Miedo al compromiso


Miedo al compromiso

La autonomía y la responsabilidad se van adquiriendo desde la infancia



Los miedos surgen a menudo porque no estamos acostumbrados a resolver nuestros problemas

Los jóvenes de hoy (una tercera parte de quienes tienen 30 años viven todavía en casa de sus progenitores) se lo piensan mucho antes de irse del hogar familiar. Y, todos en general, le damos mil vueltas a la cabeza antes de suscribir cualquier compromiso que suponga una atadura: hipotecarse comprando una vivienda, consolidar una relación sentimental, tener hijos, cambiar de lugar de residencia para acceder a un nuevo puesto de trabajo...

Este mundo de comodidades y seguridad en que vivimos nos ha hecho conservadores, recelosos ante el futuro y dubitativos, introspectivos y, lo que es peor, nos ha convertido en personas bastante inseguras y desconfiadas. Buena parte de esta situación se debe a la educación protectora y permisiva que los padres de las últimas generaciones han proporcionado a sus hijos. Esa sensación de bienestar a cambio de casi nada y con tan pocos límites y obligaciones, actúa como freno ante el cambio, al aumentar el nivel de prevención y exigencia ante las incertidumbres que generan los cambios estructurales. Sin duda, hay barreras objetivas ante las que apenas se puede intervenir, como la carestía de la vivienda o la escasez y baja remuneración del trabajo, que dificultan la toma de las decisiones relacionadas con la emancipación y el desarrollo personal.

Desde la responsabilidad y la libertad, hemos de aprender a valernos por nosotros mismos

Pero hace sólo tres décadas, ni se vivía tan cómodamente ni la gente había tenido tanto tiempo (antes de la vida en pareja y de tener descendencia) para construirse a sí misma, para definir sus preferencias y su propio estilo de vida. Crear una familia o irse de casa de los padres supone renuncias importantes, que pueden verse sobradamente compensadas una vez realizado el cambio pero que hacen que la gente se lo piense mucho antes de tomar la decisión.
El miedo a las obligaciones y a perder independencia

Los problemas acostumbran a surgir incluso antes de que se llegue a la convivencia de la pareja: empieza a plantearse si es "el momento adecuado", si se está "preparado para dar un paso tan importante", si "no nos estaremos precipitando". La vida en pareja entraña el riesgo al fracaso amoroso, además de un compromiso, una comunidad de objetivos, una necesidad de tolerancia, comprensión, cariño y atención permanente al otro, una mecánica de concesiones mutuas, una pérdida de libertad individual en la medida que deben alcanzarse consensos. En suma, un conjunto de cambios que si se realizan espontáneamente y sin gran cálculo nos conducirán a nuevas circunstancias que iremos sobrellevando como mejor podamos, unas veces con optimismo y otras con la resignación y madurez de quien ha modificado su vida y asume las repercusiones de sus actos. Pero, cuando ante la expectativa del cambio, nos planteamos una y mil veces si no será más lo que perdemos que lo que ganamos y puede más el temor al fracaso que la expectativa ante lo bueno que está por venir, tenemos un problema.

Pero también, conforme se va madurando, muchos tienden a ser más realistas, comprensivos y generosos con los demás. Al conocernos mejor y al estar más familiarizados con los recovecos y limitaciones del ser humano, nos mostramos más tolerantes y abiertos.
El porqué del miedo

Algunos jóvenes manifiestan miedo al compromiso con otras personas e, incluso, al compromiso con su propia autonomía. Temor a responsabilizarse, a vivir con independencia territorial y emocional respecto de sus padres. Miedo, en suma, a hacerse cargo de sí mismos, a ser responsables de sus actos, decisiones y opiniones. El miedo revela normalmente una desproporción entre la dimensión de lo que tenemos que afrontar y los recursos con que contamos para ello. Y no es suficiente con disponer de esos recursos, hemos ser conscientes de nuestra capacidad y para ello es indispensable ponerla en práctica.

Aquí está el quid de la cuestión. Los padres han protegido tanto a sus hijos, han querido allanarles tanto el camino, que no han hecho sino poner barreras a su evolución. Han olvidado que valerse por uno mismo y dotarse de la capacidad de afrontar las dudas, los problemas y las dificultades, sólo se aprende desde una autonomía de opinión y de acción, que debe irse construyendo con el transcurso de los años. Los jóvenes han de ir generando sus propios recursos, experimentando sus capacidades y comprobando que los errores son oportunidades de aprendizaje para crear respuestas más eficaces y adecuadas. Un joven que ignora sus capacidades tenderá a ser inseguro y temeroso, a manifestar dependencia de las personas que le han ayudado a resolver sus problemas. Una cosa es ayudar a los hijos y otra, bien distinta, realizar tareas y adoptar decisiones que les corresponden a ellos. El efecto de esta equivocada actitud es evidente: no se emanciparán, tardarán más en madurar y asumir las competencias que les corresponden, e incluso podrían aferrarse a esa niñez (prolongada inconscientemente por los padres) tan placentera y exenta de responsabilidades. En suma, se frenará el difícil camino hacia su autonomía como seres pensantes, libres y responsables. Además, se les puede crear un alto nivel de exigencia hacia los demás y una tendencia a la vida fácil y sin problemas, lo que propicia una escasa tolerancia al fracaso, a la disciplina y al esfuerzo.
Educar para la autonomía y la responsabilidad
La principal misión de los padres es ayudar y acompañar a los hijos a que se conviertan en personas autónomas y responsables.
Los padres son educadores, nunca amigos con los que lo fundamental es "llevarse bien".
La educación es una inversión a largo plazo en la que nunca se deja de hacer "ingresos", y que exige a los padres reflexión, disciplina, constancia, esfuerzo, y mucha paciencia.
La aplicación cotidiana de una correcta estrategia educativa puede generar enfrentamientos entre padres e hijos que hay que saber conducir.
Los padres que adoptan decisiones que corresponde tomar a sus hijos y que les resuelven todos sus problemas, generan en los jóvenes un déficit de autoestima y de capacidad para afrontar los retos de la vida.
Educar para que los hijos no muestren miedo ante las obligaciones y los compromisos es una tarea incómoda, desagradecida y difícil. Las recetas no existen, hay que atender a las peculiaridades de cada hijo.
Dejando a salvo valores innegociables (como el respeto, la solidaridad y la responsabilidad), la actitud más adecuada de los padres es la que resulta activa, próxima, abierta, vigilante y respetuosa.

Dos ejemplos de buena conducta educativa: dejar al niño de pocos meses llorar por la noche no permitiéndole dormir en la cama de sus padres, y "obligar" a los hijos a que, antes de solicitar consejo, reflexionen sobre las decisiones que más directamente les afectan.

Fuente: Eroski Consumer

Nomofobia o el miedo a no llevar el teléfono encima


Inmersos como estamos en plena era tecnológica, la comunicación y la interacción constante ha pasado a convertirse en una necesidad. La sociedad 2.0 se mueve en torno a las redes sociales y los dispositivos móviles que nos permiten estar en contacto con nuestro círculo más o menos cercano 24 horas al día. Pero, ¿qué pasa cuando no podemos hacerlo?

Sales de casa con prisas. Llegas tarde a clase, a la oficina o a una cita. Y, de repente, el pánico empieza a cundir: ¿dónde está el móvil? De lo útil a lo necesario parece haber tan solo un paso, y de ahí, a la "adicción", la línea se difumina por momentos.

Este miedo irracional a estar desconectado ya tiene nombre, 'nomofobia', y afecta al 8% de los universitarios españoles, según un estudio de la Universidad de Granada.

Además, los jóvenes adictos a los teléfonos móviles se aburren más a la hora de realizar actividades de ocio, son más extrovertidos y buscan más sensaciones nuevas que los no adictos, aunque presentan una autoestima más baja que éstos.

Así lo ha señalado la experta en adicciones y directora del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada, Francisca López Torrecillas, quien destaca que, a pesar de que algunos autores señalan a la nomofobia como una de las últimas enfermedades provocadas por las nuevas tecnologías, ésta es sólo un síntoma más de la adicción al móvil.

Según ha informado la Universidad de Granada, la adicción al móvil se traduce en una mayor frecuencia en el uso del teléfono en el envío y recepción de email, SMS, y MMS (además de otros programas como WhatsApp), la consulta permanente de noticias y el "mantenimiento" o consulta de su teléfono móvil a la hora de dormir.

Según la investigadora, los adictos al móvil suelen presentar algunas características de personalidad comunes, como una baja autoestima, problemas con la aceptación del propio cuerpo y déficit en habilidades sociales y en resolución de conflictos.

La nomofobia se manifiesta en síntomas como ansiedad, malestar general, enfado o inquietud, negación, ocultación o minimización del problema, sentimiento de culpa y disminución de la autoestima.

La profesora explica que los jóvenes que sufren nomofobia "necesitan estar físicamente junto a su teléfono móvil, y declaran, incluso, que no pueden salir de casa sin él". Si lo pierden o se les rompe, se sienten "frustrados, enojados y aislados".

¿Crees que, al igual que el 8% de los universitarios, tú también tienes dependencia de tu terminal móvil? ¡Deja tu comentario!


Fuente: Mujerhoy.com

La Respiración Consciente


La Respiración Consciente

Dentro de nosotros mismos está el secreto del bienestar y del equilibrio psicofísico; y la respiración consciente y la meditación son dos técnicas eficaces para descubrirlo.

La respiración consciente calma la inquietud, aclara la mente y nos llena de salud, vitalidad y bienestar.

Uno de los principales seguidores de Lao Tsé, el sabio taoísta, Chuang Tzu, sostenía que la respiración tiene que ser profunda, porque el aire tiene que llenar completamente los pulmones.

El estrés produce aumento del ritmo cardiaco, los músculos se ponen en tensión, la respiración se acelera y se vuelve superficial, porque el cuerpo debe responder al peligro de una amenaza, que exige luchar o huir, y necesita tener suficiente oxígeno para enfrentarla. Es diferente cuando una persona está relajada, porque su respiración se vuelve más profunda y algunas funciones se tornan más lentas.

La mayoría de la gente que vive en las grandes ciudades respira habitualmente en forma superficial, como si estuviera siempre en estado de alerta.

Esta forma de respirar hace que consuman poco oxígeno, lo que produce alteraciones en el funcionamiento de distintos órganos, principalmente del cerebro; y esa falta de oxígeno se puede manifestar como fatiga, sueño, apatía y malhumor.

El déficit de la respiración, más la polución, el estrés y la debilidad muscular producida por el sedentarismo, hacen que se generalicen los problemas crónicos de las vías respiratorias.

Aprender a respirar nos puede mejorar y prolongar la vida y nos hace sentirnos más fuertes físicamente y mejor emocionalmente.

Cuando no podemos conciliar el sueño o estamos preocupados por algún problema, la solución es aprender a calmar la mente y conectarse con la paz interior. Así nos podremos dar cuenta de que la felicidad está a nuestro alcance en cualquier momento y que no depende de lo externo, sino de nosotros mismos, porque todo lo externo pasa y es circunstancial.

La respiración consciente relaja en forma inmediata, produce calma y equilibrio, brinda oxígeno al cuerpo, mejora el rendimiento y la salud física y mental; protege del estrés y de la ansiedad; aclara la mente, la que se torna más atenta y despierta, ayuda a recuperar la armonía con la vida y el sentimiento de amor y plenitud; aumenta la creatividad y la capacidad de intuición, incrementa la fortaleza interna y la capacidad para resolver problemas; y mejora las relaciones interpersonales y con uno mismo.

Además, un estado de ánimo equilibrado influye en el entorno y se extiende en todas direcciones.

Al aprender a exhalar el aire de nuestros pulmones se activa en forma automática el diafragma, porque el principio fisiológico de la respiración es un reflejo. Por esta razón se comienza exhalando profundamente el aire que está en los pulmones y la respiración se tornará profunda en forma automática.

Existe un ejercicio de respiración que se denomina 4 – 7 – y 8, que se realiza de la manera siguiente:

1) Se expulsa todo el aire por la nariz hasta vaciar los pulmones
2) Se hace una inspiración de cuatro segundos
3) Se retiene el aire siete segundos
4) Se expulsa el aire durante ocho segundos.

Si se realizan cuatro ciclos completos, tres veces al día durante dos meses, se puede adquirir el hábito de respirar mejor, lo que reportará más energía, mayor bienestar y mejor estado de ánimo.

Este sencillo método, que exige apenas pocos minutos por día, tiene el poder de cambiar nuestras vidas, mejorando todo el funcionamiento de nuestro cuerpo y equilibrando nuestra mente.

Se puede hacer en cualquier lugar y no tiene ningún costo.

Fuente: “Escuela de Felicidad”, Rafael Santandreu, Editorial Integral.

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¿Existen los sueños premonitorios?


¿Existen los sueños premonitorios?


¿Podrían nuestros sueños convertirse en realidad pronosticando el futuro? Analizamos las teorías respecto a este tipo de sueños, auténticos flashes sobre acontecimientos venideros que nuestro subconsciente nos envía al dormir.


Resultan desconcertantes y han despertado el interés de psicólogos e investigadores durante siglos. ¿Por qué soñamos? ¿qué ocurre en nuestro cerebro cuando dormimos? El mundo onírico sigue envuelto en un halo de misterio que intriga a todo aquél que se acerca a él.

De todos los tipos de sueños imaginables seguramente son llamados precognitivos o premonitorios los que despiertan más inquietud. Soñar con un ascenso en el trabajo, un viaje maravilloso con alguien al que no hemos visto nunca, un paseo por una lujosa mansión que jamás hemos pisado, la muerte de alguien conocido, un accidente… ¿será un aviso? ¿ocurrirá en un futuro próximo?

Algunos estudiosos de este tema apasionante aseguran que cualquier persona en un momento dado puede tener uno de estos sueños premonitorios mientras que otros opinan que se trata de un fenómeno exclusivo de personas con una alta sensibilidad y con una capacidad especial (incluso paranormal) que les permite predecir qué va a ocurrir. En lo que hay acuerdo es que existir, existen, aunque las diferencias surgen cuando se trata de interpretar esos sueños.

Algunas de las teorías más importantes que han protagonizado interesantes debates entre los investigadores del sueño son:
Sigmund Freud
Para el padre del piscoanálisis, los sueños son una parte fundamental de la psique humana y la máxima expresión de sus deseos y aspiraciones. Desconfiaba de su capacidad premonitoria porque según su teoría una persona sueña lo que desea, algo que puede llegar a ser realidad (no resultaría tan extraño), o no.
Carl Jung
Su discípulo Carl Jung profundizó en las investigaciones sobre el estado onírico llegando a asegurar que los sueños son el resultado de la propia reflexión sobre uno mismo y de la necesidad de conectarnos de forma subconsciente con el resto de la humanidad (incluso con los antepasados o con las generaciones venideras). Jung estaba de acuerdo con la existencia de una capacidad telepática que explicaría por qué, por ejemplo, un grupo de personas podía tener un mismo sueño premonitorio que anunciase un determinado acontecimiento.
John William Dunne
También el ingeniero, filósofo y escritor británico J W Dunne revolucionó la idea de los sueños premonitorios con su libro "Un experimento con el tiempo” en el que aseguraba que la consciencia de determinadas personas, al dormir, puede dejar momentáneamente el plano del presente y sumergirse en un espacio tridimensional en el que el concepto del tiempo cambia, por lo que es posible “viajar” por el futuro o el pasado.

Gtres
Estas son sólo algunas de las ideas de pensadores que han buscado un sentido (racional o no) a este fenómeno no reconocido por gran parte de la comunidad científica pero que, no hay duda, está ahí.

Los que discrepan de la capacidad profética de los sueños aseguran que la explicación a estas “visiones” se encuentra en la propia capacidad del cerebro para almacenar información y en la simple casualidad y ley de probabilidades. Según esta teoría, el cerebro recibe durante el día tal cantidad de información y estímulos (algunos de forma totalmente inconsciente) que al dormir y pasar a un estado de relax es capaz de recuperar esos “datos” y crear sus propias conjeturas imaginando una realidad posible.

Es cierto, también, que muchas de las consideradas premoniciones cumplidas pueden ser fruto del azar, pero no deja de resultar inquietante ver cómo se hace real algo con lo que habíamos soñado (aunque objetivamente pueda ser un hecho totalmente explicable y casual).

Los defensores de la existencia y del poder profético de este tipo de sueños recurren a la Historia donde pueden encontrarse numerosos ejemplos de vivencias de este tipo, desde el sueño que aseguran tuvo Abraham Lincoln días antes de ser asesinado y en el que, dicen, pudo ver su propio féretro en la Casa Blanca, hasta los testimonios de numerosas personas que afirmaron, en su momento, haber soñado con una gran catástrofe en Manhattan antes de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.

Las personas que tienen este tipo de sueños aseguran que su realismo es total y que son capaces de recordarlos con gran claridad, aunque en la mayoría de los casos no sepan interpretar los simbolismos propios de ese estado onírico en el que todos nos sumergimos al cerrar los ojos. Un mundo, sin duda, apasionante.


Fuente: http://www.mujerdeelite.com

Circuitos Cerebrales y Conducta


Circuitos Cerebrales y Conducta

La estimulación del área de conexiones neuronales 25 de Brodman, del cerebro, podría curar la depresión.

La técnica de resonancia magnética revela el circuito nervioso de la depresión y permite una mayor comprensión de las causas de esta enfermedad.

Hace unos años, Mayberg y Wayne C. Drevets, registraron que el área 25, que conecta zonas cerebrales relacionadas con el estado de ánimo, el pensamiento y la emoción, revelaba hiperactividad en los pacientes con depresión.

Las investigaciones realizadas por Mayberg y sus colegas de la Universidad de Toronto, Andrés Lazano y Sydney Kennedy, confirmaron la importancia de esta área del cerebro para el tratamiento de la depresión.

Fueron identificados cinco tractos conectivos que llevan información a cinco áreas vitales: la amígdala, que atenúa el temor y otras emociones; las cortezas órbito-frontal y fronto-medial; que parecen estar relacionadas con las expectativas, el proceso de recompensa, la evaluación de errores, el aprendizaje y la toma de decisiones; el hipocampo, relacionado con el recuerdo; y el hipotálamo que regula en parte el estrés y la excitación sexual.

La ubicación de estos tractos varía en cada individuo y esta diferencia, sumada a las distintas manifestaciones que presenta la depresión en cada persona hace que unos respondan mejor al tratamiento que otros.

Algunos científicos, gracias a estos adelantos en los estudios por imágenes, están comenzando a insertar neuro moduladores en distintas zonas cerebrales para el tratamiento de la depresión, de los trastornos obsesivos-compulsivos, las alteraciones de la nutrición, el síndrome de Tourette y los dolores crónicos.

Sin embargo, el método de la inserción de electrodos que aún no tiene la aprobación sanitaria para tratar la depresión, por lo invasivo que resulta, no se considera que pueda llegar a ser un recurso habitual, por lo que se están buscando otras formas menos comprometidas para conseguir los mismos efectos.

Por ejemplo, el bioingeniero Karl Deisseroth, de la Universidad de Stanford, está obteniendo buenos resultados en la estimulación de zonas del cerebro de ratones mediante unas proteínas, las opsinas, que se pueden instalar en forma incruenta y ser estimuladas luego por medio de luz a través de un cable de fibras ópticas, en vez del electrodo que es más grande.

Conocer las funciones del cerebro no alcanza para saber en qué forma los módulos se interconectan en circuitos.

Existe una técnica denominada imaginología de difusión tensorial que consiste en una especie de sonda que llega a examinar la naturaleza de las conexiones.

Los resultados de este método, después de un estudio reciente, hacen suponer que las conexiones entre regiones cerebrales que se relacionan con la recompensa, la emoción y la toma de decisiones, son más vigorosas cuantas más experiencias nuevas intenta una persona y cuanto más confía en la aprobación social.

La cognición y el procesamiento de alto nivel ocurren en la materia gris, que está principalmente en la capa externa del cerebro formada por somas de neuronas. En cambio, la materia blanca son axones por donde pasan las señales eléctricas.

Los sujetos que más dependen de la aprobación de los demás tienen conexiones más fuertes de lo normal entre el estriado y la corteza pre frontal, que es la región del cerebro que interviene en la toma de decisiones superiores.

Estos estudios han revelado también la importancia del buen funcionamiento de la materia blanca, ya que cualquier lesión en ella puede producir esclerosis múltiple, enfermedad de Alzheimer o epilepsia.

Un estudio reciente sugiere que los pederastas tienen menos materia blanca que conecta las regiones del cerebro relacionadas con la excitación sexual.

El mayor conocimiento de las conexiones cerebrales hará posible una mayor comprensión de las funciones cognitivas, emotivas y sociales y también llegar a saber por qué la desconexión entre distintas partes del cerebro pueden producir enfermedades como la esquizofrencia, el autismo o la drogodependencia.

Fuente: “Mente y Cerebro, No.42/2010, “Atisbar en los Circuitos Cerebrales”; “Esquema de conexiones de la depresión”; Melinda Wenner.

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La Menopausia y la Andropausia


La Menopausia y la Andropausia


Durante la menopausia, las mujeres sufren una disminución hormonal y también los hombres, en la andropausia, padecen una declinación hormonal, sutil pero inevitable.

La menopausia es el fin del ciclo reproductivo para la mujer pero no es el fin de la sexualidad y puede ser el inicio de otra etapa de vida llena de posibilidades diferentes.

Muchas mujeres no registran ningún síntoma en la menopausia y para ellas solamente se manifiesta por la interrupción de la menstruación, que en gran parte no deja de ser una liberación.

La menopausia no significa vejez ni es una enfermedad, es un fenómeno fisiológico que no se da de un día para otro sino que va sucediendo con los años.

Élida Rodriguez, Vicepresidente de la Asociación Argentina de Controversias en Obstetricia y Ginecología, especialista en climaterio, explica que aunque la expectativa de vida quizás se pueda extender a 120 años, el ciclo biológico reproductivo no cambia, o sea que la menopausia va a aparecer a la misma edad, alrededor de los cincuenta años, comenzando los desajustes hormonales un tiempo antes; ciclos que los médicos identifican con el nombre de perimenopausia.

Después de la menopausia comienza el período post menopáusico, que se puede extender de diez a quince años y que se denomina climaterio.

Solamente cuando ya ha pasado un año sin menstruación se puede afirmar que una mujer está viviendo su menopausia.

La falta de sensibilidad del cerebro al estrógeno durante la perimenopausia puede producir en algunas mujeres una gama de síntomas como sudoración, dolores articulares, cambios en el deseo sexual y también depresión.

En esta etapa pueden aparecer sofocos, palpitaciones y episodios de ansiedad, que pueden ocurrir a diario, o de vez en cuando, y que pueden durar de treinta segundos hasta media hora. Lo que se altera es la temperatura de la piel que a veces llega a aumentar hasta siete grados centígrados.

Aunque la menopausia no es el fin de la sexualidad, la libido desciende, la lubricación vaginal disminuye, la vagina pierde elasticidad y puede sangrar fácilmente al contacto y producir dolor durante el coito.

El cambio principal es psicológico, porque algunas mujeres piensan que dejan de ser atractivas para su pareja, quien probablemente también esté sufriendo una disminución de su libido debido a la edad, lo cual, si no hay una buena comunicación puede desencadenar una crisis.

Es en este momento en que hay que evaluar en qué estado está la salud de la pareja.

La andropausia puede producir en el hombre el síndrome de Adán, que es típico del varón irritable.

En algunas mujeres se producen picos de testosterona que pueden incrementar su deseo sexual, fortalecido por la ausencia de preocupación por los embarazos.

Durante la menopausia se puede aumentar de peso, porque el metabolismo se hace más lento.

En esta etapa de la vida también se producen cambios emocionales. Muchas mujeres, liberadas de las cargas familiares suelen recuperar actividades que habían abandonado o también iniciar una nueva vida de pareja. Pero otras, pueden vivir estos cambios en forma negativa y desarrollar un cuadro depresivo. La personalidad es la que determinará en qué forma va a experimentar una mujer este cambio.

Mantener la mente ocupada, trabajar aunque sea una hora por día, hacer deportes, tener proyectos y cuidarse, son hábitos que pueden ayudar a transitar mejor este período de la vida.

Los hombres también sufren descensos hormonales con los años pero con un ritmo más parejo. En ellos, la testosterona comienza a declinar desde la tercera década de la vida y mantiene un ritmo de descenso de un uno por ciento durante el resto de la vida. Es un cambio gradual que casi no se percibe y que recién se empieza a notar cuando se pierde fuerza muscular y deseo sexual y cuando comienza a fallar la memoria y a decaer el estado de ánimo.

Desde otra perspectiva, la andropausia es muy diferente de la menopausia femenina, porque el varón sigue produciendo hormonas, sus testículos continúan trabajando y no hay interrupción de funciones.

En cuanto a las mujeres, los avances de la técnica en fecundación in vitro hace posible que mujeres de más de sesenta años, veinte años después de la menopausia, queden embarazadas y den a luz un hijo sano, como ocurrió con Papathiammal Subramanian, nacida en la India, que se convirtió en una de las madres más longevas del mundo a los 64 años o como Satyabhama Mahapatra que lo logró a los 65.

Pero para someterse a este tratamiento hay que tener una muy buena motivación, ya que normalmente no es aconsejable iniciar una nueva etapa de la vida utilizando antiguas fórmulas, que fueron adecuadas en otra.

Fuente: “Muy Interesante”; No.296, 06/2010; “Al calor de los años”; Pablo Seoane.

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Ayudar a los niños a desarrollar su vocabulario


Ayudar a los niños a desarrollar su vocabulario

Escuchar el mismo cuento de manera repetida es muy útil para el desarrollo emocional e intelectual de los más pequeños




Niños que piden a sus progenitores que les lean una y otra vez el mismo cuento o que les piden que les pongan una y otra vez la misma película... Aunque suene a aburrimiento y pueda ser agotador para los padres, lo cierto es que la repetición es un excelente ejercicio que les ayuda en su aprendizaje. Según un reciente estudio, escuchar o ver la misma historia una y otra vez favorece que los niños amplíen su vocabulario y fortalezcan la memoria, entre otros beneficios.

Contar cuentos a los más pequeños, además de entretenerles, les ayuda a su desarrollo. No son pocas las virtudes que se les atribuyen: estimulan las capacidades de comprensión y las habilidades comunicativas, potencian la imaginación además de ser una excelente oportunidad para que los niños adquieran el placer de la lectura. Pero parece que esto no es todo. Un estudio reciente de la Universidad de Sussex (Reino Unido) concluye que la repetición de la lectura de los relatos infantiles permite que los niños aceleren el aprendizaje del vocabulario.
A vueltas con el mismo cuento

Para realizar el experimento, se dividió a varios niños de tres años en dos grupos. La tarea de los niños consistía en aprender palabras nuevas. Estas palabras eran inexistentes (por ejemplo, "sprock", una palabra inventada y que en el experimento se empleó para referirse a una herramienta para mezclar comida). Durante la semana que duró el estudio, los niños de un grupo escucharon tres historias infantiles distintas con las palabras inventadas. Mientras que el otro grupo escuchó siempre la misma narración con las palabras inventadas.

"Escuchar los mismos relatos varias veces es una excelente gimnasia para fortalecer la memoria"

Los resultados mostraron que los niños que habían escuchado siempre el mismo relato recordaban mejor las nuevas palabras que los niños del otro grupo. Así, parece que la repetición del mismo cuento es un factor clave para que los niños mejoren y amplíen su vocabulario. Otras investigaciones han señalado la importancia de que los niños escuchen varias veces la misma historia o vean la misma película, porque les aporta nueva y valiosa información al pequeño sobre las relaciones personales o el funcionamiento de la sociedad. Y, según los especialistas, es normal que no pueda absorber todo ese conocimiento de una sola vez y que necesiten repetir.

Asimismo, es habitual que los pequeños jueguen a lo que han visto en la película o escuchado o leído de un cuento. Esa es su manera de simbolizar, de vivir las informaciones que recibe. En este proceso tan importante para su desarrollo emocional e intelectual, el niño aprenderá lo necesario para vivir esa realidad, ya sean nombres de objetos, normas sociales o hábitos.
Otros beneficios de los cuentos

Las narraciones infantiles aportan otros beneficios a los más pequeños además de ayudarles a mejorar su vocabulario. También son una excelente puerta de entrada para que descubran el placer de la lectura. Para ello, deben ser, además de educativos, entretenidos. Contar historias es una de las mejores actividades que pueden compartir los padres con sus hijos porque, cuando se cuentan con emoción y cariño, se establece un nexo especial.

Por otro lado, escucharlos ayuda a trasmitir valores y a desarrollar su capacidad reflexiva, ya que deben pensar sobre lo que les pasa a los personajes y, además, establecen conexiones con lo que ellos, o personas cercanas, viven. De la misma manera, escuchar los mismos relatos varias veces es una excelente gimnasia para fortalecer la memoria.

CÓMO LEER UN CUENTO A UN NIÑO

Cualquier momento es bueno: parece casi obligado leer un cuento cuando el niño se va a la cama, pero no tiene por qué ser este el único momento del día.
Es muy importante que el niño tenga un rol activo mientras escuchan. Hay que hacerles preguntas para que estén bien conectados con lo que se les cuenta. Es conveniente interrogarles si algún elemento de lo historia o algo que le pasa a algún personaje, les recuerda a ellos o a un amigo suyo.
Si el libro tiene imágenes es aconsejable hacerle preguntas sobre estas, para que las describa con el máximo detalle.
Las preguntas sobre las imágenes del cuento o sobre la propia historia no deben ser de respuesta dicotómica (sí o no). Si se realizan cuestiones abiertas el niño podrá trabajar su vocabulario.
No es necesario ser un buen actor, pero leer un cuento exige meterse en la piel de, por lo menos, algunos de los personajes que aparecen. No es muy divertido para el oyente utilizar el mismo tono monocorde de voz cuando habla un personaje malvado que cuando habla una princesa desvalida.

Leer el relato sin miedo a las preguntas, no hay que temer preguntar a los niños sobre lo que sienten los personajes. Así, se les ayuda a proyectar sus sentimientos.

F: http://www.consumer.es

Crecer en Pareja


Crecer en Pareja



Crecer en pareja es difícil pero necesario para que se mantenga, porque la pareja se fortalece tanto con los momentos compartidos como con la posibilidad de contar con espacios individuales propios.

Tener una relación sana y al mismo tiempo gozar de una vida personal plena y con significado, es posible.

La clave es conservar la propia intimidad con uno mismo, que nos pertenece porque es solamente nuestra; y que atesora nuestros deseos más profundos, emociones, pensamientos y acciones; razones que no queremos compartir con nadie.

El espacio personal tiene que ser genuino y no una serie de ocupaciones intrascendentes que oculten otras intenciones.

Renunciar a un sincero espacio personal privado por amor, puede producir serias consecuencias psicológicas, sociales y físicas.

Desde el punto de vista psicológico una persona puede sentirse invadida, agobiada y hasta deprimida si no tiene espacio propio; y desde la perspectiva social puede aislarse, huir de sus relaciones personales, evitar el contacto, perder el sentido del humor y hasta volverse violenta.

Las consecuencias físicas pueden ser disminución de las defensas, cansancio, y predisposición a padecer accidentes y enfermedades.

Existen distintos motivos para que alguien no pueda disfrutar de un espacio personal.

Uno de los motivos más comunes es cuando la persona no se reserva tiempo para ella misma para hacer la voluntad de la pareja. Otro puede ser la necesidad del reconocimiento de los demás y sobre adaptarse demasiado a las circunstancias, o sea cómo hay que ser y qué se debe hacer para ser aceptado y querido, o bien para conseguir reciprocidad, doy todo para que mi pareja me dé todo; o también entregarse por entero al otro para intentar garantizar su protección.

Cuando el amor se basa en una ilusión omnipotente y se cree que exige transparencia, simbiosis y alienación y que la relación debe ser sin condiciones, se está reviviendo una regresión a una etapa arcaica del desarrollo, cuando todavía no había diferenciación yo-no yo. Sin embargo, la relación simbiótica con la madre alguna vez termina para tener la posibilidad de crecer y evolucionar y poder llegar a ser una persona independiente.

Detrás de la necesidad de fusionarse con el otro, está el deseo de control, porque la persona no se siente segura de sí misma y tiene la ilusión de poder controlar la relación, aunque lo único que logre sea molestar a su pareja y deteriorar el vínculo.

Esta tendencia hace que el otro se sienta agobiado y busque el espacio perdido por otro lado, o sea que con esa actitud controladora se obtiene la contrario de lo que se desea, o sea terminar con el amor.

Para poder crecer en pareja y tener una vida propia que tenga significado, hay que aprender a respetar la individualidad del otro, sus gustos, sus intereses y su vocación.

Ser feliz tanto en la intimidad como en la vida personal es poder disponer de la necesaria libertad que permita la apertura a relaciones personales y profesionales propias y no vivir centrados solamente en la pareja; porque las relaciones de pareja también se enriquecen con las experiencias individuales que tiene cada uno.

Los celos de la pareja son los que coartan la libertad del crecimiento individual de una persona; porque cualquier amenaza externa se vive como una posible pérdida, similar a experiencias de abandono vividas en la infancia, reales o fantaseadas.

La felicidad de una pareja depende de la capacidad de independencia que tenga cada uno, que se logra con el reconocimiento de la propia identidad como personas, o sea cuando hay valoración y aceptación del sí mismo.

La estabilidad interna y la seguridad que genera una identidad firme sólo es posible cuando se ha integrado un vínculo materno sano.

El verdadero amor es aquel que respeta las diferencias y no intenta anular a la pareja, cuando se aprende a compartir pero también a soltar al otro para dejarlo ser.

Fuente: “Los jardines secretos”; Georges Escribano y Josep López,; Ed. Aguilar. http://psicologia.laguia2000.com


La Terapias de pareja


El psicólogo ayuda, pero el esfuerzo corresponde a la pareja

Cuando problemas derivados de la rutina, los celos, las dificultades económicas o la falta de comunicación ponen en peligro el compromiso entre dos personas, las terapias de pareja se presentan como un camino que les puede ayudar a salvar su relación. En otras ocasiones la convivencia se hace inviable y se opta por la separación; también entonces la pareja acude al terapeuta para buscar una solución de una forma "civilizada". Esta segunda opción, muy extendida desde hace tiempo en otros países, comienza también a darse en nuestro entorno desde hace muy pocos años. La labor del psicólogo consiste en enseñar a las dos partes ciertas habilidades, sobre todo de "reducción de conflictos".

Responsabilidad compartida

"Ya no se mira con malos ojos el hecho de consultar a un terapeuta para afrontar las crisis que surgen en una relación. Podría decirse que se tiende a normalizar el uso del psicólogo", opina Teresa Vaquero, psicóloga de Grupo Luria, especializada en Terapia de Pareja y Sexualidad. Que un matrimonio o dos personas que mantienen una convivencia estable recurran a este tipo de terapias de pareja significa, por regla general, que existen problemas que afectan a su propia relación, sin que ello presuponga la existencia de un fuerte conflicto sexual o afectivo.

De todo modos, "mientras un problema no afecte a la relación, la pareja no busca la ayuda de un psicólogo", asegura José Navarro Góngora, profesor de Terapia Familiar y de Pareja de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca, que afirma que en nuestra cultura a las parejas les sigue costando mucho tomar la decisión de acudir al psicólogo.

A falta de estadísticas que apoyen una percepción evidente, los hombres se muestran muy reacios a acudir a terapia, ya sea de pareja o de otra índole. De hecho, y aquí hay unanimidad, la decisión de ponerse en manos de un profesional "casi siempre la toma ella", tal y como comenta la doctora Ana García, del Gabinete Psicológico y Sexológico (G.P.S.) de Madrid.

A pesar de que la mayoría de psicólogos defienden que los problemas de dos deben ser abordados entre ambos, y en situaciones críticas ayudándose de profesionales, existen también opiniones contrarias, como las de los psicoanalistas, que prefieren los tratamientos individuales.

¿Qué sucede cuando uno de los miembros de la pareja ha decidido separarse y el otro no quiere? En este caso el terapeuta trabaja en "desenganchar" a la persona más dependiente y en hacerla más fuerte, este es objetivo principal, según los expertos consultados. Por lo general, decidirá combinar la terapia individual con la de pareja.

También se dan otras excepciones, como los problemas de violencia doméstica. "Si uno se siente amedrentado por el otro, la terapia será infructuosa y convendrá emprenderla por separado", asevera el profesor Navarro Góngora. Por su parte, Teresa Vaquero, desde su gabinete en el madrileño Grupo Luria, insiste en que complicaciones como el alcoholismo de uno de los miembros, depresión o ludopatía deben tratarse por separado, siempre que la relación se vea afectada por estos motivos.

Aceptar a las madrastras y padrastros


Muchos niños se niegan a aceptar esta figura ante el sentimiento de traición a los padres biológicos

La imagen de los padrastros y, sobre todo, de las madrastras, suele estar unida a connotaciones negativas y, a menudo, estereotipadas. Con frecuencia los menores les ven como usurpadores del puesto que ocupan su padre o madre biológicos y relacionan a esta nueva figura con una fuente de problemas y competencia. Son muchos los pequeños que se niegan a quererlos porque sienten que al mostrarles afecto traicionan a sus progenitores. Además, la aceptación se complica cuando la llegada de esa figura se produce tras la muerte del padre o de la madre. La clave, aseguran los psicólogos, es ser pacientes y conceder a los niños el tiempo que necesiten para descubrir que esta nueva persona no es un nuevo padre o madre, sino un miembro más de la familia que ayudará a reconstruirla y formar un hogar.
Por MARZO, 2006
8 de marzo de 2006
Cómo afrontar su llegada

La llegada a la familia del padrastro o madrastra casi nunca es fácil. El primer impulso de los niños suele ser de rechazo a esta nueva figura y el problema se agrava cuando el padrastro o madrastra aparece tras la pérdida del padre o madre biológicos. A lo largo de la historia los cuentos han presentado a esta figura como un ser malo, empecinado en alejar a los niños del lado de su padre y sin ningún sentimiento de amor, una imagen que parece haber calado en los más pequeños generación tras generación. Asegura la psicóloga Sara Raquel Vegas que para un padrastro o madrastra es difícil hacerse querer. "Más aún -afirma- cuando el niño tiene alrededor de cinco años y uso de razón, porque entonces la llegada no la suelen aceptar de ninguna manera".

"Cuanto mayores sean los hijastros, más difícil les resultará la adaptación al padrastro-madrastra", explica Álvaro Cabo Rivas, psicólogo clínico del Gabinete Psicológico GOP. "En primer lugar, porque llevan más tiempo con un modelo anterior y, en segundo lugar, porque cuando se trata de adolescentes que están intentado independizarse de la familia, les cuesta aceptar que la nueva pareja esté intentando reconstruirla". En este último caso, puede ocurrir que muchos padres y padrastros sin información confundan esta actitud de independencia del adolescente con el sabotaje de éste a la nueva pareja. "Más que por el deseo de no querer ver a sus padres, a los adolescentes les disgusta vivir en dos casas porque normalmente les impide mantener la relación con sus amigos. Esta actitud suele ser entendida por los progenitores como una muestra que no les importan o que están enfadados con ellos, en lugar de entender que a esta edad el grupo de amigos tiene mucha importancia. Además, es importante aclarar que muchos de los problemas que plantea el adolescente en la nueva familia los plantearía igualmente en la familia primaria", precisa Álvaro Cabo.



Concretamente, a los pequeños y pequeñas les cuesta entender aún más la necesidad de sus padres por rehacer su vida tras una separación, un divorcio o una pérdida, pero tampoco es fácil para los progenitores ya que, según explica Carlos Gayoso, psicólogo de la Asociación gallega de Padres y Madres separados, "el padre o la madre biológicos se pueden sentir inseguros y con miedo a perder el protagonismo". El especialista considera que en estas situaciones lo ideal es que "los dos padres biológicos estén de acuerdo en la nueva relación y que luego se la expliquen al niño conjuntamente". Lo fundamental es hacer entender a los hijos, y a los propios padres y madres, que una de las partes o ambas han rehecho su vida sentimental, pero que esa situación no afectará "para nada", recalca Gayoso, a la relación entre unos y otros. "Lo que sí hay que entender -subraya Cabo-, es que una vez que los niños entran en una familia donde se encuentra a un padrastro-madrastra ésta ya es, al menos, su tercera estructura familiar: la primera ha sido la de sus progenitores y la segunda es la que han vivido con sus padres separados".

El psicólogo considera que la facilidad o dificultad con la que el niño acepta la nueva figura del padrastro-madrastra es directamente proporcional al modo en que esta figura ha sido introducida en su vida. Los niños tienden más a actuar que a explicar cómo se sienten y necesitan saber que van a recibir la atención del padre o la madre a pesar de que éste tenga una nueva pareja. "Los cambios suelen generar inseguridad y desconcierto",

Los cambios suelen generar inseguridad y desconcierto

por ello deben introducirse lo más gradualmente posible. Para un niño tener dos hogares es como tener dos nacionalidades: resulta ventajoso salvo que los países entren en guerra", advierte.

Sin embargo, en toda esta situación quienes siempre juegan un papel principal son el padrastro y la madrastra. La actitud que tengan ante el niño será vital para que éste les acepte o rechace con más ahínco. No es sencillo saber cómo comportarse porque cada niño es un mundo y reacciona de una manera, pero los expertos aconsejan que padrastro y madrastra se deben comportar de acuerdo a su personalidad y su forma de ser: una nueva figura adulta en el hogar y en la vida de los niños. Para el doctor Cabo, eso excluye ser un amigo y ser un padre (los hijos ya tienen un padre). "El padrastro no comparte con el resto de los miembros de la familia muchas tradiciones, costumbres, ni los recuerdos de una historia en común, y debe esperar el transcurrir del tiempo y vivencias compartidas para poder generarlas y sentirse un "miembro de pleno derecho". Incluso en el caso de un padre o una madre que nunca ve a sus hijos o que incluso haya fallecido, siempre formará parte del pasado de los hijos y éstos necesitan que se les permita tener un vínculo o recuerdos de él o ella", añade.
Consejos

Las siguientes consideraciones pueden servir, según Cabo, de pistas para que padrastro y madrastra encajen mejor en la familia y los niños y niñas no se vean nunca obligados a tener que elegir entre vivir "con papá o con mamá" porque no acepten al nuevo compañero o compañera sentimental:
Ser uno mismo, actuar con naturalidad y no representar el papel de "padre bueno" porque los niños ya tienen un padre.
Ser primero esposo-esposa y después padrastro-madrastra. La actitud de los pequeños puede influir negativamente en la relación de pareja.
No convertirse en padrastro-madrastra si no se quiere, pero es obligatorio ser honesto con los niños desde el principio.
Definir claramente su papel dentro de la familia, hacerse respetar y respetar a los demás.
No confundir 'querer a la pareja' con 'querer a los hijos de ésta', ni pensar que porque la pareja le quiere también le van a querer sus hijos.
Ser realista sobre su pasado y el pasado de su pareja y sus circunstancias.