguien real.
Uno de los roles que puede adoptar una mujer es el de hada. Un hada tiene las mejores intenciones, ve todo bien y siempre está disponible, supera cualquier conflicto para que marche todo sobre rieles y no permite que la relación tenga la dinámica que le dé vida.
Otro, es el de la mujer que busca el ideal, el hombre perfecto, inmaculado, noble, respetuoso, alegre, dispuesto a estar de acuerdo en todo y en contra de nada, pero tan difícil de encontrar como una aguja en un pajar. Puede encontrarlo, pero también puede desilusionarse y aburrirse.
Está la bella durmiente que espera tanto tiempo que finalmente se cansa y decide aceptar a cualquier buen chico que tiene a mano, formando una relación estable pero sin emoción que puede irse por la cañería cuando encuentra al hombre que la conmueva.
La mujer transformadora es la que se siente capaz de cambiar al hombre transgresor, violento y peligroso; y convertirlo en alguien manso, pacífico, y ordenado.
La mujer seductora es la que necesita que muchos le confirmen continuamente que es apreciada porque es insegura y tiene poca autoestima.
La mujer amazona, es la inteligente, capaz, segura y enérgica que se siente atraída por hombres poderosos pero que después desea dominar.
La mujer camaleónica es la que siempre dispuesta a estar de acuerdo en todo, super adaptada sin sacrificarse, pero que termina generando aburrimiento.
La mujer bruja, es la que es agresiva con el hombre, la que busca sensaciones, que no es capaz de lograr una relación verdadera y que al final se queda sola.
La mujer depredadora es la que busca al hombre a medida justo para ella para lograr seguridad, estabilidad familiar y sentimental y para que la proteja a cualquier precio. Es la que se une a alguien así sin arriesgarse a emociones fuertes que pueden ser para ella demasiado peligrosas, aunque tenga que terminar aplastada.
La mujer enfermera, es la sacrificada, altruista, pero descuidada con ella misma, la que se une a alguien que necesita ayuda, pero cuando ese alguien se curan la abandona.
La mujer desbordante, es la exitosa, sensual, linda, de alta autoestima, que compite con el hombre, que lo anula, lo intimida, pero cuando éste la abandona le echa la culpa.
La mujer moralista es la que oculta dentro de sí misma a alguien que puede ser la peor trasgresora y que generalmente encuentra una pareja igual a ella que la transforma en una pecadora.
La mujer ejecutiva que es la que asume responsabilidades propias y de otros. A ella siempre se le acercan hombres dependientes, que necesitan su fortaleza, pero cuando falla la relación, no puede aceptar su fracaso.
La mujer nave-escuela que es la que se une a un hombre mucho más jóven para sentirse ella también joven; y a cambio le enseña el arte de la seducción, pero que es abandonada cuando su amante aprende.
La mujer Penélope, que es la amante que se entrega de cuerpo y alma y espera pacientemente a un hombre casado con hijos con la ilusión de que él se divorcie.
Estos tipos de amor femeninos no son ni buenos ni malos; solamente pueden ser negativos cuando se establecen como patrones inmodificables de comportamiento puros que alguna vez resultaron eficaces pero que no siempre resultan.
Estos patrones de conducta se pueden modificar integrando características de otros para que no se conviertan en algo rígido y patológico que obligan a repetir historias.
Fuente: “Los errores de las mujeres en el amor”, Giorgio Nardone.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Si una mujer busca a alguien que la complemente esa pareja no tendrá afinidades porque siempre tendrán gustos opuestos; de manera que saber cómo funcionan estos roles sentimentales nos aclarará la mejor manera de encarar una relación más sana.
El amor es un sentimiento que no permite razonar, por lo menos en un comienzo, luego comienzan a actuar otros niveles de exigencias.
Una mujer se involucra más emocionalmente que el hombre, pero en toda relación suele adoptar las mismas estrategias de acción que en el pasado le sirvieron.
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La mujer generalmente idealiza al hombre y se auto engaña, porque está más enamorada del amor que de alguien real.
Uno de los roles que puede adoptar una mujer es el de hada. Un hada tiene las mejores intenciones, ve todo bien y siempre está disponible, supera cualquier conflicto para que marche todo sobre rieles y no permite que la relación tenga la dinámica que le dé vida.
Otro, es el de la mujer que busca el ideal, el hombre perfecto, inmaculado, noble, respetuoso, alegre, dispuesto a estar de acuerdo en todo y en contra de nada, pero tan difícil de encontrar como una aguja en un pajar. Puede encontrarlo, pero también puede desilusionarse y aburrirse.
Está la bella durmiente que espera tanto tiempo que finalmente se cansa y decide aceptar a cualquier buen chico que tiene a mano, formando una relación estable pero sin emoción que puede irse por la cañería cuando encuentra al hombre que la conmueva.
La mujer transformadora es la que se siente capaz de cambiar al hombre transgresor, violento y peligroso; y convertirlo en alguien manso, pacífico, y ordenado.
La mujer seductora es la que necesita que muchos le confirmen continuamente que es apreciada porque es insegura y tiene poca autoestima.
La mujer amazona, es la inteligente, capaz, segura y enérgica que se siente atraída por hombres poderosos pero que después desea dominar.
La mujer camaleónica es la que siempre dispuesta a estar de acuerdo en todo, super adaptada sin sacrificarse, pero que termina generando aburrimiento.
La mujer bruja, es la que es agresiva con el hombre, la que busca sensaciones, que no es capaz de lograr una relación verdadera y que al final se queda sola.
La mujer depredadora es la que busca al hombre a medida justo para ella para lograr seguridad, estabilidad familiar y sentimental y para que la proteja a cualquier precio. Es la que se une a alguien así sin arriesgarse a emociones fuertes que pueden ser para ella demasiado peligrosas, aunque tenga que terminar aplastada.
La mujer enfermera, es la sacrificada, altruista, pero descuidada con ella misma, la que se une a alguien que necesita ayuda, pero cuando ese alguien se curan la abandona.
La mujer desbordante, es la exitosa, sensual, linda, de alta autoestima, que compite con el hombre, que lo anula, lo intimida, pero cuando éste la abandona le echa la culpa.
La mujer moralista es la que oculta dentro de sí misma a alguien que puede ser la peor trasgresora y que generalmente encuentra una pareja igual a ella que la transforma en una pecadora.
La mujer ejecutiva que es la que asume responsabilidades propias y de otros. A ella siempre se le acercan hombres dependientes, que necesitan su fortaleza, pero cuando falla la relación, no puede aceptar su fracaso.
La mujer nave-escuela que es la que se une a un hombre mucho más jóven para sentirse ella también joven; y a cambio le enseña el arte de la seducción, pero que es abandonada cuando su amante aprende.
La mujer Penélope, que es la amante que se entrega de cuerpo y alma y espera pacientemente a un hombre casado con hijos con la ilusión de que él se divorcie.
Estos tipos de amor femeninos no son ni buenos ni malos; solamente pueden ser negativos cuando se establecen como patrones inmodificables de comportamiento puros que alguna vez resultaron eficaces pero que no siempre resultan.
Estos patrones de conducta se pueden modificar integrando características de otros para que no se conviertan en algo rígido y patológico que obligan a repetir historias.
Fuente: “Los errores de las mujeres en el amor”, Giorgio Nardone.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Obsesión por la Limpieza
El trastorno obsesivo compulsivo por la limpieza, es una de las afecciones irracionales de tipo neurótico que padecen en su mayoría las mujeres y que en particular provoca problemas emocionales, como miedos, inseguridad, fobias y complejos; y síntomas psicofísicos como fatiga, estrés, insomnio, problemas en las articulaciones, depresión accidentes, sobrepeso, sedentarismo, falta de apetito sexual, irritabilidad, cefaleas, hipertensión y problemas vasculares.
Desarrollar un extremo sentido de la limpieza es contrario a la buena salud y el bienestar, aunque la higiene esté asociada con la prevención y el desarrollo de enfermedades.
Las causas de este trastorno se atribuyen a las características de la personalidad perfeccionista, obsesionada por el control y la disciplina; a la falta de atención o de afecto, al estrés, a factores culturales aprendidos y al tipo de trabajo rutinario de una casa, que no se ve ni se valora y que no deja mucho margen para la creatividad.
Avisos Google
Esta actividad representa un conjunto de rituales y manías para hacer las tareas hogareñas diarias, que se repiten todos los días casi sin variantes; y que se transforman en la razón de vivir.
El pensamiento que predomina en estas personas es repetitivo, y el sentimiento es de preocupación inquietud y angustia; pero esa actividad obsesiva compulsiva lea sirve sólo para calmarse por breve tiempo, porque ni bien llegan a reparar en algún leve desorden o atisbo de suciedad, se produce un círculo vicioso y vuelven a sentir la misma sensación de malestar que antes, que las obliga a reiniciar los rituales de limpieza.
Existen cinco rituales compulsivos vinculados con las obsesiones:
Los de repetición: (como por ejemplo, contar los escalones).
Los de comprobación: (como comprobar varias veces si cerraron la puerta con llave o si apagaron el gas).
Los de acumulación: (como guardar objetos innecesarios).
Los de orden :(como no tolerar los cambios de lugar o de posición de los objetos del hogar).
Los de limpieza: (como la preocupación exagerada por la limpieza del hogar y personal).
La obsesión por la limpieza puede provocar, además de adicciones, estrés y conflictos familiares y de pareja y obligar a la persona a realizar una rutina diaria rigurosa que si no puede cumplir le producirá malestar e irritación.
La fórmula para lograr limpiar la mente y controlar estas compulsiones es:
1) Tomar conciencia del trastorno
2) Tratar de disminuir la auto exigencia
3) No seguir pautas fijas para actuar
4) Tener otras actividades más placenteras
5) Salir de la casa y tratar de realizarse como persona individual desarrollando nuevos intereses.
6) Hacer programa para el tiempo libre
7) Hablar con los familiares del paciente
8) Aprender a disfrutar de la casa y de los familiares.
Cierto nivel de orden y rigor en la conducta y el deseo de hacer las cosas bien, son rasgos ventajosos que pueden ser útiles en algunas circunstancias, pero cuando es tan exagerado que interviene en la actividad normal de una persona, es un signo de patología.
El tratamiento de una terapia cognitiva consiste en aplicar técnicas de control de la ansiedad, la práctica de la relajación para reducir el estrés y la posibilidad de evaluar la alternativa de un nuevo proyecto de vida.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Desarrollar un extremo sentido de la limpieza es contrario a la buena salud y el bienestar, aunque la higiene esté asociada con la prevención y el desarrollo de enfermedades.
Las causas de este trastorno se atribuyen a las características de la personalidad perfeccionista, obsesionada por el control y la disciplina; a la falta de atención o de afecto, al estrés, a factores culturales aprendidos y al tipo de trabajo rutinario de una casa, que no se ve ni se valora y que no deja mucho margen para la creatividad.
Avisos Google
Esta actividad representa un conjunto de rituales y manías para hacer las tareas hogareñas diarias, que se repiten todos los días casi sin variantes; y que se transforman en la razón de vivir.
El pensamiento que predomina en estas personas es repetitivo, y el sentimiento es de preocupación inquietud y angustia; pero esa actividad obsesiva compulsiva lea sirve sólo para calmarse por breve tiempo, porque ni bien llegan a reparar en algún leve desorden o atisbo de suciedad, se produce un círculo vicioso y vuelven a sentir la misma sensación de malestar que antes, que las obliga a reiniciar los rituales de limpieza.
Existen cinco rituales compulsivos vinculados con las obsesiones:
Los de repetición: (como por ejemplo, contar los escalones).
Los de comprobación: (como comprobar varias veces si cerraron la puerta con llave o si apagaron el gas).
Los de acumulación: (como guardar objetos innecesarios).
Los de orden :(como no tolerar los cambios de lugar o de posición de los objetos del hogar).
Los de limpieza: (como la preocupación exagerada por la limpieza del hogar y personal).
La obsesión por la limpieza puede provocar, además de adicciones, estrés y conflictos familiares y de pareja y obligar a la persona a realizar una rutina diaria rigurosa que si no puede cumplir le producirá malestar e irritación.
La fórmula para lograr limpiar la mente y controlar estas compulsiones es:
1) Tomar conciencia del trastorno
2) Tratar de disminuir la auto exigencia
3) No seguir pautas fijas para actuar
4) Tener otras actividades más placenteras
5) Salir de la casa y tratar de realizarse como persona individual desarrollando nuevos intereses.
6) Hacer programa para el tiempo libre
7) Hablar con los familiares del paciente
8) Aprender a disfrutar de la casa y de los familiares.
Cierto nivel de orden y rigor en la conducta y el deseo de hacer las cosas bien, son rasgos ventajosos que pueden ser útiles en algunas circunstancias, pero cuando es tan exagerado que interviene en la actividad normal de una persona, es un signo de patología.
El tratamiento de una terapia cognitiva consiste en aplicar técnicas de control de la ansiedad, la práctica de la relajación para reducir el estrés y la posibilidad de evaluar la alternativa de un nuevo proyecto de vida.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
La crisis, ¿buen momento para tomar decisiones de largo plazo?

La crisis, ¿buen momento para tomar decisiones de largo plazo?
En momentos de crisis, la toma de decisiones estratégicas suele ser un verdadero dolor de cabeza para quienes tienen a su cargo la responsabilidad de conducir cualquier tipo de organización.
En efecto, más allá de los problemas que cada crisis trae consigo, hay un riesgo mayor: perder la coherencia entre las decisiones de corto plazo (impulsadas por necesidades de coyuntura) y las de largo plazo (de neto carácter estratégico).
Toda crisis nos presenta un nuevo conjunto de amenazas y oportunidades con las que tenemos que lidiar. Y, muchas veces, la tentación de aprovechar alguna de esas oportunidades (o el pánico que nos provocan esas amenazas) puede inducirnos a transitar caminos cuyo destino final bien podría ser muy diferente al que nos habíamos imaginado originalmente.
Por un lado, es cierto que la estrategia no es algo que esté tallado sobre piedra. Los planes pueden y deben ser revisados permanentemente en respuesta a las señales recibidas desde el entorno y a la evolución de los recursos y competencias de la propia firma. Pero esto no significa que inmediatamente debamos reformular nuestra estrategia ante cualquier cambio en dichas variables.
La clave (y la mayor dificultad) radica en saber diferenciar entre los cambios coyunturales y los permanentes.
La adaptación a los cambios en el medio ambiente
Uno de los atributos de las empresas que sobreviven a lo largo de los años es su capacidad para percibir los cambios de tipo permanente que se producen en el anillo exterior que conforma el macroambiente de negocios, constituido por factores políticos, sociales, económicos o tecnológicos.
Nuestras chances de éxito futuro dependen de nuestra capacidad para determinar si estos cambios serán de carácter definitivo o transitorio y de actuar en consecuencia.
Realizar esta distinción es, de por sí, difícil. Y la situación se agrava en muchos países de América Latina. En estos ambientes inestables, muchos directivos han perdido su "olfato" para percibir, interpretar y actuar frente a cambios de tipo permanente.
Para nosotros, todo es transitorio, toda crisis es pasajera, y no hay mal que dure cien años. Incluso, nos hemos vanagloriado de nuestra capacidad para sobrevivir en este salvaje sube y baja.
Pero esto es un mito. Más allá de los habituales vaivenes de las variables económicas, hay tendencias de largo plazo que nos afectan y para las cuales debemos estar preparados. Ignorarlas por estar demasiado ocupados por la coyuntura es una receta para el fracaso.
La agenda estratégica de la alta dirección
En una encuesta reciente que tuve la oportunidad de leer, se mencionaba el hecho de que la discusión de cuestiones estratégicas apenas ocupaba menos de una hora al mes en la agenda de los ejecutivos. La atención de cuestiones de cortísimo plazo o temas eminentemente operativos (y, hasta cierto punto, rutinarios) ocupaban la mayor parte de su tiempo.
Desde luego, siempre ha existido una permanente tensión entre el corto y el largo plazo. Muchos ejecutivos, si bien son conscientes de la importancia de la planificación y el pensamiento estratégico, confiesan que las urgencias del día a día les absorben todo su tiempo. Así, les resulta imposible atender cuestiones que vayan más allá de unos pocos meses hacia el futuro.
Pero esto no puede seguir así. Si observamos fuera de nuestras fronteras, encontraremos empresas y empresarios que hoy están trabajando con la mirada puesta en un horizonte que no se mide en meses sino en años (y hasta en décadas).
Si queremos sobrevivir y hacer negocios en el futuro, tenemos que pensar en modelos de negocios capaces de satisfacer necesidades y de solucionar problemas que nuestro análisis de escenarios nos indique que podrían existir de aquí a diez años.
Ahora bien, ¿tiene sentido pensar en el largo plazo cuando estamos en medio de un tembladeral en el que nos levantamos cada mañana deseando que nada haya cambiado y que ninguna nueva regulación se interponga en nuestro camino?
Es inevitable hacerlo. Si no somos capaces de enlazar el corto plazo con el largo plazo, probablemente nos encontraremos en un punto muy lejano de aquél que habíamos imaginado.
Y una buena forma de empezar consiste en asegurar que el equipo gerencial dedique algunas horas mensuales a pensar y decidir estratégicamente.
Asegurándonos de que, en todo momento, nuestras decisiones estén alineadas con la visión y la estrategia de la firma (y todo ello en armonía con el entorno y con las grandes tendencias que determinan su evolución) estaremos dando un primer paso hacia la sustentabilidad de nuestro negocio.
Las mujeres exitosas tienen más testosterona

Las mujeres exitosas tienen más testosterona
Durante mucho tiempo se ha vinculado a la testosterona -la hormona sexual masculina- con la competitividad, la agresión y el dominio, características a su vez asociadas al género masculino. Ahora, por primera vez, un estudio sugiere que las mujeres más exitosas y las que están más dispuestas a tomar riesgos tienen niveles más altos de la hormona testosterona. La investigación, que fue llevada a cabo con estudiantes de negocios, concluye que es la biología -y no los factores sociales- la que dicta las diferencias en los géneros a la hora de atreverse a tomar un riesgo financiero e incluso de elegir una carrera…
Estudios pasados han demostrado que la testosterona, que evoca la imagen del hombre exitoso y poderoso, aumenta la agresividad y reduce el miedo, y se le asocia con conductas arriesgadas como el juego de apuestas y el abuso de alcohol.
Un estudio en 2008 llevado a cabo en el centro financiero de Londres mostró que los hombres con niveles más altos de la hormona tienen más probabilidades de obtener más ganancias financieras a corto plazo.
Hasta ahora, sin embargo, no se había estudiado el impacto de la testosterona en las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de tomar riesgos.
Más testosterona, más riesgo
Los investigadores de las universidades de Northwestern y de Chicago en Estados Unidos decidieron investigar si existían realmente estas diferencias.
Tal como señala la investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) (Actas de la Academia Nacional de Ciencias), en el campo de las finanzas la hormona sí tiene un impacto en las mujeres.
"En general, las mujeres tienen más aversión al riesgo que los hombres cuando se trata de tomar decisiones financieras importantes y esto a su vez puede afectar la elección de carrera de una mujer" afirma la profesora Paola Sapienza, quien dirigió la investigación.
"Por ejemplo, en el grupo que estudiamos 36% de las estudiantes mujeres habían elegido carreras financieras de alto riesgo como inversión bancaria u operaciones bursátiles, comparado con 57% de los estudiantes hombres".
"Quisimos explorar si estas diferencias de los géneros estaban relacionadas a la testosterona, de la cual los hombres tienen mayores concentraciones que las mujeres", señala la investigadora.
Para investigar esa relación los científicos midieron los niveles de la hormona en muestras de saliva de 500 estudiantes de maestría de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago.
Todos los participantes tenían relativamente la misma edad, los mismos antecedentes culturales y educacionales y el mismo nivel socioeconómico.
Los estudiantes tomaron parte en un experimento en el que con un videojuego se midieron sus actitudes ante el riesgo.
Debían elegir, por ejemplo, entre aceptar un premio monetario garantizado o una lotería que podría brindarles una mayor remuneración.
Los estudiantes debían elegir repetidamente entre la lotería y el pago fijo con valores cada vez más altos.
Y se recogieron dos muestras de su saliva, una antes de cada sesión y otra después de que completaban la prueba.
Los resultados mostraron, como se esperaba, que los participantes más dispuestos a arriesgarse eligieron la lotería con más frecuencia mientras que los que tenían una mayor aversión al riesgo eligieron el pago fijo.
Pero también se encontró que las mujeres con mayores niveles de testosterona habían elegido la lotería con más frecuencia.
Y descubrieron un vínculo entre la testosterona y la elección de carrera. Los que tenían más testosterona y más disposición al riesgo habían elegido carreras más riesgosas en finanzas.
Biología o sociedad
"Este es el primer estudio que demuestra que las diferencias de los géneros en la disposición a tomar riesgos financieros tienen una base biológica" afirma el profesor Dario Maestripieri, otro de los investigadores.
"Y que las diferencias en los niveles de testosterona entre individuos pueden afectar aspectos importantes de la conducta económica y de las decisiones de carrera", agrega.
Los expertos afirman, sin embargo, que las cosas podrían no ser tan categóricas porque todavía sigue siendo muy difícil saber con exactitud cuáles son las bases de las diferencias entre los géneros.
"Nadie duda que las hormonas tengan una función, pero éste es un vínculo muy complicado" dijo a la BBC el profesor Alex Haslam, experto en psicología social de la Universidad de Exeter, Inglaterra.
"Y las hormonas pueden ser tanto el producto de la experiencia como la experiencia puede ser producto de las hormonas".
"En este estudio hay una implicación de que la mujer que está dispuesta a tomar riesgos financieros de alguna forma no es femenina o es anormal".
"Nuestro apetito por las explicaciones biológicas en las diferencias de género es muy preocupante. Es una forma de justificar el status quo y los prejuicios".
"Es muy triste que prefiramos esta explicación en lugar de la que destaca a la sociedad, la elección y la capacidad de cambio del ser humano", expresa el experto.
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