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Familias Violentas


Lo que caracteriza a la gente agresiva es el mal humor, un pésimo estado de ánimo que contamina todas sus relaciones, sus actividades y su vida.

El mal humor expresa disconformidad; por alguna razón las personas malhumoradas tienen una visión deformada de la realidad, complaciéndose en ver el lado negativo de las cosas y esta forma de ver el mundo acentúa cada día más su condición.

La violencia es el intento fallido de descargar las emociones negativas sobre los demás para intentar aliviarse, pero ese comportamiento reiterativo, lejos de hacerlos sentir mejor los llena de culpa y de odio a si mismos, sentimientos que mantiene y acentúa el hecho de sentirse frustrado, desequilibrado y mal.

Supongamos que una persona desea sentirse bien y tener una vida menos violenta y más tranquila y feliz, pero que está obligado a convivir con malhumorados que reaccionan por cualquier cosa en forma violenta.

En esos casos, una sola persona que se propone cambiar puede también cambiar su entorno.

Hay personas que son difíciles de tratar, porque en el fondo lo que desean es estar en permanente crisis para expresar su descontento y no hay nada que pueda modificar esa condición.

Sin embargo, como no existe nadie que sea enteramente malo ni totalmente bueno, es probable que posean algún aspecto de la personalidad que sea positivo y ese es el lado que se puede rescatar.

Conectarse con ese sector de la persona conflictiva no contaminado e ignorar el resto, puede producir cambios.

En un grupo familiar la violencia se origina en uno de sus miembros y los demás actúan por contagio, o sea responden, ya sea tratando de hacer equilibrio para evitar la disgregación del grupo o bien reaccionando también en forma violenta.

El resultado es una patología familiar que por lo general da como resultado la presencia de un emergente, que es el que se atreve a no tolerar más esa situación, y a patear el tablero.

Su modo de manifestarlo será contraer una enfermedad crónica grave, dedicarse a las drogas o el alcohol, o a la delincuencia, caer en una depresión, etc. etc. etc.

Sin embargo hay gente que sobrevive a esta forma de vida desquiciada y aunque puede resultar afectada de algún modo, logra salir de ese ambiente y hacer su propia vida de otro modo.

¿Cómo resuelven estas personas estos problemas para poder seguir viviendo?

El hecho es que deciden, desde sus limitaciones, intentar ser felices viviendo sus propias vidas y se concentran en ello sin prestarle atención a todo lo demás.

Otros, los más débiles, es probable que se decidan a utilizar ese argumento para justificar su inoperancia y volverán a reiterar este patrón en sus propias familias.

La persona violenta está mal con ella misma, tiene baja su autoestima, no se aprecia ni se acepta ni se quiere, siente que tampoco la quieren los demás y se siente sola.

Agrediendo, esa persona violenta se descarga, buscando que los demás sientan lo mismo y sufran como ella.

Desde cualquier circunstancia se puede crear una vida diferente, proyectándola como uno quiere y haciendo lo que está al alcance para que así sea, regocijándose por anticipado antes de verla.

Porque las cosas en esta vida sólo dependen de los demás y de las circunstancias cuando les otorgamos ese poder, pero si asumimos nosotros el control de nuestra propia vida ya no nos afectan.

Técnica Infalible para Dormir al Bebé


La llegada de un bebé a la casa debería ser un momento de regocijo y satisfacción; porque un niño sano si es esperado con alegría y es bien recibido, ya ha logrado las bases más importantes para crecer normalmente.

Sin embargo, no por eso tiene que convertirse en un ser caprichoso y consentido, porque establecer los límites y la disciplina desde el comienzo de su vida ayudará a la formación de una personalidad firme y segura.

Establecer una rutina de comidas y horas de sueño, será una saludable costumbre que ahorrará trabajos innecesarios a los padres, evitará que pierdan horas de sueño y permitirá que la relación de pareja no se perturbe por su llegada y no se resienta el vínculo, como con frecuencia suele ocurrir.

Desde el primer día es conveniente que un niño duerma en su propia cama y no al lado de sus padres, porque se tiene que acostumbrar a su propio ámbito de sueño y este modo de encarar las cosas resultará beneficioso de todos.

Un bebé necesita como todo el mundo, descansar, y lo mejor es que aprenda a dormirse solo desde el principio.

Sin embargo, cuando llora tiene que ser reconfortado por la madre o por el padre en forma alternativa, para que luego no demande sólo a uno de ellos.

Reconfortar a un niño pequeño significa levantarlo de su cuna, abrazarlo, darle unas cariñosas palmaditas en la espalda y volverlo a acostar inmediatamente, continuando con las palmaditas unos breves minutos si sigue llorando.

Si persistiera con su llanto, habrá que repetir el procedimiento de reconfortarlo y volverlo a depositar en su cama suavemente, las veces que sean necesarias.

En cambio, si atenuara su llanto y sólo emitiera algunas señales de descontento, hay que retirarse de la habitación, que deberá estar a oscuras, y cerrar la puerta, o por lo menos mantenerla entornada, de modo que no lo alcancen la luz ni otros sonidos provenientes de los otros ambientes de la casa.

Por cierto hay que mantenerse atento por si vuelve a llorar; y si esto sucediera será necesario volver y reiterar la operación inicial desde el principio.

Si los padres, han cumplido con este trabajo de disciplinar a su bebé tal cual se indica, es probable que en uno o dos días el aprendizaje sea completado con óptimos resultados.

Cuando el bebé es recién nacido, puede ser amamantado cuando corresponda, siendo lo mejor, desde el punto de vista del comportamiento, cumplir los horarios; más adelante, después de los tres o cuatro meses, en el caso de demandar alimento antes de sus horarios es recomendable darle agua o bien un chupete, pero no darle de mamar durante la noche.

El cumplimiento de los horarios ayuda a un bebé a aprender a postergar ya desde el principio, porque un niño pequeño es un ser inteligente que percibe el mundo a su alrededor más de lo que podemos imaginar y no como se creyó hasta no hace mucho tiempo, alguien desprovisto de sentidos sin desarrollar y que no entiende.

Al contrario, las huellas de las etapas más tempranas e inclusive las percibidas dentro del útero materno, son las más indelebles y las que podrían condicionar su vida futura.

Un niño no posee el entendimiento racional de un adulto, pero llega a comprender a su nivel su entorno y a entender a su modo.

Ser firme no significa no amar a un bebé sino querer su bien, su mejor desarrollo y su felicidad, que es la mejor manera de amar a alguien.

La firmeza de los padres es el marco de referencia perfecto para el crecimiento que todo niño necesita, para ser sano y poder desarrollar su personalidad en forma plena.

Niños Inquietos


Salvo raras excepciones, alrededor de los dos años, los niños no pueden quedarse quietos y esto es absolutamente normal.

Sin embargo, existen niños demasiado inquietos que más adelante se tornan hiperactivos, desatentos y ansiosos, y que llegan a tener con frecuencia en la escuela, problemas de aprendizaje y de conducta.

La ansiedad, trastorno común de esta época, es el miedo a lo desconocido, el deseo de seguridad, el estado de angustia, impaciencia y permanente zozobra que no permite vivir tranquilo ni tener paz interior.

Este estado de los adultos, se contagia a los hijos, a través de sus actitudes, las presiones que ejercen sobre ellos, la tensión que transmiten, el modo imperativo de hablar, las expectativas desmedidas, las obligaciones a que los someten y también por el modo de relacionarse.

Cada niño es único y tiene necesidades diferentes. No podemos compararlos con otros que supuestamente hacen muchas cosas o son muy exitosos, porque entre otras cosas, los niños muy exitosos también tienen miedo, miedo a perder la fama.

La inquietud es una manera neurótica de descargar la tensión y luego se transforma en un condicionamiento. La persona adopta una manera de ser acelerada, condición que luego se establece en su personalidad como hábito aunque las causas iniciales hayan desaparecido.

El miedo es la enfermedad de la gente moderna que posteriormente trasmite a sus hijos. Miedo a la pérdida, a las enfermedades, a la catástrofe, a la muerte, etc.

La actitud contraria es la manía, también neurótica, de la persona hiperactiva que asume riesgos innecesarios, absurdos, que en forma permanente juega su vida, se comporta de manera audaz y elige vivir al máximo.

El término medio es el equilibrio, la moderación, la posibilidad de disfrutar de la vida sin miedo y sin la necesidad de arriesgarla para sentirse vivo.

Los niños requieren más atención que objetos, sin embargo hoy en día la preocupación de los padres es que no les falte nada, principalmente todo lo que tienen los demás; y sin embargo lo que más necesitan es tiempo.

El tiempo para los humanos, es lo más valioso que existe porque representa el intervalo de su existencia.

Si se analiza todo lo que se hace en el día se podrá comprobar qué poco tiempo es el que se les reserva a los hijos para estar con ellos.

Esas carencias son registradas por los niños que se acostumbran a rebelarse a su manera, rompiendo cosas, castigando a otros niños, robándole a los padres dinero, accidentándose o provocando situaciones caóticas.

El hombre actual tiene la omnipotencia de creer saberlo todo. Si es creyente, Dios constituye una entelequia sin relación con su vida y eso es lo que le transmite a sus hijos.

Están convencidos que Dios no tiene nada que ver con lo que les pasa, porque parece estar en otra parte, tal vez regocijándose con los sufrimientos humanos.

Puede ser, porque la humanidad está cada vez más alejada de Él, haciendo lo imposible para autodestruirse.

Un niño tiene que tener la posibilidad y el derecho de vivir en un hogar donde reine un clima de tranquilidad y confianza. La fe no se limita a creer en Dios, hay que creer en la vida y en los valores, porque es indiscutible la relación entre lo que hacemos y lo que nos pasa.

Una madre tranquila y satisfecha y un padre proveedor que pone límites y es responsable, logran un hogar en armonía e hijos tranquilos y felices; porque el hogar es donde se forja el carácter y donde se aprende el respeto por el otro y la confianza en el valor de la ética.

La verdadera fuente de las tragedias humanas siempre es un hogar que no funciona, cuando no está sólidamente constituido, no se cumplen los roles, no hay reglas claras, ni valores, ni respeto mutuo.

Los niños aman las rutinas, y no se adaptan fácilmente a los cambios ni a la vida inestable; no pueden entender los divorcios y les cuesta mucho aceptar que sus padres tengan nuevas parejas.

Los niños sólo adquieren la estabilidad emocional en un hogar funcional.

Bebés Que No Quieren Dormir


Gimena se pasea nerviosamente a las dos de la mañana por el cuarto de su bebé, acunándolo y cantándole para que se duerma, sin ningún resultado.

Su marido no la puede ayudar, porque ni bien lo carga, el niño grita desesperadamente requiriendo el pecho materno y el arrullo de su madre.

Hace muchas noches que Gimena casi no duerme porque su pequeño hijo que ya tiene seis meses, no logra conciliar el sueño si no lo amamanta y lo arrulla largo rato; y si se duerme se despierta varias veces llorando.

Es el primer hijo de esta joven pareja, que está muy desalentada porque no consigue acostumbrarlo a dormirse por sus propios medios, obligándola a su madre a levantarse varias veces durante la noche.

Este es en general, un caso clásico que caracteriza el comportamiento nocturno del primer bebé, de una pareja joven.

Los bebés se condicionan con una sola experiencia, o sea, que pueden adquirir un hábito con sólo experimentar una sensación placentera una sola vez.

Es frecuente que una madre primeriza corra solícita ante cualquier gemido o llanto de su hijo y lo levante, y que inclusive le de de mamar, aunque ese niño ya haya mamado recientemente, esté limpio y no esté enfermo; y que además, si no puede consolarlo lo lleve a su propia cama para que se duerma.

Pero una vez que un bebé ha tenido esa experiencia, ya no querrá volver a su cuna nunca más, habiendo conocido el placer del calor materno para conciliar el sueño.

Los padres de este niño deberán tener el suficiente coraje para enfrentar esta situación para poder cambiarla, modificando sus propias conductas cuando el bebé llora y no quiere dormirse.

Si el bebé no acepta al padre y quiere sólo a la madre, la primera noche deberá hacerse cargo de la situación sólo él.

La madre no deberá presentarse en ningún momento, una vez que el niño haya comido, esté bañado y cambiado como corresponda y listo para dormir.

Además, es conveniente que el bebé tenga su propio cuarto y duerma toda la noche en su propia cama.

En esta primera ocasión, el padre deberá colocarlo en su cuna, apagar la luz, darle unas suaves palmaditas y aunque proteste y llore, después de unos minutos salir de la habitación y cerrar la puerta o entornarla.

Si sigue llorando fuerte deberá volver a entrar, levantarlo para consolarlo y acostarlo enseguida, empleando el mismo procedimiento de darle brevemente unas suaves palmaditas y quedándose unos breves minutos con él, para luego volver a salir de la habitación.

Así deberá realizar esta operación las veces que sea necesaria hasta que el bebé se canse y se duerma sin ser acunado, ni alimentado, ni arrullado.

La primera noche se despertará varias veces, y habrá que desarrollar la misma técnica, con paciencia, porque el éxito depende de la convicción, la firmeza y la disposición que su padre tenga.

Los días siguientes ambos progenitores deberán turnarse para dormir al bebé y levantarse de noche en forma alternada. En poco tiempo el niño adquirirá el hábito de dormirse solo y nunca más sus padres tendrán el mismo problema.

La madre no le dará de mamar en ninguna circunstancia, porque de esta manera todo volverá a ser como antes.

Los niños son muy tenaces porque no tienen nada que perder y siempre ganan cuando sus padres muestran debilidad y no le ponen límites.

Si los padres no asumen el rol que les corresponde, ese rol lo asumirá el niño que se convertirá en un pequeño tirano, manteniéndolos desvelados toda la noche.

Padres Indolentes


Cada separación repercute en los hijos que son los que sufren las consecuencias.

Un divorcio produce dramáticos cambios. No sólo el matrimonio se disuelve sino que puede cambiar el estilo de vida y el status social de la familia y hasta se suelen perder los amigos comunes.

Al disminuir los ingresos y descender de posición social, tal vez sea necesario cambiar a los chicos de colegio, tener que vivir en otra casa en otro barrio; además de tener que privarse de muchas cosas a las cuales estaban acostumbrados y de sufrir los hijos la ausencia del progenitor que se va.

Si el ausente es el padre, ocurre con demasiada frecuencia que posteriormente adopte una postura fría y distante con los hijos.

Un matrimonio se separa por múltiples razones, no por una sola.

Hasta ese crucial momento las cosas se fueron tornando cada vez más insostenibles que al fin llega a estallar en una última discusión, que puede ser violenta o no y que es la que define la situación

Por lo general, los hijos tienden a culpar al progenitor que se queda con ellos, cualquiera sean las causas que provocaron la disolución del vínculo; pero además se sienten ellos culpables si se muestran deseosos de ver al que se ha ido, frente al que se ha quedado, como si estuvieran traicionándolo.

Sabemos que los hombres son capaces de vivir sin ver a los hijos y tal vez hasta los consideren responsables de la situación. Porque no hay duda que un hogar cambia cuando vienen los hijos y no todos están preparados para enfrentarlo.

Son pocas las mujeres que no desean tener hijos y muchos los hombres que no les interesa la paternidad.

Por eso es importante que en una pareja los dos estén de acuerdo para decidir ser padres y que se comprometan responsablemente a colaborar de todas formas.

Cuando el progenitor forma una nueva pareja, a veces las cosas se agravan ahondándose aún más el distanciamiento.

Un hombre puede sentir que no ver con frecuencia a sus hijos le hace a él más fácil el desprendimiento, con la ilusión de comenzar una nueva vida dejando atrás al pasado y sus obligaciones, que se han multiplicado por dos.

Por otro lado, la nueva pareja de ese padre, puede tratar de favorecer esta situación tal vez por el temor a que un trato fluido familiar pueda provocar una reconciliación con la ex esposa.

Cuando la mujer que ha sido abandonada con los hijos, comienza una nueva relación de pareja, es un hecho que los ex maridos aprovechen para poner obstáculos y se nieguen a cumplir con la cuota de manutención.

Si una mujer se separa y continúa dependiendo de su ex marido para la subsistencia, tiene que aceptar que esas condiciones la limitan, hasta tanto se resuelva todo legalmente. Mientras tanto, lo más conveniente es ser discreto y no blanquear ninguna relación hasta tanto se haya asegurado el sustento.

Parece injusto y lo es, pero el que depende económicamente de otro, tiene que aceptar que pocos hombres están dispuestos voluntariamente a continuar manteniendo sus hogares cuando hay otro hombre; y es por esta misma razón que existen los juicios de divorcio.

En una separación conyugal no hay culpables, sólo dos seres que se amaban y que inexplicablemente se comenzaron a odiar.

A veces, el mismo motivo que une a una pareja es la que luego los separa, cuando el amor se ha idealizado y se basa en las apariencias sin llegar a atravesar las máscaras.

Otras veces es adoptar la decisión más fácil, la de huir de los problemas para después reiterarlos en su convivencia con otras personas.

Por eso mucha gente fracasa una y otra vez, porque elige siempre el mismo perfil de pareja y se comporta con ella de la misma manera. De modo que cambiar de pareja no parece ser la mejor solución, porque en definitiva el que tiene que cambiar es uno mismo.

Un Adolescente Insoportable


Brad es un adolescente de catorce años que vive en una población de riesgo en la ciudad de Manchester del Reino Unido.

Su familia está desesperada y decide buscar ayuda externa debido a su insoportable comportamiento.

Su hermana mayor decidió mudarse hasta que mejoren las cosas, de modo que en la casa convive con su madre Tracy y su pareja Graham.

Graham y Tracy trabajan. Brad fue expulsado de la escuela hace un año por comportamiento violento y agresivo. No tiene nada que hacer, por lo tanto se pasa el día descansando y consumiendo marihuana.

Le pide constantemente dinero a su madre y si ella no accede a dárselo provoca una escena de violencia. La madre pierde el control y se involucra en una pelea con él hasta que Brad consigue su objetivo, rompiendo cosas y amenazando con suicidarse.

Tracy no permite que en ese momento nadie de la familia intervenga, para evitar que Graham que suele insultarlo, también se descontrole.

El problema de Brad es la violencia, la agresividad, su pésimo lenguaje y la marihuana. Es un joven manipulador, abusivo y está en contra de la autoridad.

Lorraine Marer, es experta en comportamiento infantil, principalmente en niños con síndrome de déficit de atención e hiperactividad, que tiene seis años de experiencia en Inglaterra y Estados Unidos, y brinda apoyo en casos extremos, de alcoholismo y otras adicciones, o para concientizar a los jóvenes sobre enfermedades de transmisión sexual.

Lorraine apoya a familias con este problema con la ayuda de distintas instituciones en Inglaterra, con el objetivo de lograr rescatar a los adolescentes en riesgo; realizando su trabajo en escuelas, fundaciones de caridad, grupos especiales y familias.

Ya ha ayudado a más de cien familias a través de sus programas individualizados que son grabados en video en vivo y transmitidos por televisión a todo el mundo por el Canal Discovery Health.

Su especialidad son los comportamientos desafiantes y agresivos y la modificación de patrones patológicos que se suelen estructurar en familias disfuncionales, que son las que generalmente provocan las conductas inadaptadas de los adolescentes.

La observación de la dinámica familiar indica que Brad tiene el control de la familia y Tracy no deja que nadie la apoye cuando su hijo tiene una rabieta. Se involucra con él y lo sigue, aumentando de esa manera la agresividad de Brad que rompe cosas, insulta a su madre y amenaza con matarse. Luego se acerca Graham a ellos y es rechazado por la madre para que no intervenga, cediendo finalmente a los requerimientos de Brad.

Este patrón se repite constantemente cada vez que Brad necesita dinero y se enfrenta con la negativa de su madre; y ese es el esquema que hay que romper.

Graham deberá intervenir en las escenas de violencia, sólo si Tracy se lo pide, haciendo acto de presencia y preguntándole a ella si está bien, solo para apoyarla.

Brad, rechaza a Lorraine pero luego acepta colaborar.

La estrategia para Tracy es aprender a controlar sus emociones, no involucrarse con Brad en una pelea, poner las reglas, hacerlas cumplir y tomar el control de la familia.

1) Brad tendrá que ser respetuoso.
2) Tracy le dará cinco dólares por día que perderá si rompe algo o es irrespetuoso.

Todo dependerá de él y de la firmeza de Tracy.

Es necesario que Tracy y Brad realicen alguna actividad juntos, de modo que organizan una salida al zoológico que resulta una experiencia nueva y muy gratificante para ambos.

Para medir la capacidad de Brad para cumplir un compromiso, Lorraine somete a Brad a una experiencia de trabajo en un local de armado de motocicletas durante un día, por el que recibirá un pago.

Al terminar el día Brad ha permanecido concentrado en su trabajo y ha sido respetuoso.

Después de tres semanas Brad fuma menos marihuana, no ha tenido rabietas, trata de llevarse bien con Graham, la familia pasa más tiempo juntos y está contento.

Durante tres años su agresividad y violencia les hizo la vida imposible a todos. Es un joven con mucho potencial que ahora puede sonreir.

Madres Permisivas


Ser madre no es tarea fácil, sin embargo, cada día hay más mujeres que son madres siendo aún adolescentes.

Lo más común es que además, esos niños que vienen al mundo sin haberlo planeado, tampoco tengan un padre.

La permisividad de una madre ha comenzado así antes de la concepción, permitiendo un embarazo no deseado.

Cuando no existe un entorno familiar adecuado que contenga a un niño, es altamente probable que en su desarrollo no tenga las mismas oportunidades que otros niños, sufra de carencias afectivas, presente algún problema de comportamiento en el futuro e identificaciones sexuales negativas.

También hay madres que se convierten en permisivas cuando han esperado a sus hijos con excesivo entusiasmo, y que están pendientes de ellos satisfaciendo sus más mínimos deseos, trastornando el funcionamiento de la familia y la convivencia familiar.

Hay un chiste de humor negro que dice que los niños son como los panqueques, el primero habría que tirarlo. Es cruel pero didáctico, porque al primer hijo se le permite todo en virtud de ser el más esperado.

Este es un hecho que también la historia de la cultura humana ha practicado con la descendencia. El primogénito es aún hoy, el que hereda los reinos y las mayores fortunas, y es el que ocupa lugar de privilegio en la familia sólo por el hecho de ser el primero.

El nacimiento de un hijo viene cargado de expectativas y proyectos para su vida que con el tiempo es mejor que no se cumplan, porque cada niño tiene un potencial propio que es mejor no contrariar.

Para la crianza de un niño es fundamental la disciplina, que significa el aprendizaje de normas de convivencia que serán la base de la conducta.

Las normas del hogar son el preludio de las normas sociales que todos debemos cumplir en la sociedad. Si ese aprendizaje no ha comenzado en la infancia, difícilmente se puede logar cuando el niño crezca y se enfrente al mundo

Disciplina quiere decir correctos hábitos de comportamientos saludables que ayuden a vivir una vida plena, respetando al prójimo.

Todo adolescente descarriado tiene una historia familiar acorde que explica sus dificultades; no aceptan las reglas, no respetan a sus semejantes, no valoran sus vidas, expresan con violencia su frustración, desconocen los valores humanos y no tienen límites para delinquir.

¿Hasta qué punto son responsables los menores de sus actos si estamos criando monstruos?

No sólo no reciben disciplina sino que se permite que sean ultrajados por familiares, mientras sus madres miran para otro lado para que no cambien las cosas, destruyendo la autoestima del niño, cargándolo de culpa y cercenándole sus posibilidades de desarrollo normal.

Una madre permisiva ama a su hijo pero no le pone la atención adecuada, se lo confía a cualquiera sin saber qué le puede pasar; deja que tome decisiones sin intervenir ni señalarle las consecuencias de las acciones; lo consiente en sus caprichos; permite que su hijo la manipule; satisface todos sus deseos sin discriminar; no mantiene el orden en el hogar, ni respeta los horarios para comer en familia, no controla las compañías de su hijo ni sabe dónde se encuentra cuando sale y defiende a su hijo contra todos aunque no tenga razón, incluso delante de sus maestros, enseñándole de este modo a faltarle el respeto a la autoridad.

Una madre permisiva cree que si le da todo a su hijo eso será lo mejor para él, pero lo que no sabe es que sólo cosechará lágrimas.

Los hijos hacen lo que los padres hacen, no lo que les dicen. Perciben más sus actitudes, o sea su modo de pensar más que sus actos, recibiendo valores contradictorios que hace que no se identifiquen con ninguno.

Ser buenos padres es un arte y se puede aprender. Es la única manera de evitar a los hijos un futuro incierto.

La paz en el mundo comienza en el seno de la familia. El buen carácter se forja con la firmeza de los principios y permite vivir en un ambiente familiar armónico y ordenado que naturalmente tenderá a trasladarse a la comunidad y al mundo, permitiendo a nuestros hijos transformarlo en un lugar más agradable y seguro para vivir.

El Niño y su Identidad


Un equipo de investigadores británicos estudia la influencia social en la identidad de los niños midiendo su necesidad de ser diferente o de ser igual a los demás cuando interactúan en un grupo.

Los estudios con adultos revelan la tendencia de la mayoría de las personas a adoptar las ideas o formas de comportamientos de los miembros de un grupo cuando interactúan en él. Sólo algunos pueden superar la presión de un grupo y logran ser diferentes, pero esta conducta hace que sea rechazado y finalmente segregado.

Un niño que pretende ser diferente en un grupo se sentirá más vulnerable y juzgado por los demás.

Sin embargo, los niños en las encuestas revelan que quieren ser diferente a sus pares y sólo unos pocos desean ser iguales a los demás.

Entre los niños que desean parecerse a los otros hay un niño que es diabético. Aunque él se maneja bien con su enfermedad y está perfectamente controlado, tiene una buena razón para querer ser como los demás niños que están sanos.

Otra encuesta demostraba que los niños con alguna característica diferente, como la raza, o algún impedimento físico, como obesidad, enfermedad crónica, problemas visuales, no discriminaban a los demás; en tanto que los niños “normales” tendían a discriminar a los niños que eran diferentes.

Los estudios con gemelos muestran que estos niños no sufren por ser muy parecidos mientras permanecen en el hogar, pero ni bien comienzan su ciclo escolar se preocupan por mantener su individualidad y evitan vestirse diferente, tener los mismos amigos o hacer lo mismo.

Katy nació de parto prematuro y apenas pesó seiscientos gramos al nacer. Estuvo en incubadora tres meses. Tuvo varias complicaciones de índole respiratoria y digestivas que pusieron su vida en peligro varias veces, pero era una luchadora y sobrevivió; gracias a los cuidados intensivos que se le prodigaron los médicos, a su espíritu aguerrido y al amor incondicional de sus padres, que no se rindieron cuando la quisieron desconectar del respirador artificial, cuando parecía que ya no había más nada que hacer.

Sin embargo Katy es hoy una niña muy inteligente y saludable de nueve años.

Debido a que durante sus primeros años tuvo que mantenerse aislada de otros niños por cuestiones de salud, desarrolló una personalidad autosuficiente y dice sentirse muy bien sola.

Tal vez sus padres influyeron en la decisión de mantenerla aislada, aún después de superados sus problemas de salud.

Juega sola y ha sido muy estimulada intelectualmente, de manera que le gusta leer y pasa largas horas con sus juegos y con su computadora.

Su limitación al nacer la condicionó a la soledad y aparenta no necesitar la compañía de los demás. Tiene un carácter fuerte, es independiente y tiene su propia manera de pensar.

Sin embargo este comportamiento puede revelar el temor de tener que enfrentar a otros niños, acostumbrada a hacer su voluntad y sin la necesidad de compartir sus pertenencias.

Los pares enseñan a los niños las ventajas de asociarse, pero también pueden malograr su sentido de independencia y desalentar su deseo de ser diferente.

Los mejores alumnos pueden ser niños solitarios y no queridos porque son distintos y en un grupo es mejor encajar que sobresalir.

Pensar o ser diferente, es decir, ser como uno es, produce una gran pérdida de energía, porque la persona tiende a vivir a la defensiva sabiendo que sus actitudes de independencia van a ser rechazadas.

No obstante, los mejores alumnos que logran ser aceptados, son aquellos que tienen una actitud de humildad y que no tienen la necesidad de convencer a los demás sobre lo que piensan.

La Programación Neurolingüística propone que si deseamos ser parte de un grupo, sin dejar de ser nosotros mismos, hay que ponerse a la altura de los demás y tratar de entenderlos, interactuando con ellos en su mismo nivel, siendo como somos y sin intentar de convencerlos de nada.

Crianza versus Genética.


La BBC de Londres está realizando un estudio psicológico longitudinal que tendrá una duración de veinte años, con un grupo de niños, desde su nacimiento, para lograr conclusiones más firmes sobre la influencia de las experiencias infantiles en el comportamiento y la personalidad.

Las primeras investigaciones demostraron que el cerebro recuerda hechos desde el nacimiento.

Para comprobarlo, llevaron a niños de tres años a la sala de terapia intensiva para neonatos, donde por distintos motivos, estuvieron internados después de nacer, y donde debieron permanecer en incubadoras mucho tiempo recibiendo cuidados intensivos y atención especializada contando con la compañía permanente de sus madres durante su internación.

Se pudo observar que al experimentar nuevamente el ambiente de este recinto, ninguno de ellos dio muestras de alteración alguna, moviéndose con naturalidad en ese ámbito, habitualmente intimidante para cualquier persona, por la complejidad de los aparatos que allí se encuentran, demostrando solo curiosidad.

En cambio, el grupo testigo que no había vivido experiencias de cuidados intensivos al nacer , se mostraron asustados y se aferraron a sus padres.

Se puede inferir luego de esta prueba, que los niños que estuvieron internados y recibieron cuidados especiales de sus padres recordaron más el haber sido reconfortados emocionalmente por sus padres, o sea sus experiencia felices, que el sufrimiento de los severos tratamientos a los que fueron sometidos.

En cuanto a las experiencias de aprendizaje, los niños tienden a mirar qué sucede y a adoptarlo. Por ejemplo, aunque se trate de niños de apenas dos años, más de la mitad de ellos son capaces de aprender de un adulto a acoplar piezas sencillas y construir un sonajero, después de 24 horas de haber visto hacerlo.

Esto demuestra que gran parte de los niños pequeños a veces pueden absorber más de lo que puede ser conveniente.

Sharon tuvo una vida traumática desde su nacimiento. Cuando nació, sus padres se estaban separando y discutían permanentemente sin preocuparse de sus hijos.

Al año su comportamiento difícil evidenció que esa experiencia le había dejado una huella.

Su madre reconoce no haber estado preparada para recibirla debido a su conflictivo matrimonio, que se estaba desmoronando.

Sharon no está segura que su madre la ame y se muestra extremadamente independiente. La independencia como resultado de la inseguridad en los afectos puede no ser buena.

El padre de Sharon está desocupado y no tiene dónde vivir, por esta razón ve poco a los niños.

Se realizó una prueba con los padres para averiguar si eran capaces de recordar cosas de treinta años atrás, sin decirle a los participantes qué es lo que se estaba investigando.

Se observó a través del registro de sus electroencefalogramas, que existe una correlación entre la respuesta física y la memoria, dado que se reflejaron oscilaciones significativas en sus ondas cerebrales al identificar objetos significativos de esa época.

Con respecto a las experiencias felices las tres cuartas parte de ellos las recordó enseguida y la cuarta parte tardó más tiempo. En cuanto a las experiencias tristes, les tomó a todos mucho más tiempo recordarlas.

Se ha comprobado también con este estudio que el 60% de las madres primerizas es infeliz. Muchas veces los embarazos no son deseados o son demasiado jóvenes como para asumir la responsabilidad.

Ema se queja de su tercera hija porque llora todo el día. Reconoce que nunca quiso tener tres niños. Intentó la esterilización pero no le funcionó y quedó igualmente embarazada.

Sin amor los niños se vuelven inseguros y suelen volcarse al padre y rechazar a la madre.

Es el caso de Ema que se siente rechazada por su hija y se siente enfadada porque jamás dijo mamá hasta los 10 meses.

Las madres llevan la parte más compleja al ser madres. El embarazo, el parto, amamantar a su hijo, y cuidarlo es casi su tarea exclusiva aunque reciba la ayuda del padre cuando no está trabajando.

La relación madre hijo influye enormemente en la conducta y la personalidad de un niño que aprende a relacionarse con los demás de acuerdo a su primer modelo y condiciona para siempre su vida de adulto.

Niños Difíciles


María y Carlos tienen dos hijos, una niña de nueve años y un varón de 6. Ya no pueden controlar a sus hijos, su hogar se ha convertido en un caos y el clima en el hogar se ha tornado muy tenso.

Sus hijos no los respetan. El más chico es hiperactivo, obstinado y tiene mal carácter y la niña exige mucha atención, tiene ataques de furia y hace continuamente maldades.

La disciplina no existe, el padre no participa y se esconde detrás del diario cuando está en casa y apenas es un espectador.

Ambos han perdido el control, no están en sintonía y cada uno por su lado hace lo que puede dando mensajes contradictorios.

La niña de nueve años es la que manda y ninguno tiene límites. Las peleas con su hermano menor son violentas y ambos niños insultan y hasta les pegan a sus padres.

Cuando la niña la ataca, la madre reacciona pero luego se ríe como si fuera ella también una niña.

La madre se queja que su marido no participa pero cuando lo hace, a ella no le gusta y lo contradice delante de sus hijos. Por lo tanto él reconoce que ha adoptado la actitud de no intervenir y dejar que ella se ocupe de ellos.

Las escenas en el Supermercado son desopilantes. Los niños cargan cada uno un carro con golosinas, abren los paquetes, comen el contenido y se dedican a hacer otras maldades, mientras la madre se mantiene alejada de ellos avergonzada de ese comportamiento y tratando que nadie se de cuenta que son sus hijos.

Estos niños no tienen modales, ni respetan a nadie, son groseros y mal educados.

Por otro lado, la familia no comparte las comidas y habitualmente cada uno come en distinto lugar de cualquier manera.

Estos niños jamás reciben ningún castigo por lo que hacen y los padres no tienen la más mínima autoridad sobre ellos y hasta les temen.

Ante este cuadro surrealista, la situación se ha tornado tan insostenible que está a punto de malograr la estabilidad de la pareja.

Este modelo de familia no es la excepción sino la regla en casi todos los hogares de hoy en día; y este comportamiento se traslada a la escuela.

Es indispensable que los padres de una familia disfuncional, se unan como pareja para educar a sus hijos, sean coherentes e impongan una disciplina como padres y no como amigos.

Las madres temen que si son estrictas sus hijos no las quieran. Pero ocurre lo contrario, los hijos necesitan a sus padres cumpliendo su rol.

La primera medida es imponer las reglas y respetarse unos a otros.

Como segunda medida los padres son los que mandan.

Tercero, de noche los niños no deben ver televisión para evitar que permanezcan despiertos hasta tarde;

Por último los padres establecerán un sistema de premios y castigos que deberá cumplirse.

Las madres son las que tienen mayores dificultades para mantener las reglas.

Si no son capaces de cumplir las reglas o eventualmente las cambian y siguen desautorizando al padre y defendiendo a los hijos, los maridos continuarán con la misma postura de esconderse detrás de un diario.

Si ellos deciden actuar y los hijos corren a llorarle a las madres y éstas se ablandan, ceden, deseando en el fondo ser “la buena” que los defiende, todo seguirá igual.

Sin embargo, si poco a poco, tratando de vencer las dificultades que significa para toda madre un cambio, comienzan a modificar su conducta, se unen a sus maridos frente a las dificultades con sus hijos y mantiene cada pareja la misma postura de apoyarse mutuamente en sus decisiones, todo el grupo familiar modificará su dinámica para bien.

Además, es necesario que los padres mantengan las distancias necesarias con respecto a sus hijos y no darles confianza, evitando que los traten como a iguales.

Las cosas comenzarán a cambiar en la medida que la pareja cambie y ambos podrán darse cuenta que los niños necesitaban ese cambio.

Los chicos estarán más tranquilos, más respetuosos, más afectuosos con sus padres y además se sentirán motivados por los premios, que aunque sean mínimos alcanzarán para incentivarlos a portarse mejor.

Con amor y disciplina, los niños mejorarán el carácter, habrá alegría en los hogares, orden en la sociedad y paz en el mundo.

Divorcio con Hijos


El divorcio y la disolución de una familia produce mucho sufrimiento y estrés.

Cualquiera sea la causa de un divorcio, casi siempre se trata de uno de los integrantes de la pareja que busca una salida a una situación muchas veces insostenible que la hace sufrir y que no le permite disfrutar de la vida.

El otro puede ser indiferente, o puede no estar de acuerdo con la separación, creándose así las bases de un conflicto que muchas veces dura mucho tiempo.

El factor económico es la barrera más difícil de sortear para divorciarse; porque una familia que vive con un presupuesto en una misma casa, luego del divorcio requerirá dos viviendas y un ingreso razonable para seguir viviendo, con o sin los hijos.

Se puede afirmar que cuando no existen problemas económicos que enfrentar, la posibilidad de divorciarse aumenta, porque para muy pocos la convivencia resulta ser un jardín de rosas.

Convivir en pareja y tener hijos requiere estar dispuesto a tener el propio hogar para brindar amor y hacer feliz al grupo familiar, logrando de esa manera la propia felicidad.

Para tener una familia es necesario haber logrado cierto grado de madurez, tener dominio de si mismo, control de impulsos, estabilidad emocional y la posibilidad de tener vida una propia, al margen de la pareja y aceptar que el otro también la tenga.

Una pareja necesita oxígeno para desarrollarse y crecer. No se puede compartir todo en la vida, aunque las personalidades sean compatibles.

Cada integrante de la pareja necesita encontrar un canal de expresión y desarrollar su potencial en alguna actividad más allá del hogar aunque no trabaje; tener sus propias amistades, que no necesariamente se tienen que compartir en pareja y sus propias salidas y compromisos.

Si la pareja no tiene libertad para Ser, se extingue. No se trata de libertinaje para caer en la infidelidad sino de tener un espacio propio.

La libertad comienza con la confianza; no se puede mantener ninguna relación si no se basa en la confianza; porque resulta inútil pretender corregir a los adictos a la infidelidad después del matrimonio o de la convivencia como pareja.

Es imposible mantener vínculos estables con personas inestables y hay que ser lo suficientemente fuerte para no dejar progresar relaciones en que algunos de los dos presente esas características.

Las personas no cambian demasiado, apenas un poco con el correr de los años, más de apariencia que de esencia; y la etapa del noviazgo debería ser la prueba que se necesita para evaluar la posibilidad de una relación duradera.

Una vez hecho el compromiso suele ocurrir que todo aquello que agradaba de esa persona que se creía amar, ahora los separa.

Los hijos sufren cuando los padres pelean, pero si los padres se separan su sufrimiento puede ser mucho mayor.

Ellos aman a sus padres como son, incluso a aquellos que son abusadores, alcohólicos, que no trabajan, o que los golpean y maltratan.

Es difícil que un niño denuncie a sus padres aún en los casos de castigos feroces o abusos.

El divorcio tiene que ser una decisión que por lo menos garantice una vida más feliz y la felicidad no depende de otras personas o de otras cosas, sino de uno mismo.

Además, las historias se repiten, porque cada uno tiene un modo de relacionarse con los otros que lo puede hacer desdichado, independientemente de la persona que tiene al lado.

Una persona con tendencia depresiva establece vínculos simbióticos, es decir que el otro es una prolongación de ella misma. Por lo tanto, cada actitud de independencia será interpretada como falta de afecto y pérdida del amor.

Se puede amar y ser libre. El amor no debería ser una soga al cuello y el fin del desarrollo personal, porque de esa manera se convertirá en odio al poco tiempo.

Antes de un divorcio es conveniente agotar todas las instancias posibles para lograr una reconciliación porque para los hijos constituye una condición.

Una terapia familiar es lo aconsejable porque lo más importante es tratar de lograr un cambio en el vínculo. A

Técnicas de Terapia Familiar


La familia es un grupo, cuyos miembros difieren en gustos, carácter, temperamentos, formas de ver el mundo y edad pero comparten algo en común que es el afecto y el sentimiento de pertenencia.

El rasgo que caracteriza un grupo es la ambivalencia porque a la vez puede proteger y ser solidario y también rechazar y amenazar los intentos de individualidad de sus miembros.

El grupo familiar, en virtud de estas características puede adoptar una organización deficiente, mantener un modo de interacción poco fluida y puede tener una distribución de roles que no corresponden con las expectativas de rol de la sociedad en que se desenvuelven.

Los grupos familiares también tienen una historia que puede incluir un proyecto o una empresa a largo plazo.

En la actualidad la dinámica familiar es muy diferente del estilo de vida de hace cien años.

Los cambios tecnológicos, económicos y culturales han producido cambios en la naturaleza del trabajo, las relaciones de las personas entre sí, los sistemas de valores y las expectativas individuales, que han provocado el fin del modelo tradicional de autoridad y que hacen necesario un nuevo reordenamiento de los grupos familiares y de las relaciones entre ellos para tratar de evitar los hogares deshechos.

La familia ha dejado de tener una estructura de organización piramidal, donde la comunicación era autocrática y no permitía discusión, para convertirse en un equipo de personas con personalidad propia, que se respetan como tales, que participan en un proyecto común, permitiendo que cada uno tenga sus objetivos individuales y cuyos puntos de vista puedan ser tenidos en cuenta, desde el llano, en el momento de tomar decisiones.

Un menor puede no ser responsable pero tiene derechos que hay que respetar, como el de permitir que se desarrolle como el ser que es; y el rol de sus padres es el de guiarlo precisamente a concretar sus aspiraciones, sin los prejuicios que puedan tener su raíz, en la historia de ese grupo.

Las reglas del grupo familiar son para todos, no solamente para los hijos, porque éstos se identifican con lo que los padres hacen y no con lo que dicen y no respetarán ni incorporarán ninguna norma o valor que sus progenitores infrinjan.

Una de las técnicas más utilizadas en terapia familiar es el juego de los roles familiares, o “rol playing”.

Consiste en darle la posibilidad, a cada miembro del grupo familiar, de jugar el rol de cada uno de los otros, llevando a cabo distintas escenas familiares comunes, particularmente las polémicas, donde cada uno tratará de imitar la forma real en que juegan los roles verdaderos cada uno.

El rol playing permite salirse de uno mismo y verse proyectado como lo ve otro miembro del grupo, permitiendo tomar conciencia de los errores que se cometen y de las dificultades que tiene todo ser humano para ponerse en el lugar del otro.

Para un adulto, ser capaz de jugar a ser un adolescente le da la posibilidad de revivir la etapa más difícil de la vida, que la mayoría ha olvidado, y adoptar una conducta más equitativa y justa, que sin afectar la seguridad de los jóvenes permite comprenderlos y ayudarlos.

Los jóvenes necesitan ser comprendidos y escuchados, y aunque parezca que son diferentes, si tienen una buena relación con sus progenitores, más que como son ellos, se identificarán con el ideal de personas que sus padres desearon alguna vez haber sido.

Muchos padres pretenden ganar tranquilidad coartando todas las libertades a sus hijos. Pero ser padre implica no estar tranquilo a ese costo, sino ocuparse de lo que corresponda y estar dispuesto a desempeñar el rol en el momento que sea necesario para ganarse esa tranquilidad, recién cuando haya logrado poder confiar en su hijo.

Cuando los hijos ya son mayores de edad, lo único que les queda a los padres es rezar, porque ya es tarde para educar.

Estrés Infantil


Las noticias que recibimos en forma cotidiana, resultan cada día más inquietantes. Recientemente, en un club de Junín, localidad de la provincia de Buenos Aires, de Argentina, un grupo juvenil, instigados por sus padres, atacó con palos, maderas y cadenas al coordinador de un equipo oponente, resultando la víctima hospitalizada por las graves lesiones recibidas.

El deporte debería ser una actividad saludable, porque aleja a los niños y jóvenes del ocio y los vicios, ayuda a desarrollar sus cuerpos, tiene un objetivo social que favorece la camaradería y el compañerismo y enseña a trabajar en equipo para competir sanamente y demostrar su habilidad en la cancha de juego.

Sin embargo, las posibilidades de destacarse en un deporte y ganar fabulosas sumas de dinero en el futuro, convierte a una actividad deportiva en un circo romano, donde la violencia y la falta de respeto por el oponente son los principales protagonistas.

Para muchos chicos de origen humilde, que tienen la habilidad de desempeñarse con eficacia, el deporte puede significar para él y su familia la salida de una situación de pobreza y estancamiento y la esperanza de un futuro mejor.

Pero cuando las ambiciones personales se desbordan, se pierde el sentido de los valores y se comienzan a utilizar recursos desesperados para lograr los objetivos.

Los niños no están capacitados para proyectarse en el futuro y no alcanzan a comprender esa situación de presión que les produce estrés y que hasta llega a afectar su rendimiento.

Cuando un niño no puede responder adecuadamente a un estímulo que no entiende y que le produce frustración, sufre estrés y se descarga resolviéndolo con conductas inapropiadas y violentas.

La instigación de los padres a la violencia, es un incentivo que libera a los hijos de la culpa y que justifica sus acciones, provocando que integren esos valores como correctos y propiciando conductas anárquicas y de rechazo al cumplimiento de las reglas.

De este modo el niño aprende a liberarse de la angustia y la ansiedad en forma violenta.

En Estados Unidos, un destacado maestro, llamado Mr. Clark, dedicado a enseñar a niños y adolescentes de escuelas situadas en vecindarios de riesgo, la mayoría huérfanos, golpeados, maltratados, con carencias afectivas y ningún estímulo para estudiar; escribió un libro sobre su experiencia, que llegó a difundirse en muchos países.

En este libro, que contiene 55 reglas esenciales de comportamiento, destaca la necesidad de recuperar en las escuelas el sentido de los límites y de fomentar la autoestima y el respeto mutuo, como la mejor forma de lograr que estos niños puedan cumplir con las exigencias académicas, aprender y encontrar la motivación necesaria para el desarrollo de su potencial.

Dice Mr. Clark, que desde el primer día al frente de la clase todo maestro debe poner las reglas; y éstas deberán ser respetadas por todos.

Con humor, creatividad y mucha paciencia, se deberán emplear recursos inteligentes para captar el interés de los alumnos más difíciles, que intentarán incansablemente de desalentarlos.

Esta experiencia sirvió de argumento para una película para la televisión que considero muy aleccionadora e instructiva para los docentes.

Los niños y los jóvenes son violentos porque también sus padres lo son y solamente el que es castigado duramente a diario aprende a hacer lo mismo.

Muchos padres también fomentan el resentimiento y la venganza y no perdonan, creando una cadena de generaciones desconformes y violentas.

No hay que olvidar los graves agravios, pero hay que perdonar y tener compasión, porque todo ser humano tiene su parte sombría y puede ser un criminal si se dan las circunstancias.

Jesús, el hombre más humilde y revolucionario que existió, nos decía: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

El odio y el rencor son pasiones autodestructivas que exigen un gran gasto de energía en detrimento del desarrollo personal y del crecimiento de una nación.

Niños indomables


Cada familia tiene un modo distinto de relación, porque cada miembro, que es único y diferente, aportará un factor para contribuir a dotar a esa estructura, de una forma de ser propia.

Tanto el padre como la madre establecerán una forma de vincularse entre si y con sus hijos, los cuales tenderán a recrear el mismo modo de relación, que mantendrán posteriormente para relacionarse con los demás y desarrollar sus vidas en la sociedad.

Los niños criados en un ambiente calmo y armonioso, libre de peleas y actitudes violentas, es difícil que presenten problemas de comportamiento, de angustia o ansiedad o que tengan dificultades de adaptación o adicciones.

Ellos necesitan hacer una vida ordenada que respete las rutinas diarias, como las horas de comer y de dormir, debiendo evitar sus padres o cuidadores, que asocien otras actividades con la comida, como ver televisión, jugar o levantarse de la mesa; y que se acuesten tarde.

Comer juntos es el único momento en que los niños tienen la oportunidad de estar con sus padres y de comunicarse con ellos.

También es el momento de enseñarles, entre otras cosas, a que no deben abandonar la mesa sin su permiso, cómo comportarse a la hora de comer, a pedir las cosas que necesitan por favor y a decir gracias.

Un niño caprichoso y agresivo ha aprendido a obtener lo que quiere con los berrinches que sus padres han aceptado como normales y no como una conducta que se puede evitar, para bien de su hijo.

Los padres tienen que evitar demostraciones exageradas de afecto cuando los niños no han hecho nada para merecerlas y menos después de haberse comportado con agresividad o violencia, porque los condicionan a seguir actuando de la misma manera.

Además, se suelen excitar aún más cuando los padres los colman de mimos o besos, cuando están con una berrinche; excitación que al no poder ser canalizada adecuadamente, sólo servirá para tornarlos más irritables y molestos.

Es importante que los padres reconozcan las conductas favorables y las reacciones adecuadas de sus hijos, así como también sus habilidades y sus logros, para que logren la suficiente seguridad en ellos mismos, adquieran autoestima y se sientan motivados a mejorar su comportamiento.

El aprendizaje se produce por amor; porque cuando un niño se siente no querido o aceptado como es, o desplazado por sus hermanos o no se siente reconocido, reacciona con conductas agresivas y violentas, se comporta en forma caprichosa y se convierte así en un niño indomable.

Sin embargo esta situación se puede revertir si los padres asumen su rol y ponen las reglas, que deberá cumplir todo el grupo familiar.

Las reglas deben ser claras, preferentemente deben estar escritas y ser exhibidas en un lugar visible en el hogar.

Toda trasgresión de las reglas tendrá su sanción, que tiene que ser cumplida sin excepciones, sin necesidad de que ésta sea demasiado severa.

Una sanción para un niño pequeño puede consistir, en permanecer sentado en una silla, siempre la misma, durante cinco minutos.

Después de cumplida la sanción, el niño deberá aprender a disculparse, y luego se lo podrá abrazar y besar.

Esta actitud ante berrinches, caprichos o agresividad de los niños, hará que cambien y aprendan a comportarse mejor.

La firmeza y seguridad de los padres es esencial, siendo necesario que durante las crisis de conductas inapropiadas se mantengan calmos y no enojados, porque los niños asocien el enojo con falta de amor.

Antes de intentar corregir el comportamiento de un niño es necesario esperar a que se calme y esa calma se conseguirá sólo con la actitud tranquila de los padres; porque solamente una vez calmado, un niño estará en las mejores condiciones de entender lo que se le pretende enseñar.

Un ambiente conflictivo o violento le provoca a los niños ansiedad, temor e inseguridad.

Todo niño necesita límites y los padres son los encargados naturales para ponerlos.

Mi Hijo no me come


Los chicos suelen expresar sus estados de ánimo como pueden y la comida se convierte en un medio de comunicación, ya que el mundo de un niño pequeño se reduce a la satisfacción de las necesidades básicas.

Un hijo puede haber sido deseado o no y a veces también puede existir un sentimiento ambivalente, se desea por un lado tener un hijo, pero se rechaza por otro, ya que atender a un bebé es una tarea que demanda tiempo completo y no todos están dispuestos a cumplirla.

Se acepta que desde el útero los seres humanos pueden ser afectados emocionalmente; simplemente porque son seres vivos que aunque todavía no se hayan desarrollado del todo, tienen células receptoras que puede recibir estímulos externos e internos tanto placenteros como displacenteros.

Aunque estar en el útero es una condición casi ideal, un bebé no está exento de sufrir altibajos, porque cualquier perturbación, enfermedad, sufrimiento o desequilibrio de la madre puede repercutir en él.

El momento del parto es igualmente traumático. Son conocidos los trabajos de Otto Rank sobre el trauma de nacimiento y las consecuencias en la vida de un individuo, relacionadas con la depresión.

Con su técnica de respiración holotrópica, Stanislav Groff también analiza la experiencia del nacimiento en pacientes psicóticos, logrando que en estados alterados de conciencia puedan regresar al instante del nacimiento y elaborar emocionalmente el trauma.

La primera infancia, el niño tiene la experiencia de la lactancia materna, etapa que normalmente suele brindarle a un individuo tanto satisfacciones como frustraciones.

Tanto el exceso de gratificación como el exceso de frustración pueden producir una fijación y el consecuente trauma en el niño.

Melanie Klein investigó este tema y llegó a singulares conclusiones. Un niño al mamar tiene la oportunidad de experimentar tanto un pecho malo como bueno, porque depende de la disposición y del estado anímico de la madre cuando lo amamanta.

Si existe un equilibrio de experiencias buenas y malas, un niño no debería sufrir ningún trauma.

Cuando un niño se resiste a comer, rechaza la comida y se muestra desinteresado a la hora de comer, es probable que sufra una perturbación emocional, provocado por un trauma inconsciente en la primera infancia.

Existen madres que no desean amamantar a sus hijos por distintos motivos, y rechazan inconscientemente al niño cuando se alimenta.

Los bebés no se expresan con palabras pero sienten, y luego tienen que exteriorizar de algún modo su frustración.

Al rechazar al hijo y negarse a alimentarlo, la madre siente culpa, y para deshacerse de la culpa lo sobreprotege, abrigándolo demasiado, persiguiéndolo, acosándolo, presionándolo etc.

De manera que la sobreprotección rechazante que sufre el niño puede ser la causa de sus trastornos alimenticios y de otros problemas.

La anorexia y la bulimia se relacionan con las experiencias vividas en la etapa oral del desarrollo psicosexual, con las primeras relaciones significativas, o sea con la madre.

Rechazar el alimento es una conducta autodestructiva y puede ser la etiología profunda de una depresión.

El niño puede tener dos formas de superar su frustración, o bien come en exceso hasta hartarse, con el fin de hacer desaparecer el objeto que lo frustra, que sería la causa profunda de la obesidad mórbida, o bien lo rechaza y no come, conducta que se repite más adelante en la anorexia del adolescente.

Se puede comenzar a encarar este problema dándole al niño la comida que parece preferir e ir incorporándole de a poco otros alimentos

Se necesita paciencia y tenacidad, pero finalmente los niños se corrigen y en esos casos suelen comenzar a alimentarse adecuadamente alrededor de los siete años.

No obstante, la estabilidad emocional y el amor incondicional siguen siendo los mejores recursos.

Fuente: “Diccionario de Psicoanálisis”, Laplanche y Pontalís; “El Psicoanálisis de Niños”, Melanie Klein; “La Mente Holotrópica”, Stanislav Groff.

Hijos adolescentes, desafío para padres


En su libro “Con los Adolescentes…quién se anima”, Juan Pablo Berra, profesor de Filosofía, Licenciado en Ciencias de la Religión y Teología y especialista en Comunicación, intenta ayudar a los padres a orientar a sus hijos en el camino que tienen que recorrer para llegar a ser adultos.

Un adolescente, casi siempre se convierte en una situación familiar pesada y difícil de sobrellevar para los padres, que incluso presienten grandes dificultades antes de que sus hijos lleguen a esa edad.

Sin embargo, Berra propone una forma diferente de encarar esta etapa, sin prejuicios y sin vivirlos como prolongaciones de ellos mismos, porque son otras personas diferentes y con el derecho de tener una vida propia.

Un adolescente quiere por sobre todas las cosas llegar a ser él mismo y que los demás lo acepten como es.

Es difícil para los padres ponerse en el lugar de un hijo adolescente y acompañarlo en el proceso de crecimiento con amor y sin intentar que sea como ellos.

Aunque resulte imposible para un padre creer que puede aprender algo de su hijo, es importante que lo escuche, que conozca su punto de vista, su forma de pensar y sus proyectos, sin juzgarlo y tratando de ser abierto a los cambios.

Tener un hijo adolescente, remueve las ansiedades de los adultos que se relacionan con sus propias experiencias adolescentes, que pueden haber dejado aspectos inconclusos que aún no sanaron.

Según Berra, esta es una etapa que los padres también pueden disfrutar, dándoles aliento en sus logros y contención frente a los fracasos.

En la adolescencia, el rol de los padres cambia; y ya no sirven los antiguos modos de relación, porque simplemente no los aceptan. Sus intereses no son los mismos, su conducta parece desquiciada e inestable, se tornan reservados, ausentes y dispuestos a oponerse a cualquier iniciativa u opinión.

De la alegría propia de un niño, un adolescente pasa a estar amargado, ensimismado y taciturno, a enojarse con frecuencia y a estallar con violencia, prefiriendo estar con sus pares más que con su familia.

El adolescente tiene que enfrentar el crecimiento de su cuerpo y su sexualidad; debe aprender a desarrollar un concepto propio del mundo y de si mismo, controlar su afectividad en todos los órdenes y abrirse paso al mundo y a su generación con confianza y fortaleza para poder tolerar la frustración y los fracasos.

El adolescente necesita afirmarse, ser autónomo y diferenciarse como persona única y distinta.

El grupo de pares lo ayuda en este proceso, porque necesita identificarse con sus iguales para poder finalmente ser él mismo.

Berra propone en esta etapa que en lugar de convertirse en enemigos de los hijos, los padres aprendan a ser sus aliados.

Ser aliado no significa sacrificar el rol de padres, sino lograr una relación de igualdad y respeto mutuo, que significará la única vía de acceso posible a ellos.

Los aliados favorecen el desarrollo de las potencialidades, ayudan, protegen y valoran el mutuo apoyo pero no son los dueños del territorio.

Los padres que no pueden convertirse en aliados de sus hijos en esta etapa, les demuestran que no confían en ellos, que no los valoran y que intentan someterlos a su voluntad y a su forma de pensar.

Esta alianza también resulta eficaz extenderla a los padres de los adolescentes a quienes frecuentan sus hijos, con los cuales pueden compartir las dificultades y temores comunes de esta etapa y hacer un frente común.

Significa dejar de lado la omnipotencia y los prejuicios y atreverse a conectarse con los que tienen los mismos problemas para poder enfrentar con mayor eficacia este difícil desafío.

La comunicación es y siempre será una herramienta incomparable en los conflictos, y en este caso puede disminuir la posibilidad de que los hijos caigan en alguna dependencia.

Una buena relación familiar que brinde seguridad y continencia hace mucho más difícil que un joven se deje llevar por otros de su grupo que viven en un contexto distinto, a sufrir de esos aproblemas.

Fuente: “Con los adolescentes…quién se anima”, Juan Pablo Berra.

Padres de Hijos Adultos


En la segunda mitad de la vida la mayoría tiene ya a sus hijos adultos.

No es fácil aprender a relacionarse con los hijos cuando se es ya mayor, porque se hace difícil aceptar que los hijos ya están en condiciones de decidir por sí solos, aunque a ellos no les guste, que tengan un estilo de vida diferente y hasta que críen a sus hijos de una manera distinta.

Los padres que mejor se adaptan a vivir esta etapa de la vida, y que logran a través de los años mantener una buena relación con sus hijos, son aquellos que tienen una vida propia, un trabajo que les guste, una actividad intelectual, espiritual, artística o deportiva que les interese, participación en grupos diversos, amistades personales y otro tipo de relaciones.

El hecho de tener intereses propios, ajenos a la familia, les permite a los padres seguir creciendo no importa la edad que tengan y dejar vivir a sus hijos sus vidas como quieran.

Las mujeres que requieren un apoyo terapéutico durante la menopausia, están atravesando por lo general el momento en que los hijos se van del hogar; de manera que los trastornos de ese período pueden acentuarse si esa experiencia es vivida como un trauma y no con la alegría de comenzar una nueva vida, tal vez más fecunda en lo personal y con la posibilidad de un desarrollo independiente.

Cuando se sufre del síndrome del nido vacío, como consecuencia de la falta de adaptación a esta etapa, se hace necesario cambiar de forma de pensar, para poder percibir las cosas desde otro ángulo, aceptarlas y continuar viviendo dispuestos a enfrentar nuevos desafíos.

Cambiar de manera de pensar significa tener otra filosofía de la vida, siendo capaz de percibir el alejamiento o la aparente indiferencia de los hijos, como algo natural e incluso deseable, ya que esa es la actitud que les permitirá crecer y ser independientes.

En esta etapa es necesario tener la grandeza de espíritu de dejar de pensar en todo lo que les deben los hijos, en cuántas cosas hicieron por ellos, los sacrificios, las privaciones, los esfuerzos para criarlos y hacerlos crecer, cuidándolos y educándolos para que sean personas sanas y felices. Porque ellos deberán hacer lo mismo con sus propios hijos y esa será la única compensación que se puede esperar, de todos sus esfuerzos.

Si continúan pensando en que sus hijos les deben algo, caerán en el resentimiento y el rencor cuando se sientan defraudados precisamente por tener esas falsas expectativas.

Padres e hijos son roles diferentes que implican relaciones de afecto que se van edificando a lo largo de la vida; y si los padres creen que son superiores y que por eso sus hijos están obligados a rendirles honores, se equivocan.

El amor surge cuando hay libertad, si no se transforma en odio y culpa, emociones que afectan el normal desarrollo de las personas.

Lo más importante, no es ver o escuchar a los hijos todos los días, sino saber que están bien y que son felices en sus vidas, junto a las personas que han elegido.

Todos necesitan amor, más aún cuando son mayores, pero el amor se construye todos los días, sin condiciones, siendo quien uno es y favoreciendo que también los demás lo sean.

Los cambios son para evolucionar y tener otra oportunidad en la vida para disfrutar, para lograr nuevos vínculos, nuevos intereses sin dejar nunca de aprender cosas nuevas.

Solteros maduros en casa


El siglo XXI se caracteriza por la tendencia del hombre al confort. El avance de la tecnología automatiza todos los trabajos pesados o rutinarios y seguramente con el tiempo, tal vez, el hombre tenga más tiempo libre.

Mientras tanto, apoyados en una filosofía que no ve con optimismo al futuro, la idea generalizada parece centrarse en tratar de evadir responsabilidades y disminuir los compromisos, disfrutando el aquí y ahora y viviendo cada uno para abastecerse a si mismo.

El mundo así, se está convirtiendo en un gran parque de diversiones y los humanos en potenciales clientes para el consumo.

Ya quedamos pocos sin haber hecho alguna vez un crucero, o sin haber escalado una montaña integrando un grupo sediento de adrenalina en un estrafalario turismo aventura, aprovechando las millas aéreas acumuladas con sus compras con tarjeta de crédito.

Todas estos emprendimientos requieren ahorrar dinero, tener tiempo libre y libertad de movimientos.

Los solteros prefieren gastar su dinero en viajes, emociones transitorias, probar cosas nuevas, o sea vivir el momento, sin pensar en el futuro.

Finalmente, la mayoría de ellos se casa o deciden vivir en pareja y emprender la aventura de tener un hijo, cuando ya están en edad de ser abuelos.

Los padres mientras tanto, tienen que convivir con un hijo soltero hasta que ya es maduro, tarea que no siempre resulta placentera, cuando el hijo pretende ser siempre un adolescente sin responsabilidades.

Algunos se regocijan de tenerlo aún en casa cuando todos sus amigos ya se han casado y él consiente en seguir siendo un niño.

-¡Cómo le voy a cobrar a mi propio hijo lo que come en casa!- ¿Qué molestia es hacer un plato más cuando igual hay que cocinar?- Los gastos hay que pagarlos aunque él no esté viviendo con nosotros. -Dónde comen dos comen tres.

Pero todos estos argumentos no se ajustan a la realidad, porque convivir con una persona más en una casa, en el transcurso de un mes significa un cincuenta por ciento más de gastos domésticos.

No siempre los hijos solteros que se quedan viviendo con sus padres creen que tienen que contribuir con los gastos, porque a veces prefieren creer que les están haciendo un favor quedándose, aunque él no esté nunca en casa y sólo venga a comer y a dormir.

Vivir con los padres les permite a los hijos solteros ahorrar para comprarse un auto, viajar a las Bahamas o cualquier otra cosa, menos compartir los gastos de la casa.

El hedonismo es lo que caracteriza al hombre del siglo XXI, vivir para si mismo, sin responsabilidad alguna para poder hacer lo que quiere.

Están también los que son estudiantes crónicos, que no tienen intenciones genuinas de alguna vez recibirse pero que ese status les sirva para justificar por qué no trabajan.

Las estadísticas en Argentina son alarmantes, existe una franja considerable de jóvenes que no estudian, no trabajan ni tampoco se capacitan, o sea que no hacen absolutamente nada, sólo vegetan como una planta.

¿Qué harán esos jóvenes cuando ya no sean tan jóvenes y no estén más sus padres?

Los pájaros empujan a sus crías para que aprendan a volar cuando ya están desarrollados para hacerlo, sólo los humanos se quedan con sus padres, cuando están atendidos por una madre solícita o su empleada doméstica si ella trabaja. Porque cuando las condiciones comienzan a ser menos acogedoras, si están obligados a contribuir con los gastos y a atenderse solos, entonces no se quedan, se van para poder vivir en sus propios términos ya que tienen que mantenerse solos.

Los padres tienen que hacer como hacen los pájaros, alentar a los hijos para que aprendan a defenderse solos, y poder así ellos emprender el desafío de vivir una nueva etapa de la vida con su pareja, solos.

El Divorcio y los Hijos


En Estados Unidos se divorcian todos los años los padres de un millón de niños. Sin duda, las parejas no pueden darse cuenta lo mucho que afecta a los hijos la separación de sus padres.

Un niño queda siempre condicionado por esa situación, lo que hace necesario e indispensable, para disminuir los efectos de esa crisis, que puedan atravesar esa circunstancia de la manera menos cruenta posible.

Los hijos no quieren perder a ninguno de sus progenitores, por lo tanto, tienen que sentirse seguros que no perderán sus presencias y sus cuidados; y tienen que tener la oportunidad de que ambos les den una explicación.

Vivir en pareja es un desafío que sus integrantes no deben idealizar pensando que nunca tendrán dificultades serias.

Por más amor y felicidad que sienta una pareja cuando se une, llegará inevitablemente el día en que no podrán ponerse de acuerdo, en que tendrán distintos puntos de vista aparentemente irreconciliables, opiniones diferentes, roces y discusiones; que se irán multiplicando si cada uno no respeta al otro como una persona con el derecho de tener pensamiento propio.

Las técnicas de negociación, que utilizan las empresas, los partidos políticos y hasta la diplomacia, son óptimas para implementar en las relaciones familiares y llegar a un acuerdo, aún en las circunstancias más divergentes y críticas.

Negociar significa ceder para ganar, porque el adversario nunca se conformará si sólo pierde posiciones y no tiene ninguna posibilidad de conseguir nada.

Las discusiones más fructíferas son las que no incluyen gritos, insultos o calificativos ofensivos, porque cuando se levanta la voz y se pierde el control, no se puede razonar y menos negociar.

Muchas parejas se separan por nimiedades, insignificancias que podrían haberse solucionado manteniendo ambos un discurso civilizado. Pero las emociones negativas como el orgullo, los celos, la necesidad de venganza, el odio circunstancial y la inmadurez de los cónyuges, llevan a socavar la relación, aunque ambos en el fondo aún se amen.

Cambiar de pareja no es necesariamente una solución, porque una persona que ha tenido dificultades para mantener una relación, es altamente probable que reitere sus patrones de comportamiento y fracase nuevamente.

Cada uno aprende a relacionarse según los modelos que ha tenido oportunidad de conocer, principalmente los que les brindaron sus padres como personas más significativas.

Uno de los problemas comunes que afecta a las parejas es la necesidad de dependencia y la tendencia a amar en forma posesiva.

Esta característica hace que no se desarrollen como personas individuales y vivan pendientes del otro, ocasionado el desgaste de la relación; porque no crecen individualmente, no tienen vida propia y los otros, tanto su pareja como los hijos se convierten en prolongaciones de ellas mismas.

Los hijos tienen derecho a saber lo que pasa entre sus padres, cuando la situación ya es incontrolable y exige una definición.

No pueden permanecer al margen, necesitan que sus padres les expliquen qué es lo que está pasando con claridad y los tranquilicen, para que puedan seguir creciendo normalmente y continuar con sus vidas de la mejor manera.

Pelear por los hijos es nefasto para ellos, porque independiente de cómo sean los padres, los aman y no están dispuestos a perderlos.

La familia es un grupo y la conducta de cada uno de sus miembros influye en todos los demás; y el divorcio en los hijos provoca retrocesos en su desarrollo.

Es necesario hablar con los hijos antes de que se produzca la separación o el divorcio. Los padres tienen que ser sinceros y despedirse entre si amigablemente, recordándole a los hijos que han sido dos personas que se han querido mucho pero que ahora desean seguir caminos diferentes, no porque no se quieran más sino porque necesitan el cambio por la razón que sea, pero que no dejarán nunca de estar relacionados porque están ellos, que los necesitarán a los dos siempre incondicionalmente a su lado.

Los niños pasan factura a sus padres cuando crecen y ninguno puede evitarlo, sólo les queda actuar en forma responsable viendo más allá de ellos mismos y reconociendo el daño irreparable que pueden causar a sus hijos.

Niños Adultos


No todos los que se convierten en padres están preparados para asumir la responsabilidad que significa hacerse cargo de los hijos, cuidarlos, contenerlos, sostenerlos y brindarles amor, formación, valores, ponerles límites y darles la oportunidad de una educación formal.

Esta necesaria dedicación a los hijos les garantizará la posibilidad de que crezcan sanos, que puedan amar a la vida y a sus semejantes y aprender a cuidar y proteger a sus propios hijos como lo hicieron sus padres con ellos.

El equilibrio, la estabilidad emocional y la autoestima en la adultez, se establecen sin dificultades con la seguridad y el amor que brindan los padres en la infancia; por esta razón es tan importante el cumplimiento de los roles en el grupo familiar para el desarrollo normal de los hijos.

Los niños se identifican con sus padres que son las personas más significativas para ellos; aprendiendo todo de ellos e incorporando sus valores.

Un niño pequeño no distingue qué es bueno y qué es malo, de modo que todo lo que hagan los padres para él estará bien e imitará cualquiera que sean sus conductas.

Algunos niños en edad escolar se dan cuenta que su hogar es diferente en cuanto a normas de conducta con respecto a lo que les enseñan en la escuela.

Estos chicos suelen identificarse con su grupo de referencia e intentar asumir el rol de padre o madre que no se cumple en su casa, donde no existen el orden, la disciplina, los límites y los valores, y dedicarse a reemplazar a sus padres para contener a su propia familia.

Son en general niños muy inteligentes que reaccionan en forma diferente a la mayoría, que en lugar de imitar las conductas inapropiadas de sus padres, buscan otras figuras significativas con quienes identificarse, que pueden ser sus maestras, profesores o padres de sus compañeros.

Sus vidas no serán gratas, porque tendrán que lidiar con su familia que seguramente opondrá resistencia, o que tal vez se acomodará a esa distribución de roles por conveniencia. Y cuando crezcan, serán adultos que no tuvieron infancia porque tuvieron que madurar demasiado pronto para hacerse cargo de la contención emocional de su familia.

Asumir responsabilidades de un adulto, para un niño representa una pesada carga, significa saltear etapas que no se pudieron vivir con normalidad y será una experiencia que repercutirá negativamente en el cumplimiento de las obligaciones de su vida de adulto.

Por otro lado, en todo grupo, el cambio de roles provoca trastornos en la relación de sus integrantes, generando discusiones, peleas, y también actitudes ambivalentes de aceptación rechazo.

Por lo general, esto ocurre en familias disfuncionales donde es posible que el padre esté ausente y la madre no pueda sustituir ese rol con eficacia, o bien en hogares comunes donde no se cumplen los roles.

Los padres en general desean ante todo la felicidad de sus hijos, pero si las circunstancias los llevan a la situación de eludir su responsabilidad y descansar en los hijos sus obligaciones, tarde o temprano lo que les parece difícil de enfrentar ahora, será algo cada vez más complejo, más serio y grave que sólo les reportará grandes sufrimientos.