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El Amor al Trabajo


El trabajo satisface la necesidad del hombre de realizarse personalmente y de participar en la sociedad en que vive. El hombre no Es lo que hace pero si debe hacer lo que Es.

Recién cuando una persona ha resuelto el problema de autoridad que tenía con sus padres y no necesita trasladar ese conflicto a todas las figuras de autoridad que deba respetar en su trabajo, está en condiciones de aportar lo máximo de si mismo en su ámbito laboral.

No bastan los conocimientos y las habilidades si las personas continúan resistiéndose a las jerarquías, permanecen con una actitud irreverente y no están dispuestas a reconocerlas ni renuncian a viejos resentimientos y rencores del pasado.

La energía individual se malgasta en la inconsciente e inacabada lucha contra los padres, simbolizados en todos los que ejercen funciones jerárquicas, sin poder discriminar la necesidad de las diferentes responsabilidades que les corresponden.

Empezar a trabajar desde abajo en una empresa de una sociedad compleja competitiva, es ineludible aunque se cuente con títulos universitarios; porque es la mejor forma de conocer todos los niveles y estar en condiciones en el futuro de asumir eventualmente con eficacia, puestos de liderazgo.

Lo más importante en un trabajo es hacer lo que a uno le gusta, según muestran las encuestas realizadas sobre las motivaciones que prevalecen a la hora de conseguir un empleo; porque esta condición es garantía de estabilidad y brinda mayores posibilidades de progreso.

A su vez, las empresas que desean prosperar, cuidan sus recursos humanos, porque saben que es uno de los pilares del éxito.

En los Estados Unidos se reparten por día infinidad de folletos publicitarios y se hace todo tipo de envío por correo; y para realizar esta tarea existen varias empresas.

Su personal utiliza vehículos eléctricos para la distribución de la correspondencia, colaborando con el mantenimiento del medio ambiente.

Una de esas empresas de correo privado, contrató recientemente a un conocido y hábil adiestrador de animales para enseñarles a los empleados encargados de repartir correspondencia, a protegerse de los continuos ataques de los perros de sus clientes.

Los empleados recibieron con beneplácito la idea ya que les permitía aprender técnicas eficaces para tratar a estos animales y eventualmente defenderse de ellos en la forma adecuada, si fuera necesario, para evitar resultar lesionados.

Estos empleados se sentían plenamente identificados con la empresa, como si fuera de ellos y ninguno se quejaba de su trabajo; a pesar de haber tenido muchos inconvenientes con los perros en sus recorridas y de ser una tarea supuestamente monótona y rutinaria.

Decían que disfrutaban del aire libre todos los días, tenían la posibilidad de hacer ejercicio, y la oportunidad de conocer gente y de relacionarse con sus clientes habituales.

Sin embargo, el trabajo, que debería ser fuente de satisfacción y realización personal, se puede transformar en un motivo de permanente conflicto, cuando obliga a los trabajadores a defender luchas sindicales, promovidas por dirigentes que se disputan el poder, obligándolos a vivir en un perpetuo reclamo, que se convierte en fuente de estrés, estancamiento, pérdidas económicas y agudo malestar.

La función de los dirigentes de las organizaciones sindicales debería ser negociar pacíficamente los intereses de los trabajadores con los responsables de las empresas, tratando de conciliar posiciones para llegar a un acuerdo; y no ocuparse de su posición como sindicalistas.

Por otra parte, trasladar el conflicto a otros ámbitos para intentar hacerse escuchar utilizando la extorsión, no es una actitud negociadora ni conciliadora sino que representa una fuente de antagonismos irreconciliables. Porque negociar significa estar dispuesto en parte a ceder.

Es un enfrentamiento que convierte en cómplices involuntarios a los atribulados ciudadanos que son los que sufren las consecuencias de esos conflictos.

Del mismo modo, solidarizarse con los problemas que atañen a supuestas víctimas de despidos, suspensiones o descuentos en sus haberes por faltar al trabajo, sin conocer a fondo el tema, agrava las cosas y obstaculiza las actividades de las demás personas, sin reportar ninguna solución.

Cada grupo humano que comparte actividades, debe asumir su propia responsabilidad, porque el derecho propio termina cuando comienza el de los demás y es inmoral conseguir beneficios a costa de otros.

La Madre y el Amor Filial


Ser madre es un privilegio que la mayoría de las mujeres desean tener, pero también existen quienes por alguna razón, no tienen la suficiente vocación para tener y cuidar a su bebé.

Lo mejor para el buen desarrollo de un hijo es haber sido deseado, tanto por su madre como por su padre; que no represente un obstáculo para la libertad de ambos, ni para la realización de supuestas asignaturas pendientes, ni para el balance de la economía familiar, sino que su inserción en el hogar sea considerada una bendición.

Sobre esa base se aseguran los padres, un niño con una base psicológica sana, libre de la pesada carga afectiva que produce el trauma del rechazo.

La vida moderna nos ofrece la ventaja de poder realizar una planificación familiar mediante la utilización de métodos anticonceptivos al alcance de todos y adecuados a cada necesidad; de manera que los embarazos no deseados se pueden evitar.

La mayoría desea tener hijos principalmente sanos y se preocupan por investigar cualquier anomalía física tanto congénita como heredada, dejando de lado el aspecto psicológico del desarrollo que exige amor incondicional, aceptación y respeto por una nueva vida.

Tanto un padre como una madre aman a sus hijos y desean lo mejor para ellos, sin embargo el amor de madre trasciende cualquier otro sentimiento conocido.

La madre lleva dentro de si misma a su hijo desde la concepción y lo considera parte de ella misma.

El reino animal nos muestra que ninguna cría se siente tan íntimamente unida a su madre adoptiva como con su madre natural, ni confía tanto en ella; y que ninguna madre que adopta una cría tiene el mismo espíritu de sacrificio que es propio de la madre verdadera.

Una madre vigila a su hijo confiada pero tiene un instinto que no se aparta de su hijo, de manera que puede presentir el peligro para acudir en su ayuda.

Esto ocurre tanto de día como de noche, porque tal vez no logren despertarla rayos y truenos, pero sí puede desvelarla un leve gemido de su hijo.

La antigua costumbre de mantener a los niños en la nursery de recién nacidos, alejados de sus madres, tuvo que ser modificada, porque afectaba seriamente la relación madre hijo.

El niño necesita del contacto corporal y la ausencia de este estímulo disminuye la posibilidad de un buen desarrollo emocional de la unión de la madre con su hijo.

Esta condición puede producir dificultades en la conducta social del niño, pérdida de la capacidad para establecer buenas relaciones familiares y sociales, conflictos generacionales y conductas violentas en el futuro.

Los niños desde que nacen son sometidos a violencia en las clínicas de maternidad. Comenzando por el acto de nacer que según Otto Rank, produce en el niño la angustia de nacimiento, tal como lo describe detalladamente en su libro “El Trauma del Nacimiento”; o sea, el tránsito doloroso desde la inigualable comodidad del vientre materno, al malestar que representa ser expulsado al mundo y de paso recibir una palmada en el trasero para comenzar a respirar por sus propios medios.

Estudios realizados en la Universidad de Cleveland, Ohio demostraron que las madres que habían tenido contacto estrechos con sus hijos al nacer y que no se separaban de ellos, resultaban ser más cariñosas y amantes de sus hijos, se sentían más felices y los podían disfrutar más que las que no habían tenido la oportunidad de establecer ese vínculo temprano.

El hecho es que solamente un deseo profundo de ser padres voluntariamente y un contacto personal directo con el hijo en los primeros tiempos de su desarrollo brindan las condiciones básicas para crear el vínculo de unión que necesita el niño para su desarrollo.

El Amor Compartido


No es común que la gente acepte compartir su amor con otro, pero hay algunos que lo hacen y entonces, para poder vivir esa situación sin sufrir, en una sociedad donde no existen esas reglas, se engañan a si mismos y pueden seguir viviendo como si nada.

Nora ya cumplió las bodas de plata y su marido, José, la engaña con otra desde hace veinte años y hasta tuvo con ella un hijo que ahora tiene ocho años.

Nora vive con su marido y con su madre y tienen dos hijas que ya están casadas.

José tiene un restaurante, hace muchos años, y está muchas horas fuera de casa. Curiosamente quiere mucho a su suegra, casi como una madre, y ella también lo estima y lo consciente como a un hijo.

La suegra que es viuda desde muy joven y que tuvo una sola hija, fue la que cuidó a sus dos nietas mientras eran chicas, porque Nora tuvo negocio muchos años. Pero durante una de esas crisis económicas que a duras penas todos tuvimos que vivir, pudo venderlo y retirarse.

Desde que Nora está en casa todo el día, su madre acapara toda la actividad hogareña, además de acompañar al matrimonio a todos lados, porque no se quiere quedar sola.

Sin embargo, su hija manifiesta que a ella esto no le interesa, acepta esta situación con el mismo estoicismo que acepta la doble vida de su marido.

Se podría decir que su marido tiene dos esposas, su mujer y su suegra, y que está muy conforme con ellas, porque lo atienden muy bien, le tienen la casa al día, le cocinan y cuando está en casa, es el dueño del control remoto.

Su suegra le ha arrebatado el rol a su mujer, con el derecho de haberlo desempeñado muchos años, cuando la necesitaron para que cuidara a las niñas, y ahora a la dueña de casa le va a ser imposible recuperarlo sin herir a su madre.

Nora es una mujer de carácter fuerte por sus convicciones firmes y su poder de decisión, pero es discreta, callada, de muy bajo perfil e incapaz de imponerse por la fuerza; y más bien recurre a su astucia para conseguir algo.

Se podría decir que su casa generalmente es un hogar tranquilo, donde no hay peleas ni gritos, pero eso no quiere decir que no haya conflictos y que en algún momento la situación no se desborde y estalle.

Aunque Nora conoce la relación extramatrimonial de su marido, para ella esa mujer y ese hijo simplemente no existen, porque lo que hace su marido fuera de casa a ella no le importa.

José tiene así dos hogares y una doble vida que ha mantenido muchos años con la anuencia de su mujer y de la otra que por supuesto sabe que es casado.

En países de Centroamérica es bastante común que los hombres que tienen una posición acomodada tengan una concubina y que además tenga hijos con ella. Pero en Argentina, hasta donde yo se, no es tan frecuente, aunque sin duda existen casos como este.

En algunos países orientales la bigamia está institucionalizada, siempre que el varón pueda mantener a ambas familias, e incluso existen lugares donde se practica la poligamia, o sea, la posibilidad de que un hombre pueda tener varias mujeres que vivan en la misma casa.

En cuanto a Nora, creo que aunque no lo parezca, le debe ser muy difícil aceptar estas circunstancias porque ama a su marido. Pero esa es su forma de encarar las cosas, lo que no le gusta simplemente no existe.

Y entonces, vemos que hay gente que puede compartir el amor en todo sentido, con su madre y con su marido.

Esto no está mal ni bien, es una forma de vivir válida para esas personas, que saben lo que quieren y deciden seguir adelante en ese grupo familiar, a pesar de todo.

Amores Equivocados


La mayoría de las mujeres comienzan su vida afectiva enamorándose del amor y no de alguien concreto; por eso, cuando tienen la oportunidad de entablar una relación de pareja no pueden ver a esa persona como realmente es y sólo se empeñan en ver lo que desean ver.

Idealizan y se vuelven ciegas a cualquier aspecto negativo que tengan, que más adelante puede significar para ellas un tormento.

Una mujer que se enamora ciegamente, sin evaluar racionalmente los atributos de una potencial pareja, significa entregarse sin condiciones a un desconocido sin tener en cuenta las consecuencias.

Esa actitud demuestra una muy baja autoestima, condición que el hombre puede detectar sin dificultad y aprovecharse de esa circunstancia para su beneficio, dándole a esa persona el mismo valor que ella se adjudica.

La mujer que sabe mirar puede captar casi sin equivocarse cómo es un hombre cuando sale con él por primera vez. Su modo de hablar, su tono de voz, sus actitudes, sus gustos, su trato con ella y con los demás, su vestimenta, su aseo personal, su domicilio y su trabajo, son indicios que le permiten ir descubriendo la persona que es, su personalidad y también su carácter.

Muchas mujeres aceptan a hombres que no tienen trabajo ya desde el vamos. No se pueden dejar de lado las estadísticas a la hora de confiar o no en un hombre. Si no ha trabajado nunca ni tampoco estudia, es una señal evidente de que se trata de alguien que no tiene ninguna intención de hacerlo, por lo menos en fecha próxima.

Si además de no tener trabajo ni estudiar, vive con la madre el panorama se vuelve aún más crítico, porque es altamente probable que se sienta cómodo y no tenga ningún interés inmediato de entablar una relación estable.

Si una mujer elige relacionarse con un hombre así, también estará eligiendo sufrir.

Estos hombres, si llegan a formar pareja, esperarán que su mujer haga lo mismo que hacía su madre, posiblemente que trabaje para mantenerlo y además que lo atienda.

Todos sabemos que los hábitos adquiridos y arraigados desde niños son los más difíciles de cambiar, de modo que no se necesita ser adivino para conocer el futuro de esas parejas.

Al hombre que le gusta la bebida es probable que haya empezado a tomar alcohol desde muy joven. La adicción al alcohol puede heredarse, y es causa de muchos divorcios y separaciones, de manera que si se detecta el hábito ya de entrada lo último que hay que pensar es que el amor de una mujer lo puede curar.

Lo mismo pasa con cualquier otra adicción, como las drogas o el juego.

Para liberarse de las adicciones es necesario tener la intención personal de hacerlo y estar dispuesto a recibir ayuda terapéutica y tratamiento específico sólo para dejar el hábito y recuperarse, porque las adicciones no se curan.

Hoy en día, los métodos de control de la natalidad y de prevención de enfermedades venéreas permiten a la mujer tener la misma libertad sexual que el hombre.

Sin embargo, aunque la ciencia haya avanzado en ese sentido, no ha sido lo mismo con la mentalidad masculina que tiende a clasificar a las mujeres según lo fácil o difícil que le resulte.

En este sentido el hombre sigue siendo un troglodita y con las mujeres tiene las mismas expectativas que cuando compra un auto, preferirá siempre un cero kilómetro o alguno en buen estado con un único dueño o que no haya pasado por tantas manos para aceptar quedarse con él.

Por eso es saludable y conveniente para una mujer, si tiene intenciones de formar una relación estable, dar una buena impresión y no irse de boca en la primera cita.

El Arte de Amar


No importa la madurez alcanzada por una persona; amar no es fácil para nadie.

Eric Fromm, nos dice en su pequeño y gran libro “El Arte de Amar”, que cualquier intención de amar está destinada a fracasar, si antes no se ha desarrollado la personalidad total, porque se necesita, haber logrado la capacidad de amar al prójimo, ser humilde, valiente, disciplinado, y tener fe en si mismo.

En esta época son pocos los que desarrollan estas cualidades y también son cada vez menos los que son capaces de amar a alguien en particular.

Fromm sostiene que el amor es conocimiento y también esfuerzo, que no se trata sólo de una agradable sensación que nos hace sentir flotando en una nube, ni una cuestión de suerte, sino que es algo mucho más difícil; sin embargo la mayoría cree en el azar, en que un día encontrará a alguien ideal que satisfará todos sus deseos y que ambos podrán caminar juntos por la vida tomados de la mano.

El amor es una fuerza arrolladora que tiene mucha importancia y la mayoría sueña con vivir un gran amor algún día. Mientras tanto van dejando atrás fracaso tras fracaso y se conforman con ver a los enamorados en las películas o con escuchar canciones de amor, sin darse cuenta que el amor es también un arte que hay que aprender.

Todos desean ser amados y no creen en su propia capacidad de amar. Buscan la forma de atraer al otro con los medios que creen apropiados. Los hombres con el poder, el éxito o la riqueza y las mujeres con su belleza.

Fromm está convencido que actualmente el amor es un producto más de consumo, que tiene que tener determinadas características impuestas por la moda, como un objeto que está a la venta, y con la intención de ambos en última instancia, de hacer un buen negocio.

Hay una gran diferencia entre enamorarse y permanecer enamorado; porque si la relación se inicia con la atracción sexual y se consuma el acto; suele resultar un vínculo poco duradero.

Porque la intimidad comienza a correr el velo de lo todo lo que se ignora de la otra persona y comienzan a aparecer las diferencias irreconciliables, los antagonismos, las desilusiones y finalmente el aburrimiento mutuo o unilateral que termina con la relación.

Fromm compara al amor con cualquier otro arte como la pintura o la música, que hay que aprenderlos y conocerlos para dominarlos.

La gente está dispuesta a aprender cualquier arte para obtener beneficios materiales, pero no tanto para aprender el arte de amar que sólo puede beneficiar al alma.

El hombre aislado siente la necesidad imperiosa y básica de todo ser humano de superar la separatividad y trascenderse a si mismo para lograr la unión.

Si esto no puede ser logrado se buscan otros sustitutos como el alcohol, las drogas o el sexo, por ejemplo, que luego de sus efectos dejan culpa y remordimiento, ahondando aún más la soledad y provocando el anhelo de huir de la ansiedad en forma cada vez más frecuente con ese escape.

El sexo sin amor es un placer inmediato que no puede atravesar el abismo que existe entre dos personas que no se conocen, porque en realidad no son personas sino objetos que se utilizan como medios para un fin, y no como fines en si mismos.

El amor tampoco se trata de una relación conformista y rutinaria, como cuando dos personas están juntas ignorándose mutuamente, como islas, o dominando una a la otra, o estableciendo vínculos simbióticos.

Fromm afirma que el dominio del arte de amar es cuando se logra una relación que signifique una unión interpersonal, preservando cada uno su propia identidad, siendo dos personas que se convierten en una pero que siguen al mismo tiempo siendo dos.

Más que recibir, amar es dar lo mejor de uno mismo, no en un arranque ni en un arrebato, sino como modo de vida.

La capacidad de dar amor depende del desarrollo de la personalidad , cuando se ha superado la dependencia, la omnipotencia, el deseo de acumular y cuando se ha adquirido la valentía suficiente como para tener fe en si mismo.

Fuente: “El Arte de Amar”, Erich Fromm, Editorial Paidós, Argentina, 1984.

No sé si te quiero o no te quiero


Qué difícil resulta entender nuestros sentimientos, principalmente porque son ambivalentes.

La vida cambia a cada instante y todo a nuestro alrededor crece y se renueva; y nuestros sentimientos también cambian.

Cuando se inicia una relación de pareja, todo parece andar sobre rieles, no se perciben fallas de carácter ni defectos y cualquier error o falta no se tiene en cuenta. Sólo se tiene la necesidad del otro, se anhela su proximidad, mirarlo a los ojos y permanecer tomados de la mano mucho tiempo, sintiendo que todo está bien en nuestro mundo.

Es una sensación única que proporciona el estado de enamoramiento inicial, pero que alguna vez se comienza a atenuar para dejar paso a los verdaderos sentimientos.

En ese estado de ensoñación que no deja lugar para otra cosa, la realidad cambia, las cosas parecen diferentes, nos sentimos felices de estar vivos y somos capaces de ser mejores que antes.

Es un estado de conciencia transitorio, que al mismo tiempo nos puede hacer sentir ansiosos, preocupados y temerosos, modifica la percepción y le da un nuevo sentido a la existencia.

Sin embargo, después de un tiempo, la vida nos enfrenta a otros placeres y otros intereses que nos atrapan, ni bien las aguas de la pasión se aquietan y la rutina de lo cotidiano va borrando esa cosa maravillosa que sentíamos. Es entonces cuando nos vamos llenando de interrogantes.

El amor necesita tiempo para estabilizarse y convertirse en algo duradero. Deberá compartir otros intereses que el desarrollo normal de la vida exige, como los proyectos, las vocaciones, las profesiones y el trabajo.

Podemos volvernos más callados, sentirnos más cansados y con menos ánimo para enfrentar el encuentro amoroso. Pero eso no es falta de amor, es parte de la vida, continuar creciendo y buscándose a si mismo.

No es que hayamos cambiado, sino que volvemos a estar como antes de enamorarnos, más normales.

Es necesario darse cuenta que sentir que hay alguien en el mundo que nos ama tal como somos, es lo mejor que nos puede pasar, y que es la mejor garantía de una relación duradera.

El hecho de saber que tenemos en quien confiar, que es estable, que nos da seguridad, sin grandes conflictos. dudas o confusión que nos haga sentirnos al borde del abismo, es algo que hay que aprender a valorarlo.

Hay muchos que no lo hacen y pueden comenzar a aburrirse, a inquietarse, a tornarse intolerantes y desconformes, y a hacerse más sensibles a los defectos del otro; y todo eso que en un principio le atraía, ahora se les torna insoportable.

¿Lo amo o no lo amo?, es la pregunta que no abandona tanto al hombre como a la mujer, cuando han recuperado la cordura y el estado normal después del enamoramiento inicial, como si se estuvieran perdiendo algo.

El amor de pareja es de una persona total a otra, con virtudes y defectos que no son fáciles de aceptar cuando no somos capaces de amar.

Relacionarse es interesarse por el otro, entregarse y dejar de pensar nada más que en uno mismo.

La relación es un espejo donde nos podemos mirar mejor a nosotros mismos. Nos enseña cómo es el otro, cómo ve el mundo, cuáles son sus valores y cómo enfrenta los desafíos.

Lo más atractivo de una persona a largo plazo es su fortaleza de carácter y su seguridad en si misma.

Relacionarse es sentirse bien cuando la pareja también está bien, cuando los dos pueden crecer, se pueden complacer con los logros del otro, sin pretender competir y respetándose mutuamente.

Cuando desconfiamos de nuestros sentimientos es porque no estamos dispuestos a madurar y pretendemos vivir en perpetuo estado de enamoramiento.

Pero para vivir envueltos en esa nube efímera todo el tiempo, que nos puede dejar vacíos por dentro, es necesario cambiar de pareja a cada rato.

El Amor y la desilusión


Todo lo que en esta vida se hace por primera vez resulta difícil, nos puede hace sufrir y nos puede lastimar; es la dificultad que tiene todo aprendizaje.

El amor adolescente es generalmente doloroso y a la vez maravilloso. Es como un estado de permanente gozo, incluso aunque el otro no esté presente, diría que aunque parezca increíble, es más extraordinario aún cuando no está el otro.

Porque el primer amor es más una idea platónica que una realidad concreta, es enamorarse del amor que esa persona representa.

El sólo hecho de evocar al ser amado hace sentir sensaciones de placer inigualables y lo único que se desea es volver a verlo; pero es la idea la que se anhela, que siempre supera a la persona real y que suele no estar nunca a la altura de ese sentimiento de adoración.

Es un estado de ceguera total porque no se puede ver claro y sólo se percibe lo que se quiere ver, alguien que en realidad no existe pero que se encarna en un ser de carne y hueso que no se parece en nada a ese ideal.

Las hormonas son las que impulsan a tomar decisiones erróneas, a confiar en personas que todos saben que no son dignas de crédito, a dar pruebas de amor, a entregarse sin reservas pensando que es una oportunidad única para sentirse transportado al cielo.

Sin embargo, para una mujer, no siempre esta relación suele ser un vínculo tan placentero como creen, debido a que los jóvenes en general tampoco tienen experiencia y no saben cómo tratar al otro sexo.

Es generalizado el hecho que el primer acto sexual para una pareja de principiantes no resulta satisfactorio; y no sólo el primero sino también los subsiguientes si el hombre no sabe hacer el amor y sólo se satisface él mismo, como ha ocurrido durante muchas generaciones y lamentablemente sigue ocurriendo en la actualidad a pesar de la libertad sexual.

El sexo no es fácil, es difícil para los humanos en general, cuyas relaciones sexuales, a juzgar por mi vasta experiencia terapéutica, y también por los muchos elocuentes comentarios dejados en este blog, dejan mucho que desear.

Para muchas mujeres, el acto sexual en si mismo no resulta placentero, por muchas razones.

Los jóvenes pueden tener sexo en cinco minutos, las mujeres no; y esa diferencia es el gran centro del problema de la gran mayoría.

Para muchos hombres el sexo en cualquier lugar, sin ninguna preliminar y sin importar demasiado quien sea la partenaire, suele ser suficiente para él, aunque el otro se quede mirándolo y preguntándose qué fue eso.

Sólo si un hombre ama a su pareja puede tomarse el tiempo que sea necesario para enseñarle a disfrutar del sexo y esto sólo depende del hombre.

Las relaciones sexuales ocasionales suelen ser dolorosas y frustrantes para una mujer, sin embargo, la baja autoestima sigue ocasionando estragos y produciendo embarazos no deseados.

Estos embarazos pueden ser evitados con facilidad, dándole la importancia que tiene el sexo y no teniendo relaciones sexuales sin antes haber tomado precauciones para no sufrir las consecuencias.

Cuando una pareja está enamorada, antes de llegar a la intimidad, deberá actuar en forma responsable y elegir el método anticonceptivo que les resulta a ambos más adecuado.

Una mujer que se atreve a poner condiciones y demuestra que se respeta a si misma, es más digna de ser respetada y considerada que otra que decide comportarse impulsivamente a la ligera.

El primer amor enseña que el amor verdadero es más placentero y sereno. No incluye ni angustia ni ansiedad, ni la inquietud del abandono después de haber sido tratada como un objeto; porque es un amor compartido, cuando ambos se comprometen a enfrentar la responsabilidad que implica un vínculo serio.

El Amor Complaciente


Cada persona es única y debe tener el derecho de tener una vida propia y la oportunidad de crecer como persona.

A veces, esta meta fundamental e indispensable que es la que le da sentido a la vida, se deja de lado en virtud de otros compromisos que también son importantes pero que no deberían ser obstáculos para el desarrollo y el crecimiento personal.

Toda mujer se merece tener una pareja que la ame y si así lo desea tener una familia.

En otras épocas, la función de la mujer se centraba en las obligaciones hogareñas y pocas de ellas tenían la posibilidad de cursar una carrera y tener una profesión.

Actualmente son más las mujeres que se reciben en las universidades que los hombres, incluso en aquellas profesiones que estaban reservadas para ellos, como ingeniería y otras de orientaciones tecnológicas o mecánicas.

Hoy en día, el hecho de tener una profesión no limita a una mujer para disfrutar del amor ni tampoco para tener una familia. Por el contrario, permite que la mujer genere sus propios recursos, pueda tomar decisiones y ganarse la vida si su matrimonio fracasa.

La expectativa de rol de una mujer ha cambiado, de modo que socialmente en estos momentos se espera que continúe con su carrera laboral después de tener hijos.

Una mujer, cuando tiene la posibilidad de realizar su potencial se siente mejor, tiene mejor ánimo, buen humor, y mayor energía para cumplir con las exigencias de su trabajo y enfrentar el desafío de atender sus compromisos hogareños.

Sin embargo, todavía hay mujeres jóvenes, que sin conocerse bien, deciden casarse y tener hijos, dejando de lado sus necesidades psicológicas individuales, creyendo que eso es lo que desean y creen que tienen que hacer.

A veces, el hogar puede representar el sentido de la vida de una mujer y eso también es válido. No todo el mundo tiene una vocación profesional o interés en trabajar si no lo necesita.

Pero es posible que esa mujer tenga algún hobby o algún interés específico que la gratifique espiritualmente, que es importante que pueda desarrollar, además de las obligaciones rutinarias de una casa.

Vivimos en una época en que la vida se ha simplificado en cierto sentido, hay máquinas para hacer las tareas que antes demandaban más tiempo y trabajo, el nivel de capacitación se ha elevado, la estética ocupa un lugar importante en la vida de la gente, los viajes de placer se han incrementado, la práctica de deportes y la recreación está en aumento y existe una clase media más numerosa que puede gozar de estos privilegios que antes no existían y de un standard de vida sin apremios.

Algunos hombres todavía se sienten más cómodos si sus mujeres no desarrollan actividades laborales fuera de casa. Se aseguran en parte que las cosas funcionen, el cuidado relativo de los hijos, y que todo esté como cuando vivían con sus madres que no les hacían faltar nada.

Por su parte ellos tienen la obligación de mantener el hogar; y si son personas con buenos recursos pueden sentirse muy bien siendo los únicos proveedores y por lo tanto los que toman las decisiones.

La depresión y las fobias son hoy en día trastornos comunes principalmente en las mujeres de más de cuarenta años con hijos crecidos y sin proyectos propios.

En estos casos suele ocurrir que sus maridos las desalienten por temor al cambio, o lo que es peor que ellas mismas por complacerlos, no se atrevan a intentar cumplir con su propósito.

Mientras tanto van quedándose rezagadas con respecto a los hombres que al mismo tiempo van escalando posiciones en sus trabajos.

En ese momento de la vida es cuando el hombre inmaduro que no tiene conciencia de los riesgos que puede implicar una conducta inapropiada, por distintas razones, puede comenzar a tener aventuras fuera de su casa.

La mujer deja de ser atractiva e interesante para un hombre cuando no crece y no tiene inquietudes ni proyectos. El hecho de usar buena ropa, tener una imagen impecable y aparentar menos edad, no es lo que provoca la admiración de un marido, sino el deseo de otros hombres; y eso puede hacerla caer en terreno pantanoso.

El Amor y el Sí Mismo


Es difícil saber hasta dónde llega el ser para uno y el ser para otro. Pensar en uno mismo antes que en el otro parece ser una actitud egoísta y desconsiderada, sin embargo no es así.

No se puede tener una buena relación genuina y duradera con el otro si no aprendemos primero a amarnos y apreciarnos a nosotros mismos.

Miriam conoció a su primer amor a los 16 años. Estaba cursando el colegio secundario cuando José se cruzó en su camino.

Se enamoró perdidamente de él y él de ella, y a pesar que todo el mundo parecía estar en contra de esa relación, no quiso escuchar a nadie y se entregó a él por entero.

Vivieron tres meses como rodeados por una nube; hasta el punto de no querer ir más al colegio para dedicar todo su tiempo a su amor, mientras su madre permanecía ajena.

José había abandonado sus estudios hacía mucho, tampoco trabajaba tiempo completo. A los 20 años sólo hacía algunas changas en una verdulería y el resto del tiempo lo pasaba con ella o durmiendo en su casa.

Le gustaba juntarse con sus amigos a tomar cerveza en una esquina del barrio, la misma esquina donde un día vio pasar a Miriam por primera vez y se decidió a seguirla.

José no tenía oficio y no sabía hacer nada. No pensaba en esas cosas porque creía que todavía era muy joven para ocuparse de asuntos serios.

Miriam lo justificaba, decía que era bueno, que apenas tomaba unas cervezas e iba a la cancha, y eso no eran vicios sino sana recreación para un hombre joven.

Él le había insistido para que dejara el colegio, para qué iba a estudiar, si él no lo había hecho.

A los 18 años Miriam quedó embarazada y entonces se fueron a vivir juntos. Él trabajaba de ayudante en la verdulería, como siempre, y como no pagaban alquiler, porque la madre de Miriam los ayudó para construir una habitación con un baño al fondo, se arreglaban con poco.

Tuvieron tres hijos seguidos, y todo parecía andar bien desde afuera; sin embargo Miriam se sentía agobiada, incómoda viviendo en el hacinamiento y angustiada por la falta de iniciativa de José, que se había tomado la costumbre de quedarse en la esquina tomando cerveza con los amigos y a llegar tarde.

Ya no hablaban, él la ignoraba y ella empezó a sentir que recién lo conocía y que en el fondo lo odiaba.

Un día no apareció más. Llamaron a las comisarías y a los hospitales pero no había ocurrido ningún accidente en que él estuviera involucrado.

Pasaron los días y nada; ni una carta, ni una llamada, sólo el silencio que la desesperaba.

Después de algunos meses, se dio cuenta que no volvería más y decidió tomar las riendas de su vida; porque su madre la ayudaba pero la plata no alcanzaba.

Había pasado por un negocio que promocionaba la venta ambulante de café y eso le pareció bien; andaría por la calle y conocería gente y eso le gustaba.

De los niños se encargaría su madre, que se había jubilado, de modo que comenzó una nueva vida con entusiasmo.

Enseguida tuvo muchos clientes, no era un trabajo difícil, sólo había que arrastrar el carro que pesaba.

De a poco fue incorporando la venta de galletitas, alfajores y algunas golosinas; y cuando su madre tenía tiempo le horneaba cosas caseras que se vendían solas.

Muy pronto tuvo más clientes que los que podía atender y sus ingresos aumentaron; decidió trabajar sólo medio día e inscribirse en el colegio nocturno para hacer el secundario.

Estudiaba diferente, con ganas, era casi la mejor alumna, porque tenía una motivación, mantener a sus hijos y salir adelante para que ellos también pudieran estudiar.

No sólo terminó el secundario sino que fue a la Universidad y se recibió de abogada. Ya no empujaba más el carrito vendiendo café, ahora trabajaba en un estudio importante de abogados donde le pagaban muy bien y además era muy respetada

Pudo construir una casa cerca de su madre, con todas las comodidades. Nunca se había sentido mejor, ni siquiera cuando vivió tres meses en una nube perdidamente enamorada.

El Amor Contrariado


Julio se enamoró de Raquel, pero Raquel amaba a Esteban, que a su vez estaba loco por Susana, mientras que a Susana sólo le interesaba Pablo, que nunca había reparado en ella.

Estas historias son los hechos cotidianos que producen los amores contrariados.

Incontables páginas se han escritos inspiradas en los amores imposibles, que muchas veces fueron las experiencias auténticas de famosos escritores.

Es que todo lo que no se puede conseguir tiene un valor agregado y tiende a idealizarse, perdurando en el tiempo cristalizado y provocando heridas muy hondas difíciles de cicatrizar que impiden seguir adelante con una nueva relación sin repetir la misma historia.

Un amor imposible permite eludir el enfrentamiento con el otro sexo o por lo menos dilatarlo y esta puede ser una de las razones inconscientes de los que por ejemplo entablan vínculos difíciles de mantener, como las relaciones a distancia.

Esta situación se convierte en un obstáculo para la intimidad, que produce sentimientos opuestos, por un lado la esperanza y por otro el descontento.

Los seres amados pueden vivir a miles de kilómetros y sin embargo eso no es un motivo para que no se enamoren perdidamente e incluso se sientan impulsados a escribir cartas ardientes, plenamente confiados.

Pero la distancia es enemiga del amor cuando no hay besos o abrazos ni palabras tiernas dichas en persona; y puede caer en la trampa urdida por cualquier corazón al acecho, suelto y solitario.

Los amores ideales por Internet también son la oportunidad que tienen las personas que temen el contacto y al posible sufrimiento que puede provocarles una desilusión en la vida real, sin saber que es la mejor manera de volver a caer en el nuevo desengaño de un amor contrariado.

Son amores que se viven como si fueran reales pero son irremediablemente virtuales, probables seres inventados, inexistentes, que aparentan reunir los requisitos que se desean para ser amados y deseados.

La realidad puede ser cruel si uno se empeña en buscar el amor ideal, pero tiene vida, es real y verdadera y siempre puede ser aceptada o desechada.

Construir un amor por Internet es como construir un castillo en el aire, sin sustento, la probabilidad que se desmorone es muy alta, además de que simplemente puede no existir.

Puede ser alguien casado o comprometido o libre pero con la intención de divertirse con la ilusión ajena; porque Internet es ante todo entretenimiento mediante comunicación e información no siempre confiable.

El amor contrariado nace también del deseo de tener lo que tiene el otro y de arrebatarle la felicidad como si fuera un objeto, y hacerlo propio.

“No sabía que tenía novia o que estaba casado”, puede ser una frase que oculta otras intenciones, porque en general las personas ven solamente lo que quieren ver.

Muchas veces un hombre comienza una relación con alguien que lo persiguió, para no quedar como un estúpido, porque el machismo es más fuerte que cualquier otra cosa. Luego, una vez obtenido lo que deseaban, comienza la rutina de la indiferencia, las ausencias inexplicables, los indicadores de que hay otra mujer en algún lado que está siendo engañada.

Para no sufrir de amores contrariados en la red, hay que aprender a leer entre líneas, porque todo lo que una persona escribe o dice, refleja mucho de ella misma, como su manera de pensar, su edad aproximada, hasta si es hombre o si es mujer.

Algunos chicos jóvenes lamentablemente apenas saben escribir y apenas cuentan con un vocabulario reducido entendible, de modo que se ponen de inmediato en evidencia.

En relación al amor hay que aprender a mirar, ser más observador, tratando de detectar lo que la persona no muestra, que es casi todo, porque para relacionarse la mayoría tiene muy bien puesta su máscara.

No obstante, considero que la mirada seguirá siendo siempre el mejor medio para encontrar el amor. Mirar al que nos mira, ese es el verdadero encuentro entre dos personas, no poner los ojos en el que está mirando a otro o a otra o al que ya tiene pareja y esté mal o bien con ella.

Amor Maternal


Hace unos años, este tema fue el argumento de una película norteamericana que trató con humor las vicisitudes de un hombre ya maduro que todavía no había podido resolver ese conflicto.

Era un escritor que en ese momento de su vida se encontraba bloqueado hasta el punto de no poder escribir, ni tampoco poder relacionarse afectivamente en forma estable con una mujer.

La madre era viuda y vivía lejos de su lugar de residencia; por lo tanto, este hombre decide instalarse en su casa para lograr entender por qué ella no lo quería como él creía que quería a su hermano, que era un exitoso empresario que tenía mujer e hijos.

La madre vivía sola en una espléndida casa, era viuda y tenía una vida muy activa; y la llegada de su hijo, que se vuelve muy absorbente, estorba todos sus planes.

Su hijo se asombra al saber que también tiene una pareja que vive en otra ciudad y que la visita de tanto en tanto, con quien mantiene una relación excelente.

Al pasar los días se da cuenta que su madre es una persona como todas, con defectos y con virtudes, que ha construido una vida, hace gimnasia, tiene un grupo de amigos, que dice amar a sus dos hijos pero que no los necesita.

Sin embargo, él continúa quejándose por sentir que no lo ama como a su hermano, culpándose a si mismo por su forma de ser, demandante, insegura y dependiente, atribuyendo a ese solo motivo la causa de su desamor.

No obstante ambos llegan a aprender algo nuevo de ellos mismos durante ese ocasional contacto, que mejorará sus vidas y su relación.

Revolviendo cosas en desuso en el altillo de la casa, descubre unos manuscritos que su madre había escrito siendo muy joven; y al leerlos se da cuenta que pueden tener importante valor literario.

Le pregunta entonces por qué había dejado de escribir ya que lo hacía tan bien, y ella le cuenta que su marido la había desalentado y ella no había podido tener el coraje de continuar sin su apoyo. Además, en esa época tenía dos niños que deseaba cuidar y que ella pensaba que la necesitaban tiempo completo.

De pronto se da cuenta de la frustración que podía haber sufrido su madre al malograr su vocación y comprende que tal vez no era toda de él la culpa de su rechazo, al hacerse evidente su posible sentimiento inconsciente de fracaso debido a sus obligaciones familiares.

Era todo lo que necesitaba saber para poder hacer sus valijas, abandonar la casa materna y volver a su casa; liberado por fin de su conflicto. Pero antes alienta e impulsa a su madre a retomar la escritura, ayudándola a manejar la computadora.

Es una deliciosa comedia que muestra cómo el rechazo materno tiene una causa inconsciente que puede estar enmascarada con un exceso de sobreprotección.

Los niños sienten sobreprotección rechazante cuando su madre los sobreprotege, por la culpa por rechazar a sus hijos.

Pero no todos los niños se sienten afectados de la misma manera. Los que tienen un yo más fuerte pueden adoptar otras defensas, aunque siempre el rechazo materno repercutirá de alguna manera en su carácter.

El Amor Que Duele


El amor representa la continuidad de la vida y tiene una fuerza arrolladora. Sin embargo, a pesar de estar presente en toda nuestra vida de distintas maneras, suele estar ausente cuando se trata del amor a si mismo; y esta diferencia hace que expresemos el amor a los demás en forma desmedida y descontrolada.

Todos son dignos se ser amados y respetados por los demás; y todos también tienen que amarse y respetarse a si mismos para lograr relaciones armoniosas y felices.

Cuando no existe la autoestima tampoco existe la posibilidad de amar genuinamente a otros y esta condición suele ser la principal razón de tantos amores contrariados, dificultades de parejas, separaciones, divorcios, peleas, luchas por el poder, celos, desconfianza, dependencias, obsesiones e infidelidades.

Una persona insegura tiene baja autoestima, no se acepta a si misma y pretende ser lo que no es. De esta manera su personalidad no está integrada y su conducta es errática, inesperada, cambiante e inestable.

La duda y la desconfianza se suele instalar en cada oportunidad que logre una nueva relación y cada conducta o actitud del otro será interpretada como el preludio de una traición.

La persona que no se ama a si misma ni se respeta, pretende tener al otro en su poder, como un objeto de su pertenencia sin vida propia que sólo disfrute de su compañía y no necesite otra cosa.

Esas personas no conciben ninguna actividad que no incluya al otro, no le interesa su propio crecimiento y desarrollo, y concentran su energía en la relación de pareja.

Si el otro es igual, se crea automáticamente una relación simbiótica, donde en lugar de ser dos personas que se aman y crecen, son una sola.

Vivir un amor apasionado y romántico es una experiencia maravillosa, siempre que una persona no decida alienarse en el otro y perder su propia identidad. Además hay que saber que ese estado de ensoñación no es para siempre, y es normal y saludable que así sea, para dejar paso a un sentimiento más profundo que incluya al sujeto total en desarrollo.

Una persona sin una identidad integrada y sin proyectos propios, que no crece y madura, pierde el encanto de ser la persona única que es ella misma como ser humano, y está destinada a perder sus relaciones.

Este tipo de amor, manipulador y absorbente, produce mucho sufrimiento, porque se pretende tener el control y la certidumbre de que le correspondan en la misma medida como principal condición.

Ninguna persona tiene dueño porque todos tenemos derecho a ser libres. Esa es la condición primera para que el amor pueda ser verdadero.

El que está seguro de si mismo no es celoso, porque los celos representan precisamente inseguridad, además de expresar baja autoestima que trae como consecuencia actitudes de desconfianza, demandas de atención, y conductas persecutoria y controladoras que generan situaciones de tensión en una pareja.

El que pretende tener la certidumbre de una pareja estable y se aferra, producirá el efecto contrario y es muy probable que lo aleje.

La idea que subyace es forzar al otro a que nos quiera.

¿Qué valor puede tener una relación a la fuerza? ¿Acaso se puede obligar a otro que nos ame?

No, solamente podemos hacer que nos amen atreviéndonos a ser nosotros mismos.

El amor duele cuando el otro se convierte en alguien más importante que uno mismo, cuando dejamos de lado nuestras necesidades para que nos quieran, objetivo manipulador que nos hace perder de vista nuestro propio camino.

El otro tiene que ser tan importante como nosotros, ni más ni menos, alguien que tiene el mismo derecho que nosotros a ser una persona libre

La Conquista del Amor


Tener una cita es un muro que derribamos, una puerta que se abre hacia lo desconocido, una oportunidad que hay que aprovechar. Sin embargo, la mayoría tiende a sabotear una cita de muchas maneras, casi sin darse cuenta.

En primer lugar se programan para el fracaso. “Esto no va a funcionar”, “Mejor hubiera sido…”, “Me hubiera gustado…”, “Qué lástima que no es alto”, “Qué pena que no sea rubia”, “Me parece que estoy perdiendo el tiempo”, “Esto no me gusta nada”, etc. etc. etc.

La base de todas estas objeciones es el temor, el miedo a lo desconocido y al fracaso.

Por otro lado, todo lo que se puede esperar de la vida hay que desearlo primero, desear conseguir un trabajo, desear tener una novia o un novio que los ame, desear ganar dinero, desear sentirse bien, desear tener una casa, desear tener un auto, desear hacer un viaje, etc.; porque todo es posible.

Es necesario creer que todo lo que se desea es posible lograrlo, y no tener ninguna duda, ni desconfiar, con una fe inquebrantable y principalmente sintiéndose contento como si ya lo hubieran concretado.

Por eso, cuando se presenta la oportunidad dar el primer paso, con plena certeza del triunfo, subir el primer escalón con entusiasmo sin pensamientos negativos que son los que presagian los obstáculos.

El logro de un objetivo requiere una actitud abierta dispuesta a recibir lo que llega solo y también los frutos de lo que se ha planificado, evitando postergar las iniciativas, las ideas, sin renunciar a ninguna de ellas, sin importar las circunstancias ni lo que se crea que son nuestras posibilidades concretas.

“Si yo fuera más alto…”, “Si fuera más delgado…”, “Si tuviera un título…”, “Si fuera más joven…”, “Si fuera más simpático…”, “Si tuviera más experiencia…”, son frases que indican inseguridad, baja autoestima y poco respeto por uno mismo.

Cuando los acontecimientos no llegan solos es por causa de uno mismo, porque no estamos preparados para recibirlos.

Muchos ya han abandonado las esperanzas y se complacen en castigarse con la soledad porque creen que eso es lo que se merecen.

Sin embargo, aunque aún no hayan encontrado a la pareja que desean seguramente tienen mucho que agradecer, porque ser agradecido a la vida nos recuerda todo lo que tenemos y no apreciamos lo suficiente y nos hace estar más dispuestos a atraer más cosas para agradecer.

Podemos tener una familia, un buen trabajo, dinero suficiente, buena salud, amigos, una buena casa, una buena educación, un título, una serie de cosas en la vida que las hemos recibido o logrado por propio esfuerzo pero que nunca apreciamos lo suficiente.

Visualizar al hombre o a la mujer que se desea para formar una pareja hace que lo que se imagina se realice, porque todo lo que se siente y se visualiza se materializa.

Los deportistas utilizan la técnica de la visualización como rutina. Se ven ganando, llegando primero a la meta, haciendo goles, escuchando los aplausos y recibiendo el premio.

Pero más eficaz que la visualización es sentir la misma sensación de felicidad del triunfo, sentir el gozo, anticipar la alegría interior que se experimenta cuando se obtiene lo deseado.

Porque para lograr algo que nos parece imposible, uno tiene que cambiar de actitud, creer que nos merecemos todo, sentir que es posible y darlo por hecho; y esa actitud tiene que convertirse en un hábito que no deje lugar para la duda.

Conquistar la pareja que se desea es posible porque a partir de hoy y para siempre nos empeñaremos en creer que la vida es próspera y buena y el solo hecho de creer en esto y sentirse bien consigo mismo nos cambia y permite que cambie también el mundo a nuestro alrededor.

Tenemos que enamorarnos de nosotros mismos, sentirnos agradables, recordar nuestra cualidades, sintiendo que somos especiales y únicos y estar dispuestos a ser felices, porque la felicidad viene de adentro, no de afuera, y nosotros tenemos el control.

Podemos revertir el estado de cualquier cosa, no existen los límites, y la soledad que creemos merecer se puede revertir, porque todo empieza hoy, sin importar la edad que tenemos o quienes somos.

El Amor de Pareja y las Necesidades Básicas


Cuando una persona es joven, difícilmente tenga su personalidad integrada, es decir, que todavía no sabe bien quién es, qué es lo que le agrada, qué es lo que quiere y por supuesto tampoco puede discriminar si lo que siente por una pareja es amor o sólo atracción física, costumbre, necesidad o comodidad, ya que a veces las parejas se convierten en un par de zapatos cómodos que no se pueden dejar de usar.

En la circunstancia en que una persona piensa en separarse, es importante conocerse mejor y saber qué necesidad básica inconsciente es la que satisface su pareja, aparte de las incompatibilidades que sufren, para evitar cometer el error de separarse y volver a crear otro vínculo similar.

La persona que se conoce a si misma sabe que en el fondo puede tener una necesidad psicológica que busca en una pareja, a la que no está dispuesto a renunciar nunca, por ejemplo la necesidad de seguridad.

En este caso, para lograr ser fiel a si mismo, deberá elegir si quiere modificar esta condición o bien aceptarla porque no le importa, cuando por ejemplo no llega a alterar su relación.

Los seres humanos desde la infancia necesitan sentirse seguros para desarrollar una personalidad independiente; y llegar a ser personas capaces de comprometerse con una forma de pensar y tener la fortaleza de carácter para defender sus convicciones.

Si un niño no ha tenido la posibilidad de sentirse seguro en la infancia o ha tenido experiencias de abandono, o no se ha sentido querido y valorado, es probable que toda su vida se concentre en la búsqueda de la seguridad y necesite una pareja que la proteja.

El hombre puede buscar a una madre en la pareja y la mujer a su padre y si esa persona es consciente de esa necesidad, antes de abandonar a una pareja por otras razones, tendrá que resolver esta cuestión, porque volverá a buscar otra que principalmente le brinde la satisfacción de esa necesidad.

La mayoría de las parejas cumplen mutuamente con las necesidades básicas del otro, ya que muy pocas personas se conocen tanto a si mismas como para ser conscientes de ello cuando eligen una pareja.

Esta condición tiene la ventaja de formar un vínculo más difícil de romper cuando no existen otros impedimentos graves que lo pongan en peligro; y la desventaja que si se separan y vuelven a reincidir tenderán ambos a recrear el mismo tipo de relación con otro.

Esta razón puede ser una de las causas importantes del sufrimiento que conlleva una ruptura, ya que las dificultades y resentimientos que se crean entre ambos no logra poner fin a la relación en forma pacífica.

Las separaciones de mutuo acuerdo no son la mayoría, porque en general es sólo un integrante de la pareja el que se quiere separar.

Sin embargo, una separación siempre provoca sufrimiento a ambas parte, principalmente por la pérdida que representa, cambio de status social, de casa, pérdida de la familia, y alejamiento de los hijos.

El Amor y el Trabajo


Una pareja estable requiere atención y aunque el paso de los años atenten contra esta necesidad y nos vuelva un poco indiferentes, es indispensable recordarlo para mantener el fuego encendido.

Las mujeres saben que para los hombres lo más importante en su vida es el trabajo, que algunos realizan con pasión; y que recién después están ellas, siempre que sus parejas no sean fanáticas de algún deporte, porque entonces ocuparían el tercer lugar.

Los que realizan su trabajo con pasión tienden a dedicarle todo su tiempo y su energía, ya sea para incrementar sus ingresos o mantener el standard de vida; porque les gusta hacerlo; porque son hiperactivos; porque son obsesivos y perfeccionistas; porque aspiran a un ascenso o bien porque no les gusta volver a sus casas, y esto ya es otra cuestión.

Los problemas de pareja debido a la compulsión al trabajo de los hombres, ocurren porque la mujer es muy diferente y le resulta muy difícil comprenderlo.

Las mujeres, por lo general, pueden tener el mismo interés en sus hijos, en su casa, y en su familia como en su profesión, cargo jerárquico o empleo y mantener el equilibrio; porque una mujer se puede diversificar y lograr atender con eficiencia todas sus responsabilidades con muy buenos resultados si se lo propone, tratando de cumplir con todo.

Los hombres son más limitados porque no tienen el mismo interés en la vida doméstica, principalmente por el hecho de saber que hay alguien que se ocupa y que asume el rol de la conducción del hogar.

Es importante que una mujer le de espacio al hombre en la casa ni bien comienzan a vivir juntos, sin necesidad de depositar en él la responsabilidad total del hogar, porque una vez que se han definido los modos de manejar la vida doméstica, ya será demasiado tarde para cambiar.

Los cargos de importancia en una empresa exigen dedicación exclusiva y muchas horas. Estas exigencias aumentan cada día, debido a la necesidad de elaborar y llevar a cabo estrategias que sean cada vez más eficaces para competir en un mercado cada vez más competitivo.

La demanda laboral es menor a medida que la pirámide se achica y los puestos de jerarquía resultan difíciles de mantener si no se entrega lo mejor de si mismo.

Por otro lado, la familia aumenta sus demandas y se acostumbran a un estilo de vida que cuesta mucho dinero pero que también exige mayor cantidad de tiempo para ganarlo.

En general, las mujeres que trabajan ganan menos y la razón puede no tanto ser debido a la discriminación sino al hecho que sus vidas están más condicionadas por el rol de la maternidad y la conducción del hogar, que no les permite priorizar el trabajo.

Tienen mayores necesidades emocionales que los hombres y pueden sentirse abandonadas e ignoradas si tienen un compañero que se dedica a trabajar en forma compulsiva.

El hombre tiene que saber hasta dónde debe llegar con su dedicación a sus actividades laborales y no perder de vista sus responsabilidades hogareñas, la necesidad del contacto y control de sus hijos y la atención a su mujer.

Cuando un hombre excede el límite y su rol en el hogar se convierte en una ausencia, la familia se acomodará a esa situación y dejará de ser incluido y considerado, perdiendo así la oportunidad de compartir la vida familiar, y su figura se tornará borrosa e indefinida para sus hijos que aprenderán a no darle la debida importancia a la familia.

Pero también puede ocurrir que la mujer no tolere esa situación y no esté dispuesta a pagar un costo tan alto por las comodidades y el lujo, y lo abandone.

Otro motivo relacionado con el trabajo que puede separar a una pareja es cuando la mujer gana más que el hombre.

El dinero proporciona poder y cambia a una personalidad, sea hombre o mujer.

Sin embargo, mientras el hombre con poder puede resultar atractivo a una mujer, la mujer con poder no resulta igualmente atractiva a un hombre.

Algunos hombres, pueden sentirse en una posición de inferioridad y llegar a perder su virilidad frente a una mujer poderosa, más rica o intelectualmente más desarrollada, si él no goza de la misma posición o si no es de una superior condición.

El Amor Idealizado


Me escriben muchas mujeres enamoradas del amor, que se han quedado fijadas a personajes que alguna vez formaron parte de un capítulo de sus vidas; y otras, que no pueden dejar de pensar, a pesar del paso del tiempo, en hombres de quienes se enamoraron, sin haberles hablado nunca, y sin siquiera haberse encontrado con ellos ni siquiera con la mirada, pero que sin embargo han logrado dejar una profunda huella en sus corazones.

El amor no es una emoción pasajera que nos envuelve quitándonos la capacidad de razonar, es un sentimiento que debe nacer con la voluntad de dos seres que se encuentran con los ojos, primer lazo que requiere una pareja para unirse; y sólo así, como cuando nace un niño, nacerá el amor y crecerá sano, con el deseo de los dos.

Cuando una pareja se separa y rompe su vínculo amoroso es por alguna razón de peso porque no es fácil que puedan separarse dos personas que se aman, por cosas intrascendentes.

Sin embargo, luego de una separación es común que ambos comiencen a evaluar en forma cada vez más difusa la causa que los separó y hasta la nieguen, cuando comienzan a extrañarse. Se convencerán que realmente se aman, que no pueden permanecer separados aunque se hagan sufrir mutuamente, y tratarán de reconciliarse para empezar de nuevo.

Pero pronto comenzarán a aparecer los negros nubarrones que transformará su amor en odio, con las agresiones, los desencuentros y las recriminaciones, y el antiguo sufrimiento conocido y tan temido surgirá renovado y fortalecido para volverlos a separar.

Somos seres de hábitos y costumbres; y así como nos acostumbramos a las cosas también nos habituamos a las personas; porque el amor es un fenómeno curioso, que hace que podamos recordar con afecto los defectos.

Ese recuerdo del amor perdido que se vuelve insidioso, molesto y perturbador y que puede llegar a perseguir a una persona aún cuando haya formalizado felizmente otra pareja, se construye con un tipo de pensamiento perseverante, que intenta desandar el camino transitado, para recrear la experiencia idealizada no vivida, como la única capaz de proporcionar la paz del goce perfecto.

Los seres humanos son capaces de construir verdaderos castillos en el aire, imaginar personas que no existen, fantasear experiencias supuestamente felices que creen haberse perdido por el error imperdonable cometido de haber dejado pasar la oportunidad del que creen fue su verdadero amor.

Y así, no disfrutan de las circunstancias presentes, viven divagando y convenciéndose que se han equivocado, que lo mejor es lo que ya fue y no lo de ahora, que merecen buscar esa quimera y brindarse esa añorada oportunidad.

Entonces, viven la vida mirando el pasado con añoranza sin poder distinguir lo que les ofrece el presente, que es la única verdad, anestesiados con el recuerdo de lo que pudo haber sido.

A veces un amor del pasado es como una enfermedad crónica que recrudece cuando aparece la posibilidad de otro amor y en lugar de ser una experiencia más, ya superada e integrada, se transforma en una condición para disfrutar y seguir viviendo.

El Amor y la Soledad


Muchos buscan el amor para huir de la soledad, pero nunca un amor podrá satisfacer la necesidad infantil de sentirse acompañado, y esa relación estará destinada al fracaso.

Cuando amo a alguien porque lo necesito, no lo amo, lo estoy usando para mi propio beneficio, para que me acompañe, me mantenga, me divierta, me entretenga.

Sólo cuando necesito a alguien porque lo amo es cuando me mueve el verdadero amor, la necesidad de compartir, de dar y de saber recibir, y estar dispuesto a comprender, perdonar, tolerar y aceptar.

Cuando se ama a alguien de verdad, se desea su libertad para ser quien es, y se llegan a amar sus virtudes y sus defectos, porque no siempre esos defectos son reales, ya que los que pueden ser defectos para uno pueden ser virtudes para otros.

La soledad nos enseña a vivir, a ser independientes, a valorarnos, a confiar más en nosotros mismos. Es la experiencia más aleccionadora que existe para madurar como persona.

Recién cuando somos capaces de estar solos, aprendemos a conocernos, a apreciar todo nuestro potencial, a querernos y a ser más buenos con nosotros mismos.

No se puede amar a otro si uno se desprecia. El odio a uno mismo es el fundamento de la agresividad hacia el otro, porque siempre estamos proyectando nuestra propia interioridad con nuestras acciones.

Cuando se siente la sensación de estar solos o aislados es cuando hay que volver la atención hacia adentro y buscarse a si mismo; porque el afuera nunca podrá devolver el sentimiento de pertenencia que se ha perdido.

Cuando se recupera la conciencia interna de pertenencia se logra la reconciliación con uno mismo, surge un nuevo sentimiento de compasión y la posibilidad del perdón.

Esa relación personal es la más importante de las relaciones que existen; porque el hombre no puede relacionarse normalmente con otro si no está bien con él mismo.

El amor verdadero no es fusión sino independencia, porque precisamente lo que se ama del otro es su ser total, su capacidad de desarrollo y su poder de trascendencia constante.

Amar es admirar, es sorprenderse todos los días con el ser amado, que es capaz de cambiar y seguir siendo el mismo o la misma.

El egoísmo mata al verdadero amor, con las limitaciones y las trabas al desarrollo individual del otro, casi siempre por celos o envidia del miembro de la pareja que se ha estancado.

La belleza es un don que ayuda a atraer pero que no sirve por si misma para mantener una relación.

La preocupación por el esquema corporal se ha convertido en un fin en si mismo y en el propósito de la vida de mucha gente.

Pero si detrás de un cuerpo perfecto no hay más que la preocupación por agradar, ninguna relación a largo plazo es posible y sólo se habrá logrado ser una cosa, un bien de uso y no una persona.

La belleza no dura siempre, lo que permanece es el ser verdadero y auténtico que no se preocupa por agradar sino por ser.

Los vínculos se rompen con facilidad cuando en una pareja alguno de los dos no crece; y permanece aferrado a valores relativos, sin desarrollarse. Ambos se aburren, se critican, y terminan odiándose, porque se convierten en obstáculos del propio crecimiento.

La atracción física desaparece, ya no se aprecia la belleza porque cuando la pasión inicial entra en razón, se puede ver más allá de ella y se descubre que no hay nada.

Para amar a alguien de verdad primero hay que conocerlo o conocerla como persona y luego, naturalmente, como una consecuencia lógica y esperada por ambos, vendrá la intimidad, más relajada, sin temores, con la responsabilidad de los que tienen conciencia de la importancia de ese momento.

Si todo este proceso es al revés, y se empieza con la intimidad, entonces se convertirá en un episodio más en sus vidas, transitorio y ocasional, que a veces tiene consecuencias desastrosas.

El Amor que no Dura


Todos sabemos que la vida es cambio, crecimiento, renovación, y transformación y aunque nos parezca pura rutina todos los días son diferentes.

Enamorarse es algo maravilloso, una experiencia que nos hace sentir que estamos vivos y que la vida es bella.

Vivir esa experiencia plenamente sin dejar de lado la responsabilidad, nos hará pasar momentos muy felices.

Pero el amor no es una excepción en esta vida y también cambia, madura, se renueva y se transforma y está en nosotros mantener la llama encendida, siempre que podamos discriminar si se trata de un amor verdadero o de algo pasajero.

El enamoramiento es un estado subjetivo que cambia la percepción. No podemos ver al otro con objetividad, porque vemos solamente lo que queremos ver.

Nos enamoramos del amor no de una persona; y le adjudicamos cualidades que no tiene, de modo que cuando nuestra percepción se normaliza comenzamos a verle todos los defectos y por ende a desilusionarnos.

A los 16 años me enamoré por primera vez. Fue una relación breve e inocente que sin embargo me enseñó mucho. Me daba cuenta que podía ser muy feliz con sólo mirarlo a los ojos. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que comencé a sentir algo muy extraño. Cuando no lo veía deseaba estar con él pero cuando nos encontrábamos no me agradaba verlo.

Me di cuenta que lo idealizaba y al estar en su presencia sentía que no me gustaban muchas cosas de él, que no era la persona para mi, que no era alguien que podía introducir en mi propia historia, la historia que deseaba para mi.

Sin embargo, el sólo pensar en perderlo me desesperaba. Estaba enamorada del amor, de un ideal, no de él, y entonces tomé la decisión de cortar por lo sano.

Fue difícil y me costó mucho hacerlo, pero no aguantaba más esa ambivalencia.

Fue una relación platónica, breve e inocente que sin embargo me enseñó mucho.

Por un tiempo me sentí como al borde de un abismo y la vida me pareció incomprensible. La felicidad se tornó en tristeza, desilusión y abatimiento y hasta dudé de mi decisión.

Me aferré a mis obligaciones, en ese momento los libros y el trabajo y muy pronto, antes de lo que me hubiera podido imaginar, pude olvidarme de él.

El amor en una pareja no permanece siempre igual. Sentir mariposas en el estómago cuando están con nosotros no es una sensación tan imprescindible como creemos, porque las cosas cambian siempre para mejor y es inútil aferrarse a experiencias del pasado que nos han agradado.

No podemos seguir tomando sólo leche cuando crecemos, a los niños les cuesta comenzar a comer otras cosas porque desean quedarse con lo que ya conocen que les gusta.

No es que desaparezcan por completo las mariposas en el amor, están para siempre, pero tal vez no en forma permanente, porque habrá otras cosas igualmente positivas y agradables que permitirán que una pareja funcione y bien.

Las relaciones inestables son muy frustrantes precisamente porque no hay una historia. El ser humano necesita significados, no puede mantener el interés en algo que no se pueda enraizar armónicamente a su propia biografía, para cumplir el destino que ha elegido.

La vida de cada persona es una historia arquetípica y universal que reitera infinidad de historias parecidas, dramas similares que tienen un sentido; y conocer ese sentido individual que hemos elegido es esencial, para no cometer errores ni dejarse llevar por ilusiones.

Dar y Recibir


Marita era una mujer de carácter y de convicciones firmes, siempre dispuesta a defenderse.

Siempre se portó bien, siendo bebé, se pasaba largas horas en la cuna sin chistar jugando con sus chiches y dormía mucho boca arriba, tanto que su cabeza se le acható.

Sin embargo era una niña linda, no tanto como sus dos hermanas, pero linda al fin.

Amaba a su padre a pesar de que le parecía que reparaba poco en ella y a su madre aunque fuera su mayor fuente de frustración, porque era dominante y siempre trató de anularle toda iniciativa propia, sin cansarse de repetirle que no hablara que no sabía nada.

Así fue creciendo su baja autoestima creyendo que el mundo no era un lugar muy agradable para vivir y que lo más importante era saber.

Se convenció que todo había que ganárselo con esfuerzo y que la vida era una constante lucha.

Decidió creer en Dios sin ser fanática, portarse bien y llegar a ser una persona culta, para poder ser reconocida por su saber para agradar a su madre y porque ella le había dicho alguna vez que era inteligente como su padre.

A Marita le hubiera gustado ser varón porque observaba que los hombres que conocía tenían una posición de privilegio, mientras las mujeres permanecían sometidas a ellos.

Cuando falleció su padre escuchó a su tía decir en el funeral: “lástima que no hayan tenido hijos varones”; y en ese momento se sintió muy disminuida.

Marita se casó muy joven y tuvo dos hijos. Se recibió de maestra e hizo una carrera como docente hasta llegar a ocupar el cargo de directora, con mucho esfuerzo. Pero no obstante siguió estudiando otras carreras obteniendo varios títulos universitarios que no ejerce.

Siempre fue perfeccionista y autosuficiente, exigente con los demás y también consigo misma. Hoy en día sigue ejerciendo la dirección de una escuela primaria y es una excelente profesional.

Desde muy joven se había acostumbrado a hablar con Dios y no se olvidaba de rogarle en sus oraciones no tener nunca que pedir ayuda a otro, bastarse a si misma y ser ella la que pudiera siempre ayudar a los demás.

Pero tenía un problema de salud desde hacía muchos años: sufría de malas digestiones. Todo le hacía mal a pesar de no evidenciar ninguna alteración orgánica.

Cuando comenzó su terapia lucía desmejorada y deprimida. Le dijo al psicólogo que no tenía ninguna ayuda en la casa y que su familia era muy demandante; sin embargo ella por alguna razón, no podía pedirles que la ayudaran y tampoco podía renunciar a hacer todo ella.

Marita tenía el síndrome del dar y no recibir que no le permitía recibir los alimentos y digerirlos.

El Psicólogo le aclaró que dar y recibir son los opuestos que conforman una unidad, porque en el dar está incluido el recibir.

Esta reflexión acompañó a Marita los días subsiguientes y pudo darse cuenta de su gran error.

Había puesto todo su empeño en estar a la defensiva dispuesta a dar solamente sin abrirse para recibir, porque su concepto de los opuestos no estaba integrado, por lo tanto, su dificultad para recibir se expresaba en sus problemas digestivos y en la falta de reconocimiento adecuado a sus esfuerzos que advertía, en los aspectos más importantes de su vida.

Dar y recibir son las dos caras de una misma moneda, una cara no puede existir sin la otra.

El Amor Incondicional.


Se puede decir que el amor incondicional entre humanos sólo se puede observar en la relación de una madre con su hijo.

Sin embargo, hubo casos de madres que denunciaron a sus hijos cuando comprobaron que habían sido responsables de cometer un crimen o un delito grave, aunque haya sido a veces para salvarlos de una muerte segura.

El canal ISAT proyectó anoche precisamente una película de humor negro, muy interesante titulada “Amor incondicional”

Grace, un ama de casa norteamericana, recientemente separada de su marido, frustrada en su vocación y cansada de una vida aburrida y rutinaria, al enterarse del asesinato de un cantante inglés que idolatraba – perpetrado en Chicago por un asesino serial -, en forma impulsiva y con una actitud no habitual en ella, decide viajar a Londres para asistir a su funeral.

Visita la casa del fallecido, ocupada por Dick, su ex valet, que también había sido su amante oculto, ya que nadie suponía que el muerto, que había hecho suspirar a tantas mujeres con sus canciones, era homosexual.

El hombre estaba desolado a pesar de haber vivido con el famoso cantante, durante diez años, una relación pésima.

Por amor había soportado su afición al alcohol, infidelidades frecuentes, ausencias injustificadas, malos tratos, etc., sin embargo él lo amaba igual, sin condiciones.

Se había pertrechado en la casa porque las tres hermanas del muerto querían desalojarlo para quedarse con la casa, desconociendo sus derechos.

Grace consigue ganarse la confianza de Dick, que por su actitud maternal le recuerda a su madre; señalándole que ella también parecía haber amado a su esposo muchos años sin condiciones, ya que le había tolerado su rigidez y que por él había sacrificado una posible carrera como cantante por sus prejuiciosas objeciones.

Grace comprende el temor a la discriminación de Dick, porque ella misma tiene una cuñada que es enana que también es discriminada; pero le señala que si él mantiene oculta esa relación no podrá exigir su herencia.

Dick teme dar la cara en el pueblo, diciendo quién es y desenmascarar al muerto para hacer valer sus derechos, pero al mismo tiempo no se atreve a enfrentar el rechazo.

Sin embargo, cuando en un arranque de coraje logra exponerse en un pub local, inesperadamente recibe el homenaje de todos los presentes.

Esta experiencia impulsan a Grace y Dick a cambiar su acostumbrada actitud pasiva y complaciente y decidir ir a Chicago a enfrentar el peligro de encontrar al asesino.

Después de algunas peripecias muy graciosas logran su cometido.

Esta película nos señala un punto de vista que hay que tener en cuenta; que el amor no implica ausencia total de condiciones porque no incluye la falta de respeto por el otro.

Para que una relación sea posible es necesario aceptar al otro como es siempre que esto no signifique sacrificar la autoestima y la libertad individual.

La alienación es la pérdida de la identidad, es perderse en el otro, es enajenarse, diluirse en una relación en la que se distingue la personalidad de uno solo mientras el otro se convierte en su sombra.

El temor, la búsqueda de la seguridad, la comodidad, la vida fácil, atentan contra el desarrollo de una persona que por acomodarse a otra paga un precio demasiado alto, dejar de ser él mismo.