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Un día se encuentran con su "ex", reabren sus sentimientos y entran en conflicto


Un día se encuentran con su "ex", reabren sus sentimientos y entran en conflicto porque ahora tienen una nueva pareja.
La aparición de la ex pareja suele avivar sentimientos que no han desaparecido a pesar del tiempo transcurrido. Por ello se debe ser muy reflexivo para evitar circunstancias que serán lamentables para las partes involucradas.

A muchas personas se les dificulta superar una relación del pasado y se quedan enganchados en el recuerdo, en la añoranza de lo que pudo haber sido y aunque no haya contacto desde hace mucho, persiste la nostalgia, se tiende a idealizar a esa persona que ya no está en nuestras vidas, y que en la mayoría de los casos, nunca volverá a estar.

Lo más indicado cuando se termina una relación es tomarse un período prudencial para superarlo, para cerrar las heridas y concluir esa etapa. Involucrarse con una nueva pareja es precipitado si no se está emocionalmente en condiciones de dar lo mejor de sí, y si no se ha superado totalmente la relación anterior.

Se corre el riesgo de unirse a otra persona para llenar un vacío por soledad, por miedo, necesidad o simplemente por despecho, y estas no son las mejores motivaciones para iniciar una relación.

Se da el caso de personas que pierden una relación amorosa y esperan dos o tres años, lo superan aparentemente y se enamoran nuevamente. Luego, un día se encuentran con su "ex" y "reabren" sus sentimientos y entran en conflicto. No saben si continuar con el amor actual o reiniciar la querencia anterior. En este escenario es necesario analizar y de manera honesta responderse, algunas interrogantes que le ayudarán a aclarar su situación y salir del trance.
En primer lugar, en relación a su pareja actual debe preguntarse: ¿Qué siente verdaderamente cuando está con ella? Si considera que no está enamorado de ella, entonces ¿Por qué ha permanecido años a su lado? Pregúntese si igualmente sentiría que no ama a su actual pareja, o es un sentimiento que surge a raíz de la reaparición de la otra. Pensando en su ex, pregúntese: ¿Cómo fue su relación y si el motivo de terminar puede hacerse de lado en este momento y tener una relación estable?... Si tanto se amaban, entonces ¿Por qué han estado separados todo este tiempo y han podido seguir adelante con sus vidas? ¿Cómo sería una nueva relación entre ustedes, estaría usted dispuesto a dejar todo lo que ha construido con su nueva pareja, y comenzar de cero una -prácticamente- "nueva" relación?

Analice las ventajas y desventajas, los pro y contra para que se aclare y tome la decisión correcta. No reinicie una relación con su anterior pareja sin haber terminado su actual vínculo. Sea honesto con ambas parejas y con usted.

Fuente: http://www.psicologia-online.com

Parametros para escoger pareja


Parametros para escoger pareja

Las mujeres tienden a ser pragmáticas y los hombres a ser eróticos. Ellas escogen a su pareja buscando seguridad y estabilidad económica. Por su parte, los hombres tienden a ser sensuales y siempre tienen una idea de las características físicas que desean de su compañera. En ambos casos, al conocer a la persona que se ajuste a su imagen mental, buscarán involucrarse rápidamente.

De esta manera se puede observar que las mujeres seleccionan a su pareja de acuerdo a la estabilidad que pueda ofrecerle, tanto a ella como a sus hijos. Los hombres prefieren atributos carnales y fisonómicos.

La hembra humana mantiene relaciones sexuales cuando no está "en celo". Las hembras de la mayoría de las especies animales, solamente tienen relaciones sexuales para procrear. La mujer en tiempos remotos necesitaba que el hombre le acompañara a ella y a sus "cachorros" para sobrevivir, El les proporcionaba protección, seguridad y alimentos. Entonces se las ideó para conservar al hombre a su lado. Así, sostuvo las relaciones sexuales más allá del celo y del mandato de procreación y conservación de las especies. El hombre, con su carga genética ordenándole sembrar la especie, pero teniendo que pelear y arriesgar su vida por cada mujer en celo, prefirió mantenerse al lado de quien le proporcionaba amor y cuidado, amén del sexo, sin tener que fajarse cada vez.

En tiempos modernos, la mujer sigue buscando en primer lugar un buen proveedor, seguridad y alimentos para sus "cachorros", y el hombre procurará buenos genes para su prole que seguramente estarán presentes en las mujeres con juventud, fortaleza y simetría que muestren genes fuertes.

Para el hombre buscar proporción en los senos, las nalgas o los cachetes femeninos no será mayor problema, sin embargo para la mujer, ¿Cómo podría responder quién es más el fuerte: un millonario o un fortachón musculoso? La seguridad, la protección y los alimentos, en la vida presente, no los dan los músculos como en la prehistoria, ni las habilidades para cazar o pescar, sino los recursos que disponga.

Es bueno destacar que surgen otras concepciones que indican que la mujer comenzó a tener sexo con los hombres, aunque no fuera para concebir, simplemente porque le gustó y, dado que el ser humano piensa y crea, a diferencia de los animales, pues decidió hacerlo.

Lo cierto es que entre las alteraciones bioquímicas que provoca el enamoramiento, la selección y escogencia siguiendo patrones genéticos y los métodos de clasificación y preferencia, el amor, sin lugar a dudas, es algo más que asuntos del corazón

Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/

Sufrir por amar


Amar para algunas mujeres significa sufrir. Viven "atrapadas" en relaciones que afectan su bienestar emocional, al sentirse atraídas por hombres inaccesibles y problemáticos

¿Alguna vez te has preguntado por qué te enamoras de quien no debes?,
¿alguna vez te ha ocurrido que no entiendes cómo te interesas por personas que sabes que no te convienen y que pueden hacerte daño? Las mujeres que se sienten atraídas por hombres problemáticos, distantes, inaccesibles, suelen terminar amando al hombre equivocado y sufriendo por amor.



¿Por qué tantas mujeres se obsesionan con hombres adictos al trabajo, al alcohol, a otras mujeres, a la televisión, a un deporte, a las drogas?, ¿por qué se sienten atraídas por hombres inmaduros, incapaces de satisfacer sus necesidades emocionales?, ¿por qué les cuesta tanto poner fin a una relación problemática?

"A pesar de todo el dolor y la insatisfacción que acarrea, amar demasiado es una experiencia común para muchas mujeres que casi creemos que es así como deben ser las relaciones de pareja", explica la terapeuta estadounidense Robin Norwood, autora del libro Las mujeres que aman demasiado (2002).



Si sufro por ti, ¿me quieres?

Las mujeres de alcohólicos, de adictos a otras drogas o de personas con desequilibrios mentales, son seres que la vida preparó para escapar del "amor".

Ellas se enredan en situaciones de pareja donde el amor es un fin a conquistar. Sueñan con salvar al hombre que "aman", y piensan que si él cambiara obtendrían, como recompensa, su amor. Justifican la ira, la depresión, la crueldad, la indiferencia, la deshonestidad o la adicción de sus parejas. Creen que es posible el cambio y que de ellas depende.

Sus historias personales pueden ser de una variedad infinita, pero todas tienen en común la necesidad de sentirse superiores y de sufrir.

Claro está que nadie se convierte en una mujer así por casualidad. Los porqué quedan atrás, en carencias de la infancia que las llevaron a un concepto equivocado del amor.

Desgraciadamente para nuestra sociedad, sufrir por amor es romántico, no hay un gran amor sin un gran dolor por parte de alguno de los protagonistas. Así, la sociedad refuerza las situaciones de mujeres que sufren por amor, vomitando heroínas de melodramas (en seriales televisivos, en películas y en la novela rosa), que siempre viven un gran amor por el cual el precio a
pagar es el sufrimiento.

Existe un mercado saturado de historias de amores difíciles, imposibles, conflictivos, y ello no ayuda a la mujer que se siente atrapada en una relación no gratificante, porque no le permite ver todo lo negativo o enfermo que hay en su propia actitud que las lleva a no poder desprenderse de lo que las está destruyendo.

Estas mujeres, que viven en un palacio o en una chabola, en un país del sur o en uno del norte, que venden en un puesto callejero o son reconocidas profesionales, están tan enfermas como sus parejas y de igual manera necesitan ayuda


Las mujeres que "aman demasiado" son aquellas que se sienten atraídas por hombres problemáticos, distantes, inaccesibles.

Mujeres que luego quedan enganchadas a situaciones conflictivas por haber formado pareja con un hombre inadecuado.

Algunas veces sus historias saltan a la prensa, generalmente por malos tratos, pues ellas raramente ponen fin al drama en el que se encuentran prisioneras. Suelen inspirar admiración o lástima en su entorno. Son responsables y emprendedoras, pero con poco amor propio. Aguantan lo indecible y, sin embargo, disculpan a sus parejas.

Sueñan con lo que podría ser y así "quedan pegadas" a lo que no funciona, ni las hace felices. Rechazan a los hombres "agradables" porque les resultan aburridos, insípidos, en cambio les es fácil sentirse atrapadas por el hombre distante. Éste funciona como una droga para ellas y llegan a obsesionarse tanto, por él, que descuidan sus propios intereses: familia, amigos, trabajo, aficiones.

Viven en una continua ansiedad, donde el pan de cada día es el esfuerzo por entender, cambiar o lograr la atención del hombre "elegido". Gastan sus energías, agotan el llanto y llegan a la desesperación: para ellas estar enamoradas es sufrir.

ES UNA MÁS...

Si después de todo lo dicho aún le quedan dudas de si usted se encuentra entre este tipo de mujeres, puede hacerse las siguientes preguntas: ¿Para usted estar enamorada significa sufrir?, ¿La mayoría de sus conversaciones con amigas o compañeros de trabajo son acerca de él?.

¿Disculpa su mal humor, su mal carácter su indiferencia o sus desaires? ¿Subraya en los libros todos los pasajes que le ayudarían? ¿Soporta conductas que no le agradan pensando que si usted fuera lo suficientemente atractiva, él cambiaría?.

Si su contestación ha sido afirmativa, plantéese que su relación de pareja perjudica su bienestar emocional y que debe buscar ayuda para superar la situación


Fuente: http://www.tnrelaciones.com

¿Qué nos atrae del otro?


El aspecto físico

A pesar de que estamos cansados de escuchar que el aspecto físico no es lo verdaderamente importante mientras que la personalidad sí lo es, los estudios demuestran que nos gusta mirar a las personas atractivas por simple placer estético, son mejor tratadas, mejor consideradas como personas (su belleza exterior se extiende a su interior: simpatía, competencia, bondad...), y se cree que tienen posibilidades de un futuro mejor y de ser más felices que las no atractivas.

Este comportamiento generalizado se observa desde la infancia, donde los niños guapos tienen más probabilidades de ser elegidos como amigos y menos de ser culpados por los profesores de mal comportamiento, por lo que posteriormente van a desarrollar una mayor confianza en sí mismos y una mayor autoestima.





También las personas consideradas por la mayoría atractivas va a influir en que les sea más fácil el relacionarse con otras personas y sean menos reservados a la hora de hacer amigos o parejas. Tienen más posibilidades puesto que saben que gustan mientras que sus amigos o parejas se van a sentir más valorados al ser "elegidos" entre una amplia oferta.

La similitud

Existen una gran cantidad de características comunes entre las personas que establecen una relación íntima. La raza, la edad, la inteligencia, el nivel socioeconómico y educativo, la religión, los valores..., son características que solemos compartir con nuestras amistades y pareja.

Las personas solemos querer proseguir una relación con aquellas en las que encontramos similitudes, sobre todo en la personalidad. La teoría de que las complementariedades se atraen no está justificada, aunque sí puede pasar que en una pareja ambos miembros se vayan volviendo complementarios o desarrollen y se intercambien diferentes papeles según la ocasión (por ejemplo, ser un buen oyente cuando el otro necesita hablar).

La razón de que nos gusten las personas que comparten cosas con nosotros es la de que nos apoyan en nuestras convicciones. Pensamos que si el resto está de acuerdo con nosotros, nosotros debemos de estar en lo cierto. Esto nos agrada y hace que nos gusten esas personas que nos hacen sentir a gusto con nosotros mismos, también aquellas de las que recibimos halagos.

La regla de la similitud no funciona en el caso de la gente que tiene un bajo concepto de sí mismo. En este caso se buscan relaciones que no nos recuerden para nada a nosotros. Tampoco se aceptan gratamente los cumplidos, porque son interpretados como falsedad.

La proximidad

La mayoría de nuestros mejores amigos viven en nuestra proximidad. Desde pequeños nos relacionamos más con la gente que más asiduamente vemos. La probabilidad de conocer, y más aún íntimamente, a alguien que viva a cientos de kilómetros nuestro es más baja que la de conocer profundamente a alguien de nuestra ciudad. El tiempo en común, las vivencias compartidas, el poder dar ayuda y recibirla, la implicación..., siempre va a poder desarrollarse mejor si dos personas viven próximas.

Pero no solo interviene la disponibilidad y la conveniencia, también se ha demostrado que la gente a la que más vemos, más familiar nos parece y menos nos cuesta el relacionarnos. Nos sentimos más cómodos y podemos llegar a predecir más su comportamiento y adaptarnos en base a éste, de lo que lo haríamos frente a un completo extraño.

También se desarrollan pensamientos más positivos frente a las personas que creemos que volveremos a ver. Incluso se ha demostrado que las cosas que nos resultan familiares (una canción, un cuadro...), simplemente por el hecho de estar expuestos a ellas, nos hacen estar más receptivos y nos gustan más.

Pero teniendo en cuenta que hay muchas excepciones que no pueden explicarse según esta característica, hay que tomar en consideración otro tipo de factores.


Atracción: La reciprocidad

Según las investigaciones, se ha confirmado que la gente se siente atraída por aquellas personas a las que gusta. Esto les demuestra que esas personas tienen un buen criterio al apreciar sus cualidades. Pero no siempre funciona así.

Si una persona tiene un buen concepto de sí misma, apreciará y responderá bien a las adulaciones, mientras que si su propio concepto es bajo o negativo, entenderá tales adulaciones como un modo de intentar aprovecharse de ellas, es decir, serán adulaciones falsas destinadas a un fin.

También existen otros motivos por los que una persona puede incomodarse con los halagos a pesar de creerlos sinceros: porque siente la obligación de devolver el cumplido, porque se teme el ser criticado más tarde o el tener que mantener ese "buen nivel" y fracasar, el parecer engreído o poco modesto…etc.

El halago satisface mayormente cuando es recibido de alguien a quien respetamos y admiramos, sobre todo si además le consideramos sincero.



Otras características personales

Existen otros rasgos en las personas, además del atractivo físico, que influyen en la atracción que desarrollamos por una persona.

a) La cordialidad, que incluye sociabilidad, afabilidad, sentido del humor y buen carácter, es una cualidad muy apreciada y que incluso podemos creer que existe en una persona sólo por el echo de que otras personas nos la hayan definido así. Sin ser necesario el tomar contacto directo con esa persona, la atracción va a empezar a desarrollarse y posteriormente la vamos a considerar de ese modo aunque la correspondencia no sea tal, es decir, aunque su cordialidad no sea tal y como nos habían hablado, tenemos tendencia a considerarla como si lo fuese.

b) La competencia también es un factor muy importante. Nos gustan la gente que tiene habilidades antes que aquella que resulta torpe, pero preferimos a las personas habilidosas que cometen de vez en cuando algún fallo. Esto nos da la impresión de que son humanos como nosotros, y no unas máquinas de absoluta precisión.



Existe aquí una diferencia entre las mujeres y los varones. Mientras ellas prefieren a una persona muy competente, los varones prefieren antes a aquella que tiene algún fallo de más. Esto puede explicarse debido al sentimiento competitivo que la sociedad desarrolla en los niños antes que en las niñas. Sobre todo, los varones con una autoestima muy alta prefieren al sujeto que comete más errores frente a los varones con una autoestima baja, a los que parece no afectar tanto el sentimiento competitivo y no se sienten tan presionados por seguir siendo los mejores.


Fuente: http://www.tnrelaciones.com

Lo que siento es ¿amor o atracción?


Aprende a reconocer si estás realmente enamorada o si lo que sientes es sólo una atracción pasajera o una obsesión.

No resulta sencillo definir con exactitud los sentimientos y mucho menos cuando se habla de relaciones de pareja. Sociólogos, psicólogos y hasta científicos han intentado explicar por qué dos personas se atraen o los motivos que hacen que alguien enamorado esté en una especie de nube que le cambia la vida. Al inicio de una relación es muy normal preguntarse por los propios sentimientos y es fácil no tener del todo claro qué es para ti esa persona que empiezas a descubrir.

Simplificando al máximo un tema tan complejo, se puede decir que en una relación de pareja hay tres estados básicos: atracción, enamoramiento y amor. Puedes encontrarte en cualquiera de estas fases o puede que tu caso sea el de una pareja estable, que a lo largo del tiempo pasa de una fase a otra con total normalidad. Por ejemplo un matrimonio de años es evidente que funciona porque hay amor aunque en determinados momentos regresen a la fase de enamoramiento y/o de atracción (indispensable para que esa pareja siga funcionando). Fíjate en las características de cada uno de estos estados y piensa en cual estás tú con tu pareja.
Atracción
Es una primera fase básica para el inicio de la relación. Implica “misterio” y deseo de descubrir a la otra persona. El aspecto físico, la personalidad y la forma de ser son claves para que salte la chispa que despierte tu interés por alguien. La afinidad en gustos y aficiones o, por el contrario, las diferencias radicales que existan entre vosotros pueden ser el desencadenante de esa atracción. Te sientes atraída si:
No le conoces a fondo pero te intriga y te apetece descubrirlo y saber más sobre él.
Estás ilusionada y expectante en esas primeras citas que no sabes cómo van a terminar. Los nervios y la excitación definen vuestros encuentros.
Tú también quieres despertar su interés por lo que prestas máxima atención a tu imagen.
El aspecto físico es muy importante. Cuando le ves no puedes evitar desear estar con él. Las relaciones sexuales son innatas a la idea de atracción.

Gtres
Enamoramiento
La atracción puede dar paso, o no, al enamoramiento. Si estás enamorada lo sabrás sin duda porque simplemente no querrás separarte de él ni un momento. Romanticismos aparte, es un estado maravilloso pero necesariamente pasajero porque resultaría un “problema” estar constantemente en las nubes. Si estás enamorada:
No encuentras defecto alguno en tu pareja (por algo se dice que el amor es ciego).
Cualquier problema se vuelve algo relativo (lo ves todo de color “rosa”).
Nada hay más importante que vuestro amor. El romanticismo lo envuelve todo y la pasión marca vuestros encuentros.
Cuando no estás con él, sólo piensas en volver a verle.
Amor
Son muchos los “ingredientes” del amor: ternura, cariño, respeto, comprensión y sobre todo generosidad. Si piensas más en el bien de la otra persona que en ti misma, sin duda, le quieres. La atracción y el enamoramiento forman también parte del amor sobre todo en parejas estables (no son fases excluyentes sino interrelacionadas) pero puedes hablar de amor cuando:
Conoces muy bien a tu pareja. Eres consciente de sus virtudes y de sus defectos y la quieres como es (no la tienes idealizada).
Tienes confianza absoluta y sabes que él también te acepta como eres.
Sois capaces de compartirlo todo (lo bueno y lo malo).
Podéis superar discusiones.
Obsesión
Es un sentimiento negativo muchas veces relacionado con la baja autoestima. Sentirte atraída o estar enamorada de alguien no implica estar obsesionada con esa persona. Una relación obsesiva tiene elementos destructivos por lo que debe evitarse. Los celos y el egoísmo (quiero que siempre esté conmigo y que haga lo que yo quiero) son propios de estas situaciones que pueden evolucionar de forma favorable dando paso al amor o bien acabar necesariamente en una ruptura.

Parejas en crisis durante las vacaciones


Muchas parejas que no pasan por una buena época creen, de forma errónea, que las vacaciones serán la solución a sus problemas

Por fin llegan las vacaciones de verano. Después de tantos meses en los que muchas parejas apenas se ven por culpa del trabajo y las obligaciones domésticas, tienen todo el tiempo del mundo para estar juntos. Además, quienes se lo pueden permitir, tienen el aliciente de realizar algún viaje. Este periodo debería ser una época para afianzar la relación. Sin embargo, según el Instituto de Política Familiar, un tercio de las rupturas se registra después del verano, en el mes de septiembre, si bien conviene tener en cuenta que en agosto los juzgados disponen de menos personal o están cerrados y muchos de los procesos judiciales se trasladan al mes siguiente. Antes de tomar cualquier decisión, los expertos recomiendan ser conscientes de la situación, actuar en consecuencia y no idealizar las vacaciones como única solución a la crisis.

Para muchas parejas, las vacaciones de verano pueden convertirse en el punto y final para su relación. Arantxa Coca, terapeuta de pareja, pone el acento en que "el verano no es el culpable". Ocurre que las parejas que estaban mal, aunque no fueran conscientes de ello, se resienten mucho por el hecho de compartir más tiempo juntos. Si una pareja está bien, no supondrá ningún problema. Pero si tiene una crisis latente, que durante el resto del año queda en segundo plano debido a la actividad diaria -trabajo y niños-, cuando llegan las vacaciones, no hay excusas para afrontarla. Deben estar juntos muchos días. "Y eso es una prueba de fuego", afirma Coca.
Idealizar las vacaciones

Pasar unos días en la playa, realizar una escapada a alguna ciudad europea o irse de safari son proyectos muy estimulantes. Muchas parejas que son conscientes de que no pasan por una buena época creen que las vacaciones serán la solución. Opinan que, por el hecho de poder divertirse o descansar, encontrarán el elemento que les falta en la relación. "Sin embargo, es un error porque, por muy fantásticas que parezcan, no salvan una relación", insiste Coca. Además, hay quienes tienen mayores e irreales expectativas en sus vacaciones y la frustración posterior es muy importante.

¿En qué se traducen esas expectativas?, ¿Qué buscan las parejas durante el verano? "Conectar. Sienten que hay una distancia entre ellos y que ya no comparten la intimidad que les mantenía unidos", explica la experta. Ante una crisis de pareja, las relaciones sexuales resultan a menudo muy afectadas, tanto en cantidad como en calidad. Muchas parejas se sienten obligadas a practicar más sexo durante el verano. Creen que deben tener relaciones desde la primera noche de vacaciones, aunque prefieran dormir porque están cansados del viaje o ver una película en la televisión.

De igual modo, cuanto más lejano, exótico y caro es el viaje, "mayores son las expectativas que tienen depositadas en él". Algunas parejas apenas viajan y, cuando pasan por un bache, deciden hacer una gran escapada. "Es un síntoma de que buscan, en algún país lejano, algo que no tienen en su vida cotidiana. Quieren una segunda luna de miel", explica Helena Trujillo, psicoanalista de la Escuela Grupo Cero y terapeuta de pareja. Muchas personas idealizan las vacaciones y el amor. Esta combinación es, a menudo, una auténtica bomba de relojería.

Uno de los principales problemas de las relaciones de pareja, si ambos trabajan y tienen hijos, es el poco tiempo para la intimidad

"Piensan que en verano deben estar todo el tiempo juntos, pasarlo bien siempre, practicar mucho y mejor sexo, sentirse enamorados cada minuto. Pero eso es imposible", considera Trujillo. Es fundamental relajarse y dejar espacio al otro, porque si no, será muy difícil que este periodo sea positivo. Hay personas que piensan que sólo determinadas acciones demuestran el amor de su pareja por ellas, como pasear por la playa. De lo contrario, creen que ésta no las quiere, pero esto no es cierto. Se deben dejar de lado las idealizaciones.
Consejos para superar el mes de agosto

Una vez asumido que unas vacaciones no van a arreglar una relación que no funciona, se pueden poner en práctica una serie de consejos para evitar, en la medida de lo posible, las frustraciones. Hay que empezar por el principio: el primer día de fiesta, tras varios meses de estrés laboral y familiar es imposible desconectar, hay que aceptar que se necesitan 4 ó 5 días de adaptación. No se puede pasar de jornadas maratonianas en el trabajo y en el ámbito doméstico, al relax total. "El cerebro necesita varios días para reducir la velocidad poco a poco, sobre todo, si se tiene una profesión muy estresante y con mucha vida social. Hay que adaptarse a otro ritmo", explica Trujillo.

Los expertos recomiendan siempre poner sobre la mesa los deseos de cada uno. Embarcarse en un largo viaje o quedarse en una casa rural con varias parejas puede ser una tortura si no apetece y la pareja está mal. Las vacaciones son para relajarse, divertirse y desconectar. Coca aconseja a quienes pasan por una mala época que "no se compliquen con un viaje lejano, lleno de incomodidades y muy largo". Anima a compartir cuatro o cinco días en un lugar tranquilo, cerca de casa.

Un aspecto que se debe tener en cuenta es el carácter de los miembros de la pareja. Ambos deben tomar conciencia de cómo funciona la relación. Si son tranquilos y poco amigos de complicaciones, es preferible la opción del hotel cercano. Si necesitan actividades para sentirse bien, hay que buscar una alternativa más activa. También hay que ser cuidadosos con las discusiones. A pesar de que casi todas las parejas discuten, en el caso de una pareja en crisis se puede caer en reproches muy duros, que empeorarán la situación. Trujillo propone "hacer lo mismo que cuando discutimos con el jefe o un compañero de trabajo: tomar distancia, acotar las discusiones al tema en cuestión, no sacar viejos reproches y, si no se llega a un acuerdo, aparcar el tema de disputa".
Tú con tus amigos, yo con los míos

No parece una mala opción tomarse unos días de vacaciones por separado, aunque no es una costumbre muy extendida en España. No obstante, según los días que se prevea pasar juntos -en algunos casos hasta 30 días o un mes-, parece poco aconsejable compartirlos todos con la pareja si la relación está en horas bajas. "Es una buena opción, tanto para parejas en crisis como para otras que funcionan bien", opina Coca. "Una recomendación es que terminen el periodo vacacional juntos, para compartir experiencias y enfocar el regreso a la rutina". No hay que pasar siempre cada minuto juntos, durante todos los días. "Hay que dejar espacio al otro, pero esta generosidad debe ser recíproca", aclara.
Tratamiento

A pesar de que el mes de agosto es el mes de vacaciones por antonomasia, no parece que sea el más tranquilo para los terapeutas, como señala Trujillo: "Muchos acuden a la consulta porque no están bien con su pareja y temen estos días o porque no saben si irse juntos o no". ¿Qué deben hacer las parejas en crisis durante el verano con respecto a su tratamiento? "Yo siempre aconsejo que no lo interrumpan, igual que también aconsejo que hagan algunas sesiones más intensas antes y después de las vacaciones", añade.
El regreso a la rutina

A las parejas en crisis que pongan muchas expectativas en sus vacaciones de verano les costará encontrar el desenlace que esperan. Es entonces cuando llega el desencanto. Si este periodo no ha sido como se deseaba, las parejas, tanto en crisis como no, deben ser muy cuidadosas con la vuelta a la rutina. Éste es uno de los motivos por los que se recomienda regresar con un par de días de antelación a la vuelta a la vida laboral. Los expertos aconsejan no tomar decisiones drásticas tras unas malas vacaciones, ya que surgen demasiadas emociones como para elegir con claridad. "Es mejor entrar de nuevo en la rutina para ver las cosas con más perspectiva", afirma Trujillo.
DÍAS SIN HIJOS

Los hijos son una gran fuente de satisfacción para sus padres y, cuando llegan las vacaciones de verano, es normal que quieran dedicarles mucho tiempo. Por un lado, desean disfrutar de ellos, y, por otro, se sienten en deuda por el poco tiempo que les dedican el resto del año. Pero uno de los principales problemas de las relaciones de pareja en que ambos trabajan y tienen hijos es el poco tiempo del que disponen para la intimidad. La pareja necesita tiempo para sentir que son más que un padre o una madre. Helena Trujillo señala que "quizá el motivo primero de las parejas en crisis es la falta de comunicación e intimidad". Para evitarlo, propone que "las parejas que crean que necesitan estar solos, no se sientan culpables por dejar a los niños unos días con sus abuelos o en unas colonias".

Discusiones de pareja durante las vacaciones


Una de cada tres parejas pone fin a su relación sentimental después del verano

Durante las vacaciones de verano, las parejas comparten mucho más tiempo que durante el resto del año. No hay que ir a trabajar, se reducen las obligaciones domésticas, aumentan las horas de cuidado de los hijos... Una época que debería ser sinónimo de felicidad, pero que no siempre se vive en armonía. Pasar más tiempo en pareja durante las vacaciones puede convertirse en el escenario idóneo para que afloren los conflictos y las disputas.


Durante el periodo de trabajo, muchas parejas viven prácticamente separadas. Son largas jornadas laborales que se complementan con numerosas obligaciones domésticas, multiplicadas en el caso de quienes tienen niños. La mayoría comparte los momentos del día en que más cansados están: cuando han finalizado la jornada laboral y doméstica y se sientan para cenar. En este contexto, no sorprende que numerosas relaciones se deterioren de manera progresiva sin que, incluso, se tenga conciencia de ello. Hasta que llega el verano y, con él, las posibles discusiones y las crisis.
La convivencia: una prueba de fuego

Como señala Helena Trujillo, psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero de Málaga, al compartir más tiempo durante la época estival, lejos de la rutina de horarios y compromisos laborales y escolares, "es cuando se convive realmente. Surgen los problemas porque cada uno se muestra tal cual es". Hay que señalar, por otro lado, que en muchas ocasiones las crisis que se originan durante el verano no son tales.

"En numerosos casos, denotan una problemática individual de uno de los miembros de la pareja", explica la especialista. Si una persona sufre depresión, un trastorno de ansiedad o cualquier otro problema psicológico, es muy probable que la convivencia se vea afectada. "Por este motivo, es tan importante contar con la ayuda de los profesionales para poder solventar estos trastornos", insiste la especialista.
Discutir lo menos posible

Muchas parejas pasan el año tan centradas en resolver asuntos cotidianos, que se olvidan de cuidar su relación sentimental

Para que las vacaciones sean, en la medida de lo posible, un remanso de paz libre de altercados, es necesario empezar a prepararlas muchos antes de que llegue el verano. ¿Cómo? "En primer lugar, no hay que esperar a estos días para hablar los temas espinosos de la relación. Cuanto antes se aborden mejor, así se evita que se enquisten", señala Trujillo. Muchas parejas pasan el año tan centradas en resolver asuntos cotidianos, que se olvidan de cuidar su relación sentimental.

Hablar de los temas más conflictivos y cuidar las bases de la relación (el cariño, la conversación, el sexo) es la mejor manera de garantizar unas buenas vacaciones juntos. Durante estas, hay que tener en cuenta una serie de consejos que pueden facilitarlas mucho. Es necesario consensuar dónde y cómo se quieren pasar. Si a uno no le gusta la playa, no tiene mucho sentido pasar tres semanas en un hotel en la costa con la promesa por parte del otro de que el año siguiente elegirá el destino que le apetezca.

Se pueden combinar unos días en la playa y el resto, en otro lugar. Además, "hay que aprender a ser tolerantes y respetuosos, no agobiar a la pareja con nuestras cosas ni querer pasar las 24 horas juntos", añade la experta. No tiene sentido pasar todo el día juntos para compensar que durante el resto del año apenas se ven. Para disfrutar de estos días, también es necesario que cada miembro de la unión disponga de su parte de tiempo libre para cultivar sus aficiones. Es la mejor manera de evitar enfrentamientos, ya que se eluden tensiones innecesarias.

Estas fechas son para recrearse, no para realizar tantas actividades, que se quede al borde del agotamiento mental y físico. Muchas personas exprimen tanto este periodo, que lo viven con estrés y esto crispa la relación y provoca numerosas discusiones. La situación idónea es una mezcla de descanso y actividades estimulantes, sobre todo, consensuadas.

No menos importante en un contexto de crisis, en el que muchos no viajan y deciden pasar unos días con otros familiares, hay que tener cuidado "con no agobiarse y agobiar con padres, suegros, cuñados... Respetemos tiempos y espacios", recalca Trujillo.
Cuando estalla la discusión

Como es lógico, lo mejor es evitar que las disputas estallen o que sean muy tensas. Para ello, es aconsejable comunicar lo que no gusta o molesta antes de que sea demasiado tarde. "El otro componente de la pareja no es adivino, así que debemos ayudarle a que nos entienda", explica Trujillo. En el caso de que el altercado sea inevitable, hay que exponer los propios argumentos de la forma más sosegada y clara posible.

El otro miembro debe sentir siempre que se le escucha y que sus razones, aunque no se compartan, se entienden. "Si se habla de buena manera, será más fácil que el resultado sea bueno. No se trata de competir con el otro, sino de convivir", puntualiza la experta.
VACACIONES EN CRISIS

Las vacaciones nunca serán la terapia que solucione de forma mágica los conflictos. Ni en el caso de que se contrate un hotel de lujo en la isla más paradisíaca y tranquila que se pueda imaginar. La psicoanalista Helena Trujillo aconseja que para una pareja que esté en crisis, quizá sea mejor no tener vacaciones, "no viajar, no salir del contexto habitual, ya que esto puede generar tensiones".

En el caso de que las parejas se aventuren en un viaje, es recomendable no alejarse demasiado de casa (por si ocurre una crisis tan fuerte que sea aconsejable regresar) y evitar situaciones potencialmente conflictivas, como viajes largos en coche o en grupo (sobre todo, si la crisis está causada por una infidelidad y es aconsejable evitar celos). La especialista hace hincapié en que lo más adecuado es iniciar una terapia de pareja cuanto antes para aliviar la tensión y ayudar a que los días de vacaciones sean más llevaderos.

El Dinero en la Pareja


El dinero es símbolo de poder en una pareja porque representa la posibilidad de tomar las decisiones.

Es solamente un papel que por convención la sociedad le ha otorgado el valor de obtener bienes, de disfrutar de comodidades, de viajar y de tener un status social determinado.

En función a la cantidad de esos papeles que una persona pueda generar será el lugar que ocupe en su relación de pareja para tomar las decisiones.

Si el dinero está solamente en manos de uno de los integrantes de una pareja puede ser un motivo para que tengan serias desavenencias y discusiones, si previamente no han hecho sobre este tema, un arreglo previo. Porque el dinero no se puede ignorar en una sociedad de consumo donde todo se compra y se vende; participa en nuestros proyectos y puede malograrlos si los planes son más ambiciosos que nuestros recursos.

Se puede decir que no existe ninguna cultura que no incluya transacciones comerciales; porque aún en las más primitivas existe el intercambio y se manejan con valores locales que tienen la misma función que el dinero en las ciudades modernas.

El amor sin dinero suele durar poco, porque si no se pueden atender las necesidades básicas no hay amor que aguante.

Antiguamente un matrimonio era una transacción comercial, o sea la oportunidad de crear vínculos con otras familias y robustecer el patrimonio.

El amor fuera de ese contexto terminaba mal, a veces con la muerte cuando el romanticismo impulsaba a los amantes a unirse en el más allá.

En esa época sólo ocupaba un lugar el dinero y el amor no era tema de discusión.

Hoy en día, la vida moderna permite a la mujer ser proveedora y por lo tanto tiene la posibilidad de participar en las decisiones de la pareja.

Una pareja que está dispuesta a formalizar y convivir, tiene que hablar de cómo manejarán el dinero común cuando estén juntos.

Si se piensa individualmente, lo más lógico es que cada uno administre sus ingresos y ambos compartan los gastos.

Si se piensa en función de nosotros, algunas parejas pueden decidir hacer un fondo común. Sin embargo, esta forma de administración puede llevar a discusiones, si alguno de los dos toma una decisión unilateral sin consultar y se atreve a gastar del fondo común una suma por su cuenta que haga tambalear la economía familiar.

En general, los hombres suelen ganar más y a veces esta disparidad de haberes puede ser causa de falta de entendimiento en la relación.

Un hombre generoso suele tener también otras cualidades positivas; en cambio cualquier señal de mezquindad revela egoísmo y poca capacidad de brindar amor verdadero. Por eso es importante elegir bien al compañero.

Lo lógico es que el que gana más participe en los gastos en forma proporcional sin protestar y a la vez sea respetado en su decisión cuando un gasto adicional de mayor importancia dependa exclusivamente de sus ingresos.

Es necesario hablar de este tema sin reservas para evitar hacerlo sobre la marcha, cuando seguramente se tendrán que aceptar condiciones que tal vez no conformen.

En una pareja, cuyos integrantes se respeten mutuamente, cada uno tiene el derecho de reservar parte de sus ingresos para tomar sus propias decisiones para hacer los gastos que le conciernen y compartir los gastos comunes en forma proporcional a los ingresos, acordando mutuamente cuando deseen realizar una inversión mayor.

El dinero no es la felicidad porque si así fuera los ricos serían todos felices, pero es cierto que facilita mucho las cosas y que además tiene el poder de calmar los nervios.

El verano, tiempo de seducción


Durante el período estival, tiempo con menos preocupaciones académicas o laborales, crece el interés en las relaciones con otras personas

El tiempo libre hace de las vacaciones y los fines de semana momentos idóneos para aplicar el arte de seducir. La seducción es una cualidad necesaria, y saludable, para cualquier persona que desee embargar a otra. No obstante, hay quienes se sienten incapaces de cautivar, e incluso nunca han ligado, o convierten esta persuasión en una adicción, en su forma de vivir. Para lograr una seducción sana, es preciso utilizar el ingenio y la creatividad. En la actualidad, hay talleres que permiten desarrollar estas capacidades para atraer con éxito, ya que aprender trucos y estrategias puede ser útil tanto para la vida personal como en el mundo empresarial.

La seducción es una cualidad necesaria para cualquier ser que tenga intención de conseguir algo de otro, como protección, relaciones sexuales e, incluso, obtener un crédito. Para todos estos aspectos que se pueden tomar como muy distantes, se utilizan estrategias y, "si se saben utilizar con destreza, es fácil tener más éxito en la vida", explica Fernando Pena, psicólogo en ejercicio en Valencia. Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma capacidad de seducir.

El aspecto más destacable en una persona es la seguridad que transmite de sí misma a su entorno. Camina de una manera confiada, mira a los ojos cuando habla, sonríe con frecuencia, sabe hacer críticas sin herir y entiende las críticas que recibe como una forma de crecer y mejorar. "Las personas seductoras se preocupan por sus clientes y se interesan por la vida de sus amigos y compañeros", añade este experto.

Junto con la mayor o menor capacidad de ser sugerente que tiene cada uno, "hay determinados factores que despiertan e incrementan la apetencia de conquistar. El tiempo libre y de ocio es uno de los más importantes. Por lo tanto, los fines de semana y el período estival son los momentos en los que menos interfieren las preocupaciones académicas o laborales y el interés de las personas se centra más en la relación con otros", informa Pena.
Seducción sana y patológica

El aspecto más destacable en una persona seductora es la seguridad que transmite de sí misma

La seducción puede ser una capacidad sana o patológica, cuando es extrema, ya sea por defecto o por exceso. Respecto a la incapacidad, Pena cuenta que "muchas de las personas que acuden a la consulta lo hacen porque no consiguen dar apenas ningún paso para seducir. Tienen miedos, inseguridades, baja autoestima y, todo ello, hace que pasen años sin que consigan experimentar la satisfacción de haber ligado con alguien". De hecho, "hay gente que no ha logrado ligar nunca", puntualiza este psicólogo.

En el extremo opuesto, aunque de manera menos frecuente, también hay quienes convierten la seducción en una adicción y no consiguen salir de ese juego donde el único objetivo que se busca es conquistar a otra persona. A partir de ahí, la relación con el sujeto atraído pierde interés. Este tipo de comportamiento, a menudo, va asociado a un miedo significativo al compromiso. "Es un problema que afecta a ambos sexos", informa Pena.
Seducción para todos

Dentro del comportamiento sano, es fundamental romper con los viejos roles que dictan que los hombres deben dar el primer paso y las mujeres aceptarlos o rechazarlos. "Es fundamental tomar la iniciativa para conocer a la persona deseada", comenta el experto. Sin embargo, muchos, sobre todo del sexo femenino, se mantienen distantes e intentan insinuarse con la mirada o esperar a que sea la otra persona quien tome la iniciativa, si bien "cada uno debe sentirse dueño de lo que pasa en su entorno y actuar de una manera que garantice resultados", precisa.

Otra de las claves para tener éxito es corregir los pensamientos negativos referidos a los momentos en los que se inicia el juego seductor, ya que en la práctica muchas personas tienen ciertos pensamientos a modo de excusa para no afrontar la situación, del estilo "la otra persona va a pensar que quiero algo", "que estoy desesperado/a" o "que quién me he creído que soy". Según Pena, hay que rechazar estos mensajes y sustituirlos por una actitud mental más tendente a la acción.

Además, las estrategias de atracción no están reservadas a los singles, también quienes tienen pareja o viven con ella pueden volver a conquistar a su compañero sentimental. Precisamente, las terapias de pareja se plantean para conseguir ese objetivo.

En este supuesto de relación estable, "se trata de mejorar los conflictos generados por problemas en la comunicación. Es muy importante una reaparición de las muestras de afecto, aprecio y cariño. También hay que buscar más tiempo de ocio juntos, ya que las actividades divertidas vividas en común fortalecen la unión. Y los viajes son un claro aliciente para ello", explica Pena. Además, destaca que quienes tienen hijos deberían asegurarse, al menos, un espacio y un tiempo como pareja, solos.
CREATIVIDAD Y SEDUCCIÓN

Las personas inseguras, tímidas, que no saben sacarse partido, cómo iniciar una conversación y que creen tener pocas dotes para seducir o no han ligado nunca no deben darlo todo por perdido. En la actualidad, pueden asistir a los talleres que se imparten para ayudar a desarrollar las habilidades necesarias. Fernando Pena, que ha impartido el "Taller de Creatividad Aplicada a la Seducción", para el Instituto de Creatividad Aplicada, de Valencia, cuenta que "el objetivo en estos talleres ha sido aprender, no solo a pensar diferente, sino también a comportarse de manera distinta". "Es fundamental ganar confianza en uno mismo y vencer el miedo al rechazo", subraya.

En estos pequeños cursos se explican técnicas concretas que ayudan, como gestos específicos, formas de mirar, expresiones, la importancia de recordar datos de la otra persona, los piropos más eficaces, etcétera. Aprender trucos y estrategias de este estilo puede ser útil para tener éxito tanto en la vida personal como en el mundo de la empresa. En este último ámbito, "las estrategias creativas de seducción pueden ayudar a obtener más clientes, a fidelizar a los actuales y a generar que se hable bien de uno porque se consigue despertar más simpatía. Hay que pensar que la creatividad aplicada a la seducción potencia la capacidad de obtener resultados", sentencia Pena.

En cambio, la falta de originalidad puede abocar al fracaso en el arte de conquistar. Como ejemplo, este psicólogo explica que si se piensa en las veces que a uno le han intentado cautivar con el típico "¿estudias o trabajas?" o con el "¿vienes mucho por aquí?", luego se recapacita en las ocasiones en las que alguien lo ha hecho con algo sorprendente, nuevo o diferente. Si se analiza cuáles han funcionado mejor, seguro que se piensa que las últimas, porque son las más creativas y las que permanecen en la memoria.

En tema de pareja: Tropezar con la misma piedra


Muchas mujeres van de una mala relación a otra y así sucesivamente por dos motivos:

1) Erróneamente piensan que una mala relación es mejor que ninguna

2) Porque a veces no saben que hay mucha información al alcance de sus manos la cual les brinden el apoyo y las herramientas necesarias para que puedan lograr el tipo de relación que ellas tanto anhelan.

Este último punto es importante de observar dado que una de las principales razones por las que es difícil lograr una buena relación de pareja se debe a que los hombres y las mujeres tenemos necesidades emocionales distintas; por lo tanto sentimos, percibimos, pensamos, nos comunicamos y amamos de manera distinta. Es por ello que cuando entramos en una nueva relación, lo principal es aprender a conocer que es lo que cada uno necesita del otro para así no solo proporcionárselo a nuestra pareja sino también lograr obtener de ella lo que nosotros necesitamos.



Pero además de esto, el cuestionamiento principal en cuanto a la mujer, yace en analizar hasta donde ella esta decidida a llegar para no estar sola. Por ende cuando una mujer no se permite crecer emocionalmente durante el periodo en que esta sin pareja no se da cuenta de se esta causando daño a si misma.

No hay duda de que la mayoría de nosotras tendremos que enfrentar estos cuestionamientos en algún momento de nuestras vidas; aun así, lo que debemos recordar es que podemos y debemos prepararnos para cuando el momento llegue, y hacerlo de esta manera:

- Aprendiendo a conocernos mejor

- Dándonos el gusto de hacer lo que siempre deseamos y nunca hicimos

- Leyendo a los grandes pensadores y filósofos para tener una visión mas profunda del universo del cual somos parte

- Pasar tiempo junto a otras mujeres de edad y gustos similares con quienes compartir experiencias pasadas y crear nuevas

- Comprometernos a adquirir nuevos conocimientos en el área de la psicología y las relaciones de pareja para así comprender aquello que quizás en el pasado nunca llegamos a comprender

- Disfrutar de gratos momentos junto a nuestros seres amados.

Y si la posibilidad de formar una nueva pareja llega a presentarse es importante tomar conciencia de que no debemos descuidar quienes somos como individuos y no dejar de lado nuestro plan de crecimiento interior, puesto que estemos en pareja o no, seguimos siendo parte de un universo infinito. Las mujeres podemos y debemos demostrar nuestra fuerza interior y la mejor manera de hacerlo es decidiéndonos a ser “Una Misma, Por Si Misma”.

¿Crisis de pareja o final de la relación?


Razones de peso, en apariencia, como mantener la relación por los hijos, la dependencia emocional o el miedo a la soledad no deberían ser suficientes para mantener una relación de pareja

La mayoría de las parejas atraviesan varias crisis a lo largo de la relación. Las personas cambian con el tiempo, así como sus necesidades, sus deseos y sus sentimientos. Cuando se está en crisis, la angustia, la confusión y los afectos contradictorios pueden ser muy intensos. Y no es sencillo decidir si hay que poner punto y final a la relación. Ante este dilema, un terapeuta puede ayudar a superar una crisis.


En el año 2010 se registró en España una ruptura matrimonial cada cuatro minutos. Y, según datos del Instituto de Política Familiar, el 40% de las rupturas fueron conflictivas. No obstante, es normal que las parejas que llevan bastantes años juntas pasen por crisis, explica Helena Trujillo, psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero. El problema está en que muchas no saben decidir si vale la pena luchar por superar el trance o es mejor finalizar la relación.
Por qué las parejas entran en crisis

Los motivos más habituales de las crisis son, según Arantxa Coca, terapeuta de pareja, "la incompatibilidad de caracteres y los problemas sexuales". Cuando los miembros de la pareja no se entienden, cuando no consiguen crear en su relación un espacio común satisfactorio, son normales las fricciones. En cuanto a los problemas sexuales, "la crisis no viene tanto por la falta de sexo, sino por las consecuencias de la falta de sexo".

Cuando uno de los componentes de la pareja siente un deseo que no es correspondido, puede desarrollarse en él cierto resentimiento o rabia. Y estos pueden contaminar la relación hasta un punto sin retorno. Como señala Trujillo, en ocasiones, ocurre que cuando una mujer acaba de ser madre pone casi todo su cariño y atención en el hijo. "Si además las relaciones sexuales disminuyen, muchas veces el hombre busca fuera de la relación lo que no encuentra en ella".

Otra de las causas más frecuentes de una crisis es la infidelidad. Por eso, "la fidelidad no debe ser algo que uno se impone. Debe ser un deseo", considera la psicoanalista, para quien "es normal que, a lo largo de los años, se sientan deseos hacia otras personas". Por último, un motivo más de crisis son los problemas de comunicación. Muchas personas no saben comunicarse ni con su compañero, ni con sus hijos, ni con sus amigos. Y una pareja es una relación muy estrecha e íntima. "Si no se guardan las formas, si no se tiene en cuenta al otro al comunicarse, es lógico que surja la crispación", explica Trujillo.
Seguir o separarse

No siempre es sencillo distinguir entre el amor u otros sentimientos como la compasión, el cariño o la amistad

Cuando una pareja está en crisis, el sufrimiento emocional puede ser muy intenso. Cuesta pensar con claridad. Cuesta discernir hasta qué punto vale la pena continuar o no. En ocasiones, una relación que parecía idónea empieza a hacer aguas. Los miembros han cambiado con el paso del tiempo y sus intereses y deseos no parecen ir por el mismo camino.

Es difícil generalizar sobre cuándo hay que poner punto y final a una pareja pero, como señala Coca, "cuando la otra persona deja de ser un aliado en tu vida para convertirse en alguien que no te deja desarrollar, hay que plantearse de manera muy seria la ruptura". Como es lógico, el principal motivo para romper es el fin del amor. Pero no siempre es sencillo distinguir entre el amor u otros sentimientos, como la compasión hacia la otra persona, el cariño o la amistad.

"Por ello es importante saber si hay deseo sexual o no. Si hay deseo sexual, seguramente queda algo, como mínimo, de amor", asegura la terapeuta de pareja. Hay que diferenciar entre las uniones de jóvenes, "ya que los veinteañeros suelen aguantar menos y se separan con más facilidad", y aquellas de más de 35 o 40 años, "que aguantan más y sopesan con paciencia los pros y los contras de una ruptura".
¿Qué une a las parejas?

No siempre el amor une a una pareja. Para saber si hay que separarse, vale la pena tener claro los motivos que no deberían servir para mantener la relación. "A veces son los hijos, el miedo a la soledad, la dependencia emocional, el miedo al qué dirán si se rompe la relación", añade Trujillo. Desde que la crisis económica se inició, cobra cada vez más fuerza otro motivo: la dependencia económica. "Hay algún caso de parejas que no se separan porque no pueden vender el piso y terminan por compartir la casa", explica Arantxa Coca.
Cómo sobrellevar una crisis

Una de las actitudes que favorecen a la pareja cuando están en una crisis es la humildad. "Humildad para que cada uno trabaje la parte de su personalidad que no ayuda a que la relación funcione", señala Arantxa Coca. Es fundamental el bagaje personal que tenga cada miembro. Ayudará mucho que ambos se sientan satisfechos en otros ámbitos de su vida, como el profesional. "Gozar de salud psíquica será fundamental para superar una crisis", explica Helena Trujillo, "así como hacerse responsable de la parte de la crisis que a uno le toca".
Tras la ruptura

Pero, en ocasiones, nada puede ayudar a salvar una relación. Muchas personas viven el final de una pareja como un fracaso. "Pero no tiene que ser así. Muchas relaciones cumplen su ciclo y lo mejor para todos es que cada uno siga su camino. No tiene sentido mantener una relación que no satisface, por los años pasados o por los hijos", considera la psicoanalista. El final de una relación no quiere decir que acabe la vida o que uno no podrá ser feliz de nuevo.

Tras una ruptura, los expertos aconsejan no obsesionarse con los motivos que llevaron a ella. Es necesario darse un tiempo para aceptar la nueva situación, pero hay que tener muy claro que la vida continúa. Una ruptura de pareja puede ser la oportunidad para iniciar una nueva vida o para mejorar aspectos de uno mismo. Como señala Helena Trujillo, "para muchas personas puede ser la oportunidad para aprender a estar solos. Hay que interiorizar que estar soltero no debe ser sinónimo de estar solo".

La infidelidad


La infidelidad es una de las razones principales por las que una pareja rompe su relación. Los "cuernos" destruyen la confianza de los enamorados y los pilares sobre los que se cimienta una relación. En la mayoría de los casos las personas son infieles cuando la relación no alcanza sus expectativas, están buscando algo en la pareja que ésta no es capaz de ofrecerles. La solución, en vez de basarse en el diálogo, es una salida aparentemente más fácil o cómoda: la infidelidad.

Los hombres también traicionan, para demostrar su masculinidad porque la sociedad espera que él actúe así. La pregunta que muchas personas se hacen es cómo descubrir y asegurarse de que la pareja les está siendo infiel. Si vives con tu novio, observa su comportamiento, si no vuelve a casa a la hora de costumbre, si ya no existe diálogo entre vosotros, si se irrita contigo por cualquier motivo. Estas actitudes NO son síntomas de una traición, pero sí indican que algo no funciona en vuestra relación y que por lo tanto existe peligro de infidelidad.



Para los hombres es más difícil saber si les están siendo infieles, puesto que ellos son menos observadores y se fijan menos en cambios sutiles que sin embargo las mujeres descubren a la primera. Los hombres en general temen o sospechan que su pareja les está siendo infiel, cuando ésta se niega a mantener relaciones sexuales como de costumbre. Existen mujeres que jamás perdonarían una infidelidad y otras que sin embargo deciden auto engañarse para no tener que enfrentarse a la realidad.

Descubrir que hemos sido traicionados por la persona amada siempre es una experiencia dolorosa y hasta humillante, puesto que se ponen en juego los valores que fundamentan una relación de pareja, como son la confianza, la sinceridad y el respeto.

Perdonar o no una traición depende de la persona y del tipo de relación que existe, ya sea por motivos religiosos o porque no quieren hacer sufrir a sus hijos. En el caso de las mujeres que deciden perdonar (pero no olvidar), la infidelidad suele ser un arma arrojadiza muy frecuente en las discusiones, que puede desgastar más todavía la relación.

No recuerdes constantemente la infidelidad de tu pareja, si no eres capaz de superar y olvidar, quizá sea necesario plantearse una solución tajante. Muchas mujeres que han sido infieles se torturan porque no saben si contárselo a su pareja, se sienten mal, pero lo primero y más importante es descubrir el porqué de la traición. Si has sentido esa necesidad es porque tu pareja no te da algo que tú necesitas y no tiene por qué estar relacionado con el sexo.

Debes evaluar los pros y los contras antes de decidirte a contárselo a tu pareja, puede que sólo fuera para ti una aventura que te haya hecho ver que no quieres abandonar a tu novio; en este caso puedes volver a reconstruir tu relación. Si decides ser sincera es posible que tu pareja no pueda perdonarte y eso dependerá de lo importante que seas para él.

Muchas veces ellos deciden perdonar, pero la infidelidad estará presente durante mucho tiempo en su memoria y será difícil que vuelva a confiar en ti, por ello es aconsejable buscar ayuda profesional y no depender de los consejos bien intencionados de las amistades.

La infidelidad y sus motivos

Las 9 razones más comunes por las que ‘ponemos los cuernos’ son resultado de la búsqueda de la satisfacción de necesidades que no encontramos en nuestra pareja

Una de las peores traiciones hacia nuestra pareja o por parte de ella es la infidelidad. Generalmente pensamos que la persona infiel es la única culpable, sin embargo la infidelidad es el resultado de la crisis de una pareja, pues quien es infiel lo hace porque busca en otra persona cuestiones sexuales, emocionales o intelectuales que su pareja no le da.

La infidelidad no sucede espontáneamente, siempre hay motivos que la provocan. La lista de razones es interminable, pero los sexólogos especialistas en terapia de pareja coinciden en que en todas se intenta satisfacer las carencias del matrimonio:

Las 9 razones más comunes

1. Nos sentimos devaluados. Terminado el enamoramiento, enfrentamos a la pareja real y olvidamos a la idealizada, y sus conductas no siempre placenteras en la convivencia defraudan nuestras expectativas. Si la pareja nos abandona al centrarse sólo en sus objetivos personales y no en los de ambos, y al mismo tiempo nos relacionamos con una persona distinta que nos hace sentir más valorados, la elegimos inconscientemente como nueva compañera. Principalmente para las mujeres, es muy importante sentirnos bellas y deseadas por nuestro hombre. Si no se cumple nuestro objetivo, sentimos una gran frustración y se devalúa nuestra autoestima. Una forma de sentirnos de nuevo atractivas y deseadas, es siendo cortejadas en una relación extramarital.



2. La monotonía. Cuando nuestra pareja descuida el tiempo en común por sus actividades personales y deja de tener detalles cariñosos con nosotros, sentimos que el amor se acabó, se produce un distanciamiento y nos empezamos a sentir encadenados a pasar el resto de nuestros días en una relación que ha perdido su encanto. Un matrimonio sumido en la rutina y en el aburrimiento se puede venir abajo a causa de un encuentro con un intruso que lllegue y nos aborde con el misterio, encanto y riesgo de los que carece nuestra relación.

3. Una vida sexual deficiente. El sexo es un elemento esencial en la pareja y si éste es defectuoso, quien se siente insatisfecho tiende a buscar fuera de la relación la satisfacción sexual que no encuentra en su pareja. Si a pesar de sentir un gran amor por la pareja, en la cama no encontramos nada excitante, nos vengamos teniendo relaciones sexuales con otra persona, porque estamos enojados con nuestra pareja que no quiere hacer el amor o no quiere llevar a cabo nuestras fantasías sexuales.

4. Dependencia emocional de los padres. Si nuestra pareja no es emocionalmente independiente de sus padres y no establece límites respecto a ellos, esta conducta infantil nos hace sentir sin su apoyo, y nuestra necesidad insatisfecha de ser escuchados y atendidos nos impulsa a buscar una relación extramarital.

5. Buscamos nuevas sensaciones. Si se acaba la seducción del enamoramiento y se vive en el hastío de una relación, hay quienes necesitan seguir satisfaciendo su necesidad de seguir enamorados. La curiosidad de experimentar el sexo con otras personas y de vivir la aventura es un fuerte motor para buscar un affair.

6. Idealizamos a la pareja. Para continuar idealizando a nuestra pareja, muchas veces elegimos como amante a una persona totalmente opuesta. Hay quienes llevan a cabo todas sus fantasías sexuales con el amante y no con la pareja para sentir que la siguen manteniendo en el concepto de ‘decente’.

7. La pareja lo permite. Se dan casos en que la pareja está de acuerdo en que tengamos relaciones extramaritales, porque es consciente de que necesitamos satisfacer las deficiencias que existen en nuestra propia relación.

8. Sentimos amenazada nuestra libertad. Cuando la pareja es asfixiante o nos da pavor perder nuestra independencia y quedar atrapados en una relación, intentamos sentirnos libres cometiendo actos de infidelidad.

9. Alarde de poder. Por haber obtenido poder, dinero y una posición social, hay quienes sienten que se han ganado el derecho a tener un mayor potencial sexual con el sexo opuesto.

La infidelidad es un síntoma de la serie de crisis por las que atravesamos como pareja. Si buscamos en el fondo, descubriremos que somos infieles cuando no encontramos en nuestra pareja lo que buscamos y nuestra relación no satisface completamente nuestras necesidades. Sin embargo, superar la crisis dependerá de la forma en que podamos comunicarnos como pareja.

Los celos amor o posesión


Los celos, ("el vicio de la posesión", como Jacques Cardonne los denominaba) han sido, desde hace siglos, argumento recurrente y fértil de la literatura aunque constituyan también el germen de demasiados sucesos desgraciados y muy reales. Pero, ¿qué son los celos?.

Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).

En el ámbito sentimental, el rasgo más acusado de los celos es la desconfianza y sospecha permanentes en el otro que tiñen, y perjudican gravemente, la relación con la persona amada. La mayoría entendemos por celos ese confuso, paralizador y obsesivo sentimiento causado por el temor de que la persona depositaria de nuestro amor prefiera a otra en lugar de a nosotros.

Cuando se muestra en su forma aguda, el origen de los celos hay que buscarlo en situaciones neuróticas o, en general, psicopáticas. Algunos autores creen que el sentimiento de los celos es universal e innato. Linton, por ejemplo, ve una prueba de esta tesis en el hecho de que en las Islas Marquesas, donde la libertad sexual es prácticamente total, los indígenas manifiestan sus celos sólo cuando están ebrios; es decir cuando su control voluntario, su raciocinio, ha disminuido. Por el contrario, otros psicólogos (como O.Klineberg) señalan que este sentimiento es de origen cultural, y que los celos no dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino del "estatuto" social. En las sociedades monogámicas, como la nuestra, y siempre según este autor, el adulterio sólo provoca reacciones celosas en la medida en que origina inseguridad (material o afectiva) o afecta al prestigio y al honor. Son dos teorías relativamente antagónicas, pero como ocurre con frecuencia, perfectamente complementarias.



Podemos pensar por tanto, que cuando nos mostramos celosos experimentamos sensaciones inherentes a nuestra condición de seres humanos y, a la vez, manifestamos un comportamiento adquirido y heredado de nuestra cultura y modus vivendi.



Un sentimiento que puede resultar peligroso

Las personas muy celosas son, frecuentemente, apasionadas, ansiosas, un poco sadomasoquistas y neuróticas, y proyectan en su entorno humano sus propias tendencias a la infidelidad. Buscan con avidez todas las pruebas de su presunto infortunio y se muestran refractarios a los argumentos racionales que les trasmiten las personas cercanas con las que se sinceran.

Los celosos delirantes que se sienten abandonados, menospreciados y burlados, pueden llegar hasta la tragedia de perseguir con odio a su "amor" y no vacilarán en atacarlo. De ahí que este sentimiento de los celos genere tantos problemas, no sólo en la seguridad física de las personas directamente afectadas por casos criminales sino también en el equilibrio emocional de otras muchas cuyo bienestar psicológico se ve amenazado. Cuando en una pareja surge el miedo a la separación, éste se manifiesta en forma de celos, de persecución al cónyuge en su hipotética infidelidad, controlándole y pretendiendo obligarle a que sea fiel. Cuanto más persigue a su pareja con celos, tanto más se siente impulsado el perseguido o perseguida a demostrar su autonomía, esforzándose en alejarse y no dejarse obligar. Y cuanto más lo hace, tanto más busca el celoso o celosa reclamarle como posesión propia y secuestrar su libertad de movimientos y de sentimientos.

El celoso exige entonces a su pareja la descripción pormenorizada de su supuesta aventura y en su mente se mezclan el miedo al ridículo, a estar en boca de todos, el sentir con dolor que la otra persona vale más, la pérdida de autoestima, un deseo morboso de información (circunstancias de la otra relación, quién es, dónde se ven, desde cuándo.....), un desmedido afán de control, un sentimiento de posesión exacerbado, la agresividad para con uno mismo...

Vive la situación como si de una tortura se tratara e incluso con deseos de venganza, que van desde el encerrarse en el silencio hasta el drama que con tanta frecuencia describen las secciones de sucesos de los medios de comunicación.

Los celos no son amor

Los celos, en contra de lo que podría parecer y de lo que sugieren algunas letras de canciones, argumentos literarios o guiones de películas, no siempre son consecuencia de un gran amor, ni indican cuánto se quiere, se necesita o se desea a la otra persona. Y, normalmente, quienes padecen preferentemente estos ataques de celos son personas muy centradas en sí mismas, que sólo se curarán saliendo de su autoencierro. En muchas situaciones de celos hay, más que amor o miedo a la soledad, otras causas: sentimientos de posesión del otro, de necesidad de controlarle, de inseguridad en uno mismo, de envidia hacia la mayor riqueza de la vida emocional del otro...

Un tipo muy especial de celos son los infantiles ("complejo de Caín"), que se manifiestan tras el nacimiento de un nuevo hermano. El niño, antes centro de todas las atenciones, se ve obligado a aceptar que debe compartir con el nuevo miembro de la familia el amor y cuidados de sus padres, muy especialmente de la madre, lo que hace que vea en el recién llegado un usurpador y la malquerencia hacia "el intruso", lo que puede conducirle a volcar su agresividad en su pequeño hermano. Según los psicólogos, no es extraño que incluso el origen de ciertos estados neuróticos que sufren los adultos provenga de secuelas de celos infantiles padecidos hace décadas. Pero los celos no son exclusivos del espacio familiar o sentimental: otro ámbito donde germinan es el mundo laboral.



Los celos afectan con frecuencia a profesionales desconfiados y muy competitivos (en la mala acepción del término), incapaces de trabajar en equipo y que invierten gran parte de su tiempo y energía en los pequeños detalles, no compartiendo información y controlando cuanto ocurre a su alrededor, a fin de que nadie presente un trabajo que pueda ensombrecer el suyo. La vida y valía personal de estos celosos laborales giran en torno a su estatus profesional y mantienen una baja autoestima (disfrazada frecuentemente de autosuficiencia). Y, por supuesto, con esa actitud, evidencian su inseguridad y un déficit de inteligencia emocional, al no responder positiva y equilibradamente a los estímulos del exterior, en este caso, a la competencia de sus compañeros de trabajo.

También pueden surgir los celos en la relación con los amigos ("ese es el más guapo, aquellla es la más lista, ese el que tiene la casa más bonita, este es el que está casado con la que más dinero gana"), pero normalmente no generan tantos problemas ni alcanzan dimesiones dramáticas.

Si nos sentimos celosos de nuestra pareja:

"Los celos son malos consejeros" dice el refrán. No desdeñemos su importancia ni dejemos que se nos cuelen como sentimientos normales o que hasta tienen su encanto, por cuanto trasmiten "lo mucho que le quiero". En la realidad cotidiana, los celos rompen y enturbian las relaciones, y los individuos celosos acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes, el gozo y el placer del encuentro, el equilibrio en la pareja, que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto a la autonomía del otro. Si en un momento determinado nos sentimos víctimas de un ataque de celos que perjudica nuestro bienestar emocional, actuemos dedicidamente:

Seamos conscientes de que estamos padeciendo los celos sin querernos engañar jugando a progresistas.
Comuniquemos nuestros sentimientos a la persona cuyo comportamiento ha generado los celos, especificándole claramente las conductas que nos hacen sentirnos celosos.

Hablémosle cuanto haga falta, aunque sin someterla a una presión excesiva (y mucho menos aún, recurriendo a amenazas o agresiones físicas), y con ánimo de pedirle que nos ayude a disipar nuestras dudas. Se trata de saber qué ocurre en realidad y de cotejarlo con nuestra percepción, que perfectamente puede ser errónea.

Si se trata de un pensamiento irracional que estamos alimentando, debemos apoyarnos en la realidad y desterrarlo definitivamente. Nos será más fácil si contamos con la ayuda de la otra parte. Pero no olvidemos también es parte afectada, a la que debemos comprender y ayudar.

Revisemos durante un cierto tiempo nuestra actitud ante la otra persona, para comprobar que los celos han desaparecido.

Fortalezcamos el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: son los mejores instrumentos para superar el desencuentro y los celos.

Aceptémonos más, confiemos en nosotros mismos y trabajemos la seguridad en nosotros mismos, nuestra autoestima.

Si sufrimos un cuadro agudo de celos o nos vemos incapaces de gestionarlos por nosostros mismos, dirijámosnos cuanto antes a una consulta psicológica.

Y, por último, si hay motivo real para nuestros celos, planteemos con realismo la situación a nuestra pareja. Y armémonos de valor, paciencia y comprensión para superar la situación. Casi todo tiene un final, y el amor también puede tener fecha de caducidad.

Distinguir lo que es sincero del lo que es engaño.


"Será más fácil, para alguien que te conoce al detalle, preparar una estrategia de reconquista aun si ésta es totalmente sincera. Acuérdate que cuando se está enamorado poco importan las armas que se usan", afirma la psicoterapeuta.

¿Cuáles son las armas más populares entre las estrategias de los "ex"? Una actitud bastante común de quien insiste en reconstruir un vínculo ya destruido suele ser el aparecer vulnerable ante su antigua pareja.

Otras estrategias incluyen frases como "sólo tú me entiendes"o "ayúdame porque tengo problemas". A partir de ahí se lanza la segunda etapa de la ofensiva.

"Ya nos conocemos y por eso sabremos superar nuestros problemas", "Necesitas a alguien que te conozca", "Eres especial y por eso no te puedo olvidar", son algunas tretas eficaces en esta batalla.

"Eres especial y por eso no te puedo olvidar", son algunas tretas eficaces en esta batalla.



"Puede ser que aceptes volver a ver a tu ex con la mejor disposición y de manera desinteresadamente, pero la otra parte no lo puede entender así y más bien puede creer que estás interesado(a) en reavivar ese fuego que tú crees extinguido", advierte la psicóloga colombiana.

Los expertos aquí citados, señalan que todo depende de que cada quien sopese los riesgos y beneficios de acercarse al fuego.

La ruptura de la pareja


Las consecuencias

Las primeras consecuencias de una ruptura son generalmente peores de lo que la pareja se espera cuando toma la decisión. Tanto la felicidad, como la autoestima, como el estado financiero se ven profundamente afectados.

El daño es mayor aún si se llegaron a compartir diferentes compromisos (propiedades, amistades y, sobre todo, hijos) y el nivel de intimidad era muy alto. Este mayor malestar al esperado se debe a dos motivos principalmente.



Motivos del malestar

Antes de la ruptura la pareja está preocupada por qué es lo que falta en la pareja, se centra en observar lo negativo y las necesidades que no están cubiertas, pero sólo a raíz de la separación son conscientes de que existían otras muchas necesidades que si estaban satisfechas y a las que no prestaban atención. En este momento es en el que se toma conciencia de que se echan en falta ese tipo de satisfacciones o beneficios.

El paso del tiempo crea una dependencia emocional entre las dos personas que integran una pareja de la que ni siquiera son conscientes, por lo menos hasta el grado en el que llegan a serlo después de la separación. En el caso de una ruptura traumática deben enfrentarse al rechazo, mientras que si ésta ha sido amistosa, surgen los sentimientos de arrepentimiento y las dudas. Esa corriente emocional persiste por muy desagradable que haya sido la relación.



Romper una relación sin matrimonio

- Parejas de corta duración
Dar fin a una relación íntima es doloroso en cualquier caso, pero está demostrado que el hacerlo antes de llevarse a cabo el matrimonio es menos problemático.

Las parejas que rompen y no están casadas tienen una serie de características frente a las que permanecen juntas: presentan más diferencias en sus aspiraciones educativas, en su edad, inteligencia y atractivo físico, además una de las partes tendía a estar más enamorada de la otra frente a el mayor equilibrio existente en las parejas que permanecían juntas.

Una fuente de problemas que puede detonar la ruptura es la diferencia respecto a los planes para el futuro (cambiar de vivienda, dónde pasar las vacaciones…). En este tipo de relaciones el deseo de ruptura casi nunca es mutuo y suelen tomarlo las mujeres, que son más capaces de tomar esta decisión aunque sean la parte más comprometida y que también aceptan mejor el ser rechazadas por sus parejas cuando éstas lo hacen. Su mayor aprendizaje en el terreno emocional puede que sea la causa de estar más preparadas para este tipo de dificultades.

- Parejas estables
En este caso el divorcio provoca una gran confusión. La situación financiera ha de cambiar, la residencia también (al menos para uno de ellos), se ha de acordar cómo se solucionará el problema de la potestad de los hijos en el caso en que se tengan…etc. Por eso el año el año posterior al divorcio es el de mayor declive emocional tanto para los padres como para los hijos.

Aunque el incremento del divorcio está comprobado, sigue siendo una decisión que no se toma a la ligera Aún así, existen ciertos factores que lo facilitan incrementando las estadísticas: la mayor independencia económica de las mujeres, el menor estigma social, la disminución de los obstáculos legales…en definitiva, las alternativas al divorcio son mayores y más viables para la mayoría de la gente.

También en este tipo de relaciones son las mujeres las que más toman la iniciativa para la ruptura. Suelen sobrellevar mejor la tensión emocional porque al ser las que lo proponen no se sienten tan rechazadas como el hombre

Otros factores importantes que facilitan el paso por esta etapa, es la existencia de una red de amigos y familiares que puedan ayudar, el buen estado financiero, una situación aceptable de los hijos y la existencia de un amante, aunque éste sólo sea una persona de paso.

El divorcio

- Los motivos del divorcio
Es frecuente que en el primer año de divorcio los ex-cónyuges sientan más rabia hacia su ex-pareja que durante los últimos meses de matrimonio. Las disputas legales por la custodia de los hijos, la pensión alimenticia, los bienes…contribuyen de la misma forma en que lo hace el instinto de cada persona de conservar su autoestima; se culpabiliza a la otra parte.

También el círculo de amistades de la pareja se reduce (les es difícil el relacionarse con ambos miembros de la pareja), mientras que el apoyo de los parientes políticos suele ser escaso.

Los problemas en el trabajo también pueden surgir debido a la inestabilidad emocional del trabajador. Por todo ello, estas personas son más propensas a la soledad, al desequilibrio, a las pautas inadecuadas a la hora de dormir, comer, trabajar, consumir alcohol y drogas e incluso a la promiscuidad sexual. Esto suele desaparecer con el paso de algunos años, pero en algunos casos, sobre todo en aquellas personas que no vuelven a casarse, pueden permanecer.

La depresión es más alta en este tipo de individuos según los estudios, sobre todo si se han divorciado en más de una ocasión.

La presencia de hijos también contribuye a la dificultad de adaptación, especialmente cuando aumenta la carga financiera sobre uno o dos de los cónyuges y les obliga a seguir manteniendo contacto. Su actitud, además, suele volverse más irrespetuosa, exigente o deprimida para con los padres, volviéndose en muchos casos celosa e intolerante ante el desarrollo de nuevas relaciones por parte de ellos.

En el caso del padre puede decirse que, por regla general, se distancia su relación con el hijo año tras año, no sólo física sino psíquicamente. No siempre está en sus manos el tener acceso a este contacto frecuentemente, a veces las imposiciones de la madre lo dificultan, por lo que en ocasiones, y con el paso de los años, un padre divorciado que no se ha vuelto a casar ni ha creado una nueva familia puede correr el riesgo de pasar una vejez solitaria

- ¿Por qué nos divorciamos?
Por lo general existe un distanciamiento emocional progresivo que culmina con el hecho del divorcio. También puede existir algún caso en el que algún detonante (por ejemplo una infidelidad), lo precipite, pero suele ser poco común si la pareja goza de una buena relación.

La mayoría de los cónyuges recuerdan la última etapa de su matrimonio como infeliz y, en la mayoría de los casos, es la mujer la que se decide a proponer un fin para este malestar.

Tanto en las parejas jóvenes como en las adultas la decisión se toma porque se busca algo más en la relación que no se encuentra. La separación parece lo más indicado a esta situación desdichada. Muchas de estas expectativas no cumplidas se deben a la mala información que sobre el matrimonio existe o se pretende dar, tanto a nivel religioso, como social como de una pretendida autorealización personal. La comparación con la realidad pone de manifiesto tales diferencias.

En el caso de las personas adultas cuyos hijos ya se han independizado, el hecho de no tener que "mantener" la estructura familiar les da vía libre para tomar la decisión de la ruptura si su relación no era buena. No sienten ninguna atracción por pasar el resto de sus vidas juntos y creen la separación lo más conveniente.

- Los hijos ante el divorcio
El divorcio significa para un hijo, en primer lugar, la dificultad de poder tener acceso directo a sus padres. Durante la primera etapa este acceso también se reduce debido a los propios problemas emocionales de los padres. La comunicación no suele ser demasiado directa y al ver que uno de sus progenitores abandona el hogar paterno-materno, tienden a preguntarse si el otro también les abandonará.

Sus sentimientos son confusos, de tristeza, se sienten enfadados con sus padres e incluso con ellos mismos, pues a veces se culpan de la separación y piensan no haber actuado como deberían. En ocasiones demuestran un comportamiento ejemplar con la esperanza de que los padres se reconcilien. Ante estas situaciones hay que explicar claramente que la causa del divorcio está en los padres y que éste es definitivo.

Mientras se ultima el divorcio y después de éste, las relaciones del hijo con los padres cambia y se desvinculan afectivamente; no se encuentran en condiciones de ser comunicativos ni cariñosos y a veces controlan poco sus actos. Esto resulta especialmente llamativo cuando los padres lloran en sus hombros, compiten por su custodia e incluso llegan hasta el soborno (emocional o mediante regalos).

Otra característica habitual es su rechazo frente a las nuevas relaciones de pareja que puedan entablar sus padres. Si su edad no es muy corta, pueden verse a sí mismos como el nuevo "hombre o mujer de la casa" y protector del cónyuge con el que viven (sobre todo en el caso de que éste sea la madre). La aparición de una tercera persona despierta en ellos la rivalidad y su comportamiento para con él/ella, puede ser muy hostil.

La reacción de los hijos

- El tipo de relación con los padres
El apoyo emocional y el compartir experiencias en la vida es un aspecto esencial en el desarrollo emocional de un hijo. No es tan importante el que ambos progenitores se encuentren en casa como la calidad de la relación que se desarrolle; aunque el contacto no sea excesivamente frecuente.

No es extraño el hallar casos en los que los hijos se encuentran mucho mejor emocionalmente una vez que sus padres se han separado. Si su relación con ellos era adecuada, pero tenían que soportar las continuas disputas entre ellos dos, el ambiente de la separación va a eliminar esa circunstancia dañina.

- El grado de dificultad del divorcio
Si la hostilidad que se ha desarrollado durante el divorcio ha sido grande, el hijo va a desarrollar mayor temor y enfado, su bienestar va a disminuir.

La adaptación posterior va a ser más complicada debido a la inseguridad creada, sobre todo cuando su vulnerabilidad se acrecienta debido a las continuas riñas por su custodia y manutención. Si además se ve obligado a elegir entre uno de los progenitores, la situación se agrava.

- Los cambios en su rutina diaria
La adaptación a su nueva vida como hijo de divorciados será más fácil si se conserva intacto el resto de su vida. Los cambios de vivienda, de ciudad, de escuela, de normas, de amigos…van a ser otras fuentes de estrés que van a actuar muy negativamente en su ajuste a la nueva situación.

Es necesario que los padres se conciencien de este hecho por el bienestar de su hijo.

Los abuelos ante el divorcio

- Los padres de la pareja
Cuando el divorcio se consuma, es más probable que los padres del cónyuge que ha obtenido la custodia puedan ver a su nieto. En el caso de los padres del cónyuge que no obtiene la custodia, la situación es más difícil, sobre todo si el otro cónyuge decide cambiar su lugar de residencia o si las relaciones entre ambas partes no son buenas.

- El dolor de los abuelos
Para muchos de estos abuelos, esta es una circunstancia dolorosa (también puede serlo para los nietos) a la que a veces tratan de poner remedio solicitando derechos de visita.

Según las diferentes sociedades, la ley actúa de diferente forma. Según la opinión de los psicólogos, la interacción entre las generaciones de una familia es un aspecto que puede desarrollar mucho la capacidad empática y aumentar el desarrollo social y emocional del niño, pero como en todas las relaciones, se ha de valorar la calidad de esa relación.

El simple hecho de compartir un vínculo de sangre no garantiza que la relación entre un abuelo y su nieto vaya a ser mejor que entre ese nieto y una persona que no es de la familia.

Miedo al compromiso


No es fácil para muchas personas conocer a alguien que pueda resultar interesante, pero cuando se encuentra y se decide iniciar una relación, uno se aventura en un universo de experiencias novedosas y de complejos sentimientos y emociones. Muchas personas desean encontrar una pareja y establecer una relación sólida pero por otra parte, les da miedo adquirir un compromiso.

1. Cuando deseo tenerte... y huyo de ti
2. ¿Por qué aparece el miedo?
3. ¿Qué personas son más vulnerables?
4. ¿Cuál es su modus operandi?
5. ¿Cómo afrontar el miedo al compromiso?

1. Cuando deseo tenerte... y huyo de ti

Madurez. El foco de motivación se centra principalmente en encontrar una pareja.

El proceso de evolución sentimiental en el ser humano, parece que sea un camino programado y fácil de seguir, pero en realidad es un aprendizaje complejo.

Desde los primeros años de vida, ya nace el amor por las personas cercanas y de las que existe una dependencia. En la infancia el vínculo amoroso va dirigido hacia los progenitores y entorno familiar. El mundo del niño se reduce al ambiente familiar, las personas que conoce y le rodean.

En la adolescencia ese vínculo se amplía al grupo de iguales, se busca la cercanía y el placer con los amigos. Al llegar a la juventud, se empieza a despertar la necesidad de compartir las experiencias con una pareja.

En la mayoría de las ocasiones, la necesidad de divertirse y estar con los amigos es tan poderosa como la necesidad de estar con la pareja, motivo en ocasiones de conflicto con uno mismo, ya que el individuo tiene que empezar a entrenarse en tomar decisiones y aprender a establecer prioridades, así como a saber compartir y organizar sus preferencias.





Será llegados a la edad adulta cuando el foco de motivación se centra principalmente en encontrar una pareja. Claro está, que en primer lugar no es fácil para muchas personas conocer a alguien que pueda resultar interesante, pero cuando se encuentra y se decide iniciar una relación, uno se aventura en un universo de experiencias novedosas y de complejos sentimientos y emociones.

Muchas personas desean encontrar una pareja y establecer una relación sólida pero por otra parte, les da miedo adquirir un compromiso.

2. ¿Por qué aparece el miedo?

El miedo surge ante la expectativa de cambio. Si una persona se plantea que tener una pareja conlleva una valoración que resta, es decir, existen más cosas que perdemos de las que ganamos, entonces tendrá más fuerza el temor al fracaso que la expectativa ante lo positivo que está por venir.

El miedo es el resultado de un desajuste entre lo que tenemos que afrontar y los recursos de los que se dispone. No solo es importante tener los recursos necesarios para afrontar las situaciones, es primordial que la persona sea consciente de la capacidad que posee y la lleve a la práctica.

Cuando la persona ignora sus propias capacidades, aparecen los temores e inseguridades que hacen a uno más frágil y débil ante las circunstancias. En estos casos, la persona tiende a huir porque no sabe como responsabilizarse ni asumir las diferentes adversidades con las que puede enfrentarse.

3. ¿Qué personas son más vulnerables?

Existen algunas características comúnes entre las personas que les da miedo consolidar una relación de pareja. Estas personas temen el compromiso con ellos mismos, con su autonomía, les asusta ser responsables de sus actos y consecuencias, de tomar decisiones, de expresar sus opiniones.

La autonomía y responsabilidad son capacidades que se van construyendo y aprendiendo con los años. La familia tiene un papel fundamental en la formación de los recursos y capacidades del individuo. Así pues, una educación protectora, permisiva o muy rígida impide al individuo desarrollar sus propias estrategias de afrontamiento para valerse por sí mismo. La persona que ha aprendido a establecer normas rígidas, lo hará también con su pareja. Será exigente para compartir, dar y recibir del otro, y en el momento que la relación no siga el curso esperado, vendrá la frustración y la ruptura sin dar posibilidad de cambio.

La rigidez también lleva a que el individuo tenga la necesidad de tenerlo siempre todo controlado. Ese control se pierde en el momento que se comparte con una pareja el día a día y no se tienen las estrategias adecuadas para afrontar las situaciones novedosas que van apareciendo. Aparece entonces la inseguridad y el miedo que provoca angustia y frustración y por ende, se tiende a evitar aquello que no se controla.

También existe en estas personas una dificultad para expresar las propias emociones. Intentan no profundizar en lo que piensan y sienten de forma que las conversaciones que mantienen tienden a ser superfluas para no mostrar sus inseguridades y sentirse inferiores.



4. ¿Cuál es su modus operandi?

Generalmente el deseo de conseguir una relación estable les hace ser buenos conquistadores, pero posteriormente su miedo a la intimidad les creará confusión y empezarán a crear y a creerse excusas y argumentos contra la pareja para poder escapar de una relación que inicialmente habían buscado.

Cuando surge el miedo a la intimidad, empiezan a crecer las dudas y a buscar “fallos” en la pareja. En cierta forma, la falta de estrategias y de conocimiento sobre uno mismo hace que se busque justificación a la propia inseguridad y temores.

Como no se está preparado para asumir y abordar las carencias que uno tiene, se busca en el otro fallos que alivien el malestar generado y así comprobar que la causa del desconcierto es que la otra persona no es la adecuada. Al final se buscará romper la relación para recuperar la estabilidad y huir del descontrol.

Este proceso de búsqueda de pareja y rechazo al compromiso se repetirá continuamente con diferentes parejas hasta que la persona asuma que tiene que abordar sus limitaciones. El ciclo se conseguirá romper cuando la persona se sincere consigo misma, afronte sus verdaderas necesidades y se arriesgue al compromiso.

5. ¿Cómo afrontar el miedo al compromiso?

Es imprescindible aprender a hacer frente al miedo utilizando nuevas estrategias de afrontamiento, ya que la evitación no resuelve el problema.

- Hay que hacer frente a la situación conociendo y asumiendo qué sucede y por qué sucede. Se debe contemplar la posibilidad de cambio sin que ello implique una sensación de descontrol.

- La autoconfianza debe ser un camino que se inicie desde un reconocimiento positivo de las capacidades y dificultades que uno posee. Valorarse más uno mismo fortalecerá la seguridad en las acciones y decisiones que se tomen.

- Es esencial aprender a expresar los temores y las inseguridades. Saber exteriorizar las preocupaciones ayuda a fomentar una relación de confianza y de mayor conocimiento entre los miembros de la pareja.

- También es importante conocer todos los miedos para sanearlos con nuevos pensamientos más adecuados y ajustados a la realidad.

El miedo es una emoción que aparece cuando se percibe una situación de amenaza y peligro. Cuando el miedo surge ante experiencias placenteras y que aportan felicidad, estamos ante un miedo irracional que puede causar mucha insatisfacción y frustración si no se intenta afrontar y combatir