
Néstor Agüero estaba casado hacia quince años con una mujer más joven y le preocupaba que ella se mostrara distante y esquiva.
Para conseguir su interés, le recomendaron a un brujo muy efectivo y entonces decidió hacerle una visita.
El día de la entrevista se encontró con un viejo, que sin quitarle los ojos de encima y sin preguntarle nada, le dijo que su problema se resolvería si hacía dos cosas: tomar un baño de asiento de cuarenta minutos todas las noches antes de acostarse y colocar sobre la mesita de luz un libro que le gustara.
Le pidió que volviera al mes siguiente asegurándole que su problema estaría definitivamente resuelto.
Tal como se lo había prometido, Néstor Agüero regresó a los treinta días muy satisfecho.
Cuando el brujo le preguntó cómo le había ido, le dijo:
- Le tengo que decir con franqueza que los baños de asiento sólo me los di dos veces, porque después de cuarenta minutos mi señora ya estaba dormida y no pude comprobar la eficacia del tratamiento.
-En cuanto al libro sobre la mesita de luz, me ayudó a dormirme después de haberme desvelado, con mi trasero tanto tiempo debajo del agua.
Pero hay algo más, yo creía que no me gustaba leer y no sabe cómo disfruté de la lectura esas dos noches. Tanto es así que casi no llegué a acordarme de la indiferencia de mi mujer, que ahora me tiene sin cuidado.
Por eso, al día siguiente fui de nuevo a la librería para reservar otros libros porque ahora tengo la intención de armar mi propia biblioteca.
- Y su mujer? Qué pasó con ella? Le preguntó el viejo.
- Ah, si, mi mujer, ahora no me deja leer tranquilo.
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