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Tics nerviosos


Pocos niños precisan tratamiento, la gran mayoría dejan de sufrir tics de forma espontánea

Los tics, que afectan aproximadamente al 20% de niños y niñas, constituyen el trastorno del movimiento más habitual en la infancia. La prevalencia de este trastorno de carácter benigno es tres veces mayor en niños que en niñas, si bien en el tratado de Pediatría de Nelson, uno de los más prestigiosos, afirma que no hay predilección por un sexo u otro. Estos involuntarios movimientos aparecen entre los 6 y 10 años, y los niños afectados son generalmente normales, inteligentes y sensibles, aunque son de mayor intensidad entre niños cohibidos y tímidos. Los tics se presentan varias veces al día, en ocasiones casi a diario. Suelen desaparecer en la adolescencia y rara vez persisten en la edad adulta.
¿Qué son los tics?

Se pueden definir como movimientos involuntarios, de corta duración, no rítmicos, bruscos y repetitivos. Quienes los padecen sólo los pueden evitar si, cuando perciben que van a sufrir un tic, se concentran y los controlan, aunque sólo se logran detener por tiempo limitado. No obstante, otras veces no da tiempo a dominarlos. La causa de los tics no se ha determinado todavía. Se barajan varias hipótesis, como el exceso de dopamina (sustancia química del cerebro) en el organismo o una sensibilidad aumentada a la misma; también se ha esgrimido la teoría de un funcionamiento defectuoso de los ganglios basales en el cerebro, de una disfunción de la transmisión nerviosa.

Los tics se agravan en condiciones de estrés, ansiedad, irritabilidad y fatiga

Su mayor incidencia en niños que en niñas ha sugerido, asimismo, una posible influencia de la testosterona. Las posibles causas genéticas también han sido objeto de estudio, y mientras para unos el papel de los antecedentes familiares es muy discutido y no resulta relevante en el origen de los tics, para otros, que basan su argumentación en estudios realizados con parejas de gemelos, el papel de la herencia es importante. Lo que sí parecen claras son las causas de índole psicológica. Se atribuyen los tics a factores ambientales y de aprendizaje, sobre todo dentro de la familia. Los tics se agravan en condiciones de estrés, ansiedad, fatiga, irritabilidad, y aumentan en presencia de familiares y amigos íntimos, mientras que se reducen al realizar actividades absorbentes que no producen ansiedad. Se puede decir que los tics aumentan con el estrés, disminuyen con la relajación y desaparecen durante el sueño.
Tipos de tics
Tics motores simples: son los más frecuentes. Dentro de este grupo, el parpadeo o guiño de los ojos, las sacudidas verticales u horizontales de la cabeza y el encogimiento de hombros son los más habituales, aunque hay otros tics que afectan a brazos y piernas.
Tics motores complejos: golpearse a sí mismo, saltar, pisotear... son bastante infrecuentes.
Tics fónicos o vocales simples: aclararse la garganta, gruñir, sorber por la nariz, resoplar...
Tics fónicos o vocales complejos: cuando el niño padece tics del tipo ecolalia (repite las palabras que le dirigen), alilalia (repite sus propias palabras) o coprolalia (emite palabras obscenas), se puede sospechar que sufre el Síndrome de Tourette.
Restar presión a los niños

Algunos expertos incluyen el tartamudeo entre los tics. Aproximadamente entre el 5% y el 10% de los niños tartamudea cuando se inician en el lenguaje, pero en la mayoría de los casos se resuelve de forma espontánea y conviene que los padres no le den mayor importancia, pues los niños perciben que algo les ocurre y pueden reaccionar con ansiedad y estrés. Se ha comprobado estadísticamente que si los padres no prestan especial atención a los tics y los consideran como algo normal y pasajero, su evolución es buena y en un plazo que habitualmente varía entre unos meses y un año cesan sin dejar secuelas. Lo habitual es que desaparezcan durante la adolescencia. Pueden empeorar si los padres riñen y presionan a sus hijos para que logren vencer el defecto. En ese caso, lo más probable es que los tics se tornen más frecuentes e intensos. Los padres deben tranquilizar al niño si éste les pregunta sobre su problema, deben evitarle actividades extraescolares en exceso, ayudarle a evitar que sea autocrítico y perfeccionista. Es decir, hay que restarles presión y todo lo que pueda generarles tensión interna.
¿Cuándo acudir al pediatra?

Es preferible no medicalizar el problema del niño, ya que se considera contraproducente todo lo que le conduzca a reflexionar sobre sus tics. No obstante, en ocasiones hay que recurrir al pediatra y al especialista. Estas son las señales que aconsejan la consulta:
Los estudios se ven alterados
Los tics interfieren con sus amistades
Los tics se acompañan de ecolalia, alilalia o coprolalia
Se acompañan de tos persistente
Los tics afectan a partes del cuerpo que no son las habituales (cabeza, cara y hombros)
Su intensidad o frecuencia aumentan
La duración es superior a un año
Tratamiento

La mayoría de los casos de tics se resuelven espontáneamente, pero en algunos casos el tratamiento especializado puede ser necesario. La medicación ataja el síntoma, pero no elimina la causa de los tics. Se han utilizado neurolépticos, tranquilizantes, relajantes, etc. que resultan eficaces, pero al abandonarlos se producen recaídas. Los métodos psicológicos y, en concreto, los de autocontrol, resultan muy útiles para los tics y el síndrome de Tourette. Una de las terapias más importantes dentro de este tipo de tratamiento lo constituye el "Procedimiento de inversión del hábito", que en un periodo que oscila entre dos y cuatro meses reduce los tics en el 90% de los casos. Es una técnica compleja que exige gran colaboración y sobre todo gran fuerza de voluntad, lo que hace que a menudo sea de difícil aplicación en niños en toda su amplitud, por lo que algunos especialistas aplican por separado o parcialmente los distintos componentes. Afortunadamente pocos niños precisan tratamiento, la gran mayoría dejan de sufrir tics de forma espontánea.

Síndrome de Ulises


Un nuevo trastorno mental que afecta a los inmigrantes ilegales

Debido a las desigualdades del mundo en que vivimos cada vez más personas intentan entrar por todos los medios en los países más ricos en busca de un futuro mejor. España, por su cercanía con África, es testigo de cómo miles de personas se lanzan al mar en pateras para alcanzar sus costas. Joseba Achótegui, psiquiatra y profesor titular de la Universidad de Barcelona, ha descubierto un trastorno común a los inmigrantes ilegales: El síndrome de Ulises.
Por BENYI ARREGOCÉS CARRERE PARA CONSUMER.ES
Última actualización: 7 de octubre de 2005
Una nueva patología

El síndrome de Ulises es un problema del siglo XXI. A grandes rasgos, sus potenciales afectados son todos los inmigrantes ilegales o los que corren el riesgo de pasar a serlo. Según diversas estimaciones, alrededor del 2% de la población se encuentra en este estado en España, es decir, casi un millón de personas.

El descubridor de esta enfermedad, Joseba Achótegi, psiquiatra y profesor titular de la Universidad de Barcelona, le da un sentido restringido al síndrome de Ulises porque para él sólo están afectados los casos más extremos, no todos los inmigrantes. El experto, que se ha reunido en el Parlamento Europeo con profesionales de otros siete países para debatir este problema, ha recibido luz verde de la cámara de representantes europea para dirigir un proyecto que establezca protocolos, ayude a los médicos a diagnosticar y marque las líneas de investigación de esta nueva enfermedad.



Para conocer bien esta patología, debemos situarnos, según Achótegi, en la vida de cualquier extranjero que llega a un país que no es el suyo sin la regulación pertinente.

Los expertos aseguran que se pueden distinguir dos tipos de inmigrantes ilegales:
Los que entran de forma clandestina en un estado, sobre todo a través de redes de tráfico de personas. A cambio de realizar el "viaje deseado" deben pagar una importante cantidad de dinero. La mayoría no está en posesión de todo el dinero en el momento mismo de emprender el viaje, por eso, una vez en el país elegido, se ven obligados a desembolsar lo que costó el viaje más intereses. El fenómeno de las pateras que llegan desde África al estrecho de Gibraltar y a las Islas Canarias ha subido un 23% desde 2002, según datos de la Cruz Roja.
La otra clase de inmigrantes ilegales la componen los que viven legalmente en un país, pero que se convierten en ilegales al permanecer en él cuando se les acaba el permiso de residencia o el visado. Con frecuencia no pueden renovar este permiso porque carecen de un contrato de trabajo en regla o porque el que tenían se les acabó.
Cuatro focos de tensión

El psiquiatra Joseba Achótegui explica que el síndrome de Ulises se caracteriza por los siguientes focos de tensión:
La soledad: Una vez que la persona llega a un país que no es el suyo se encuentra con un panorama más que desolador. No pueden traer a la familia porque primero tienen que tener estabilidad económica. Además, el hecho de que sus familiares más cercanos, como sus hijos, especialmente en el caso de las mujeres, se hayan quedado en el país de origen produce una nostalgia difícil de superar.
El sentimiento del fracaso. Piensan que tanto esfuerzo no les ha servido porque no pueden progresar en el mercado y no pueden conseguir trabajo.
Viven situaciones muy duras en la lucha por la supervivencia. Su preocupación principal es dónde comer y dónde dormir.
Pasan situaciones de terror. Por ejemplo, es común es los que llegan en pateras sientan pavor, poco tiempo después, al agua.

Achótegui descubrió este trastorno en su trabajo en el SAPPIR (Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados) del Hospital Sant Pere Claver de Barcelona, un centro que fundó y que actualmente dirige. "Llevo desde los años 80 trabajando en inmigración y este síndrome hasta hace 5 años no se observaba. Las condiciones de vida se han hecho más duras para los inmigrantes en los últimos tiempos. Me di cuenta de que todos tenían unos síntomas concretos", explica.

Al principio, este profesor de la Universidad de Barcelona pensó en otro nombre para esta patología, pero luego decidió cambiarlo por uno que manifestara mejor de qué se trataba. "Los textos de La Odisea (poema griego atribuido a Homero) hablan de lo que padecen estos inmigrantes: los naufragios de Ulises y su sufrimiento. Todo está escrito y plasmado en La Odisea por eso lo llamé así", revela.

Fobia Social en la Adolescencia


La fobia social es la psicopatología más frecuente que se presenta en niños, adolescentes y adultos, principalmente en sociedades altamente desarrolladas y también en países en vías de desarrollo.

Cerca de un diez por ciento de la población entre 12 y 17 años, puede llegar a sufrir de este trastorno que se puede volver crónico si no se realiza tratamiento.

La fobia social se manifiesta como un temor exagerado y persistente frente a distintas situaciones sociales; o en la oportunidad de tener que enfrentarse al público, para ser evaluado por otras personas, ante la eventualidad de un fracaso.

La fobia social se puede definir a partir de tres formas de respuesta a la ansiedad:
-Ideas y creencias;
-Sensaciones físicas o fisiológicas y
-Conductas motoras y cognitivas para reducir la tensión.

Las ideas o creencias pueden ser:
-Todos me están mirando
-Estoy dando mala impresión
-Voy a perder el control
-no podré hablar
-me olvidaré de todo
-pensarán que no soy normal
-soy aburrido
-no valgo nada
-soy un tonto
-no le gusto a nadie
-quisiera desaparecer

Las sensaciones fisiológicas o físicas pueden ser:
-ruborizarse
-nudo en la garganta
-palpitaciones o taquicardia
-temblores
-dolor de estómago
-diarrea
-tensión muscular
-mareos
-sudoración
-falta de aire

Las conductas motoras de evitación o huida pueden ser:

-Evitar los lugares temidos
-Hablar poco
-No iniciar ningún diálogo
-Necesidad de tener algo en la mano
-Alejarse
-Ocultarse
-Taparse con mucha ropa
-Brazos pegados al cuerpo
-No mirar a los ojos
-Mirarse las manos

Las conductas cognitivas pueden ser:

-Controlar los pensamientos
-Ensayar mentalmente una actuación
-Ensayar frases
-Desconectarse
-Estar distraído

Los niños pueden expresar su ansiedad o fobia social en forma de llanto, tartamudeo o parálisis; y en ciertos casos puede tener un ataque de pánico.

Este tipo de trastorno puede repercutir en la adaptación social y predisponer al desarrollo de una depresión o a adquirir adicciones.

En sociedades complejas, la adolescencia es una etapa del desarrollo en la que se producen cambios muy importantes en el cuerpo y en las relaciones interpersonales; y tanto la adaptación a los cambios físicos y cognitivos, como la necesidad de ser aceptado y de sentirse integrado socialmente pueden ser factores que predisponen a adquirir fobia social.

En las sociedades occidentales existe la tendencia a prolongar la adolescencia muchos años; y esta demora en asumir la edad adulta para eludir los compromisos que exige, se añade a las dificultades propias de este período evolutivo.

Diferenciar una fobia social que produce discapacidad, de una ansiedad no patológica y transitoria resulta difícil.

Recién en los años ochenta del siglo pasado, la fobia social se comenzó a considerar un trastorno específico, al reconocer que puede aparecer en gran cantidad de situaciones sociales que frecuentemente generan tensión.

La mayoría de los investigadores aceptan la existencia de por lo menos dos subtipos de fobia social:
La fobia social generalizada y la fobia social específica, circunscripta o limitada a un objeto o situación.

La primera es la fobia social ante la mayoría de las situaciones sociales; y la segunda se relaciona con la ansiedad que produce incapacidad para enfrentar al público.

Algunos especialistas en este tema consideran que cuanto mayor es la cantidad de situaciones que producen temor, mayor es la gravedad del trastorno.

El tratamiento psicológico cognitivo-conductual y los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina han probado ser lo más eficaz tanto en niños, como en adolescentes y adultos.

Fuente: “Mente y Cerebro”, No.49/2011, “Fobia social en la adolescencia”, Jose´Antonio Piqueras Rodriguez y José Olivares Rodriguez.

Anorexia e Internet, una pareja peligrosa


En la Red abundan los consejos para no comer y engañar a la familia, además de competiciones para perder peso

La anorexia se ha convertido en la tercera enfermedad crónica más frecuente entre adolescentes, por detrás del asma y la obesidad. Si bien puede diagnosticarse a cualquier edad, los jóvenes son especialmente vulnerables. Hay que mantener unos hábitos de alimentación equilibrados y evitar las dietas para perder peso que, en algunos casos, pueden ser la puerta de entrada a este trastorno de la alimentación. Además, los expertos alertan a progenitores y especialistas sobre la importancia de supervisar los contenidos a los que acceden niños y adolescentes en Internet, ya que en la Red proliferan páginas web que publicitan estas enfermedades psicológicas.

"Si tienes hambre cuenta hasta mil y antes de terminar te darás cuenta de que no vale la pena seguir metiendo grasa en el cuerpo". "Prueba la comida y escúpela, repítelo cuantas veces necesites para calmar la ansiedad". Estos son algunos "consejos" que pueden encontrarse en un blog "proana", es decir, pro-anorexia. No es un caso excepcional, en la Red abunda desde información para no comer y engañar a la familia, hasta competiciones que ganan quienes más peso pierden.

Internet se ha erigido como una gran vía de comunicación, pero también puede convertirse en un riesgo. Un estudio constata que en la Red son frecuentes los sitios que promueven los trastornos de la conducta alimentaria. El trabajo, publicado en "American Journal of Public Health", se ha realizado en la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins. Los investigadores llevaron a cabo una revisión de 180 sitios que promovían los trastornos alimentarios.

El trabajo constata que alrededor del 91% de estos portales eran de acceso libre (aunque muchos advertían de que no querían "aficionados") y alrededor del 79% tenía contenidos interactivos, como calculadoras de calorías y de índice de masa corporal. En muchos se publicaban "los diez mandamientos de la delgadez", como "no comerás sin sentirte culpable", "no comerás algo que engorde sin castigarte después" o "lo más importante es lo que diga la báscula".

Para evitar trastornos alimentarios hay que fomentar la crítica de cánones de belleza, la aceptación de las diferencias, una dieta equilibrada y la actividad física

El estudio recoge que, a menudo, esta información aporta indicaciones sobre cómo disimular, ya que es un hecho que las personas afectadas por anorexia intentan ocultar en lo posible su bajo peso de diversas formas, como beber mucha agua antes de pesarse y esconder pesas en la ropa. Los jóvenes son uno de los principales usuarios de la Red y se estima que el 75% de los niños entre 10 y 15 años navegan a diario por ella. Según una encuesta de la asociación Protégeles, un 17% ha visitado páginas pro-anorexia o pro-bulimia.

En Internet es sencillo permanecer en el anonimato y tener acceso fácil a información, con impunidad y a espaldas de los progenitores. También puede ser una forma de reafirmarse y obtener respaldo para las acciones que se llevan a cabo. De esta manera, jóvenes vulnerables pueden terminar por padecer uno de estos trastornos alimentarios, tan serios como la anorexia. Estos foros también promueven la sensación de conexión con otros individuos que sufren el mismo trastorno, a modo de comunidad donde la persona se siente identificada con otras, a la vez que segura y protegida.

A pesar de que en 2001 algunos motores de búsqueda, como Yahoo y MSN, aceptaron bloquear los sitios que pudieran dar publicidad a estas enfermedades, ello no ha representado una gran diferencia, ya que los mensajes se han vuelto más sofisticados: los textos y las fotos se han convertido en vídeos y las páginas web, en blogs y grupos de Facebook.
Detección precoz y prevención

Con el verano puede acrecentarse el deseo de adecuarse a los modelos de belleza que, entre otros requisitos, pasan por tener un cuerpo delgado. Esto puede llevar, en personas vulnerables, a conductas que suponen un riesgo de desarrollar un trastorno alimentario. Entre jóvenes de 10 a 19 años, las cifras de afectados por anorexia nerviosa y bulimia ascienden a 35 casos por 100.000 habitantes y año.

La prevención y la detección precoz son claves. Es fundamental la información en positivo y, sobre todo, hay que intentar desligar la idea de que la autoestima y el éxito social estén, de manera obligatoria, ligados al aspecto físico. Pero en la adolescencia, la información que alerta de forma directa sobre los peligros de la anorexia es menos útil e, incluso, según la forma, puede resultar contraproducente.

Los primeros síntomas se manifiestan entre los 13 y los 16 años, sobre todo entre mujeres, con una proporción de 9-10 chicas por cada chico. En su origen hay que buscar tanto factores genéticos como psicológicos, familiares y socioculturales. Los factores psicológicos son importantes ya que, a menudo, la anorexia se desarrolla en personas autoexigentes, perfeccionistas y con baja autoestima.

De la misma manera, el ambiente familiar y social puede facilitar o prevenir estos trastornos. Desde el círculo de allegados hay que fomentar la crítica acerca de determinados cánones de belleza y la aceptación de las diferencias, además de ser conveniente que se siga una dieta equilibrada y que se promueva una actividad física moderada. Es preferible que las comidas se realicen en familia y evitar que los adolescentes coman solos, en especial, mientras ven la televisión. En caso de sobrepeso, hay que evitar comentarios negativos que generen baja autoestima y no facilitar la obsesión por el peso, que en ocasiones se consigue sólo con suprimir la báscula del baño.
TRAS LA SOSPECHA

Cuando el trastorno es incipiente, antes de una ostensible pérdida de peso o de constatar vómitos u otro tipo de malas conductas alimentarias, una serie de indicios llevan a sospechar que la persona padece anorexia o bulimia:
Quejas frecuentes sobre el aspecto físico.
Obsesión por vigilar el peso, con frecuentes controles en la báscula.
No querer probarse ropa o ponerse bañador.
Manías con la comida y obsesión por no comer alimentos "que engordan".
Progresivo aislamiento, resistirse a salir y disminuir el contacto con amigos.
Mayor irritabilidad y problemas de comunicación, sobre todo, con personas muy próximas, como la madre.
Mareos por ayunos prolongados (saltarse el desayuno...).

Relación entre depresión y cafeína


El consumo habitual de cafeína podría tener un efecto protector frente al trastorno depresivo

La depresión afecta a 121 millones de personas y causa 850.000 muertes anuales, muchas de ellas por suicidio. Actualmente, está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la cuarta causa de discapacidad en el mundo y se prevé que sea la segunda dentro de 10 años. El mayor número de afectados se da en los países más desarrollados y parece que las mujeres son mucho más vulnerables que los hombres. Recientes resultados de un estudio sugieren que la cafeína tiene un efecto protector frente a la enfermedad mental y los especialistas esperan evaluar su uso terapéutico como agente preventivo.

"Tomar un café cada mañana para empezar el día con energía y, además, prevenir la depresión". Esta afirmación podría ser una clave en prevención, a tenor de los resultados de un nuevo estudio realizado por expertos de las universidades de Harvard y Columbia (EE.UU.), que sitúa a la cafeína como candidata a ser un antidepresivo natural. Los resultados de la investigación muestran que las mujeres que beben 4 o más tazas de esta bebida al día tienen un 20% menos de probabilidad de sufrir un trastorno depresivo, en comparación con quienes apenas toman esta bebida.

La cafeína es el estimulante del sistema nervioso más utilizado en todo el mundo. No obstante, el número de estudios que analizan su consumo de forma regular y sus consecuencias a largo plazo en relación a esta enfermedad mental son escasos. Por este motivo, de acuerdo a un estudio anterior en el que se demostró que los hombres que bebían café en grandes cantidades tenían menos tendencias suicidas, los investigadores quisieron comprobar si tenía influencia a largo plazo en el riesgo de depresión.

El trabajo se ha publicado recientemente en la revista "Archives of Internal Medicine" y ha requerido la colaboración de 50.739 mujeres de 63 años de edad media. Al inicio del estudio, ninguna de ellas tenía síntomas depresivos, pero a lo largo de los 10 años de seguimiento que duró el trabajo, se identificaron 2.607 casos de depresión. Los resultados, obtenidos a partir de un cuestionario validado, mostraron que quienes tomaban café con cafeína 2 o 3 veces al día tenían un 15% menos de posibilidades de sufrir la enfermedad, comparado con quienes tomaban una taza o menos por semana.

Las mujeres que tomaban más de 4 cafés al día, tenían un 20% menos de riesgo de depresión

A mayor consumo, todavía menos trastorno, ya que quienes tomaban más de 4 tazas al día tenían un 20% menos de riesgo. El descafeinado no se asoció con esta mejoría. Los investigadores reconocen que todavía no están claras las razones de tal efecto protector, por lo que se necesitan nuevos estudios para poder conocer el mecanismo de actuación fisiológico de la cafeína en la depresión y evaluar su uso terapéutico como agente preventivo.
Mujeres y ricos, los más deprimidos

Una encuesta patrocinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y realizada a 89.000 personas de 18 países muestra una relación entre el nivel económico de un país y el número de habitantes deprimidos. En contra de lo que cabría esperar, la tasa es mayor en los países más ricos. Las personas que viven en Bélgica, Francia, Alemania, Italia, España, Holanda, Israel, EE.UU., Japón y Nueva Zelanda tienen un 15% de posibilidades de padecer una depresión, frente a un 11% en Brasil, Colombia, India, China, Líbano, México, Sudáfrica y Ucrania. El trabajo se ha publicado en la revista "BMC Medicine" y lo han coordinado 20 centros.

Las cifras referentes a los episodios depresivos severos registrados en el último año revelan que la incidencia más alta se registró en India (36%), seguido de Francia (30%), Holanda y EE.UU. Por el contrario, el menor número de casos se alcanzó en China, con un 12% de incidencia. En cuanto a España, se registró una de las tasas más elevadas referidas al grado de discapacidad causada por la depresión. Según el estudio, los españoles que tienen síntomas depresivos tienen hasta siete veces más riesgo de sufrir limitaciones en su vida diaria que las personas que no sufren la enfermedad.

Otro factor diferencial destacado es la edad en la que se registran los primeros síntomas. En los países con menos ingresos, se desarrollan una media de dos años antes, pero evolucionan de tal manera, que la incidencia de enfermedad disminuye con los años. Por el contrario, en los países más ricos se desarrollan más tarde, pero aumentan conforme pasan los años. En las zonas con mayores rentas, la edad media ronda los 26 años, aunque hay disparidades entre los distintos países. En España, el trastorno se detecta más tarde, alrededor de los 30 años, mientras que en EE.UU. los afectados son más jóvenes (22 años).

Entre los países con menor renta, China cuenta con pacientes más jóvenes (18 años) comparado con India, que congrega a los más mayores (32 años). El género también es un condicionante sorprendente: los resultados revelan que hay hasta el doble de mujeres con problemas de depresión y la causa más común es la pérdida de la pareja, ya sea por muerte, divorcio o separación.

Evelyn Bromet, una de las autoras del estudio, explica que "este es el primero que utiliza un método estándar para comparar la depresión y los episodios depresivos en varios países y culturas", un aspecto fundamental porque es el primer paso para "comprender los patrones y las causas de la enfermedad, pues puede ayudar en las iniciativas globales para reducir el impacto en las vidas de las personas y para reducir la carga social que conlleva", acentúa la experta.

Obsesión en el gimnasio


Un 10% de los hombres que acuden a centros deportivos manifiestan una preocupación excesiva por su masa muscular

Llega el buen tiempo y, con éste, la voluntad de conseguir un cuerpo en forma para lucir cuando se vaya a mostrar en bañador. En esta época, el culto al cuerpo incrementa el número de inscripciones en los gimnasios. Muchas personas aprovechan el momento para aumentar su masa muscular y lograr un cuerpo atlético. Si se hace de forma moderada no tiene por qué acarrear problemas. Sólo cuando los músculos se convierten en obsesión se habla de vigorexia, un tipo de trastorno dismórfico corporal.

Aunque aún no se ha clasificado como enfermedad ni se han realizado estudios concretos para cuantificar su incidencia, se calcula que unos 200.000 españoles sufren vigorexia, es decir, obsesión por un cuerpo atlético y musculoso. Ser hombre y tener entre18 y 35 años es un importante factor de riesgo para padecer este trastorno de obsesión corporal, que también se conoce como dismorfia muscular o complejo de Adonis.

La vigorexia comenzó a formar parte del léxico médico hacia el año 1993, cuando Harrison G. Pope, psiquiatra de la Harvard Medical School (EE.UU.), acuñó el nombre. Pope había elaborado un estudio en el que constató que el 10% de los hombres que acuden al gimnasio podrían sufrir un trastorno obsesivo por desarrollar sus músculos. Ahora, un estudio elaborado en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) reafirma estos datos. La investigación añade, incluso, que el 30% de quienes acuden al gimnasio sufren lo que los autores han llamado "preocupación moderada" por el físico.
Prácticas peligrosas

Como la anorexia y la bulimia, la vigorexia se encuadra en un grupo de trastornos denominados dismorfias corporales. Quienes padecen alguno de estos trastornos experimentan una distorsión de su imagen corporal. En este caso, el sentimiento de debilidad y de cuerpo en baja forma lleva a los pacientes a practicar un entrenamiento físico extremo (de hasta seis horas al día), a menudo complementado con la ingesta de hormonas o anabolizantes esteroides.

Como la anorexia y la bulimia, la vigorexia se encuadra en el grupo de trastornos dismórficos corporales

Estas substancias, teóricamente, ayudan a acelerar la consecución del objetivo principal: un cuerpo fuerte, atlético y musculoso. Mirarse al espejo y sentirse enclenques, pesarse varias veces al día y anotar de manera constante los datos, comparar los músculos con otras personas, abandonar las tareas habituales y encerrarse en el gimnasio día y noche, son otros de los comportamientos habituales.

Este trastorno se incluye también dentro del espectro de los trastornos alimentarios, por presentar características específicas comunes. Por este motivo, y a pesar de sus muchas diferencias, en un principio se le denominaba anorexia reversa. Las diferencias se centran en el concepto de autoimagen: creencia de obesidad en la anorexia y debilidad en la vigorexia. La primera patología, además, afecta más a mujeres que a hombres, mientras que la segunda tiene más incidencia en el sexo masculino. Por último, la tendencia a la automedicación en la anorexia se basa en los laxantes y los diuréticos, frente a los anabolizantes y las hormonas en la vigorexia.

En el ámbito alimentario, los vigoréxicos siguen dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono y proteínas, complementadas con sustancias anabolizantes, con el objetivo de aumentar la masa muscular.
Despojado de lípidos

Diversos estudios han relacionado las patologías dismórficas corporales con ciertas alteraciones bioquímicas cerebrales debidas al mal funcionamiento de un neurotransmisor, la serotonina. Muchos expertos hablan también de factores socioculturales. En este sentido, es complejo enumerar factores desencadenantes del trastorno sin tener en cuenta otros trastornos obsesivos parecidos. Tanto la anorexia, la bulimia, la vigorexia como la ortorexia (adicción a la comida sana) presentan síntomas de una misma obsesión general por el culto al cuerpo y el deseo de tener una imagen perfecta, determinada por los cánones actuales de la moda.

El "modelo" de hombre actual está despojado de grasa y presenta una masa muscular atlética, lo que lleva a los que sufren vigorexia a perseguir de forma obsesiva este modelo que es, en teoría, el deseado por el sexo opuesto. Los factores psicológicos individuales también pueden influir en la aparición de este tipo de trastornos. A menudo se han relacionado estas enfermedades con personas introvertidas o con baja autoestima. También son importantes los factores educativos.

Son muchas las consecuencias de la vigorexia. El aislamiento social, el deterioro de las relaciones sociales y la afectación en el trabajo son las principales secuelas. Las consecuencias biológicas pueden llegar a ser muy graves, empezando por una desproporción entre diferentes partes del cuerpo (la cabeza respecto al resto del cuerpo, sobre todo). Además, la sobrecarga de peso en el gimnasio repercute negativamente en los huesos, tendones, músculos y las articulaciones (se manifiesta con desgarros y esguinces). Ni la alimentación desequilibrada, rica en proteínas y baja en grasas, ni la toma de anabolizantes ofrecen beneficio alguno. Más bien al contrario, ya que ocasionan multitud de trastornos en el organismo como acné, problemas cardiovasculares, atrofia testicular, disminución de la formación de espermatozoides y retención de líquidos, y masculinización e irregularidades del ciclo menstrual en las mujeres, entre otros.

Los Estados de Ansiedad


Según la Organización Mundial de la salud, los estados de ansiedad son el segundo motivo más frecuente de consulta psicológica y psiquiátrica.

Un día en la vida de cualquier persona está repleta de compromisos ineludibles, sea cual sea su edad u ocupación, porque la vida moderna y el avance de la tecnología, en lugar de simplificarle la vida, la obliga a hacer más actividades de las que puede abarcar.

Algunas personas pueden ser más ansiosas que otras pero en la sociedad que vivimos, todos sufrimos algún nivel de ansiedad.

Lo que importa es saber hasta dónde se puede sobrellevar este estado sin resultar afectado física y psiquicamente.

Un nivel normal de ansiedad nos permite disfrutar de todos nuestros logros y también puede protegernos de los peligros, pero cuando ese nivel de ansiedad aumenta, pueden resentirse nuestras actividades cotidianas, alterar nuestra capacidad laboral, disminuir nuestro rendimiento académico, perturbar nuestras relaciones interpersonales y también afectar nuestro organismo.

Por lo menos esto es lo que afirma la Licenciada Gabriela Martinez Castro, Directora del Centro de Estudios especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA).

Según estadísticas poblacionales de la National Comorbidity Survey-R, de los Estados Unidos, una de cada cuatro personas sufrirá por lo menos un trastorno de ansiedad en su vida; y uno de cada diez padecerá un ataque de pánico.

Un cuadro de ansiedad presenta síntomas físicos de distintas características e intensidad. Los más habituales son: dolor en el pecho, taquicardia, falta de aire, contracturas, problemas gastrointestinales, mareos, hormigueo en brazos y piernas, flojedad, sudoración e hipocondría.

Según la clasificación realizada por el Centro de Investigaciones médicas en Ansiedad (Centro IMA), las manifestaciones psíquicas y emocionales de la ansiedad pueden ser:

Trastorno de pánico: Se trata de una crisis de pánico que comienza bruscamente y dura unos pocos minutos. Estos ataques hacen que estas personas, después de haberlos experimentado, tengan miedo de volver a tener un ataque y esta condición puede disminuir su calidad de vida.

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG); Se caracteriza por un estado de preocupación excesiva y permanente por cualquier aspecto de la vida, que puede durar seis meses y que altera el sueño y la concentración, volviendo a la persona irritable e impaciente.

Trastorno Obsesivo Compulsivo: Estos pacientes padecen obsesiones, como temor al contagio, excesiva preocupación por el orden y la limpieza o temor a perder el control. Estas compulsiones son un intento de calmar la ansiedad que provocan sus obsesiones.

Trastorno de Ansiedad Social: Es el temor a la gente, a hacer el ridículo, a ser criticado o rechazado y la necesidad imperiosa de evitar esas situaciones.

Trastorno por estrés post traumático: Ocurre luego de haber vivido una experiencia traumática grave. Esta escena vuelve reiteradamente a la mente y obliga al paciente a evitar todo lo que se relaciona con ella.

Fobias específicas: Son los miedos desproporcionados a cosas o a situaciones que también llevan al sujeto a huir de los estímulos que lo perturban.

Estrés de la vida cotidiana: Es el desgaste que producen las dificultades de adaptación a los problemas de la vida diaria.

Las causas de la ansiedad son múltiples. Pueden influir factores genéticos, alteraciones neurológicas, la rigidez del pensamiento, los condicionamientos de la infancia, un alto nivel de exigencia, la baja tolerancia a la frustración y ahora también el hecho de vivir todo el día conectado a algún aparato.

Con el tratamiento adecuado, este trastorno se puede revertir, siendo la mejor alternativa la terapia cognitiva conductual.

Existen también tratamientos farmacológicos eficaces que reducen los síntomas de ansiedad y favorecen la rápida recuperación.

Fuente: Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA); Centro Apertura; Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad (CentroIMA); “Psicología Positiva”; “Estados de Ansiedad”, noviembre 2010.

Depresión y el aburrimiento


El tedio, el desgano, la falta de entusiasmo o de proyectos, puede favorecer el desarrollo de enfermedades, cuando está asociado a otros factores de riesgo.

La ciencia ha demostrado que enfermedades como la depresión pueden provocar patologías cardiovasculares.

Las adicciones, como el tabaquismo, la drogadicción o el alcoholismo, son hábitos que se comienzan a adquirir debido a la ansiedad que provoca el aburrimiento y la falta de sentido de la vida.

Si el aburrimiento está asociado a la depresión, se puede inferir que las personas que se aburren frecuentemente están más expuestas a sufrir ataques cardiacos, debido a la liberación de ciertas hormonas peligrosas que se generan en esos estados, al forzar el funcionamiento cardiaco.

El aburrimiento ocasional no representa ningún riesgo, pero si se transforma en algo habitual, puede producir patologías serias como depresión, adicciones y otros problemas psicológicos.

El Dr. Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del estrés, afirma que estar sano implica tener el nivel justo de estrés, que significa tener un normal nivel de entusiasmo por la vida y ganas de vivir; y denomina hipoestrés al estado constante de aburrimiento, tedio y falta de interés por las cosas.

Según los doctores Medrano y Bruno, la depresión podría provocar aglutinamiento de plaquetas y un incremento de ciertas sustancias químicas en el organismo; condiciones que pueden producir obstrucción arterial y favorecer la vasoconstricción de las arterias.

La Dra. Duarte señala que la depresión severa se relaciona con el desequilibrio de sustancias químicas, como la serotonina y la noradrenalia, que producen cambios estructurales en ciertas zonas del cerebro que influyen en el estado de ánimo, en la memoria y en la capacidad de discernimiento.

El Dr. López Rosetti sostiene que la depresión se relaciona con el aburrimiento porque tiene los mismos síntomas, como la tristeza, la melancolía, el pesimismo y un nivel de estrés patológico.

La Licenciada Gubra de Hanono afirma que algunos casos de depresión endógena presentan síntomas de aburrimiento grave; que se diferencia del aburrimiento común porque en la depresión el paciente tiende a culparse por sus fracasos.

Estos pacientes tienen baja autoestima y se culpan de todo lo que ocurre, tienen una visión del mundo negativa y una pobre auto imagen , se quejan de todo, no encuentran placer en nada y tratan de llenar su vacío interior con drogas o alcohol, o con actividades que les proporcionen emociones violentas.

Los depresivos se caracterizan por no tener energía para interesarse por algo externo, porque toda la energía, generalmente autodestructiva, permanece dentro de ellos mismos.

Según la teoría psicoanalítica, la depresión es el resultado de una fijación producida por un trauma en la etapa oral del desarrollo psicosexual.

Melanie Klein agrega que estos pacientes, durante la lactancia, incorporaron los aspectos negativos de la relación materna, debido a un exceso de frustración.

El aburrimiento ocasional es la incapacidad de saber disfrutar del ocio, en una sociedad donde la actividad está sobrevaluada y el ocio no produce ningún rédito.

El ocio es el paréntesis necesario para descansar de las actividades y obligaciones cotidianas, o sea el tiempo libre para dedicarlo a uno mismo en actividades placenteras.

Saber disfrutar del ocio produce un efecto positivo mientras que para el que se aburre y no puede canalizar adecuadamente su energía en algo que sea de su interés con fines recreativos, el tiempo de ocio produce un efecto negativo que puede provocarle angustia y la necesidad de recurrir al consumo de sustancias para disminuir la ansiedad.

La persona que se aburre no puede elaborar proyectos a corto plazo con un objetivo de esparcimiento que no implique obligatoriedad.

Estas personas suelen estar condicionadas al trabajo, no pueden parar porque no le ven sentido a ninguna actividad que no genere ganancias y no pueden relajarse ni descansar porque no registran las señales de cansancio.

En otros casos pueden ser personas que no hay podido liberarse de las dependencias y no hay logrado adquirir una identidad firme ni saber lo que quieren.

Fuente: LNR, “Cuando aburrirse puede ser peligroso”, Luis Moyano, mayo 2010.

El Trastorno afectivo estacional


Durante el otoño, muchas personas sienten menos energía y cierta tristeza, con síntomas similares a la depresión

La reincorporación a la rutina después de las vacaciones, el descenso de las temperaturas y, sobre todo, la reducción de las horas de luz, son responsables de la sensación de tristeza que embarga a algunas personas con la llegada del otoño. Hay quien resulta más sensible a estos cambios y padece síntomas depresivos, irritabilidad y una mayor necesidad de consumir dulces. Es el denominado Trastorno Afectivo Estacional, una entidad todavía poco conocida y escasamente diagnosticada.
Por TERESA ROMANILLOS
25 de noviembre de 2011


- Imagen: sacks08 -
Se considera que cerca de un 5% de la población padece Trastorno Afectivo Estacional, más conocido por sus siglas inglesas como SAD (Seasonal Affective Disorder). Las mujeres son más propensas que los hombres a padecerlo, así como las personas que viven en países con menos horas de luz solar. Los síntomas son similares a los de la depresión, aunque se desarrollan de forma más leve. Son habituales los cambios en el estado de ánimo, con cierta tristeza, irritabilidad y falta de interés por las actividades habituales.

El afectado siente que tiene menos energía y capacidad de concentración, sobre todo por las tardes, así como un mayor deseo por consumir alimentos dulces, como el chocolate, con el consiguiente aumento de peso.
Entre melancolía y depresión

Los síntomas depresivos son a menudo leves o moderados, aunque en pacientes con problemas depresivos previos pueden ser más importantes. No todas las personas con esta afección experimentan todos los síntomas. Es posible que el nivel de energía sea normal, pero el deseo exagerado de dulces sea intenso.

Se cree que esta variación está relacionada con una alteración del ritmo circadiano que provoca cambios en el hipotálamo y la secreción de melatonina, hormona que participa en una gran variedad de procesos, como el ritmo de sueño-vigilia y los estados de ánimo. Una de las características más relevantes de la melatonina es su variabilidad a lo largo del ciclo de 24 horas, así como su respuesta a cambios en la iluminación ambiental, de forma que se produce en mayor proporción en la oscuridad y, por tanto, se incrementa cuando los días son más cortos y con menos luz. Estos niveles mayores de melatonina provocan somnolencia diurna y apatía.

En los meses fríos se entiende como lógico y normal cierto grado de apatía y reducción de la actividad, síntomas similares a los de la depresión

Otra homóloga, la serotonina, también juega un papel en la comprensión de este trastorno. Conocida como "la hormona del bienestar", sus menores niveles en los meses de otoño e invierno contribuyen a sentir cierta ansiedad, así como ánimo depresivo. Esta alteración afectiva, por norma general, se relaciona con la llegada de los meses fríos, aunque quienes trabajan muchas horas en oficinas con poca luz natural pueden experimentar síntomas todo el año. De la misma manera, algunas personas más sensibles también pueden notar cambios en el estado de ánimo durante los días nublados.

A pesar de que el SAD puede afectar a la vida cotidiana, cierto grado de apatía y reducción de la actividad en los meses fríos se entiende como lógica y normal. Así como la luz del sol -según las estaciones- influye en las actividades de los animales, también puede afectar a los humanos, modificar el ritmo biológico y alterar la rutina diaria.
Luz para combatir los síntomas depresivos

Al considerarse que la reducción en las horas de luz es el factor determinante de la afección, se ha teorizado que una terapia lumínica podría ser efectiva para combatirlo. En los meses de otoño e invierno, la reducción del estimulo lumínico es drástica, ya que una habitación normal está iluminada con entre 150 y 200 luxes, mientras que el sol intenso de verano es de 100.000 luxes. De esta manera, en opinión de los expertos, un aporte suplementario de luz podría tener un efecto preventivo o terapéutico.

Numerosos estudios apoyan el uso de la fototerapia para combatir el SAD y, en la mayoría de los casos, son efectivos y no se registran efectos secundarios. No obstante, pueden sentirse dolores de cabeza y oculares, así como mareo y vómitos en algunos casos. Una alternativa a la fototerapia, propuesta hace poco, es el uso de un aparato que simula el amanecer, de manera que se enciende a una determinada hora y sube de intensidad de luz conforme avanza el día, de forma gradual.

Un estudio publicado en el 'Journal of Effective Disorders' el pasado verano compara el tratamiento con luz enriquecida, tanto con color azul como con luz estándar, para el tratamiento de este trastorno estacional. El motivo del color azul es que el sistema de los ritmos circadianos es, de manera especial, sensible a esta longitud de onda. Los científicos del Departamento de Fisiología de la Universidad Medical Center Groningen, en Holanda, eligieron a 52 pacientes con SAD y los dividieron en tres grupos, según un tratamiento de 30 minutos con luz estándar, 30 minutos de luz enriquecida con color azul y 20 minutos de luz enriquecida azul.

Después de dos semanas de tratamiento, los resultados mostraron que los síntomas de depresión propios del trastorno disminuyeron en los tres grupos, sin diferencias significativas entre ambos. Los investigadores concluyeron que es posible que la falta de diferencias entre las tres condiciones se deba a que todas estas terapias dan una respuesta causada por un largo periodo de exposición a una alta intensidad lumínica. Por este motivo, explican, en un futuro se necesitarán más estudios con periodos más cortos de exposición y menor intensidad.

El Mimetismo Social


Los seres humanos tienen la capacidad inconsciente de imitar el lenguaje, los gestos y los ademanes de las personas con las cuales interactúan y esta condición tiene la ventaja de producir simpatía en los otros y de favorece las relaciones personales y comerciales.

Los expertos en conducta social denominan mimetismo a esta tendencia humana natural.

Por ejemplo, está comprobado que una camarera recibe más propina cuando repite el pedido de sus clientes.

Desde el punto de vista neurológico, este comportamiento se debe a que la zona cerebral que registra la percepción de movimientos está vinculada al área que gobierna los impulsos motrices.

Se puede observar que parejas que han permanecido unidas por mucho tiempo terminan pareciéndose.

Este fenómeno fue comprobado en la Universidad de Michigan, en los años ochenta del siglo pasado, por el psicólogo social Robert Zajonc y por Ann Arbor, comparando fotografías antiguas con otras actuales, de parejas que aún permanecían juntas.

En este estudio se pudo mostrar también que cuanto más armoniosa era la relación mayor era la similitud.

Algunos animales tienen la capacidad de mimetizarse con su entorno para protegerse de sus depredadores.

Woody Allen, en su película Zelig muestra el efecto camaleón que también manifiestan las personas para adaptarse física y psicológicamente al ambiente, que expresa la necesidad de sentirse aceptado.

Los bebés imitan los movimientos de los rostros que ven, sonríen, se enojan o se ponen tristes, tal como ven estas expresiones, principalmente en el rostro de su madre.

Cuando crecen, ya han incorporado modos de hablar que copiaron de sus padres que los demás pueden distinguir fácilmente.

Lo mismo ocurre si una persona está en un país extranjero, al poco tiempo comienza a adoptar los modismos locales y hasta el acento del otro idioma.

Las personas que interactúan entre sí se imitan mutuamente cuando hablan, copiando la velocidad, el ritmo, el vocabulario e incluso la forma de usar el lenguaje.

Una persona de buen humor puede cambiar el estado de ánimo de otra que es malhumorada si conviven mucho tiempo juntas.

La imitación también influye en la apariencia externa; según afirma Ulf Dimberg de la Universidad de Uppsala, al ver el efecto positivo que tenían los rostros de los probandos cuando se les mostraban fotografías de personas alegres.

Cuando se repite una expresión facial mucho tiempo, los músculos y los vasos sanguíneos que intervienen en esos movimientos, pueden modificar la fisonomía de una persona.

Se tiende a imitar a los otros principalmente cuando alguien se siente excluído.

Cuando una persona imita a otra, siente que su interlocutor lo valora más, que la relación es más armoniosa y que la comunicación es mejor.

Sin embargo, también puede ocurrir que el mimetismo perturbe la capacidad de juicio y se priorice la relación en detrimento de la propia forma de pensar.

La conducta imitativa social varía de una cultura a otra. En Japón, por ejemplo, en que los individuos valoran más la cohesión social y el espíritu comunitario suelen imitar en mayor medida la conducta de los demás; mientras en países occidentales, donde se valora más el rendimiento individual y la independencia, lo hacen en menor proporción.

Los adolescentes imitan a otros para poder pertenecer a un grupo y ser aceptados.

Las modas se imitan para no lucir diferente y ser discriminado.

Fuente: “Mente y Cerebro” “Camaleones Sociales”, Arnd Florack y Oliver Genschow. 11/2011.

Abuso de psicofármacos y sus consecuencias


Estos medicamentos, que son un buen remedio durante un tiempo determinado y para un problema concreto, deben tomarse siempre bajo prescripción médica

La adicción a los psicofármacos es un problema grave y cada vez más frecuente. Entre los años 2004 y 2009, el consumo de tranquilizantes había aumentado en un 40% en España. Hay diferentes tipos de psicofármacos, pero los tranquilizantes (como los sedantes, los hipnóticos y los ansiolíticos) generan más problemas de abuso que cualquier otro. Además, su excesivo consumo es un lastre para las arcas del sistema sanitario público. Sólo en tranquilizantes, el Gobierno desembolsa cada año cerca de 231 millones de euros.


Cada vez se atiende a más personas por problemas derivados del abuso de los psicofármacos, una cuestión que afecta más a mujeres que a hombres, porque ellas los consumen en mayor medida. La primera dificultad para solucionar esta adicción es que muchas personas son adictas, pero no son concientes. Además, estos medicamentos son legales, fáciles de conseguir y, sobre todo los tranquilizantes, baratos. Lejos queda del perfil del adicto a drogas ilegales, como la heroína, asociado a población marginal y con mala salud.

Para Blanca Brigos, psicóloga clínica del centro de desintoxicación Instituto Hipócrates, "el factor importante para hablar de una adicción no es el tiempo que dure la toma de psicofármacos, sino la necesidad de tomar más cantidad para conseguir los mismos efectos, la incapacidad de enfrentarse a situaciones de la vida sin tomarse una pastilla, el miedo a quedarse sin ellas...". Es una adicción que afecta a tres niveles: el fisiológico, porque el cuerpo pide más dosis; el cognitivo, pues el pensamiento de la persona está centrado en conseguir o consumir las pastillas; y el conductual, porque algunas personas realizan acciones que nunca harían si no tuvieran la adicción.

Los síntomas más fáciles de detectar por parte de amigos, familiares o compañeros de trabajo son "el aislamiento, los cambios de actitud o de humor, dejar de realizar actividades habituales, la pérdida o deterioro de las relaciones sociales o problemas en el trabajo", apunta Fidel Riba, director médico del Centro Terapéutico Marenostrum.
Combinación habitual

Aislamiento, cambios de humor, abandono de hábitos o el deterioro de las relaciones sociales son algunas de las señales de una adicción

Es infrecuente que una persona sea adicta sólo a estos medicamentos. La combinación más habitual es la adicción al alcohol y los psicofármacos, seguida de alcohol, cocaína y psicofármacos. "Muchas personas llegan a la clínica convencidas de que su problema tiene que ver sólo con un tipo de droga (legal o ilegal) y debemos decirles que también tienen un problema con los tranquilizantes", comenta Brigos.

Los psicofármacos no tienen la mala fama del alcohol, la cocaína, el cannabis o la heroína. Por eso, numerosas personas con problemas de dependencia no son conscientes de ello. "Como se los ha recetado el médico, piensan que no pasa nada. Sin embargo, sólo si se consumen bien no habrá ningún problema", explica José María Vázquez-Roel, psiquiatra especialista en adicciones de la Clínica Capistrano.
No afrontar la ansiedad

Una explicación para el abuso de tranquilizantes es que muchas personas se acostumbran a evitar la ansiedad y las situaciones que la provocan. Prefieren el atajo de la pastilla antes que enfrentarse a los problemas con sus recursos personales y, así, no aprenden a gestionar su ansiedad. Los afectados pueden ser de edades y niveles sociales muy diferentes, pero comparten unos rasgos comunes: sufren miedo, acostumbran a padecer síntomas depresivos, evitan las situaciones que les causan ansiedad y han interiorizado que no pueden resolver sus problemas sin fármacos e, incluso, los toman antes de una situación que, tal vez, les pueda crear ansiedad.

Por otro lado, las personas adictas tienen una predisposición biológica a serlo. No todo el mundo que toma psicofármacos o que no sabe enfrentarse a la ansiedad desarrolla una adicción. Todas las drogas actúan en el sistema de recompensa cerebral. "Cuando un acto es placentero, el cerebro quiere que se repita. Pasa con el sexo, con la comida, con la diversión. Y las drogas en general actúan en este sistema", explica Riba. Los tranquilizantes causan el efecto placentero de reducir la ansiedad. Además, es una adicción que no avisa: poco a poco se aumenta la dosis y llega un día que ya no hay vuelta atrás.

Aparte de los factores biológicos y psicológicos, es necesario señalar otras causas que provocan el continuo aumento de su consumo en España. Vázquez-Roel pone el acento en la saturación del sistema sanitario público, que deja poco tiempo por paciente al profesional y lleva a que éste "saque rápidamente el recetario. Esto origina otro problema, que la factura farmacéutica sea muy elevada". Además, la psicoterapia privada exige un desembolso económico que no todo el mundo está dispuesto a asumir.
El tratamiento

Los expertos recomiendan que, siempre que se quiera reducir o interrumpir el consumo de psicofármacos, se haga bajo control médico. En España hay numerosas clínicas de desintoxicación donde se tratan diferentes adicciones. "Hay que ponerse en manos de un profesional", indica Riba. "Cuando ingresa alguien, primero se investiga qué consume y en qué cantidad, para calcular cuánto se puede bajar la dosis sin que haya síndrome de abstinencia, que en el caso de los tranquilizantes, es muy duro". Si una persona adicta deja de tomar los tranquilizantes de golpe, sufrirá un síndrome de abstinencia con náuseas, vómitos, mareos, ansiedad y taquicardia.

El ingreso en una clínica de desintoxicación dura entre ocho y diez semanas. La persona sale sin consumir nada y se realiza un seguimiento que puede prolongarse durante varios años. El tratamiento no se centra sólo en eliminar el consumo de psicofármacos, es necesario aprender a afrontar la ansiedad.

"En una segunda fase del tratamiento, cuando la persona está casi desintoxicada en un plano físico, hay que iniciar la fase de deshabituación", comenta Brigos. El individuo sufre menos temores y es el momento en que debe empezar a aprender que no necesita los fármacos. Por tanto, hay que tratar la ansiedad desde un punto de vista psicoterapéutico. Se trabaja el área cognitiva para que modifique pensamientos desadaptativos ("no puedo enfrentarme a una reunión en el trabajo si no tomo un tranquilizante"), la emocional con técnicas de relajación y la conductual, para que empiece a aceptar que debe enfrentarse a situaciones sin medicarse.

Las emociones y su relación con el dolor de espalda


Aunque la mayoría de los afectados no sea consciente, los pensamientos y los sentimientos podrían estar en el origen del problema

El 90% de la población mundial padece o padecerá dolor de espalda alguna vez a lo largo de su vida, de mayor o menor intensidad y más o menos duradero. A menudo, en el sistema sanitario, este dolor trata de resolverse desde un punto mecánico y se aplican tratamientos para que desaparezca o, cuando esto no es posible, para intentar mitigarlo. Sin embargo, el dolor debe interpretarse como un aliado del organismo, que avisa de que algo anda mal en y que puede ayudar a encontrar el verdadero origen del problema. De lo contrario, si no se detecta la verdadera causa del problema, cualquier solución terapéutica que se aplique para aliviar el dolor será temporal y éste volverá a reaparecer.
Por CLARA BASSI
8 de agosto de 2010

- Imagen: seer -

Casi toda la población experimenta algún tipo de dolor de espalda alguna vez a lo largo de su vida. Los pensamientos y emociones pueden estar en el origen del problema, aunque no se sea consciente de ello. Por eso, para resolverlo de una forma definitiva, no basta con aplicar un tratamiento mecanicista que, a veces, sólo sirve de remiendo, sino que se debe buscar su verdadero origen, y preguntar al paciente sobre cómo marcha su vida e invitarle a dar un "golpe de timón" a determinados hábitos cuando sea necesario, según se expone en el libro "El dolor de espalda y las emociones. Conocerse para curarse", de David Ponce.

Este formador de especialistas y colaborador del Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Sant Cugat (Barcelona) defiende la necesidad de abordar las dolencias desde una visión holística del individuo y con medicina integral. Los expertos que se dedican a ello deberían realizar una anamnesis (interrogatorio en profundidad) y exploración a fondo del paciente para encontrar el auténtico origen del dolor, que en ocasiones puede encontrarse en otra parte del cuerpo bien alejada de la columna o, incluso, ser de tipo emocional.
Las emociones pueden ser la causa

El origen del dolor de espalda suele ser multifactorial, es decir, de varios factores desencadenantes, pero esto no significa que soterrada no pueda haber una emoción que haya sido la causa principal del problema o que haya contribuido a agravarlo. "Si separamos el dolor de origen traumático, los accidentes, el dolor por problemas congénitos de la columna o el que se asocia a patologías graves, en el resto de casos, si se investiga un poco, es posible llegar a encontrar la participación activa de las emociones en el origen y la perpetuación del dolor. Incluso, a veces, las emociones modifican la manera en que algunas personas viven el dolor de espalda, incluso cuando está producido por una lesión traumática o desviación congénita", explica Ponce.

Puede haber somatizaciones, de forma que el dolor físico puede estar causado por el estrés y la ansiedad, con el aumento de la intensidad del dolor. Hay que tener en cuenta que el estrés y la ansiedad producen una liberación de adrenalina que puede provocar una mayor contractura muscular y ese podría ser el origen del dolor. Esto explica que, aunque no haya ningún problema estructural, como la artrosis, una hernia discal o escoliosis, exista una tensión muscular elevada que produzca el dolor. La posibilidad de que las emociones sean la fuente del malestar lumbar implica que la persona debe llegar hasta el fondo de sus emociones y averiguar qué le pasa para poder curarse.
La conexión entre sistemas y emociones

"El dolor físico puede estar causado por el estrés y la ansiedad, y aumenta la intensidad del dolor"

El esqueleto está formado por más de 200 huesos articulados entre sí que, a su vez, se encuentran conectados a 650 músculos y estos a los nervios, las fascias o finas capas que envuelven a un grupo de músculos y las vísceras a las que protegen, entre otros elementos. Esta descripción anatómica recuerda que todas las estructuras del organismo están estrechamente conectadas e imbricadas. La interconexión en la columna vertebral, integrada por las vértebras cervicales, dorsales y lumbares, y el sistema nervioso es tal que basta recordar que se encarga de alojar y proteger la médula espinal.

El sistema esquelético realiza varias funciones como la de sostén, que ayuda a vencer la gravedad y al movimiento; la de contención o protección de nuestros órganos y vísceras; y la de mantenimiento de la postura. Sólo la postura de una persona puede dar la pista de cómo piensa y qué emociones experimenta.

"En el cerebro se alberga una zona donde se percibe el esquema corporal y la situación espacial que interactúa con las emociones y pensamientos. Las personas con pensamiento depresivo, suelen tener una retracción de hombros y columna dorsal; las personas agresivas mantienen una postura anteriorizada con el cuello hacia atrás, y las que están afligidas se encorvan y bajan la cabeza", según informa Ponce.

Las alteraciones de los músculos también se asocian a determinados pensamientos o emociones. Ccuando se afecta la musculatura cervical, por ejemplo, es probable que haya un problema en la esfera intelectual o temperamental. Son personas que pasan muchas horas leyendo o escribiendo, que soportan mucha tensión, exigentes y difíciles de contentar. El dolor en la zona de los hombros y la parte superior de la columna se asocia, sobre todo, con una sobrecarga, un exceso de responsabilidad, imposibilidad de llevar a cabo las obligaciones".

Y aún hay más. Las alteraciones en brazos y manos se asocian a la falta de libertad e imposibilidad de compartir, las de la zona de las vértebras dorsales se relacionan con las emociones y una sensación de malestar en el centro frénico (localizado en el diafragma que separa la cavidad torácica de la abdominal), de forma que cuando una persona recibe una mala noticia, le falta la respiración y siente malestar en los pulmones y el corazón e, incluso, es habitual llevarse la mano al pecho.

Los síntomas en la región lumbar se han asociado a los problemas económicos, la incapacidad para seguir adelante y la sexualidad.

¿Por qué sucede todo esto? Debido a esa interconexión de los sistemas motor y nervioso citada antes. "El sistema nervioso, mediante las neuronas, los neurotransmisores y los impulsos eléctricos, permite que el pensamiento llegue hasta el tejido muscular en forma de una acción y, quizás, de una contracción (voluntaria o no). Las emociones provocan de igual manera respuestas que se traducen en pensamientos conscientes o inconscientes que, a través del sistema nervioso, llegan hasta los músculos, los órganos, los vasos o la piel".
CÓMO TRATAR EL DOLOR DE ESPALDA

La interconexión de los sistemas corporales es tan estrecha que para abordar el dolor de espalda no basta con sacar una resonancia magnética (RM) en busca de una lesión. De hecho, según los radiólogos, si se realizara una RM de la columna vertebral a un gran número de personas, a muchas de ellas se les detectaría una lesión silente o asintomática, por lo que el valor de las patologías debe medirse por su clínica (síntomas), no por su patología.

Cuando esos síntomas surgen, como el dolor, no se debe intentar combatir sin más, sino que debe verse como un aviso, dice, que informa de que algo no marcha bien en la vida de la persona afectada. A veces, ésta acudirá a un especialista en columna. Si se le aplica un enfoque integral de la medicina, el médico intentará sondear cómo se encuentran sus emociones, por si fueran el origen del problema. A veces, la aplicación de una técnica manual u otro tratamiento para aliviar el dolor, junto a determinadas recomendaciones para cambiar de hábitos de vida, como comer sano, practicar ejercicio o reposar de manera adecuada, son suficientes para que el paciente mejore.

Otras veces, detrás del dolor de espalda se pueden esconder problemas económicos, familiares, de personalidad, problemas de pareja... que quizás no surjan en la primera visita al especialista de la columna, pero sí en la segunda. En ocasiones, basta con que el paciente los exprese y empiece a ser consciente de ellos para dar un giro a su vida pero, en otras, quizás sea necesario derivarlo a un psicólogo o psicoterapeuta. En cualquier caso, el papel de las emociones en el dolor de espalda no debe banalizarse, sino que hay que tenerlo en cuenta y hacer al paciente partícipe de su curación.

Depresión navideña


La mejor medicina para combatir los bajones anímicos es innovar en las celebraciones y hacer lo que realmente le apetezca a uno

¡Feliz Navidad! es sin duda, la expresión que más se repite durante estos días de celebración: no falta en villancicos, postales, anuncios publicitarios ni tampoco en saludos y despedidas entre amigos y familiares. Aunque felicidad y Navidad no son siempre un matrimonio bien avenido. De hecho, así lo constatan los resultados de una encuesta elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La investigación revela que el 56,5% de los españoles considera que estas fiestas tienen un carácter familiar, mientras que un 26,2% creen que son puramente comerciales y un 11% destacan su valor religioso. Asimismo, la Navidad es una época de alegría para el 49,8%, mientras que un 27% sienten tristeza y melancolía y para un 17,3% el sentimiento que reina durante estos días es el agobio. Todo ello apunta a que una parte importante de la población sobrevive, soporta o, simplemente, pasa la navidad sin pena ni gloria. Hay quien no halla en estas fechas nada especial que le motive para divertirse de una forma especial o que le anime a emprender proyectos diferentes. La vivencia de estas fiestas, por tanto, es diferente según el estado de ánimo de cada persona, de que se tengan niños o de que se conviva con personas mayores.
Es Navidad: ¿toca divertirse?

Son muchos los psicólogos que después de las navidades tienen la agenda llena. Sin embargo, estos mismos especialistas recuerdan que para muchas personas la Navidad no supone nada. Se trata solo de una oportunidad como cualquier otra de encontrarse con familiares y amigos. Ahora bien, aunque muchas personas viven esta época con normalidad, hay quien no logra liberarse de la presión social que empuja a estar alegre. La Navidad se le atraganta a muchas personas a las que les encanta comer bien o divertirse en una fiesta, precisamente porque se sienten obligadas a compartir una comida con familiares o amigos con los que no mantienen una buena relación. De ahí la liberación que una gran parte de la población experimenta el 7 de enero, con el fin de las fiestas.

Muchas personas a las que no le gusta la Navidad deciden pasar unas fiestas de forma alternativa

Más allá del componente religioso, la Navidad se relaciona de forma directa con regalos y celebraciones. Reuniones en las que la comida y la bebida adquieren un protagonismo especial. Pero el peligro se centra en dejarse llevar por la inercia y hacer cada año lo mismo: un día a casa de los padres y otro día a casa de los suegros, contar los mismos chistes y mantener las mismas discusiones. Los expertos aconsejan innovar y hacer lo que realmente le apetezca a uno. Ésta, aseguran, es la mejor medicina para combatir la depresión.
Navidad y personas mayores

Casi un millón y medio de personas mayores de 65 años viven solas en España. Y, para ellas, la Navidad también debería ser una época de ilusión, aunque no siempre es así.

El principal consejo es no hacerles sentir que, quizás, el año que viene ya no estarán.

Es muy importante relacionarse con ellos de acuerdo al nivel de energía y vitalidad que tengan. "Ni como jóvenes de veinte años ni como moribundos", aconsejan los expertos.

Sin embargo, la Navidad puede ser muy dura para las personas mayores que no disfrutan de una buena red social o familiar, a pesar de la puesta en marcha de iniciativas que intentan combatir esta situación.

El Ministerio de Sanidad, a través del IMSERSO, ha puesto en marcha de nuevo la campaña "Juntos en Navidad", dirigida a los mayores que viven solos para que, durante estas fiestas, puedan disfrutar de la compañía de otras personas en un lugar cálido o en un balneario.

Depresión y grasas, causa y efecto


Consumir en exceso grasas saturadas y grasas trans aumenta las posibilidades de sufrir depresión, según un estudio

La depresión, un trastorno que afecta a cerca de 150 millones de personas en el mundo, está asociada a lo que se come, al menos, a algunos de los ingredientes habituales, sobre todo en comidas rápidas o bollería industrial. Hasta ahora, estaba demostrado que las grasas trans y las saturadas elevaban el colesterol perjudicial, un factor clave de riesgo cardiovascular. Sin embargo, un reciente estudio español las asocia con el desarrollo de esta enfermedad mental.

El estudio, llevado a cabo por investigadores de las universidades de Navarra y Las Palmas de Gran Canaria, ha relacionado la ingesta de grasas trans y saturadas con el desarrollo de depresión. Para llegar a esta conclusión, durante un periodo de seis años, analizaron a más de 12.000 voluntarios incluidos en el Proyecto SUN. Este proyecto, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, se inició en 1999 y cuenta ya con más de 20.000 participantes, junto con cerca de 2.000 personas nuevas cada año.

Gracias a este gran número de voluntarios, los investigadores pueden indagar las causas de algunas de las enfermedades que más preocupan: la obesidad, el síndrome metabólico, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la infertilidad y la depresión, entre algunas de una larga lista. Al principio del estudio los voluntarios no tenían signos de trastorno mental y, al finalizar, un total de 657 lo desarrollaron. Los autores, según explican en la publicación 'PLoS ONE', detectaron que las personas con un alto consumo de grasas trans y saturadas registraban un 48% más de posibilidades de sufrir depresión que quienes hacían un consumo comedido.
Más casos de depresión con comida basura

Hace dos años, investigadores de la University College London, publicaron unos resultados similares en 'British Journal of Psychiatry'. Después de utilizar los datos de cerca de 3.500 voluntarios, advirtieron que quienes comían de manera regular comida basura o "fast food", con alto contenido de grasa (comidas preparadas, postres y dulces), tenían un 60% más de riesgo de sufrir depresión que quienes seguían una dieta equilibrada con un aporte adecuado de frutas, verduras y pescado.

La OMS prevé que en el año 2020 la depresión sea la segunda causa de discapacidad en todo el mundo

Concluían también que a pesar de que son muchos los factores importantes en el desarrollo de este trastorno mental, la dieta desempeña un papel independiente. Entre las posibles razones del efecto protector que confiere seguir una dieta saludable, los científicos señalan los altos niveles de antioxidantes de frutas y verduras, igual que el ácido fólico del brócoli, col, espinacas, lentejas y garbanzos, o los altos niveles de ácidos grasos poliinsaturados (omega 3) del pescado.
La clave está en la grasa

Los investigadores insisten en que no todas las grasas son iguales y subrayan que la del aceite de oliva (monoinsaturada) y la de los aceites vegetales o el pescado (polinsaturada) se relacionan con menos posibilidades de sufrir depresión. Además, algunos tipos de grasa son importantes fuentes de energía y ricas en muchos nutrientes. Se dividen en saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas y ácidos grasos trans. Una alimentación adecuada exige saber distinguirlas, conocer cuál es su función y la cantidad diaria conveniente.

La grasa saturada se localiza, sobre todo, en los alimentos que proceden de los animales (carnes, vísceras, embutidos, piel de pollo, huevos, lácteos enteros, nata, yema de huevo), en el aceite de coco y palma (utilizados en elaboraciones industriales), en el chocolate y en pastelería y bollería. La grasa trans es frecuente en algunas margarinas, patatas fritas y otros aperitivos fritos industriales, así como en pastelería y bollería industrial.

De la misma manera, con este trabajo, los investigadores españoles han confirmado que la incidencia de estrés es mayor en los países del norte de Europa, donde se consumen más derivados lácteos ricos en grasas saturadas, como la mantequilla. En zonas del sur, donde la población tiende a seguir más la dieta mediterránea, el riesgo de padecerlo disminuye.
Depresión de millones de europeos

Unos 25 millones de europeos. Esta cifra corresponde al número de personas en toda la Unión Europea (UE) que sufren depresión, el 5% de la población europea. Y no acaba aquí: de los más de 300.000 millones de euros anuales que se presupuestan en Europa para el tratamiento de las enfermedades mentales, cerca de la mitad se destinan al tratamiento de este trastorno y sus efectos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que en el año 2020 sea una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo, superada solo por las enfermedades cardiovasculares.

Además, sus consecuencias son múltiples y variadas. Las personas con trastornos mentales tienen una menor calidad de vida que el resto de la población y una mayor prevalencia en problemas de salud, como la hipertensión, la obesidad, la diabetes y enfermedades respiratorias, sumado a problemas de comportamiento y al abuso de sustancias tóxicas. Incluso un gran porcentaje de ellos desarrolla problemas sexuales ligados a la propia enfermedad o a los fármacos utilizados en su tratamiento. Entre un 30% y un 70% de los afectados sufren alteraciones frecuentes, que se dan en todas las fases sexuales (desorden del deseo, alteraciones en la excitación, alteraciones del orgasmo o problemas por dolor sexual, entre otros).
PROGRAMA DE ALIMENTACIÓN Y SALUD

Entre sus principales objetivos, la Fundación Española del Corazón (FEC) persigue la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Para ello, ha elaborado un Programa de Alimentación y Salud (PASFEC), una iniciativa de apoyo a los productos de alimentación o ejercicio físico considerados saludables para las personas. Con él busca incentivar a la industria para que desarrolle productos más saludables, y ayudar a la vez al propio consumidor en la tarea de escoger un producto, mediante unos criterios establecidos por el comité científico de esta sociedad.

La FEC considera fundamental la prevención de las enfermedades del corazón a través de una alimentación adecuada y la actividad física regular. Por otro lado, también colabora en el desarrollo de "Espacios Cardiosaludables", para ayudar a mejorar la eficacia de las empresas en el ámbito de la prevención de estas patologías, con la adopción de ciertas medidas que permiten obtener la acreditación.

El Mentiroso


Detectar a un mentiroso es más difícil de lo que pensamos, porque si se trata de un fabulador que se especializa en el arte de mentir, su conducta es una actuación que puede no mostrar ninguna evidencia que lo delate.

Los mentirosos son tan eficientes para mentir que hasta ellos mismos se llegan a creer sus propias mentiras.

Una investigación sobre credibilidad, llevada a cabo en 2006 por Charles F. Bond de la Universidad de Texas y su colaborador DePaulo, mostró que sólo el 54% de los que participaron en el experimento pudo darse cuenta cuándo una afirmación era verdadera o falsa, pudiendo reconocer con más frecuencia las verdaderas.

Contrariamente a lo que se puede suponer, son más fáciles de detectar las señales acústicas de una mentira (o sea el contenido que se escucha) que las visuales (gestos y conducta visible del sujeto).

Los voluntarios que intervinieron en la prueba podían distinguir mejor entre las afirmaciones verdaderas y falsas cuando los escuchaban con atención que viendo cualquier otro indicio.

La conclusión es que se puede descubrir a un mentiroso escuchándolo más que viéndolo.

El que dice una mentira generalmente termina contradiciéndose, por eso es importante prestar mucha atención. Además suelen no abundar en detalles, sus dichos aportan datos confusos difíciles de comprender y se apartan con facilidad de la lógica.

Difícilmente un mentiroso admita que ignora algo o que no lo recuerda, porque no tiene ningún escrúpulo en inventarlo. Por otra parte, su actitud puede mostrar a veces alguna señal de nerviosismo y su nivel de voz es por lo común más elevada que lo necesario.

Un mentiroso necesita tiempo para inventar una mentira, por lo que si cuenta con pocos minutos es más fácil que se note que está mintiendo.

Pedir explicaciones y detalles puede facilitar descubrirlo, ya que cuanto más hable más probable será que caiga en contradicciones y que no pueda controlar el contenido de sus afirmaciones.

La técnica que utiliza la policía en los interrogatorios es precisamente esa, permitir que el sospechoso repita todas sus declaraciones y dejarlo hablar hasta que cometa un error.

A la hora de detectar mentiras todos somos bastante ineficaces, de modo que si el embustero desempeña bien su papel cualquiera puede ser engañado.

De acuerdo a la hipótesis del psicólogo Patrick Müller de la Universidad de Utrecht, los voluntarios que participaron en su investigación que eran más inseguros emocionalmente reconocieron mejor las afirmaciones falsas. Quiere decir que lo mejor es no sentirse demasiado seguro si se desea detectar mentiras.

Esto puede deberse a que la persona demasiado segura de sí misma tiende a imaginar con antelación lo que el interlocutor le va a decir y sólo busca signos que confirmen su suposición, independientemente de la verdad o falsedad de la respuesta.

Ser engañado hace que uno se sienta mal consigo mismo y que disminuya su nivel de autoestima; sin embargo, a la mayoría de las personas suele pasarles lo mismo; de modo que no se trata de haber fallado en reconocer una mentira, ya que esto no depende tanto de la propia sagacidad sino del talento del embustero.

Descubrir a un mentiroso no es cuestión de edad, formación o género, porque todos podemos ser engañados de la misma forma.

Fuente: “Mente y Cerebro”, No.47/2011, “La mentira”, Marc-André Reinhard, doctor en Psicología Social e investigador en la Universidad de Mannheim.

Depresión silenciosa


El 50% de los casos de depresión enmascarada podrían pasar desapercibidos

Los síntomas más evidentes de las personas que sufren depresión enmascarada no son ni la tristeza ni la melancolía. Se quejan, sobre todo, de problemas como dolor de espalda o fatiga generalizada, síntomas que a menudo confunden al especialista. Ello hace que el diagnóstico se retrase, así como el inicio del tratamiento adecuado, con peligro de que el trastorno se cronifique. Puede afectar también a la población infantil y esconderse tras conductas agresivas, problemas en el aprendizaje o dolor de cabeza.

La depresión enmascarada es una forma de afección silenciosa, pero que puede ser devastadora para la salud emocional y física de la persona. Esta enfermedad es uno de los principales problemas de salud de la sociedad actual. La mayoría de las personas están familiarizadas con sus síntomas más característicos: apatía, tristeza, alteraciones en el sueño, pérdida del apetito, disminución del deseo sexual... Son síntomas que afectan a la esfera psicológica, pero también puede manifestarse con síntomas físicos.
Tras el especialista adecuado

Una depresión enmascarada o somatoforme se expresa, sobre todo, con síntomas físicos, que pueden encubrir los síntomas psicológicos. Las manifestaciones más habituales de esta afección, como la tristeza, se ocultan por otros síntomas, como cefaleas, algias, parestesias, vértigos, trastornos cardiacos y problemas digestivos. Cuando la persona que los sufre acude a su médico de Atención Primaria, el especialista se centra en ellos. Muchos pacientes ni siquiera verbalizan que se sienten especialmente tristes o apáticos.

La hiperactividad, agresividad, dolor de barriga y de cabeza, son síntomas comunes en la depresión en la infancia

Cuando lo hacen, puesto que su principal queja es física, es habitual que el médico infiera que la alteración psicológica está causada por el problema físico y no al revés. Hasta un 10% de los pacientes que acuden a Atención Primaria tienen síntomas de depresión y se estima que pasan desapercibidos hasta un 50% de los casos. Esto supone un innecesario coste sanitario en tratamientos erróneos, a la vez que se impide que el paciente recupere rápido su salud física y psicológica. Por este motivo, se ha bautizado como la "frustradora de especialistas". Los pacientes deambulan de un especialista a otro, a la espera de que alguno dé con el origen de su malestar.

Por otro lado, cuando un especialista sospecha que detrás de las quejas físicas podría haber una depresión enmascarada, detecta un problema añadido: la resistencia del paciente a aceptar el diagnóstico. Los pacientes que sufren este trastorno, a menudo, no conectan bien con sus sentimientos y emociones. En las sociedades avanzadas, los síntomas físicos están mejor aceptados, menos estigmatizados, que los psicológicos. Es más sencillo decir que a uno le duele la cabeza, que reconocer que está triste y se siente solo. Por eso, una de las vías que elige la enfermedad para manifestarse es la física.

Como consecuencia, si el afectado lleva mucho tiempo tras un diagnóstico sin atender a la verdadera naturaleza de su problema, es probable que el trastorno se cronifique. En cambio, los psiquiatras saben que, según algunos estudios, el 70% de las personas que sufren depresión inician la enfermedad con síntomas físicos. Una vez realizado el diagnóstico correcto, tanto los malestares físicos como los psicológicos mejoran con el tratamiento.
La depresión enmascarada y los niños

Este tipo de depresión también afecta a los niños. Los síntomas más característicos en la infancia son: hiperactividad, conducta agresiva, conductas antisociales y trastornos del aprendizaje. Es típico que se quejen, sobre todo, de dolor de barriga y de cefalea o que manifiestan alteraciones del ánimo, propias de la depresión habitual, que tapan los síntomas anteriores.

Durante buena parte del siglo XX se consideraba que la depresión no era un trastorno que afectara a los niños. Cuando en 1972 se comprobó que también los más pequeños podían sufrirla, la depresión infantil se bautizó como "depresión enmascarada" por los psiquiatras Leon Cytryn y Donald H. McKnew. En la actualidad, se acepta que los niños pueden sufrir tanto este tipo de enfermedad silenciosa, como otra forma de manifestación del trastorno.
DISTIMIA Y DEPRESIÓN

La distimia es una de las formas más frecuentes de la depresión enmascarada, que se manifiesta de forma leve aunque crónica. Los motivos más frecuentes de consulta al médico entre los pacientes que sufren trastorno distímico son los siguientes:
Molestias gastrointestinales.
Cansancio, astenia, fatiga.
Dolor de espalda.
Pérdida de apetito.
Pérdida del deseo sexual.
Dolores de cabeza.
Problemas de sueño.
Despertar temprano (insomnio tardío).

Instalados en el pesimismo


Reflexionar sobre la influencia que ciertos pensamientos tienen sobre nuestras emociones y conductas ayuda a ser menos pesimistas

Es relativamente frecuente toparse con personas instaladas perpetuamente en la amargura, en la tristeza, el pesimismo y el desinterés. La primera pregunta que nos asalta cuando nos encontramos con estas actitudes es si son el resultado de una insistente acumulación de disgustos, mala suerte, decepciones, desengaños y fracasos a lo largo de toda una vida o si más bien se trata de una opción voluntariamente elegida, una posición ante uno mismo y ante los demás que responde a percepciones muy subjetivas, opiniones o incluso a un cierto modo ético-estético de entender las cosas. Todos conocemos a personas empeñadas en encontrar el lado negativo de todo lo que acontece a su alrededor: son los pesimistas tenaces.

Cualquiera de nosotros tiene motivos, casi cada día, para preocuparse o entristecerse. Pero estropearse la vida a propósito es una habilidad que se aprende, no es suficiente con sufrir experiencias negativas. Lo peor es que quienes se empeñan en ver el lado negativo de las cosas, además de convertirse en personas infelices, tienen una penosa facilidad para amargar la vida de quienes tienen al lado, especialmente si las víctimas son niños o jóvenes, o dependen emocionalmente de la persona siempre insatisfecha.

Las experiencias desagradables tienden a amarrarnos al pasado y a inhibirnos el futuro, porque nos condicionan y atemorizan. Simplificando un poco, dará igual cómo nos vayan las cosas realmente, porque si mostramos una predisposición negativa y pesimista, los momentos dichosos los tamizaremos en exceso y los percibiremos con desconfianza y reservas, sin anotarlos a nuestro "haber".

Normalmente, los amargados tienden a desempeñar el papel de víctima, en una forma de comunicación interpersonal en la que (casi siempre para captar la energía y atención ajenas), asumen uno varios de estos roles: el de perseguidor, que hace de malo, interroga y es percibido como un listo que lo sabe todo y castiga o humilla a quienes cree que se equivocan; el de salvador, que busca que le reconozcan su papel bondadoso pero que a la vez nos pasa constantemente facturas de cuanto hace, y el de víctima, cuyo planteamiento de supervivencia y comunicación es dar lástima a los demás, captando su atención mediante la exhibición de su sufrimiento.

Estropearse la vida a propósito es una habilidad que se aprende

Ocasionalmente -circunstancias nos sobran para ello- todos podemos interpretar estos roles y ello no es negativo. Lo que hace peligrar nuestro bienestar emocional y el de quienes nos rodean es que esos papeles los desempeñemos habitualmente. Paul Watzlawick, en su libro "El arte de amargarse la vida" (Herder, 1989, Barcelona), nos ayuda a reconocer nuestro estilo personal frente a determinadas situaciones y nos brinda una excelente oportunidad para reflexionar sobre los procedimientos por los que una persona va construyéndose una vida desdichada. Watzlawick, recurriendo a la ironía, nos enfrenta con los modos en que de manera voluntaria vamos creando y consolidando nuestra infelicidad. El autor, sabedor de la naturaleza contradictoria y paradójica del ser humano, en lugar de facilitar consejos para alcanzar la felicidad prefiere divulgar fórmulas para conseguir que vivamos anclados en la desgracia. Naturalmente, el propósito es que el lector se percate del error y reaccione de manera contraria a la que proponen esos consejos.
Cómo vivir en la amargura y la infelicidad
Créate problemas, y si no tienes bastante con los tuyos asume como propios los de los demás. Llena tu vida de complicaciones reales o ficticias, y concede gran importancia a todos los sucesos negativos.
Piensa que siempre tienes la razón. Todo es blanco o negro, y sólo existe una verdad absoluta: la tuya. Rechaza de entrada lo que digan los demás, incluso cuando pueda aportarte algo positivo. Si la idea o propuesta no es 100% tuya, deséchala, seguro que no merece la pena.
Vive obsesionado. Elige un acontecimiento suficientemente negativo de tu memoria, conviértelo en recuerdo imborrable y tráelo a tu mente una y otra vez, hasta que sólo vivas para pensar en ello. Así, las dificultades cotidianas no absorberán tu atención.
El presente no merece la pena, piensa siempre en el futuro. Aplaza el disfrute de los placeres de este o aquel momento, porque no puedes saber lo que te deparará el futuro. Confórmate con lo malo conocido y no te arriesgues ante lo bueno por conocer. Tortúrate pensando en todo lo negativo que te podría ocurrir dentro de unos años.
Jamás te perdones. Llegarás a un punto en el que tan sólo sentirás autocompasión. Piensa que tú eres el único responsable de lo que te ocurre, y nunca creas que hay situaciones que escapan a tu control.

Estas recomendaciones se plantean en un tono irónico con la intención de despertar la autocrítica y de que nos veamos un poco ridiculizados ante este tipo de pensamientos que nos invaden y determinan nuestra conducta hasta el punto de amargarnos la vida.
Una alternativa interesante

La psicología científica propone sistemas para abordar este tipo de situaciones. Uno de ellos es la reestructuración cognitiva, una técnica cuyo objetivo es identificar, analizar y modificar las interpretaciones o pensamientos erróneos que los sujetos experimentan en determinadas situaciones o tienen acerca de otras personas. Un pensamiento es un diálogo con nosotros mismos, que contiene afirmaciones sobre situaciones, circunstancias, temas y personas. Cada una de esas afirmaciones es un pensamiento, que podemos clasificar en dos grandes grupos: los positivos, que nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos y tienden a crear emociones positivas y nos hacen sentirnos bien; y los negativos, que obstaculizan el logro de nuestros objetivos y generan emociones negativas que hacen que nos sintamos mal.

Cada uno de ellos puede ser a su vez racional (si se apoya en datos reales y objetivos) o irracional, si no cuentan con suficientes datos reales y objetivos en qué apoyarse o incluso se hallan en contradicción con la realidad
Qué hacer para no dejarnos invadir por los pensamientos negativos
Reflexionar sobre la influencia que nuestros pensamientos o interpretaciones tienen sobre nuestras emociones y conductas
Identificar los pensamientos que nos hacen sentirnos mal en una situación determinada. La señal que nos avisa que quizá sea conveniente identificar nuestros pensamientos es la percepción de estados emocionales negativos como ira, angustia, miedo, tristeza... Una vez identificados, debemos controlarlos, objetivarlos, anotarlos en un papel y, en la medida de lo posible, asociarlos a las circunstancias que los crearon, para después reflexionar sobre ellas
Analizar estos pensamientos para ver hasta qué punto se corresponden con la realidad y en qué grado nos afectan.
Finalmente, busquemos pensamientos alternativos a los que nos hacen sentir mal. Los pensamientos alternativos deben ser más racionales y positivos.

Morderse las uñas


Puede causar graves daños en dientes y uñas

La onicofagia, nombre científico referido a la costumbre de morderse las uñas, se ha convertido en una de las patologías más frecuentes entre los niños. Pero no sólo los más pequeños tienen este hábito. Según los datos, una de cada cuatro personas continúa con él en la edad adulta. Los expertos explican que se trata de una manera de rebajar la ansiedad. Sin embargo, sus consecuencias pueden resultar dañinas para dientes y uñas.
Por BENYI ARREGOCÉS PARA CONSUMER.ES
Última actualización: 27 de enero de 2004
Trastorno nervioso

Morderse las uñas es un hábito nervioso relacionado con la ansiedad. La psicóloga Almudena Porres explica que quienes se muerden las uñas piensan que hacer algo placentero reducirá la carga ansiosa. Así, desvían el desasosiego hacia esta práctica que por momentos se convierte en relajante, en una distracción fácil. Por otra parte, la experta recuerda que para los teóricos del psicoanálisis freudiano no es más que una manifestación de la ansiedad de castración.

Este trastorno es similar, en cuanto al origen y el tratamiento, a otros como quitarse los pelos de las cejas o arrancárselos de la cabeza. La costumbre de morderse las uñas suele comenzar en la infancia, sobre todo entre los niños más nerviosos, tras superar la etapa de los chupetes o de chuparse el dedo. "Este hábito se manifiesta a partir de los 3 años, cuando el niño ha alcanzado la suficiente coordinación psicomotriz como para manejar sus movimientos sin herirse", señala Porres. Afecta al 45% de los niños, según datos de los psicólogos, sin diferencias apreciables entre los sexos. La onicofagia se acaba automatizando de manera inconsciente. "Se llevan las manos a la boca en cualquier situación como si fuera una rutina mecánica", describe Santos Orejudo, especialista en psicología clínica.

Sin embargo, en muchos casos, la onicofagia perdura después de la infancia. Las estadísticas que manejan los expertos calculan que alrededor del 25% de los universitarios y el 10% de los adultos mayores de 35 años prosiguen con el hábito de morderse las uñas. ¿Por qué? La razón tiene que ver con la ansiedad. "Si la persona no ha encontrado otros mecanismos alternativos para paliar o contrarrestar dicha ansiedad, esta costumbre se convierte en una forma eficaz, aunque patológica, de disminuirla por un momento", indica Porres. También se prolongará si el niño es castigado por morderse las uñas y se siente culpable. "Luego es más difícil de erradicar", destaca Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) y profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid.

Los especialistas aseguran que, por razones estéticas, las chicas se preocupan antes que los chicos por evitar morderse las uñas y son las primeras en demandar ayuda. "Por lo general, entre los 13 y los 15 años las jóvenes empiezan a interesarse por cómo solucionar este hábito", asegura Luis María Ilzarbe, médico estomatólogo e investigador asociado al Instituto CEEI (Centro Europeo de Empresas Innovadoras).