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El Arte de Reír


El Arte de Reír

Aunque la risa no parece adecuarse a la imagen de seriedad que imponen algunas reglas sociales y el mundo de los negocios; el hábito de la risa en familia, en el trabajo o entre amigos, consolida las relaciones, afloja los momentos de tirantez, puede convencer a los rígidos, apacigua los malos y tiene un efecto saludable para el que ríe.

Algunos afirman que riendo se puede decir cualquier cosa, porque en tren de bromas nadie se ofende.

Los adultos pierden la costumbre de reír, apenas sonríen de vez en cuando y muchas veces lo hacen sin ganas, sólo por compromiso.

La risa tiene valor terapéutico, dice el doctor en medicina Ramón Mora, que ya hace más de diez años que se dedica a la investigación clínica en Medicina Preventiva y Salud Pública y a la docencia universitaria.

La risa tiene que brotar desde adentro para poder aprovechar al máximo sus efectos saludables.

Sin embargo, para obtener beneficios de la risa, no se necesitan motivos, ni se requiere ser feliz, ni tampoco es necesario tener gran sentido del humor. Sólo hay que estar dispuesto a hacerlo y convertirlo en un hábito.

Se puede pedir algo, saludar y hasta hablar, con una sonrisa, y como la sonrisa es contagiosa recibiremos a cambio más y más sonrisas y mejor trato.

La risa favorece la adaptación a cualquier situación, tiene el poder de bajar las defensas de los que no se permiten mostrarse vulnerables; inhibe la agresión y proporciona beneficios fisiológicos, psicológicos y sociales.

La persona de risa fácil tiene mejores oportunidades para desarrollarse y crecer y también para vencer obstáculos, ya que el sentido del humor es la mejor herramienta para resolver problemas difíciles y vincularse socialmente.

La risa tiene el poder de cambiar las actitudes de la gente y tiene efectos terapéuticos, aunque no sea espontánea, porque el cerebro no distingue la diferencia entre la ficción y la realidad. Por eso es útil aprender a reírse voluntariamente y ensayar para que se instale esa conducta y se pueda disfrutar de sus beneficios; porque se comienza riendo sin ganas pero se termina riendo en forma auténtica.

El que tiene el hábito de reír tiene también la capacidad de ver el lado cómico que tienen todas las cosas.

Las personas se ríen más o menos según como sea su personalidad. Se ríen más los extrovertidos que los introvertidos, los simpáticos más que los antipáticos; los desinhibidos más que los tímidos; los niños más que los adultos, las mujeres más que los hombres, porque aunque ellos puedan llegar a ser buenos cómicos, en sus casas son tristes.

La risa en el trabajo levanta la moral del grupo, fomenta la colaboración, eleva la autoestima, porque el que ríe en forma frecuente recibe más señales de afecto; incrementa la motivación; mejora el ambiente; favorece la comunicación y el rendimiento y reduce el ausentismo.

Cuando nos reímos desaparece la depresión y el negativismo; y además, se disipan las preocupaciones.

Los cambios que puede producir la risa, cuando se hace habitual, son espectaculares. El cuerpo pierde la rigidez, se hace más flexible y comienza a irradiar buena onda, salud, alegría y entusiasmo en todas direcciones.

Para que el hábito de la risa esté presente en nuestras vidas y podamos disfrutar de sus beneficios, se puede ensayar la risa cada vez que nos miramos al espejo todos los días; además, tratar de participar en situaciones alegres, elegir programas divertidos para ver por televisión o en el cine; estar con niños y ponerse a su altura; escuchar música agradable, bailar, celebrar cualquier acontecimiento, hacer actividad física entretenida y contar chistes.

El estrés es enemigo de la risa, porque el que está tensionado se toma la vida muy en serio creyendo que puede controlarlo todo y no tiene tiempo para reírse de nada, ni siquiera de sí mismo; porque está cansado, malhumorado y amargado, porque no puede disfrutar del ocio ni de la compañía y así, tan seriamente se va quedando solo.

La risa es el puente que nos vuelve a conectar con la vida, con los otros, y con nuestro trabajo.

Fuente: “La Risa”, Ramón Mora.

http://psicologia.laguia2000.com

Educar las emociones para la salud


Para conseguir una comunicación interpersonal adecuada, sobre todo en la relación médico-paciente, hay que sentir empatía y saber escuchar, preguntar, resumir y reforzar los mensajes

La comunicación interpersonal parece hoy subyugada a los avances tecnológicos de última generación. No obstante, los expertos advierten que saber expresarse y dialogar eficazmente con los demás es todavía más difícil que conocer todas las prestaciones de un teléfono móvil o un ordenador. Educar en este sentido no sólo mejora la relación entre profesionales de la salud y pacientes, sino que favorece que se cumpla el tratamiento prescrito. La clave está en el manejo de los componentes emocionales del malestar.

Tanto en casa como en la oficina, muchos españoles se saben abrumados por el peso creciente de la tecnología punta en todo el ámbito de la comunicación. Sin embargo, para José Luis Bimbela, psicólogo adscrito a la Escuela Andaluza de Salud Pública (ESCA) y autor del libro "Gimnasia emocional", es más difícil y mucho más complejo comunicarse con otras personas que manejar cualquier tecnología, ya que requiere un importante aprendizaje y entrenamiento a los que se dedica muy poco tiempo.

Bimbela tomó parte el pasado junio en el VIII Congreso de la Sociedad Española de Electromedicina e Ingeniería Clínica, celebrado en Zaragoza, y abordó ante los profesionales de la medicina la necesidad de conjugar los avances tecnológicos con la comunicación directa con el paciente.
Combatir la duda

"Saber transmitir las ventajas que ofrecen las nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento, por ejemplo, crea una emoción positiva en el paciente y hace que aumente su confianza". En opinión del experto, el profesional sanitario no debe escudarse detrás de una tecnología inaccesible, sino utilizarla en beneficio del paciente a quien, en definitiva, sirve. Éste, a su vez, ve aliviados muchos de sus temores o ansiedades con una breve explicación tranquilizadora sobre en qué consiste cada prueba, qué pasos se siguen y qué utilidad aportan al diagnóstico o tratamiento.

Una buena comunicación entre profesional y paciente facilita un clima de confianza que prolonga el cumplimiento terapéutico

"Cuando el profesional aclara las dudas que el paciente tiene con respecto a su diagnóstico o tratamiento, se crea una estrecha relación de confianza entre ambas partes y se establece un clima de confort". Bimbela subraya que la relación entre profesionales sanitarios y pacientes ha variado durante los últimos años a consecuencia de una progresiva tecnificación de los hospitales y servicios asistenciales.

Los clásicos saludos y preguntas sobre el estado de salud, muchas veces, se limitan a simples "póngase usted aquí", "haga esto" y "ya le avisaremos" o "pida hora para una nueva visita". En muchos casos, el paciente se somete a esa técnica por primera vez, se muestra nervioso o incluso asustado por el simple hecho de que se espera de él que sepa hacer bien algo que nunca antes ha hecho.
Comunicar

La mejora de esta relación comunicativa entre profesionales sanitarios y pacientes podría reducir la inoperancia a veces de los primeros y la sensación de miedo de los últimos, procurando a la vez un clima de confianza que prolongaría un cumplimiento eficaz de la prescripción terapéutica. Bimbela aclara que el paciente debiera siempre confiar en los avances de última generación, por cuanto se presupone que mejoran el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.

En teoría, el profesional sanitario está obligado a explicar su funcionamiento al paciente -como lo está el vendedor de un aparato ante el cliente que se interesa por su compra-; pero el experto en gimnasia emocional confiesa que en la práctica no se hace siempre así: "Se confía a veces en que la máquina sea la gran salvación por el hecho de ahorrar explicaciones y tiempo, consiguiendo que el paciente tenga que entregarse a ella pasivamente". Saber manejar las emociones crea cercanía, insistió, y una relación más estrecha con quien tenemos enfrente.
Gestión de datos y emociones

El uso de Internet hace que los pacientes utilicen esta herramienta con anterioridad a muchas visitas para informarse sobre síntomas, patología asociada y tratamiento correspondiente. De este modo, bien por no saber nada o por saberlo todo, la actitud de los pacientes se radicaliza en perfiles de muy exigentes o totalmente callados, y el profesional médico se convierte en mero prescriptor o negociador de un determinado tratamiento. "Debemos educar también a los usuarios del Sistema Nacional de Salud en el sentido de que es el médico quien mejor sabe interpretar y gestionar su enfermedad, pudiendo arrojar luz a muchas dudas planteadas" explica Bimbela.

"Los profesionales sanitarios, por su parte, deben trasmitir emociones positivas y no dejarse contagiar de los comportamientos agresivos y las emociones negativas de los pacientes". Cuando el profesional aclara las dudas que el paciente tiene con respecto a su diagnóstico o tratamiento, se crea una estrecha relación de confianza entre ambas partes, un clima de comodidad y tranquilidad.

"Este tipo de comunicación positiva se circunscribe en realidad no sólo a los médicos sino también a los directivos de los sistemas sanitarios, a fin de gestionar las dificultades de organización del trabajo o de relaciones humanas con habilidades emocionales, de forma positiva". Bimbela asegura que no existe una fórmula de procurar la mejor inteligencia emocional, pero reclama un abono periódico a tablas de ejercicios tales como preguntar, escuchar, "empatizar", resumir, reforzar y "retroalimentar".

El Cambio empieza hoy


Todo cambio es difícil porque exige despojarnos de hábitos que nos ayudan a mantener el equilibrio, a no enfrentar situaciones, a no tomar decisiones, a consolarnos de nuestras frustraciones.

Pero por otro lado esos mismos hábitos nos hacen infelices, obstaculizan nuestro desarrollo, perjudican nuestra salud, entorpecen nuestras relaciones, disminuyen nuestro rendimiento y anulan nuestra creatividad.

Estar dispuesto al cambio proponiéndoselo con firme convicción es la primera condición para cambiar.

El que desea actuar de una manera diferente no tiene que postergarlo más y tiene que decidirse a empezar hoy, sin mirar atrás y pensando que no se está perdiendo nada, que puede hacerlo, que seguramente se sentirá mejor y logrará por fin lo que siempre deseó.

Es importante prestar más atención al proceso de cambio y no tanto a los resultados e intentar ser consciente a cada momento de lo que se está haciendo para incorporar esa conducta.

Abandonar las antiguas estructuras y los viejos hábitos muy arraigados no es fácil pero tampoco es imposible; porque exige fortaleza de carácter, determinación, ser dueño de uno mismo y principalmente dejar de vivir en forma automática.

Cada satisfacción que se recibe tiene que ser registrada y disfrutada, darse cuenta de que se pueden recuperar placeres que se habían abandonado por entregarse de lleno a una práctica que limitaba la vida y amenazaba la salud.

El cambio permite volver a gozar de emociones nuevas, de sentimientos más genuinos y aprender a alejarse de todas las personas que ejercen influencias negativas.

La clave es hacer una cosa por vez para ser más consciente de lo que se hace y poder ver la realidad mejor que antes.

La base de todo cambio es atreverse a innovar, a ser creativo, a inventar situaciones nuevas, a elegir mejor a los amigos y a desarrollar actividades impensadas; prestando siempre especial atención para poder reiterar las conductas satisfactorias.

Somos los únicos que podemos armar el mapa de nuestra propia vida y los únicos responsables de respetarlo y cumplirlo y todos podemos aspirar a la excelencia.

Toda acción repetida se convierte en poco tiempo en un hábito, por lo tanto el cambio sólo se puede mantener con un continuo entrenamiento, un ejercicio cotidiano que tiene como objetivo ser una persona más feliz.

El cerebro nos ayuda con este propósito porque gracias a la plasticidad cerebral, una nueva conducta crea nuevos circuitos que favorecen el propósito del cambio a cualquier edad.

Son nuestras creencias más arraigadas las que nos limitan la capacidad para hacer cosas nuevas, porque la creatividad nunca se pierde si nos mantenemos activos, interesados y dispuestos a empezar cada día de nuevo.

El control emocional nos permite experimentar las situaciones difíciles con mayores recursos sin dejar que contaminen todas las áreas de nuestra vida; dándose cuenta de qué es lo que nos hace mal y qué es lo que nos está pasando para poder salir del círculo vicioso de los conflictos.

Todos tenemos problemas, la diferencia es saber que se puede lograr una mejor calidad de vida aprendiendo a vivir con los problemas.

Para cambiar es necesario adquirir la capacidad de motivarse, prestando atención a todas las posibilidades que existen a nuestro alrededor para desarrollarnos y crecer; porque la motivación es algo interno, no externo y depende de nosotros interesarnos por las cosas.

Si aprendemos a expresar los sentimientos, esclarecemos nuestros objetivos y tenemos sentido de las prioridades sin dejamos vencer por los obstáculos ni por los fracasos, estarán dadas las condiciones para mantener el cambio; porque siempre existirá la posibilidad frente a los contratiempos, de volver a caer en los mismos hábitos.

Determinando mi Autoestima


"Sólo podemos respetar a los demás cuando uno se respeta a sí mismo. Sólo podemos dar, cuando nos damos a nosotros mismos. Sólo podemos amar, cuando nos amamos a nosotros mismos"
Abraham Maslow.

¿Qué es autoestima? Es el valor que me doy a mí mismo, la autovalía que tengo de mi persona en su totalidad, sea ésta alta, baja o intermedia. La manera en que nos tratan los demás es un reflejo de cómo nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos. Investigaciones han demostrado que no existe relación entre la inteligencia o las características físicas y el éxito en la vida; todo tiene que ver con la actitud.

"Mientras más vivo, más me doy cuenta del impacto de la Actitud en la vida. La Actitud, para mí es más importante que los hechos. Más importante que el pasado, que la educación, que el dinero, que las circunstancias, que los fracasos, que los éxitos, que lo que otras gentes piensen o hagan… Estoy convencido que la vida es 10% lo que me sucede y 90% como reacciono a ello. Y así es contigo - estamos a cargo de nuestras actitudes"; Charles Swindoll

Consideraciones sobre la autoestima:

· La actitud que tenga hacía mí mismo determina mi autoestima.
· Mi autovalía depende de la autoimagen que tenga de mí mismo.
· Los demás no determinan mi valía, así como tampoco las circunstancias.
· Tengo la capacidad para pensar, enfrentar cualquier desafío y lograr lo que me proponga, tanto como cualquier otro ser humano.
· Tengo derecho a buscar, obtener y disfrutar la felicidad.
· Dios me creo a su imagen y semejanza y sólo por eso valgo.

Si la imagen que tengo de mí mismo no es la que me agrada, entonces mi autoestima será baja. En la medida que la imagen sea de mi agrado mi autoestima será mejor. La buena nueva se encuentra en el hecho de que puedo, en el momento que así lo decida, cambiar la imagen que tengo de mí por la imagen que deseo de mí mismo, una imagen tal y como yo quiero ser.

El cambiar la imagen implica varios pasos:

1. Crear en mi mente la imagen que deseo de mí; bella y agradable.
2. Fijar en adelante mi atención en la imagen creada.
3. No permitir que nada ni nadie me haga cambiar la nueva imagen.
4. Actuar y tener una actitud acorde a mi nueva imagen.

La nueva imagen alimenta mi autoestima, y en la medida que ésta mejora, así también mi autoestima alta mejora mi autoimagen, haciéndose un círculo virtuoso. Nuestro rendimiento nunca será mayor que la imagen que tenemos de nosotros mismos"

El autocontrol emocional


Si desean ver un ejemplo viviente de carácter estoico, en cuanto a lo que se refiere al autocontrol emocional, no se pueden perder la película La Reina, que muestra espléndidamente cómo se arraigan los valores en una persona de fuerte carácter y cómo resuelve un conflicto presionada por las circunstancias, durante un episodio de su vida personal con repercusiones políticas.

Si bien la reina de Inglaterra es una de las personas más ricas del mundo, vive con sencillez, cuidando de no hacer alarde de su fortuna. Es una figura querida por su pueblo y no por nada aún permanece en su trono.

Su vida está entregada a sus responsabilidades como reina, a su entender por derecho divino, habiendo renunciado desde su coronación a sus apetencias y necesidades personales a favor de sus obligaciones.

No se trata de cuestionar o no, que a esta altura de la civilización todavía existan las monarquías, sino de analizar específicamente la conducta de una persona de esa investidura, que en parte todavía sigue sosteniendo los valores de uno de los países más poderosos del mundo.

Supongo que precisamente ese sigue siendo el principal objetivo de su reinado y el motivo del apoyo popular, en una sociedad que se desmorona.

La historia nos dice que grandes civilizaciones han sucumbido más por la decadencia moral de sus gobernantes y de sus habitantes, que por las guerras, y ese peligro también se cierne en la actualidad y nos amenaza a todos.

Sin tomar partido por postura alguna, se afirma una vez más en este caso, la importancia que tiene para una persona la estructura firme de carácter, con la suficiente flexibilidad como para adecuarse convenientemente a los hechos. Las convicciones firmes nos hacen personas creíbles y estables en las que los otros pueden confiar y afianzan las relaciones.

El estoicismo es una doctrina filosófica del siglo IV a.de C. fundada por Zenón de Citio, de fuerte orientación ética.

Practicaban el autocontrol y el desapego como la forma de alcanzar la integridad emocional e intelectual. Estas virtudes los liberaban de las pasiones y les permitía llegar a la sabiduría.

La Ley natural se consideraba una norma para evaluar el comportamiento humano y social, y la persona sabia no debía dejarse llevar por influencias externas.

Estos logros debían ser una tarea individual que le permitiría no despreciar a los demás y ayudar a los necesitados en forma auténtica.

Sostenían que se puede alcanzar la libertad y la paz tan solo prescindiendo de las comodidades materiales y dedicándos

Test: ¿Usted es adicto al trabajo?


1.-¿Tiene un horario determinado que cumple regularmente?

A) Sé cuando entro, jamás cuando salgo.

B) A veces.

C) Sí, siempre.

2.-¿Suele llevarse alguna lectura-informe a casa?

A) Sí, casi todos los días.

B) A veces, el fin de semana.

C) Mis lecturas las encuentro en la librería.

3.-¿La llaman por teléfono de su trabajo a casa?

A) Sí, casi todos los días y muchas veces por cosas sin importancia.

B) A veces.

C) Si me llaman es porque pasó algo extraordinario.

4.-¿Nota una sensación como de hacer algo incorrecto cuando sale a la hora de salida del resto de personas?

A) Sí, es como si me tuviera que escapar.

B) A veces.

C) Tengo la sensación de que me voy con los deberes hechos.


5.-¿Tiene su agenda de teléfonos con más colegas que amigos?

A) Sí.

B) Tengo tantos colegas como amigos.

C) Tengo un par de colegas, el resto amigos.

6.-¿Nota que le falta algo si deja su maletín / computadora personal en la oficina?

A) Sí y vuelvo a buscarlos.

B) Depende si me dejé algo importante.

C) Sí, me falta peso.


7.-¿Las vacaciones le resultan interminables a partir de la primera semana?

A) Sí, pero ya falta menos para volver.

B) No.

C) Me resultan cortas.

8.-¿Se queja continuamente de que le falta tiempo?

A) Sí, es una costumbre.

B) A veces, cuando tengo muchas cosas que hacer.

C) La verdad es que me las arreglo.

9.-¿Sus conversaciones suelen ser sobre el trabajo o predominan otros temas: hobbies, sociedad, deportes, cultura, política?

A) Es que mi trabajo me llena.

B) Depende, si estoy con colegas, sí.

C) ¿Trabajo?

10.-¿Se plantea o reconoce que el trabajo la requiere continuamente?

A) Sí, pero si no estoy yo no hay quien lo haga.

B) A veces.

C) No me lo había planteado.

Sume las “A” y multiplíquelas por 5; las “B” por 2 y las “C” por 0.

Resultados:

De 30 a 50 puntos—- Reflexione sobre los valores y necesidades que tiene. Exija un espacio y un tiempo para usted y para hacerlo compatible con la vida. Al final ganarán todos: la empresa, su familia y usted.

De 10 a 30 puntos—- Está en la media. No baje la guardia y sea exigente con respecto a su tiempo, a su vida.

De 0 a 10 puntos—- Si realmente ha contestado con sinceridad y le sale esta puntuación, escríbanos y díganos su secreto.

La felicidad sigue una curva en forma de “U”


Científicos británicos y norteamericanos descubrieron cuáles son los períodos más felices de la vida.

Según un estudio recientemente publicado en la revista Social Science & Medicine, las personas experimentan un patrón de felicidad y salud mental en forma de “U” durante sus vidas. Este novedoso hallazgo sugiere que transitamos un viaje emocional con altibajos y que el bienestar psicológico es variable. De acuerdo a esta curva, la vida comenzaría con alegría, se volvería difícil en la mediana edad para luego recuperar la dicha durante la vejez.

Los investigadores sostuvieron que la mediana edad es un período realmente desdichado, y sólo a partir de los 50 años se sale de esa etapa de bajón. Una de las razones podría ser que en ese momento de la vida, las personas se dan cuenta de que no lograrán muchas de las aspiraciones que se habían propuesto.

Otra razón podría ser que después de ver morir a algunos de sus pares de la misma edad, las personas comienzan a valorar más los años que les quedan.

Pero la buena noticia es que quienes llegan a los 70 y se encuentran bien físicamente, son en promedio tan felices y mentalmente saludables como cuando tenían 20 años.

El Bienestar y el Cambio de Conciencia


Atrae felices experiencias un cambio de conciencia

La vida puede cambiar en todos sus aspectos para poder disfrutarla y ser felices y hacer felices a los seres queridos con sólo cambiar de estado de conciencia.

Es común que las desgracias no vengan solas, porque todo se relaciona con estados mentales negativos que atraen todo lo negativo, que a veces se pueden producir al mismo tiempo; como la pérdida de un trabajo, el fallecimiento de un ser querido, relaciones nefastas, un divorcio, etc.

Todo esto podría cambiar con sólo un cambio de conciencia. Es la tarea específica de todo psicólogo, tratar de que sus pacientes logren una mirada más amplia y lleguen a percibir el mundo de otra forma, para terminar con sus problemas y poder gozar de la vida; porque en definitiva todo depende de ellos mismos.

Las ideas tanto negativas como positivas tienen el poder de convertirse en realidades; son como señales magnéticas que atraen tanto lo bueno como lo malo; y si el empeño está concentrado en el pasado, ese pasado estará siempre vivo y fresco y tenderá a repetirse.

La creencia fundamenta la idea. Si una persona cree que es un fracasado, así será, si cree que no puede, no podrá, y si tiene miedo provocará aquello que teme.

Las ideas positivas tienen más poder que las negativas, y también resultados diferentes, de modo que si se logra cambiar las ideas se puede cambiar también la vida.

Si hasta el día de hoy los pensamientos han sido negativos, no importa, se puede cambiar hoy y tener la oportunidad de modificar el futuro.

El presente es el resultado de las ideas del pasado y el futuro será el resultado de las ideas de hoy.

Recién cuando una persona se da cuenta que todos los sufrimientos y sinsabores que ha experimentado los ha atraído ella misma, un cambio de conciencia es posible.

La negación y la dificultad para cambiar, radica en el hecho de adjudicarle a la fatalidad, a la suerte, a los condicionamientos familiares, o a otras circunstancias externas la responsabilidad de los acontecimientos.

Nuestra mente siempre está pensando y tenemos gran cantidad de ideas que no podemos controlar. Pretender controlarlas es imposible, pero si podemos cambiar nuestras emociones, podremos cambiar nuestras ideas.

Si tenemos sentimientos de odio, rencor, resentimiento, culpa, miedos, preocupación, envidia, celos, orgullo, tendremos ideas negativas que producirán eventos no deseados.

Si en cambio sentimos amor, caridad, confianza, generosidad, humildad y buen humor, y estamos dispuestos a perdonar toda ofensa, nuestras ideas cambiarán, serán positivas, y atraerán hechos positivos.

Todo en la vida puede corregirse en este mundo con un cambio de emociones que cambiarán nuestras ideas y nos harán sentirnos mejor, porque sentirse bien atrae siempre lo mejor.

Cuando una persona siente que no lo puede evitar y se deprime, tiene que escuchar música y cantar, o estar con un bebé o con una mascota, esto lo alegrará y logrará así mejorar notablemente su estado de ánimo.
Todos sabemos que la música puede hasta dominar a las fieras salvajes.

Cambiar los sentimientos cambia nuestras ideas, nos libera de todo lo malo y convierte a la vida en una sucesión de eventos mágicos.

El Control Emocional


La emoción es la capacidad de sentirse afectado; es la movilización del estado de ánimo que producen los afectos y las pasiones; desequilibrio causado por el miedo y la preocupación.

La emoción es la respuesta afectiva ante una situación que produce inestabilidad y perturbación.

Las emociones pueden aparecer en forma abrupta, frente a un estímulo intenso determinado y ser de breve duración, o permanecer cierto período de tiempo impidiendo cualquier otra acción, aún después de desaparecer el estímulo que la provocó.

Las emociones producen reacciones fisiológicas tendientes a alcanzar lo que se cree que es bueno o rechazar lo que se considera que es malo.

Las personas responden a las emociones de distintas maneras; algunas son más sensibles y se sienten más afectadas que otras.

Si una persona se deja dominar por sus emociones, de nada vale su inteligencia, porque puede actuar en forma impulsiva sin reflexionar ni poder discernir.

Las emociones como la ira, el odio, la tristeza, la euforia, el temor, la confusión, la irritabilidad, la excitación, el entusiasmo, etc., producen gran actividad orgánica y moldean la conducta.

La capacidad de sentir emociones es innata pero el modo de reaccionar a ellas es aprendido y depende de muchos factores como por ejemplo, la cosmovisión, las expectativas, la evaluación de las circunstancias, o los valores.

El control de las emociones puede modificar el resultado de todas las actividades humanas, como el rendimiento en el trabajo, en el estudio, en las ocupaciones cotidianas, en el manejo de un vehículo, en situaciones límites y hasta en el deporte.

Para poder manejar las emociones es necesario reconocer los propios sentimientos y también distinguir los ajenos utilizando la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional consiste en el conocimiento de las aptitudes personales y sociales, como la empatía y la habilidad social; el auto-conocimiento, la capacidad de autocontrol y la motivación, que se pueden mejorar para lograr un mayor auto-dominio.

Las emociones influyen en la actividad motora y el funcionamiento orgánico, principalmente a nivel neurovegetativo; y afectan cualquier rendimiento.

A nivel fisiológico, cambia el ritmo de la respiración, la frecuencia cardiaca y la presión arterial. A nivel mental, genera pensamientos relacionados; y a nivel de comportamiento, altera los movimientos del cuerpo.

Cuando la exigencia externa aumenta, es acompañada de una consecuente exigencia psicológica que requiere de un gran dominio emocional para cumplir los objetivos.

Las emociones afectan la capacidad de concentración, la toma de decisión y produce fallas en la actividad en general.

Las personas que logran permanecer calmos y equilibrados en situaciones de gran estrés tienen en general una estructura de personalidad firme y sólida, son seguras de si mismas, saben lo que quieren y hacia donde desean ir.

El rendimiento óptimo se obtiene con el auto-control emocional, permaneciendo frío y relajado para favorecer el funcionamiento del cuerpo y de la mente y mantener el equilibrio; dándose cuenta de cuál es el sentimiento que pretende dominarnos.

La serenidad se logra desprendiéndose de esos sentimientos negativos, lo que da lugar al uso de la razón y la creatividad y permite utilizar todos los recursos disponibles hacia el logro de los objetivos. Pero también son necesarios el compromiso, la motivación, la iniciativa y el optimismo.

No se trata de reprimir las emociones sino de identificarlas, reconocerlas y transformarlas en energía positiva para nuestro beneficio.

Más Información: “Inteligencia Emocional”, D. Goleman, 1995

El Feng Shui en el Trabajo


Tiempo atrás no se solía relacionar la productividad con las condiciones ambientales del lugar del trabajo, pero actualmente las empresas están tomando seriamente en cuenta tanto la eficacia de la iluminación como la disposición de cada escritorio para mejorar el rendimiento de su personal.

El ámbito laboral es un factor importante a la hora de cuidar los recursos humanos, porque es un elemento que ayudará al bienestar del personal y favorecerá su rendimiento.

Luego de una investigación realizada en 2008 por una consultora española, se llegó a la conclusión, que la productividad puede aumentar un 20% si se optimizan las condiciones ambientales de los trabajadores

Actualmente las empresas están propiciando los espacios abiertos para fomentar la comunicación y favorecer el trabajo en equipo, de manera de hacer sentir tan cómodos a sus empleados, como si estuvieran en su casa.

Los arquitectos están utilizando elementos decorativos de distinto tipo para separar las oficinas, tratando de evitar los tabiques divisorios que aíslan al sujeto y le exige tener que levantarse o utilizar el teléfono o la computadora para conectarse con los demás.

Los expertos se han dado cuenta, contrariamente a lo que se supone, que favoreciendo las relaciones interpersonales mejora también la calidad del trabajo.

Nicolás Pierry, psicólogo ambiental y maestro en Feng Shui, recomienda que es mejor que la pared esté detrás del escritorio, el cual deberá tener también un buen respaldo, para proporcionar una sensación de seguridad al empleado, y que luego, todo lo demás esté dispuesto al frente.

La disposición de las ventanas también es importante, debiendo encontrarse en lugares donde sea posible verlas con facilidad, permitan gozar de la luz natural y poder ver espacios abiertos, brindando la oportunidad de un descanso visual y reparador, lo cual mejorará la eficiencia en el trabajo y diminuirá los niveles de ansiedad.

El Feng Shui propone que el ambiente cuente con los cuatro elementos, el agua, el aire, el fuego y la tierra, dispuestos armoniosamente, ya sea en forma natural o simbólica, como por ejemplo los espejos que representan el agua.

Confirman los expertos, que elementos como el orden, los detalles naturales, la armonía y los colores son factores importantes que inciden para que la gente rinda al máximo en su trabajo.

Si la vista desde los ventanales sólo permite ver paredes o el alocado tránsito urbano, es conveniente colocar láminas de paisajes en las paredes para el descanso y el goce visual.

La buena luz aumenta la secreción de cortisol y mantiene a la persona en estado de alerta.

Hay que evitar el amontonamiento de papeles y carpetas apiladas y desordenadas a la vista porque entorpece no solamente la libre circulación y los movimientos sino que también atrasa la consolidación de los proyectos.

Se recomienda mantener ordenada las oficinas y guardados los elementos que no se necesitan para poder disfrutar de un espacio libre de estorbos que agobian y obstaculizan el trabajo.

Pierry sugiere los colores blancos y grises que son los que simbolizan el metal y que favorecen la agudeza a la hora de pensar.

En Europa estos cambios ya forman parte de la organización de las empresas, porque reconocen la importancia de la relación entre el diseño ambiental y la productividad, aunque este requerimiento demande una mayor inversión.

En los países altamente desarrollados, donde están acostumbrados a pensar a largo plazo, saben que a la larga será una inversión que se traducirá en una mayor productividad y mayores ganancias, que harán posible mejorar los sueldos del personal y su calidad de vida.

Fuente: El Mercurio/GDA, Chile,

El Arte es Terapéutico


La práctica de una labor artística es un estado de meditación y brinda la posibilidad de expresar el mundo interior.

Cada manifestación muestra lo racional y lo emocional de un artista, tanto cuando se atreve a ser espontáneo como cuando decide a ser meticuloso y detallista hasta el límite; y cada una de sus obras representan su propio universo.

El arte de crear formas a través de la pintura provoca un aluvión de imágenes que no se detiene, lo mismo pasa con la música y con la literatura.

La vida se convierte para un pintor en una tela mental perpetua; para el músico en un pentagrama y para el escritor en un océano de palabras.

El artista no tiene que pensar, al contrario tiene que dejarse llevar por sus intuiciones y aprender a desarrollar su percepción; y necesita la suficiente sensibilidad para ver las esencias detrás de las apariencias.

Un artista debe tener algo que decir y necesidad de expresarlo. Su obra se convierte en un mensaje, su modo de ver el mundo, su propia filosofía de la vida.

Pero también cada uno de sus trabajos reflejan sus angustias, ansiedades, sus miedos, sus conflictos y su propia autoestima.

Nada es más elocuente que un dibujo. Qué es lo que se dibuja, a quiénes, dónde, el tamaño, la simbología, el trazo, los colores, las formas y la armonía, tienen un significado personal que pone en evidencia la interioridad.

Un artista puede expresar la vida como cree que es, como cree que debería ser o como cree que jamás podrá ser cuando su imaginación lo lleva a crear mundos fantásticos.

El artista crea universos según su perspectiva y trata de entablar un diálogo con el observador en un lenguaje simbólico propio, convirtiendo a su trabajo en un disparador de emociones.

El arte permite trascender la realidad y elevarse sobre lo cotidiano, penetrar en territorios inexplorados y descubrirse a si mismo.

El artista es un visionario, porque si es pintor, puede ver en una tela en blanco su obra terminada, si es músico es capaz de escuchar completa su composición musical antes de haberla escrito y si es escritor, de conocer toda la historia que imaginó aún no narrada; porque en la imaginación está toda futura tarea plasmada.

La imaginación siempre superará la obra terminada que es lo que incentivará al artista a continuar buscando la perfección deseada.

El arte permite concentrarse y no dispersarse en pensamientos inútiles o preocupantes. Es un espacio subjetivo que no se puede compartir con nadie, porque exige soledad, silencio y apartarse de lo mundano para poder penetrar en el mundo mágico de las ideas innatas.

El arte tiene un contenido profundo cuando logra trascender lo superficial y la persona se atreve a ser sincera.

Representa el descubrimiento de un lenguaje propio, una identidad y un estilo; porque un artista, cuando se atreve a ser auténtico, logra evadirse de las influencias, adquirir fuerza y ver todo más claro.

Puede reflejar en su obra su verdad y encontrarse a si mismo, cuando descubre que en su interior están las respuestas a sus interrogantes.

Puede ser libre y abrir su mente cuando se da cuenta que todo depende sólo de él y de sus propias ideas, que la verdad está adentro y no afuera y que el mejor lugar del mundo es su propia casa.

El Control de la Agresividad


Existen formas alternativas de expresar la agresividad, como llorar, hablar de los problemas, de las frustraciones, de la rabia contenida, de situaciones no resueltas que desagradan y dejan tras de si un desequilibrio emocional.

La gente está acostumbrada a reprimir la agresividad, se puede comprobar cuando vienen a la consulta y se ponen a llorar antes de decir una sola palabra.

En la vida diaria, tratan de desintoxicarse de lo que tienen guardado y contenido a duras penas, expresándolo con desbordes de mal humor, actitudes de descontento, mal carácter o desplazando la ira hacia otras personas ajenas, que no pueden entender los desplantes.

El malestar que produce la agresividad reprimida se desparrama hacia todas las direcciones, menos en el sentido correcto, porque cada vez que una circunstancia actualiza el motivo, la ira sale a la superficie en forma inesperada y a borbotones.

Es difícil expresar el enojo y la ira en el lugar y momento en que se produce y esta es una conducta que se aprende en la infancia, cuando evitábamos enojarnos y portarnos mal para que nos quieran.

Aprendimos a guardamos nuestros enojos, los cuales condicionarán todas nuestras experiencias posteriores.

Sin embargo, los condicionamientos del pasado se pueden desaprender e incorporar nuevos comportamientos que permitan el mejor control de las emociones.

Un adulto tiene que aprender a expresar su descontento en el momento en que se produce el desequilibrio, controlando sus impulsos primarios, y tratando de actuar con diplomacia, desapegado, sin comprometerse emocionalmente con los resultados, tratando de no provocar agresividad en el otro, proponiendo alternativas, negociando, abriendo paso al diálogo, sin obstruir el canal de comunicación con una pelea.

La expresión de enojo debe centrarse en el suceso presente y no incluir ninguna otra situación del pasado no resuelta, por más que sea idéntica.

El mundo actual nos alimenta nuestros impulsos agresivos, los medios eligen difundir los sucesos más injustos, los accidentes por negligencia, las decisiones políticas más cuestionables para provocar polémicas, que no resuelven nada, sino que solamente crean antagonismo y frustración.

La agresividad es producto del miedo, que es el que atenta contra la seguridad que necesitamos.

En los momentos de ira descontrolada, se pueden decir muchas cosas que no se sienten y que sólo buscan provocar el mismo dolor en el otro para poder transferir nuestro propio sufrimiento.

Sin embargo la violencia y la agresividad no dejan a una persona satisfecha, por el contrario, le crea un sentimiento culposo que no le permite disfrutar del deleite de haber podido descargar su furia.

La agresividad hay que canalizarla adecuadamente. Se pueden decir las cosas más horribles de muchas maneras según nuestras intenciones, y el humor es una de las formas más efectivas.

A veces el discurso va directo a la confrontación, porque hay formas de expresarse que buscan el enfrentamiento y el fin del diálogo, si no se es capaz de usar la inteligencia para lograr los propios objetivos sin pelear.

Porque algunos olvidan sus objetivos y se concentran en su orgullo, se ponen a la defensiva y levantan una barrera que impide concretar sus deseos.

En un intercambio de opiniones, se puede dejar lugar para una respuesta, tratando de no convertirse en el que diga la última palabra, porque no son las personas las que están en juego sino situaciones, planes, ideas, cosas que pueden ser de interés pero que no deben alterar el equilibrio por obtenerlas.

Es importante no mostrarse demasiado interesado frente al que no piensa igual, logrando una postura de entrega y sin aferrarse tanto a los resultados.

Contestar con una pregunta es una actitud conciliadora, porque otorga el espacio necesario para que el otro tenga la oportunidad de acordar, disentir o de proponer su propia idea.

Todos tendemos a pretender tener la razón cuando nos apegamos a algo, y a no interesarnos en qué es lo que piensan los demás. Sin embargo, el otro brinda la oportunidad de salir de la limitada perspectiva propia, ampliar el horizonte y ayudar a crecer.

El Arte de Hacerse Rico


Robert T.Kiyosaki, junto con Sharon L. Lechter, escribió el libro “Padre Rico Padre Pobre”, que en Estados Unidos se convirtió en best seller; en el que enseña qué es lo que aprenden los hijos de padres ricos sobre la forma de hacer dinero, que no aprenden los hijos de pobres o de clase media, porque sus padres no lo saben.

Kiyosaki tuvo un padre muy inteligente que se dedicó la docencia, que terminó siendo un alto funcionario público pero con grandes problemas financieros.

Pero a los nueve años, tuvo un amigo, Mike, que tenía un padre diferente, que aunque aún no era rico, estaba convencido que lo sería, porque no hacía lo mismo que la mayoría: tomar una hipoteca, comprar una casa cada vez más grande, un auto cada vez más lujoso y tener una tarjeta de crédito impagable; él se dedicaba a tener solamente activos que generaban ingresos y evitaba tener pasivos que generaban gastos.

Kiyosaki afirma que educarse para obtener títulos universitarios es también necesario, pero que la Universidad no enseña el arte de hacer dinero, porque creen que cuando uno es eficiente en determinada disciplina el dinero viene solo.

Eso puede ser verdad hasta cierto punto, cuando se trabaja para ganar dinero y ese no debe ser el objetivo de un hombre rico, porque el verdadero objetivo es trabajar para aprender.

Si se quiere ganar mucho dinero, hay que conocer y dominar las reglas del dinero y no depender de una corporación o del gobierno para terminar siendo pobre.

El mundo cambia vertiginosamente y hoy en día no es suficiente tener un título universitario y conseguir un trabajo en una corporación, porque de esa manera se cae en una trampa desde donde es muy difícil salir bien parado.

Kiyosaki decidió tomar su propia decisión haciendo una síntesis de las enseñanzas que le brindó su padre, que tenía un punto de vista conservador y miedo a arriesgarse y con lo que aprendió del padre de su amigo Mike, que tenía una cosmovisión diferente.

Kiyosaki también quería ser rico, y hoy lo es, como también lo fue el padre de Mike y lo es el mismo Mike, de modo que se convirtió en su alumno.

Las clases no eran como las tradicionales sino que se trataba de lecciones de vida acompañadas de algunos diseños simples y algunas prácticas.

Lo más importante para hacerse rico, según el padre rico, es la educación financiera, o sea saber cómo funciona el dinero para poder ganarlo y llegar a tener riqueza sin límites.

El pensamiento positivo, según él, no funciona solo, se necesita además aprender las reglas básicas para hacerse rico.

En primer lugar, los ricos no trabajan por dinero, pueden ver las oportunidades que se encuentran en todas partes, porque no están obsesionados por cobrar un sueldo todos los meses, tener seguro social y el miedo de no poder pagar la hipoteca.

Hacen dinero pero no trabajan para tenerlo, porque si lo hicieran se convertirían ellos también en empleados y vivirían preocupados para no perderlo.

Los ricos ponen a otros a trabajar, se rodean de gente inteligente con títulos universitarios para hacer las tareas que se necesitan, porque ellos sí trabajan por dinero.

No se trata solo de hacer mucho dinero trabajando, ya que de esa manera siempre permanecerá el miedo a perder el trabajo, volver a ser pobre y perderlo todo y esto exigirá buscar otros trabajos que cada vez son más difíciles de conseguir.

Es importante atender el propio negocio pero es innecesario trabajar para eso, porque hay mucha gente que ha sido educada para obtener un título y conseguir un buen trabajo bien remunerado para que lo haga.

Los ricos trabajan para aprender, porque el trabajo que no brinda una enseñanza para crecer, hace que la gente se vuelva rica.

La mayoría de la gente, según Kiyosaki, cae en su propia trampa, se endeuda y vive pagando impuestos. Trabaja cada día más para poder pagar y no le ve sentido a su trabajo.

El que trabaja para ganar dinero es pobre mientras que el que hace trabajar el dinero es rico.

En lugar de comprar pasivos, como una hermosa casa, un lujoso auto, etc., que generan gastos, hay que comprar activos que generen ganancias.

La clave es aprender bien la diferencia que existe entre un pasivo y un activo.Artículo siguiente >>

El Bienestar


Bienestar es estar física y emocionalmente bien. Es tener un estado de ánimo equilibrado y confortable que no depende tanto de los bienes materiales como del valor que les otorga a las cosas simples, que se relacionan más con el mundo interno que con lo externo.

Los afectos, la familia, los amigos, las rutinas de todos los días que nos ayudan a sentirnos bien y saludables, el cuidado de una planta o una mascota para los que están solos, la lectura de un buen libro que nos conmueve, hacer deportes y disfrutar todo lo que nos rodea, nos permite vivir en equilibrio y en paz con nosotros mismos.

La práctica de la meditación se ha difundido por todo el mundo y ya no es algo privativo de una elite sino que se ha convertido en un hábito generalizado que produce bienestar.

En todos los niveles, la gente está aprendiendo a estar consigo misma sin sentirse aislada sino descubriendo la oportunidad de experimentar en forma directa la unión con lo trascendente.

A pesar de ser éste un país caracterizado por su efervescencia social y política, de haber sobrellevado crisis profundas y de la peculiar vocación argentina para la queja; también hemos desarrollado fortaleza para salir adelante, gracias a la riqueza de nuestra tierra y a la inteligencia y creatividad de nuestra gente.

Los golpes ayudan a crecer y cada uno en su ámbito ha sabido encontrar una nueva forma de recuperar el bienestar y no perder las esperanzas.

Aunque el tango nos define como melancólicos, en realidad es una pose que forma parte del folclore, porque no refleja con fidelidad la verdadera capacidad que tenemos para salir airosos frente a los avatares de la existencia.

El bienestar se logra cuando se canaliza la energía para salir de los problemas con creatividad, utilizando recursos genuinos.

Para nuestra gente cultivar la amistad produce bienestar, o sea, la oportunidad de reunirse con personas queridas y vivir un clima de festejo.

El encuentro con otros nos permite comunicarnos, compartir emociones y disfrutar de mutuas experiencias.

El bienestar es la sensación de sentirse incluido, de participar y ser tenido en cuenta como persona individual y única. Es tener la conciencia tranquila, es tener la posibilidad de escuchar y ser escuchado, de formar parte de un núcleo humano que se apoya mutuamente compartiendo aciertos y adversidades.

El bienestar comienza con un buen estado de salud, con el cuidado en la alimentación y el respeto por el cuerpo; y se consolida con el equilibrio psicológico expresando las emociones, aceptando el pasado, estableciendo relaciones afectivas armoniosas, evitando el estrés que genera imponerse metas demasiado ambiciosas, aceptando los límites, evitando los excesos, haciendo lo que a uno le gusta y adoptando la moderación como forma de vida.

El bienestar produce placer pero la búsqueda del placer no alcanza para producir bienestar, porque el bienestar es más que placer, es plenitud, es paz interior, es sentirse bien con uno mismo y también con los otros.

Cualquier expresión artística en todas sus formas reportan bienestar, así como cualquier trabajo fecundo que nos permite sostenernos a nosotros y a nuestras familias.

Bienestar significa la capacidad de buen vivir, rodearse de un ambiente grato y cómodo al que todos tenemos derecho; y va de la mano con la calidad de vida, porque no puede haber bienestar donde las necesidades básicas no están satisfechas.

Es difícil sentir bienestar cuando hay aún personas que no lo conocen, por eso el voluntariado produce regocijo, sensación de estar haciendo algo para remediar esas diferencias.

El bienestar es necesario para estar en condiciones de realizarse plenamente y desarrollar el potencial.

Aspirar al bienestar es necesario y justo.

El Valor de las Crisis


Crisis significa ruptura, cambio, mutación del desarrollo de un proceso, que puede ser físico, psíquico, espiritual o histórico; marca el fin de lo viejo y el principio de algo nuevo.

Las crisis personales son dolorosas pero es la posibilidad que nos brinda la vida para crecer.

Las crisis de las distintas etapas de la vida son inevitables y hay que aceptarlas, porque es la aceptación la que las convierte en el motor de una nueva forma de existencia.

Vivir es un perpetuo estado de incertidumbre que nos obliga a todos a caminar en la cuerda floja intentando a cada paso mantener el equilibrio y las crisis son las que nos mueven las estructuras y nos hacen perder ese equilibrio.

Una crisis es una encrucijada, un bloqueo en el camino de la vida que nos exige cambiar el rumbo para poder seguir adelante.

Las crisis existenciales del desarrollo nos obligan a cambiar nuestro comportamiento y nuestros valores. Pero también hay crisis inesperadas, como las malas noticias, el fin de una relación, una enfermedad grave, pérdidas, o bien cuando se piensa que el balance de la propia vida es negativo.

Una crisis puede ser el detonante de una enfermedad latente que quizás jamás, en otras circunstancias, se hubiera producido; puede producir un bloqueo emocional, una depresión o cualquier otra discapacidad que no permita la continuidad normal de la vida de una persona.

Las crisis provocan angustia, que es un estado de inquietud y de desesperanza y también pueden ocasionar síntomas somáticos, como irritabilidad, taquicardia, dificultades para respirar, para dormir y para concentrarse.

La crisis se diferencia del estrés en que es generadora de cambios, mientras que el estrés se hace crónico, se convierte en un hábito y se retroalimenta, impidiendo todo cambio.

Aunque la vida es pura incertidumbre, la gente se aferra a la ilusión de la seguridad y rechaza los cambios inesperados.

Todos tendemos a crear expectativas y cuando éstas no se cumplen debido a sucesos imprevistos nos cuesta aceptarlo y renunciar a lo planeado.

El dolor es parte de la vida pero se prefiere evitarlo y pocos son los que pueden ver lo bueno de lo malo, vislumbrar la posibilidad del cambio y del crecimiento y descubrir nuevos aspectos de si mismos.

El dolor exige aceptación para poder superarlo, tiempo para asimilarlo y poder integrarlo y la capacidad para aprender de ello.

La experiencia del dolor en una crisis es intransferible y absolutamente personal, una vivencia íntima imposible de compartir con otro; sin embargo el apoyo de otros puede acelerar el proceso de aceptación y la posibilidad de cambio.

El dolor fortalece y permite distinguir los verdaderos valores; porque a veces se transita por la vida como si se estuviera anestesiado, sin poder disfrutar de nada de lo que se ha logrado y sólo una crisis y el dolor que conlleva permite tomar conciencia del valor que tienen las personas que están alrededor y las cosas.

Las crisis son los momentos de caos que tiene el orden cotidiano, que son necesarios para mejorar y darse cuenta que estar cómodo girando siempre en círculo no es lo mejor, que lo mejor es avanzar, aprender a despedirse de lo viejo y enfrentar lo nuevo.

Aprendiendo a decir NO


El monje benedictino alemán, Anselm Grün, doctor en Teología, autor de más de doscientos libros espirituales que han sido traducidos a 28 idiomas; viaja por todo el mundo llevando su mensaje sobre el tema de la falta de límites y de los problemas de salud que provoca no poder decir no.

Este dilema que tiene mucha gente, se presenta generalmente cuando se desea contentar a todos y se siente la obligación de no negarse a satisfacer las necesidades de otro, aunque no se pueda.

Es algo más común de lo que creemos, porque a miles de personas les interesan las conferencias del monje Grün en todo el mundo y acuden a ellas deseosos de enterarse de lo que tiene que decir al respecto.

Muchos no respetan sus propios límites, superan con su conducta cualquier frontera y transgreden todas las normas.

Sin embargo los límites son necesarios, le dan sentido a la vida, permiten sentirse contenidos y conocerse más a si mismos.

En su libro “Límites sanadores” Grün se dirige a todos aquellos que no son capaces de negarse nada a si mismos, ni decirle que no a los demás, porque está convencido que el que no sabe decir que no y vive pendiente de las expectativas de otros puede llegar a enfermarse seriamente, y esa exigencia le hará darse cuenta dolorosamente de sus propios límites.

La vida se encarga de mostrarnos que somos seres limitados y tenemos que aprender a aceptarlo, porque nadie es perfecto.

No sólo tenemos que vivir reconociendo nuestras limitaciones sino que también tenemos que preservar nuestra intimidad poniéndole límites a los demás y al mismo tiempo ser capaces de respetar sus límites para no invadir su privacidad e individualidad.

La edad es un límite que hay que respetar, así como también el límite de la propia finitud.

Ninguno de nosotros puede estar siempre en forma incondicional dispuesto a atender las necesidades eventuales de otros, porque tenemos nuestras limitaciones o porque somos incapaces de hacerlo; porque así como aquellos que nos necesitan, nosotros también tenemos que enfrentar nuestras propias necesidades.

El límite es un indicador de medida que nos obliga a actuar moderadamente y a no presionarnos con exigencias más allá de nuestras posibilidades.

En esta época, es la falta de medida y los excesos lo que trastorna la vida del hombre hasta llegar a enfermarlo; incluso la depresión es una cuestión relacionada con la falta de límites.

Es la falta de marcos de referencia lo que nos lleva a sentir una sensación de inseguridad que nos llena de miedos.

La gente suele trabajar más de lo que puede, presionada por aparentes necesidades circunstanciales, apetencias desmedidas y deseos de hacer lo que hacen otros, para aventajarlos o destacarse.

Las leyes, las reglas, los estatutos son límites que nos protegen y respetarlos nos hace sentir más seguros.

El respeto de los límites favorece nuestras relaciones, nos ofrece mayores posibilidades de éxito, nos permite darnos cuenta de nuestras posibilidades y capacidades y apreciar lo que más nos conviene.

En el ámbito privado debe existir la intimidad personal, un sector propio destinado a vivirlo en soledad que no debería ser violentado por nadie con ninguna excusa.

Somos seres limitados, sin embargo somos capaces de enfermarnos con tal de no renunciar a nuestra imagen y hacer algo aunque no podamos

Conocerse a uno mismo es lo más importante para mantener el equilibrio, aprovechando el potencial que tenemos para enfrentar aquellos desafíos de lo que sí somos capaces, y seguir creciendo.

Excedemos nuestros límites por miedo a no ser amados, por temor de herir a los demás, porque somos perfeccionistas porque pretendemos ser mejor que los demás. Pero si estamos centrados y actuamos con convicción y firmeza, los límites no ofenden.

Ser solidario no significa hacer más de lo que podemos y si no estamos en condiciones de ayudar, tampoco necesitamos justificarnos demasiado ni dar muchas explicaciones por lo que el otro pueda pensar, porque el otro siempre es libre de pensar lo que quiera.

Darse tiempo y ocuparse de uno mismo no es egoísmo, es salud mental y sólo requiere carácter firme.

Fuente: “Límites Sanadores”, Anselm Gün.

Los Límites


Los límites no constituyen solamente exigencias saludables para los niños y los jóvenes, sino que también representan la medida de la moderación para los adultos.

La libertad es la máxima aspiración para un ser humano, no así el libertinaje, que significa hacer lo que quiero, cuando quiero y como quiero, ignorando la existencia del otro, que tiene el mismo derecho a gozar de su propia libertad.

Muchos jóvenes viven una libertad sin límites, a veces arriesgando sus propias vidas y las de los demás, para probarse a si mismos y autoafirmarse como personas únicas y diferentes, pero en forma peligrosa e inapropiada.

Ensayan hasta dónde pueden llegar y se empeñan en tropezar con la misma piedra, porque necesitan auto valorarse y saber que son capaces de superar a otros.

Los modelos que la sociedad ofrece a la juventud se basan en la competencia y no en el despliegue de las capacidades que tiene cada uno, de manera que muchos jóvenes se centran en forjar su destino sin tener en cuenta la importancia de su aporte individual.

Los animales también tienen límites en sus vidas de relación en grupo y los líderes naturales son los que se encargan de hacerlos respetar, pero ellos viven en un mundo cerrado, atados a los instintos.

El deseo humano de transgredir las reglas es necesario y natural, porque si no fuera así no habría cambios ni creatividad. Sin embargo, los cambios no son aceptados de inmediato por la sociedad, que necesita asegurarse de su eficacia para adoptarlos, por lo que es necesario tener la suficiente tenacidad y perseverancia para lograrlos.

Una vida sin límites, lejos de ser gratificante, produce mucha frustración y termina siendo autodestructiva.

La vida cotidiana nos exige el respeto de los límites en todos los ámbitos de nuestra actividad. No es bueno para nadie trabajar en exceso, descansar demasiado, comer de más, excederse en la práctica de deportes o exigirle al cuerpo más de lo que puede hacer.

El respeto a los límites es el arte de la moderación tan difícil de lograr y que no todos son capaces de practicar. Muchos comen y beben en exceso, se convierten en adictos al trabajo, al deporte o al sexo; dedican sus vidas a intentar saltar más alto, correr más ligero, levantar más peso, ser más atléticos, más flacos, más jóvenes, exigiéndose a si mismos en forma exagerada y realizando verdaderas proezas con sus cuerpos.

El hombre que aprende el arte de la moderación puede permitirse ser más feliz y tener más alta la autoestima, porque se puede aceptar como es, no necesita exigirse ser quien no es, ni sufrir privaciones, ni hacer más de lo que puede sin respetar su cuerpo; y puede darse cuenta, que sólo aceptando sus límites los puede trascender.

Un ciego tiene que aceptar su ceguera para poder aprender a hacer todo sin ver, si no la acepta, además de ciego se convierte en un discapacitado total.

Se aprende a respetar los límites en la niñez; pero cuando la crianza ha sido permisiva sin esa oportunidad, se favorece la formación de un carácter débil, orientado hacia la persecución del placer, con tendencia a transgredir reglas sociales y a no tener respeto por los demás.

Los límites nos permiten construir una estructura de personalidad firme, ser dueños de nosotros mismos y nuestros propios jueces, capaces de organizar nuestras vidas en función a un proyecto, y de tomar decisiones coherentes y responsables.

Respetar los límites nos hace más confiables, más seguros de nosotros mismos y más dignos de respeto.

Lo único que no debe tener límites es la imaginación y la libertad de pensamiento.

Miedo al fracaso sexual


Según una encuesta realizada en la Capital Federal, para un estudio realizado por el Dr. Amado Bechara, especialista en disfunción sexual y co-director del Instituto Médico Especializado; uno de cada cinco jóvenes de 18 a 30 años, utiliza drogas que se utilizan para el tratamiento de la disfunción eréctil, para mejorar su rendimiento sexual y con fines recreativos, sin control médico.

Estos jóvenes las consumen cuando están alcoholizados, cuando tienen relaciones ocasionales con las que desean destacarse con un comportamiento fuera de lo normal, o cuando son inseguros, no confían en su potencia y temen el fracaso.

De acuerdo a las estadísticas de esta investigación, el 53,6% de los jóvenes que usan estas drogas las combinan con alcohol, o con drogas legales o ilegales como los psicotrópicos y la marihuana.

Según lo que manifiesta el Dr. Adolfo Casabe, codirector del IME y coautor del citado estudio, las drogas para la disfunción eréctil pueden provocar un peligroso descenso de la presión sanguínea, sensación de taquicardia, palidez, malestares y náuseas, debido al efecto vasodilatador que tiene este fármaco si se lo utiliza combinado con ciertos medicamentos o con alcohol o marihuana.

En realidad, aclara el Dr. Bechara, toda mezcla de drogas siempre implica algún riesgo, ya que no se conocen bien sus efectos.

Ahora bien, ¿cómo consiguen los jóvenes este medicamento, ya que se vende con receta? El 21,5% de los encuestados obtuvieron el medicamento de algún amigo; el 17,4% lo compró en una farmacia sin receta, el 2,9% lo obtuvo por Internet y sólo el 4,3% lo compró con receta médica.

Los remedios para la disfunción eréctil parecen resultar efectivos y seguros para su tratamiento, pero su uso recreativo puede ser peligroso.

Los motivos para consumir estas drogas, siguiendo este estudio, eran varios. El 44,9% de los jóvenes deseaba tener más de una erección en sus relaciones sexuales; el 27,5% tenía interés en tener erecciones más duraderas; casi la misma cantidad de ellos lo consumió por curiosidad; un porcentaje menor quería sentirse más seguro; y el resto pretendían lograr mayor rigidez peneana, evitar los fracasos o lograr contener más tiempo la eyaculación.

Estos jóvenes, después de ir a bailar, compran las pastillas sin ninguna receta, para tener plena seguridad de éxito y destacarse sexualmente; y cada vez más son los que recurren a las farmacias con este objetivo.

Los farmacéuticos reconocen que las ventas aumentan de noche y los fines de semana, antes o después del baile.

Lo curioso es que algunos jóvenes se preocupan más por destacarse con una mujer ocasional que con su propia pareja. A estos hombres en las farmacias se los denomina “hombres trampa”.

El avance de la medicina ha inundado el mercado farmacéutico de substancias para uso psiquiátrico, que indicados por los médicos idóneos suelen resultar eficaces, pero que en manos inexpertas pueden transformarse en armas letales.

El abuso de alcohol inhibe el razonamiento y un joven en estado de ebriedad puede no ser capaz de evaluar sus acciones y tomar cualquier cosa para hacer un mejor papel, porque lejos de potenciar la función sexual, la bebida la deprime.

La actitud de los jóvenes demuestra lo poco que saben de la sexualidad de las mujeres.

Fuente: “Journal of Sexual Medicine”

La Velocidad del Cambio-Parte II


Para evitar la depresión aceleramos la acción


Los avances en el desarrollo tecnológico permiten mejorar los productos con el paso del tiempo. La computadora de la segunda generación es mejor que la de la primera y peor que la de la tercera; y resulta lógico económicamente construir para un lapso breve más que para un lapso largo.

En los Estados Unidos, donde se registra con más profundidad este fenómeno, las estructuras de los edificios se proyectan para que puedan ser readaptadas para futuras necesidades; como por ejemplo las aulas de las escuelas, o los recintos móviles para exposiciones, las cúpulas geodésicas, las ampollas de plástico inflables y toda una serie de estructuras temporales para poner o quitar según las necesidades transitorias emergentes.

La tendencia de los jóvenes a alquilar viviendas en lugar de adquirirlas implica un menor compromiso y señala la preferencia por relaciones cada vez más breves, tanto con las personas como con los lugares con los que se conectan.

Lo mismo pasa con el auto, que para muchos es un objeto muy apreciado, pero no tanto como para convertirse en un afecto a largo plazo; y productos que solían venderse durante 25 años no suelen durar más de cinco años en el mercado.

En el país del Norte, el dueño de un auto lo conserva durante un promedio de tres años y medio y mucha gente acostumbra cada vez más a alquilar autos en lugar de comprarlos, porque les resulta más cómodo. Al mismo tiempo surgen toda clase de comercios donde todo se alquila y nada se vende. El alquiler abrevia aún más la relación del hombre con las cosas.

En otras épocas muchos nacían y morían en la misma casa, otros se mudaban sólo al casarse y los menos cambiaban más de una vez de residencia. Actualmente las mudanzas de un lugar a otro son habituales, a pesar de significar un alto grado de stress, sin embargo, el hecho común de no contar con una casa propia y de vivir en casas o departamentos alquilados permite una mayor movilidad.

Las relaciones personales son de interés limitado y siempre en términos funcionales, de modo que también se van tornando intercambiables, porque siempre habrá otro que podrá hacer lo mismo con eficacia.

Los niños que más han tenido que cambiar de residencia en sus vidas muestran una clara tendencia a evitar relacionarse demasiado, como si desearan evitar nuevos lazos humanos que tal vez pronto podrían romperse.

El impulso acelerador también se refleja en las organizaciones. Los lazos del hombre con su trabajo cambian con creciente rapidez, y los cambios de sistemas de trabajo son cada vez más frecuentes.

Esta realidad ha modificado la actitud del hombre, que ha cambiado su sentido de lealtad hacia la empresa por la lealtad hacia su propia profesión, debido principalmente a su propia movilidad laboral, ya que él mismo se está conviertiendo en el responsable de administrar su carrera.

Emerge así una nueva clase de hombre que no está básicamente comprometido con ninguna empresa en particular sino con su propia carrera y con su propia realización personal. La transitoriedad en este sentido resulta liberadora.

No hay nada que se produzca y se destruya más rápidamente que una celebridad instantánea. Las imágenes mentales de los famosos se han vuelto cada vez más temporales y las modas se extinguen a una velocidad vertiginosa.

En las sociedades tecnológicas el cambio es tan rápido, que las verdades de ayer se convierten súbitamente hoy en ficciones y los miembros más aptos e inteligentes confiesan lo mucho que les cuesta absorber el alud de nuevos conocimientos, incluso en campos específicos, porque es imposible leer todo lo que se escribe.

La rapidez de la pérdida de actualidad de los conocimientos provoca la breve temporalidad de un libro. Muchos libros no son más que revistas de una sola tirada y el interés del público es breve aunque se trate de algo muy popular.

Así, el conocimiento también, como las cosas, las personas, los lugares y las distintas formas de organizaciones se vuelven cada día más y más fugaces.

Bibliografía: “El shock del futuro” de Alvin Toffler, Plaza y Janes, S.A. Editores, Barcelona, España, año 1974

La Velocidad del Cambio-Parte I


La adaptación psicológica a los cambios, cada vez más acelerados, es la nueva enfermedad actual y lo más grave no es la orientación del cambio sino su ritmo vertiginoso.

Debería haber un equilibrio entre la velocidad del cambio del medio y la rapidez limitada de la reacción humana, pero como no lo hay, la enfermedad del cambio se propaga con la misma velocidad.

Los hechos son cada día más fugaces y se tornan obsoletos ni bien irrumpen en una realidad cada vez más cambiante. Se han convertido en elementos perecederos que se degradan ni bien salen a la luz.

Mucha gente tiene graves dificultades para mantenerse al nivel de las incesantes exigencias de cambio al sentirse inmersos en una cultura extraña.

Todo en la naturaleza y en la realidad social es un proceso; no existe una inmutabilidad de las cosas, porque todo, incluyéndonos a nosotros mismos, estamos en proceso de cambio, pero la evolución cultural y social es demasiado rápida.

La tecnología es el poderoso motor del cambio que rige la mayoría de los demás procesos sociales, porque necesita para su aplicación: métodos, técnicas, sistemas, estructuras, procedimientos y símbolos a los cuales hay que adaptarse.

La tecnología se alimenta a si misma produciendo nueva tecnología formando un círculo que se refuerza a si mismo; o sea, que es un proceso que comienza con la idea creadora, continúa con su aplicación práctica y sigue con su difusión, la cual a su vez inspira nuevamente a la creatividad.

Ese círculo cada día que pasa circula más y más rápido, porque las nuevas máquinas o técnicas no son meros productos sino que se convierten en nuevas ideas creadoras, de manera que si consideramos la tecnología como un gran motor, el conocimiento pasa a ser el combustible.

La aceleración de los cambios incide en la vida cotidiana abreviando la duración de casi todas las situaciones vitales, limitando la calidad de la experiencia.

La velocidad de los acontecimientos también multiplica la cantidad de roles y elecciones que tenemos que hacer, y toda esta rapidez disminuye la capacidad de atención adecuada que necesitan todas las situaciones.

Las situaciones nuevas superan ampliamente a las viejas, de manera que es imposible utilizar la experiencia para simplificar el aprendizaje.

Todo cambio externo tiene que ir acompañado de un cambio interno y este proceso puede cumplirse cada vez menos, produciendo en la gente sentimientos de frustración.

La aceleración del ritmo de la vida produce una consecuente incomprensión generacional dividida por la tecnología.

Pero el mundo no progresa todo en la misma medida. Existen poblaciones que todavía viven en el pasado; y este profundo abismo que los separa del resto del mundo, también hace difícil la comprensión mutua.

Muchas personas sufren de depresión ansiosa debido a que se han acostumbrado a estar en permanente acción y no pueden parar, por eso los viajes se han convertido en la droga de los hiperactivos.

El tiempo pasa más de prisa para los mayores, en cambio para los jóvenes, dos años para terminar una carrera les puede parecer una eternidad; y muchos conflictos psicológicos familiares parecen deberse a diferencias en la velocidad en que viven.

Somos seres efímeros y la transitoriedad es parte de la vida, pero hoy en día el sentimiento de impermanencia es más agudo e íntimo que antes.

Estamos transitando la era de la transitoriedad. Las relaciones son frágiles, las ideas son coyunturales, las cosas no perduran, y los trabajos y las organizaciones son inestables.

Relaciones que antaño duraban largos períodos de tiempo tienen ahora expectativas de una vida más breve.

Este estilo de vida abreviado, origina un sentimiento colectivo de desarraigo porque se vive sobre una base vacilante donde las relaciones del hombre con todas las cosas son cada vez más breves.

Antes se hacían las cosas para que durasen, en sociedades con vocación hacia lo permanente, pero la alta tecnología tiende a rebajar los costos de fabricación y esto significa que ahora resulta más barato sustituir que reparar.

Se considera entonces más sensato fabricar productos de menos calidad que se tiran una vez usados. Estamos en la era del “úselo y tírelo”