Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

Cómo enfrentar una separación...Cuando quedamos solas…


Lo más importante en un proceso de separación de una pareja es, dentro de lo posible, tratar de hacerlo bien, ya que no se saca nada con actuar de mala fe, de manera vengativa y tratando de perjudicar al otro, especialmente si existen hijos. Para tener una separación lo más civilizada y sana posible, el psiquiatra Roberto Amon entrega algunas recomendaciones generales de cómo actuar en estas circunstancias.




La pérdida, ruptura o disolución de un vínculo afectivo significativo, como la separación o la pérdida de un ser querido, es para cualquiera de nosotras motivo de sufrimiento y el inicio de un proceso de duelo, en donde la persona experimenta una serie de cambios psíquicos, físicos, emocionales e incluso espirituales.

La intensidad y duración de estos cambios dependerá de múltiples factores, como por ejemplo el tipo de separación, ya sea esperada, repentina, apacible, violenta; la intensidad de la unión; si hubo terceros involucrados; características de la relación; edad de cada uno; factores de personalidad; apoyo social percibido; etapa ciclo vital familiar, ya sea con hijos pequeños o adolescentes; etapa de partida de los hijos; retiro de la vida activa, etc. Por tanto, así como cada vínculo afectivo es un único e irrepetible, también lo es su disolución.

El médico Psiquiatra de la Universidad Chile, Dr. Roberto Amon Jadue explica que las etapas por las que atraviesa una persona que experimenta una ruptura amorosa, son las mismas que en un duelo y son básicamente las siguientes, aunque no necesariamente de manera secuencial:

Etapa de Schock: Impacto inicial en el momento de la separación que puede cursar con alteración de conciencia (confusión y conducta desorganizada).

Activación: Intensa actividad destinada a comprobar, reaccionar, salvar, vengarse, etc.

Emociones Intensas: Llanto, desesperanza, rabia, miedo, tristeza, angustia. Alternadas con Negación de la separación.

Alteraciones del Sueño: insomnio, sueños recurrentes, pesadillas, etc.

Etapa Depresiva y de Desesperanza

Fase de Reparación o Recuperación

El psiquiatra explica que lo más importante en un proceso de separación de una pareja es, dentro de lo posible, tratar de separarse bien, ya que no se saca nada con actuar de mala fe, de manera vengativa y tratando de perjudicar al otro.
“Y esto es especialmente importante si existen hijos. Además debemos tener presente que todo fracaso de una relación, independiente de cómo se haya producido, traduce una disfunción en ambas partes de la pareja��?, aclara el profesional.

Para tener una buena separación o lo más civilizada y sana posible, el especialista entrega algunas recomendaciones generales de cómo actuar en estas circunstancias:
- Ser valiente y honesto consigo mismo y con el otro
- No desaparecer del domicilio sin dar explicaciones
- Evitar dañar al otro para no destruir los lazos familiares y de amistad
- Evitar enfrentamientos hostiles delante de los hijos
- No monopolizar a los hijos ni crear alianzas contra el otro progenitor
- Mantener cubiertas las necesidades básicas para que los niños no se inseguricen
- Informar los motivos de la separación de la manera más objetiva posible, y en forma conjunta por parte de la pareja
- Dejar claro a los niños que la ruptura es con la pareja y no con ellos
- Solicitar ayuda profesional en caso necesario


Errores que no se deben cometer

A juicio del Dr. Amon, lo peor que puede ocurrir en estos casos de separación es ocultar la situación o no hacerle frente, dejarse llevar por la rabia, odios y rencores, y embarcarse inmediatamente en una nueva relación.
“Todo esto hará el proceso de separación más difícil y prolongado, y creará espejismos que se traducirán en nuevos dolores y complicaciones��?, aclara.

En cuanto al tiempo que debería esperar ambas partes antes de iniciar una nueva relación, el psiquiatra señala que lo ideal es no iniciar una nueva relación hasta que la pareja haya integrado de manera satisfactoria esta pérdida en su biografía y recobrado su estabilidad emocional.
“Eso será fundamental para entregarnos de manera plena en una nueva relación. Lo anterior toma un tiempo muy variable, en algunas personas pueden ser 6 meses y en otras varios años��?, manifiesta.

El profesional agrega que a pesar de que las separaciones de pareja son una realidad, uno no puede iniciar una relación con la expectativa de que se va a producir un quiebre.

“Te imaginas que Carl Lewis, el mejor corredor de todos los tiempos, hubiera pensado antes de cada carrera, que pasaría si cuando estoy por llegar a la meta me caigo, o que tal vez si se esfuerza demasiado podría desgarrarse, simplemente en este momento no lo estaríamos recordando. Lo mismo pasa en las relaciones de pareja, uno no puede iniciar una relación con la expectativa de que se va a producir un quiebre. Si así fuera, a esa unión le va a faltar intimidad, profundidad y entrega. Uno debe embarcarse de manera natural en ellas y dejar que las cosas sucedan, es imposible evitar algún dolorcillo en esta vida, pero a mi juicio más vale participar de la experiencia de ser pareja y construir familia que quedarse como mero espectador��?, sostiene.

Y para ejemplificar sus palabras, el psiquiatra cita a un gran terapeuta de parejas alemán, Jürg Willi, quien señala “…seguramente todo matrimonio, y en especial toda familia, están llenos de problemas, obligaciones y crisis, que uno puede ahorrárselos no aventurándose en ese terreno. Quien se casa o funda una familia será sacudido violentamente por la vida, se expone a dificultades que siempre le exigirán hasta el límite de su resistencia, y no tendrá más remedio que esforzarse al máximo y en parte se sentirá fracasado; tendrá que ver más tarde que ha cometido ciertos errores que han producido consecuencias irreparables para él y su familia…pero precisamente por esa tragedia su vida puede ganar en dimensión humana

Preguntas de un hombre sobre los hijos y la separación


¿Por qué en el momento de un divorcio, (propuesto mayoritariamente por las esposas), deben ser los varones los que se tienen que ir del domicilio?»


Esta pregunta refleja una cruda realidad latente: ¿Por qué se beneficia a la madre, permitiéndole continuar viviendo en su hogar, disponiendo del mismo y de sus hijos a su entera voluntad? Utilizándolos como si fueran de su “exclusiva propiedad privada” ¿Por qué se aleja al padre del hogar, al que se lo castiga insumiéndolo en un estado psíquico angustiante, obligándolo a vivir en cualquier refugio que encuentre, imponiéndosele regímenes de visitas para ver a sus hijos? ¿Se piensa en el daño psíquico que sufrirán el padre y sus hijos? ¿ Se juzga a la madre con la misma vara?¿Qué medidas arbitra la justicia para conocer si es acertada su determinación? ¿Y si no lo fuera? ¿Que ocurre con las falsas denuncias? ¿Se investigan? ¡No! ¿Quién se hace responsable? De por sí, el hecho que el padre sea obligado a abandonar su hogar, establece un claro favoritismo a favor de la madre. Demostrando una clara parcialidad, hacia una de las partes. Desde el momento que el padre se retira del hogar, sé esta colaborando hacia la rotura total de la pareja. Cuando por el contrario, la obligación moral y ética de la justicia debe ser arbitrar todos los medios a su alcance para intentar la salvación del grupo familiar. Lo que la “justicia” ignora totalmente. Este tipo de acciones contribuyó y contribuyen a la disolución de muchos matrimonios que podrían haber sido salvados. Que merecían una oportunidad. Que quizá solos no podían resolver sus problemas y necesitaban ayuda. No se puede tomar este tema a la ligera. Manejarse solamente con normas y sentencias técnicas facilistas. También debe pensarse en el “Sagrado derecho de los Niños”, a los cuales se los afecta espiritualmente y psíquicamente, al privárselos de la presencia de su padre en el hogar. Lo cual los juzgados y los jueces parecen ignorar.



- »¿Por qué debemos relegar la crianza de nuestros hijos solamente a las mujeres? ¿Por qué nos las perdemos?«



Otra gran barbaridad. Tan valedera, real y angustiante que no se tiene un sentido cabal de su significado. Cuando un elemento de un vinculo cambia, todo el sistema educacional de los niños se ve conmovido. Al quedar la crianza en manos exclusivamente de la madre, los hijos pierden el sentido de la paternidad. Pierden el respeto que impone el padre en su hogar. Quedan totalmente desprotegidos, de los consejos, las enseñanzas, la complicidad sana y la autoridad que solo un padre puede brindarles. Queda su formación mutilada en un cincuenta por ciento. Con el tiempo se observan las consecuencias. Hijos con serios problemas de conductas, con trastornos educativos y morales. Los cuales quedan marcados en su carácter de por vida. Transformados en unos semejantes devaluados.

Síntomas muy frecuentes en la sociedad actual. Altamente explosivos Que se notan especialmente en los adolescentes. Los cuales luego de protagonizados ya es tarde para arrepentirse. Tampoco en este punto priva el sentido común. Y esto implica desconocer la realidad por parte de los responsables de administrar justicia. Los hijos que gocen del derecho a la educación de ambos padres, tendrán muchas mas posibilidades que otros de alcanzar una adolescencia feliz.



- » ¿Por qué con tanta frecuencia los jueces y el sentido común suponen que los hijos, luego de la separación son “naturalmente” tenencia de las madres y no de ambos padres?«



La justicia arcaica, piensa que por su instinto maternal, solo las madres pueden cuidar bien a sus hijos. Lo cual es tan incoherente como inexacto.

Cuando se dicta el derecho de tenencia a una madre, automáticamente, se le esta dando el derecho a que considere a sus hijos como propiedad privada. Que los utilice como un elemento de presión, de venganza, de cobranza, contra su padre. Una famosa jurista expresó que: “ a las madres que consideran que sus hijos son propiedad privada, habría que enviarlas a la cárcel”.

¿ Quién asegura que no será así? ¿Quién garantiza que la conducta de la madre en ausencia del padre, es la ideal para el bienestar de sus hijos? La tenencia de los hijos debe ser de ambos padres. Y cada uno velar porque el otro mantenga una línea de conducta coherente en pos de sus hijos. Librar la tenencia exclusivamente a una de las partes, habla de una parcialidad manifiesta. Lo cual es inadmisible. Es un formato desconocido de la realidad. Implica claramente atentar contra la integridad de hijos. Es atentar contra el “interés superior de los niños como principio general de derecho, en el fundamento de una sociedad justa y solidaria”.

Estos son los valores en que la justicia debe reparar, antes de aplicar sentencias con fundamentos generalizados. Con la obligación y responsabilidad antes de dictar sentencias en firme, de implementar todos los medios intentando salvaguardar el matrimonio. Formar un hogar lleva muchos años. Destruirlo por medio de simples papeles muy poco. También es obligación de los padres, pensar que desde el momento que trajeron niños al mundo, es su deber primordial, intentar salvar su matrimonio, acompañarse, no dejarse en los malos momentos. Compartir desde el tiempo hasta él ultimo resto de bienes materiales. Buscar ayuda de un tercero si no pueden con sus problemas. Solamente pensando en sus niños. Porque las culpas y las responsabilidades en una pareja, siempre son de ambas partes por igual. No se puede privar los niños de su padre. De la felicidad que disfrutan a su lado. No hay funcionario, ley ni ser humano que tenga derecho a ello. Solo Dios, con su sabiduría infinita puede hacerlo. Debe con carácter de urgente existir una justicia acorde a la realidad. Una justicia la cual debe renovar sus conceptos. No manejar los asuntos familiares como un simple expediente mas a despachar. Darle la importancia que merece. Actualizarse al compás de los tiempos y en el plano social, especialmente en casos de familia, intentar salvar y no destruir, dándole al padre el lugar y el respeto que merece, tanto como a la madre.

Ser amante y madre a la vez...¡Me enamoré de un hombre menor!


Las mujeres lo buscan por placer y para suplir carencias afectivas. Al principio lo pasan bien, pero a la larga terminan asumiendo el agotador rol de madre-amante de su juvenil e inmadura conquista. El psicólogo Giorgio Agostini analiza este sueño femenino, más común en mujeres maduras que se sienten liberadas y con el derecho a tener un hombre a su entera disposición.




Así como para el hombre es un sueño la conquista de una pareja menor, para algunas mujeres también es una íntima y acariciada osadía.
Pero hay una diferencia a considerar. Mientras para ellos resulta una valía a su hombría y su poder seductor, para la mujer es un atrevimiento que aún es visto de mala manera por una sociedad todavía machista y represora de los instintos liberadores femeninos.

En las últimas décadas las mujeres han ganado terreno en diversos ámbitos, pero muchos sectores de la sociedad aún censuran el derecho femenino a una conquista más joven.

Para el destacado psicólogo y sociólogo Giorgio Agostini, esta diferencia de edad en la pareja no es nueva, aunque sí más vista en los últimos años por la liberación femenina y por una sociedad menos machista.

“Antes esto se daba menos, porque la sociedad era más censuradora con este tipo de relación amorosa, y por otro lado la mujer era más inhibida. Pero hoy la sociedad es menos censuradora y las mujeres están más desinhibidas, lo que influye que se vean más parejas de mujeres con hombres más jóvenes que ellas. En algunos países es casi una moda o tendencia��?, explica el profesional.

Dominio, agotamiento y celos
La mujer no sólo busca menos años en un hombre más joven, más bien quiere satisfacer necesidades de distinta índole. “Hay mujeres que quieren tener el dominio de la relación amorosa, y sobre todo buscan tener al hombre a su entera disposición. La diferencia de años y de madurez le otorga ese control��?, sostiene el doctor Agostini, especialista en terapia familiar y de pareja.

Según el destacado psicólogo otro factor que influye en esta relación de desigual en edad es la búsqueda de placer sexual, que la mujer lo obtendrá con mayor seguridad en un hombre menor que en otro de su edad. Pero la mera búsqueda sexual, en opinión del psicólogo, deja ver otras carencias más profundas, como los afectos. “Aún en mujeres casadas se da un vacío emocional y afectivo, que a veces llenan con un joven amante de turno. En mi experiencia clínica he visto también inmadurez emocional y alteración de personalidad en estas mujeres, situaciones que las llevan a buscar un hombre más joven que ellas para suplir mediante la vía erótica la sensación de vacío emocional que las afecta��?, concluye el profesional.

Por lo general la mujer entabla esta relación como una aventura pasajera, que al principio la disfruta pero que si se prolonga le traerá más desgastes y problemas que placer. “A la larga estas mujeres conquistadoras de jóvenes se aburren, porque sienten que más que un amante lo que tiene como pareja es un hombre-niño, y además inmaduro. Al principio todo anda bien, con una sexualidad satisfactoria y buenos momentos, pero con el tiempo la mujer se agota y cansa. Ocurre que al final la mujer no tiene una pareja ni un partner, si no un hombre inmaduro y subordinado que les da más dolores de cabeza que buena compañía��?, explica el psicólogo y sociólogo Giorgio Agostini.

De prolongarse por años esta relación la mujer suele sentirse insegura, porque la diferencia de edad cada vez se nota más y porque comienza a ver en mujeres de la misma edad de su pareja a potenciales rivales que amenazan su relación. Celos obsesivos y el afán por controlar cada paso de su joven pareja desgastan aún más a la mujer. “Ante ese escenario hay dos probabilidades, que el hombre joven deje a su mujer madura porque se cansó de sus celos y quiere una polola de su edad, o que sea la mujer quien se agote de tener a un hombre-niño y ya no desee más esa relación��?, dice el especialista.

El destacado psicólogo y terapeuta de parejas afirma que mientras más se extiende esta relación, mayor es el refuerzo del vínculo que debe hacer el hombre, para que en ella no cunda la inseguridad. “El tiene que reforzar el vínculo y dar explicaciones hasta por el hecho de mirar a una niña buenamoza en la calle. La mujer necesita escuchar a cada instante que sigue siendo atractiva y que otras mujeres no son una amenaza para ella��?, señala Agostini.

Si bien en algunas ocasiones se logran relaciones maduras y profundas, es más común que la mujer experimente un seudo enamoramiento, que en rigor es una sensación de pertenencia del hombre joven y no un amor verdadero.


Perfil de la amante-madre
Para Giorgio Agostini existe un perfil común en este tipo de mujeres.
• Mujeres entre 40 y 50 años. Han vivido bastante, algunas están separadas o no han logrado establecer relaciones estables. Se sienten más libres y desinhibidas.
• Dominantes y controladoras.
• Exigentes en el plano sexual, quiere un hombre que satisfaga sus expectativas eróticas, y si uno de su edad no se lo garantiza entonces no escatiman en satisfacer su vida sexual con un hombre más joven.
• Carencias afectivas importantes, que tratan llenar a través del sexo.
• Muy demandantes
• Autoritarias
• Bastante celosas

“En una perspectiva más amplia, las mujeres que entablan relaciones con hombres más jóvenes suelen pasarlo más mal que bien. Al principio es puro goce y satisfacción, pero con el tiempo el desgaste para ellas es considerable y sufren mucho para que la diferencia de edad no se haga tan notoria. Los celos, la inseguridad y el asumir el rol de madre-amante termina por agobiarlas��?, asegura el psicólogo y sociólogo.

A modo de sugerencia para mujeres que pretendan este tipo de relación, Giorgio Agostini les aconseja: “Lo primero es que sean honestas consigo mismas. Si sólo buscan una relación pasajera y placentera que la asuman así, pero que no se aferren a su joven conquista ni lo celen porque ambos sufrirán. Ahora si lo que pretenden es un vínculo profundo basado en el amor, deben asumir que con los años se notará más la diferencia de edad y que deben aprender a vivir así y no martirizarse procurando verse tan jóvenes como su hombre

Niño hiperactivo


A menudo se observa que el niño "no puede prestar atención a la maestra" o que "causa problemas en la clase". Entre las varias razones para explicar este tipo de comportamiento hay una en particular que, por ser relativamente común, debe ser conocida por los padres. Se trata del Trastorno o Desorden de Déficit de Atención (DDA).

Aunque un niño con DDA desea ser un buen estudiante, tiende a ser impulsivo e incapaz de prestar atención debida en la clase. Los maestros, padres y compañeros saben que el niño se está portando mal, o que es "diferente", pero no saben exactamente qué es lo que anda mal. Es una situación que puede afectar al 3 % de todos los niños. Es diez veces más común en niños que niñas.

Con frecuencia el DDA se acompaña de hiperactividad: los niños más pequeños tienden a correr y a trepar excesivamente; los niños mayores se notan inquietos y nerviosos. En contraste con el alto nivel de actividad que normalmente ocurre en los niños, en esta condición la hiperactividad es descuidada, muy poco organizada y carece de metas u objetivos definidos. Un niño que padece de DDA, con o sin hiperactividad, presenta varias de las siguientes características.:

Dificultad al organizar su trabajo, dando la impresión de que no ha escuchado las instrucciones.
Se distrae con facilidad.
Sus trabajos son descuidados, sucios y, por su impulsividad, comete errores.
Interrumpe la clase con frecuencia con comentarios o actuaciones inapropiadas.
Tiene dificultad en esperar su turno cuando está en actividades de grupo.
No sigue las órdenes o instrucciones que se le dan o los pedidos que se le hacen.
Se le hace dificil mantenerse jugando el mismo tiempo que sus compañeros de clase de su misma edad.
Sin el tratamiento apropiado, el niño o niña caerá progresivamente en atrasos permanentes en su trabajo escolar. Las relaciones con sus compañeros y amigos sufrirán debido a su falta de cooperación en los juegos y otras actividades sociales. Su amor propio se verá aún más afectado por el rechazo de sus amigos y las reprimendas repetidas de maestros y familiares, al no entender éstos cómo manejar su problema.

Si un niño presenta problemas de comportamiento como los descritos, los padres deben pedir a su pediatra o médico de familia que les refiera a un psiquiatra o psicólogo infantil, que es el especialista más familiarizado con el Desorden de Déficit de Atención.

En ocasiones, el uso de medicinas puede ser aconsejable, particularmente si el DDA está acompañado de hiperactividad. El psiquiatra infantil puede ayudar a padres, maestros y a las autoridades escolares a encontrar formas de enseñanza efectivas para estos niños con Desorden de Déficit de Atención.

Educacion y violencia


Es una cuestión dotada de cierta hipocresía social. A la pregunta ¿Porqué los jóvenes son violentos? Habría que contestar ¿Y porque no deberían de serlo, no lo fueron sus padres y sus abuelos? ¿No es la violencia un componente de la sociedad humana tan antiguo y necesario como la concordia, necesario en la oposición a tiranías y reivindicaciones? Una sociedad desprovista de cualquier atisbo de violencia sería una sociedad inerte. No es un fenómeno perverso, inexplicable y venido de un mundo diabólico, sino un componente de nuestra condición que debe ser compensado y mitigado racionalmente por el uso de otros impulsos no menos naturales como la cooperación, la concordia, ...

Es un error pensar que los jóvenes no cultivarían fantasías violentas si no les fueran inculcadas por televisión. Por la misma regla, se podría afirmar lo contrario, que esta sacia nuestros impulsos demoníacos. Tales planteamientos violan la primera norma de cordura: separar la fantasía de la realidad, y olvidan una lección que se remonta hasta Platón: que la diferencia entre lo malvado y lo justo es que el primero lleva a cabo las fechorías que el segundo sólo sueña y descarta.

Se dice "hay que enseñar que la violencia nunca debe ser respondida con la violencia". Esto es rotundamente falso, y nada se gana enseñando falsedades. Por el contrario, hay que explicar que la violencia siempre es respondida antes o después por la violencia como medio natural para atajarla y que es precisamente esa cadena cruel de estímulo y respuesta la que la hace temible e impulsa a tratar de evitarle en lo posible.

Bruno Bettelheim ofrece un consejo al educador en este sentido: "Si permitimos que los niños hablen francamente de sus tendencias agresivas, también llegarán a reconocer lo temible de tales tendencias. Sólo esta clase de reconocimiento puede conducir a algo mejor que, por un lado la negación y represión, y por otro, un estallido en forma de actos violentos. De esta manera la educación puede inspirar el convencimiento de que para protegerse a uno mismo, y para evitar experiencias temibles, hay que afrontar constructivamente las tendencias a la violencia, tanto las propias como las ajenas."

La violencia doméstica


Definición de la Violencia Doméstica. La violencia doméstica envuelve maltrato psicológico, emocional, físico y/o abuso sexual de un individuo a otro, los cuales son cohabitantes. El hombre abusador va a maltratar la mujer, no importa que ésta le provoque o no. El decir que la mujer es quien provoca el maltrato es un mito.

Durante la victimización, el abuso (el maltrato), manifiesta un aumento de poderr o mayormente la fuerza física es utilizada. Estadísticas sobre Violencia Doméstica. El 98% de las mujeres son maltratadas (abusadas) por el hombre; ya en un menor o mayor grado. El 10%-20% de los matrimonios presentan violencia doméstica. En el 40% de los divorcios fue denunciada crueldad física. 1 muerte/mes; una muerte por cada mes ocurre como consecuencia de la violencia doméstica en Westchester. 5 de cada 7 violadores han sido testigo de abuso sexual. 1 de cada 4 mujeres suicidas han sido testigo de abuso sexual.

Incremento o aumento gradual de la Violencia Doméstica. Insultos, empujones, cachetadas, pellizcos, humillación, quemaduras, patadas, heridas, huesos dislocados, huesos rotos, amenazas, uso de arma, muerte. La violencia como hemos visto se va agudizando cada vez en una forma escalonada hasta que muchas veces termina en la muerte de la(s) víctima(s). Síntomas e Indicios de la Violencia Doméstica: Poder, control y dependencia. Se prohíbe a la mujer trabajar, hablar y/o compartir con amistades y/o familiares, convirtiéndose el abusador en el único proovedor afectivo y financiero y por ende, creando dendencia.

ESTADISTICAS SOBRE VIOLENCIA DOMESTICA. En realidad la violencia doméstica es un crimen minimamente reportado y una amenaza de vida. 1982 - 62 % de los estudiantes de un colegio dijeron haber experimentado violencia en sus citas de pareja. 1985 - 1500 niños fueron físicamente abusados o hubo negligencia seria para con ellos como consecuencia de la violencia doméstica en sus hogares. 1986 - 1 V.D./15 segunods- 1 casa de violencia doméstica 1988 - (a) 3-4 millones de mujeres americanas son maltratadas por año.

Más de 1,500 mujeres asesinadas cada año. (c) 54% de 30 mujeres maltratadas. Estas perdieron un promedio de de 3 días de trabajo por mes debido a la violencia doméstica. 1989 - 21% de 210 mujeres quedaron sin hogar en la ciudad de Nueva York como consecuencia de la violencia doméstica. 1989 - (año fiscal- de Julio 1989- Junio 1990.

El programa de consejería a los hombres abusadores brindó servicios a 432 hombres (alternativas contra la violencia). V.S.A recibe 1462 llamadas sobre violencia doméstica, al mes, de mujeres de edades comprendidas entre 19 y 39 años. Se les provee de consejería, información y de los referimientos necesarios. EFECTOS DE LA VIOLENCIA DOMESTICA EN LOS NIÑOS. Reacciones generales de los niños ante la violencia doméstica. *Sentirse culpable por el abuso: El niño puede pensar si él/ella fuese un(a) buen(a) niño, su papá no le pelearía a su mamá. *Ansiedad constante: Aún cuando hallan períodos de calma, el niño está a la espectativa de cuándo surgirá un nuevo incidente. *Triste-melancólico: Los niños que están separados de sus padres los echan de menos, los extrañan aún cuando ellos sean abusadores.

Ellos también sienten la pena de haber perdido el estilo de vida y/o la imagen positiva de su padre que tenían antes de comenzar los problemas. *Ambivalentes-Confuss: Los niños van a sentir amor y odio a la misma vez por el abusador. Quizás podrán sentir corage o resentimiento por su madre por no protegerse a si misma y a ellos del abuso, mientras sienten que ella necesita ser portegida por ellos.

La confusión de sentimientos es muy difícil para un niño. *Miedo de abandono: Los niños que han sido removidos del lado de uno de sus padres como resultado de la violencia doméstica, sienten el miedo de perder el otro, ya sea por abandono o por muerte. El niño no va a querer separarse de su madre en ningún momento. *Miedo de daño físico a ellos mismos: Un porcentaje alto de niños testigos de violencia son abusados también. Van a sentir el temor de que el abusador los encuentre o de que en un futuro se vengue. *Necesidad excesiva de atención adulta: Los niños pequeños estarán muy necesitados, se apegarán a los adultos, buscando atención, seguridad y confianza.

Puede llegar el momento que la madre se sienta abrumada, sobrecargada atendiendo las necesidades de ella y las de los niños. *Embarazosos-Avergonzados-Verguenza: Especialmente los hijos adolescentes, adultos y varones son sensitivos al resultado del abuso por uno de los contrayentes (el esposo) pueden estar avergonzados de la notoriedad, la mala fama de la familia. *Solitarios-Aislados: .

Los niños van a estar solitarios y aislados de amigos y familiares debido al miedo y a la incomodidad que sienten de hablar sobre su vida familiar. Se van a sentir acobardados y avegonzados de invitar sus amistades a la casa. *Ausencias excesivas de la escuela: Debido a que el niño sienta miedo de dejar sola a la madre o a que la madre se resista a dejar salir al niño. *Preocupación por el futuro. La incertidumbre de su vida diaria hace que los niños sienten inseguridad y miedo por un futuro incierto. *Los niños que son testigos de violencia doméstica en su hogar experimentan tensión y/o presión interna la cual no pueden expresar libremente. Esta tensión puede ser manifestada de diferentes maneras como: - Sintomas físicos: .

Orinarse encima de la cama, insomnio, asma, úlceras pépticas, dolores de cabeza, malestares abdominales y abuso o comportamiento indebido que le causan daño. - Comiendo en exceso o no comiendo. - La anisiedad puede manifestarse: 1 - Comiendo uñas, babeándose el pelo, sintiendo miedo de separarse de la madre (miedo de ser abandonado), quedarse aletargado o paralizado por momentos. 2 - Muchos niños aprenden que la violencia (pelear, dar, agredir brutalmente) es la manera o la vía para resolver los problemas. 3 - Es muy probable que éstos niños presenten problemas de disciplina y mal comportamiento en la escuela y el hogar. EL CICLO DE LA VIOLENCIA Lanore Walker, autor de, The Battered Woman (La mujer maltratada), ha encontrado, después de hablar con un sinnúmero de hombres y mujeres sobre sus relaciones que existe un marcado ciclo de la violencia que cada pareja lo experimenta en su propia manera. Este ciclo comprende 3 fases a saber: 1ra. - Acumulación de tensión. 2da. - Explosión vilenta verbal o física. 3ra. - Arrepentimiento, calma, reconciliación.

Fase I - Acumulación de tensión. Durante esta etapa existe una tensión de la cual puede ser el resultado o la consecuencia de una constante pelea (discusión o disputa); de una actitud comportamiento de trato silencioso; o una combinación de ambos. Algunas veces ocurre una violencia menor otras veces no. Esta etapa puede ocurrir, durar días y/o años. La tensión se acumula y se acumula, hasta terminar en explosión.

Fase II- Explosión vilenta: Maltrato. De esta etapa es de la más que vemos en los periódicos y/o en los reportes policíacos. La violencia puede ser: bofetadas, empujar, patear, agredir con el puño o con un objeto, romper huesos, ojos morados, achocar, agresión con armas. La violencia se detiene porque la mujer se va, la policía es llamada, el hombre toma conciencia de lo que está haciendo o alguien tiene que ser conducido al hospital.

Fase III - Arrepentimiento, calma, reconciliación. Durante esta etapa usualmente el hombre está arrepentido por lo que ha hecho, tornándose prometedor. El le podrá comprar flores y regalos, le promete que no va a volver a ocurrir otra vez, algunas veces es exageradamente dadivoso. La mujer a menudo le da otra oportunidad porque ella quiere creer en él y en que el maltrato no va a volver a ocurrir, pero ella sabe que sí ocurrirá. Esta etapa eventualmente desaparece y se comienza el acumulamiento de tensión otra vez.

Características importantes del ciclo de la violencia. 1ra Fase - Mientras más veces se complete el ciclo, menos tiempo tardará para volver a iniciarse; es decir será más frecuente. Por ejemplo, al inicio de la relación, completar las tres etapas del ciclo, puede tomarse uno o dos años; diez años después el completar estas mismas etapas se toma un mes, quizás menos. 2da Fase - Mientras más el ciclo se completa ininterrumpidamente, pero será la violencia, es decir, más vilento será. Por ejemplo, al comienzo de la relación de la violencia consiste de empujones y bofetads, ahora diez años más tarde, ésta se ha convertido en huesos rotos y puntos de sutura. (mayormente en la cabeza). 3ra Fase - Mientras más tiempo el ciclo continúe ininterrumpidamente, la tercera etapa se tornará más corta. Por ejemplo, al comienzo de la relación el hombre demuestra estar arrepentido, apenado y promete que no volverá a ocurrir; ahora diez años más tarde, el no expresa sus resentimientos y arrepentimiento por lo ocurrido.

La fase de la tensión comienza inmediatamente después de la violencia, es decir que la etapa del arrepentimiento y de la reconciliación desaparece. Las citas para salir decrecen según aumenta la violencia, hasta desaparecer. Mirando éstas tres características, podemos ver que este ciclo no va a detenerse por sí sólo y es un ciclo difícil de romper y pueda llevar, conducir a una situación letal, morta. Quizás ahora Ud. pueda reconocer su propia versióm del cilclo. Leyendo ésta información usted habrá dado el primer paso para detener este ciclo de violencia.

EL CICLO DE VIOLENCIA 1- Poder y control- dependencia financiera. El hombre es el que maneja el dinero. 2- Por no separar los niños del tronco familiar. 3- Culparse a sí mismo de lo ocurrido. 4- Miedo al mundo exterior (a ser matada). 5- Es la única conexión emocional para la aislada mujer. 6- El único "mundo" que ella conoce es el mundo abusivo de su hogar. 7- Embarazoso para salir de la situación. 8- Ataduras emocionales y sexuales. 9- Inseguridad, pérdida de autoestima. 10- Por los niños, (ella saldría si los niños son amenazados y/o corren peligro). TIPOS DE ABUSO Físico: Empujar, golpear con el puño, tirar, lanzar objetos, huesos rotos, indirectas, agarrar, morder, patear, quemaduras con cigarrillos, rasguños, quemaduras, heridas serias en la cabeza, puede perder el conocimiento, armas, muerte. Sexual: Violación sexual, ultraje, violación premeditada, sexo egoísta, actos sexuales forzados, sodomía. Emocional.

Comportamiento silencioso, aislamiento, abuso verbal, insulto, negligencia, celos excesivos, no mantenimiento, amenazas, humillarla en presencia de familiares y amigos, pelear en presencia de amigos, rebajarla, abuso de animales domésticos (mascotas), destruyendo objetos de significación sentimental, insultarla y/o molestarla en el trabajo. Dinero: Hacer demandas financieras irrazonables, dependencia, forzar la mujer y/o los niños a la prostitución, vender propiedades de ella, negación a mantener a los niños, forzarla a dejar el trabajo.

EDUCACIÓN, ÉTICA Y RELIGIÓN


EDUCACIÓN, ÉTICA Y RELIGIÓN

Es cierto que cada uno tiene su conciencia moral, personal e intransferible, sin embargo podemos hablar de superioridad ética de ciertos valores. Pueden darse inteligibles razones a favor de la sinceridad y contra el engaño o a favor del apoyo al débil frente a su aniquilación. Comprender en cambio los motivos por los que la masturbación es un grave pecado o las transfusiones de sangre son abominables exige fe en revelaciones misteriosas en las que no todo el mundo está dispuesto a creer. Desde luego quienes hagan suyas esas convicciones deben ser respetados y tienen derecho a comportarse según su patrón de excelencia.

La ética se distingue de la religión en su objetivo (la primera quiere una vida mejor y la segunda algo mejor que la vida), y en su método (la primera se basa en razón y la experiencia y la segunda en la revelación). Además la ética es cosa de todos, mientras que la religión es cuestión de unos cuantos, por muchos que sean: las personas religiosas también tienen intereses éticos, mientras que no siempre se da lo contrario.

La ética y la religión sirven para ejemplificar ante los estudiantes la diferencia entre aquéllos principios racionales que todos podemos comprender y compartir (sin dejar de ser críticos) frente a doctrinas muy respetables pero cuyo misterio indemostrable solo unos cuantos aceptan como válido.

¿ EDUCACIÓN RELIGIOSA ?

Actualmente se considera una opción personal de los padres que el estado debe respetar, pero que no está obligado a costear. Los planes de estudio pueden incluir una asignatura del tipo "historia de las religiones", con preferente atención a la tradición greco-romana cristiana por su relevancia para comprender nuestra cultura. Pero no debe de ser prescriptiva, sino descriptiva, informativa. Y desde luego no debiera estar a cargo de un cuerpo especial de profesores vinculado al obispado, sino especialistas en filosofía historia o antropología. Solo así podrá ser evaluada académicamente como cualquier otra, pues la buena fe no admite puntuaciones terrenales. Su inclusión o no en los planes de estudio debe atender a las mismas consideraciones que otra materia docente, no a quienes usan como argumento los pactos con una Iglesia que resulta estar encabezada por un estado extranjero.

Fuente: http://www.vidaysalud.com

La familia y los ciclos de vida


La familia y los ciclos de vida

Todas las familias viven procesos de cambios de acuerdo a la etapa vital que van enfrentando, a eso se le ha denominado ciclos de vida en la familia. Ello es muy relevante en la medida que las necesidades de la familia variarán, de acuerdo a la etapa del ciclo vital en la cual se encuentra la familia. Es así como la familia con hijos pequeños requerirá de espacios de encuentro en torno al contacto corporal y el juego que son formas de diálogo, que si bien implican el uso del lenguaje, requieren del diálogo no verbal entre padres e hijos. En este primer período es tremendamente importante la expresión del amor y el desarrollo de vínculos de confianza y seguridad, basados en la satisfacción de las necesidades básicas del niño…

En la medida que los hijos se van adentrando en el mundo del lenguaje y su uso a nivel más abstracto, surgirán nuevas formas de conversar e interactuar en el lenguaje verbal de acuerdo a los intereses de cada etapa. Cuando los niños tienen entre 3 y 8 años el considerarlos interlocutores válidos, y escuchar sus fantasías, historias y preguntas, es de gran importancia para la formación de una buena imagen de sí mismo y para aprender modelos de comunicación abierta con los demás. En ese período es clave no juzgarlos, ni descalificarlos, sino permitirles que expresen sus fantasías y necesidades, procurando no forjar falsas expectativas en ellos.

Sin lugar a dudas el período de adolescencia será fundamental para el aprendizaje de formas de diálogo adulto, así como para la formación de vínculos de confianza y expresión de las opiniones y creencias, que los jóvenes van forjando, en contacto con el medio social y escolar. Este es un período por excelencia importante para la formación del joven, y el establecer una relación de confianza, para conversar los temas relacionados con la sexualidad y la vida de pareja, es fundamental para padres e hijos.

Una tarea, a veces difícil para los padres es aprender a aceptar que sus hijos piensen distinto a lo que ellos esperaban y no descalificarlos, ya que estos niños han aprendido de ellos a forjar sus propias opiniones y opciones. Y si el proceso ha sido exitoso tendrán la capacidad de decidir por sí mismos y asumir sus opciones, haciéndose responsables de sus actos.

La tarea de los padres en este proceso está en confiar y apoyarlos en los momentos de duda o necesidad de consejo sin juzgarlos, pero sin dejar de plantearles su opinión como padres acerca de las consecuencias para ellos y los demás. Lo difícil radica en la forma de hacerlo, ya que cómo suele suceder, la vehemencia y apasionamiento de los adolescentes, sumada a sus características evolutivas, tiende a enojar mucho a los padres, que terminan por ejercer su autoridad como una expresión de su molestia por el estilo arremetedor y crítico de los jóvenes en esta etapa.

Generalmente los padres que han optado por educar a sus hijos en base a la confianza y el diálogo permiten que éstos desarrollen una gran capacidad intelectual creativa y crítica, que si es respetada tomará un rumbo constructivo. Sin embargo si se los niega es probable que se transforme en un duro crítico al modelo paterno e inicie una lucha de poder con sus padres, tan típica de esta etapa y que por lo demás no es mala, pero ello implica de mucho esfuerzo y paciencia por parte de los padres.

Es importante destacar que la paciencia es la mayor de las virtudes para los adultos que deben interactuar constantemente con adolescentes en constante pelea por sus derechos y justicia, pocas veces preocupados de entender la perspectiva de los demás y especialmente de los adultos, en su rol de padres. Este último aspecto es el que marca el paso a la adultez y es una de las metas a alcanzar al final de la etapa juvenil.

Fuente: http://www.revistabuenasalud.cl/

Miedo al compromiso


Miedo al compromiso

La autonomía y la responsabilidad se van adquiriendo desde la infancia



Los miedos surgen a menudo porque no estamos acostumbrados a resolver nuestros problemas

Los jóvenes de hoy (una tercera parte de quienes tienen 30 años viven todavía en casa de sus progenitores) se lo piensan mucho antes de irse del hogar familiar. Y, todos en general, le damos mil vueltas a la cabeza antes de suscribir cualquier compromiso que suponga una atadura: hipotecarse comprando una vivienda, consolidar una relación sentimental, tener hijos, cambiar de lugar de residencia para acceder a un nuevo puesto de trabajo...

Este mundo de comodidades y seguridad en que vivimos nos ha hecho conservadores, recelosos ante el futuro y dubitativos, introspectivos y, lo que es peor, nos ha convertido en personas bastante inseguras y desconfiadas. Buena parte de esta situación se debe a la educación protectora y permisiva que los padres de las últimas generaciones han proporcionado a sus hijos. Esa sensación de bienestar a cambio de casi nada y con tan pocos límites y obligaciones, actúa como freno ante el cambio, al aumentar el nivel de prevención y exigencia ante las incertidumbres que generan los cambios estructurales. Sin duda, hay barreras objetivas ante las que apenas se puede intervenir, como la carestía de la vivienda o la escasez y baja remuneración del trabajo, que dificultan la toma de las decisiones relacionadas con la emancipación y el desarrollo personal.

Desde la responsabilidad y la libertad, hemos de aprender a valernos por nosotros mismos

Pero hace sólo tres décadas, ni se vivía tan cómodamente ni la gente había tenido tanto tiempo (antes de la vida en pareja y de tener descendencia) para construirse a sí misma, para definir sus preferencias y su propio estilo de vida. Crear una familia o irse de casa de los padres supone renuncias importantes, que pueden verse sobradamente compensadas una vez realizado el cambio pero que hacen que la gente se lo piense mucho antes de tomar la decisión.
El miedo a las obligaciones y a perder independencia

Los problemas acostumbran a surgir incluso antes de que se llegue a la convivencia de la pareja: empieza a plantearse si es "el momento adecuado", si se está "preparado para dar un paso tan importante", si "no nos estaremos precipitando". La vida en pareja entraña el riesgo al fracaso amoroso, además de un compromiso, una comunidad de objetivos, una necesidad de tolerancia, comprensión, cariño y atención permanente al otro, una mecánica de concesiones mutuas, una pérdida de libertad individual en la medida que deben alcanzarse consensos. En suma, un conjunto de cambios que si se realizan espontáneamente y sin gran cálculo nos conducirán a nuevas circunstancias que iremos sobrellevando como mejor podamos, unas veces con optimismo y otras con la resignación y madurez de quien ha modificado su vida y asume las repercusiones de sus actos. Pero, cuando ante la expectativa del cambio, nos planteamos una y mil veces si no será más lo que perdemos que lo que ganamos y puede más el temor al fracaso que la expectativa ante lo bueno que está por venir, tenemos un problema.

Pero también, conforme se va madurando, muchos tienden a ser más realistas, comprensivos y generosos con los demás. Al conocernos mejor y al estar más familiarizados con los recovecos y limitaciones del ser humano, nos mostramos más tolerantes y abiertos.
El porqué del miedo

Algunos jóvenes manifiestan miedo al compromiso con otras personas e, incluso, al compromiso con su propia autonomía. Temor a responsabilizarse, a vivir con independencia territorial y emocional respecto de sus padres. Miedo, en suma, a hacerse cargo de sí mismos, a ser responsables de sus actos, decisiones y opiniones. El miedo revela normalmente una desproporción entre la dimensión de lo que tenemos que afrontar y los recursos con que contamos para ello. Y no es suficiente con disponer de esos recursos, hemos ser conscientes de nuestra capacidad y para ello es indispensable ponerla en práctica.

Aquí está el quid de la cuestión. Los padres han protegido tanto a sus hijos, han querido allanarles tanto el camino, que no han hecho sino poner barreras a su evolución. Han olvidado que valerse por uno mismo y dotarse de la capacidad de afrontar las dudas, los problemas y las dificultades, sólo se aprende desde una autonomía de opinión y de acción, que debe irse construyendo con el transcurso de los años. Los jóvenes han de ir generando sus propios recursos, experimentando sus capacidades y comprobando que los errores son oportunidades de aprendizaje para crear respuestas más eficaces y adecuadas. Un joven que ignora sus capacidades tenderá a ser inseguro y temeroso, a manifestar dependencia de las personas que le han ayudado a resolver sus problemas. Una cosa es ayudar a los hijos y otra, bien distinta, realizar tareas y adoptar decisiones que les corresponden a ellos. El efecto de esta equivocada actitud es evidente: no se emanciparán, tardarán más en madurar y asumir las competencias que les corresponden, e incluso podrían aferrarse a esa niñez (prolongada inconscientemente por los padres) tan placentera y exenta de responsabilidades. En suma, se frenará el difícil camino hacia su autonomía como seres pensantes, libres y responsables. Además, se les puede crear un alto nivel de exigencia hacia los demás y una tendencia a la vida fácil y sin problemas, lo que propicia una escasa tolerancia al fracaso, a la disciplina y al esfuerzo.
Educar para la autonomía y la responsabilidad
La principal misión de los padres es ayudar y acompañar a los hijos a que se conviertan en personas autónomas y responsables.
Los padres son educadores, nunca amigos con los que lo fundamental es "llevarse bien".
La educación es una inversión a largo plazo en la que nunca se deja de hacer "ingresos", y que exige a los padres reflexión, disciplina, constancia, esfuerzo, y mucha paciencia.
La aplicación cotidiana de una correcta estrategia educativa puede generar enfrentamientos entre padres e hijos que hay que saber conducir.
Los padres que adoptan decisiones que corresponde tomar a sus hijos y que les resuelven todos sus problemas, generan en los jóvenes un déficit de autoestima y de capacidad para afrontar los retos de la vida.
Educar para que los hijos no muestren miedo ante las obligaciones y los compromisos es una tarea incómoda, desagradecida y difícil. Las recetas no existen, hay que atender a las peculiaridades de cada hijo.
Dejando a salvo valores innegociables (como el respeto, la solidaridad y la responsabilidad), la actitud más adecuada de los padres es la que resulta activa, próxima, abierta, vigilante y respetuosa.

Dos ejemplos de buena conducta educativa: dejar al niño de pocos meses llorar por la noche no permitiéndole dormir en la cama de sus padres, y "obligar" a los hijos a que, antes de solicitar consejo, reflexionen sobre las decisiones que más directamente les afectan.

Fuente: Eroski Consumer

Los Hijos y los Límites


Los hijos, desde temprana edad, necesitan límites, porque en la adolescencia, si no han conocido límites ni valores éticos, la omnipotencia propia de esa edad puede arruinar sus vidas y exponerlos a situaciones peligrosas.

No se trata de que los padres impongan disciplina mediante castigos, sino de enseñarles con el ejemplo, haciendo lo mismo que predican.

Los hijos tienen que saber el verdadero significado de la libertad, que no es hacer lo que quieran sino que es la posibilidad de elegir con responsabilidad.

Tienen que conocer los valores morales, tener modelos de vínculos sociales y saber que la vida tiene un sentido más profundo, más allá del parecer y el tener.

Los hijos adolescentes tienen que ser respetados como son, estimulados en sus logros y reconocidos en sus méritos y sus padres deben asumir su rol con firmeza, poner las reglas y hacerlas cumplir.

Asumir el rol no significa ser amigo del hijo, sino nada más que su padre, su guía, su protector y su apoyo; siendo su principal función fijar los límites

Educación significa transmisión de conocimientos, actitudes y valores; pero más que palabras lo que aprenden los hijos es cómo se comportan sus padres, cómo se relacionan, cómo se conectan con la realidad, con sus amigos y clientes; y si respetan su código ético; porque es de la vida que hacen los padres de donde aprenden los hijos, no de sus sermones o consejos.

Educar es enseñar a los hijos que en una sociedad no se puede hacer cualquier cosa, porque el derecho de uno termina donde comienza el de los demás; que es necesario tener sentido de las prioridades; que antes de actuar hay que reflexionar; que todos tenemos derechos y obligaciones, que la realización en la vida depende en gran parte de nuestra conducta y que la libertad es para elegir con responsabilidad lo que está de acuerdo con las propias necesidades, que todos tenemos que aprender a conocer y valorar.

Una ley inquebrantable de la vida es que cada acción tiene su consecuencia y ser responsable es hacerse cargo de ella.

Tener hijos adolescentes exige a los padres atención, ser firme pero flexible al mismo tiempo, tener sensatez y sentido común, paciencia, tolerancia y comprensión; una catarata de virtudes que sólo se pueden implementar cuando los une el amor.

Los adolescentes cuestionan todo, se vuelven indolentes, desganados, cambian sus hábitos de niños y se obstinan en oponerse a cualquier restricción; todo les molesta, no están cómodos en su cuerpo y pueden sentirse inadecuados.

Es una etapa del desarrollo en que los padres tienen que estar más atentos, recordarles los límites, el cumplimiento de las reglas del hogar y de los horarios.

Lo mejor es que salgan en grupo, que los padres sepan dónde están y que vuelvan todos juntos aunque sea tarde.

El adolescente se mimetiza con sus pares y necesita ser como ellos para luego poder diferenciarse; pero en primer lugar se identifica con sus padres y aunque en ese momento de su vida parezca que piensa diferente, finalmente será como ellos.

No obstante, las amistades de esa etapa son fundamentales, porque los adolescentes quieren probarlo todo y no tienen miedo de arriesgarse.

Buena compañía, padres firmes pero flexibles que alienten a sus hijos a desarrollar su verdadera vocación y un hogar donde haya armonía, diálogo y contención es lo que necesita un adolescente para crecer y llegar a ser un adulto sano, capaz de hacer lo mismo por sus hijos.

La enfermedad mental como estigma familiar


Los psiquiatras reafirman que el apoyo de los familiares de un enfermo mental grave es clave en el cumplimiento del tratamiento

Por solas que parezcan, las personas que sufren una enfermedad mental grave (esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo y trastorno bipolar) tienen padres y hermanos, maridos o esposas e hijos, una unidad familiar de la que dependen por completo. Si siguen el tratamiento preceptivo para la enfermedad que padecen, como tantos otros enfermos crónicos, pueden llevar una vida plena y productiva. Sin embargo, una cosa es la teoría y otra la práctica. Un estudio internacional llevado a cabo por psiquiatras revela que hay grandes barreras en el bienestar a largo plazo de los enfermos mentales graves, entre las que se incluyen el estigma, los recursos limitados, el miedo a las recaídas y sus consecuencias.
Por JORDI MONTANER

Un total de 697 psiquiatras de Australia, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Portugal, España, Reino Unido y EE.UU. pusieron en común a través de una encuesta sus opiniones sobre cómo afectan los cuidadores familiares, el estigma, la falta de adherencia al tratamiento y la recaída a las vidas de las personas con enfermedad mental. Los hallazgos ponen de relieve cómo las recaídas continuas de la enfermedad mental pueden tener consecuencias devastadoras tanto para los pacientes como para sus familias y disparan una tendencia a la hospitalización, la pérdida de empleo, la cárcel o incluso el suicidio.

Este estudio, el segundo de la serie "Keeping Care Complete" (manteniendo una atención integral), parte de las conclusiones de otro anterior llevado a cabo en el 2006 entre 1.082 cuidadores y familiares.
Más de 50 millones en todo el mundo

Las recaídas continuas de la enfermedad mental tienen consecuencias devastadoras para los pacientes y sus familias

Más de 50 millones de personas padecen enfermedad mental grave en todo el mundo, según ha dado a conocer Preston Garrison, secretario general de la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH). "Una consecuencia indirecta de la enfermedad mental grave es que puede tener un impacto negativo en la salud de los cuidadores, tanto física como mental; por eso es tan importante que los miembros de la familia consigan el apoyo que necesitan, de forma que puedan realizar un mejor cuidado de sus seres queridos".

"Keeping Care Complete" es una iniciativa que persigue comprender los desafíos de la vida real que encaran aquellos que tratan, cuidan y conviven con la enfermedad mental grave y plantear posibles soluciones. La iniciativa de la WFMH cuenta también con el apoyo de la industria farmacéutica.
Recaídas en el punto de mira

La recaída es una preocupación importante tanto para los cuidadores como para los psiquiatras, ya que los pacientes pueden sufrir varias a lo largo de sus vidas y la mayoría de veces tienden a empeorar. El 37% de los cuidadores y familiares encuestados admite que el enfermo mental grave a su cargo experimenta una media de cinco o más recaídas desde su diagnóstico, lo que las convierte en causa principal de preocupación. "Las consecuencias de la recaída son devastadoras, tanto para los pacientes como para sus cuidadores", advierte Garrison.

La mitad de los psiquiatras encuestados reconoce haber visitado por lo menos a un paciente con tentativa de suicidio como resultado de una recaída. Para los cuidadores, esta situación puede provocar incluso el deterioro de su propia salud física o mental y un notable gravamen económico, puesto que acarrea muchas veces la pérdida de un empleo o requiere alteraciones sustanciales en la organización de sus vidas.
Incumplimiento terapéutico

Según el 84% de los psiquiatras encuestados, la causa principal de recaída en personas con esquizofrenia es un mal cumplimiento del tratamiento prescrito. Casi la totalidad de los especialistas (98%) también está de acuerdo en que la falta de adherencia total o parcial frena la eficacia del tratamiento en la mayoría de los pacientes con trastorno bipolar. Además, los psiquiatras y los cuidadores están de acuerdo en que discontinuar el fármaco es un obstáculo para el éxito del tratamiento, que conduce con mucha frecuencia a la recaída.

Según Dieter Naber, del Departamento de Psiquiatría y Psicoterapia de la Universidad de Hamburgo (Alemania), "todos los pacientes son diferentes, por lo que los psiquiatras necesitan conocer a cada uno de ellos, sus actitudes hacia el tratamiento y sus condiciones sociales para ayudarles a encontrar y a permanecer en el plan de tratamiento que funcione mejor en su caso". El estudio llevado a cabo, además, demuestra cómo los pacientes y cuidadores se benefician ahora de otros apoyos distintos a los del medicamento, como los programas de cuidado a familiares, terapias de grupo, dietas, ejercicio y esquemas estables que ayudan a sentirse bien.
Estigma social

El estigma social contra las personas con enfermedad mental grave es doloroso y también puede tener consecuencias perjudiciales. El 87% de los psiquiatras y el 82% de los cuidadores han comprobado que los efectos del estigma y la discriminación hacen más difícil que las personas con enfermedad mental grave se recuperen. Un 92% de los psiquiatras sostiene, por añadidura, que las representaciones incorrectas de la enfermedad mental grave en los principales medios de comunicación pueden incrementar más la socialización del estigma, afectando negativamente al bienestar de estos enfermos y sus familias, además de dificultar su tratamiento.

Los resultados del "Keeping Care Complete" dan fe de que llevar a cabo tareas cotidianas de forma autónoma, salir del hospital, conservar un empleo estable, independizarse y tener relaciones sentimentales son algunas de las motivaciones más positivas que los pacientes pueden experimentar al ser tratados de manera satisfactoria. El 96% de los psiquiatras y el 74% de los cuidadores subrayan que, más allá de la medicación, el apoyo familiar es un factor clave para una buena estabilidad de los pacientes. Asimismo coinciden en que los programas diseñados para ayudar a estas personas en su bienestar integral son válidos igualmente para gestionar sus síntomas, por más que sean necesarios más servicios sociales de apoyo a la salud mental.

Aunque una mayoría de psiquiatras anima a los cuidadores a participar en programas de apoyo y educación, los datos extraídos apuntan que menos del 10% de los cuidadores con los que colaboran acaban participando en estos programas. Al preguntar sobre los resultados de rehabilitación, sólo un 19% de los psiquiatras está convencido de que existen suficientes recursos disponibles en su comunidad para estos pacientes.
UN SOMBRERO DE TRES PICOS

La enfermedad mental grave asoma en tres vértices que constituyen el trastorno bipolar, la esquizofrenia y el trastorno esquizoafectivo. Se trata de tres síndromes complejos que no conocen fronteras económicas, culturales ni raciales. El trastorno bipolar, conocido antiguamente como trastorno maníaco-depresivo, se caracteriza por un estado de ánimo oscilante, con síntomas de manía y de depresión. La esquizofrenia, por su parte, transcurre con episodios psicóticos agudos, incluyendo delirios (falsas creencias que no pueden corregirse con la razón), alucinaciones (normalmente en forma de voces o visiones irreales) y discapacidades a largo plazo como la disminución de las emociones, pérdida de interés, síntomas depresivos y pensamientos suicidas.

El trastorno esquizoafectivo, en cambio, se caracteriza por una combinación de síntomas de esquizofrenia y de un trastorno del estado de ánimo. En todo el mundo, se conoce que 27 millones de personas padecen trastorno bipolar y 25 millones sufren esquizofrenia. Aunque la prevalencia exacta del trastorno esquizoafectivo no está clara, se estima en torno a tres casos por cada mil personas.

Adolescencia precoz


Una investigación pionera afirma que durante los últimos años la etapa infantil se ha acortado de forma considerable

Un estudio español ha tratado de indagar por primera vez en los efectos en el tramo de edad de 6 a 14 años de los cambios acelerados que ha vivido la sociedad en los últimos años. La preadolescencia, entre la niñez y la pubertad, se avanza hasta los 11 años, momento en el que los menores empiezan a sentir y comportarse como auténticos adolescentes. Quienes más lo acusan son las niñas, aunque la diferencia con el sexo masculino no es demasiado significativa. A pesar de que el trabajo muestra un porcentaje bajo de problemas importantes, denota cierta rendición de algunos educadores, el impacto excesivo del consumismo o la persistencia de diferenciaciones por género en una sociedad que, en teoría, ha dejado atrás los estereotipos familiares.


La adolescencia llega antes. Se avanza hasta los 11 años, momento en el que los menores comienzan a tener sensaciones, por tradición, ligadas al periodo adolescente y a los adultos. Esto se traduce en las actividades que demandan a los padres y en su modo de vestir. Ésta es una de las principales conclusiones del estudio "Infancia y familias. Valores y estilo de educación", llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Valencia, que explica una gran parte del comportamiento de los niños entre 6 y 14 años.

Según Petra María Pérez, coordinadora del trabajo, el motivo que conduce a menudo a este cambio es no haber jugado ni leído lo suficiente, que provoca que los menores no sepan esperar y deseen las cosas de forma precipitada. Estas demandas se convierten en la causa de conflictos más destacada por los progenitores, en un 22,3%. Esta pérdida de la infancia se da más en niñas, aunque la diferencia no sea muy significativa. Son ellas quienes, bastante antes que los chicos, empiezan a usar ropa de adolescentes.
Diferentes modelos familiares

Para hacer hincapié en la realidad social, el estudio ha tenido en cuenta los modelos familiares más habituales en la actualidad: familias nucleares o convencionales, que representan el mayor porcentaje (81,6%); monoparentales, es decir, con un sólo progenitor (13,5%); reconstituidas, en las que al menos uno de los dos miembros tiene un hijo de una pareja anterior (5,26%); y familias con hijos adoptados, que representan un 3,45% del total.

Aunque puede ser la labor más ardua del mundo, el trabajo de los progenitores acaba por conformar los hábitos y conductas de los hijos

La descendencia de las familias reconstituidas tiene una mayor dependencia de consumo, ya que dispone de más bienes materiales, recibe más pagas y dedica más tiempo a comprar durante los fines de semana. Este grupo también se percibe como el más rebelde. Para estos padres y madres lo más importante es atorgarles apoyo efectivo y delegan en la escuela, con mayor proporción que los otros tipos familiares, la educación de los hijos. Además, son estos chicos quienes muestran menor interés por los estudios y reciben, según el estudio, una educación más permisiva y menos autoritaria.

Los hijos de familias monoparentales se muestran como los más maduros pero, a la vez, también más tristes. Son estos progenitores quienes se revelan más inseguros para saber cómo llevar la educación de los hijos. Respecto al consumo, los hijos de familias monoparentales tienen, entre otras cosas, un número inferior de teléfonos móviles del que cabría esperar.
Cuándo surgen los problemas

El grupo más problemático es el comprendido entre 12 y 14 años, frente a los menores de 9 a 11 años. Estos últimos carecen de los problemas típicos de la preadolescencia. Es en esta edad cuando se generan menos conflictos entre hermanos y se consideran más responsables. A partir de los 11-12 años, sin embargo, diversas actitudes hacen peligrar esa antigua responsabilidad preadolescente: la falta de esfuerzo en los estudios, la poca colaboración en casa, el aspecto (ropa, pendientes, escotes, etc.) y las salidas.

El origen de los problemas en esta etapa se debe, sobre todo, a los cambios psicológicos, físicos y sociales. Respecto al aspecto físico, el proceso de aceptación será clave para la futura autoestima del preadolescente, así como para su integración y relación con los demás. Se dan durante los dos primeros años, con un cambio radical y un tiempo relativo para aceptar la nueva situación.

Los cambios psicológicos están relacionados con la aceptación de la nueva imagen física. También empiezan a formularse los primeros interrogantes sobre qué se quiere ser. De algún modo, se da cabida a un nuevo pensamiento más analítico y reflexivo, útil para resolver los problemas. Por último, hay un giro en la esfera social que está muy unida a los cambios psicológicos. La necesidad de aceptación llevará a establecer un nuevo tipo de relaciones y de situaciones sociales.
Tipos de padres y madres

En última instancia, el trabajo de los progenitores acaba por conformar los hábitos y conductas de los hijos, de modo que estos cambios se sobrelleven de la mejor manera posible. Aunque puede ser la labor más ardua del mundo, disciplina y cariño son la clave para conseguir equilibrar una balanza muy frágil, como lo es hallar la proporción adecuada entre castigo y recompensa. Respecto a la relación familiar, el estudio concluye que se dan cuatro grupos: progenitores permisivos/cohibidos, autoritarios/disciplinados, democráticos/equilibrados y sobreprotectores/controladores.

En el primer caso, se evita a los hijos cualquier esfuerzo y hay miedo a imponerles normas. Se acostumbran a dar premios excesivos a actividades cotidianas que deberían resultar normales. Los autoritarios, por otro lado, no usan el diálogo para negociar con los hijos. Todo se basa en normas, órdenes y castigos excesivos. Los padres y madres democráticos establecen normas y premios razonados, apoyan la autonomía del hijo, proporcionan responsabilidades y, por último, tratan sin violencia pero con firmeza. Los sobreprotectores tienden a limitarles la exploración del mundo, bien sea por miedo a que sufran daño, bien por un exceso de cuidado.

El entorno familiar, determinante en el desarrollo de los adolescentes


Un buen rendimiento cognitivo en la adolescencia está relacionado con una mayor probabilidad de gozar de buena salud en la vida adulta

Los adolescentes que viven en un entorno que estimula la inteligencia muestran mejores habilidades verbales, matemáticas y de razonamiento. Cuanto mayor es el nivel educativo y ocupacional de los progenitores, mayor es el rendimiento de sus hijos. Además, también se relaciona el buen rendimiento con un propicio desarrollo psicológico y su falta, con problemas cardiacos en la etapa adulta.


Los progenitores juegan un papel fundamental en la creación de un entorno intelectual estimulante para sus descendientes. El desarrollo cognitivo de niños y adolescentes no depende solo del ámbito escolar. Uno de los factores más importantes es el nivel educativo y ocupacional de los padres. Así lo asegura un estudio llevado a cabo por investigadores españoles de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga con la participación de expertos del Instituto Karolinska de Estocolmo, el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y la Universidad de Zaragoza, realizado sobre 2.161 personas de entre 13 y 18 años, de las provincias de Granada, Madrid, Murcia, Santander y Zaragoza. Los voluntarios pasaron pruebas de inteligencia para evaluar sus habilidades verbales, numéricas y de razonamiento.

Por otro lado, también se analizó el nivel educativo e intelectual de sus padres. Para ello, se clasificaron en tres niveles en función de su ocupación: nivel directivo, trabajadores cualificados, en paro o que se dedicaran a tareas domésticas. Y también se tuvo en cuenta su nivel educativo (educación primaria, educación secundaria o formación profesional o universitaria).
Nivel educativo y ocupacional

Los progenitores con mayor nivel educativo y ocupacional generan un entorno intelectual estimulante en sus hijos, que rinden mejor

La principal conclusión del estudio, publicado en "Psicothema" es que la probabilidad de tener un alto rendimiento cognitivo era mayor en los jóvenes hijos de progenitores con un nivel educativo y ocupacional altos. Los investigadores destacan que los "resultados sugieren que cuando el nivel educativo de la familia, sobre todo el de la figura masculina, está en consonancia con su nivel ocupacional", los resultados son todavía mejores. Además, hay que destacar que la relación entre factores socioeconómicos -como el nivel de educación de los padres y su tipo de trabajo- y el rendimiento intelectual es más evidente en las habilidades verbales.

Por tanto, los progenitores con mayor nivel educativo y ocupacional generan un entorno cognitivo estimulante en sus hijos, que rinden mejor en habilidades verbales, numéricas y de razonamiento. Como señala Ruth Castillo, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga y autora principal del estudio, la influencia de los padres sobre la inteligencia de los hijos "se debe en parte a la herencia y en parte al ambiente. Pero resultados como este trabajo permiten corroborar la influencia que pueden tener los progenitores en el desarrollo de sus hijos. Además, la inteligencia no es un concepto estable o estático, ya que puede verse influenciada positiva o negativamente en función de las circunstancias".
Escuela pública o privada

Otro factor que se analizó fue el tipo de escuela al que asistían los adolescentes (privada o pública). Y también se mostró como un factor importante ya que, en general, quienes asistían a una escuela privada acreditaban un mejor rendimiento intelectual que los matriculados en una escuela pública. Aunque los investigadores señalan que este resultado debe ser tomado con cautela, ya que el número de jóvenes que participaron en el estudio y provenían de escuelas privadas fue mucho menor (176 adolecentes) que los que estudiaban en una escuela pública (1.985).
Informe PISA

Los resultados de este estudio están en consonancia con el Informe PISA, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que mide las competencias en lectura, matemáticas y cultura de jóvenes de 15 años de diferentes países. Según este informe, el estatus social, económico y cultural de las familias influye de una manera muy relevante en el rendimiento educativo de los adolescentes. En el Informe PISA 2009, los alumnos españoles de colegios privados obtuvieron mejores puntuaciones en comprensión lectora, competencia matemática y competencia científica que los de la escuela pública.
RENDIMIENTO INTELECTUAL Y SALUD

Un buen rendimiento intelectual durante la infancia y la adolescencia no es necesario solo para conseguir avanzar en los estudios o en la carrera profesional. Numerosas investigaciones señalan que los niños y adolescentes que muestran un mejor rendimiento cognitivo y escolar tienen una mayor probabilidad de gozar de buena salud durante la vida adulta. O, dicho de otro modo, niveles bajos en la infancia y la adolescencia pueden ser un predictor de problemas de salud en la adultez.

Esta relación se ha visto en el ámbito de la salud psicológica, ya que los adolescentes que tienen un buen rendimiento disfrutan de una buena autoestima, pilar imprescindible para el adecuado desarrollo psicológico de una persona. Y también se ha comprobado en la salud física, pues un rendimiento intelectual pobre en la infancia está asociado con problemas de corazón más tarde.

El arte de conversar


En Navidad, casi todos intentamos acercarnos un poco más a la familia

Especialmente, a esos parientes a los que apenas vemos o que más dificultades nos plantean a la hora de relacionarnos. Son unas fechas en la que, cada año, parece reeditarse la obligación de ser felices por dos semanas y de llevarse bien con todo el mundo, o al menos, de aparentarlo.

Es la familia, junto con el de las amistades, el ámbito en el que se escenifica principalmente este propósito de enmienda. Porque casi todos, sin excepciones, sabemos que en materia de relaciones humanas tenemos mucho que aprender y mejorar.

Lo que sigue son unas líneas de reflexión para comunicarnos más eficaz y satisfactoriamente y para saber escuchar a nuestro interlocutor y ponernos en su lugar. No estamos ante un tema trivial: las consultas de psicólogos y psiquiatras están llenas de personas que acuden a ellas en busca de alguien que les escuche. Según los expertos en relaciones humanas, la soledad será uno de los problemas sociales más acuciantes del próximo milenio en los países más desarrollados.
Comunicarse, un acto creativo

Nuestro modus vivendi aumenta el riesgo de quedar aislados de los demás. Por eso es tan necesario mejorar nuestra comunicación en general, reivindicar el placer de la conversación y aumentar el interés por confrontar con los demás nuestras vivencias, opiniones y sentimientos.

Partiendo desde el principio, la comunicación es un acto creativo cuyo éxito no se mide sólo por el hecho de que el otro entienda lo que decimos, sino también porque aporte su propio mensaje. La interacción humana, la comunicación, es la base en la que se forja la convivencia, y una necesidad humana tan esencial como el descanso o la comida. Es en la comunicación donde la persona se construye como el ser complejo que es y donde se produce la socialización. Es un camino, una vía desde la que nos encontramos a nosotros mismos mediante el diálogo con los otros.

Las palabras, sin duda, son fascinantes y nos conviene disponer de un amplio léxico y usarlo con precisión y con toda la libertad posible. Ahora bien, las palabras no pueden aspirar a constituir la totalidad del mensaje, "son sólo el comienzo, detrás de ellas está el cimiento sobre el cual se construyen las relaciones humanas. El cuerpo es el mensaje " (La comunicación no verbal. Flora Davis. Alianza Ed.). Los expertos hablan también de la comunicación no verbal (apariencia física, postura, gestos, contacto corporal y expresión facial, especialmente la mirada y la boca), y del paralenguaje (tono, volumen y timbre de voz, cadencia, inflexiones y silencios). Algunos especialistas aseguran que del total de la percepción de los interlocutores con los que nos comunicamos, el 55% depende de nuestro lenguaje corporal, el 38% del paralenguaje y sólo el 7% de las palabras que utilizamos. En realidad, esta aseveración no es tan radical: nuestras experiencias más iniciáticas son necesariamente no verbales. Los bebés no hablan, pero aprenden sin parar. La verbalidad, viene después. Pero no nos engañemos, la palabra es insustituible. Palabra, voz y gestos forman, pues, un conjunto indisociable en cualquier conversación y, por extensión, en las relaciones humanas. Birdwhistell sostiene "que el lenguaje corporal y el hablado dependen uno del otro. Cualquiera de ellos aisladamente no nos dará el sentido completo de lo que una persona dice". Por eso nos parece tan importante ver a quien habla con nosotros, y no nos gusta abordar ciertos temas por teléfono.
Libertad de expresión

Nuestra Constitución reconoce la libertad de expresión como derecho de los ciudadanos. Pero, ¿nos comunicamos con entera libertad? No sólo renunciamos al tacto (cada día nos tocamos menos), restringimos los gestos o controlamos la expresión de nuestra mirada ante algunos interlocutores: lo hacemos también con la información verbal. Pensamos, quizá inconscientemente, que lo que perdemos en expresividad lo ganamos en protección. El resultado de este planteamiento es lamentable, además de paradigmático de nuestra época: normalmente, hablamos mucho y decimos bien poco. Y así, sin darnos cuenta, llegamos a unos paupérrimos niveles de expresividad y a una comunicación tan elemental que cuando necesitamos elaborar y transmitir mensajes con contenidos problemáticos, densos o complejos, caemos víctimas del temor y la duda: ¿sabré decir con precisión lo que quiero?.

Este miedo no es casual. Proporcionar información sobre sentimientos, emociones, complejos o querencias lo asociamos con desnudarnos psicológicamente. Tememos abrirnos a los demás, pensamos que si se nos conoce a fondo nos convertiremos en más vulnerables. Todos somos, a nuestro modo, débiles, pero flaquezas y limitaciones forman parte indisoluble de nuestra personalidad y hemos de convivir con ellas sin ocultarlas a toda costa de la percepción ajena. No se trata de airear nuestros problemas o miedos, sino de afrontarlos con madurez, incluso hablando de ellos. Quien se expresa con libertad y sin temor al "qué dirán" o "qué pensarán" es quien mejor se conoce y se acepta como es. Y nadie transmite mejor idea de sí mismo ni es más fuerte ante posibles agresiones del exterior que quien se conoce y se acepta como es.
Conversar: una necesidad y un arte
Seamos conscientes de que nuestra forma de ser y estar en el mundo, el tipo de convivencia que creamos a nuestro alrededor, es entera responsabilidad nuestra.
Hablemos de nosotros y desde nosotros. Huyamos de los estereotipos y de las
conversaciones exclusivamente banales.
Gestionemos positivamente nuestras limitaciones y miedos. A casi todos nos gusta la gente natural y sincera. Aunque no sea perfectos ni admirables.
Compartamos opiniones, sentimientos y emociones con quienes nos rodean. No seamos tan reservados, y hagamos saber a los demás lo que pensamos, necesitamos y queremos.
Atendamos a nuestra respiración, tono y modulación de voz: nos informan de nuestras emociones y ayudan a que transmitamos bien el mensaje. Tengamos en cuenta también nuestro movimiento corporal y expresión facial.
Miremos a la cara de la persona que tenemos enfrente, tanto cuando nos toca hablar como cuando escuchamos. Utilicemos la sonrisa como señal de aceptación y acercamiento, no como disimulo o para caer bien.
Escuchemos de verdad. Hagamos sentir a la otra persona que es importante para nosotros.Quien sabe escuchar y se interesa por los sentimientos de sus interlocutores, es más querido por los demás. Y sus mensajes son escuchados con más atención y cariño.
Aceptemos opiniones diferentes a las nuestras, aunque no las compartamos. Y reflexionemos sobre ellas.
Eliminemos los obstáculos que frenan la comunicación: acusaciones, exigencias, juicios de valor, prejuicios, generalizaciones o estereotipos, negatividades y silencios tortuosos.
Sepamos del espacio vital y de los límites que cada persona quiere mantener ante nosotros, para que no se sienta invadida en terreno que entiende exclusivo.
Reivindiquemos la ternura y la afabilidad en la charla. El riesgo de resultar empalagosos no debe desanimarnos: pecamos, casi siempre, de lo contrario.

Cómo convivir con un ser querido problemático


El comportamiento de personas problemáticas resulta muy difícil de soportar y genera malestar psicológico y un gran desgaste social

Convivir con un ser querido problemático puede convertirse en una auténtica tortura para muchas personas que sucumben a sus engaños, enredos, manipulaciones y problemas. Por fortuna, esta insana relación se puede sobrellevar mejor si se cambia de actitud y se siguen determinadas pautas de conducta. Aprender a cuidarse y a relacionarse con esta persona problemática, capaz de sacar a cualquiera de sus casillas, es posible si se establecen ciertos límites.

Querido a la vez que problemático



Se dice que todas las familias tienen una "oveja negra" entre sus miembros. Puede ser un adolescente rebelde en exceso, un toxicómano, un bebedor, una persona inestable que miente, que abusa de los demás, negativa, crítica, descuidada, con conductas peligrosas o que infringe la ley, un familiar que siempre pide dinero prestado y lo malgasta, una persona manipuladora, un pariente respondón y con mal genio .... en definitiva, un ser querido problemático.

Así denominan a estos familiares o amigos la psicóloga Kate Thompson y el psicoterapeuta Bill Klatte en su libro "¡Qué difícil es quererte". ¿Cómo tratarlos? Este texto, que se debe leer con lápiz y papel, es una herramienta práctica que ayuda a reflexionar sobre la relación que se mantiene con ese familiar difícil y a adoptar el cambio de actitud y las pautas de comportamiento necesarias para ello.

Hay que establecer unos límites claros en la relación con un ser querido problemático para poder cuidar de uno mismo

El objetivo principal de esta obra es conseguir que los familiares o amigos que son víctimas de este hermano o hijo problemático aprendan a renunciar con amor a sus exigencias. Esta expresión, "renunciar con amor", no significa que haya que apartarlo de manera definitiva de nuestra existencia o que se le deje de querer, sino en establecer unos límites claros en la relación para poder cuidar de uno mismo. Tiene, además, un doble significado, según Thompson y Klatte: "se puede aceptar a las personas difíciles sin aceptar su conducta dañina; y cuidar de uno mismo es un acto amoroso que también beneficia a los demás".
Seres queridos problemáticos

Pero, ¿quiénes son los seres queridos problemáticos de cuyas acciones debemos protegernos? Cualquier persona puede ser difícil de querer en algunas situaciones. Sin embargo, sea cual sea su perfil, lo importante es saber que todos los seres queridos problemáticos comparten una serie de características que permiten considerarlos como tales. Según Kate Thompson, "son adultos que suelen repetir las mismas acciones y que se hieren a sí mismos o a otras personas. Incluso si no tienen intención de causar daño, lo causan, y hacen que la vida de las personas que les rodean sea muy estresante. Podemos decir que son turbulentos, molestos e inquietantes".

Estas personas se enojan y gritan con frecuencia, parecen muy indefensas y necesitadas, manipulan a otras personas y situaciones y culpan a los demás de sus problemas. Sus acciones son más graves que las discusiones o problemas que se puedan tener de forma ocasional con otras personas, detalla Thompson. El principal problema que tienen los allegados de estos individuos es que tropiezan muchas veces en la misma piedra y que, una vez tras otra, repiten los mismos errores.

Sin embargo, no se puede cambiar a un ser querido problemático a menos que éste desee hacerlo. Por eso, quien debe cambiar es uno mismo, es decir, los familiares o amigos "víctimas" de esta persona tan querida, con el fin de retomar el control de sus vidas. Thompson y Klatte subrayan que hay que dejar de fingir que no pasa nada con esa persona, reconocer que se tiene un problema con uno mismo y operar el cambio.
ENREDADOS, DESCONECTADOS Y CONECTADOS


Un ejercicio fundamental antes de realizar cualquier cambio es percatarse del tipo de relación que se mantiene con la persona problemática. Hay personas que se vuelcan en la vida de su ser querido problemático o, más bien, quedan atrapados en ella porque piensan que éste no se sabe cuidar por sí mismo. Sin embargo, la palabra "cuidar" significa diferentes cosas para diferentes personas. "Para nosotros, esta palabra tiene sentido en algunas situaciones", pero no es una buena acción cuidar de un adulto que es capaz de hacer lo que nosotros hacemos por ellos", aclara la experta.

Las personas que cuidan de adultos están "atrapadas o enredadas". Un ejemplo es el de un familiar que le paga el alquiler a otro; un hermano, por ejemplo, que se gasta todo nuestro dinero. "Al hacer este tipo de cosas para adultos capaces, limitamos nuestras propias vidas. Esto alimenta resentimientos y hace más fácil para nuestros seres queridos no asumir la responsabilidad de sus propias decisiones".

En el polo opuesto a las personas enredadas en la vida de su ser querido problemático están las "desconectadas" que deciden no saber nada más de su familiar o amigo difícil y perder todo contacto con ellos. La actitud más sana, en un punto intermedio, es la de estar conectados, la de mantener el contacto asumiendo que es una persona adulta, responsable de su propia vida y estableciendo ciertos límites en la relación con ella.

La capacidad de compromiso se adquiere en la infancia


La falta de compromiso por parte de uno de los miembros de una pareja puede poner en serio riesgo la relación

Cada día se separan o divorcian en España 350 parejas, según el Instituto de Política Familiar. La falta de compromiso es una de las razones que explican los problemas para mantener una relación prolongada y estable. Según un estudio, quienes en la infancia disfrutaron de una buena relación con su madre y en la adolescencia fueron capaces de resolver con eficacia los conflictos con sus amigos tienen menos dificultades para comprometerse en las relaciones.
Por JOSÉ ANDRÉS RODRÍGUEZ
3 de julio de 2011


Cada vez más personas optan por estilos de vida muy diferentes al tradicional, como vivir solos o mantener relaciones abiertas (que permiten relaciones sexuales con otras personas), entre varias opciones. Da la impresión de que el compromiso no es, precisamente, uno de los valores que cotizan al alza hoy en día. Se ha analizado mucho el porqué de la falta de implicación, ya sea en la esfera de las relaciones de pareja o en otros ámbitos de la sociedad actual.

La falta de compromiso es uno de los factores que anuncian el final de una relación

Los sociólogos explican que hoy se vive en una época de la posmodernidad caracterizada por el individualismo, la falta de verdades absolutas y la incertidumbre, ya sea en el mercado laboral o en las relaciones personales. Esta manera de obrar y vivir con independencia de los demás, destacan numerosos investigadores, dificulta que las parejas puedan durar toda la vida, ya que para muchas personas, sus propios deseos y proyectos serán más importantes que la propia relación sentimental.

Por otro lado, los psicólogos alertan del aumento del número de personas que sufren el síndrome de Peter Pan. El psicólogo estadounidense Dan Kiley bautizó como "peterpanes" a los hombres adultos que son incapaces de comprometerse porque aún se comportan como niños.
La clave: una buena relación con la madre

Pero, aparte de un contexto social que parece favorecer el individualismo, ¿hay otras causas que puedan explicar la falta de compromiso de algunas personas? Según un estudio publicado en la revista "Psychological Science", los problemas de hombres y mujeres para mantener el compromiso con sus parejas podrían tener origen en la infancia. Para este estudio, los investigadores entrevistaron a 78 personas de 20 o 21 años de edad y analizaron qué nivel de compromiso tenían en su relación actual.

También entrevistaron a sus respectivas parejas para cotejar las respuestas. Antes, los investigadores habían recabado información sobre dos aspectos importantes del pasado de las personas entrevistadas: cómo había sido la relación con sus madres en la infancia y cómo manejaban las discusiones en los años adolescentes. Las personas que disfrutaron de una relación cariñosa y responsable por parte de su madre y que fueron capaces de resolver con eficacia los conflictos con sus amigos en la adolescencia estaban más comprometidas en sus relaciones sentimentales.
Mismo nivel de implicación, unión más estable

Otro de los interesantes resultados que arrojó el estudio fue que un factor fundamental para que una pareja dure es que tenga un nivel de compromiso similar, ya sea este nivel bajo o alto. Para analizarlo, cada pareja tuvo que debatir sobre un tema que fuera importante para ella y sobre el que no había logrado un acuerdo. Los investigadores grabaron la discusión. Las uniones en las que ambos tenían un bajo nivel de compromiso tenían más posibilidades de éxito que otras en las que uno quiere poca implicación en la relación y el otro mucha.

Los expertos concluyen que la ausencia de compromiso por parte de uno de los miembros puede poner en serio riesgo la relación. Según el psicólogo estadounidense George Levinger, el defecto de compromiso es uno de los cuatro factores que anuncian el final de una relación. Los otros tres son: creer que una nueva vida es la mejor solución para los problemas sentimentales, tener parejas alternativas y la expectativa de que la relación fracase.
EL APEGO ENTRE MADRE E HIJO

Una mala relación entre madre e hijo durante la primera infancia provoca, con mucha probabilidad, que el futuro adulto tenga serios problemas en sus relaciones personales. Una interesante demostración de la importancia del apego fue el experimento que realizó el psicólogo Harry Harlow. Separó a un grupo de crías de monos Rhesus de sus madres. Debido a la ausencia de estas, las crías se abrazaban a unas almohadillas que había en el suelo de las jaulas.

Harlow tuvo entonces la intuición de que la relación madre-hijo tiene una función primordial para la supervivencia psicológica de las crías. Así que formó cuatro grupos de crías. Los monos de un grupo estarían en contacto con una madre de madera vestida con ropas suaves y que proveía de leche. Otros estarían con una madre parecida, pero sin aporte de leche. Un tercer grupo estaría con una madre realizada con alambre y que daba leche. Y, por último, otras crías estarían con una similar, que además no proporcionaba leche. El resultado fue que los monos preferían el contacto con la madre de ropas suaves que no daba leche. Optaban por pasar hambre antes que renunciar al contacto.

Como señaló Harlow, "cuando la madre cubierta de ropas suaves estaba presente, los bebés corrían rápidamente hacia ella, se cogían a su cuerpo, se frotaban contra las ropas, se apretaban contra ella... Pero cuando estas madres estaban ausentes, los bebés corrían de un lado a otro, se agarraban a sus caderas y cuerpos, y gritaban de aflicción". Ya adultos, fueron incapaces de realizar con éxito el acto sexual. Según el especialista, tenían problemas en sus relaciones personales por culpa de una mala relación materno-filial en la infancia.

Poner límites a niños y adolescentes


El abandono de tácticas excesivamente autoritarias no debe desembocar en una permisividad contraproducente para padres e hijos

Una de las grandes dudas de padres y madres en la educación y socialización de sus hijos e hijas es referente a los límites que deben imponerles en sus actitudes y comportamientos. ¿Cuándo hay que recriminar, advertir o castigar a un niño? ¿En qué momento el ejercicio de la autoridad pasa de lo necesario a lo abusivo? ¿Cómo podemos guiar a nuestros hijos sin generar tensiones innecesarias? Las preguntas se amontonan y no siempre se encuentran respuestas. Un primer paso para afrontar estas dificultades consiste en tomar conciencia de que no es beneficioso, para pequeños ni para adultos, proteger y excusar por sistema la actitud de los hijos e hijas.

Las consecuencias de la permisividad total y la sobreprotección pueden ser muy negativas. He aquí dos ejemplos reales y cada vez más habituales. En el primer caso, un niño de unos ocho años se acerca a una mochila en un centro comercial y le arranca un elemento decorativo. El dependiente le llama la atención y le pide que se lo devuelva. El niño acude a su padre diciendo que el empleado le ha maltratado. Acto seguido, el padre se encara con el dependiente y le desautoriza de malos modos, en público y delante de su hijo. ¿Qué aprende este niño? Que su padre le defenderá aunque se comporte mal. Es decir, que portarse mal no está mal.

En el segundo, un padre es juzgado por abofetear a un profesor. La razón: el docente había amonestado a su hija porque no quería entrar en clase tras el recreo. El padre no acude al juicio. El profesor no pide sanción: sólo quería que el progenitor le pidiera disculpas delante de su hija, para que ésta supiera la diferencia entre un comportamiento correcto y otro incorrecto. Pero no hay disculpas y el profesor ha cambiado de colegio. La niña sigue en el centro.
Del autoritarismo a la libertad

Estos son sólo dos muestras de un fenómeno social creciente y preocupante que no tiene una sola explicación. Muchos investigadores aseguran que la experiencia familiar de los actuales progenitores ha influido de forma notable. Hace veinte años, adultos formados con una educación familiar estricta se estrenaron en la tarea de ser padre o madre, convencidos de que había que superar el autoritarismo que habían sufrido. Eso empujó a muchos de ellos a dejar hacer, a no llevar la contraria al hijo o hija para que no sufriera traumas psicológicos, a no usar los castigos como método de aprendizaje, a satisfacer caprichos, a proteger a los hijos e incluso desprestigiar en algunos casos a otros educadores, principalmente maestros.
La tolerancia a la frustración y el autocontrol

En la educación de un hijo no se pueden evadir las normas ni la jerarquía. Un niño aprende que cuando su madre o su padre dicen que no, esa decisión es inamovible. La frustración que le generará es inevitable, pero debe aprender a tolerarla y convivir con ella porque las normas son precisamente las que le dan seguridad y le enseñan a confiar en un criterio sólido.

Ante una pataleta o un enfado, se le puede ignorar hasta que recobre la calma, pero no celebrar que se ha tranquilizado ni negar el conflicto. Tras perder el autocontrol y recuperar la tranquilidad, el niño aguarda expectante. La indiferencia le dolerá más que un castigo ponderado, por lo que conviene hacerle ver lo estéril de su comportamiento con un ejercicio de la autoridad que le permita aprender algo de la experiencia.
Poner límites a las conductas, no a los sentimientos

Los niños necesitan ser guiados por los adultos y para ello es fundamental establecer reglas con las que fortalecer conductas y lograr su crecimiento personal. Los límites se deben orientar al comportamiento del niño, no a la expresión de sus sentimientos. Se le puede exigir que no haga algo, pero no se le puede pedir, por ejemplo, que no sienta rabia o que no llore. Los márgenes deben fijarse sin humillar al niño para que no se sienta herido en su autoestima. Por eso, no se debe descalificar ("eres un tonto", "eres malo"...), sino marcar el problema ("eso que haces o eso que dices está mal"). Conviene dar razones, pero no excederse en la explicación. Los sermones no sirven de mucho. Los niños responden a los hechos, no a las palabras. Un gesto de firmeza y serenidad, acompañado de pocas palabras será más efectivo que un discurso.
¿Por qué nos cuesta poner límites a nuestros hijos e hijas?
Porque no nos sentimos suficientemente fuertes para enfrentarnos a nuestros hijos.
Porque demasiado a menudo somos complacientes con nuestros hijos e hijas para compensar el poco tiempo que les podemos dedicar.
Porque cuando nuestra autoestima no pasa por su mejor momento queremos ser aceptados por nuestros hijos.
Porque los adultos, el padre y la madre, nos desautorizan mutuamente y seguimos líneas de actuación claramente contradictorias.
Pautas para padres y madres
Deben dedicar tiempo a los hijos. Muchas conductas de los hijos no se controlan simplemente porque su padre y su madre no están disponibles para atenderles.
El niño tiene que aprender que rebasar los límites puede traer consecuencias negativas para él. En cualquier caso, esas consecuencias deben ser proporcionadas y, a poder ser, inmediatas para que el niño lo entienda perfectamente.
En lo posible, las reglas y los castigos deben ser pactados entre los padres y los hijos.
La disciplina sólo la pueden ejercer adecuadamente los progenitores que sean capaces de combinar el cariño y el control.
Conviene recordar que lo que más influye en nuestros hijos no es lo que les decimos o lo que les hacemos, sino cómo "somos". Por eso, la educación representa no sólo revisar nuestras conductas con ellos, sino nuestra forma de ser como personas.
Se precisa un buen clima familiar.
Es normal que los niños prueben tanteando a sus padres para comprobar hasta dónde pueden llegar. Es en ese momento cuando más firmes deben mostrarse los padres. Si ceden, luego será muy difícil dar marcha atrás.
Todo ello incluye la necesidad de que los padres sean razonablemente flexibles, según las circunstancias y la edad.
Los efectos de no poner límites moldean a un niño que nunca tiene suficiente, que exige cada vez más y que tolera cada vez peor las negativas, un niño que crece con una escasa o nula tolerancia a la frustración.