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El Amor de Pareja


Es una relación compleja el amor de pareja


El amor de pareja está condenado al fracaso si no se intenta comprender que no depende de la apariencia ni se trata de una cuestión de suerte o azar o simple atracción sexual.

En una sociedad de consumo donde todo se compra y se vende y donde todo depende de la oferta y la demanda, los sentimientos también ocupan un lugar en una vidriera y adoptan las mismas características que los objetos.

El amor no se puede objetivar porque cuando el amor es un objeto más, es utilitario y se requiere sólo para satisfacer las necesidades, suplir carencias o tener compañía.

Todos queremos ser amados sin embargo no estamos dispuestos a hacer ningún esfuerzo para brindar amor.

Para lograr un amor verdadero, no alcanzan ni la buena figura, ni la capacidad de empatía ni el magnetismo, porque no se trata de una serie de cualidades que se consideran deseables para ser atractivo sino que consiste más en una disposición, una capacidad, una habilidad que se construye con esfuerzo.

Amar y ser amado no es sencillo porque exige ser capaz de amar al prójimo, ser humilde y confiable, tener fe, ser valiente, constante y emocionalmente estable.

Todos hemos conocido alguna vez la experiencia de intimidad que se produce entre dos personas que casi no se conocen, atraídas por un súbito enamoramiento. Es como un milagro, una sensación de unidad que nos hace creer que por fin pudimos alcanzar lo que tanto habíamos anhelado.

Pero al poco tiempo, al llegar a conocerse mejor, ese milagro comienza a perder su magia y aparece la desilusión y el aburrimiento mutuo que disuelve hasta el último vestigio de la atracción que existía.

El hambre de amor sólo refleja la soledad interior y la necesidad de aferrarse a alguien para no perderse, debido a la falta de superación del ancestral sentimiento de separación, propio de la existencia humana.

Es evidente que cuando el hombre se independiza de los vínculos primarios se torna más intensa en él, la necesidad de huir del sentimiento de aislamiento y encontrar nuevas formas de superar esa soledad interior.

El amor verdadero exige preservar la propia individualidad, permitiendo superar el sentimiento de aislamiento y mantener la integridad del si mismo.

La pasión es una esclavitud y el amor sólo puede existir en libertad, jamás como resultado de una compulsión.

El amor verdadero se caracteriza por la necesidad de dar sin esperar recibir, no con la intención de hacer un sacrificio ni para privarnos de algo que nos pertenece, sino como expresión de fuerza y riqueza.

Dar siempre es más placentero que recibir si no estuviéramos siempre especulando en términos de ganancias y pérdidas.

En el amor de pareja uno se entrega a si mismo, no en el sentido de sacrificar la vida por el otro, sino como expresión de toda su riqueza interior, por eso es importante tener una vida plena y una realización personal.

El que no puede amar no ha superado la dependencia ni el deseo de obtener algo de los otros para si mismo y tampoco tiene fe ni coraje para confiar en sus propias capacidades para alcanzar sus logros.

El amor verdadero es básicamente respeto por el otro, viéndolo tal cual es, con la conciencia de su propia individualidad, tratando de favorecer su crecimiento y desarrollo para que logre ser quien es.

El respeto sólo es posible si se basa en la libertad, nunca en la dominación.

Conocer al otro nos permite ver más allá de los comportamientos que son difíciles de comprender y saber las razones más profundas, porque el acto de amar es una experiencia de unión que trasciende las palabras y el pensamiento.

El Arte de Amar


No importa la madurez alcanzada por una persona; amar no es fácil para nadie.

Eric Fromm, nos dice en su pequeño y gran libro “El Arte de Amar”, que cualquier intención de amar está destinada a fracasar, si antes no se ha desarrollado la personalidad total, porque se necesita, haber logrado la capacidad de amar al prójimo, ser humilde, valiente, disciplinado, y tener fe en si mismo.

En esta época son pocos los que desarrollan estas cualidades y también son cada vez menos los que son capaces de amar a alguien en particular.

Fromm sostiene que el amor es conocimiento y también esfuerzo, que no se trata sólo de una agradable sensación que nos hace sentir flotando en una nube, ni una cuestión de suerte, sino que es algo mucho más difícil; sin embargo la mayoría cree en el azar, en que un día encontrará a alguien ideal que satisfará todos sus deseos y que ambos podrán caminar juntos por la vida tomados de la mano.

El amor es una fuerza arrolladora que tiene mucha importancia y la mayoría sueña con vivir un gran amor algún día. Mientras tanto van dejando atrás fracaso tras fracaso y se conforman con ver a los enamorados en las películas o con escuchar canciones de amor, sin darse cuenta que el amor es también un arte que hay que aprender.

Todos desean ser amados y no creen en su propia capacidad de amar. Buscan la forma de atraer al otro con los medios que creen apropiados. Los hombres con el poder, el éxito o la riqueza y las mujeres con su belleza.

Fromm está convencido que actualmente el amor es un producto más de consumo, que tiene que tener determinadas características impuestas por la moda, como un objeto que está a la venta, y con la intención de ambos en última instancia, de hacer un buen negocio.

Hay una gran diferencia entre enamorarse y permanecer enamorado; porque si la relación se inicia con la atracción sexual y se consuma el acto; suele resultar un vínculo poco duradero.

Porque la intimidad comienza a correr el velo de lo todo lo que se ignora de la otra persona y comienzan a aparecer las diferencias irreconciliables, los antagonismos, las desilusiones y finalmente el aburrimiento mutuo o unilateral que termina con la relación.

Fromm compara al amor con cualquier otro arte como la pintura o la música, que hay que aprenderlos y conocerlos para dominarlos.

La gente está dispuesta a aprender cualquier arte para obtener beneficios materiales, pero no tanto para aprender el arte de amar que sólo puede beneficiar al alma.

El hombre aislado siente la necesidad imperiosa y básica de todo ser humano de superar la separatividad y trascenderse a si mismo para lograr la unión.

Si esto no puede ser logrado se buscan otros sustitutos como el alcohol, las drogas o el sexo, por ejemplo, que luego de sus efectos dejan culpa y remordimiento, ahondando aún más la soledad y provocando el anhelo de huir de la ansiedad en forma cada vez más frecuente con ese escape.

El sexo sin amor es un placer inmediato que no puede atravesar el abismo que existe entre dos personas que no se conocen, porque en realidad no son personas sino objetos que se utilizan como medios para un fin, y no como fines en si mismos.

El amor tampoco se trata de una relación conformista y rutinaria, como cuando dos personas están juntas ignorándose mutuamente, como islas, o dominando una a la otra, o estableciendo vínculos simbióticos.

Fromm afirma que el dominio del arte de amar es cuando se logra una relación que signifique una unión interpersonal, preservando cada uno su propia identidad, siendo dos personas que se convierten en una pero que siguen al mismo tiempo siendo dos.

Más que recibir, amar es dar lo mejor de uno mismo, no en un arranque ni en un arrebato, sino como modo de vida.

La capacidad de dar amor depende del desarrollo de la personalidad , cuando se ha superado la dependencia, la omnipotencia, el deseo de acumular y cuando se ha adquirido la valentía suficiente como para tener fe en si mismo.

Amor y Obsesión


Amar a alguien es una emoción humana capaz de ayudar a reconciliarse con la vida, producir un cambio en la percepción y poder ver todo más bello.

Pero también, el que cree amar, puede volverse posesivo y cruel hasta el punto de poner en peligro la relación.

El falso amor se puede transformar en obsesión en personalidades depresivas que tienden a relacionarse en forma simbiótica.

Necesitan sentirse dueños del otro, como parte de sí mismos, para poder controlarlo y manipularlo y cualquier actitud de independencia es interpretada como falta de amor.

Pero si esa persona no puede crecer ni tener una vida propia, además de perder la oportunidad de desarrollar su potencial, pierde su identidad, enajenando su propia vida para mantener una relación enferma.

Según la teoría psicoanalítica, la personalidad depresiva es el resultado de un trauma en una etapa muy arcaica del desarrollo psicosexual, durante la lactancia, cuando todavía no hay reconocimiento del yo y del no yo.

El trauma es un acontecimiento imposible de controlar que provoca la incapacidad para responder en forma adecuada y que provoca perturbaciones en la organización psíquica.

Esa etapa narcisista en que el pecho materno es vivido como la prolongación o como un espejo de si mismo, tenderá a reiterarse en cada relación afectiva con personas significativas.

El amor obsesivo es un amor neurótico que también se basa en la forma de relación afectiva que se ha vivido con el padre o la madre, cuando no se ha superado ese patrón y se aspira a repetir las exigencias de la infancia en la vida adulta.

Freud sostenía que el hombre posee un irrefrenable deseo instintivo de conquista sexual de todas las mujeres y que sólo la cultura le impide hacerlo. Como consecuencia, todos los hombres son necesariamente celosos unos de otros y éstos celos, así como la competencia con otros hombres, continuará existiendo siempre.

Según esta afirmación se puede inferir que el verdadero amor sería realmente imposible.

La obsesión en el amor se caracteriza por el intento de control de la relación y de la pareja que representa un objeto más de propiedad del sujeto.

La obsesión en el amor no es amor, consiste más bien en tener a alguien seguro para usarlo.

No hay nada peor en el amor que convertirlo en una cárcel por el miedo a perderlo.

La angustia que provoca el miedo a la pérdida es la falta de fe, porque para amar a alguien de verdad hay que tener fe, y para tener fe hay que tener coraje, ser capaz de correr riesgos, estar dispuesto a soportar el dolor y la desilusión como parte de la vida y a comprometerse sin garantías.

El que se obsesiona considera a la seguridad y la tranquilidad como elementos esenciales en la vida, donde las posesiones, tienen primacía, sin darse cuenta que también él es un prisionero.

La fe en la vida y en los otros se adquiere cuando uno mismo es digno de f

Me Enamoré del Hombre Equivocado


El enamoramiento y el deseo de vivir un romance, para una mujer, son emociones difíciles de controlar, mucho más aún si es muy joven.

Más que enamorarse de una persona, las jóvenes se enamoran de un ideal, percibiendo al otro como no es, con la ilusión que sea como la imagen que han creado ellas mismas.

Por esta razón muchos se aprovechan de esos sentimientos y suelen actuar según las expectativas, para luego, una vez realizada la conquista, mostrarse como realmente son.

Nadie es perfecto, de modo que todos tienen defectos y cualidades que generalmente conocen y que la mayoría trata de disimular u ocultar.

En el escenario de la vida la gente actúa oculta detrás de una máscara y luego pueden desilusionar con sus actitudes, pero si una relación se basa en la aceptación puede hacer el milagro de revelar lo mejor del otro.

Las emociones sin control pueden ser muy destructivas, pero se pueden evitar si se logra el dominio de uno mismo, para terminar así con la tendencia a cometer siempre los mismos errores.

Las imágenes del otro que conmueven a las mujeres no son reales, porque se basan en sus experiencias del pasado vividas con personas que han sido significativas.

Un hombre puede llegar a emocionar a una mujer por su carácter, su físico, su personalidad, y ella puede no saber que esas características provienen de su infancia, recuerdos de quienes también alguna vez la conmovieron, que la hacen caer en su propia trampa, sin la posibilidad de aplicar cualquier otro nivel de análisis.

Esta conducta no se agota en una sola experiencia, por más destructiva que resulte, y tiende a reiterarse nuevamente en otras oportunidades y convertirse en la forma habitual de relacionarse.

Es muy difícil salir de este condicionamiento; y estas personas se condenan a sufrir sucesivas experiencias de fracaso con la consecuente frustración. Se resisten a renunciar a ese flechazo romántico, un breve juego que aunque dure poco las hace sentir vivas.

La baja autoestima es la condición necesaria de la que se enamora del hombre equivocado; porque posee una vocación arraigada hacia el fracaso y el sentimiento de una merecida necesidad de castigo.

Detrás de este mecanismo se oculta una característica de personalidad depresiva, cuyo mayor peligro es la tendencia a realizar conductas autodestructivas.

Toda mujer puede encontrar una pareja que las haga felices, depende de su comportamiento y de cuánto se valoren; porque en cada relación tenderá a recrear la misma conducta.

El hombre es un universo que hay que llegar a conocer en todos sus aspectos para poder relacionarse y llegar a amarlo en forma genuina, y cada mujer tiene que saber las necesidades que su relación de pareja le debe satisfacer; porque las personas tienen necesidades diferentes, y si éstas no se satisfacen puede deteriorar el vínculo, llevar a cometer infidelidades y provocar la disolución de la pareja.

Para lograr relaciones estables hay que aprender a elegir con la razón y con el corazón y no involucrarse en arrebatos pasionales destinados a extinguirse en poco tiempo.

Los errores en el amor son producto de la falta de reflexión, de la impulsividad sin control que no permite construir un sentimiento profundo, sustentable en el tiempo; cuando se atreven a explorar terrenos inciertos arriesgándose a sufrir, frustrarse y fracasar nuevamente.

Una pareja que se ha formado con demasiada facilidad, fruto de una conquista que no ha encontrado ningún obstáculo ni ha exigido ningún esfuerzo y que avanza sobre terreno llano, sin nada para sostenerse; terminan con la misma facilidad, sin haber desarrollado ninguna raíz profunda, dejando dolor, frustración y desilusión.

El Amor sin Compromiso


El amor sin compromiso es una posición social inventada con el propósito de no tener objetivos y para no resistir el paso del tiempo.

Toda relación humana, aún la aparentemente más efímera, implica un compromiso, aunque no existan papeles firmados, ni contratos, porque por el solo hecho de establecer un vínculo exige responder a ciertas expectativas.

Por otro lado, todos deseamos encontrar una pareja para siempre, aunque esto sea una quimera y no llegue a concretarse nunca.

En el ámbito comercial también exige compromiso personal, porque tanto el amor como el dinero tienen mucho en común a la hora de las definiciones y los hechos concretos; y si hablamos de afectos, más aún, porque involucra a los sentimientos, que son mucho más difíciles de mantener encubiertos.

Por eso, aunque una pareja no tenga el propósito de formalizar un compromiso formal, igualmente será una relación que no estará exenta de reglas y condiciones.

El hecho de no vivir juntos ni de no compartir todos los ámbitos de la vida, obligará a ambos a respetarse mutuamente sus respectivos espacios familiares y sus anteriores compromisos.

Aunque en una relación de pareja, tres son una multitud, no es condición suficiente para alcanzar una plena intimidad, porque al no poder compartir sus correspondientes relaciones con otros, cada uno tendrá que restarle tiempo e importancia a ese vínculo para poder responder a los requerimientos de sus respectivos grupos.

Porque si una nueva relación de pareja se atreve a monopolizar la atención, sin la intención de crear el consecuente compromiso, quedará descalificado de plano por los que los rodean aunque jamás lo hayan conocido.

En el caso de parejas con hijos de relaciones anteriores, será aún peor, se mantendrán al margen de toda cuestión e indiferentes a las situaciones personales y entonces será una relación casi virtual, solamente para ellos dos.

Cada festividad tradicional y evento familiar no podrán ser compartidos, porque es una relación sin identidad, que se caracteriza por las ausencias, la evitación y el desencuentro, y por el miedo a ser absorbido por la situación, sin haberlo querido.

Algunas parejas de este tipo tienen un teléfono celular exclusivo que les permite la ilusión de estar conectados, aunque sea por teléfono, como un modo de evitar inútilmente de caer en el tedio y la sensación de vacío.

El celular se transforma entonces en el instrumento mediático que intenta infructuosamente que la endeble conexión no se interrumpa y se mantenga pendiendo de un hilo.

Pero este estado de cosas tan frágiles y perecederas, con el tiempo se desgastan, las ausencias se acentúan, los llamados telefónicos no se contestan, los compromisos de ambos se multiplican y se hacen cada vez más difíciles los encuentros que se comienzan a convertir en obligaciones forzadas.

Ambos podrán valorar esa relación pero aquellos que los rodean no lo harán, porque para el grupo social de cada uno no existen.

Constituidas bajo estas condiciones las parejas se enfrían, no resisten el paso del tiempo y terminan separándose; porque en definitiva se trata de dos extraños que no se llegan a conocer, que intentan lo imposible, mantener una relación que no se sostiene por falta de historia, de significados y de presencias, convertidas en personas circunstanciales cuyo recuerdo borrará el olvido.

El símbolo de la pareja tradicional está en el inconsciente colectivo, es inútil tratar de ignorarlo pretendiendo un cambio de estructuras y el miedo al compromiso convierte a una persona en alguien aislado, sin la posibilidad de crear lazos afectivos genuinos.

Además es difícil llegar a conocer a alguien fuera de contexto, porque las relaciones son parte de uno mismo, forman nuestra historia y en gran medida define nuestra identidad y nuestro estilo.

El Amor que no Dura


Todos sabemos que la vida es cambio, crecimiento, renovación, y transformación y aunque nos parezca pura rutina todos los días son diferentes.

Enamorarse es algo maravilloso, una experiencia que nos hace sentir que estamos vivos y que la vida es bella.

Vivir esa experiencia plenamente sin dejar de lado la responsabilidad, nos hará pasar momentos muy felices.

Pero el amor no es una excepción en esta vida y también cambia, madura, se renueva y se transforma y está en nosotros mantener la llama encendida, siempre que podamos discriminar si se trata de un amor verdadero o de algo pasajero.

El enamoramiento es un estado subjetivo que cambia la percepción. No podemos ver al otro con objetividad, porque vemos solamente lo que queremos ver.

Nos enamoramos del amor no de una persona; y le adjudicamos cualidades que no tiene, de modo que cuando nuestra percepción se normaliza comenzamos a verle todos los defectos y por ende a desilusionarnos.

A los 16 años me enamoré por primera vez. Fue una relación breve e inocente que sin embargo me enseñó mucho. Me daba cuenta que podía ser muy feliz con sólo mirarlo a los ojos. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que comencé a sentir algo muy extraño. Cuando no lo veía deseaba estar con él pero cuando nos encontrábamos no me agradaba verlo.

Me di cuenta que lo idealizaba y al estar en su presencia sentía que no me gustaban muchas cosas de él, que no era la persona para mi, que no era alguien que podía introducir en mi propia historia, la historia que deseaba para mi.

Sin embargo, el sólo pensar en perderlo me desesperaba. Estaba enamorada del amor, de un ideal, no de él, y entonces tomé la decisión de cortar por lo sano.

Fue difícil y me costó mucho hacerlo, pero no aguantaba más esa ambivalencia.

Fue una relación platónica, breve e inocente que sin embargo me enseñó mucho.

Por un tiempo me sentí como al borde de un abismo y la vida me pareció incomprensible. La felicidad se tornó en tristeza, desilusión y abatimiento y hasta dudé de mi decisión.

Me aferré a mis obligaciones, en ese momento los libros y el trabajo y muy pronto, antes de lo que me hubiera podido imaginar, pude olvidarme de él.

El amor en una pareja no permanece siempre igual. Sentir mariposas en el estómago cuando están con nosotros no es una sensación tan imprescindible como creemos, porque las cosas cambian siempre para mejor y es inútil aferrarse a experiencias del pasado que nos han agradado.

No podemos seguir tomando sólo leche cuando crecemos, a los niños les cuesta comenzar a comer otras cosas porque desean quedarse con lo que ya conocen que les gusta.

No es que desaparezcan por completo las mariposas en el amor, están para siempre, pero tal vez no en forma permanente, porque habrá otras cosas igualmente positivas y agradables que permitirán que una pareja funcione y bien.

Las relaciones inestables son muy frustrantes precisamente porque no hay una historia. El ser humano necesita significados, no puede mantener el interés en algo que no se pueda enraizar armónicamente a su propia biografía, para cumplir el destino que ha elegido.

La vida de cada persona es una historia arquetípica y universal que reitera infinidad de historias parecidas, dramas similares que tienen un sentido; y conocer ese sentido individual que hemos elegido es esencial, para no cometer errores ni dejarse llevar por ilusiones.

El Amor y la Soledad


Muchos buscan el amor para huir de la soledad, pero nunca un amor podrá satisfacer la necesidad infantil de sentirse acompañado, y esa relación estará destinada al fracaso.

Cuando amo a alguien porque lo necesito, no lo amo, lo estoy usando para mi propio beneficio, para que me acompañe, me mantenga, me divierta, me entretenga.

Sólo cuando necesito a alguien porque lo amo es cuando me mueve el verdadero amor, la necesidad de compartir, de dar y de saber recibir, y estar dispuesto a comprender, perdonar, tolerar y aceptar.

Cuando se ama a alguien de verdad, se desea su libertad para ser quien es, y se llegan a amar sus virtudes y sus defectos, porque no siempre esos defectos son reales, ya que los que pueden ser defectos para uno pueden ser virtudes para otros.

La soledad nos enseña a vivir, a ser independientes, a valorarnos, a confiar más en nosotros mismos. Es la experiencia más aleccionadora que existe para madurar como persona.

Recién cuando somos capaces de estar solos, aprendemos a conocernos, a apreciar todo nuestro potencial, a querernos y a ser más buenos con nosotros mismos.

No se puede amar a otro si uno se desprecia. El odio a uno mismo es el fundamento de la agresividad hacia el otro, porque siempre estamos proyectando nuestra propia interioridad con nuestras acciones.

Cuando se siente la sensación de estar solos o aislados es cuando hay que volver la atención hacia adentro y buscarse a si mismo; porque el afuera nunca podrá devolver el sentimiento de pertenencia que se ha perdido.

Cuando se recupera la conciencia interna de pertenencia se logra la reconciliación con uno mismo, surge un nuevo sentimiento de compasión y la posibilidad del perdón.

Esa relación personal es la más importante de las relaciones que existen; porque el hombre no puede relacionarse normalmente con otro si no está bien con él mismo.

El amor verdadero no es fusión sino independencia, porque precisamente lo que se ama del otro es su ser total, su capacidad de desarrollo y su poder de trascendencia constante.

Amar es admirar, es sorprenderse todos los días con el ser amado, que es capaz de cambiar y seguir siendo el mismo o la misma.

El egoísmo mata al verdadero amor, con las limitaciones y las trabas al desarrollo individual del otro, casi siempre por celos o envidia del miembro de la pareja que se ha estancado.

La belleza es un don que ayuda a atraer pero que no sirve por si misma para mantener una relación.

La preocupación por el esquema corporal se ha convertido en un fin en si mismo y en el propósito de la vida de mucha gente.

Pero si detrás de un cuerpo perfecto no hay más que la preocupación por agradar, ninguna relación a largo plazo es posible y sólo se habrá logrado ser una cosa, un bien de uso y no una persona.

La belleza no dura siempre, lo que permanece es el ser verdadero y auténtico que no se preocupa por agradar sino por ser.

Los vínculos se rompen con facilidad cuando en una pareja alguno de los dos no crece; y permanece aferrado a valores relativos, sin desarrollarse. Ambos se aburren, se critican, y terminan odiándose, porque se convierten en obstáculos del propio crecimiento.

La atracción física desaparece, ya no se aprecia la belleza porque cuando la pasión inicial entra en razón, se puede ver más allá de ella y se descubre que no hay nada.

Para amar a alguien de verdad primero hay que conocerlo o conocerla como persona y luego, naturalmente, como una consecuencia lógica y esperada por ambos, vendrá la intimidad, más relajada, sin temores, con la responsabilidad de los que tienen conciencia de la importancia de ese momento.

Si todo este proceso es al revés, y se empieza con la intimidad, entonces se convertirá en un episodio más en sus vidas, transitorio y ocasional, que a veces tiene consecuencias desastrosas.

El Amor por Internet


El peligro del amor por Internet es que puede ser sólo una ilusión.

La ilusión es una percepción falsa, una imagen o representación que no coincide con la realidad. Proviene de la imaginación o por engaño de los sentidos.

Difiere del error, ya que la ilusión persiste después de ser reconocida como inexacta o falsa, pudiendo provocar los mismos sinsabores que suelen producir los verdaderos hechos de la realidad.

Para el filósofo Kant, la ilusión no es producto del objeto sino del juicio que hacemos sobre él.

Podemos inferir por lo tanto que la ilusión es una elaboración subjetiva que hace que una persona perciba lo que quiere y no lo que realmente es, en virtud de necesidades internas.

El fenómeno de Internet ha abierto un canal propicio para aquellos corazones solitarios que aspiran a vivir ilusiones, porque en el fondo temen enfrentar la realidad y principalmente el contacto físico.

La era virtual crea un intermediario que no juzga, no condena, no siente, pero que permite un acercamiento audiovisual, sin contacto.

El hombre moderno está perdiendo sus sentidos de tacto y olfato, y en su lugar ha multiplicado el uso de sus facultades auditivas y visuales.

Los teléfonos celulares reemplazan también el contacto físico y aunque son propicios para mantener una comunicación más fluida, no favorecen las verdaderas relaciones humanas.

La televisión, los videos juegos, los DVDs reemplazan las vivencias y el ser humano comienza a crear el hábito de conectarse con la realidad a través de un aparato.

El hombre es un ser social y no puede vivir aislado; porque sin el otro no podría llegar a tener conciencia de si mismo, sin embargo, cada vez más la gente vive en estado de aislamiento.

El aislamiento es diferente de la soledad, es el sentimiento de no pertenencia, de no formar parte, y ese sentimiento es el que aliena.

Alienarse significa perder la identidad, no saber quien uno es, para qué existimos y cual es el propósito de nuestra vida.

Es probable que algunos se hayan podido conocer por Internet y que incluso hayan logrado concretar una relación satisfactoria, pero también existen muchos que han sido engañados y estafados.

Porque un medio como Internet se presta al engaño y a la falsedad; porque es una tentación difícil de vencer, es la oportunidad de vivir un “como si” como en el teatro, y atreverse a actuar distintos personajes y hasta diferente sexo.

Un anciano puede ser joven otra vez y un adolescente puede hacer creer que es un adulto mayor de edad.

Pero aunque no sea lo mejor, cuando algunas necesidades no están satisfechas, una salida elegante sin tener que enfrentar el riesgo del rechazo, es defenderse poniendo una computadora en el medio.

En estos casos, una vez que se ha producido un contacto aceptable, una buena forma de evitar ser engañada y de no perder el tiempo, es acelerar la concertación de una cita para conocerse personalmente.

Si el interlocutor o interlocutora se empeñan en postergarla y no se definen en un plazo más o menos breve, es probable que se trate de farsantes que sólo se están divirtiendo.

Estas desilusiones suelen afectar a los jóvenes casi tanto como la pérdida de una relación real, porque los seres humanos tendemos a construir castillos en el aire y a aferrarnos a ideales.

El Amor Dependiente


Las experiencias infantiles no integradas, crean patrones de comportamiento que pueden condicionar la vida futura y todas nuestras relaciones de adultos, ya sean de pareja, de amistad, de trabajo, e incluso pueden producir problemas frente a los roles de autoridad.

Un niño que no ha podido enfrentar ni resolver la frustración afectiva, ni ha tenido oportunidad de aprender a conectarse con el dolor y la sensación de inseguridad; cuando crece sigue teniendo las mismas dificultades que no pudo elaborar en la infancia.

Es entonces cuando busca en sus relaciones de pareja, usar al otro para no sentirse solo, compensar carencias afectivas y enfrentar sus miedos.

Esta conducta condena al fracaso a la relación de pareja, porque no podrá funcionar en esas condiciones, tendiendo a culpar al otro de no poder satisfacer sus necesidades arcaicas, que deberían ser responsabilidad de él mismo.

El que no ha vencido la necesidad de sentirse protegido por otro, no puede relacionarse afectivamente como un adulto; porque esa exigencia no le permitirá dar amor ni establecer un vínculo maduro.

En la relación de pareja se tienden a reiterar antiguas prácticas inmaduras no satisfechas, para protegerse del dolor y evitar el sufrimiento de sentirse huérfano, temeroso, rechazado o imperfecto.

Estas estrategias ya no dan más resultado, al contrario, atentan contra el vínculo y terminan destruyéndolo.

Esta conducta exige vivir a la defensiva, impidiendo el auto conocimiento y el crecimiento y quitando la autenticidad, obligando al individuo a vivir detrás de una máscara.

La máscara se convierte en una pesada carga que hay que llevar, pero que se elige porque el temor a quedar vulnerable es más fuerte.

Sin embargo, ser vulnerables nos hace más fuertes, porque ya no tenemos que gastar más energía en fingir, y podemos ser quienes realmente somos.

Podremos recibir críticas o rechazos pero también tener la oportunidad de abrirnos a la aceptación y al amor.

Conocer nuestras heridas narcisísticas y ponernos en contacto con nuestros sentimientos, nos ayuda a salir de ese condicionamiento y a liberarnos; y revivir las emociones de miedo, angustia, dolor, rabia y desconfianza, nos abre las puertas de nuestro crecimiento.

Los bloqueos emocionales son los que nos impiden ser felices cuando nos relacionamos, no nos dejan enfrentar las situaciones en lugar de huir, ni confiar en nosotros mismos aceptándonos como somos, ni decir lo que pensamos sin temor a ser juzgados o criticados, por el miedo a hacer el ridículo.

Es importante darse cuenta, cuándo en una relación de pareja estamos actuando como madre o como hijo y también cuándo nos están tratando como a una madre o a un hijo.

Para salir de esa condición hay que hablar con sinceridad señalando que no tenemos esos roles sino otros, aprender a perdonar y perdonarse, atreverse a ser adulto y expresar de manera auténtica lo que sentimos, con honestidad, aún en las circunstancias más difíciles, defendiendo nuestros proyectos sin dañar ni amenazar al otro sino comprendiéndolo.

La comunicación entre un hombre y una mujer es difícil, porque son dos personas biológicamente diferentes, que han sido educados también en formas distintas, que se comportan, piensan y viven los afectos de manera diferente, y cuyos intereses también difieren.

Sin embargo, mantener una buena relación es posible, cuando el respeto es mutuo, ambos se comportan como adultos y han tomado las riendas de sus respectivas vidas para conducirlas hacia el cumplimiento de sus propios objetivos.

Del Amor al Odio


La convivencia de una pareja es una dura prueba difícil de superar con éxito, más ahora que lo habitual es que dos personas se deciden a vivir juntos cuando ya han disfrutado de su experiencia solos.

Compartir la vida exige aceptar otra manera de vivir que puede ser eficaz, porque no necesariamente la forma de ser propia es la mejor.

La vida en común enriquece a la personalidad, que se puede nutrir de las características del otro, que no siempre es su alma gemela.

El peor error de los hombres es identificar a su mujer con su madre y tener las mismas expectativas; porque la casa es de los dos y la responsabilidad de su funcionamiento de ambos.

La convivencia revela el verdadero carácter de cada uno de los integrantes de una pareja, cómo son sus sentimientos, su capacidad de generosidad o egoísmo, su manera de convencer, su necesidad de dominio, su capacidad para enfrentar los problemas, su paciencia, su comprensión, su fortaleza, y si son independientes y maduros.

El amor distorsiona la percepción de tal manera, que muchos rasgos de carácter de la pareja son minimizados y hasta ignorados en un primer momento por el otro, para aparecer durante la convivencia, en las contingencias y divergencias de la vida diaria, que es cuando recien se puede ser capaz de darse cuenta de la verdadera naturaleza del otro.

Los hombres muy seductores y atractivos es probable que lo sigan siendo mientras vivan; representan un orgullo por haberlos conquistado, pero significan un calvario para la convivencia. Necesitan sentirse halagados y perseguidos por las mujeres, y seguramente no podrán evitar tener aventuras.

Con las mujeres muy atractivas y bellas ocurre lo mismo, suelen ser peligrosas, porque son habitualmente asediadas por muchos hombres. Su pareja se podrá sentir orgulloso de tenerla a su lado pero comenzará a sentirse celoso, inseguro e incómodo hasta de sus posibles pensamientos.

El problema más común es enamorarse de un ideal, no de una persona real, que seguramente tiene defectos, que comete errores y que no siempre tiene el comportamiento que se espera.

La gente no ve lo que no quiere ver, y está dispuesta a mantener la imagen idealizada de una pareja, construida desde la niñez en base a las figuras de los padres que tuvieron o que hubieran querido tener, que no tienen nada que ver con la realidad y que les servirán para elegir siempre el mismo tipo de pareja.

Pero el esfuerzo para hacer coincidir la persona real con el ideal, con el tiempo se diluye y es cuando se comienza a tomar conciencia de la persona real.

Es difícil admitir no haberse dado cuenta antes de quién es quién, de manera que se adjudica el fracaso de la pareja a la rutina de la convivencia y al desgaste, cuando en realidad fue que ambos no pudieron ver detrás del velo que los ocultaba antes, cuando estaban enceguecidos por el amor.

Sin embargo, no siempre, el hecho de haber idealizado a la pareja es una condición negativa, porque puede ocurrir en el mejor de los casos, que puedan superar sus expectativas si se comienzan a mirar desde una perspectiva más amplia, dejando de lado los condicionamientos de la niñez.

Las personas son insondables y complejas, y no se agotan en un solo rasgo de carácter. Son como los diamantes en bruto, hay que saber apreciarles su potencial porque muchas veces nos llegan a sorprender.

Pero de lo que si tenemos que estar seguros es que no podemos cambiar a nadie.

El Amor en el Aire


Una película inteligente de la actualidad, nos sumerge en la vida de un hombre dedicado a una tarea difícil, trabajar en una compañía que vende el servicio ingrato de despedir al personal de las empresas que necesitan disminuir su dotación.

La crisis económica hace que haya muchos clientes para este servicio, y que su personal tenga mucho trabajo, toda gente especialmente entrenada para esas circunstancias.

Esta tarea, obliga a los ejecutivos encargados de esta rutina, a viajar en avión más de trescientos días al año, a distintas partes de Estados Unidos y del mundo, y a pasar sus vidas en aviones y hoteles, en soledad y desarraigados.

El protagonista disfruta plenamente de este estilo de vida que domina a la perfección, manteniendo escaso contacto con dos hermanas y sobrinos, que son sus únicos familiares, ya que no desea establecer vínculos que puedan entorpecer su trabajo.

Su tarea incluye además dictar conferencias, siempre con el mismo contenido, para entrenar al personal para esa ocupación, tratando de convencerlos a adoptar su misma filosofía de vida, o sea disponer sólo de un ligero equipaje con lo justo y no tener que despedirse de nadie; porque desde su punto de vista, la familia, una esposa, hijos y todo lo que contiene un hogar, son cargas muy pesadas, difíciles de llevar a alguna parte.

Pero ese razonamiento no se puede sostener cuando conoce a alguien que como él es viajera frecuente, que logra mover sus aparentes firmes estructuras, y cuando lo que comienza siendo un amor ocasional se convierte para él en algo más genuino.

La boda inminente de una de sus hermanas lo coloca en una situación que contradice su forma de pensar y ayuda a aumentar su confusión.

Por otro lado, su propia compañía, gracias al avance de la tecnología, parece arrebatarle la posibilidad de continuar viajando y obligarlo a hacer una vida estable.

Comienza a derrumbarse su mundo tan bien estructurado, a no estar tan seguro de sus principios y con la tentación de ceder a la necesidad de profundizar su relación, cambiar sus reglas de juego y ser una persona diferente.

Pero cambiar de filosofía, significa no solo cambiar de estilo de vida sino también cambiar de proyectos y de modos de relación; porque todo lo que ha sido significativo, deja de serlo debido al cambio de perspectiva.

La aspiración máxima del protagonista había sido acumular millas de vuelo hasta llegar a los diez millones, meta que le brindaba la oportunidad de viajar prácticamente gratis toda su vida a donde quisiera, además de recibir trato preferencial, gozar de varios beneficios y honores en los vuelos de la compañía; y recibir una tarjeta que lo identificaba como uno más de los siete hombres del país que habían alcanzado el mismo objetivo.

Esos honores y beneficios, tan apreciados por él en otro momento, ya no le interesaban porque ahora, sólo pensaba en volver a ver a la mujer que amaba.

Pero la vida le demuestra, que cambiar tiene un costo que casi siempre duele; y que no siempre los demás están en las mismas condiciones de poder hacer lo mismo, porque tienen otras vidas, otras necesidades y viven en otros mundos.

Afortunadamente o no, la nueva tecnología implementada no tiene el efecto esperado y la empresa donde trabaja se ve obligada a volver a la modalidad anterior, obligándolo a continuar viajando como lo hacía habitualmente.

Una comedia bien hecha, que en algunos momentos se vuelve drama, al reflejar la dolorosa realidad de una sociedad que está viviendo un proceso de cambio.

Estilos para amar


Las personas se relacionan afectivamente de muchas maneras, y estas formas de relación varían en función a cómo han vivido sus experiencias de la infancia.

Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.

Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.

Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.

La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.

Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.

Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.

Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.

Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.

Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.

Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.

La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.

Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.

Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.

Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.

Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.

Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.

Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.

Amar es un arte


El amor es una emoción básica digna de ser vivida en plenitud, también se puede vivir anhelando el amor sin llegar a conocerlo e incluso sabotear cualquier intento de aproximación por temor a sufrir.

El amor se encuentra cuando una persona está atenta y dispuesta a amar y a confiar y tiene la plena convicción de que merece ser feliz.

Para entregarse al amor es importante aprender a ver más allá de un cuerpo y de una cara atractiva, porque la bondad del corazón no se percibe a simple vista. El otro no es sólo un cuerpo, tiene además un sistema de valores, creencias y una filosofía de la vida; y estas características son las que definirán la relación y las que indicarán qué se puede esperar de ella.

El amor es entrega, no inmediata, sino reflexiva; porque exige lealtad, fidelidad y generosidad para aceptar al otro como alguien que siempre será diferente.

Hay que estar bien y a gusto con quien uno es, estar convencido de ser valioso, no tener dobleces y sentirse digno de ser amado y respetado, para que el que tenga la oportunidad de conocernos pueda pensar y sentir lo mismo, porque la realidad es un reflejo de nosotros mismos.

Quien está en el camino del desarrollo personal y tiene alta su autoestima se convierte en una persona interesante y atractiva naturalmente; alguien que está haciendo lo posible para dar lo mejor de si mismo; y es en esas condiciones cuando se está maduro para tener una relación.

El amor de pareja es una relación que no se puede forzar, se tiene que dar espontáneamente y necesita cultivarse todos los días.

Amar no significa atarse a otro y abandonar todo lo demás, porque sólo la libertad y la confianza logran mantener el amor estable.

El amor se torna dependiente y posesivo cuando uno de los dos se estanca y no crece; porque el estancamiento produce en el otro aburrimiento y desinterés; y la necesidad de buscar a alguien con la chispa de entusiasmo para vivir que su pareja ha perdido.

El corazón también tiene neuronas, según afirman hoy en día los científicos; sin duda son para reflexionar sobre los sentimientos y para orientarlos adecuadamente; porque de nuestras decisiones responsables dependerá nuestra felicidad en el amor o nuestro sufrimiento.

Cuando el amor se convierte en una prisión o se opone a los propios valores o derechos; es hora de replantearse la relación, porque puede convertirse en un vínculo enfermo.

Para amar hay que estar dispuesto a confiar, sin esperar demasiado del otro, dar tiempo a la relación, evaluando sobre la marcha la profundidad que logran los sentimientos.

El amor se demuestra con los hechos no con palabras dichas en un arrebato de pasión, y necesita saber perseverar, tener constancia y paciencia.

Se puede superar el desamor y el abandono, liberándose de la culpa y no atribuyéndose el fracaso para no perder la autoestima, porque cuando una pareja no funciona el problema es de los dos.

El dolor de una pérdida es más orgullo herido que sufrimiento verdadero, porque se vive como un fracaso personal y se tiende a olvidar las importantes razones de la ruptura.

Un enfoque más frío y realista de la situación puede revelar que la separación representa la mejor decisión y la oportunidad de empezar una nueva vida sobre bases más sólidas.

Si no se ha logrado la aceptación del propio esquema corporal y se vive en función del cuerpo, tratando de cambiarlo, hay aprender a valorarse, a creer más en uno mismo como persona total y a darse la oportunidad de crecer y mejorar no sólo de cuerpo sino también de espíritu.

El que renuncia al amor por temor, o por creer que no puede agradarle a nadie, está buscando excusas para no arriesgarse y decirle que no a la vida.

El amor exige inteligencia, para saber perdonar y para comprender, porque la comprensión es la posibilidad de entender un punto de vista que no es el propio.

Fuente: Psicología práctica Especial, número 3, Curso de felicidad, “21 expertos explican cómo atraer el amor”.

Relaciones amorosas desenfrenadas


Me escriben algunos lectores con la misma problemática: se encuentran involucrados en relaciones amorosas apasionadas, que lejos de hacerlos felices, los hacen sentir alienados, temerosos de perder su amor y celosos hasta volverse obsesivos.

Este estado no es privativo de los hombres sino que también lo pueden sufrir las mujeres, pero en este momento me referiré a los hombres.

Estar demasiado obsesionado por una persona puede hacer sentir incómodo a un hombre y llevarlo a comportarse en forma irracional y contradictoria.

Mientras por un lado alguien dice sentirse desesperadamente enamorado, por otro es capaz de ser infiel y luego quedar desequilibrado por los sentimientos de culpa y el temor a ser a su vez engañado.

Enajenarse en el amor, no es lo mejor, porque esta es una emoción que no dura, por otro lado, cómo se puede creer en su amor si está dispuesto a hacer el amor con otra para recuperar el control de si mismo.

Las pasiones desenfrenadas son peligrosas, porque se puede tomar al otro como un objeto y permanecer alienado por esa pasión.

Lo más grave de estos casos en particular, es la contradicción que existe entre creer “amar desesperadamente” a alguien y no obstante sentir la necesidad de relacionarse ocasionalmente con otra, aunque más no sea para tratar de desprenderse de esa pasión que no tolera.

Vivimos en un mundo donde se cumple inexorablemente una ley de la física: la ley de causa y efecto; y cualquier cosa que hagamos a cualquier nivel, tiene un efecto en el mundo físico y también en el mundo emocional interno.

La traición siempre es una actitud que trae una consecuencia no deseada, tanto para el otro como para uno mismo, principalmente en este caso, en un momento en que la pareja parece llenar totalmente la vida sentimental de una persona y cuando parece que no hay lugar para otra cosa.

Esta actitud demuestra egoísmo, falta de entrega, deseos inconscientes de deshacerse de una situación que no se entiende ni se puede manejar con cordura.

Manifiesta más incomodidad personal que sentimientos profundos y sinceros, y el desequilibrio, la preocupación y la inquietud es nada más que miedo, miedo a perder un amor por no ser capaz de querer.

Los amores pasionales son peligrosos, las personas se vuelven posesivas y dominantes, asfixian a sus parejas y no les dejan espacio para vivir sus vidas personales ni para crecer y a la vez se asustan de sus sentimientos por creer que aman demasiado.

Aman con la condición de sentirse seguros y si tienen alguna duda, se muestran celosos, malhumorados, inquisidores, fastidiosos e incluso infieles.

No podemos ser dueños más que de nosotros mismos, y esto sería a lo que todos deberíamos aspirar, y menos pretender adueñarnos de una pareja, para poder quedarnos tranquilos y sentirnos seguros de su amor. Simplemente, porque la seguridad no existe.

Ni siquiera somos dueños de nuestros hijos cuando se van del hogar, ellos deben tener su independencia, vivir sus vidas y ser libres.

El amor posesivo se convierte en odio en poco tiempo, porque no se puede renunciar a ser uno mismo; y si se renuncia, es para convertirse en un títere que pierde todo el encanto de ser único.

La libertad es la condición que tiene el amor para llegar a ser estable y prolongarse en el tiempo, porque nadie tolera cadenas que no le permitan desarrollarse y crecer ni tampoco le va agradar al otro, alguien que renuncia a ser quien es.

Tal vez en otras épocas era común que las mujeres permanecieran oprimidas y anuladas como personas individuales, limitadas a su rol familiar. Pero hoy en día pocas están dispuestas a no seguir su vocación.

La renuncia a la individualidad produce neurosis, que es el modo patológico de buscar el equilibrio canalizando la energía con sustitutos, como enfermedades, adicciones, depresión o conductas obsesivas.

Todavía puede haber hombres posesivos, que con la excusa su amor apasionado pretendan tratar a la mujer como un objeto. Es la mejor manera de perderla o de transformarla en su víctima, y en la caricatura de si misma.

El amor es desapego y tiene que existir la actitud de estar dispuesto a perderlo.

El Amor Adolescente


El amor de pareja debe ser total, afectivo, sexual y mental.



La adolescencia es una etapa del desarrollo penosa de atravesar indemne, en sociedades grandes y complejas.

Es la edad en que sobreviene una transformación física que modifica el cuerpo en forma abrupta y no armónica; con cambios hormonales que generan tensiones, que dificultan la adaptación y generan conflictos emocionales.

La presencia de jóvenes del sexo opuesto, que hasta muy poco resultaban indiferentes y hasta grotescos, produce una sensación nueva y muy difícil de manejar que monopoliza todos los sentidos y no permite prestar atención a ninguna otra cosa.

El espejo comienza a ser el mayor enemigo porque refleja un esquema corporal que generalmente no se acepta porque se anhela otro, que se ha idealizado.

La no aceptación del propio cuerpo impide o posterga el proceso de la búsqueda de la identidad y del si mismo, que en algunos casos no se logra nunca.

Sin el reconocimiento de una identidad propia única e irrepetible una persona no puede desarrollarse, crecer ni madurar.

La atracción física no es suficiente para enamorarse. El enamoramiento abarca a la persona total, cómo es, cómo habla, cómo camina, qué dice, su nivel de seguridad y confianza en si misma, su capacidad de escuchar, de entender y de aceptarse tal cual es, sin miedo a no agradar a los demás.

En realidad las personas se enamoran de quienes les gustaría ser, a veces hasta de sus amigas o amigos del mismo sexo.

En este sentido no afecta la sexualidad normal porque se trata de un amor platónico, que la gran mayoría de las veces no se concreta sexualmente.

Es que para los adolescentes el amor romántico y la atracción sexual están disociados y unir estas dos instancias exige una maduración que muchas veces no se logra y es una causa de infidelidad en los matrimonios.

Esta brecha se profundiza cuando se habitúan a tener relaciones sexuales con parejas ocasionales, y por otro lado un novio o una novia para casarse.

El primer amor suele ser maravilloso y devastador. El sufrimiento y el placer que provoca atormentan y obnubilan, dejando escaso margen para hacer otra cosa.

Se pierde la noción del tiempo y la percepción se distorsiona porque sólo vemos lo que queremos ver, a una persona idealizada que en realidad no existe.

La fuerza de esta emoción nos deja expuestos, vulnerables y a merced de alguien casi desconocido, sin la capacidad para mantenerse entero.

Sin embargo, todos tenemos la capacidad de sobreponernos al primer amor, que marcará una etapa de nuestra vida que jamás se repetirá y que aunque deje una huella dulce y amarga a la vez, nos servirá para aprender a no disociar y poder amar humanamente a una persona total.

El Amor y la Pareja Objeto


Para relacionarse en forma total se necesita amor incondicional.


Vivimos en la era del consumo, invadidos por una avalancha de imágenes que a toda hora y lugar tratan de vendernos algo. Todo se compra se vende o se negocia.

Hasta la vida de relación se rige por la negociación. Como no se puede acaparar todo, porque los demás se interponen, entonces surge una instancia útil para evitar los enfrentamientos que es la de ceder para obtener.

La mujer y el hombre también se han convertido en bienes de consumo como cualquier otra mercadería.

Los sentimientos son cosas del pasado, emociones perimidas que a fuerza de desencuentros, promesas incumplidas y corazones heridos, la mayoría ha dejado de lado para comenzar a evaluar las relaciones de pareja con la razón.

Una relación no dejará más un sabor amargo y resentimientos cuando se acabe sino una sensación de vacío menos dolorosa, que permitirá comenzar de nuevo más rápido porque al fin de cuentas no se puede estar perdiendo el tiempo.

Muchos hombres ya no quieren compromisos a largo plazo, ni hijos, ni familia para mantener, pero si están dispuestos a pasarla bien con alguien.

Aunque existan aún hombres que se atrevan a comprometerse, sus condiciones desalientan a las mujeres de buenas intenciones, porque la mayoría pretende aún que sean como sus madres.

La mujer ha renunciado a su ideal de hombre proveedor y protector, porque obviamente ya no lo necesita, pero anhela su compañía y extraña el sexo de vez en cuando, que los que saben dicen que es la mejor práctica para mantenerse jóvenes.

Porque el estado físico y la apariencia es lo más importante ya que como cualquier otra cosa, una persona entra primero por los ojos.

Las industrias para el cuidado del aspecto personal están creciendo en todo el mundo. Los tratamientos para adelgazar, para la celulitis, las arrugas y las flojedades, así como las cirugías estéticas, las pastillas antioxidantes, antienvejecimiento, las vitaminas, los estimulantes, etc. ayudan para levantar la autoestima y para atreverse a exponerse en la vidriera de la vida.

El hombre que no tenga un buen sueldo, un departamento y un auto corre con una gran desventaja y la mujer que no trabaje, con hijos también; porque la libertad de acción es la premisa que se considera inapelable ya que lo que se quieren evitar sin ninguna duda son las ataduras.

La decisión para la elección de pareja es más una cuestión de pérdidas y ganancias que otra cosa y la verdadera relación entre ambos es algo que permanece en segundo plano que puede ser escasa o simplemente nula.

Se compran y se venden ambos sexos, con el interés común de no estar solos, para tener a alguien con quien salir, para mostrarse y también para acostarse, no vaya a ser que los vecinos crean que son gay.

Sin embargo, muy en el fondo del corazón de todos sigue latiendo oculta la chispa humana siempre viva, sedienta de afectos verdaderos que a veces hacen fracasar estos propósitos de manejarse como objetos.

El Amor y la Rutina


La rutina diaria y el estancamiento personal desgastan también las relaciones amorosas, que se comienzan a percibir como previsibles y mecánicas, perdiendo todo el encanto y la magia.

Un trabajo poco atractivo o frustrante, o la falta de crecimiento personal se proyectan en la relación, que los convierte en dos seres aislados que se encuentran a veces, sin demasiado interés, como para cumplir con una obligación.

La pareja tiene que significar un compromiso, reforzado por un sentimiento mutuo; pero si una persona pretende centrar su vida unicamente en esa relación estará condenada al fracaso.

Todo ser humano tiene que desarrollar su potencial y crecer, porque como todo en la naturaleza, tiene que realizarse y evolucionar. Ese desarrollo y maduración colmará su vida de plenitud y podrá transmitir ese estado de satisfacción a su alrededor haciendo felices a todos los que lo rodean.

La felicidad es un estado mental y no depende de estar con una u otra persona sino que depende de uno mismo y de la capacidad para lograrlo.

La frustración se proyecta en el otro y tiende a deteriorar a una pareja por motivos personales que a veces no tienen nada que ver con la relación.

Un cuento para pensar

La Huida

Cuando terminó ese verano y el frío comenzó a colarse por las grietas de la pequeña cabaña, me di cuenta que tenía que preparar mi bolso y volver

Pasé tres meses en soledad como nunca antes, huyendo de una relación que me estaba matando. No me di cuenta hasta que un día me pareció que no podía respirar más y entonces me asusté.

Sin embargo lo extrañé, porque inexplicablemente sólo podía recordar los buenos momentos.

No tenía memoria de cuál había sido nuestra última pelea, aunque esto no tenía importancia porque sabía que en todos estos años de convivencia siempre nos peleábamos por las mismas cosas.

Es verdad que nadie cambia demasiado, él seguía siendo siempre el mismo y yo también desde que nos conocimos, cuando apenas éramos unos chiquilines.

Pero estaba cansada de hablarle de mis cosas y que no me escuchara. De verlo guardar cuidadosamente los corchos de las botellas, los palitos de los helados, los clavos sin cabeza, las lamparitas quemadas. Solo acordarme de sus manías me enfurece.

Aunque el departamento es bastante grande ya no nos alcanza, porque tenemos que compartirlo con todas las cosas atesoradas por él que son muchas y hasta con las antigüedades de su madre.

La rutina es la que a veces no soporto, ir a comer siempre al mismo restaurant, caminar por las mismas calles. Para mi es como ir al funeral siempre del mismo muerto, pero para él es como si fuera un ritual que le asegura la vida eterna.

Tal vez debería inscribirme en ese curso que quiero hacer hace tanto tiempo; ya no soporto mi trabajo y no se por qué sigo postergando mi decisión.

Por suerte tenemos esta cabaña que es nuestro refugio, lejos de las obligaciones y los bancos.

Le pedí que se quedara en el departamento este verano, que quería estar sola para pensar, sin tener su mirada fija en mi cuello adivinando mis pensamientos; porque cuando uno vive con alguien tanto tiempo ya no se necesita hablar porque se puede entender cada mirada y cada gesto.

Pero en mis pensamientos sigue estando siempre él, con su sinceridad, su honestidad, su generosidad, su calidez en la intimidad, además de seguir siendo el único en el que puedo confiar ciegamente.

Ya se que cuando llegue no me dirá ni una sola palabra, ni un solo reproche saldrá de su boca hermética, porque esa es la actitud que tuvo siempre que me fui sola a algún lado.

Estará trabajando como siempre o abstraído en su computadora jugando al solitario.

Sin embargo, no puedo odiarlo, porque es como mi brazo derecho y también el izquierdo, no podría vivir sin ellos.

Psicología del Amor -Parte II


No puede hablar del amor quien no haya amado, ni del dolor no padecido, sólo la verdad se ha revelado con la experiencia que ha tenido.


La unión amorosa que respeta la individualidad es la única que puede evitar la angustia que provoca el aislamiento y que al mismo tiempo le permite a una persona ser ella misma.

El amor no puede ser nunca un arrebato pasional, sino un acto de entrega donde dar es más importante que recibir.

No significa una forma de dar sacrificándose o sufriendo sino dar lo mejor de si mismo convirtiendo al otro también en un dador y creando felicidad para los dos.

El amor es un poder que produce amor, siempre que ninguno de los dos sea tratado como un objeto de uso.

Si una persona no ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista y su deseo de manipular para conseguir sus propios fines egoístas, tiene miedo de darse y por lo tanto también miedo de amar.

Porque amar exige cuidado, atenciones, responsabilidades, respeto y sabiduría; y la esencia del amor es hacer el esfuerzo necesario para hacerlo crecer.

La responsabilidad implica estar dispuesto a responder y no significa un deber o algo impuesto desde el exterior.

Respetar a una persona significa la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única y preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, no como el otro necesita que que sea, como un objeto para su uso.

La sabiduría es imprescindible para entender al otro en sus propios términos y para llegar a conocerlo a través de la unión amorosa, sin necesidad del pensamiento.

Es como la experiencia de Dios, que no se trata de un conocimiento intelectual sino de un sentimiento de intimidad y unión con él, y el amor al otro es es primer paso hacia la trascendencia.

Lejos de lo que se supone, el amor no es el resultado de la satisfacción sexual adecuada, por el contrario, la felicidad sexual y los completos conocimientos de las técnicas sexuales, son el resultado del amor. Si no hay entrega tampoco hay orgasmo.

Las disfunciones sexuales en las parejas se deben más a las inhibiciones que impiden amar que en el desconocimiento de las técnicas necesarias.

El temor o el odio al otro sexo son la base de las dificultades que no permiten a una persona entregarse por completo y la espontaneidad y la confianza diluyen los problemas.

El amor verdadero no implica ausencia de conflicto. Los conflictos reales de la realidad interna de cada uno contribuyen para aclarar y liberar energías y para fortalecer a la pareja.

El amor sólo es posible cuando la comunicación entre dos personas no se realiza desde la superficialidad del ego sino desde la parte esencial de ellos mismos. No es algo estático ni tranquilo, es un desafío constante de dos libertades que quieren por sobre todas las cosas crecer y estar juntos.

Psicología del Amor-Parte I


Dar amor nunca nos empobrece, sólo nos enriquece


Todo ser humano necesita amar y ser amado. La falta de amor produce una sensación de aislamiento y no pertenencia y un sentimiento de vacío difícil de llenar.

Muchos creen que el amor es cuestión de suerte, como una lotería, sin embargo no es así, porque el amor verdadero exige esfuerzo y sabiduría.

El tema del amor ocupa mucho lugar en nuestras vidas; cataratas de palabras se han escrito sobre el amor, miles de canciones están basadas en el amor y hasta las tragedias pasionales tienen que ver con el amor.

La mayoría de las personas pretende ser amada y todo el esfuerzo está orientado a atraer a alguien que la ame dispuesto a satisfacer su necesidad de afecto, sin tener en cuenta la propia capacidad de dar amor.

Nadie cree que sea necesario aprender algo sobre el amor porque lo consideran un arrebato propio de la naturaleza, confundiendo de esta manera una ocasional experiencia emocional con el amor verdadero.

Tampoco nadie quiere renunciar al amor romántico y desean que luego se consolide y se transforme en algo siempre romántico pero también serio, comprometido y que logre trascender los avatares del tiempo.

Estamos inmersos en una sociedad de consumo donde todo se compra y se vende para ser usado. La línea divisoria entre objeto y persona ya no es tan nítida como solía serlo cuando no todo se podía comprar.

Las elecciones de pareja ya no se basan en sentimientos sino en requisitos que hay que cumplir dentro del espectro de la demanda general, determinado por la cultura y las modas.

De esta manera cada uno ofrece su mercadería tratando de que en el intercambio no exista un desequilibrio de valores que pueda interferir en la relación.

Es un modo de establecer vínculos casi tan parecidos como los matrimonios arreglados de antaño, que nos parecían tan ridículos y fríos.

Sin embargo, a pesar de tomar previsiones de toda índole y tratar de encontrar alguien con intereses compatibles, las parejas fracasan.

Estos fracasos nos demuestran que mantener un amor verdadero no es innato ni prefabricado sino que exige un aprendizaje. Se puede aprender a amar para siempre a alguien si tenemos mayor conciencia de nosotros mismos.

El sentimiento de aislamiento es propio de la naturaleza humana y es el origen de la angustia. La vida del hombre de hoy se centra en cómo superar su soledad.

Resulta difícil lograr superar el estado de separación y lograr recuperar el anhelo de pertenencia y unión, en una sociedad donde el individuo no se puede diferenciar del otro. La masificación atenta contra la identidad y nos convierte en objetos que son más valorados y aceptados en la medida que hacen, dicen, usan, y piensan lo mismo.

Lo único que puede salvar al hombre del mundo robotizado que ha creado es el verdadero amor, interpretado como una unión cuya condición esencial es el respeto por la propia individualidad.

(continúa en parte II)

Temor a la intimidad en la pareja


Una de las bases, de las más firmes, dentro de la vida en pareja es la intimidad y la complicidad que se produce entre ambos miembros de la pareja. Desgraciadamente muchas personas tienen miedo a llegar a esa intimidad cuando se encuentran manteniendo una relación de pareja.





Normalmente ese miedo a la intimidad no es algo consciente, sino que lo que se interpone entre la persona y la intimidad y complicidad con su pareja son profundas barreras emocionales que se han ido gestando a lo largo de la biografía de la persona. Uno de los rasgos más habituales consiste en no mostrar nuestro propio yo, y muchas veces la causa ha sido que cuando la persona lo ha mostrado ha sido herido emocionalmente.

Aquellas personas que han crecido en ambientes emocional y socialmente cerrados tienen más posibilidades de tener este problema. Aunque todos hemos sido heridos emocionalmente alguna vez, o diariamente hay situaciones en la cual producen ese tipo de comportamientos, las personas con miedo a la intimidad en la pareja lo fueron de una manera superlativa.

Otro de los rasgos que van a determinar la implicación emocional de la persona en una relación de pareja proviene de un rasgo biológico que es innato en todos nosotros, como es el nivel de introversión y extroversión. De mismo modo aquellas personas están sufriendo cuadros ansiosos o depresivos también suelen tener muchas dificultades para implicarse a fondo emocionalmente en una relación de pareja.

Es conveniente distinguir entre el miedo a la intimidad y el miedo al compromiso. Desgraciadamente se dan muchos casos en los cuales hay compromiso, en forma de matrimonio, pero ninguno de los dos conyugues se conocen emocional, intelectual ni espiritualmente.

Fuente: Suite 101