Siguiendo los lineamientos de J-A Miller, a partir de su lectura de Lacan, decimos que el deseo se ubica entre la demanda del Otro que tiene y la demanda al Otro que no tiene –en ambos casos se refiere al falo.
En posts anteriores ya he hecho referencia al lugar central que tiene esta noción de falo en psicoanálisis.
Respecto de la necesidad, esta tiene una paricularidad que está abolida y que aparece luego más allá de la demanda, en el deseo.
Así, el deseo, dice Lacan, no es ni el apetito de satisfacción (no es una necesidad), ni tampoco el deseo es demanda de amor (al Otro que tiene) sino el resto de esa operación. El deseo es un resto. Es la diferencia que resulta de restarle la necesidad a la demanda de amor.
El deseo en tanto tal -así establecido por Lacan en lo que conocemos como su primer enseñanza- surge en ese margen en el que la demanda se separa de la necesidad, con un carácter errático, desviado, respecto de la necesidad.
Es así que el deseo es lo que reaparece de esa particularidad abolida de la necesidad, conservando lo incondicionado de la demanda de amor. Pero, mediante un giro en el que se sustituye esa incondicionalidad de la demanda de amor, por la condición absoluta del deseo.
Este vuelco y tal sustitución surge como efecto de haber ubicado en el Otro, una falta. El Otro, como ya hemos dicho, no es completo, le falta algo. Es decir, está condicionado por una falta, por ende no puede responder incondicionalmente a la demanda. Así surge el deseo.
El Otro está castrado y eso deja un resto. Esa caída del Otro (en tanto completo) deja un resto que lacan luego escribe “objeto a”. ese objeto, en tanto condición absoluta, no es ningún objeto en particular, sino que es la letra que escribe una falta, la falta de objeto.
Es así que se pasa de la potencia del Otro, del poder de responder a todas las demandas que se le supone al Otro (podemos decir el Otro materno para el niño) a la potencia del objeto “a”. potencia que se pondrá en juego vía un desasimiento (del cual hablaremos en un siguiente artículo)
La necesidad, dijimos, entraña una particularidad. De la demanda, ubicamos un universal. Y en cuanto al deseo, es una particularidad pero que va a ser la condición absoluta: el objeto pequeño a.
A nivel de la necesidad, el objeto es real (por ejemplo, el objeto alimenticio), no está atravesado por el significante. Es eso.
En la demanda, decimos con Lacan, que el objeto es “nadificado”; es decir, un objeto que falta. El objeto está nadificado por el significante, aboliendo así su particularida (el bebé puede llorar y no necesariamente quiere decir que tenga hambre…). En el deseo, el objeto es la condición absoluta: el objeto a.
La necesidad, al pasar por el lugar del Otro, sufre un desvío que la deja abolida, perdidad como tal. Esto es lo que ocurre en ese pasaje de la necesidad a la demanda.
En cuanto al pasaje de la demanda al deseo, solo podemos hablar de deseo a partir de ubicar una falta en el Otro. Falta un significante en el Otro: el Otro no está completo.
De ahí, dirá Lacan,y es una de las definición del amor en su obra, el “amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. Dar la falta. Dar la propia castración. Porque dar lo que se tiene es muy fácil…
FUENTE: Lacan, J. Seminario V Las formaciones del inconsciente.
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Estilos de Amor
Las personas se relacionan afectivamente de muchas maneras, y estas formas de relación varían en función a cómo han vivido sus experiencias de la infancia.
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.
Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.
http://psicologia.laguia2000.com
Sin embargo, siempre se puede cambiar, principalmente cuando se toma conciencia que es la forma del vínculo amoroso el que atenta contra la continuidad de la relación.
Del sufrimiento reiterativo se aprende, porque ya que sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Un amor sano tiene que ser tranquilo y no una serie de experiencias plena de altos y bajos que nos llenan de ansiedad y zozobra y no nos hace sentir ni libres ni felices.
La base de un estilo de amar libre y sincero es mantenerse genuino y no pretender ser quien no se es, sin esperar que el otro sea como se desea.
Para ser uno mismo primero es necesario valorarse como persona; y esta condición exige un examen de conciencia. Cómo somos, cómo pensamos y cómo actuamos.
Si somos como deseamos ser, si pensamos en forma coherente y si nos comportamos respetando nuestros propios valores; tenemos motivos suficientes como para apreciarnos y estar orgullosos de nosotros mismos.
Una alta autoestima generada por la propia conducta y el autoconocimiento, es la condición necesaria y suficiente para comprometerse con una relación estable y para ser correspondido.
Lo peor en una pareja es la inestabilidad, la ambivalencia, la indecisión, la falta de convicciones firmes que hacen aferrarse al otro y crear vínculos dependientes.
Las experiencias de la infancia nos condicionan pero no nos determinan; y muchos logran superar ese condicionamiento, sea cual sea, cuando toman conciencia de cuáles son las fallas de su carácter que le impiden ser feliz con una pareja.
Nadie en el mundo ha tenido los padres perfectos, porque también esos padres tuvieron sus propias experiencias con sus propios progenitores, que no siempre fueron satisfactorias. Porque el problema no es lo que les haya pasado, sino cómo han vivido lo que les ha pasado.
La pareja no tiene que ser el único ámbito de la existencia, porque para tener una vida más plena y no aburrirse uno del otro, se necesita un campo más amplio de pertenencia, abrirse a otras personas con las que se pueden compartir otros intereses; porque estar demasiado ligado a uno solo es como jugar todo lo que tenemos a un solo número.
Un vínculo simbiótico solamente de dos, que no deja espacio para otros ni para los propios intereses personales, impide madurar, crecer y realizarse como persona; entonces, cuando esa relación comience a asfixiar se transformará en odio, porque es la única forma de despegarse y poder volar.
Se puede mejorar el modo de relacionarse en el amor. La prueba es el primer amor, que por lo general no se llega a consumar, porque ambos se consumen de puro amor perdiéndose a si mismos uno en el otro.
Tener proyectos personales es saludable para las relaciones de pareja y una forma de saber si el otro está dispuesto a aceptarnos como personas con un propósito propio.
Elegimos todo en esta vida; hasta nuestra identidad es selectiva ya que es el resultado de una serie de identificaciones con lo que nos agrada de las personas que son para nosotros significativas.
Es necesario proponerse también elegir lo que deseamos recordar, que es todo aquello que nos hace bien, aceptando todo lo del pasado que nos ha hecho mal, pero que tal vez nos ayudó a templar nuestro carácter.
Todos hacemos el viaje de la vida con algún equipaje y no todo lo que cargamos en él nos agrada. Sin embargo, es mejor tener un pasado que no tener nada, porque nos ha enseñado a apreciar más lo que es bueno, a conocernos, a cuidarnos, a querernos, a valorarnos más si hemos conseguido superarlo y a no depender de nadie, porque ser sano es haberse liberado de toda dependencia.
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Sexo con Amor
El amor lleva al sexo y raramente ocurre a la inversa, o sea que el sexo lleve al amor.
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.
Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Saber esperar es la clave para disfrutar de un encuentro amoroso, porque cuando hay premura para ir a la cama, puede que uno de los dos seguramente se desilusione.
Porque el amor es una fantasía que nace en el cerebro y que cultiva la imaginación y cualquier acción precipitada que indique ausencia de sentimientos, tanto al hombre como a la mujer los predispone a considerar la relación como algo intrascendente y sin sustento.
La mujer necesita tener confianza, conocer a la pareja como persona y el hombre también, para llevar a cabo su arte de seducción que es la llave que puede revelar toda la sensualidad de que esa mujer es capaz.
El tiempo hace que una pareja tenga libertad para fantasear y para crear las condiciones ideales para que el encuentro sea más placentero, espontáneo y sincero.
Ambos necesitan idealizar al otro, imaginar al hombre o a la mujer perfecta, para sentirse más seguros y poder disfrutar de una relación que pueda perdurar en el tiempo y que no se desgaste con la rutina.
El sexo en la pareja es una forma de conocimiento y crea un vínculo muy poderoso. Es la oportunidad de participar de la intimidad de otra persona y por breves momentos salir de si mismo para poder disfrutar plenamente de la entrega.
En ninguna otra experiencia se puede estar tan cerca del otro como en la relación sexual, cuando se trata de un acto privado, honesto y cálido, fruto del amor. Es la proximidad máxima con otro ser humano, la incomparable experiencia que nos hace sentir plenamente vivos y lograr estar presentes en el aquí y ahora.
El cerebro es el que organiza las experiencias vitales de todo nuestro cuerpo y el encargado de hacer que el acto amoroso sea placentero; y no hay que escatimar las palabras porque son parte de los estímulos que activan las zonas del placer.
El sexo con amor no hace diferencias entre los sexos, porque cada uno tiene que poder expresarse con libertad, sin máscaras y cuanto más desinhibido se sienta más auténtica será la entrega.
La unión sexual enriquece a ambos integrantes de la pareja, los complementa, les enseña a salir de si mismos para compartir experiencias placenteras, poder ponerse en el lugar del otro y tratar de entender sus necesidades y de satisfacer sus fantasías.
La pasión renace en el cerebro a cualquier edad, vitaliza las relaciones, favorece la comprensión mutua, la tolerancia y el buen querer.
El sexo solo no alcanza para mantener una relación, porque necesita de la energía del afecto, que cuando se pierde los empobrece a ambos convirtiéndolos en dos extraños a quienes sólo les queda la única satisfacción de complacerse a si mismos.
Querer estar bien en pareja es lograrlo, reavivando la pasión y estando dispuestos a jugar con la imaginación, sin abandonarse a la rutina y siendo capaces de sorprender al otro, aún después de muchos años de estar juntos; y conservando la belleza interna que es la más duradera y la que más cuenta, siendo generosos para dar, sinceros para actuar, capaces de ver más allá de las apariencias y atentos para percibir las señales del otro, entendiéndose con las miradas, sin necesidad de palabras.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Miedo al Amor
Hay gente que vive a la defensiva para no sufrir. El sufrimiento es parte de esta vida y no se puede evitar, porque todo ser humano tiene sentimientos y su propio mundo de significados los afecta.
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.
Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
El miedo a la pérdida es el que impide relacionarse mejor. Un encuentro que llega a sorprender, con alguien diferente que produce placer y que hace latir el corazón más rápido, puede ser la vivencia que se estaba esperando, no obstante, aunque la soledad sea la única compañía, antes de entregarse de lleno a esa experiencia comienza a levantarse la barrera automática que se ha creado ante cualquier señal de peligro y se adopta la postura clásica del no compromiso.
Negarse a comprometerse no representa solamente una actitud egoísta de no querer compartir la vida con nadie porque es más cómodo, sino que también tiene un significado psicológico con raíces más profundas; es el miedo a sufrir.
Ni bien dos personas se encuentran, cada una de las dos comienza a especular y a tratar de bucear en el intrincado interior del otro para conocerlo y entonces así poder desplegar toda la gama de artilugios para conquistarlo y si es posible dominarlo.
Pocos son los que se dejan llevar pasivamente frente a un fenómeno tan común y difícil como es la relación de pareja y se atreven a ser como son.
La química del primer encuentro no es casual, porque no somos sólo seres materiales sino también sociales y espirituales, atributos que no sólo están relacionados sino que conforman una unidad armónica, por lo tanto, lo natural tendría que ser que la persona total, tal como es, provoque la misma atracción.
Sin embargo, el fenómeno actual es que las personas estén disociadas, y tampoco se comprometan consigo mismos ni con valores, porque viven en un permanente relativismo, reflejando una apariencia que no concuerda con su forma de pensar, de hacer o de decir.
Es difícil imaginar cómo es verdaderamente una persona así y es imposible llegar a conocerla.
Toda relación es un vínculo que para que llegue a ser profundo necesariamente tiene que basarse en la sinceridad y la honestidad.
La sinceridad y la honestidad son valores que trascienden lo circunstancial, porque forman parte del código ético necesario para vivir en una sociedad y para precisamente evitar el sufrimiento.
El amor es la emoción primera, ya que por amor nacemos y la vida sin amor por temor está incompleta.
Y no me estoy refiriendo solamente al amor de pareja; porque el amor es la forma más perfecta de comunicación con los otros.
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Cuando el Amor se torna en esclavitud
No siempre el amor es sinónimo de felicidad, al contrario, por lo general se convierte en verdadero sufrimiento por distintos motivos.
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.
Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Es común que las personas se sientan atraídas por gente atractiva, bella, elegante, con simpatía natural y seguridad en sí mismas que las hacen irresistibles.
También es probable que esas personas tengan muchos pretendientes y que vivan asediadas por ellos y que esa condición las convierta en inaccesibles, pretensiosas y arrogantes.
A pesar de todos estos inconvenientes, muchos no se desalientan y se animan a avanzar para conquistarlas.
Elegir este tipo de persona como pareja, tiene sus riesgos, y el principal es que el asedio le resulte difícil de resistir y que haya que compartir su amor con otros.
Este fenómeno humano es un arquetipo y sucede desde el principio del mundo, lo que “parece” bueno lo quieren todos y entonces hay que vivir luchando o compartirlo.
Las personas primero nos conmueven al verlas, pero no es raro que cuando las comenzamos a tratar nos desilusionen, porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y excelentes atributos físicos puede no tener nada en la cabeza o ser consentida y caprichosa si es mujer, y si es hombre, bueno para nada, vanidoso y egoísta.
A veces pueden ser personas excelentes desde todo punto de vista, pero en esos casos siempre tienen novia o están casados.
Si la novia o el novio es uno mismo, es probable que la vida no sea un jardín de rosas, a menos que esa persona tenga la virtud de ser estable emocionalmente y sincero en brindar su amor.
Lo cierto es que la mayoría que vive esta condición no es feliz, sufre infidelidades, desplantes, es tratado como un esclavo y con total falta de respeto.
Hay muchas parejas así que se someten y que con tal de no perder su amor son capaces de perder su identidad y olvidarse de sí mismas, mientras muy en el fondo van acumulando resentimiento y rencor hasta que se enferman o explotan.
Ayer leí algo que me pareció interesante de alguien que sin ser médico se le ocurrió asociar la enfermedad de Alzheimer con una computadora que tiene el disco duro lleno, y pensé que no sería nada raro que algo de eso también podría influir en esa enfermedad; cuando no se han expresado las emociones durante mucho tiempo puede llegar el día en que la memoria está tan llena que no registra más nada y es la única forma de poder seguir viviendo, vacío por dentro.
Suele ser saludable no involucrarse afectivamente con personas que inspiran emociones que no se pueden manejar; ya que si prestan atención, todos se pueden dar cuenta dónde se están metiendo antes de caer en una red de la que después no podrán escapar.
Sin embargo, en lugar de retroceder a tiempo, la mayoría se deja llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida miserable, esclavos de ese amor.
Si se trata de vivir una pasión transitoria sin intenciones de establecer una relación estable, tal vez brinde placer y ningún dolor, pero este tipo de vínculo es lo mismo que jugar con fuego, nunca se sabe la huella que puede dejar.
Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y esa relación puede ser importante y es deseable que así sea, pero no es lo único que tenemos; también nos tenemos a nosotros mismos, nuestra vocación, nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestros parientes y amigos, nuestra casa y otros intereses, el deporte, la ciencia, el arte, la música, el cine, o el teatro.
La vida es un abanico de posibilidades y somos seres libres para desplegarlo y elegir lo que nos gusta, y postergar no es renunciar a nosotros mismos, es algo que nos debemos y que no tenemos que ignorar para ser esclavos de otro.
Toda relación tiene un límite, y ese límite es cuando nos exige alienarnos y dejar de ser quienes somos.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Que es el enamoramiento
Él ya había iniciado este trabajo de esclarecer la vida amorosa de los sujetos. De eso tenemos constancia por sus trabajos –cuatro, a los que les he dedicado algunos posts- que fueron escritos antes, pero que fueron reunidos en sus escritos breves por Freud mismo, bajo el título “Contribuciones a la psicología del amor”.
Me referiré hoy a Freud y a su noción de enamoramiento que tenemos como referencia clásica en uno de sus textos posteriores al giro de los ‘20, Psicología de las Masas y análisis del Yo, precisamente en el año 1921.
En este texto, hay un apartado que Freud titula “Enamoramiento e hipnosis”, en el que comienza dando una idea de que el lenguaje, como en todos los casos, intenta darle un nombre a las relaciones de afecto que ocurren entre las personas; a los muy diversos tipos de vínculos afectivos que existen entre los seres humanos. El lenguaje llama “amor” a estas relaciones, pero Freud dice que existen varias escalas dentro de este mismo término.
Así, comienza con aquella variedad del amor que implica investir a un objeto sexual con el objetivo de satisfacerse sexualmente. Aquí está en juego la corriente sensual o amorosa de la que Freud ya nos había hablado en su teoría del desarrollo sexual (que vimos en posts anteriores). Pero, es evidente que cuando esas pulsiones sexuales se dirigen a satisfacerse sexualmente a partir de esa investidura de objeto, en tanto “necesidad”, una vez satisfecha esa necesidad, necesita nuevamente hacer ese rodeo por el objeto, aún sin necesitar “amar”.
Nos recuerda Freud su teoría de la libido: el niño, en la primera infancia inviste a sus objetos con esta corriente sensual que la represión luego sepulta, quedando presente como relación con los padres, una relación basada en la corriente tierna, que es la que perdura.
En la pubertad reaparecen esas mociones sexuales con intensidad, pero orientadas ahora sí a metas sexuales, y se dirigen a objetos que reemplazan de alguna manera, sustituyen a esos primeros objetos de amor.
Dice Freud que a veces sucede que las corrientes tierna y amorosa o erótica han quedado muy separadas (luego de haber operado la represión) y aparecen estos fenómenos de enaltecimiento, de veneración del objeto de amor. El amor cortés del que la literatura nos ofrece múltiples ejemplos. El hombre prendado a un objeto intocable, con el que no mantiene relaciones sexuales efectivas, digamos que no lo excita; y a la vez es muy potente sexualmente con otras mujeres a las que no ama, e incluso desprecia.
Pero, según Freud, la normalidad estaría dada por la capacidad del hombre de sintetizar ambas corrientes, amorosas y sensuales, hacia la amada.
Y dice algo así como que a mayor amor tierno hacia el objeto, más se opone al deseo sexual.
En este tipo de enamoramiento es donde vemos esa sobreestimación del objeto de amor, que carece de defectos, que es superior a cualquier otra persona. Y Freud dice que esto tiene que ver con la Idealización.
Es que, dice Freud, en el enamoramiento influye la idealización, un proceso por el cual, valga la redundancia, idealizamos al objeto. Y es así que éste aparece sobreestimado, sobrevalorado.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
Me referiré hoy a Freud y a su noción de enamoramiento que tenemos como referencia clásica en uno de sus textos posteriores al giro de los ‘20, Psicología de las Masas y análisis del Yo, precisamente en el año 1921.
En este texto, hay un apartado que Freud titula “Enamoramiento e hipnosis”, en el que comienza dando una idea de que el lenguaje, como en todos los casos, intenta darle un nombre a las relaciones de afecto que ocurren entre las personas; a los muy diversos tipos de vínculos afectivos que existen entre los seres humanos. El lenguaje llama “amor” a estas relaciones, pero Freud dice que existen varias escalas dentro de este mismo término.
Así, comienza con aquella variedad del amor que implica investir a un objeto sexual con el objetivo de satisfacerse sexualmente. Aquí está en juego la corriente sensual o amorosa de la que Freud ya nos había hablado en su teoría del desarrollo sexual (que vimos en posts anteriores). Pero, es evidente que cuando esas pulsiones sexuales se dirigen a satisfacerse sexualmente a partir de esa investidura de objeto, en tanto “necesidad”, una vez satisfecha esa necesidad, necesita nuevamente hacer ese rodeo por el objeto, aún sin necesitar “amar”.
Nos recuerda Freud su teoría de la libido: el niño, en la primera infancia inviste a sus objetos con esta corriente sensual que la represión luego sepulta, quedando presente como relación con los padres, una relación basada en la corriente tierna, que es la que perdura.
En la pubertad reaparecen esas mociones sexuales con intensidad, pero orientadas ahora sí a metas sexuales, y se dirigen a objetos que reemplazan de alguna manera, sustituyen a esos primeros objetos de amor.
Dice Freud que a veces sucede que las corrientes tierna y amorosa o erótica han quedado muy separadas (luego de haber operado la represión) y aparecen estos fenómenos de enaltecimiento, de veneración del objeto de amor. El amor cortés del que la literatura nos ofrece múltiples ejemplos. El hombre prendado a un objeto intocable, con el que no mantiene relaciones sexuales efectivas, digamos que no lo excita; y a la vez es muy potente sexualmente con otras mujeres a las que no ama, e incluso desprecia.
Pero, según Freud, la normalidad estaría dada por la capacidad del hombre de sintetizar ambas corrientes, amorosas y sensuales, hacia la amada.
Y dice algo así como que a mayor amor tierno hacia el objeto, más se opone al deseo sexual.
En este tipo de enamoramiento es donde vemos esa sobreestimación del objeto de amor, que carece de defectos, que es superior a cualquier otra persona. Y Freud dice que esto tiene que ver con la Idealización.
Es que, dice Freud, en el enamoramiento influye la idealización, un proceso por el cual, valga la redundancia, idealizamos al objeto. Y es así que éste aparece sobreestimado, sobrevalorado.
Fuente: http://psicologia.laguia2000.com
¿Por qué se acaba el amor? ...Sepamos cuáles son los factores de riesgo

A juicio de la sicóloga Pilar Sordo, luego de un tiempo de estar juntos, algunas parejas comienzan a descuidar esos detalles pequeños que alimentan diariamente el amor. Dan por sentado que ese sentimiento sublime lo portan consigo y no hacen ningún esfuerzo por cuidarlo.
“¿Me amas?��?, pregunta la mujer a su marido, mientras prepara la cena.
El esposo, sin despejar los ojos de la TV, asiente con la cabeza.
La mujer vuelve a la carga y él contesta: “Si no te amara no estaría contigo��?…
Ella replica: “Entonces, ¿por qué no me lo dices más a menudo?…lo necesito…
El diálogo no es extraído de una película ni de una obra de teatro. Puede ser parte de una escena cualquiera de la vida cotidiana y refleja lo que pasa, cuando una pareja, imbuida en la rutina diaria, deja de detenerse en los detalles, en esas cosas sencillas que alimentan y enriquecen el amor.
Antes de casarse los novios se deshacen en atenciones. El llega con su mejor sonrisa, flores o chocolates a visitar a su amada, quien se ha preparado toda la tarde para verlo. Cuando suena el timbre la novia corre a arreglarse el pelo, a pintarse los labios o a echarse perfume. No deja nada librado al azar.
Cuando se casan, los matrimonios suelen mantener estas dinámicas durante el primer año, pero poco a poco los hábitos van cambiando, dejan de seducirse y la magia empieza a desaparecer. Las parejas dan por sentado que el amor está intacto y que no es necesario alimentarlo. He ahí el grave problema, porque ese sentimiento sublime termina por acabarse, asegura la sicóloga Pilar Sordo.
“La primera razón de que por qué se termina el amor, es porque no hay conciencia de que el amor es algo que se debe alimentar. Cuando se asume que el amor es un sentimiento que lo tengo en mí y, por ende, no lo debo cuidar, no se hace nada para protegerlo. No se logra entender que este sentimiento es como una planta que requiere alimentación y cuidado diario��?, sostiene la especialista.
Según la profesional esto le suele ocurrir más a los varones. “A los hombres les cuesta entender que el amor es algo cotidiano. Cuando logran el objetivo de que la mujer se enamore de ellos, de ahí para delante dejan de alimentarlo. La mujer es un poco más consciente de que debe cuidarlo��?, afirma
Necesidades emocionales
La otra causa comprobada que propicia que el amor llegue a su fin es cuando uno de los miembros de la pareja no tiene conciencia que debe satisfacer sus necesidades emocionales. Se las guarda, no las exterioriza y llega un minuto en que no puede más, revienta y el sentimiento se daña.
“Por harto tiempo algunas parejas no hablan de lo que necesitan y no les gusta, no reclaman. Entonces, cuando por alguna razón determinada se les colma la paciencia con el otro, esos detalles estallan y el amor es lo que primero que se resiente, porque hay mucha rabia acumulada��?, señala la sicóloga.
Agrega que la otra razón importante que gatilla el problema, es no entender en el seno de la pareja que el amor muta, cambia con el tiempo.
“Cuando no se entiende que el amor como sentimiento también se modifica con el tiempo, facilita que éste llegue a su fin. Las parejas atribuyen que dejaron de amar, porque
Cómo ubicarnos en el amor

Al plantearnos una nueva relación, cada persona lo hace en función de sus experiencias, de la trayectoria vital recorrida a lo largo del tiempo. Para algunas será la primera vez, quizás otras tengan un historial de relaciones que no han madurado, o tal vez, tras una larga relación, echamos de menos volver a tener complicidad, cariño y caricias de alguien cercano. Cualquiera que sea el caso, antes de implicarnos de nuevo en una relación íntima, e involucrar también a otra persona, es importante saber bien de dónde se viene, dónde se está y adónde se quiere llegar...
Analizaremos de dónde se viene, revisando todo aquello que aprendimos de cada experiencia amorosa. De todo en la vida se aprende, tanto de las buenas como de las malas vivencias. Probablemente se haya sacado en claro lo que no se quiere volver a experimentar de ninguna manera, y también los buenos momentos por los que merece la pena estar en pareja.
La mejor forma de cerrar una historia pasada es asumir, en la medida de lo posible, la responsabilidad de lo ocurrido: si fue por algo provocado por nosotros, para no repetirlo y cambiar los comportamientos necesarios; y si fue algo que tuvimos que aguantar, para asumir la responsabilidad de no haber cortado a tiempo, de no haber dicho lo que queríamos, de habernos olvidado de nosotros mismos, o de no habernos cuidado suficientemente, permitiendo así que ocurrieran ciertas cosas más veces de las justificables. De esta manera podremos recuperar el control de lo que sucede en nuestra vida afectiva sin quedar a disposición de la voluntad de otros. Cuando en una relación no podemos ser nosotros mismos, es mejor pasar página cuanto antes. Hay mucha gente maravillosa a la que merece la pena conocer, y es también responsabilidad propia convertirse en esa persona con la que los demás quieran estar.
Conocer dónde estamos suele resultar más sencillo, probablemente nos identifiquemos con alguna de las siguientes situaciones:
Buscando a la persona amada
Disfrutando de la persona amada
Sufriendo a alguien
Dejando a alguien
Recuperándonos de una relación
En compañía de uno mismo
Al estar ubicados sabremos hacia adonde queremos llegar en una nueva relación.
¿Las emociones reprimidas alejan al amor?

Los movimientos fluyen hacia la unión, desean fundirse, correr hacia algo nuevo. Tus manos y las mías desean tocarse. Mareas de pasiones infinitas, se desvían de su origen.
Circulan naturalmente sin ninguna distancia. La actividad no se detiene, nuestra sangre corre sin cesar, se desplaza de tu alma a mi espíritu, mientras nos amamos.
Tabúes y represiones
La fuerza vital está regida por los instintos más primarios del ser humano y se relaciona directamente con las necesidades sexuales de cualquier individuo.
En toda represión sexual encontramos desde los simples placeres del juego erótico hasta los deseos libidinosos más profundos e insatisfechos.
El erotismo es rechazado y negado por muchas personas. Las causas pueden ser varias, en la mayoría de los casos se trata de tabúes milenarios sobre la sexualidad, que se repiten de generación en generación.
Cuando el ser humano sufre esta represión, su energía vital se bloquea y con esta obstrucción, la fuerza creativa de la vida y su poder unificador disminuye, afectando la salud tanto psíquica como física.
Muchas personas reprimen y desconocen sus emociones porque sienten, por diferentes condicionamientos sociales o culturales, una culpabilidad falsa que lo único que provoca es la imposibilidad de conocerse a sí mismo.
Tanto el temor como la culpabilidad sobre las emociones propias pueden ser eliminadas. Una vez que la persona se da cuenta que ninguna emoción está sujeta totalmente al plano consciente, se le puede dar luz a estos sentimientos abandonados en lo prohibido y oculto de la mente.
No hay que temerle a las emociones irracionales, simplemente hay que conocerlas y darle libertad en el pensamiento, sin juzgarlas ni prohibirlas, por lo menos por uno mismo.
Cuando los placeres son maltratados
Las emociones prohibidas y rechazadas se vuelven un boomerang negativo contra las personas. El maltrato psicológico, entonces, comienza a configurarse cuando el sujeto manifiesta todo ese castigo que se impone a sí mismo, bloqueando su energía emocional.
En cambio, cuando éstas sensaciones negativas se proyectan sin tener total conciencia, se puede atacar a otras personas. Hay características cotidianas que pueden mostrar la manera en que éstos mecanismos se disparan.
Al principio pueden parecer inocentes, pero no lo son; la intolerancia bajo un cierto sarcasmo o el señalamiento exagerado de un defecto a otro, un chiste excesivamente agresivo o la impaciencia sin motivo con la pareja.
Estos pequeños detalles son maltratos que a veces realizamos en nuestras relaciones y que se convierten en un círculo vicioso, no tienen otro fin que la destrucción del vínculo.
El retorno al corazón
Sólo el amor y la aceptación, sin culpa, del temor a nuestros más profundos, arcaicos y prohibidos deseos, pueden remediar poco a poco tanto dolor y desamor. Sería importante que meditemos hasta dónde es el límite, cuándo comenzamos a perjudicar a las personas que tanto afirmamos que amamos.
Se puede llegar a dañar una relación y concretar el más tremendo de los castigos: renunciar a ser amados.
El Ciberamor

El amor se ha globalizado y ahora son infinitas las probabilidades de conseguir a su alma gemela. Basta navegar en los sitios de solteros, colocar tus datos, señas, gustos y fotos y ¡Zaz! en un santiamén aparecen en la intimidad de la pantalla del computador, hombres o mujeres, sea el caso, que desean ser su pareja, bien para correr una aventura o hasta para casarse.
El problema es que a través de internet se han presentado personas que presentan severos desajustes en su afectividad y sus emociones al hallarse con la persona "amada".
El enamoramiento en Internet tiene características virtuales que no se dan en el encuentro amoroso real. Se vive una permanente fantasía. Es un amor "escrito" en emailes que van y vienen, o "hablado" a través de la pantalla donde aunque se puedan ver los cuerpos al desnudo, contemplarse y escuchar sus propios gemidos y frases pasionales, no permite establecer un contacto bioquímico entre la pareja. El mensaje es erótico, pero sin la química ni el contacto del amor. Se escucha, se ve, pero no se palpa, no se siente, no se toca. El orgasmo se logra a través de la masturbación frente al otro lo cual centra la actividad sexual no dentro de la intimidad de pareja sino mostrando la propia intimidad de cada quien.
Otra de las particulares del "ciberamor" es que las parejas solo muestran fundamentalmente su dimensión escrita. Los seres humanos somos multidimensionales con muchas facetas. Nos comportamos de una forma con nuestra familia, distintos en el trabajo, hablamos reflejando una forma de ser; cuando escribimos somos diferentes. Se puede ser tímido en persona y extrovertido en la red. Recordemos que en carnaval numerosas personas se descubren opuestos a lo que en verdad son. En Internet podemos exponer cómo somos corporalmente en una foto o video y tal vez cómo es nuestro razonamiento escrito, pero no enseñamos nuestra conducta, como pensamos, olemos, cómo nos comportamos en nuestras circunstancias, cómo efectivamente somos. Nos revelamos como pretendemos que nos vea el otro.
Todo esto conlleva a un sinnúmero de fracasos afectivos, desencantos y frustraciones cuando la pareja por fin se conocen físicamente. Algunos descubren que sexualmente no funcionan, otros que la pareja, frente a frente, es "distinta" a cuando está en la pantalla.
Veamos al ciberamor como una herramienta para ampliar las posibilidades de escogencia, pero le recomendamos, una vez que contacte a alguien en la red, buscar lo más pronto posible el encuentro real y seguro. No se enamore de lo que vea en pantalla, espere enamorarse de un auténtico ser.
Cuando el divorciado se queda solo

A esta situación se agrega en ocasiones, una salida maníaca hacia nuevas relaciones.
Cuando una pareja se enfrenta con la separación, sobrevienen sentimientos de desamparo y frustración, que afectan casi siempre a ambos cónyuges. Los integrantes de la pareja sienten que han fracasado en un ideal importante para la sociedad, y como consecuencia de esto se ven excluidos del espacio social que antes ocupaban.
Al disolverse el matrimonio se pierde la pertenencia no sólo en el nivel de la pareja, sino también en un nivel más amplio. El divorciado descubre, en su nueva etapa, que ya no puede contar con muchos de sus antiguos vínculos, que debe cambiar los lugares que frecuentaba, como así también las actividades que realizaba en familia. Se pasa a ser “el ex marido” o “la ex mujer“, lo cual cambia la mirada de los otros, tanto de los familiares como de los amigos.
Por otro lado, a veces simultáneamente, comienzan a gestarse nuevas relaciones dentro de un grupo social desconocido hasta entonces, el de los solos y solas. Estos grupos, ya sea a través de encuentros reales o virtuales, pueden servir como ayuda para mitigar el dolor por los vínculos resignados junto con la ruptura matrimonial.
En muchos casos, la primera etapa que sigue a la separación, suele caracterizarse por un entusiasmo exagerado por establecer nuevos contactos, como forma maníaca de borrar el pasado. Este modo de transitar la separación implica no enfrentar la situación de pérdida, no terminar nunca de elaborar el duelo, y por ende, no acceder a la posibilidad de una futura pareja. Todo proceso de cambio requiere, ante todo, tiempo. Pero la urgencia por renovarse que siente el divorciado, a veces le impide ver esta simple realidad.
Para no quedar encerrado en este modo de funcionamiento regresivo y caótico, típico de la primera etapa, es necesario que cada uno vaya construyendo su nuevo equilibrio, en el seno de un nuevo espacio social.
El amor inteligente

La educación sentimental es la gran asignatura pendiente en nuestras sociedades, asistimos a un cierto analfabetismo sentimental, y en algo tan serio e importante como el amor y la estabilidad conyugal es algo que merece la pena plantearse. Hay muchas personas que sufren por ello.
Se habla mucho de amor pero esta palabra se ha adulterado debido quizás al abuso y manipulación que de la misma han hecho los medios de comunicación. No tener las ideas claras en algo tan importante a la larga puede tener un elevado coste. Contra ello se erige el amor inteligente que es aquel que se expresa con una afectividad madura, que pone sobre la mesa los sentimientos y la razón pero sin perder la ternura ni la espontaneidad, y que comparte unos ideales que lo hacen trascendente.
Se ha puesto de relieve la paradoja de que frente a los grandes avances científicos y tecnológicos hay un fuerte retroceso en la formación humana, que nos imposibilita para mantener una relación con el otro que favorezca un amor sano, equilibrado, sin falsos idealismos y realista.
He aquí algunos consejos para que podamos superar los contratiempos en las relaciones de pareja, según Enrique Rojas , autor entre otros libros del ensayo "El amor inteligente":
1. Dar y recibir amor . El amor es entregarse al otro, buscando lo mejor para él. El amor inteligente alberga tres ingredientes simultáneos: una buena relación sexual, que se irá consiguiendo con el tiempo, la compenetración psicológica, que implica aunar corazón y cabeza, sentimientos y razones y la espiritual, es decir aspirar a elevarse y superar los vaivenes propios de la vida.
2. Lo importante es lo pequeño. El mejor amor se echa a perder si no se cuida a base de pequeños detalles que hacen agradable la convivencia. Como una planta a la que hay que cuidar y mimar. Es un intercambio de conductas positivas y gratificantes que parecen no tener importancia. Por ejemplo, esperar la llegada del otro, sorprenderle con algo agradable, ir al cine, una cena romántica, un vestido especial...Mantener el amor joven es mantener siempre la capacidad de sorprender al otro en cosas menudas, insignificantes, pero que convierten al otro en ese ser único y especial.
3. NO ser excesivamente susceptible . Ser hipersensible es nocivo pues puede llegar a convertir la convivencia en algo insoportable. Es menester aprender a "llevar al otro" restando importancia a esas inevitables dificultades de la vida en pareja. Hay que olvidar las pequeñas tensiones que inevitablemente conllevan cualquier convivencia, mirando la parte positiva de los problemas y suavizando siempre la situación.
4. Evitar discusiones innecesarias. Aprender el arte de aceptar distintos criterios. Aquí se mezclan con arte y oficio, el saber ceder, el saber encajar y la capacidad para zanjar un tema sin volver obsesivamente sobre él. Esto evitara esas discusiones que no conducen más que a alimentar la lista de agravios y no conducen a nada.
5. Tener capacidad de reacción. Hay que evitar que las tensiones y problemas impidan el diálogo durante horas o días, gestos negativos, lenguaje crítico hacia el otro...Hay que saber pedir perdón, aproximarse al otro e impedir que ninguno se sienta demasiado derrotado. Una pareja bien avenida se crece en las dificultades y tiene recursos para superar y sortear los escollos de la vida.
6. Adquirir habilidades para la comunicación. Muchos problemas en la pareja de deben a errores en la comunicación. Hay que aprender a respetar al otro, mostrándolo con palabras, gestos y acciones, saber ponerse en el lugar del otro, cuidar el lenguaje verbal, saber expresar lo que realmente queremos decir. Asimismo, también se ha de tener en cuenta la comunicación no verbal, la mirada, la cara, los gestos, todo ello influye y mucho en nuestra relación con la pareja.
7. Procurar que no salga la lista de agravios. Aquí la palabra es plata y el silencio es oro. Aprender a callar es el mejor argumento para evitar agravios y recriminaciones que solo conseguirían envenenar a la relación.
8. Tener el don de la oportunidad. Para plantear cualquier cuestión conflictiva o ante una decisión importante, se ha de evitar hacerlo en los momentos de cansancio o tensión.
9. Intercambiar recompensas. Ello requiere compenetración y estar atento a las necesidades del otro. Estas cosas son las que rompen la monotonía y dan salsa a la relación.
10. Cuidar la sexualidad. La sexualidad inteligente ensambla el contacto corporal con la ternura y las dos partes de la pareja han de estar atentas a las necesidades mutuas. La sexualidad desconectada de los sentimientos rebaja y envilece a la pareja.
Por último, es importante no olvidar que para estar bien con alguien, hay que estar bien primero con uno mismo; haber conseguido un cierto equilibrio personal y estar relativamente contento con la propia forma de ser. Y tener presente que solo quien es libre es capaz de comprometerse.
El amor una cuestión de voluntad

Una de las palabras que más han intentado definir los expertos, sin lograrlo totalmente, es el vocablo amor. Al mismo tiempo es la palabra más desvirtuada. Ya se le llama amor a casi cualquier cosa, incluso las peores aberraciones sexuales y los mayores actos de egoísmo reciben este nombre.
Otras personas describen al amor en una forma que raya -según la opinión de muchos- en lo cursi. Un ejemplo de esta es la siguiente manera de relatar el impacto de amor que se llevó cierto jovencito:
Fue una enorme descarga de energía que hubiera recorrido todo su cuerpo en fracción de segundo. Sintió una sacudida brutal ¡cómo si un rayo lo hubiera fulminado! El impacto que recibió fue tal que permaneció mudo, como paralizado, sin aliento, cuando vio su silueta recortada contra el cielo rojizo y purpúreo de aquella hermosa tarde de otoño.
Su corazón se aceleró cuando a aquella visión se sumó el sonido fresco, dulce y armonioso de su risa espontánea y discreta. Fue como si su cerebro, hubiera descubierto de repente el significado de aquella palabra ¡amor! que había escuchado tantas veces y que nunca había comprendido.
Repentinamente tuvo una visión muy clara: supo que no descansaría hasta conseguir que ella correspondiera a ese sentimiento tan intenso que de manera tan fuerte se había posesionado de su ser.
¿Caricatura del amor?
Muchos libros, películas y novelas describen el proceso del enamoramiento con escenas similares a la anterior. A veces lo presentan cursi y en otras lo exhiben como algo incomprensible, misterioso y casi mágico. Se limitan a presentar este sentimiento desde un solo ángulo: una pasión o maraña de sensaciones y emociones que atrapan a la persona con una fuerza irresistible.
Pretenden hacer que la gente crea que el amor es solamente una sucesión de sentimientos que ocurren repentinamente y ante los cuales lo único que se puede hacer es: dejarse llevar. Dan a entender que las personas se enamoran en contra de su voluntad, que es algo que sucede y así como viene se va, de tal manera que a los seres humanos les llega el amor y luego, se les escapa de las manos.
Vistas así las cosas, la gente se enamora y se casa. Luego, se desenamora y se descasa (divorcia). Así de simple, así de claro. ¿Dije claro?
Entonces... ¿Qué es el amor?
Aunque los sentimientos forman parte importante en el proceso de enamoramiento, el verdadero amor no se limita sólo a ellos. El verdadero amor involucra a la persona en su totalidad: cuerpo, espiritualidad, sentimientos, afecto, inteligencia y voluntad.
El verdadero amor implica una valoración profunda de la persona amada, que lleva ante todo a procurar el bien de ésta. Hay ocasiones en que viendo a alguna pareja se escuchan comentarios como: No sé por qué se fijó en ella, si la palabra fea le queda corta, está espantosa.
Se dan casos en los que alguno de los dos es víctima de un accidente que le inutiliza y el otro se entrega a su cuidado, se dedica en cuerpo y alma a la persona amada, sin importar el deteriorado estado físico y anímico del otro. Ya se ve que no hay mayor amor que el del que da la vida por el ser amado.
Y se puede dar la vida de muchas formas. Basta ver a los padres que dedican su vida, con sacrificio y entrega, por sacar adelante al hijo que es discapacitado, o con ver a la tía solterona, que dedicó su vida a cuidar a su madre enferma. Otro caso es ver a la madre Teresa de Calcuta, sacando una enorme energía de su débil constitución física, para entregarse en cuerpo y alma a los más pobres de entre los pobres.
Esos ejemplos, ponen en evidencia que el amor va más allá del sentimiento. El amor implica pues, una decisión libre, un acto de voluntad.
Motivos del desamor

Cerca de 90.000 parejas se dicen adiós cada año en España. ¿Los motivos? Excesiva juventud, inmadurez, egoísmo, decepción. Ciertamente la pareja no es un camino de rosas y las estadísticas nos demuestran que se han triplicado los naufragios matrimoniales desde la implantación del divorcio.
O bien no se valora el matrimonio o bien es que nos hemos vueltos más exigentes en el amor. Pero, ¿cuáles son los motivos más alegados a la hora de finalizar una relación? Algunos sociólogos hablan del egocentrismo que domina a algunas parejas, ya que, la realización personal figura como prioridad. Sin embargo, la familia no desaparece ni está en crisis sino que evoluciona al mismo ritmo que la sociedad. Se pasa de una familia fruto de la necesidad y falta de alternativa a otra electiva, lo cual no solo no perjudica sino que beneficia a las relaciones familiares como recoge la socióloga Inés Alberdi en su Informe sobre la situación de la familia en España. Las parejas que se separan no es que no deseen estar casadas, sino que quieren ser felices y que sus hijos vivan en un clima adecuado, puesto que la separación no es un capricho, no se dice adiós a la ligera, especialmente si hay hijos. Por el contrario dar el paso definitivo conlleva a tener sentimientos de culpa, angustia y frustración.
Son infinidad los conflictos que sufren las
parejas de hoy, pero haremos hincapié en los siete motivos más frecuentes de conflicto que llevan al desamor.
JUVENTUD: Cuanta menos edad sumen los cónyuges más posibilidades tienen de diluir su unión en un futuro debido a que, los jóvenes viven más el presente y el arrebato amoroso les empuja a tomar decisiones poco sopesadas sin reparar en los problemas de la convivencia. Sin embargo, esto no se da si los dos miembros de la pareja saben evolucionar junto a sus sentimientos y necesidades. Un estudio de Asuntos Sociales sobre parejas apunta a que los entrevistados más felices eran los que habían dicho si quiero más tarde.
DECEPCIÓN: En la convivencia día a día bajo el mismo techo, se descubren aspectos desconocidos del otro que en algunas ocasiones suponen dar al traste con la idea que se tenía del otro, principalmente cuando en la etapa inicial de la relación es normal que cada uno trate de dar lo mejor de sí y que al estar enamorados veamos solo aquello que queremos ver. En esta etapa es importante la aceptación del otro y el desarrollar habilidades para mantener la relación.
INMADUREZ: Es muy difícil de solucionar si una de la partes está fijada en la infancia y es incapaz de asumir las responsabilidades que conlleva una relación. Suelen ser personas inconstantes, caprichosas, carentes de una visión sobre las consecuencias de sus actos y es preferible esperar a que maduren para consolidar la relación.
EGOISMO: El sentimiento amoroso no es puramente altruista, cuando damos esperamos recibir lo mismo o al menos en similar proporción. El intercambio de afecto, de entrega, de comprensión, de cariño, de trabajo...si no es compartido conllevara al desencanto, a la frustración y logrará consumir a la relación.
AUTOENGAÑO: La creencia de que lograremos cambiar al otro es falsa y el mantener la venda en los ojos tampoco da resultado y en algún momento esta caerá. Tampoco resultan las uniones en la que uno de los miembros proyecta en el otro su ideal de persona y la disfraza en lo que no es.
FALTA DE PALABRAS: La incomunicación es uno de los pilares por los que se agrietan muchas parejas, y muchas veces la suma de silencios se va engrandando en igual proporción al resentimiento acumulado. Se acaba por no tener confianza en el otro y es imprescindible el diálogo y la sinceridad para poder mantener a flote la pareja. Las quejas en voz alta y la claridad restan relevancia al problema y al comunicarlo se minimiza el conflicto.
RUTINA: La apatía es lo peor en una relación. Cuando se instala el desinterés poco podemos hacer. Es importante esforzarse para mantener un intercambio interesante en la pareja y esto es algo que concierne a cada una de las partes. Es una utopía fantasiosa el sueño de que el otro si te ama debe adivinar tus deseos. Las dos partes han de trabajar para que la relación sea todo menos aburrida
El Amor Verdadero

Qué difícil parece ser hoy en día mantener una pareja. ¿Será porque pretendemos exigir a los demás ser como queremos y no somos capaces de aceptar a los otros como son y pelear menos?
¿Por qué la gente se cansa de estar con alguien y cree que va a ser diferente con otra persona? Esto demuestra un exceso de optimismo.
El problema nunca es la persona con la que nos relacionamos sino el modo que tenemos de relacionarnos.
El amor no es un flechazo accidental que nos atraviesa el corazón de lado a lado, sino que es algo que se puede aprender. No se trata de encontrar a la persona ideal sino de una habilidad que hay que adquirir.
Los jóvenes inmaduros experimentan el amor mientras que las personas maduras aprenden a amar, porque la madurez afectiva se caracteriza por la estabilidad emocional.
El amor no es un sentimiento fácil porque requiere previamente un desarrollo personal que permita una disposición desinteresada hacia los demás solamente por amor, con una actitud de humildad, confianza y férrea voluntad.
Dicen que quien es capaz de comprender a otro también lo ama y comprender significa conocer.
Erich Fromm afirma que el amor es un arte que requiere conocimiento y esfuerzo.
La mayoría cree en el amor romántico y la preocupación se centra en la búsqueda de alguien que los ame en lugar de encontrar a alguien para amar, porque el que da amor verdadero, no posesivo, recibe también amor genuino.
Puede ocurrirle a cualquiera el milagro de enamorarse perdidamente, pero ese sentimiento de unidad y de intimidad único es por su misma naturaleza poco duradero, hasta que llegan a conocerse bien y se dan cuenta que no se toleran, se aburren, y se desilusionan.
Nadie puede creer que el amor verdadero sea un arte que haya que aprender, porque algunos se confunden y buscan una pareja como quien busca un departamento o un auto, es decir, que le produzca la sensación de haber hecho un buen negocio y la pareja resulta ser un bien más en un mercado donde todo se compra y se vende.
En tales casos es una empresa destinada al fracaso, más rotundo que en cualquier otra actividad y más difícil de evaluar.
En la vida actual todos estudian y se esfuerzan para conseguir un título o un ascenso en el trabajo pero nadie está dispuesto a aprender a amar. En esta área la mayoría toca de oído.
“No es bueno que el hombre esté solo” dice la Biblia, escrita por sabios de la antigüedad inspirados por revelación divina. Sin embargo hoy en día el hombre prefiere el aislamiento y el culto al cuerpo, renunciando a la posibilidad de compartir su vida con alguien significativo.
Muchos tratan de escapar de su sentimiento de soledad por medio de las drogas o el alcohol pero cuando los efectos desaparecen la sensación de vacío tiende a agudizarse.
El hombre se jacta de su individualismo pero en realidad ha perdido su individualidad y se ha convertido en un autómata.
Las mujeres, en su afán de ser iguales a los hombres han perdido su femineidad y de esta manera también la posibilidad del amor erótico con el sexo opuesto, porque ahora son idénticos.
El amor verdadero y maduro significa unión, pero conservando ambos la propia individualidad. El amor es posible sólo en libertad, la envidia, los celos, la ambición, son pasiones y el amor no es una pasión es una actitud, una capacidad humana, no compulsiva. No es un arrebato súbito sino una disposición permanente que consiste más en dar que en recibir.
Y dar no significa renunciar o privarse de algo, sacrificarse ni empobrecerse, sino que constituye la más una bella expresión de poder que produce felicidad y vitalidad.
Aunque no se trata de darse mutuamente cosas materiales solamente sino de darse también la propia vitalidad, lo que está vivo en cada uno, su alegría, su interés, su comprensión, su conocimiento, su humor, su tristeza y todas las expresiones propias de cada uno.
Algo se produce en el acto de dar amor y es más amor.
8 segundos alcanzan para enamorarse

Así lo asegura un trabajo publicado por la Academia Internacional de Investigación sobre Sexo. Si un hombre sostiene la mirada sobre una mujer durante ese tiempo, significa que está completamente enamorado de ella.
Para muchos el amor a primera vista no existe. Sin embargo, este descubrimiento parece demostrar lo contrario. Según los especialistas de la Academia Internacional de Investigación sobre Sexo, cuanto más mira un hombre a una mujer en el momento de conocerla, más interesado está en ella. Y si ese cruce de miradas supera los 8,2 segundos, está completamente enamorado. Sin embargo, si ese tiempo se reduce a 4 segundos o menos, ella no ha logrado cautivarlo.
Utilizando cámaras ocultas, los especialistas filmaron el comportamiento de 115 estudiantes mientras hablaban con actores y actrices. Sin que supieran, se registraron los movimientos de los ojos de los participantes y luego les preguntaron cuán atractivas les habían parecido sus compañeras. Al cruzar ambos datos, los científicos llegaron a la conclusión de que los hombres necesitan menos tiempo que las mujeres para enamorarse.
Sin embargo, este comportamiento no se repite en las mujeres: no importa cuán atraídas se sientan, ya que en todos los casos mirarán a los hombres la misma cantidad de tiempo.
Para los investigadores, esta diferencia se debe a que ellos utilizan el contacto visual para buscar parejas fértiles y compatibles. En cambio, ellas prefieren no llamar demasiado la atención.
El poder de amarse uno mismo

Cuando amamos damos parte de nuestro yo, si esa parte ya contiene amor, amamos doblemente. Cuando nos queremos, eso mismo es lo que transmitimos al exterior, nos sentimos bien y eso es lo que percibe el espejo del mundo en que vivimos.
Si nos gustamos, si nos consideramos listos, con habilidades, seguros de nuestro potencial, todo eso habla de AUTOESTIMA, o lo que es lo mismo, el poder de amarse a uno mismo. Con ella podemos lograr dejar nuestra huella en esta vida terrenal y, no solo eso, también sentirnos satisfechos con el camino recorrido. Si nos amamos, eso es lo que reflejará nuestro cuerpo con el que nos presentamos al resto de la humanidad y ella, al percibir amor, procurará unirse para contagiarse de ese querer.
La vida parecerá más fácil, los obstáculos ya no semejarán tan abruptos, la falta de energía no nos afectará más porque rebosaremos ganas de seguir avanzando en el conocimiento y en la felicidad. Este concepto llamado autoestima se forma día a día por los pensamientos y los sentimientos que cada uno de nosotros tiene acerca de nosotros mismos.
El entorno si es positivo mediará en una autoestima más alta pero si es nocivo eso no significará igualmente que el resultado fuera una más baja. Son las impresiones que nosotros nos formamos de esos estímulos, experiencias negativas, las que conformarán la autoestima. Así, si a pesar de lo negativo que te sucede tú piensas positivamente, el resultado potenciará nuestro poder para amarnos en vez de reducirlo.
Supongamos que vives en un entorno donde continuamente te sientes devaluado pero tu pensamiento positivo dice: "Ellos no saben realmente como soy, sé que tengo muchas cualidades positivas". Con ese tipo de pensamientos conseguirás que la incidencia de ese entorno negativo en tu persona sea menor.
Para aprender a pensar positivamente sobre tu propio ser tienes que llevar a cabo unas cuantas cosas claves:
Debes conocerte a ti mismo para lo cual deberás identificar tanto tus virtudes como tus defectos. Una vez tengas claro ante que lo que te encuentras deberás aceptarlo para quererlo.
Si nos conocemos, identificando claramente qué encontramos dentro del recipiente, será más fácil; primero que lo aceptemos y tras ésta primera fase, que tengamos poder para amarlo. Los logros a alcanzar tendrán que ser realistas porque si nos proponemos objetivos imposibles de cumplir se beneficiará a la frustración y al desanimo y eso potenciará el desamor hacia uno mismo al sentirse incapaz de lograr cualquier proposición.
Trabajemos sobre seguro y así evitaremos frustrarnos.
Proponte metas que sepas de antemano que serán fáciles de acometer y paso a paso con ayuda de nuestros pensamientos positivos aumentaremos la confianza en nosotros mismos para aceptar cualquier reto que nos aparezca.
La confianza en uno mismo se consigue almacenando éxitos y definimos éxito como cualquier pequeño objetivo realizado. Pequeño porque una escalera se sube mejor peldaño tras peldaño.
Si a cada escalón te dices a ti mismo "¡He sido capaz de subirlo!", estás aumentando tu poder de amarte.
Recuerda que eres único, goza de la condición especial de tu individualidad y enorgullécete por ser quien eres.
Tú tienes el poder de decisión, tienes en tus manos la llave que te conduce a una autoestima elevada vivas en el entorno que vivas. Recuerda que es tu lenguaje interior el que manda y ése lo elaboras tú únicamente.
Si te dices: "Me gusta lo que veo" propagarás seguridad y confianza.
Si te dices: "¡Dónde voy con esta cara!" probablemente ni te atrevas a salir de casa.
Es importante que te pares y pienses qué pensamiento elegirás para cada estímulo recibido porque de esas impresiones depende que logres tu felicidad
Nadie puede dar amor si no se ha dado amor primero.
Así que lo primero que debemos hacer es amarnos inmensamente, cuidarnos y mimarnos.
Cuando ya seamos lo suficientemente amorosos con nosotros mismos, tendremos todo el corazón abierto para dar amor.
Antes de amarnos no podemos dar amor. Se puede dar, solamente lo que se tiene.
El Amor como Proyecto de Vida

Elsa Azurro, argentina, nacida en 1927, es maestra jardinera y se recibió de Licenciada en Psicología en 2007, a la edad de ochenta años.
Tras una larga trayectoria de servicios, actualmente se dedica como Psicóloga, a atender problemas de púberes, adolescentes, adultos y familias.
Elsa parece haber descubierto el secreto de la vida. Afirma que la lectura de la Biblia le abrió los ojos y moldeó su vida, cuando pudo interpretar a través de esa sabiduría milenaria que la fórmula de la juventud eterna es el camino del amor.
Para Elsa, el ser humano es un espíritu libre y esencialmente es amor.
Su vida de trabajo comenzó como docente religiosa, sirviendo en Italia y en provincias del Sur de Argentina; hasta que abandonó la vida religiosa convencida de que no necesitaba una institución para seguir sirviendo.
Trabajó en el Hogar Granja y el Jardín de Infantes Crecer, enseñando valores como el respeto por la libertad y por el propio espacio y la necesidad de ser responsable y autónomo; entendiendo que ser maduro es la capacidad de discernir y respetar las propias reglas.
Para Elsa hay que amar con inteligencia poniendo todo al servicio del amor. No importa quien tiene la razón, lo que importa es la comprensión.
La comprensión es la herramienta del amor, que es cuando nos damos cuenta que todos cometemos los mismos errores pero que también tenemos la capacidad de disculparnos; porque para ella, la palabra disculpar es la mejor que conoce.
Elsa atravesó en su vida personal momentos que otros podrían considerar difíciles; como tener que cuidar quince años a su esposo afectado del mal de Alzheimer y cuidar a su madre de cien años; sin embargo, para ella esas circunstancias no significaron cargas porque las vivió con amor.
Cuando se quedó sola tenía setenta años con la perspectiva, tal vez, de una larga vida por delante; entonces decidió cumplir un sueño que siempre había postergado: estudiar psicología para poder seguir sirviendo.
Se recibió de Licenciada en Psicología en 2007 y aún hoy continúa asombrándole la realidad, permaneciendo dispuesta y atenta a todo.
La suya es una búsqueda personal que le brinda paz interior y la impulsa a dar lo que tiene a los demás.
La sostiene su confianza en Dios, en los demás y en ella misma; y no deja de escuchar nunca a su voz interior.
A Elsa le agradan los que piensan diferente, más aún los llega a apreciar y a querer; y siempre ha respetado a todas las religiones.
Tiene esperanzas en el hombre y vive los problemas y conflictos de la actualidad como una tormenta que pasará algún día, porque siente que hay mucha gente que desea vivir en paz.
Cree que la educación se debe encaminar hacia la formación de un ser humano total, como una unidad psicofísica.
Este ejemplo de vida, puede iluminar otras vidas que han perdido la fe y la esperanza, no encuentran la forma de disfrutar de sus existencias, no logran insertarse en el mundo ni relacionarse afectivamente; y se empeñan en permanecer en las sombras, hundidas en un pozo depresivo que intenta arrastrar a todos a su alrededor.
Somos espíritus encarnados con la capacidad de trascender todos los condicionamientos. El espíritu es el que nos mantiene vivos y es el que abandona nuestro cuerpo cuando fallecemos.
El desafío es lograr desprenderse del Ego y aprender a vivir en la dimensión espiritual.
Buscando el Amor

El amor no hay que buscarlo sino encontrarlo y sólo encontrarán el amor verdadero cuando se conviertan en alguien con los mismos atributos que desean en el otro, o sea en alguien digno de querer, afable, agradable, bueno, honesto, estable, franco y confiable.
Amar y ser amado es la mayor preocupación a cualquier edad, pero en la juventud este dilema provoca mayor desazón y muchas dudas.
Cómo enfrentar al otro sexo, cómo saber si la persona que les agrada los hará felices o si les romperá el corazón, si será fiel y sincero, si será estable y responsable, o si solo tiene la intención de usarlos para después descartarlos y luego desaparecer.
Todos tenemos un sexto sentido que nos sirve para intuir cómo es la gente que tenemos oportunidad de conocer; pero si alguien nos atrae sexualmente es probable que ese sentido quede neutralizado y no acceda a la conciencia; porque el enamoramiento barre con la capacidad de reflexionar, de razonar y de ver más allá de lo material y concreto.
Sin embargo, muchas veces los jóvenes no saben, que lo más importante no es el otro, sino uno mismo, la propia autoestima y la firme creencia de ser digno de ser amado.
La personalidad consiste en una cadena de creencias; creemos que somos lo que creemos que los demás creen que somos, pero afortunadamente no es sólo eso sino que es mucho más, porque cada persona es única y distinta y en permanente cambio y crecimiento.
Si observamos a las personas que tienen éxito en el amor podremos comprobar que generalmente tienen algunos de los siguientes atributos: son seguras de si mismas, no se desesperan por su eventual pareja, poseen intereses personales que los apasionan, saben cuidarse a si mismas, han aprendido a relacionarse con eficacia, no tienen miedo de hacer el ridículo ni a fracasar, son capaces de reírse de sí mismas, se sienten libres de ser ellas mismas y de disfrutar de la vida, no se aferran a sus afectos, respetan a los demás y se hacen respetar.
El éxito en el amor se obtiene cuando se está dispuesto a renunciar a él cuando es necesario, porque hay que aprender a amarse y respetarse a uno mismo.
El que es exitoso en el amor, no concibe que alguien pueda dejar de quererlo, porque en general tiene empatía y todos lo quieren, sabe quien es él y cómo es y está orgulloso y seguro de si mismo. No necesita ser perfecto ni parecerse a los demás, está dotado naturalmente de la cualidad de llevarse bien con los demás, sin ser dominante ni condescendiente y sobresale por ser diferente.
Este tipo de persona, con la misma necesidad de encuentro, que desea amar y que lo amen; suele frecuentar lugares dignos de ella, no siendo frecuente encontrarla en la calle o en tugurios de dudosa reputación.
El lugar del encuentro es clave, porque esa elección común de ambos, de dónde estar y con quién, y la forma en que les agrada divertirse es el primer índice de afinidad mutua que puede tener significado.
Para encontrar el amor es necesario aprender a enamorarse no sólo con el corazón sino también con la razón; evitando alienarse en el otro o vincularse con personas manipuladores, para poder mantener íntegros la propia identidad y el poder de decisión.
Todas las personas deben aspirar a relacionarse afectivamente con quienes sienten que tienen afinidad en los principales aspectos, modos de vida que no difieran demasiado y niveles de educación que no dificulten el buen entendimiento; y además, elegir con la suficiente madurez a alguien que en el presente esté totalmente libre de compromisos, que no los intente entretener con falsas promesas, y evitar la tentación de creer en vanos magnetismos que finalmente terminan teniendo un alto costo, la propia autoestima y la infelicidad.
El Amor y el Ser Auténtico

Sartre nos dice que el hombre está solo en el mundo y no cuenta con ningún apoyo ni auxilio de ninguna clase, y su tragedia es estar condenado a elegirse a si mismo, inventarse, sin ningún código pre establecido ni la ayuda de una moral escrita.
Lo único que puede hacer para elegir y tomar decisiones es fiarse de sus instintos, de lo que siente, porque lo que realmente importa es el sentimiento, que es el que empuja al hombre hacia cierta dirección y no en otra.
El sentimiento, según este pensador, se construye con actos, guiados por el propio sentir. Es inútil consultar a otros, porque es engañarse a si mismo, ya que también se elige al consejero, que en el fondo ya se sabe lo que puede decir.
Sartre está convencido que no hay otra señal que nos indique qué elegir, porque si creemos ver signos, el significado se lo damos nosotros y definitivamente es la interpretación nuestra de esas señales.
De modo que la responsabilidad absoluta de quienes somos y qué es lo que hacemos será siempre nuestra y no podemos poner ninguna excusa.
Con respecto al amor, muchos se dejan llevar por lo que hace la mayoría, o sea, la falta de compromiso. Pero no se dan cuenta que vivir es comprometerse a cada instante de la vida, porque una moda no puede ser una excusa, porque soy yo el que elijo estar a la moda o hacer lo que mis sentimientos me obligan.
No se puede eludir el compromiso, porque somos nuestros actos, lo que hacemos, ya que son nuestras acciones las que determinan quien soy cuando elijo, en cada momento de la vida.
Para Sartre no hay una naturaleza humana porque el ser humano es el conjunto de una serie de comportamientos a lo largo de su vida; y recién se define en la lápida, cuando ya no puede cambiar porque está muerto.
Sartre propone una moral de conducta y de compromiso que le otorga dignidad al hombre porque consiste en actuar sin intermediario y no lo transforma en un objeto.
La moral es un arte porque también le exige al hombre crear e inventar; elegir su propia moral sinceramente, y al hacerlo comprometerse con ella, permaneciendo siempre siendo el mismo frente a los cambios.
El hombre que ha elegido su moral no puede excusarse en sus pasiones porque eso sería crear un determinismo, o sea considerarlas parte de la naturaleza humana, porque no existe esa condición previa a la existencia, ya que para el existencialismo el hombre es un proyecto arrojado al mundo que primero existe y luego Es.
Utilizar una excusa para no elegir de acuerdo a las propias convicciones sería actuar de mala fe, una mentira, eludir la libertad del compromiso.
La mala fe para Sartre significa actuar sin coherencia, contra los propios principios; y la libertad no depende de los demás, sino de uno mismo, una libertad con compromiso que obliga a querer lo mismo para los otros.
Sartre llama cobardes a los que renuncian a su libertad y se escudan en excusas deterministas o formales, aunque también reconoce que aunque la moral de cada uno pueda variar, tiene también características universales.
El valor de la vida es el sentido que le da cada hombre, porque no hay un sentido general para todos; y se puede elegir cualquier cosa siempre dentro del libre compromiso.
Para el existencialismo, el hombre debe elegirse, respetar su sentimiento y ser fiel a si mismo.
Fuente: “El Existencialismo es un Humanismo”, Jean Paul Sartre, Ed. Huascar, Argentina, 1972
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