Citas a ciegas: el primer encuentro offline con tu amor online


Citas a ciegas: el primer encuentro offline con tu amor online

Piensas que has encontrado tu alma gemela gracias a la Web (o a un amigo que te pasó su teléfono). Sientes que ya has coqueteado demasiado a través del e-mail y el mensajero instantáneo, y estás lista para dar un nuevo paso y conocerlo en carne y hueso.

A continuación, las cinco reglas para que el paso de lo virtual a lo real no arruine una relación que parece prometedora.

Regla 1: Es una cita a ciegas. O sea: no conoces realmente a esa persona
Es un hecho. Aunque tengas conversaciones de más de tres horas por el Messenger y hayas intercambiado cientos de e-mails, no lo conoces. A decir verdad, tú no sabes cómo luce (aunque hayas visto sus fotos), cómo suena (aunque hayas escuchado su voz) y cómo actúa como persona.

De hecho, él puede tener dificultades para expresarse cara a cara, y en segundos, podrías crear una imagen completamente distinta a la que tenías. Ése respetable abogado, de interesantísimas pláticas online, ahora parece un adolescente titubeante antes de su primer beso.

Asimismo, ¿has pensado si estás lista para una verdadera relación? Tu llama interior podría no estar preparada para la idea de un futuro perfecto junto a él dentro de las cuatro paredes de un dormitorio de estilo colonial. El primer consejo es, en consecuencia, que tomes las cosas con calma. Y deja que avancen lentamente.

Si algo parece no estar bien, respeta (y responde) ese sentimiento. Si él te pide el número telefónico demasiado temprano, explícale con educación que te gustaría esperar un poco. Los hombres, generalmente, no sienten la misma aprensión que las mujeres ante este tipo de citas, de modo que tienden a acelerar el proceso en demasía.

Por lo tanto, déjale saber que cualquier duda que tengas no tiene que ver con él en particular. En caso de que esta primera llamada telefónica no resultara bien, no te sientas presionada a volver a verlo personalmente.

Regla 2: Citas seguras: primero telefonea, después encuéntralo
Aunque no existan señales evidentes de peligro, no pases del e-mail a una cena bajo las estrellas en un solo salto. En primer lugar, realiza al menos una o dos llamadas telefónicas. Utiliza estas conversaciones como una forma de conocer mejor a la otra persona y para juzgar si quieres llevar la relación a un nivel superior. Haz que tu primera plática telefónica sea como una cita; trátalo de ese modo y verás que lograrás conocerlo mejor.

Verifica si los mismos patrones de conducta se trasladan al mundo real u offline. Elige un momento en que ambos estén en casa y, de ser posible, solos. Antes de realizar la llamada, puedes hacerte unos buenos mimos.

Toma un baño de espuma largo y glamoroso, o realiza tu rutina de ejercicios y luego date una buena ducha caliente. Vístete con algo que te haga sentir deseable. Incluso cuando tu cita no pueda verte, el ambiente adecuado estimula al romance.

Regla 3: Juega seguro en la primera cita
Siempre organiza tu primera cita en un área pública altamente transitada, en un momento razonable del día (última hora de la tarde o primera de la noche). Un restaurante familiar o un café estaría bien, pero no a la medianoche. Asimismo, nunca se encuentren en sus hogares o en sus respectivos sitios de trabajo.

Durante las primeras citas es conveniente evitar caminatas, paseos en bicicleta o viajes en auto a áreas remotas. Si decides movilizarte hacia otro lugar, hazlo en tu propio auto. Asegúrate de terminar la cita cuando, al menos, quede alguna otra persona presente en el lugar. Estas precauciones nada tienen que ver con la paranoia, sino con el sentido común.

El Autoboicot


El Autoboicot


Una persona con tendencia autodestructiva no registra sus logros personales pero sí sus fracasos; asume el rol de víctima, adoptando comportamientos de subordinación, no le agrada que lo ayuden ni que lo elogien y no intenta evitar el dolor.

Su estado de ánimo habitual es la ansiedad, su rostro muestra en general un gesto triste o inexpresivo, se enoja fácilmente, evita mirar a los ojos y puede sufrir de apatía e irritabilidad.

Existen motivos personales por los cuales estas personas han perdido su autoestima, que puede ser un contexto desfavorable, problemas emocionales no resueltos o una biografía con experiencias traumáticas.

Algunas teorías atribuyen esta falla de carácter a la falta de consistencia afectiva en la niñez, a la desatención y al abandono.

Sigmund Freud, desde el psicoanálisis analiza esta forma de carácter, en que las personas parecen deleitarse con el dolor y evitar el placer y la describe como masoquismo, o sea la necesidad de la búsqueda del sufrimiento.

Además del masoquismo sexual, Freud distingue el masoquismo moral, que expresa la necesidad de castigo y de sentirse víctimas, debido a un sentimiento de culpa inconsciente.

El masoquista boicotea todas las oportunidades que tiene de ser feliz y no necesariamente padece de un trastorno determinado sino que sólo se siente inclinado hacia la autodestrucción.

Las personas que se exigen demasiado pueden convertirse en autodestructivas y boicotear su éxito; impulsadas muchas veces por mandatos internos que les exigen éxito, productividad y los obligan a proponerse objetivos demasiado ambiciosos.

Estas exigencias desmedidas los llevan a hundirse en un terreno pantanoso que los condena al fracaso y a la insatisfacción.

El comportamiento autodestructivo del masoquista es una fuente de sufrimiento y aunque no se trate de una patología específica, exige un tratamiento adecuado.

Estos pacientes no se dan cuenta que ellos son los artífices de su propio sufrimiento, porque por alguna razón han aprendido a gratificarse con el dolor, proyectando las causas de su infelicidad a acontecimientos externos, a la mala suerte, a sus condicionamientos económicos, etc.

El tratamiento les permite tomar conciencia de que todo lo negativo que les pasa se debe a los patrones de autoboicot que han aprendido y aunque la pulsión inconsciente puede persistir, estarán en mejores condiciones de darse cuenta que son ellos los que provocan su mala suerte, porque están repitiendo conductas que los afecta y que solamente actuando diferente podrán cambiar los hechos.

Sin embargo, el trabajo terapéutico también se convierte para estos pacientes en una oportunidad para boicotear el éxito, tal como lo hacen siempre, impulsados por fuerzas inconscientes que no le permiten elegir una conducta más saludable, haciendo más difícil la cura.

Se trata de cambiar creencias muy arraigadas y de aprender a aceptar carencias emocionales arcaicas; haciendo consciente el hábito del autoboicot para poder comenzar a ser capaces de experimentar el éxito y de disfrutar de las experiencias placenteras.

El paciente tiene que reflexionar sobre los resultados que obtiene en su vida con ese patrón de comportamiento autodestructivo, cómo son sus relaciones personales y cómo se siente en su trabajo y en cada una de las actividades que realiza, hasta tomar conciencia que es su actitud y no otra cosa la que compromete su existencia.

Cada persona puede tener su propia respuesta en estos casos y el éxito del tratamiento dependerá de la capacidad de cada paciente de cambiar.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

Cuento: La muñeca y el mar


Una muñeca de sal recorrió miles de kilómetros de tierra firme, hasta que, por fin, llegó al mar. Quedó fascinada por aquella móvil y extraña masa, totalmente distinta de cuanto había visto hasta entonces.

- ¿Quién eres tú? – le preguntó al mar la muñeca de sal.

Con una sonrisa, el mar le respondió:

- Entra y compruébalo tú misma.

Y la muñeca se metió en el mar. Pero, a medida que se adentraba en él, iba disolviéndose, hasta que apenas quedó nada de ella. Antes de que se disolviera el último pedazo, la muñeca exclamó asombrada:

- ¡Ahora ya sé quién soy!.

El Cerebro y la creatividad


El Cerebro y la creatividad

El secreto de los grandes genios parece ser la capacidad de vaciar su mente de todo contenido y de toda preocupación; pero aquietar la mente es difícil cuando se vive acuciado por las obligaciones y esclavo del reloj.

Sin embargo, se puede aprender a relajarse y a cambiar nuestra manera de pensar y nuestra forma de vivir acelerada.

Nuestro cerebro está acostumbrado a funcionar saltando de un pensamiento a otro para poder reaccionar a tiempo, casi sin reflexionar, y aprovechar cada minuto del día; pero de esa forma nos condicionamos también a estar siempre en actividad para evitar el aburrimiento, llenando todo instante de nuestras vidas con distracciones.

Tener nuestra mente repleta de pensamientos es no saber usar el mayor recurso que tenemos que es el cerebro, porque es capaz de hacer cosas extraordinarias si aprendemos a relajarnos de vez en cuando y le brindamos la oportunidad.

Cuando disminuimos la velocidad de la mente también mejora la salud, aumenta la calma interior, la concentración y la posibilidad de ser creativo.

Según los expertos en estos temas, el cerebro tiene dos formas de pensar: una rápida, que es la forma racional, analítica, lineal y lógica; y una lenta que es intuitiva, difusa y creativa.

El pensamiento rápido es el que se pone en funcionamiento cuando trabajamos bajo presión, como una máquina, y el que nos permite solucionar problemas puntuales.

El pensamiento lento es el que funciona cuando no estamos apurados y tenemos tiempo para que las ideas fluyan a su propio ritmo.

Cada una de estas dos formas de pensar producen distintas ondas cerebrales; el pensamiento racional, ondas beta y el pensamiento intuitivo ondas alfa y zeta.

La relajación hace que el pensamiento sea más lento y que pueda ser más creativo.

La creatividad no suele producirse en una oficina donde todos están apurados haciendo varias cosas a la vez, sino cuando uno se encuentra relajado y tranquilo e incluso cuando estamos realizando alguna tarea que nos agrada sin ningún apuro.

Los grandes pensadores conocían sin duda el valor del sosiego, de la calma mental y de la serenidad.

Los científicos más sobresalientes son capaces de estar horas realizando una observación que les interesa y pierden la noción del tiempo, como si estuvieran en estado de trance.

Pero en realidad, no se trata solamente de utilizar el pensamiento lento, porque también tenemos que analizar racionalmente las ideas que fluyen desde nuestro interior; sino de combinar con inteligencia ambas formas de pensamiento.

Las máquinas son rápidas, exactas, eficientes, pero mecánicas; y el hombre puede ser lento, inexacto pero brillante. Las máquinas y el hombre pueden ser capaces juntos de cosas que parecen imposibles.

Las personas inteligentes son las que saben cuándo tienen que actuar con rapidez y cuando con lentitud.

Para poder llegar a utilizar el cerebro mejor es necesario aprender a relajarse, liberarse de la impaciencia, aceptar la incertidumbre y la no acción, dejar que las ideas fluyan solas sin esfuerzo y actuar con rapidez solamente cuando es necesario.

La meditación es la mejor manera de acostumbrar a la mente a relajarse, pero además, baja la presión arterial y produce ondas alfa y zeta que son las más lentas; y tienen efectos que duran mucho tiempo.

Fuente: “Elogio de la lentitud”, Carl Honoré. y http://psicologia.laguia2000.com

El Obstinado


El Obstinado

El obstinado es el que quiere tener siempre la razón; el que vive en un mundo cerrado de ideas fijas; el que no admite matices; el que está siempre en desacuerdo con cualquier opinión; el que pretende que los demás piensen como él, porque no quiere escuchar a nadie y solo cree en él.

La obstinación es el rasgo de carácter que impide ver otro punto de vista diferente al propio, reduciendo la percepción a esa sola apreciación, que siempre se considera la mejor.

El obstinado es el espíritu de contradicción que entorpece toda comunicación e intención, en el grupo familiar, en el trabajo o en una ocasional encuentro o reunión; y el que se complace en sabotear cualquier decisión.

La gente que rodea a una persona obstinada, se acostumbra a no contradecirlo, porque sabe que cualquier sugerencia desencadenará una serie de cuestionamientos irrefutables que agotarán su paciencia; por eso es común que lo dejen de lado y en el mejor de los casos, decidir sin contar con su aprobación.

Es difícil convivir con una persona obstinada, que se deleita en oponerse a cualquier iniciativa y que se complace en obstruir cualquier proyecto que no sea el propio; porque esta rigidez de pensamiento bloquea cualquier proyecto o cualquier intento de cambio, y principalmente atenta contra el vínculo.

El obstinado jamás reconocerá sus errores aunque los hechos demuestren que estaba equivocado y sólo intentará buscar excusas insostenibles para justificarse. No puede aceptar sus errores porque tiene baja autoestima y su obstinación es la que lo ayuda a autoafirmarse.

Puede llegar a perder oportunidades por no dar su brazo a torcer; perder amigos, puestos de trabajo o parejas; enemistarse con su mujer o sus hijos a quienes es común que subestime para poder sentirse superior.

A una persona obstinada le cuesta mantener un trabajo estable, porque es discutidora, polémica y oposicionista; no puede trabajar en equipo porque es individualista, no se relaciona bien con sus pares y suele enfrentarse con sus superiores; carece de humildad porque es arrogante y prepotente y puede especular con sus atributos físicos pero desilusionar con el trato, porque no puede evitar discutir.

El carácter obstinado es difícil cambiarlo, porque quien lo padece no tiene conciencia de su condición y jamás estará dispuesto a reconocerlo.

Estas personas tienen un sentimiento profundo de fracaso que ocultan detrás de una actitud que se caracteriza por estar siempre a la defensiva para terminar con extenuantes argumentos, ganando por cansancio.

La terapia cognitiva podría ayudarlas a tomar conciencia de esta grave falla de carácter y aprender a considerar otros puntos de vista, a ser más tolerantes con otras opiniones, a aceptar que pueden estar equivocadas, que no son las dueñas de la verdad; y tener de esa forma la oportunidad de poder relacionarse mejor.

También es operativa en estos casos la técnica de rol playing en la dinámica grupal, en la que se tiene la oportunidad de jugar otros roles y sentir en carne propia el desagrado y la frustración que produce ese defecto de la personalidad.

No se trata de ser criticado, sino de darse cuenta del propio comportamiento, cuando el estereotipo de la forma de ser personal se ve reflejada en el otro.

En el caso del sujeto obstinado, tanto él mismo como el grupo, pueden percibir cómo su actitud produce una barrera en la comunicación y bloquea la actividad operativa y los propósitos del conjunto.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

La Felicidad Laboral – Segunda Parte


La Felicidad Laboral – Segunda Parte


La felicidad de los empleados también mejora los problemas negativos que puede estar atravesando la empresa.

La Psicóloga Sigal Barsade, de la Universidad de Pensilvania, que se dedica a este tema, afirma que el contagio de las emociones positivas tiene un efecto dominó y que potencia los buenos resultados en los equipos de trabajo.

En 1985, Gregory J. McHugo de la Universidad Dartmouth, junto con un grupo de colaboradores, observaron que al mostrar imágenes de gente sonriendo, las expresiones faciales, las emociones y la respuesta fisiológica de quienes las miraban, cambiaban.

El sentido del humor es lo que más se contagia porque influye directamente en la comunicación, favoreciendo la cohesión del grupo de trabajo y aumentando la satisfacción, la productividad y la creatividad.

Con humor se logran suavizar las situaciones de estrés y amortiguar el acoso psicológico.

Para incentivar el contagio de las emociones positivas y utilizarlo como estrategia en el ámbito laboral, es importante el papel de los líderes, principalmente de los carismáticos.

Los empleados se sienten felices en su trabajo cuando existen elementos motivadores que incrementen su satisfacción y no mediante la eliminación de factores que les desagradan.

Esto pone en duda la creencia de que la remuneración es lo más importante para sentirse bien en el trabajo, porque ganar mucho no implica también ser feliz, aunque sea cierto que un salario insuficiente sí puede ser motivo de infelicidad.

Aunque la felicidad laboral sea un objetivo de la empresa, también depende de la decisión de cada uno en función de sus particulares condiciones psicológicas.

Para mejorar el bienestar laboral, actualmente se utilizan como estrategias, el rediseño del puesto de trabajo y oportunidades para recuperarse del estrés.

Un empleado es más feliz haciendo tareas variadas que estén claramente definidas. Necesita además ser autónomo en la organización de su trabajo, participar de las decisiones, tener oportunidad de desarrollo, retroalimentación de sus superiores sobre su desempeño y gozar de flexibilidad horaria.

La flexibilidad laboral permite una mejor conciliación entre el trabajo y la familia. La persona puede ajustar su horario de trabajo a sus necesidades personales y elegir el horario de entrada y de salida.

El trabajador se siente más satisfecho y comprometido con su tarea cuando puede modificarla según su criterio para darle un mayor significado sin desvirtuar los objetivos de la organización.

La nueva orientación de las empresas se basa en diseñar organizaciones saludables que logren el bienestar de sus empleados.

El exceso de trabajo deteriora la salud de los empleados produciendo ausentismo, en tanto que el cuidado de los recursos humanos les genera motivación.

El avance tecnológico permite que el trabajador realice parte de las tareas en su casa y disminuya los viajes por trabajo, reemplazándolos por video conferencias.

Otra fuente de satisfacción laboral la constituye la oportunidad de hacer actividad física, de aprender algo nuevo o de organizar actividades sociales con los compañeros de trabajo.

Un empleado no solamente rinde más y trabaja mejor cuando es feliz y está contento en su trabajo sino que también se siente feliz cuando logra un buen rendimiento.

Fuente: “Mente y Cerebro”; No.50/2011; “La felicidad en el trabajo”; Alfredo Rodriguez Muñoz, doctor en psicología, máster en Seguridad y Salud en el trabajo y profesor de psicología social; y Ana Isabel Sanz Vergel; doctora en psicología, máster en psicología clínica y de la salud y profesora de psicología.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

La Felicidad Laboral


La Felicidad Laboral


El trabajo tiene que ser fuente de felicidad porque es el lugar donde la gente pasa gran parte de su vida.

Un grupo de psicólogos norteamericanos está realizando investigaciones para intentar descubrir cuáles son los factores que inciden para alcanzar la felicidad en el trabajo.

Se ha detectado que las emociones positivas se contagian y que los equipos que experimentan más emociones positivas cooperan más entre sí y tienen un mejor rendimiento.

Por otro lado, el sentido del humor ha demostrado ser un factor que mejora la comunicación y la cohesión de los empleados, aumenta la satisfacción personal, la productividad y la creatividad; y que todos los mecanismos que producen insatisfacción laboral hay que evitarlos porque se oponen al bienestar de los empleados y atentan contra el buen desenvolvimiento de la empresa y que felicidad y trabajo no tienen que ser conceptos opuestos sino complementarios.

Los estudios que lleva a cabo la reciente orientación en la ciencia de la conducta denominada Psicología Positiva, realizados por los psicólogos Martín E.P.Seligman, de la Universidad de Pensilvania y Mihály Czikszentmihalyi de la Universidad de Claremont, suponen observar al ser humano no solamente desde la enfermedad sino también desde la felicidad y el optimismo.

La Psicología positiva aplicada al ámbito laboral, trata de analizar qué es lo que los trabajadores y las empresas pueden hacer para lograr un mayor bienestar en el trabajo.

El término felicidad no se refiere únicamente a un estado anímico placentero sino también a la sensación de bienestar que genera desarrollar el propio potencial y tener la oportunidad de ser creativo y de cumplir un propósito personal que al mismo tiempo sea beneficioso para la organización.

Sentimientos de prosperidad y pasión armoniosa son los conceptos que se están utilizando actualmente en este ámbito de investigación, además de la necesidad de que los empleados mantengan una visión positiva hacia su trabajo y se sientan bien haciéndolo.

Las personas tienden a contagiarse del estado anímico predominante en un grupo. Este es un proceso rápido e inconsciente y se puede explicar gracias al avance de la neurociencia.

La transmisión de las emociones de una persona a otra se relaciona con las neuronas espejo que son un grupo de células que se activan cuando se realiza una acción repetida o cuando se observa a otros haciéndola.

La satisfacción laboral es el estado emocional positivo que se logra a partir de la evaluación que una persona hace sobre sus experiencias laborales, que incluye la identificación con los objetivos y valores de la empresa y el deseo de formar parte de ella.

El trabajo pasa a ser parte central de la identidad del individuo y un motivo importante de autoestima; lo que lo hace sentirse impulsado a dedicar su energía y buena disposición a la organización donde se desempeña y tomar su tarea con entusiasmo y como un desafío, teniendo la sensación de que la jornada laboral se le hace breve.

De esta manera el empleado se puede concentrar en la tarea y sentirse entretenido haciéndola; y darse cuenta de que es una oportunidad para aprender y desarrollarse.

Se llega a logra de esta forma sentir afecto por la organización porque genera placer y permite realizar una actividad que agrada y que se desea; sentirse vital y útil y creer que esa actividad permite el crecimiento personal y que a la vez hace posible mantener la armonía en otras áreas de la vida.

El trabajo comienza a afectar a un individuo principalmente cuando es excesivo y superior a sus fuerzas y le genera estrés.

Otros factores que suelen producir malestar laboral son: la falta de comunicación con los superiores, un salario inapropiado, condiciones de trabajo inadecuadas, falta de reconocimiento e incentivos y ausencia de liderazgo eficaz.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

El Valor del Silencio


El Valor del Silencio

Las personas pueden ser más apreciadas por sus silencios que por sus palabras, porque saben escuchar.

El silencio puede ser más elocuente que cualquier palabra. Por ejemplo, en una situación límite el silencio es el que confirma el desenlace.

La gente no sabe disfrutar del silencio, que es algo que no tiene precio, sin embargo están dispuestos a gastar para escuchar ruidos molestos.

Muchos tienen dificultades para relacionarse porque tienen miedo de no saber qué decir, no se dan cuenta que para agradar es mejor no decir nada y conservar el misterio.

La naturaleza tiene silencios que son sagrados, cuando parece que hasta los pájaros dejan de cantar y la brisa deja de soplar para no quebrarlo.

Vivimos rodeados de ruidos que nos obligan a mantenernos alejados de nosotros mismos y nos mantienen pegados a las cosas; intentando tapar con música los ruidos de la calle o con conversaciones triviales hablando por teléfono y arriesgando la vida por estar desatentos.

Las cosas superficiales son ruidosas para destacarse porque están vacías de contenido; en cambio, lo que es esencial y verdadero permanece en el silencio.

Los grandes momentos exigen silencio para poder estar atentos, no distraerse y concentrarse en los significados.

Los cultos religiosos son silenciosos porque solamente en silencio está lo sagrado; el espacio entre los pensamientos; nuestra interioridad; la eternidad y el ser verdadero.

El silencio expresa mejor los sentimientos que las palabras, porque el que mucho dice poco siente.

Las palabras hieren pero el silencio es piadoso y misericordioso.

La música se expresa en función del silencio que la precede y en los momentos de mayor dramatismo es más elocuente el silencio que la música.

El ruido caótico define a una civilización como desordenada, salvaje y subversiva, que es cuando los individuos no tienen ninguna consideración hacia el otro.

El ruido es la barrera que se interpone en la comunicación social, produciendo interferencias, malos entendidos, errores, falsas interpretaciones, desavenencias, litigios, discusiones y hasta violencia física; y el silencio suele expresar con claridad los sentimientos.

El miedo a relacionarse impide hacer silencio y obliga a aturdir al otro con palabras vacías de contenido que sólo consiguen alejarlo.

Más allá de nuestros pensamientos está el silencio que puede experimentarse en la meditación como algo profundo y anhelado.

El silencio predispone a la calma y a la reflexión, es el lugar de las mejores ideas, la fuente de la creatividad.

El silencio es más real que las cosas porque es el canal que permite el surgimiento de lo verdadero.

El que ante una ofensa se queda en silencio desarma a su agresor, lo descoloca y lo inhibe y además se adueña de la situación.

El silencio es el perdón y la posibilidad de ser perdonado y es el único modo de guardar secretos.

La paradoja del silencio es que se destaca por la ausencia de ruidos, deja huellas aunque sea una incógnita, tranquiliza y produce sosiego aunque nadie lo note y sin ruido deja más lugar para la imaginación.

Sólo vale la pena romper el silencio para agradecer, porque las palabras nunca pueden expresar fielmente lo que estamos pensando.

El silencio es la mejor plegaria, el mejor camino hacia el autoconocimiento, la vía recta a la divinidad.

La muerte debe ser por fin el silencio tan deseado, que nos permita crear un mundo nuevo.

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com

La Conciencia del Yo


La Conciencia del Yo

Todo ser humano tiene una imagen de sí mismo que tiende a mantenerse estable a lo largo del tiempo a pesar de los cambios.

El yo hace posible diferenciarse de los demás, permite tomar decisiones autónomas, dirigir las acciones, elaborar proyectos personales, tener ideas propias, controlar los impulsos y construir una vida única.

Los trastornos psíquicos producen la alteración de la percepción del sí mismo.

Aunque es difícil que una persona se llegue a conocer completamente y sepa realmente quién es, generalmente puede identificar rasgos de carácter, temperamento, formas de pensar, de actuar y datos de su esquema corporal bastante precisos, siempre que no tenga alterada la percepción de sí misma.

La neurociencia trata de localizar en qué zona del cerebro se encuentra el sí mismo para entender mejor los trastornos psíquicos y para saber para qué existe la conciencia del yo.

Uno de los rasgos más sobresalientes de la experiencia subjetiva es la clara división entre la interioridad y el mundo externo. Todo lo relacionado con la mismidad, como los pensamientos, los sentimientos, los deseos, los recuerdos, pertenece a la subjetividad y lo que experimenta el otro permanece separado, fuera de nosotros mismos.

Otra de las características del yo es su estabilidad, ya que se mantiene constante a pesar de los cambios biológicos y vitales de la persona.

No obstante, la educación, la experiencia y todos los avatares de la existencia van moldeando al yo y agregando conexiones sinápticas y neuronas al cerebro, lo que demuestra que la constancia del yo también es un proceso activo del encéfalo.

A los ocho meses de edad el niño puede diferenciarse del pecho materno; al año y medio se puede reconocer en el espejo, a partir de los dos años comienza a distinguirse como un yo y a los tres años puede diferenciarse del otro.

A medida que un niño crece se va acentuando esta diferenciación y comienza a compararse con los demás, creando al mismo tiempo un sentimiento de autovaloración; y en la adolescencia se inicia el proceso de la búsqueda de la identidad y del sí mismo.

Las conexiones neuronales se van estableciendo durante el desarrollo, ya que al nacer sólo existen pocas conexiones sinápticas entre alrededor de 100.000 millones de neuronas.

La red sináptica se multiplica en forma dramática hasta los seis años y luego se torna más estable.

Durante este período, también desaparecen las conexiones que no se utilizan y se consolidan las que se relacionan con las experiencias repetidas y significativas.

Todas las personas tienen una conciencia para procesar sus pensamientos, sentimientos o recuerdos que pueden percibir como propios, salvo en casos de alteraciones psíquicas.

Gran parte del cerebro que se relaciona con la conciencia del yo se encuentra en la línea media cortical de ambos hemisferios, el área más evolucionada desde el punto de vista filogenético.

Desde esta perspectiva se podría tener la esperanza de creer que el ser humano podría estar evolucionando hacia una conciencia superior.

El sí mismo es un tema que ha inquietado desde la antigüedad a muchos filósofos. Para Platón, por ejemplo, el mundo que percibimos es ilusorio y lo real son las ideas.

Descartes afirma que sólo estamos seguros de que estamos pensando y todo lo demás lo pone en duda. Por su parte, Kant, propone que es la razón humana la que estructura la realidad; mientras para William James, científico de la naturaleza, las emociones y el sí mismo son funciones del cerebro.

Para Sigmund Freud, el yo es la instancia del aparato psíquico que se debate entre las exigencias del instinto y del Superyo o conciencia moral y el conflicto del yo, cuando no puede decidir entre estas dos instancias es la causa de la neurosis.

La conciencia del yo y su fortaleza para vencer el egoísmo, es lo que nos hace cada vez más humanos.

Fuente: “Mente y Cerebro”, No.50/2011; “Una mirada al interior”; Uwe Herwig.

Los hijos de tu pareja


Los hijos de tu pareja
¿Cómo desempeñar un rol equilibrado y saludable? ¿Qué dice y qué hace el padre de los niños para consolidar un lugar sólido para su nueva pareja? Si comienzas a convivir con un hombre y sus hijos, es el momento de hacerte algunas preguntas. ¿Estás dispuesta a ser fiel a ti misma? ¿O tal vez tu primer impulso es agradar a los demás para conquistarlos desde el comienzo? Cuidado. Estos primeros tiempos son muy importantes, y lo que siembres ahora es lo que cosecharás después. Los niños son capaces de percibir la honestidad y el verdadero cariño, aun desde el principio. Es mejor ser sincera, dar lo que salga de tu corazón, y no prometer lo que no puedas cumplir. No importa si su mamá biológica era o es de esta o aquella forma...

Es importante que todos entiendan, incluida tú, que no has venido a reemplazarla. Que tú eres tú, y mereces una oportunidad de que te conozcan tal cual eres.

El poder de la vida
Si tú también tienes niños de una anterior relación, quizá sea más sencillo. El vínculo biológico estará allí para recordar siempre cuál es la real situación. Pero esto no quiere decir que debas hacer diferencias en tus cuidados y tu preocupación por su bienestar. En absoluto, sólo reserva algunos detalles y ciertos temas para que sean resueltos por la mamá biológica de tus "nuevos amiguitos". Nunca interfieras en esa relación, ya que irías en contra del inmenso poder de la vida. Es muy importante que hables de esto con tu pareja, ya que ambos tienen que establecer algunos puntos de acuerdo. Él debe mostrarles también cuál es el lugar que te da y que tú tomas.

Aprende de ellos
Si crees que estás ante una empresa en la que no tendrás maestros, estás equivocada. Mira cómo los niños son capaces de querer, más allá de cuál sea el título que le pongas al vínculo. Ellos son sinceros y no suelen hacer cálculos. Sólo pretenden ser amados y están dispuestos a brindarse por enteros cuando presienten que el otro es honesto. Por supuesto que no será fácil, y que muchos problemas surgirán a diario. Pero aprende de ellos, que están dispuestos a olvidar pronto el enojo para volver a sonreír. ¡Juégate por entero! Si todos ponen su mejor capital, esta nueva empresa no puede fracasar.