El Reloj Biológico


Los experimentos realizados con voluntarios para comprobar la influencia de los estímulos externos en los ritmos biológicos dieron como resultado que se deterioraban durante un período prolongado sin estas indicaciones del exterior.

Los participantes en esas experiencias fueron aislados en amplias celdas confortables a nueve metros de profundidad, que carecían de luz solar y de ningún indicador del tiempo.

En esas condiciones se pudo observar después de cuatro meses, que el sentido del tiempo se alteraba totalmente, los movimientos del cuerpo se tornaban más lentos, el trabajo que hacían durante el encierro se prolongaba durante treinta horas seguidas y las horas de sueño se extendían a casi veinticuatro horas. Además, los intervalos entre comidas se extendieron y perdieron muchos kilos de peso.

El período menstrual de las mujeres se interrumpió por completo y cuando salieron creyeron que había pasado solamente la mitad del tiempo.

Todos tenemos un reloj biológico que mantiene las funciones de nuestro cuerpo adaptadas a diversos ritmos naturales.

Es evidente que el ritmo que determina nuestro sueño y nuestro despertar se rige más o menos por el Sol, y la mayoría de nuestros ritmos más conocidos, de hambre y sueño se repiten diariamente. Estos son los ritmos denominados circadianos.

Hay también ritmos mensuales para diversas formas de vida en la costa, al subir o bajar más las mareas, de acuerdo con las posiciones relativas de la Luna y del Sol. También hay ritmos anuales que determinan fenómenos tales como la migración de las aves y de otros animales al cambiar las estaciones. Los seres humanos también los tenemos de esta clase pero no son tan perceptibles como los ritmos diarios.

Algunas personas que emigran a países sin variaciones de temperaturas, pueden sufrir problemas sanguíneos por falta de adaptación.

No sólo los ritmos de comer y dormir fluctúan diariamente sino también lo hacen el humor y las actitudes. Suele ocurrir que si nos despertamos de madrugada y nos acordamos de un problema particular, puede parecernos insuperable, en cambio, si lo consideramos a la mañana puede llegarnos a parecer hasta trivial. No es el problema lo que ha cambiado sino nuestro estado de ánimo.

La reacción de una persona a los medicamentos varían según el ritmo circadiano y la medicina comienza a tenerlo en cuenta a la hora de prescribir medicamentos.

El ritmo no es necesariamente el mismo en la gente. Existen personas “de mañana,” y personas “de noche”, pero todo aquello que trastorna el ritmo puede reducir considerablemente la eficacia.

Por ejemplo, los cambios de horarios en el trabajo pueden provocar dificultades de reacción en casos de emergencias, y los viajes largos hacia el este o hacia el oeste, provocan cambios de hora local muy diferente de aquella desde donde se partió, provocando lo que llamamos “jet lag” por lo cual se recomienda a los viajeros abstenerse de tomar decisiones importantes hasta que se acostumbren al nuevo ritmo.

En el espacio, los astronautas estarán privados de los estímulos exteriores de la tierra, por lo tanto, conociendo las consecuencias que provocan las alteraciones de los ritmos naturales en los seres humanos, será necesario establecer una alternancia artificial de día y noche similar a la de nuestro planeta.

El Aprendizaje en los Animales


Subestimamos a los animales cuando creemos que solamente se comportan según sus instintos, sin tener en cuenta que también tienen cierto nivel de inteligencia que les permite hacer relaciones muchas veces bastante complejas.

En las altas cumbres de los Alpes, existen unas aves que asombran por las capacidades pedagógicas que tienen las madres cuando les imparten lecciones de alpinismo a sus crías.

El recién nacido debe aprender ese arte desde el primer día y la enseñanza está en un todo de acuerdo con los avances más o menos lentos del aprendizaje.

En una pequeña altiplanicie alpina poco accesible a las personas, las crías ni bien nacen empiezan a pasear apenas una hora después de haber visto la luz del mundo, al principio vacilante y siempre seguido muy de cerca por su madre. Como consecuencia, muchas veces tropiezan, caen y se hacen daño. Al cabo de dos o tres días se dan cuenta que esas desgracias no le sucederían si se decidieran a seguir los pasos de su madre en vez de adelantarse a ella.

Podemos observar que nunca es obligado por la madre, sino que aprende por sí mismo, dado que es mejor para él acomodarse al paso de la madre y marchar siempre detrás de ella.

La palabra adaptación, suele molestar a una parte de nuestra juventud que puede llegar a considerar que el hecho de adaptarse significa un impedimento para el desarrollo de la propia personalidad. Sin embargo, en el mundo animal, continuamente sometido a peligros mortales, no existe elección. Tienen que adaptarse porque toda cría está condenada a muerte si no lo hace y esta sentencia se cumple con mucha rapidez.

Pese a todo, a los animales jóvenes y muy jóvenes les queda, dentro del marco que para ellos estableció la naturaleza, espacio suficiente para el desarrollo y la formación de una personalidad individualizada.

La madre de una de estas crías sabe que dispone de un discípulo atento y le va enseñando día a día, aumentando el grado de inclinación de la pendiente poco a poco.

Cuando su hijo tiene catorce días, comienza el examen de su capacidad de ver el peligro y las posibilidades de ascensión.

Cuando el pequeño se encuentra frente a una dificultad difícil que no puede sortear comienza a emitir un sonido triste. Al oírlo, la madre acude de prisa y lo primero que hace no es por supuesto castigar al atrevido sino tranquilizarlo mediante su contacto corporal y sólo cuando se ha calmado por completo y no tiene miedo, le enseña el camino correcto.

Los animales parecen saber de manera instintiva algo que hasta ahora escapó al intelecto de muchos profesores de gimnasia y entrenadores deportivos: el miedo es el peor de los maestros porque no activa las funciones del cerebro sino que las bloquea.

La naturaleza dota a las madres tanto humanas como animales, de cualidades pedagógicas auxiliares ya que en su inconsciente descansa un amplio espectro de modos de comportamiento que la convierten en una perfecta maestra de sus hijos sin necesidad de haber estudiado pedagogía infantil.

La condición previa y necesaria para la existencia de esas capacidades, que actúan sobre lo instintivo, es la existencia de un perfecto lazo de unión y afecto entre la madre y el hijo, establecido inmediatamente después del nacimiento.

Test: ¿Usted es adicto al trabajo?


1.-¿Tiene un horario determinado que cumple regularmente?

A) Sé cuando entro, jamás cuando salgo.

B) A veces.

C) Sí, siempre.

2.-¿Suele llevarse alguna lectura-informe a casa?

A) Sí, casi todos los días.

B) A veces, el fin de semana.

C) Mis lecturas las encuentro en la librería.

3.-¿La llaman por teléfono de su trabajo a casa?

A) Sí, casi todos los días y muchas veces por cosas sin importancia.

B) A veces.

C) Si me llaman es porque pasó algo extraordinario.

4.-¿Nota una sensación como de hacer algo incorrecto cuando sale a la hora de salida del resto de personas?

A) Sí, es como si me tuviera que escapar.

B) A veces.

C) Tengo la sensación de que me voy con los deberes hechos.


5.-¿Tiene su agenda de teléfonos con más colegas que amigos?

A) Sí.

B) Tengo tantos colegas como amigos.

C) Tengo un par de colegas, el resto amigos.

6.-¿Nota que le falta algo si deja su maletín / computadora personal en la oficina?

A) Sí y vuelvo a buscarlos.

B) Depende si me dejé algo importante.

C) Sí, me falta peso.


7.-¿Las vacaciones le resultan interminables a partir de la primera semana?

A) Sí, pero ya falta menos para volver.

B) No.

C) Me resultan cortas.

8.-¿Se queja continuamente de que le falta tiempo?

A) Sí, es una costumbre.

B) A veces, cuando tengo muchas cosas que hacer.

C) La verdad es que me las arreglo.

9.-¿Sus conversaciones suelen ser sobre el trabajo o predominan otros temas: hobbies, sociedad, deportes, cultura, política?

A) Es que mi trabajo me llena.

B) Depende, si estoy con colegas, sí.

C) ¿Trabajo?

10.-¿Se plantea o reconoce que el trabajo la requiere continuamente?

A) Sí, pero si no estoy yo no hay quien lo haga.

B) A veces.

C) No me lo había planteado.

Sume las “A” y multiplíquelas por 5; las “B” por 2 y las “C” por 0.

Resultados:

De 30 a 50 puntos—- Reflexione sobre los valores y necesidades que tiene. Exija un espacio y un tiempo para usted y para hacerlo compatible con la vida. Al final ganarán todos: la empresa, su familia y usted.

De 10 a 30 puntos—- Está en la media. No baje la guardia y sea exigente con respecto a su tiempo, a su vida.

De 0 a 10 puntos—- Si realmente ha contestado con sinceridad y le sale esta puntuación, escríbanos y díganos su secreto.

La Psicología y la Homeopatía


Todas las disciplinas científicas se relacionan. En este caso, tanto la Psicología como la Homeopatía reconocen al hombre como una unidad física, psíquica, social y espiritual, que cuando se enferma está expresando un conflicto profundo que manifiesta por medio de síntomas.

Los psicólogos frente a los síntomas emocionales o de comportamiento de un paciente tratan de descubrir los problemas que están encubriendo

Muchas veces la medicina tradicional no puede resolver enfermedades tanto agudas como crónicas debido principalmente al hecho de tener en cuenta sólo el aspecto orgánico de la enfermedad, ignorando otros tanto o más importantes, como el estado emocional del paciente y la situación por la que está atravesando.

La homeopatía utiliza medicamentos de la naturaleza para lograr a través de lo similar, un cambio de actitud y una curación profunda.

Muchas veces los pacientes con problemas emocionales concurren al médico clínico, precisamente porque éstos siempre están acompañados de síntomas orgánicos.

Si el médico no se interesa por la vida personal del paciente ni le pregunta qué le está pasando en su vida, es inútil que le recete remedios porque cuando los deje de tomar volverá a reaparecer el síntoma.

La gente vive los avatares de la vida de muy distinta manera. La mayoría trata de hacerse responsables de sus acciones, de ayudar a los demás, de cuidar a los que los necesitan y cada uno trata de hacer lo que puede. Pero hay muchos que hacen mucho más de lo que pueden provocando un desequilibrio en sus sistemas debido a una mayor autoexigencia.

Atender a la realidad externa es un desafío e implica un gran esfuerzo, muchas veces en detrimento de la propia realidad interna que desea íntimamente otra cosa.

Frente a los síntomas de angustia, ansiedad, pena, tristeza, pánicos, etc., los médicos psiquiatras suelen recetar psicofármacos. Las drogas son paliativos que pueden ayudar pero que no curan el conflicto básico.

La homeopatía unicista, que indica un solo medicamento por vez que es inocuo desde el punto de vista de sus componentes y que no contiene drogas, pueden ayudar y curar a los pacientes con problemas psíquicos.

Tanto los psicólogos como los médicos homeopáticos escuchan a sus pacientes, se interiorizan de sus problemas, conocen su vida personal, sus necesidades y la forma que tienen de vivir las experiencias.

Ambas disciplinas toman muy en cuenta cada palabra de su paciente para poder descubrir la emoción que se refleja en él con cada cosa que refiere.

Basada en el principio por el cual, aquello que produce ciertos síntomas en el hombre sano, cura los mismos síntomas en el enfermo, la homeopatía usa esas substancias provenientes de la naturaleza, disueltas en proporciones ínfimas, las cuales actúan, más que a nivel físico a nivel energético, logrando restablecer el equilibrio perdido.

Los pacientes demuestran que la medicina homeopática ayuda a hacer conscientes las represiones y dejan de actuar inconscientemente contra ellos mismos, liberándose de sus síntomas; y una vez que hayan logrado este avance podrán continuar con una psicoterapia breve para afianzar los resultados.

Las Malas Compañías


Las malas compañías resultan atractivas porque son personas que se atreven a hacer lo prohibido. Tienen una imagen romántica porque emocionan y producen admiración, pero casi siempre terminan mal, porque se empeñan en caminar por la cuerda floja, no tienen miedo y tampoco nada que perder.

La mayoría de los padres suelen discriminar cuando alguien trata de pretender ser amigos de sus hijos y parecen tener una tabla de clasificación a la hora de evaluar las compañías que tienen. Recuerdan el viejo refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres”, difícil de olvidar cuando algún desconocido se atreve a cruzar el umbral de sus casas.

A simple vista parece una crueldad pero ocurre que los jóvenes no pueden darse cuenta que una mala compañía puede llegar a ser un probable delincuente en potencia, principalmente cuando trata de rodearse de personas más débiles para dominarlas y utilizarlas para algún propósito riesgoso.

Los adolescentes de carácter lábil, tímidos, generalmente conflictuados y descontentos consigo mismos y con su familia, son la presa fácil para estos sujetos que están al acecho buscando una víctima para sus audaces caprichos.

Esa conducta antisocial es sin lugar a dudas el resultado de hogares deshechos, falta de continencia familiar, abandonos, pérdidas tempranas y abusos y es muy difícil que puedan lograr una buena adaptación con esos antecedentes. Por eso, si la personalidad se lo permite, suelen dirigir pandillas donde pueden encontrar un continente todos los débiles de carácter, con un entorno hostil.

Sentir el rechazo de la familia, falta de afecto y mantener con ellos vínculos enfermos producen un monto de agresividad que necesita ser canalizado de alguna forma y la barra es el ámbito ideal.

El jefe de una pandilla ante situaciones límites por lo general sale indemne, simplemente porque está habituado a enfrentar el peligro, que le atrae, y tiene mejores recursos para evadirlo.

Los secuaces son los que usualmente caen en los enfrentamientos con la policía o terminan presos si tienen un poco más de suerte.

Las drogas también juega un papel protagónico en estas bandas, porque generan recursos y esto les permite también consumirlas, actividades habituales en toda pandilla.

Para evitar esta seria amenaza para sus hijos, los padres tienen que alentarlos a canalizar sus energías a través del deporte, el estudio o el trabajo. Una persona joven no puede estar ociosa porque posee un monto de energía que no puede reprimir y en una gran ciudad se encuentra expuesto a toda clase de tentaciones que pueden hacerles perder su verdadero camino.

Tampoco pueden obligarlo a permanecer encerrado en su casa ni someterlo a una vigilancia estricta que resulta impracticable.

Lo ideal, es dialogar con él, conocer sus necesidades, tratarlo con afecto y comprensión, sin juzgarlo y aceptándolo como es, entendiendo sus cambios de humor, su inestabilidad, su apatía e indiferencia, que es la característica propia de la adolescencia, pero que es circunstancial y nunca definitiva, ya que alguna vez termina para dar paso a una persona nueva que logra adaptarse.

La Neuroteología


¿Es la experiencia religiosa algo inherente a los seres humanos como lo es la sexualidad o el hambre?

Los líderes religiosos y los profetas han tenido revelaciones y han logrado que millones de personas sigan sus creencias por muchos siglos.

Existe una nueva ciencia llamada Neuroteología que está investigando la relación entre la epilepsia del lóbulo temporal y los fenómenos místicos.

Una de las principales fundadoras de la Iglesia Adventista del Séptimo día, nacida en el siglo XIX, tuvo una visión religiosa mientras rezaba.

Al estudiar su pasado, los científicos descubrieron que a la edad de nueve años había recibido un fuerte golpe en su nariz con una piedra que le produjo un desmayo y un estado de confusión durante tres semanas.

Luego de esa experiencia, quedó tan conmocionada y afectada que no pudo volver más a la escuela.

Su personalidad cambió y se orientó hacia la religión. Después de ocho años del accidente tuvo visiones olfativas, fragancia a rosas, y visuales, luces blancas que le sugerían divinidades.

Este cuadro clínico coincide, según los científicos, con el síndrome de epilepsia del lóbulo temporal.

Sin embargo, otros profesionales no opinan lo mismo porque en primer lugar la zona nasal está lejos del cerebro, luego las visiones comenzaron ocho años después del suceso traumático, atípico para estas afecciones cuyos síntomas comienzan antes de los tres años.

En la Universidad de California se han realizado experimentos con pacientes con epilepsia del lóbulo temporal y personas sanas, para comprobar la conexión entre las experiencias religiosas y la epilepsia del lóbulo temporal, habiéndose comprobado una mayor respuesta cerebral en los enfermos que en los sanos, al ser sometidos a estímulos religiosos.

Ciertos experimentos hechos en Canadá han demostrado que estimulando los lóbulos temporales se puede inducir en algunas personas una experiencia similar a una auténtica revelación religiosa, sometiéndolas a la influencia de campos magnéticos.

Se comprobó que los campos magnéticos interfieren con nuestro propio campo magnético, produciendo estimulaciones cerebrales que producen sensaciones de presencias sobrenaturales.

También se constató que no todas las personas llegan a tener esas experiencias aunque les estimulen esa zona del cerebro, aparentemente por falta de sensibilidad en su lóbulo temporal.

Otro experimento realizado con una persona acostumbrada a meditar y que llegaba habitualmente a lograr una sensación de unidad con el todo y pérdida de conciencia del yo, reveló que los lóbulos parietales recibían mucho menor flujo sanguíneo que el resto del cerebro.

También se experimentó con un grupo de monjes tibetanos y monjas franciscanas en los momentos de meditación y oración y se produjo el mismo fenómeno en sus lóbulos parietales. De modo que es evidente que existe una red de diferentes estructuras cerebrales que se activan con estas prácticas.

Sin embargo, todos estos experimentos no pueden probar que una revelación mística sea la consecuencia de la activación de zonas específicas del cerebro, ni pueden negar el valor de Dios.

Más bien podrían probar lo contrario si se interpretara de otra manera. Como que ciertas estructuras cerebrales se pueden llegar a modificar en algunas personas sensibles y llegar a ser receptoras de experiencias trascendentes con ciertos estímulos externos que realmente existen pero que no todos pueden percibir.

Según la teoría de la evolución de Darwin, los seres humanos somos el resultado de la evolución de organismos inferiores que se fueron modificando para adaptarse a los cambios. Significa que todos los sistemas de nuestro cuerpo se han ido organizando de acuerdo a un proceso de adaptación al medio.

La capacidad de experimentar la trascendencia puede ser también un paso evolutivo que permite percibir aspectos de una realidad más profunda, teniendo en cuenta lo común que suelen ser estas experiencias en estos momentos.

Stanislav Groff, un médico psiquiatra, ha comprobado después de más de treinta años de experiencia clínica, que los estados alterados de conciencia permiten acceder al inconsciente, revelar experiencias traumáticas, volver a revivir el propio nacimiento y recordar acontecimientos de aparentes vidas pasadas.

El cerebro es el órgano más misterioso de nuestro cuerpo y aún se desconoce la mayor parte de su funcionamiento.

¿Soy yo o son los demás?


Claves para metabolizar actitudes negativas

¿Cómo asimilar la hostilidad ajena? En todos los ambientes de nuestra vida nos enfrentamos con actitudes negativas que nos contaminan y no hacen mal, de esto siempre son responsables los otros. Ahora, ¿Qué pasaría si asumiéramos en primera persona este problema? ¿Es conveniente creer que lo malo siempre viene de los demás?

En nuestro mundo, ¿quién no se ha preguntado cómo procesar las agresiones, la hostilidad, el mal humor, la indiferencia, el cinismo, la envidia, la tristeza, la apatía o el agobio de quienes nos rodean (para no hablar del “clima” emocional de los medios de comunicación)? Desmenucemos la cuestión. Uno: ¿cómo metabolizar? Es decir: cómo hacer lo que hay que hacer. Dos: ¿qué son las actitudes negativas o “pasiones tristes”, como las definía el filósofo holandés, Baruch Spinosa? Tres: “los demás”, ¿son siempre su fuente?
Uno: un digestivo por favor

El término “metabolizar” dice mucho. El proceso metabólico más familiar es la digestión. Así que las actitudes negativas se ingieren, se nos “meten dentro” y ahí quedan. Es decir: la negatividad es una comida que indigesta. Habría que degradarla para asimilarla y excretar sus restos todo esto “sin intoxicarnos”. Es una buena metáfora, que requiere de un comentario: algunos animales (en especial ciertas aves) para ayudarse a digerir alimentos coriáceos, tragan piedras. Estos guijarros van a parar a la molleja donde arman una auténtica piedra de moler que se llaman “gastrolitos” (piedras gástricas) ¿Qué gastrolito anímico podemos incorporar? Y, ¿qué antítodo hay para los “tóxicos” de la negatividad?
Dos: actitudes negativas

Ahora bien, para “combatir” algo o “digerirlo” hay que saber qué es. Para precisar lo “negativo” se propusieron al comienzo algunos sinónimos: agresión, hostilidad, indiferencia, tristeza etcétera… Baruch Spinoza, filósofo holandés del siglo XVII, llamaba a estos estados de ánimo “pasiones tristes” y, según él, son expresión de una caída de nuestra potencia. Potencia es, para este autor, nuestra “vitalidad”, nuestra capacidad para afirmarnos como seres deseantes, sensibles, inteligentes, autónomos y activos. Es decir, positivos.

¿Qué serían, según esto, las actitudes negativas? Actitudes cargadas con alguna pasión triste y que, como consecuencia, promueven en nosotros esas pasiones. ¿Qué pasa si nos agreden? Nos asustamos y nos deprimimos o nos cargamos de ira y nos resentimos. ¿Y si nos tratan con apatía e indiferencia? Nos desolamos. ¿Qué hay si nos frustran o hablan mal de nosotros? Nos ofendemos y sentimos rabia. Consecuencia general: quien actúa desde una “pasión triste” despierta en otros pasiones igualmente tristes.

Negativo: triste, reactivo, débil

Lejos de expandir nuestro ser, estas pasiones lo menoscaban. Nietszche diría que nos ponemos “reactivos”, a la defensiva. Nos sentimos amenazados (la principal “pasión triste” es el miedo) y actuamos en consecuencia, encerrándonos o agrediendo. Esto nos quita la libertad de vivir a partir de nuestros proyectos y deseos, con alegría y desenfado. Potentes, dejamos de ser autónomos. Pasamos a depender de lo que queremos apartar: nos debilitamos, somos en función de aquello de lo que nos defendemos: esos “otros” y su “negatividad” que espejamos. La perspectiva sistémica nos enseña que, de este modo, se arman “circuitos” en los que quedamos atrapados que se amplifican y refuerzan con el tiempo. El más clásico es el gran tema literario de la venganza (y su versión “doméstica”: reclamo y retaliación). Pero hay otros: mentira y ocultamiento; lucha por tener la razón o el control, etcétera. Esto nos da algunas pistas y nos lleva al tercer punto.

¿Son los demás o somos todos?

Recordemos la pregunta inicial: ¿cómo metabolizar las actitudes negativas de los demás? Es decir, desde el enunciado, el problema son los demás; si no fuera por ellos, yo viviría lo más positivo y alegre de las vidas. Ahora bien, para “el otro”, ¿no soy yo uno de “los demás”? Es decir, si leyéramos esta nota en grupo –pongamos por caso- entre todos compañeros de trabajo, ¿quiénes serían “los demás”? Para cada uno: “los otros” serían todos los demás. Pero lo más probable es que cada uno diga, en su fuero interno: “Claro, ¡yo no tengo actitudes negativas! Son los demás y, bueno, yo reacciono”. Ahora bien, si todos están en lo cierto, nadie es responsable, nadie “genera” negatividad. Dicho en términos alimentarios como al comienzo: ninguno de nosotros “prepara y sirve” el plato tóxico. Entonces… ¿De dónde sale? Esta suposición de base –“el problema son los demás: yo reacciono”- es “lo reactivo” mismo. Pero decir “reactivo”, es decir, triste, y negativo con lo cual, resulta que estoy desde el vamos en una actitud negativa. Débil, de potencia caída, de pasiones tristes: tengo miedo a los demás y soy irresponsable respecto de mis emociones y mis actos. Estoy a la defensiva, no cuento conmigo para vivir “como me gusta” sino como los demás manden. Así, es difícil “metabolizar” las actitudes negativas de los demás porque yo mismo aporto negatividad: recelo, hostilidad, irresponsabilidad, inseguridad.

¿Y por casa cómo andamos?

Para metabolizar la negatividad “ajena” hay que empezar por la propia. Y reconocer dos cosas. Primero: Es mi negatividad la que se activa ante las actitudes negativas de otros. De hecho, llamamos “sabio” a quien no entra en ese juego de la negatividad y afirma su positividad más allá de las circunstancias. Decimos que es “más sabio” reírse de las ofensas; no sentir celos; no ponerse violento ante una agresión; perdonar, no resentirse…. Para ello, sin embargo, hay que “ser positivo”. Es decir: estar seguro de quién se es y qué se quiere, y afirmar, cada día, ese modo de vivir propio. Esto, en el lenguaje de Spinoza, es alegría, y es lo que sentimos cuando crece nuestra potencia de ser.

Segundo: soy yo quien considera negativas las actitudes ajenas. Con lo cual, atribuyo mala intención desde el inicio, aun sin darme cuenta, espero “la mala onda”. Y con ello fomento la negatividad ajena aportando la propia, así sea en el registro “débil” del recelo.
Antídoto y gastrolito

En dos palabras: en cada gesto, palabra y actitud cada uno propone siempre una forma de vincularse. Si esa forma está tramada por emociones de confianza en sí mismo, respeto por los demás, alegría de vivir y buena disposición, lo que uno aporta al vínculo es positivo, y eso debilita la posible negatividad de los demás.

Entonces, para metabolizar ese tóxico que es la negatividad ajena y propia, el antítodo más potente es aceptarse a sí mismo y ser autónomo: saber qué quiero y cultivar el “tono emocional” en que me gusta vivir más allá de cómo accionen los demás (presas ellos también, recordémoslo, de su inseguridad, de su temor a que otros “los bombardeen con actitudes negativas”). Si sé qué busco, si siento respeto por mí mismo y no estoy en una actitud de queja y reclamo ante el mundo sino que me hago activo responsable de mi forma de vivir, las actitudes negativas de los demás me afectarán superficial y pasajeramente. No me torturarán.

El gastrolito más eficaz es un compuesto de esa misma auto-confianza (que amortigua agresiones y “malas ondas”) de interés y comprensión por los demás (lo que atempera hostilidad y resentimiento). Esto me permite desactivar su hostilidad y cultivar reacciones firmes pero amables ante su negatividad. Con lo cual, los demás suelen descolocarse, e incluso adoptan “actitudes positivas”. Es que ellos también esperan de mí esa “negatividad”, y “gruñen”. Si cortamos el círculo y los tratamos con respeto y cortesía, los demás tenderán a deponer su negatividad y la propia no se activará. O lo hará de modo débil y pasajero.

Reflexión

Si al encontrarnos con un perro sentimos miedo, casi seguramente nos ladrará. Decimos que este “huele miedo” y “se aprovecha”. En verdad, frente a nuestro recelo –que implica hostilidad- es él quien siente miedo y reacciona. Si, en cambio, somos amigables y ofrecemos con paciencia un acercamiento, el recelo del perro casi siempre cederá y el encuentro será amistoso. Los humanos, mamíferos al fin, tenemos los mismos mecanismos, cultura y lenguaje mediante.

F:revistabuenasalud

La Solidaridad


Muchas veces los jóvenes nos sacan de las casillas pero hay otras que nos enorgullecen.

Es normal que tengamos prejuicios sobre sus habituales formas de actuar, difíciles de erradicar, porque en su arrolladora ansia de vivir la apasionada etapa de la juventud, pueden llegar a desilusionar.

Afortunadamente ocurren cosas que deberían figurar en la primera plana de los diarios, para devolver la esperanza a muchos que ya no creen en la gente.

Este es un hecho real que sucedió hace unos años.

Un joven de quince años cayó enfermo, aquejado de una dolencia muy grave, que ponía en peligro su vida. La desesperación de la familia fue mucha pero a medida que los médicos fueron estudiando el caso con más detalle, aplicando todos los medios a su alcance, se aventuraron a dar un buen pronóstico, siempre y cuando se sometiera a un tratamiento agresivo de quimioterapia, que entre otras muchas contraindicaciones provocaba la caída del pelo.

Para un adulto, esta circunstancia, aunque puede resultar transitoria, suele ser muy traumático, porque obliga a alterar la propia imagen que sufre una modificación difícil de ocultar.

Imaginemos entonces, qué puede sentir cualquier adolescente que por lo general a esa edad suele asignarle al cuerpo una preocupación mucho mayor.

La búsqueda de la identidad, la inseguridad, la necesidad de aceptación propia de esa edad, configuran un panorama sombrío cuando se ven afectadas de alguna forma por circunstancias que no se pueden controlar.

Fue así, que de acuerdo a lo adelantado por los médicos, el tratamiento le provocó en poco tiempo la pérdida del cabello, hasta que quedar completamente calvo.

El extrañamiento que le provocaba su imagen distorsionada, le provocó una gran angustia y desazón. Tal es así, que demoró bastante tiempo para regresar al colegio, temeroso por la reacción de sus compañeros.

El día que se decidió a volver, entró a la escuela sin mirar a nadie manteniendo fija su mirada en el suelo. Casi corrió por los pasillos sin atreverse a alzar la mirada en ningún momento, para no encontrarse con miradas que lo avergonzaran.

Ingresó al aula todavía mirando el piso, y al levantar la vista, la sorpresa que experimentó lo conmovió hasta las lágrimas, porque todos sus compañeros estaban con sus cabezas rapadas.

Fue un enorme gesto de solidaridad muy difícil de llevar a cabo también para ellos, que como todos los adolescentes, suelen preocuparse demasiado por su aspecto externo.

Sin embargo, en esta ocasión, además de la aceptación y el afecto demostrado con esa actitud apoyada por unanimidad, se manifestó el deseo de ponerse en el lugar de él para disminuir su sufrimiento, expresando el auténtico sentido de la compasión.

Los jóvenes pueden enseñarnos a expresar nuestros sentimientos hacia los demás con estos gestos, que no resultan fáciles, porque exigen dejar de lado las propias necesidades despojándose de la obligación que pueden llegar a sentir de mantener las apariencias.

El valor de la crítica constructiva


Criticar es dar una opinión personal sobre algún tema. ¿Puede ser constructiva una crítica? Sí. Siempre que se haga para corregir los errores y mejorar nuestra vida. Algunos expertos la llaman simplemente “una observación”.

La crítica constructiva se fundamenta en el propósito de lograr un cambio favorable que beneficie a los demás. A través de ella se desarrollan los valores de lealtad, honestidad, sencillez, respeto, amistad, siempre y cuando podamos criticar y ser criticados con respeto.

Con frecuencia, corremos el riesgo de sujetarnos únicamente a nuestro punto de vista sin atender a las necesidades o propósitos que tienen los otros, por eso es necesario abrir nuestra mente, y aceptar la corrección y la crítica del otro. Se trata de un asunto de co-evolución, ya que hacer una crítica constructiva para ayudar a los demás es una actitud madura, responsable y llena de respeto por nuestros semejantes.Cada vez que una persona desea expresar su opinión o inconformidad con intención de rectitud, quiere hacer una crítica constructiva.

Escuchar con cuidado

A veces somos tan susceptibles, que sin la aclaración pertinente de que nos hacen una “crítica constructiva” nos sentimos agredidos. La idea es ser más sencillos y maduros y encontrar en cada corrección una oportunidad para cambiar y mejorar nuestra forma de vida. Es muy común que nos quejemos por todo lo que nos disgusta del trabajo, la casa, las personas, pero muy pocas veces hacemos un juicio objetivo y valiente sobre nuestro comportamiento y modo de pensar. De ahí la importancia de prestar atención a la crítica que ayudará a “construir” nuestra madurez.

Ser autocríticos
Antes de criticar a otro, debemos mirarnos a nosotros mismos y reflexionar sobre:
Examinarnos con el mismo rigor y criterio, no sea que tengamos los mismos defectos.
Reconocer nuestras intenciones, sentimientos y estado de ánimo antes de pronunciar las palabras.
Proponer descubrir lo bueno que tienen las personas, las instituciones y las circunstancias, que son las mismas que nosotros compartimos.

Una habilidad social

En la cotidianidad, todo tipo de crítica ofrece una opinión distinta a la nuestra, un punto de vista discrepante sobre lo que hacemos o pensamos y, por ello, nunca carece de interés.

A saber, una de las habilidades sociales más convenientes de aprender es el manejo de la crítica, ya que es una estrategia básica para solucionar problemas y conflictos interpersonales.

Al recibir una crítica pongámonos en la posición del otro, y viceversa. Tenemos que ser conscientes de que las propuestas de cambio pueden ser acogidas con desagrado por lo que debemos planificar una secuencia que facilite la aceptación de la crítica. Por eso sigamos estos pasos:
Definamos el objetivo a criticar y clarifiquemos nuestro comportamiento.
Describamos la conducta o situación que deseamos criticar, expresándonos con mensajes en primera persona, ya que son nuestras opiniones.
Si es oportuno, elogiemos los cambios puestos en marcha valorando el esfuerzo que han requerido de la otra persona.

¿Criticar a alguien?

Si nos corresponde hacer una crítica. Tomemos en cuenta:
La crítica o corrección tiene que surgir con respeto. La persona tiene que percibir que está siendo corregida porque se le quiere, no por envidia.
Utilizar el tono adecuado. El objetivo no es vencer, sino convencer.
Buscar el momento adecuado. En ocasiones una corrección deberá diferirse hasta que consideremos que la otra persona ha madurado lo suficiente para poder recibirla.
Evitar herir el orgullo del otro. Sería conveniente demostrar que también necesitamos ser corregidos en muchas cosas.
Quien corrige no se debe limitar a indicar los defectos, sino que debe de ofrecer un acompañamiento para superarlos. Tengamos en cuenta que cuando un defecto está muy arraigado en una persona, es posible que necesite tiempo y paciencia hasta llegar a superarse.

Estar abiertos a otras opiniones

Del otro lado del espejo, ahora somos nosotros los que recibiremos la crítica constructiva. Estemos atentos a:
Ser consciente de que hay muchos defectos propios que ignoramos pero son visibles a los ojos de los demás.
Aprovechar la ocasión para intentar cambiar actitudes o defectos que ya conocíamos.
Si es necesario, pedir ayuda a quien nos corrige, y confiar en que superaremos los defectos.
Razonar que es mejor ser criticado, que ignorado.

Diferencias entre las críticas “buena” y “mala”
La crítica constructiva no tiene mala intención, y da una posible solución. Por lo contrario, la otra, la malintencionada, lo único que busca es tratar de hacernos sentir mal o inferior por algo.
Una eleva la autoestima, la otra puede causar alteraciones emocionales y psíquicas, todo depende de la intensidad de la crítica y que tan mal fundamentada sea

La Parapsicología


Esta ciencia estudia los procesos intelectuales y psíquicos sin base determinada o de origen inexplicable. Comprende la telepatía, la clarividencia, la hipnosis, el espiritismo, y cualquier otro fenómeno psicológico que desafíe las leyes físicas.

Considero que no es una ciencia paralela a la Psicología sino que forma parte de ella, ya que estas experiencias podrían llegar a explicarse cuando el nivel de nuestros conocimientos sobre la psique humana lo permita.

La telepatía, que es un fenómeno ampliamente estudiado, consiste en la sensación o percepción ocurrida fuera del alcance de los sentidos. Es la facultad que tienen algunas personas de percibir a distancia estados de conciencia, situaciones o pensamientos de otras con quien por lo general están ligadas por lazos afectivos.

Rupert Shaldrake, conocido biólogo inglés, realizó una investigación con más de tres mil perros, pertenecientes a distintas familias, y pudo comprobar que podían presentir cuando sus amos pensaban volver a casa.

Se observó que la conducta de los perros, de aguardar cerca de la puerta de calle se relacionaba con la intención de sus dueños de volver a casa, aunque todavía estuvieran en su trabajo. No se trataba de señales de olfato, ni de sonidos familiares como el motor del auto o del ruido de pasos acercándose, ni tampoco de asociaciones con horarios fijos, porque los experimentos se realizaron en horas diferentes.

De alguna forma todos hemos tenido intuiciones telepáticas cuando atendemos el teléfono y sabemos antes de atender quién nos llama, y es probable que hasta hayamos presentido alguna vez las malas noticias.

La clarividencia es la capacidad de ver claro o sea la facultad de comprender y discernir claramente las cosas. Pero en un sentido más amplio es el poder que tienen algunas personas de predecir el porvenir, o de conocer el pasado o el presente de una persona extraña.

Dentro de la clarividencia se encuentran la mayoría de las artes de adivinación o mancias como el Tarot, las lectura de las líneas de las manos, de las hojas del te, etc.

Estas artes esotéricas existieron desde hace miles de años y permanecen en el imaginario popular hasta ahora.

La hipnosis ha sido utilizada desde principios del siglo pasado por la medicina, para facilitar el tratamiento de enfermedades mentales como la Histeria y también para corregir trastornos funcionales. En esos estados, los pacientes pueden recordar hechos traumáticos inconscientes y hacerlos conscientes, o bien cambiar conductas perjudiciales.

Es una técnica que induce al paciente a un estado de sueño magnético, por fascinación mediante el influjo personal o por medio de aparatos adecuados.

El hipnotizador es alguien que tiene el poder de adueñarse de la voluntad de otra persona siempre que la misma permita dejarse influenciar.

El espiritismo es la doctrina según la cual los seres vivos pueden comunicarse con los espiritus de los muertos, especialmente a través de los médiums. Según esta creencia, al morir el hombre, su alma desencarnada queda envuelta en un segundo elemento, semimaterial y fluido que permite el contacto entre los espíritus y los seres vivos, hasta que, según ellos, tiene lugar una nueva encarnación del alma.

El espiritismo nació y tuvo su apogeo en el siglo XIX, pero aún hoy cuenta con numerosos adeptos, principalmente en Estados Unidos, Gran Bretaña y Brasil.

Existen muchas manifestaciones extrañas en la naturaleza que todavía no entendemos y que atribuimos a causas sobrenaturales, pero a medida que el hombre se atreva a ampliar su perspectiva el conocimiento de la naturaleza permitirá aclarar los antiguos misterios inexplicables que todavía permanecen sin revelar.